La Actitud Creativa - Rafael Cotanda Lamata - E-Book

La Actitud Creativa E-Book

Rafael Cotanda Lamata

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Beschreibung

Este libro es fruto de la experiencia de muchos años desarrollando procesos formativos de creatividad, aplicada a distintos contenidos, para jóvenes y adultos. Ofrece un modelo sistematizado para reflexionar acerca del aprendizaje de la creatividad y un conjunto de 200 ejercicios. Puede utilizarse, adaptarse o pensarse para que en cualquier situación educativa, en cualquier proceso de intervención, se puedan emplear recursos creativos para facilitar la motivación, la investigación y el aprendizaje. El espacio de aprendizaje es la vida y el valor de la creatividad está en la posibilidad de cambio y transformación que podamos generar a través de ella.

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Seitenzahl: 313

Veröffentlichungsjahr: 2017

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La ActitudCreativa

Ejercicios para trabajaren grupo la Creatividad

Autor:Rafael Lamata Cotanda

Para Iker y para todos los demás viajeros que, como él, jugando y aprendiendo, hacen que fa realidad se transforme.

Índice

PRÓLOGO de Isidoro Valcárcel Medina

APROXIMACIÓN A LA CREATIVIDAD

¿Por qué la creatividad resulta algo necesario?

El territorio de la creatividad: la Actitud Creativa.

Dificultades para encontrar y desarrollar el territorio de la creatividad.

I. LA ACTITUD CREATIVA

1. Zonas en las que se puede cultivar la Actitud Creativa

Percepción.

Elaboración.

Acción.

La construcción de sentido.

Pseudosíntesis de lo dicho hasta el momento.

2. Cuestiones de Método

Aprendizaje y desarrollo de la creatividad.

La configuración de talleres de creatividad.

Principios actitudinales para el desarrollo de la creatividad.

Materiales para conseguir la aparición del territorio de la creatividad.

La naturaleza de los ejercicios.

Algunas recomendaciones para quien haga de guía en este territorio.

Lenta introducción final.

3. Matriz de Experiencias de Creatividad

¿Qué es una idea?

La construcción de itinerarios de creatividad.

II. EXPERIENCIAS DE CREATIVIDAD

1. Puertas de Entrada: el material base de las ideas

Ejercicios sobre presentaciones, expectativas, prejuicios (1-14)

Ejercicios de análisis y conocimiento del lugar-espacio-contexto (15-28)

Ejercicios acerca de la identidad (29-41)

Ejercicios acerca de la capacidad comunicativa (42-56)

2. Puertas Esenciales: los procesos de generación de ideas

Ejercicios generales de Investigación (57-71)

Ejercicios acerca de la Percepción (58-86)

Ejercicios acerca de la Elaboración (87-104)

Ejercicios acerca de la Forma de Hacer (105-117)

3. Puertas de la Expresión: los procesos de materialización de ideas

Ejercicios alrededor del Relato (118-136)

Ejercicios alrededor del Sonido (137-146)

Ejercicios alrededor de la Imagen (147-162)

Ejercicios de exploración de la Presencia y de los Personajes (163-179)

4. Una Puerta de Aplicación: como ejemplo

Ejercicios para trabajar la planificación y elaboración de Proyectos Sociales. Un ejemplo de itinerario (180-189)

5. Puertas de Salida: los procesos de valoración de ideas

Ejercicios de Valoración de lo trabajado (190-200)

Algunas ideas que apuntan más allá

EPÍLOGO. Vuelta a la vida cotidiana

BIBLIOGRAFÍA

Textos específicos acerca de la creatividad.

Textos literarios referidos en el libro.

Textos biográficos.

Textos de filosofía.

Textos de comunicación.

Textos acerca del arte.

Prólogo

El ejercicio de la creatividad, siendo obligación de la especie, entraña en primer lugar una utilidad privada. Es asimismo un ejercicio que no hace sino dar juego a un don exclusivo y en exclusiva.

El hombre solamente es creativo; lo demás son circunstancias y, como tales, prescindibles o sustituibles. De modo que tampoco es que sea tan meritoria la actitud creativa: es la actitud inexcusable. Esto último puede tanto provocar como desaconsejar que se escriban libros que la tengan como tema; más que otra cosa, si prestamos atención al hecho de que una actitud es un punto de partida sin previsible punto de llegada reconocible.

Un estudio sobre nuestro posicionamiento creativo obliga a una complejidad expositiva; y éste es ciertamente un libro amplio en lo conceptual, pero también anchuroso en lo pragmático. En este segundo aspecto existen, desde luego, técnicas, estímulos, voluntades en fin, que inducen a poner en marcha la creatividad personal; a permitirle su expresión, preferiblemente. Se dispone, sobre todo, de un surtido, inagotable a lo que parece, de oportunidades para la creatividad. Por ello, opino que el meollo de La actitud creativa está en un paradójicamente corto elenco de nada menos que 200 de esas oportunidades que se nos ofrecen aquí como incitación.

