La aventura de Amanda - Amanda Vizcaíno - E-Book

La aventura de Amanda E-Book

Amanda Vizcaíno

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Beschreibung

La aventura de Amanda narra la historia de un pequeño garbancito, más pequeño que el del cuento. Este garbancito se llamaba Amanda y pese a su fugaz existencia física, llegó a formar parte de la vida de muchas personas. A través de su voz, Amanda Vizcaíno (Mª Carmen Cortés) desgrana en primera persona cada etapa de la aventura que tuvo que recorrer; un camino repleto de dificultades pero también de grandes logros, y pone de manifiesto el carácter luchador y valiente que se escondía tras ese pequeño y único ser, tan singular por su grandeza.

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Seitenzahl: 283

Veröffentlichungsjahr: 2021

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La aventura de Amanda

© de los textos, Amanda Vizcaíno

© de la fotografía de la autora, Javier Sancho y Aurora Salazar

© de la fotografía de portada e interiores, Daniela Garrido y Nicolás Vizcaíno

Ediciones El Drago

www.edicioneseldrago.com

[email protected]

Edición permanente, 2021

ISBN: 978-84-18813-17-7

DL: M-24004-2021

ISBN ePub: 978-84-18813-06-1

Diseño y maquetación: Montaña Pulido Cuadrado

Impreso en España – Printed in Spain

Impreso en papel reciclado

Se garantiza que el papel empleado en este libro proviene

de bosques sostenibles, y que la pasta de papel no ha sido tratada

con cloro para el proceso de blanqueamiento. El cloro es un

elemento muy contaminante y los desechos del proceso de

cloración de la pasta de papel arrojan al medio residuos

altamente contaminantes. Además, este papel ha recibido

la certificación como producto ecológico por parte de la UE.

La reproducción parcial o total de este libro, mediante

cualquier medio, vulnera derechos reservados. Queda

prohibida toda utilización del mismo sin el permiso previo

y explícito de los editores.

Índice

Sinopsis

Prólogo

Chanchita Amanda

Dulce encuentro

Exquisitos Avengers

La noticia. El nombre

Garbancito de lujo, mi chanchita

Mis primeras horas

Mi hogar

Enero, 2016

Febrero, 2016

Marzo, 2016

Hogar fuera de Chile. La Casa Ronald McDonald

Primera parte de mi estancia en Barcelona

Segunda parte en Barcelona

Agradecimientos en Chile

Agradecimientos en España

Agradecimientos a los mecenas

Frases y comentarios que doctores y enfermeras me dedican tras mi estancia en el hospital Vall d’Hebron

Sobre la autora

Sinopsis

La aventura de Amanda narra la historia de un pequeño garbancito, más pequeño que el del cuento. Este garbancito se llamaba Amanda y pese a su fugaz existencia física, llegó a formar parte de la vida de muchas personas.

A través de su voz, Amanda Vizcaíno (Mª Carmen Cortés) desgrana en primera persona cada etapa de la aventura que tuvo que recorrer; un camino repleto de dificultades pero también de grandes logros, y pone de manifiesto el carácter luchador y valiente que se escondía tras ese pequeño y único ser, tan singular por su grandeza.

Dedico mi especial aventura a mis adorables y abnegados padres:

mi Bichito Nico y mi dulce Alita, Daniela.

A todos los niños que sobrellevan alguna enfermedad rara.

A los niños y niñas, que como yo, sufren de AME (Atrofia Muscular

Espinal). Que su carita se empape con la luz de la Esperanza.

Y cómo no, a mi autora favorita, que se nombra como yo cuando

escribe sus bonitos relatos: Amanda Vizcaíno.

Con la colaboración de Daniela Garrido y Nicolás Vizcaíno, padres

de Amanda Vizcaíno.

