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Karra mawn es un libro confrontacional, valiente, que vio la luz en tiempos en que a la palabra le estaban pateando la fonética, quebrando los dedos, apuñalando a destajo su memoria; una ficciorealidad que demuestra la dialéctica arbitraria del poder del centro, del imperialismo, del primer al sexto mundo.El antagonismo de distintas culturas que pone de manifiesto lo bélico por sobre la belleza, el poder por sobre la naturalidad; el capitalismo neoliberal, hegemónico y aplastante que borra cualquier tipo de cultura que toca a escobazo limpio con la realidad. Creo acertada la reedición de Karra Maw'n porque aporta a los lectores que nacen, renacen, se crean y que necesitan frescura entre tanta propiedad privada del aire y del libro.
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Seitenzahl: 38
Veröffentlichungsjahr: 2015
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Selección, prólogo, notas y Apéndice:
ÓSCAR SAAVEDRA
Karra Maw’n
Clemente Riedemann
De esta edición © Alquimia Ediciones, 2015
Colección: Calles de mano única
Edición general y revisión: Óscar Saavedra
Coordinación colección: Guido Arroyo González
Diseño editorial: Estudio Navaja
La primera población marginal
de Karra Maw’n / fue la de los indios /
que habían nacido / en Karra Maw’n.
Cuando me encontré con Karra Maw’n allá por el 98, gracias a Elvira Hernández y las enérgicas lecturas de un adolescente, mi primera impresión fue una onomatopeya emocional que terminó con la frase “tremendo libro”. Luego pensé: esta es la protesta histórica del sur-mapu, asumiendo la frase de Sartre: “Incluso el pasado puede modi carse; los historiadores no paran de demostrarlo”. Es en ese instante cuando entra Karra Maw’n de Riedemann en una reinterpretación híbrida y ccional de la historia, desmiti cando el discurso dominante, a base de registro, barro, antropología, mapudungun, ruca, cerveza y palabrerío chileno. De inmediato me dieron ganas de dialogar con Clemente, ese punki de la lluvia cuyo slam se baila en un escenario llamado lenguaje, junto a la sonoridad de la pintura natural y su registro. El encuentro se concretaría con los años.
Conocer a Clemente es conocer la creatividad escritural, un diálogo directo, visceral, descentralizado, ético y político. Un imaginario andante que transita por sus tierras, la suralidad líquida de la observación y la piel del paisaje; en lo concreto, el pasado en el presente o viceversa: la memoria. Descubrir a Clemente y su escritura, un acierto en la vida del lector que tiene por visión al poeta cronista, al poema político sin ser pan etario, al poema histórico, al lenguaje con pasamontañas; al que denuncia con la palabra creada, dibujada, señalada con parsimonia desde la suciedad del castellano –su mezcla, su intertexto– hasta el estudio minucioso que se deposita en las sintaxis con guiños al exteriorismo de Cardenal, el viaje lingüístico del viejo Ezra y, por consiguiente, T. S. Eliot. Creo acertada la reedición de Karra Maw’n porque aporta a los lectores que nacen, renacen, se crean y que necesitan frescura entre tanta propiedad privada del aire y del libro. O esa memoria quebrada a base de tecnoeconomía –o utilitarismo sextomundista– metida a la fuerza en nuestros recuerdos por las neuronas occidente.
Son años de dictadura. Cierta poesía chilena arranca. Otros se quedan y memorizan los hechos. Algunos son encarcelados o torturados hasta la médula del verso. La escritura dice pero es peligroso (la prosa está lanzando piedras / las palabras se vuelcan a la performance). Los libros se queman como los bosques. La lluvia sólo existe en la foto. Son años intensos, pero no menos creativos. La escritura se pone chora. Algunos poetas son encarcelados o perseguidos. El centro es cada vez más poderoso. El poder radica en la palabra y su sintaxis, podría decir un poeta del L-A-N-G-U-A-G-E. Pero Clemente detesta los centros. Su lenguaje se focaliza en la periferia histórica, cultural y geográ ca que nace desde el sur ante los ojos bizcos del poder. La literatura chilena le debe mucho al sur (los árboles también odian los centros). Periferia es un concepto nacido desde el centro. Y Clemente lo demuestra. La historia no puede ser escrita sólo por algunos. Yo puedo crear a partir de la historia –mi memoria– y demostrar con verdad lo que otros escon- den con falsedades, escucho mientras leo. Adiós al centro –a los centros–, grita. La palabra nace en cualquier momento. Y Karra Maw’n, “el lugar de la lluvia”, insiste en salir, ser creado y recreado, aunque está viendo la luz desde el 74 a puro ejercicio y descubrimiento, plasmándose en lo austral de un imaginario vivo. En la violenta tormenta del agua y su danza ancestral. Porque ahí llegaron primero las caras de imperialismo eurorreinato, a ese lugar donde reventaban en los tallos las metáforas porque no era baldía aquella tierra: era fertilidad pura, era cultura viva, transparencia y cielos que escriben. Poesía elemental para el habitante de la ruka, para rukanear al sol, la oralidad, la tradición, que saquearon, tanto los Zetas como algunos oxigenados o cabezas amarillas, desde lo cultural a lo geográ co y sus costumbres, lo que hoy perpetra el Estado y el empresariado chileno a destajo.