Según su título, estas páginas tratan sobre esas cosas, sobre la actitud del creador en un ámbito en el que se obstaculiza la creación. Por eso pienso que su logro es desenmascarar la creatividad convenida y establecer la incontinente.

Pero este libro, más que otra cosa, intenta seducir con la seducción que rezuma la creatividad…; busca convencer sobre la sencillez innata de la creatividad…; aconseja olvidar, gracias a las perspectivas que abre la creatividad.

Semejante actuación implica no dar nada por supuesto y, a la vez, no hacer nada que no fuera suponible. No ser grandioso ni ser pasivo. No ser mezquino ni ser empalagoso. Importa poco que la idea que nos parece rutilante estuviera ya ahí con toda su potencia; lo que vale es haber dado con ella como consecuencia de un gesto personal.

Y es exactamente ese gesto el que empavorece a la masa de los integrados, los cuales corren el riesgo de ver sin veladuras ni corazas el panorama de sus propias capacidades.

Es tan elemental la cuestión creativa que el trabajo requerido para no cumplir con ella agota a quienes descansarían intuyendo que los estresados son los otros, los creativos. Lo malo es que el asunto ha llegado al extremo de que nuestra sociedad cataloga como tal —como creativo— a quien funciona del más integrado de los modos, aquel que tiene por meta que los demás acepten sus propuestas y dejen de crear.

El mundo de la creatividad (nuestro mundo, repito), precisamente por ser general, no es para expertos; lo peor que podríamos hacer es profesionalizar la creación, cosa que sería rebajar su rango. Fijémonos, por ejemplo, en el sencillo juego de comparar la enorme diferencia entre decir «el espíritu creativo» o «el espíritu del creativo». El problema, como en tantas otras cosas del ámbito de lo originario, surge de sustantivar, de personalizar el concepto.

Actuar creativamente es hacerlo de acuerdo con la idoneidad que impregna la vida. Por lo demás, la cuestión es obvia: del mismo modo que nadie —ni en sueños— puede imaginar algo al margen de la sustancialidad que constituye nuestro mundo, a nadie le sería posible crear sobre bases ficticias, nadie fabrica algo totalmente al margen de lo conocido.

La creatividad, que es sensata por conveniencia, resulta cotidiana por comodidad, y aunque aparezca como chocante por su frecuencia, no deja de ser estética por inercia.

Ser creativo no es ser llamativo. El espectáculo de la creatividad no existe como tal, y esto es muy oportuno señalarlo en un momento en el que parece que la emoción creativa (y aquí vendría bien fijarse en el ejemplo del arte) está siendo sustituida por una zafia estrategia de lo inmediatamente mensurable. Muy al contrario, la emoción que experimenta el hombre creativo se produce merced a unos actos que se justifican por sí mismos y que no aspiran a que sus resultados vayan a controlar ninguna expectativa. La creatividad encuentra su utilidad en lo privado y, todo lo más, presta un testimonio, ciertamente inocultable, a lo público.

Radica ahí mucha de la peculiaridad y complejidad de su enseñanza, ya que toda enseñanza en sí se ha ido orientando hacia las materias cuyos campos y razones se encuentran en la repercusión y catalogación social. Quiero decir: La enseñanza de la creatividad se reduce a su aprendizaje.

La ya comentada hostilidad del ámbito social nos avoca a la primacía del «no», que es la palabra clave, la idea creativa por excelencia, porque tras ella el hombre responsable construye un «sí», transitorio por supuesto. Porque es preciso advertir que un «sí» inicial no pasaría de ser una «acción de mantenimiento», como califica Lamata a los comportamientos repetitivos.

Hablo de una especie de posicionamiento de alerta en el que toda la información que recibamos debería ser considerada como dudosa, si no como directamente sospechosa. Justamente por esta incomodidad de la sospecha, y a pesar del imperativo del mundo exterior, para actuar creativamente tal vez ni siquiera haga falta extender la antena receptora… (y diciendo esto contradigo ahora en parte uno de mis principios). En cuanto a la antena emisora, sólo con estar nos sobrecoge.

Ahora bien, tampoco la posible certeza que construyamos como opción alternativa ha de cegarnos con su luminosidad; ella no es sino la correspondiente información sospechosa para quien venga después…, que incluso podríamos ser nosotros mismos.

Una pasajera discrepancia con el autor me ha acometido hacia el final cuando dice que el libro no trata del arte, porque «el arte son obras» y lo que él expone son «procedimientos». Sin embargo, lo cierto es que el arte no presenta más que ejemplos, es decir, relatividades; obras relativas, si se quiere. Por suerte, en el mismo párrafo habla Lamata de un Arte con mayúscula que, por descontado, no es el arte. ¿Y qué pasa cuando escribimos así Creatividad? ¡Pues igual ocurre con el arte! Si dijéramos que el esfuerzo de escribir ha dado por fruto el libro, ¿lo pondríamos con mayúscula —es decir, minimizaríamos— alguno de estos dos conceptos?