Prólogo

No ha sido fácil caminar con mi encantadora Amanda. Camino que recorrí gracias a que sus papás compartieron conmigo toda la intimidad de sus vidas, por pura casualidad. En todo aquello que nos pueda pasar, siempre está la causa-efecto. Desde el inicio del viaje con mi exquisita niña me acompañaron días muy difíciles, por la enfermedad de mi mamá, que justamente al inicio de este libro inició un viaje sin retorno al mundo del olvido, donde perecieron para ella sus recuerdos, su vida y su historia, que ocultó en la profundidad de sus redondos ojos negros.

Tras ese desenlace desafortunado y esperado, una fuerte e inexplicable presión se adueñó de mi mano. Quería jugar. Mi niña Amanda estaba ahí, a mi lado, incitándome a coquetear con letras deseosas de jugar con nosotras, para formar palabras, crear frases, cantar canciones, y narrar la historia de su vida. Guiaba mi mano para conseguir un hermoso baile de palabras, para crear una canción de amor para ella. Una historia de vida, la de una guerrera. La suya.

Sonreí con ella, lloré, disfruté de su compañía; en mis peores momentos me alentaba a continuar. Disfrutaba al mirar su graciosa lengua cuando quería llamar la atención para que la mimasen. Sus posados eran de una auténtica bebita-modelo. Mientras contemplaba su dulce rostro, me cuchicheaba: ¡Es hora de jugar!

Y jugamos a tejer su historia. La de una princesa llamada Amanda. Iniciamos juntas una aventura tejida con letras.

Un ángel jugaba conmigo.

Doy las gracias a sus papis, Nicolás y Daniela, por compartir el testimonio de su vida que en realidad es una canción de amor.

Chanchita Amanda

Hola, soy Amanda. Unos creen que soy una guerrera y me llaman hermosa guerrera Amanda; otros, los más allegados, se dirigen a mí como si fuese una bolita de amor; y mis papás me llaman Chanchita. Ellos esperaban con amor mi llegada a este mundo y con amor me encontré cuando nací. Pero…, por desgracia, en ocasiones se dan este tipo de peros que nadie quiere incluir en su vida. Yo nací con uno de esos peros.

Grandes mis papás. Ellos son Daniela y Nicolás; y cito a mi mami delante porque también es una guerrera; ella y yo somos dos guerreras; mi papi es un investigador que se convirtió en el perfecto capitán al servicio de dos guerreras del universo. De su universo.

A las cuarenta y ocho horas de nacer me diagnosticaron una de esas enfermedades raras que cuando aparecen ponen patas arriba a la familia, a conocidos y a los más sabios doctores del mundo terrenal; sí, a ellos también les afecta; sobre todo a aquellos que creen en su profesión e intentan sanar este tipo de dolencias, lo ambicionan, aunque no siempre lo consiguen.

Mis papis quieren que les cuente mi historia; ellos no se conforman con llevarme en su corazón, necesitan acunarme entre unas páginas que relaten mi vida, acariciarlas, y que, al cerrarlas, su cubierta sea la mantita que me cubra para no tener frío; y cada vez que esto ocurra yo me habré dormido. Quieren que les transmita la felicidad que invadía sus corazones al mecerme entre sus brazos, y les traslade la euforia que fue para los tres recibir el regalo de un amor sin límites, sin precio, sin deuda. Fui un regalo para ellos y ellos fueron mi regalo; la entrega de amor más hermosa que un bebé puede tener; el amor de unos padres sin barreras ni fronteras. El latido de su corazón es la canción de amor más hermosa que vibra en mi esencia. Por ellos persistiré entre cada página de este libro, fantaseando con sus letras y jugando con las palabras, para que les recuerden cada momento que existí entre sus brazos. Una gran actriz conversará con ellos mientras se columpia entre las alas doradas de una alocada y pequeña mariposa que les susurrará al oído: «Papis… fui un dulce regalo que llegó del cielo para formar un corazón de tres estrellas. Fue un placer formar parte de vuestra vida».