Siguiendo con estas interpretaciones, pienso que «obras» quiere decir «productos», mientras que «procedimientos» viene a ser «acciones». Estoy seguro de que Lamata, en su ejercicio personal de creatividad, era consciente de estar manejándose con el arte…, aunque luego, un tanto sarcásticamente, pretenda evitar suspicacias. (Un breve inciso para aclarar que soy consciente y lamento estar, muy probablemente, extralimitándome de los terrenos asignados a un prologuista).

La cosa es más sencilla que todo esto: No hay arte sin creatividad; pero, ¿es que hay, acaso, creatividad sin arte? Las opciones creativas están tan cerca (el autor nos habla de un «investigador cotidiano») que por eso Picasso blasonaba de lo que cualquiera puede blasonar: conformarse con aquellas oportunidades con las que tropezaba.

La acción creativa se cuela inopinadamente hasta donde no se la llama, pero no donde se la rechaza. Un rechazo laborioso, estudiado y costoso, en suma, que se gestiona por funcionarios de la estulticia que, eso sí, cobran los más altos sueldos de la burocracia de la reacción (recordar una vez más que esta palabra significa odiar la acción; principalmente, la creativa, añado para el caso).

La actitud creativa es encalmada, pero viva y consciente. Se basta haciendo lo justo, aunque, eso sí, haciéndolo siempre. Resulta el más normal de los posicionamientos, a pesar de que se presente como el menos habitual. Los habituales saben para qué hacen las cosas, mientras que los normales se han enterado de por qué las hacen.

Pero por encima del desvelamiento de la realidad ha de instalarse el esclarecimiento de las ideas. Conseguido lo segundo, lo primero se convierte en evidencia y, de rebote, lo segundo pasa a ser lo que llamamos arte.

ISIDORO VALCÁRCEL MEDINA

Aproximación a la Creatividad

¿Por qué la creatividad resulta algo necesario?

Para llegar al punto que no conoces debes tomar el camino que no conoces

SAN JUAN DE LA CRUZ

Acabo de saltar desde esta página, a través de su mirada, hasta el interior de su cabeza. Choco con el hilo de su pensamiento, pero me agarro a él, y aquí seguiré un tiempo estableciendo un diálogo con usted, alrededor de la experiencia creativa. Hasta hace unos segundos no le conocía en absoluto, podría ser joven o viejo, hombre o mujer, empresaria, maestro o educador, cantante, poeta o escritora, zapatero, burócrata o banquera, revolucionario, agricultor, ferroviaria, alternativo o ejecutivo…, me da igual, con todos y con todas vamos a hacer este primer viajecillo.

Pero sea quien sea, nunca desprecie la palabra viajecillo. Ha habido mucha gente que ha muerto por ello, o se ha quedado impedida mentalmente por no atenderlo. Un viajecillo puede ser una vida en cien páginas, por ejemplo, o puede ser un recorrido de 24 horas, o darse una vuelta por el parque tranquilamente. Allí está todo, lo que nos construye y lo que nos destruye. Un poco de ese todo es de lo que vamos a tratar en este primer viajecillo.

No olvidemos que, como dijo V. Huidobro, la vida es una cuestión de vida o muerte.

La experiencia creativa es una apuesta

Así la llamamos, lo siento, en esta hoja no hay certezas.

Sólo esa posibilidad, ese sendero, que quizás le conduzca a una buena idea, a una realidad más interesante, a un buen cambio.

Si quiere la aparente seguridad suya o de sus modelos, repita y copie, copie y repita, y abandone el viajecillo. Aquí la seguridad no está afuera, no es sólida, no es ni una imagen, ni un sofá, ni un arma, ni el título académico, ni siquiera la ley y el orden. Aquí hay una seguridad invisible y frágil, en comparación a las anteriores, que se denomina confianza.

En general, en función de lo que conocemos a las personas, tenemos o no tenemos confianza en ellas, y algo parecido pasa con nosotros mismos, nos tenemos o no nos tenemos confianza según lo que sabemos acerca de algo.

Pero este viajecillo no se hace por lo que conocemos, sino para poder conocer, y esa confianza no se sustenta en lo que ya conocemos, sino en que seamos capaces de seguir conociendo. Y es que asomar las narices en el territorio de la Creatividad es eso, un viaje al conocimiento. Por la sencilla razón de que la vida también debería de serlo. Lo que pasa es que el territorio de la creatividad tiene claras diferencias con lo que ocurre en las amplios territorios de los Automatismos...

Pero nos vamos a ir explicando...