Dulce encuentro

Orgulloso y altivo surge un Bichito entre las sombras que ocultan el milagro de la vida; vaguea en medio de una multitud de ellos; apresurándose pasa veloz, con holgura; corre al unísono con otros y logra situarse en cabecera. Él no es el único, sus contrincantes tienen la misma misión. Entre líquidos acuosos, una profunda neblina y una confusión tremenda, deambula buscando la salida. Desconoce el camino para encontrar a la pequeña Alita que le ha propuesto su galán, poseedor del ADN que transporta; corre… corre… se inquieta, ambiciona llegar el primero y poder besar con su ADN a su Alita, desea triunfar, conseguir la meta propuesta y no piensa desfallecer en la tarea como sus adversarios, vencidos por las dificultades que se van presentando en ese angosto camino.

Impresionada por ese soplo de brío que muestra el orgulloso Bichito, desde mi rincón etéreo, observo, vigilo y controlo los detalles que harán confortable mi cobijo para allí crecer y conquistar mi lugar en esos dos corazones, que serán mi papá y mi mamá.

Bichito es de cabeza grande, cola larga y bailongo; se mueve entre miles, apresurándose veloz, tiene prisa, desea llegar hasta Alita antes que ninguno; anhela vencer, llegar a la luz que le ciega y que no le deja vislumbrar el camino. Al acortar la distancia, su luz le atrae mágicamente y una exquisita melodía le susurra como compañera de viaje invitándole a bailar. A su ritmo, lucha contra sus adversarios que quieren arrebatarle el primer puesto; no lo va a permitir, es un luchador que sabe lo que quiere y deslumbrado por tan mágica luz, se deja seducir.

Anhelo mi momento, atesoro mi esencia para apresar el fruto que pronto germinará y que me permitirá realizar mi tarea: transmitir mi encantadora identidad a una presencia palpable al final de mi recorrido, cuando Bichito y Alita se junten.

Llegó el momento, estoy vigorosa y con ganas de empujar a Bichito para que dé un brinco y dance con Alita. El camino se acorta por fin y la suave melodía comienza a sonar más intensa, cada vez más. Apremia el tiempo. Bichito se agita con talante a su son y Alita coquetea con él tercamente; el juego de la seducción comienza; minúsculas partículas de luz juegan a su alrededor y le proporcionan la dulce intimidad que necesitan para iniciar la feliz fusión, la que iniciará el maravilloso ciclo de dar vida a un minúsculo garbancito, más pequeño que el del cuento.

Ah, queridos amigos, ahí entro yo, no se me ve, ni se me oye, pero existo, créanme. Ahí estoy; alitas de mariposa me trasladan con sumo cuidado desde mi impalpable rincón hacia esa pequeña creación de nueva vida: dos, igual a tres. Yo soy el tres.

Soy chiquitita, un garbancito; no, más chiquita, me falta mucho para crecer y poder conocer a Bichito y Alita. Me apresuro escondida y cálida hacia el interior que una luz me va mostrando para allí disfrutar de todas las comodidades que me ofrece Alita. Mi esencia está intacta, no importa qué cuerpo me cobije, yo soy yo y siempre lo seré. Llegué de las estrellas para crear mi propia conexión. Y la encontré en Bichito y Alita.

Percibo que me deslizo a un lado y a otro. ¡Oh!, me estoy mareando… ¡uf mi mami! Ella aún no está al corriente de lo que acaba de suceder hace apenas unas horas. Se desliza agitada sin pensar en mí. Mientras tanto, tiemblo al ver cómo se zarandea a mi alrededor algo con aspecto redondo, estrecho y muy largo que sale de mi garbancito y se va haciendo camino entre una nube acuosa que lo protege con delicadeza.

Menos mal que ya pasó. Tengo flojera y voy a descansar un rato. Intento relajarme, mi esencia se altera al apreciar que ya soy más grande que un garbancito. Aparecen mis colaboradores que me anuncian que ahora mi garbancito irá en aumento y que mi esencia acabará liada dentro de él como un ovillo. Saben mucho, son sabios y yo una novata.

Es imposible reposar. Noto cómo mi garbancito se deshace nuevamente y que ahora tengo otro de mayor tamaño. Este me gusta más, me permite ver cositas de mami. Una de ellas se mueve con ritmo. Me susurran mis amigas que se llama corazón, ¡y es de mami!. Me deslizo suavemente por un camino oscuro y agradable, y pienso: ¿estoy volando?, ¡qué raro!, de dónde provengo, nadie me avisó y estoy asustada. Me zarandeo y volteo una y otra vez. Me mareo, tengo ganas de gritar, pero no sé cómo…

Lo superé y por fin noto algo de quietud. Confío en que he llegado al acomodo definitivo que me mantendrá caliente hasta que llegue el feliz día en el que pueda conocer a Bichito y Alita. Creo que aún no se han dado cuenta de la gesta que han consumado. Dormida seré toda oídos (todavía es pronto para que se me formen, pero todo llegará). De eso se encargarán diminutas mariposas de luz que dulcemente dibujarán, con sus alas transparentes y un mágico voleteo, mi presencia en mi garbancito. Me cuchichean mis amigas que para que mi esencia se convierta en presencia definitiva ha de pasar un tiempo. Yo no sé lo que es eso, pero lo averiguaré.

Presiento que Alita no sospecha nada, porque no para de moverse, sobre todo cuando la acompaña un ruido perturbador que he de soportar aquí dentro. Advierto que mi envoltorio está humedecido, no sé por qué. ¡Uf!, ¡qué viaje más alucinante estoy viviendo!

Exquisitos Avengers

Ha pasado un tiempo desde que Bichito y Alita se reunieron por primera vez. Mami por fin se ha dado cuenta de que algo no está como siempre en su cuerpo; de vez en cuando advierto desorden alrededor de mi rincón. Ella se mueve aprisa, y todo el desorden se traduce en un movimiento convulso tras la apertura de un orificio que durante un instante ilumina mi cobijo. A continuación, un ruido ensordecedor se genera alrededor de ella. Mis colaboradores e informadores me susurran: «Es agua. Ella se encuentra mal y ha tirado de la cadena». ¿Cadena? Aún estoy en fase de maduración y en ocasiones, antiguos colegas me chivan cosas desde mi otra vida. Tengo mucho que aprender, sin duda, aunque ya tengo (me dicen) cuatro semanas y mi tamaño va aumentando poco a poco.

Mi esencia convertida en presencia comienza a tomar forma humana. Pequeños bultitos sobresalen de mi garbancito. Serán mis futuros ojos, oídos, nariz, boca, y demás órganos que harán que sea como Bichito y Alita eran antes de convertirse en presencia. Incluso, alitas de mariposa dibujarán en mí un tum tum como el de mami. Tras un tiempo percibiendo irregularidades en ella, me percaté de que deslizaba sus manos con sumo cuidado sobre mi garbancito, que había pasado a ser algo más grande.

Uno de esos días, mami se perfumó; el olor que llegaba hasta mí era inconfundible. Comencé a oír ruidos y a notar gestos externos alrededor de mi pequeña presencia. Mami se disponía a salir con papi. Los oí decir que iban a ver una película que estrenaban en el cine. Iban a ver Avengers.

Tras comprar los boletos para poder entrar a la sala de cine, transitaron por un largo pasillo por el que asomaban varias puertas; abrieron la número tres, y tras cruzar un pequeño túnel, ascendieron por unos escalones. Finalmente, se acomodaron en unas butacas en la parte central, a unos metros de una gran pantalla. Hasta mí llegaban sonidos e intuía muchas cosas (mis colaboradores de más edad me tenían al corriente).

Mami comía palomitas, su estómago no paraba de moverse. Papi le pillaba algunas de vez en cuando. Eran momentos deliciosos que olía a través de ella. En uno de esos momentos en los que mami daba a papi la oportunidad de disfrutar de esas exquisiteces, este alcanzó unos calcetines muy chiquititos. Bichito, haciéndose el distraído los manejó con suma dulzura encajando uno entre la barrera de sus dientes.