Nacimos

Si está leyendo este renglón quiere decir que ha nacido. No entremos en la cuestión de si usted tomó la decisión o no. Todas las criaturas son maravillosas al nacer. En el paritorio no hay más que maravilla, vida saliendo al aire. Hay casos difíciles, y hay muerte de vez en cuando, pero en nuestro contexto sociocultural, un paritorio es una máquina de hacer aparecer vida. Arrugada, ensangrentada y llorando a fuerza de bofetadas, pero pura vida. Genios, asesinos, carne de cañón, tiranos, y miles de personas llamadas normales, asoman diariamente el cogote por la vagina de su madre.

Lo curioso es que esa maravilla de la vida sólo se percibe con nitidez y emoción, en el punto de partida. Luego ya nos acostumbramos a vivir y a percibir la vida como si fuera lo habitual, hasta que nos tocan las tristes visitas al cementerio donde la experiencia se hace sólo memoria.

Paritorio y cementerio son los lugares apropiados para la emoción por la vida. Pero, en términos generales, en nuestra cultura, parece ridículo que nos tengamos que sorprender por el resto: seres de 10, 20, 30, 40, 50, 60 años,… son seres normales, sometidos a las valoraciones propias de la cultura del momento y de la cercanía personal, pero sin provocarnos, como hace el recién nacido, esa emocionante conciencia de la vida. (Parir una idea, también produce sorpresa y alegría aunque salga arrugada, ensangrentada y llorando por las bofetadas.)

Todas las criaturas son maravillosas al nacer. Aprendiendo mientras respiran. Todo es un inmenso campo de investigación. No hay diferencia entre trabajo, juego y aprendizaje, esos tres conceptos que nos hemos empeñado en discriminar para entender mejor, o dejar de entender, este asunto de la vida.

Poco a poco, se perciben esos primeros rudimentos de pensamiento que van conectando neuronas, fijando relaciones, construyendo minúsculos recuerdos. Y el entorno, que todavía no se vive como algo distinto a uno, dando pautas y más pautas.

Y el cuerpecito recién hecho, con sus informaciones, ciclos y ritmos propios, desarrollándose… Y las interacciones con objetos, naturaleza y personas, tramando al ser humano.

Uno acaba por identificarse. Aprende todos los «no» necesarios para sobrevivir, para que te quieran, para evitar meter los dedos en el enchufe, para evitar cortarse con el cuchillo, para evitar caerse de la silla, para ser capaz de cruzar por el paso de cebra.

Aprende que no se juega con todo, que en estas circunstancias no se puede disfrutar con todo. Aprende el delicado equilibrio de diferenciarse aprendiendo lo mismo que los demás. Uno se hace un yo con sus cuatro paredes, y a partir de ahí, uno ya sólo cambia a la fuerza.

Identidad

Sopla una brisa fresca. Usted ve lo que ha visto, lo que ya había visto. La evolución te construye así, a través de una serie de pautas, rutinas, formas de observar, valorar, pensar, hacer, comunicarse, etc., que le identifican.

Su punto de vista. Una única experiencia, la suya (¡Tan parecida a muchas!). El camino del más listo, el que reacciona casi sin pensar, con todas las respuestas aprendidas, porque uno ya tiene muy claro lo que piensa. El que ordena, clasifica y tiene su tiempo bien distribuido, el automático.

Pero no seamos dramáticos. Lo primero que habría que apuntar es que esto es lo que hay. Es decir, que todos tenemos una identidad porque así es la naturaleza humana y no tiene nada de malo tener una identidad, y aunque no deja de ser un concepto un poco resbaladizo, como todos los conceptos que pretenden representar realidades, pues, está bien.

Nuestra manera de apañarnos con el entorno está basada en un conjunto de conocimientos incorporados física y mentalmente que nos permiten leer esta página, andar, no preguntarnos cada mañana por qué estoy rodeado de cuatro paredes, reconocer a tu padre, saber qué son esos aparatos de metal con cuatro ruedas que llenan las calles, etc.

Pero, (¡casi siempre hay peros!), hay algunas ocasiones donde esas respuestas conocidas nos resultan insuficientes: porque la respuesta conocida ya no funciona sobre la situación actual; porque nos enfrentamos a un problema desconocido; porque no nos entendemos con otra(s) persona(s); porque queremos inventar o hacer algo diferente a lo que conocemos; porque pretendemos mejorar cierta situación; o, simplemente, porque nos aburrimos, etc., etc.

En cualquiera de estas ocasiones nos vendría muy bien, ser capaces de generar respuestas distintas a las habituales. Ampliar la proyección de nuestra conciencia...

Atención: después de tres páginas y media de preámbulos-imprescindibles empezamos a llegar a situar el asunto: en primera instancia, a este tipo de respuestas es a las que denominamos respuestas creativas.

Ya empezamos a saber hacia dónde va nuestro viajecillo.

El territorio de la Creatividad: la Actitud Creativa

Pero, ¿cómo podemos esperar salvarnos en lo más frágil que existe?

I. CALVINO

Empezar a saber a qué nos referimos no quiere decir que sepamos ni de qué se trata, ni cómo se consigue. Sencillamente nos indica su necesidad. Sin embargo, vemos cosas. Vemos algunos resultados que nos parecen creativos, vemos personas que nos parecen creativas. El propio progreso de la civilización humana, con todas sus inmensas contradicciones, nos da algunas pistas de cómo es ese territorio de la creatividad.

¿Y cómo es?

Lo primero que podemos decir es que resulta muy difícil dar forma a lo que se caracteriza por cambiar. Este territorio puede ser la preparación de una comida, una conversación telefónica, el tratado de paz, la manera de colocar tus zapatos al lado de la cama, o la bolsa de plástico movida por el viento… Un magma continuo, una zona que se reconfigura a cada segundo.

Lo segundo que decimos entonces es que, rigurosamente, no nos encaja tanto el concepto de lugar sino, más bien, el concepto de interpretación: una forma de entender la realidad. Es decir, que cualquier lugar (dentro o fuera de nosotros) se puede transformar en territorio de la creatividad, dependiendo de la persona que lo observe. Es decir, que cualquier persona se puede transformar en territorio de la creatividad, dependiendo del tipo de respuestas que esté dando. Y a esto se le llama

(¡Ay el lenguaje, el lenguaje! ¡Cuánto nos puede ayudar y cuánto nos puede equivocar!)

Concretando: El territorio de la creatividad es una forma de visión subjetiva que interpreta los estímulos y las respuestas como distintas a las habituales, que admite y aprecia lo diferente. La mirada que se interroga, que busca respuestas, que elige, que aplica y aprende.

Concretando algo más: Esta hoja de papel es una hoja de papel, pero también se puede observar como un puente entre pasado y futuro, como un objeto para encender una hoguera, como una superficie para dibujar, como un juego para buscar las palabras que más se repitan, como dos esquinas para limpiarse las uñas, etc.

Las infinitas interpretaciones que puede generar este pequeño estímulo, esta pequeña realidad, son respuestas «creativas», que se salen del básico hecho de ser una hoja para leer dentro de un libro y punto.

Esas respuestas, meramente cognitivas, pueden llevarse a cabo, encarnarse, traducirse en acciones efectivas: si no tengo con qué encender un fuego, si quiero aprovechar un contexto de significados para desarrollar un dibujo, o si me quiero limpiar las uñas en una biblioteca...

Seguiríamos así un proceso creativo que podría abrirnos a una cierta línea de investigación.

Y es que, como decíamos anteriormente, asomarnos al territorio de la Creatividad es un viaje al conocimiento a través de procedimientos no habituales. El conseguir que las personas mantengan la capacidad de aprendizaje tiene mucho que ver con la creatividad, o al menos debería tener que ver, porque supone la posibilidad de revisar las propias pautas de actuación y apreciar e inventar otras nuevas.

Y no se nos puede olvidar algo implícito en los párrafos anteriores pero que requiere pasar a primera línea de página: la Conciencia.

La conciencia tiene que aparecer antes, durante, después, o en todo el proceso de lo que se observe, se piense o se haga. Desde ese darse cuenta, es desde el que se genera aprendizaje. La conciencia es un mecanismo independiente de la creatividad, pero es necesario que aparezca en algún momento para que ésta se pueda desarrollar.

¿Y qué significa esta relevante palabra? Significa darse cuenta, tomar en cuenta, en tu cuenta. Significa situar las cosas en el propio contexto vital, valorar la información que se incorpora en la experiencia.

Y es que la actitud creativa se produce en la experiencia, en lo que vivimos. Desde y para la experiencia aprendemos, para mejorar, transformar los contextos personales y sociales, en los que nos movemos: levantarse por la mañana, salir a la calle, trabajar, encontrar personas, comer, pasear, descansar, cambiar el rumbo de un río...

Si estoy vivo, estoy «generando» experiencia. Y en esa atención a la experiencia aprendemos, sin h y con h, lo que vivimos.

Para vivir, en principio sólo nos hace falta un tipo de conciencia estrecha, funcional para con los parámetros básicos del modelo social imperante en mi entorno (qué es lo que merece la pena ser pensado, a qué tengo que prestar atención, qué personas son interesantes y cuáles casi ni son personas, etc.).

El territorio de la creatividad nos coloca justamente en la multiplicidad de perspectivas, en la posibilidad de ampliación de la conciencia, en la posibilidad de cambio...

Bien, ya tenemos una idea de hacia dónde tenemos que ir. Este viajecillo se desarrolla necesariamente hacia adentro y hacia afuera de uno, porque nuestra concepción de la realidad se construye en esa relación entre lo que ocurre afuera nuestro y nuestra manera de interpretarlo y actuar con respecto a ello.

Pero este viajecillo tiene bastantes peligros. Algunos sabremos señalarlos, otros tendrá que ir descubriéndolos cada uno.