Un rayo de luz iluminó la oscura estancia donde se encontraban. De las pupilas de Bichito surgían dulces destellos de felicidad que se posaban sobre Alita. Y…

—Esto no me lo puedo comer, Daniela —dijo a mami.

Era la primera vez que oía la voz de Bichito, mi papi.

—Claro que sí Nico, y ahora mismo —respondió mami con dulzura y carácter, mientras sujetaba el calcetín por la otra parte con el borde de sus labios.

Un destello de euforia alcanzó los labios de mami e iluminó mi pequeño y adorable garbancito, que ya anidaba en sus vidas escondido en el interior de su panza.

Ya no interesaba la película, solo les concernía mi presencia, que se había acomodado ya para florecer, y que les regalaría rayitos de felicidad el tiempo que mis colaboradores me permitiesen (ellos estaban enfadados desde que les notificaron que una alocada y minúscula mariposa había cometido un error al dibujar con sus alas una parte de mi garbancito).

Desde aquel día, Bichito y Alita disfrutaron con las miradas de dulzura que se cruzaban a cada instante. Felicidad y amor emprendieron juntos un bonito camino mientras me llamaban «mi chanchita» y acariciaban la pancita de mami.

La noticia. El nombre

Irrumpí en la vida de Bichito y Alita con alegría. Pasaron días, semanas y meses, y el pequeño envoltorio que me protegía iba evolucionando. Por fin tenía orejas y ojos (aunque no me estaba permitido abrirlos), podía moverme, y disponía de brazos y piernas que permitían balancearme dentro de mi garbancito acuoso. En ocasiones, estornudaba, y todo él se movía de un lado a otro.

A mami le gustaba mucho ducharse, e ignoraba que a través de su ombligo yo era partícipe de sus pequeños antojos; le complacía disfrutar de la música de Mozart mientras el agua caía suavemente por su cuerpo.

Una inmensa satisfacción reinaba en mi hogar. Yo era toda oídos cuando mami comentaba con sus amistades la dulce espera que en un tiempo haría que fuésemos tres en casa. Trasladaba su dicha al frutero, la carnicera, el pescadero, y hasta a la cajera del supermercado. Y, cómo no, a mis futuros abuelitos, los papis de mami y de papi.

El día que dieron la noticia a toda la familia, celebraron una gran fiesta sorpresa y obsequiaron a los abuelitos (de forma simbólica) con un pequeño granito de arroz. Ellos, sorprendidos, preguntaron a papi y a mami a qué se debía ese regalo tan raro. Mis bien amados les contestaron que ese era el tamaño del regalo más bello que les podían ofrecer, y que estaba en camino.

Dichosa y feliz, mi alegría creció cuando el doctor, al que mami visitaba regularmente en compañía de papi, les comunicó que estaba perfecta y sería una niña. ¡Pero eso se le escapó al doctor!, ellos no tenían la seguridad de querer saber más.

La sala de consulta se vistió de gala ese día. El aire se mostró travieso y propinó un pequeño portazo al salir, fruto de la euforia del momento. Una vez fuera, ambos se fueron a tomar una gran bola de helado de fresa que revolvió mi cuerpecito.

Al llegar a casa, y embriagados de ilusión, platicaron entre ellos y barajaron varios nombres para elegir con el que se dirigirían hacia mí cuando estuviese en su mundo. Escondida, los oía hablar. Muchos de los nombres no me hacían sonreír y yo procuraba dar señales de aviso de que no eran de mi agrado. No se ponían de acuerdo; era pronto para la elección. Pero mami insistía en que debían tomar una decisión porque quería hablarme por mi nombre (aunque jamás dejó de llamarme «mi chanchita»). En ocasiones, me llamaba bolita de amor, con dulzura. Así es ella, dulce y exquisita.