Dificultades para encontrar y desarrollar el territorio de la creatividad

Tener opiniones es un vacío, opiniones que no afecten a nadie, es, me parece, no tener nada.

J. M. COETZEE

Quien prescinde del cultivo de la creatividad es el automático. Este ser que ocupa la mayor parte de nosotros y que, aparentemente, no necesita de la actitud creativa una vez que uno, se ha configurado evolutivamente. E. De Bono dice que «el cerebro no está diseñado para ser creativo». Pero además de esta disposición estructural necesaria para no volvernos locos, nuestro ser automático no se construye totalmente al azar o en función de nuestro bagaje genético. Conviene traer aquí algunas consideraciones acerca de las influencias del contexto, que nos pueden explicar ciertas dificultades añadidas al desarrollo de la creatividad.

Lo que nos hemos encontrado, lo que hace que te fijes en determinadas cosas y otras no, lo que ha hecho que nazcamos aquí, que te gusten las patatas o las naranjas, que prefieras el verde o el azul, lo que ha permitido que tengas dinero o no lo tengas, lo que ha hecho que tengas humor o no lo tengas, que te guste leer de una forma determinada la información que has recibido y la que no has recibido; lo que ha hecho que te guste o no te guste sentirte como los demás, lo que te permite entender o no lo que pasa en Angola o en Irak; lo que ha hecho que tu voluntad sea como es, que te caiga bien la gente más gorda o más flaca, que soportes ciertas cosas y otras te resulten insoportables; lo que va haciendo que tu columna vertebral vaya cambiando de posición, etc., etc.; todo esto es, en cierta medida, un azar.

Porque podríamos analizar que vivimos en un contexto determinado, con política, economía, sistema educativo, distribución de la riqueza, modelos de relaciones, sistema publicitario, sistemas de producción, modelos religiosos, modelos de ocio, de relación con la naturaleza, etc. qué están configurados de una determinada manera y con ciertas intenciones.

Es decir, hay una cultura dominante que aparentemente define o limita nuestro azar y condiciona, cómo no, nuestras posibilidades de experiencia. Digamos la frase: a nuestra sociedad actual no le interesa, en términos generales, el desarrollo de la creatividad. Más bien al contrario.

Podemos recordar algunas cuestiones, para nuestro mundillo occidental, que aunque tópicas, no dejan de ser absolutamente reales.

• La estructura social va colocando a los individuos en posiciones determinadas en función, principalmente, de la capacidad económica de su entorno inmediato. El tipo de educación, de lenguaje, de estética, de cómo y con qué se disfruta, está muy condicionado por el barrio donde vives, la familia con la que creces, etc. Y podríamos aventurarnos a decir que, en términos generales, todos estos sistemas educativos otorgan, de forma efectiva, poca atención al territorio de la creatividad.

• El poder dominante configura un modelo de realidad a través de las informaciones que selecciona y presenta, determinando el horizonte de lo que hay, y de lo que puede haber. La experiencia social está mediatizada a través de las interpretaciones que aparecen en prensa, televisión, publicidad, etc. La realidad es lo que, quien tiene los medios, dice que es la realidad. Y todo ello tiene la suficiente complejidad como para que al resto nos parezca inaccesible, y este panorama limita y condiciona la aparición de respuestas creativas.

• Hay unos que son protagonistas de la historia y hay otros que son espectadores de la historia, y que además, nos gusta bastante seguir el hilo de los distintos espectáculos que nos produce la cultura dominante. Nuestras necesidades están derivadas de la necesidad de observar el espectáculo, donde la presencia de uno queda reducida y asumida a la actitud del espectador. El protagonismo es el protagonismo de la butaca frente al televisor (o al ordenador) y se elude la experiencia real, de materia, de relación, de contacto, que es fundamental para el aprendizaje de la creatividad.

• Los valores, lo que importa socialmente, se va aprendiendo a través de los distintos «modelos» a los que se nos permite el acceso: historias de santos, historias de militares, historias de delincuentes, historias de futbolistas, historias de familias, historias de famosos, historias de listos, etc. Provocan ciertos contagios sociales.

• Pero en términos generales lo que importa es el dinero. Es el que ordena nuestra escala de valores cotidianos. El dinero se asume como el mejor diccionario para traducir la experiencia. Estamos tan condicionados por este valor que nos resulta extremadamente difícil poder encontrar valor en otras cosas.

• La sociedad de consumo está basada en esa apariencia de cambio constante que se sustenta en la adquisición de bienes. La saturación de imágenes, historias, héroes, personajes, nos mantiene en la posibilidad de que podríamos ser otro. Yo podría ser más joven, más rico, más famoso, más simpático, más inteligente, más decidido… Yo podría ser otro, y para ser ese otro necesito algunas cosillas. El aparente campo de posibilidades nos tranquiliza. A usted le engaña esa posibilidad de pensar cualquier cosa de las que están en el escaparate; la posibilidad de consumo se hace tan necesaria que, si desaparece, su vida pierde sentido. (La cara negativa del cambio, sea por el aprendizaje publicitario o por cualquier otro tipo de deseo encasquillado, es la apariencia del cambio: mantenerse en esa potencialidad que se hace discurso mental y que no cambia nada.)

Nuestro contexto político, educativo, cultural, social determina el tipo de relaciones que podemos generar. El campo relacional en el que uno se mueve puede favorecer el desarrollo de una actitud creativa o dificultarla. Las relaciones de familia, relaciones de amistad, relaciones de pareja, relaciones laborales, son campos de fuerza que van provocando aprendizajes, construyendo y desarrollando diversas pautas de comportamiento que nos van haciendo a cada uno. El batiburrillo de pensamientos y sentimientos entremezclados, nos confunde. La dificultad de discriminar lo que siento, lo que pienso, lo que debería sentir, lo que debería pensar, acerca de una circunstancia, un problema, un objeto o una persona. Esa vibración vital nos entretiene lo suficiente como para no poder salirnos del campo de juego.

Nadie nos va a negar que la creatividad es muy importante

En este momento, cualquier persona que lea la prensa valora la palabra creatividad: para la política, para la empresa, para la educación, para la ciencia, para las artes, para las relaciones humanas, para la solución de conflictos, etc. En teoría a todos les suena como algo positivo, pero en realidad nuestra experiencia en el trabajo que hacemos, es una experiencia que exige la repetición de pautas, donde el cambio o la innovación siempre es un problema.

Nuestra experiencia relacional tiende a ser una experiencia de repetición de pautas, como hijos, como padres, como pareja. Cumplimos con los estereotipos socialmente determinados. Hasta nuestras experiencias de amistad siguen pautas de inercia. Y la sorpresa y el cambio, no dejan de ser asuntos ocasionales, forzados muchas veces.

Pero en el fondo, y a pesar de todos los pesares, no deja de ser uno mismo el que, si se considera responsable de su vida, es el responsable del desarrollo de su creatividad. Tampoco son tan graves todas estas dificultades de nuestra cultura dominante. Lo grave es morir de hambre, o por un efecto colateral… o de aburrimiento.

El potencial de la creatividad es justamente el que se puede desarrollar bajo cualquier circunstancia y sin necesidad de «nada». El problema es que con el tiempo uno va acumulando más inercia.

Por supuesto que hay dificultades importantes en nuestro contexto social que no favorecen el desarrollo de la creatividad, pero es que la creatividad es el germen que, justamente, nace de las dificultades, sólo, con un poco de ayuda.

La creatividad en sí, ni exige hacer una pancarta en contra de la sociedad de consumo, ni exige el anarquismo vital. La creatividad da la posibilidad, a quien quiera, de salirse de su rutina mental, para disfrutar del momento, para inventar un cohete, para diseñar un curso o para intentar transformar las condiciones de vida de un barrio, por ejemplo.

Por dónde entramos, pues, a este territorio. ¿Cuáles son las zonas por dónde vamos a poder cultivar la creatividad? ¿A qué le damos, pues, el valor de lo creativo, a qué estímulos o respuestas que se salen o hacemos salirse de lo habitual? ¿Cómo planteamos esa pequeña ayuda para que desde las dificultades puedan aparecer soluciones?

I

La Actitud Creativa

1. Zonas en las que se puede cultivar la Actitud Creativa

En los momentos en que el reino de lo humano me parece condenado a la pesadez, pienso que debería volar como Perseo a otro espacio. No hablo de fugas al sueño o a lo irracional. Quiero decir que he de cambiar mi enfoque, he de mirar al mundo con otra óptica, otra lógica, otros métodos de conocimiento y verificación.

I. CALVINO

Todos los elementos para una vida libre están ya presentes, tanto en la cultura como en la técnica; sólo hace falta cambiar su sentido y componerlos de modo diferente.

G. DEBORD

¡Todas y cada una de las cosas de la tierra no son más que un símbolo eterno, cubierto de polvo!

G. MEYNRICK

Ala actitud creativa se puede entrar como a todas las actitudes: por lo que vivimos y por cómo lo vivimos, es decir, por la experiencia, por nuestros minutos de ser humano. Esta experiencia la podemos, artificiosamente, dividir en tres áreas: Percepción, Elaboración y Acción.

Uno capta información a través de sus sentidos, esa información se procesa, se valora, se archiva, etc., y, de alguna manera, se actúa en consecuencia.

En realidad todo ello es una unidad en esto que llamamos vida, pero como tenemos que ir desentrañando ideas, mecanismos, procedimientos para favorecer una determinada actitud, pues le damos esos tres acentos para poder incidir y entender más concretamente por dónde nos vamos a mover.

Esas tres áreas confluyen en otra cuarta, fundamental y más gaseosa si cabe, que vamos a denominar «La construcción de sentido».

Percepción

La percepción es la manera en que la mente organiza la información que está llegando del mundo externo.