En poco tiempo y tras descartar unos nombres e incluir otros, se quedaron con dos. Pero no opinaban lo mismo. Dudaban entre Maite y Amanda. A mí, Maite no me gustaba, pero claro, era imposible preguntarme. Sin embargo, como era muy espabilada, sabía cómo hacerles llegar mis preferencias. Papi y mami rebuscaban entre los libros de nombres una y otra vez para averiguar sus significados. Maite no les decía nada interesante; sin embargo, Amanda les hablaba. A mí me complacía Amanda (la que debe ser amada). ¡Oh!, me gustaba, sí, esa era yo. Sin duda debían de amarme, en las buenas y más aún en las malas.

Se decidieron por Amanda y a partir de ese instante me convertí en su bebita amada. Mami era a la que más cerca tenía en todo momento y Amanda pronunciado por ella sonaba a música celestial. Alita jugaba con su dulce prominencia a todas horas. Pintaba sobre ella lindos corazones que Bichito engalanaba con preciosas estelas. Fue un maravilloso invierno, y estar calentita y cobijada por tantos corazones era genial. No podía disponer de mejor escenario.

Fiestas y reuniones con los abuelitos, familia, conocidos y demás íntimos se convirtieron en asiduas para compartir la gran alegría y felicidad que les embargaba. Mi garbancito crecía redondeando la cintura de mami. Ella se mostraba generosa con su panza y la atesoraba con calor y cariño. La adornaba cual artista, pintando sobre ella cariñosas figuras en forma de besos y ojitos, como tal vez fuesen los míos.

Papi, a su vez, depositaba trozos de pastel con crema sobre los besos que mami dibujaba. Caricias y mimos llegaban hasta mí a través de su boca. Bichito estaba loquito con la graciosa hinchazón de Alita, y cada mes, cuando llegaba el día y la hora en que mami le comunicó que tenía una semillita suya en su abdomen, la adornaba con pequeños bulbos de Fresia de todos los colores que podía encontrar en la floristería.

El invierno se despidió con una terrible tormenta en la zona residencial donde se ubicaba mi hogar. Mami estaba nerviosa porque le temía a las tormentas y se ponía triste. Mis abuelitos estaban felices y halagaban la redondez de mami, en cuyo interior se encontraba una servidora. Comentaban cómo les gustaría que les nombrase cuando aprendiera a pronunciar mis primeras palabras.

La mami de papi, Lorna, quería que la llamase Abu; y el papi de mi bichito quería que le dijera abuelito Francisco. Ah, pero la mami de Alita, que se llama Solange, quería que la nombrase abuelita Toly, y yo me preguntaba de dónde saldría Toly… Al fin, mi abuelo Víctor, muy encantador, paciente y conformista, me daría a elegir.

Cada mes, mami acudía con papi a los controles de maternidad. Todos habían sido normales, pero en los últimos, ella comenzó a notar reflujos y gastritis leves, algo común dado su estado. Sin embargo, le extrañó que una de las pruebas revelara que mi garbancito se había atascado en dos kilos novecientos gramos (aunque consumía todo lo que mami me suministraba a través de esa cosa redondita y larga que me unía a ella y me acompañaba desde el comienzo de mi viaje). Eso me preocupó también a mí y lo hacía notar agitando suavemente mis pies y brazos. Tal vez no debí hacerlo pues me encajé rápido y con volteos bruscos en un túnel muy oscuro, lo que me hizo temer por mami que se encontraba ya algo pesada y nerviosa.

Ya faltaba poco para conocer a mis papis.

Por esas fechas, recuerdo haber sentido mucha felicidad y alegría. La familia cantaba y reía a menudo, eran fiestas entrañables y todos trasmitían su felicidad por mi próximo nacimiento.

Garbancito de lujo, mi chanchita

Se aproximaba la ocasión de conocer a Bichito y a Alita. Irrumpiría en sus vidas como su chanchita. Me sentía como un garbancito de lujo formando parte de esa maravillosa familia, transformando y revolucionando la apacible vida que llevaban y que transcurría entre su trabajo y su hogar. Incorporaría novedades que tal vez les provocarían trastornos y confusiones.