Si tuviéramos información perfecta sobre determinada situación, pensar sería innecesario. Analizar datos permitirá al analista seleccionar de su repertorio de viejas ideas aquellas que podrían servirle

E. DE BONO

La experiencia es un mar prácticamente inabarcable.

Éste es nuestro campo de juego. Imagínate el mar… pues de toda esa inmensidad nosotros empleamos para vivir, atendemos, sólo unos recorridos conocidos, nuestras rutinas.

Los bebés se fijan en ciertas cosas. Naturalmente son algunas de las que se encuentran en su entorno. La casa y alrededores. Los niños se fijan en ciertas cosas. Naturalmente son algunas de las que se encuentran en su entorno: escuela, compañeros, medios de comunicación, publicidad. Los adultos se fijan en ciertas cosas. Naturalmente son algunas de las que se encuentran en su entorno: trabajo, pareja, expectativas, etc., en función de lo que consideran que tiene importancia.

Todo ello se traduce en una determinada «apreciación de la vida», en una «Escala de Intereses» (podríamos decir de 0 a 100) o incluso en una «Escala de realidad»: para cada persona unas cosas son «más realidad» que otras, e incluso otras son inexistentes.

En todo caso, podríamos decir que el bebé y el niño investigan y que el joven y el adulto «se van consolidando». Podríamos decir que el bebé y el niño se sorprenden, y que el joven y el adulto intentan evitar sorprenderse, porque ya quieren tener una identidad definida y tienen que funcionar socialmente.

Modelos perceptivos

Uno, con el tiempo, tiende a apreciar sólo aquello que puede apreciar, es decir, que ya ha apreciado de alguna manera.

Uno se construye (le construyen) ciertos modelos de percepción que se pueden traducir en:

•A qué presto atención (qué selecciono).

•Cómo presto atención (tiempo dedicado, intensidad, profundidad).

•Para qué presto atención (qué pretendo conseguir, la inercia y la intención).

•Por qué presto atención (de dónde he aprendido esas estrategias perceptivas).

Digamos que el aparato perceptivo de un ser humano normal no deja de funcionar nunca, y, a partir de un cierto proceso de configuración, siempre tiende a funcionar bajo unas pautas aprendidas en su experiencia. Y esto es así al analizar un problema, al observar un paisaje, al conocer a otra persona, o al montar en el autobús.

El hacer un análisis de nuestro modelo perceptivo puede resultar muy complejo, pero lo que sí podemos hacer es ponernos en situación deliberada para ampliar nuestras estrategias perceptivas o para, sencillamente, hacernos conscientes de ciertos hábitos.

Lo más evidente es lo más oculto

Ocurre con frecuencia, como decía Wittgenstein que, tal y como están las cosas, lo más evidente es lo más oculto.

Las estrategias perceptivas se aprenden, a fuerza de observar, de intentar identificar rápidamente, de sentirse protegido, de valorar los estímulos que marcan la dinámica publicitaria con su ritmo de cambio constante, etc.

Así, normalmente, un ser humano deja de detenerse a observar las arrugas de la pared, los dibujos de aceite en el asfalto, el tejido de las cejas de otra persona y todos los infinitos etcéteras que componen el mar.

Entre la construcción de las imágenes de lo importante del sistema informativo-publicitario y el habituamiento de nuestras formas de ver lo cotidiano, lo más probable es que dejemos de ver lo que tenemos delante de las narices, porque ya lo hemos visto, porque no merece le pena, porque no se parece a la vida de nuestros héroes favoritos, etc.

La saturación estimular

En estos momentos, en nuestra civilización se produce una saturación estimular social. Todo nos habla y, en general, no para de hablar. Más aún, los discursos luchan por aparecer ante nosotros, para hacerse nuestra realidad. Y si, en general, la realidad no es neutral, estas «realidades» esforzadas en hacerse nuestro presente, mucho menos.

Pero llevamos años alimentándonos de todo ello. Aprendiendo qué es lo que merece la pena ser percibido, y qué otras cosas no tienen importancia. Cosas que de hecho, ignoramos. De alguna manera, la sobrecarga de imágenes prefabricadas, la suposición de poder elaborar entornos ideales, la configuración de realidades virtuales, condiciona cada vez más los mapas de realidad de las personas nacidas en estas culturas.

El relato de nuestra vida está cada vez más marcado por relatos prefabricados para configurar nuestros «ideales». Siempre ha sido así, pero la maquinaria es cada vez más sofisticada, y cada vez nos hace más dependientes de esa sofisticación.

Nuestra imaginación básica

Nuestra necesidad de estímulos se hace más dependiente de una tecnología creada para ello, y alejada de los ritmos vitales. Las imágenes que componen nuestra «imaginación básica», nuestras películas mentales, nuestros símbolos, pertenecen necesariamente a esta civilización, a su campo de fuerzas, del que difícilmente podemos salir.