Ya estaba dispuesta y con mis ojitos listos para comunicarme a través de ellos. Mis manos cumplían los requisitos establecidos: cinco dedos en cada una de ellas al igual que en mis pequeños pies; mis oídos listos y ansiosos por escuchar galanteos; y mi esencia, convertida en presencia, era ya una pequeña bolita de amor. Daba señales a mami de que todo estaba correcto y preparado para el gran acontecimiento con suaves movimientos de pies que disponía, apoyados con suavidad, frente a mi envoltorio.

Pronto llegó el día. Los doctores habían programado el relevo de mi mundo hacia el de ellos con fecha determinada. Todo estaba listo. Alita ingresó en el hospital y fue trasladada a un confortable lugar que sería su hogar durante unos días. Allí esperaban los doctores para contribuir y apoyar en el acontecimiento.

Mi presencia estaba concebida; mis oídos, perfectamente formados, fueron protegidos por unas membranas palpables (noté que habían surgido hacía poco tiempo), parecidas al resto de mi aspecto. Nacería dispuesta para afrontar lo que pudiese sobrevenir tras mi llegada. Antes del mágico momento palpaba mi garbancito habitualmente; encontraba mis extremidades en diferentes ángulos, y el tacto a mis manos era idéntico. No hallé mi tum tum, aunque sabía que también tenía uno, como el de mamá.

Intentando contactar con mis amigos (los cuales no aparecieron) escuché ruidos y voces procedentes del exterior. Una voz ronca y con carácter informó a otras que pude oír sin identificar: «Siete centímetros de dilatación». Seguidamente, otra voz afirmó: «Voy a administrar ya la oxitocina». «Y en unos minutos, si no cumple el protocolo, agregaré la Epidural», dijo otra, en tono más dulce.

Fue lo último que pude oír desde el tesoro que me cobijaba antes de que unos movimientos circulares e involuntarios empujaran mi presencia a través de un oscuro túnel. Estaba alarmada y asombrada, mis colaboradores, que por fin habían aparecido, me ilustraban sobre los acontecimientos que iban a suceder, pero claro, hasta que no estás en situación no sabes bien del todo.

Noté cómo me agarraron por una parte de mi presencia y alcanzaron con mimo el resto que anidaba en un pequeño cuerpecito de carne y hueso de igual forma y materia que el de mami y papi. Después, descubrí que nuestra esencia, al convertirse en presencia, se vestía con la misma masa corpórea.

Al salir del cuerpo de mami vi mucha luz (no me dejaba abrir los ojos), sentí frío y una sensación extraña, mi pecho se agitaba y escuchaba a lo lejos unas voces que decían: «Está respirando». Con dificultad logré ver los rostros de los doctores que me ayudaron a salir. Estaban felices y tranquilos al comentarlo. Y entonces, ¡oh!

Qué maravilloso instante cuando pude disfrutar de unos brazos enormes y calentitos que cobijaron mi cuerpo y me ofrecieron su calor. Unos dedos largos y perfectos acariciaban mi carita al unísono. Reconocí al tacto los brazos que me abrigaban y proporcionaban seguridad. ¡Eran de mami Alita! ¡Por fin la conocía! ¡Qué ganas tenía! Tras mirarla dulcemente, guie mis ojos bien abiertos hasta un rincón de la sala. Allí reparé en quién estaba en ese rincón con un enorme cacharro en la mano, que en realidad, era una cámara fotográfica, como me apuntaron mis colaboradores (y que más adelante entendería para qué servía). Se apresuró hacia donde estábamos mami y yo, murmurando algo que no supe descifrar. ¡Era mi papi Bichito! ¡Mi papá Nico! ¡Por fin me podría acunar!

Mientras me cobijaban los brazos de Alita mami (mamá Daniela), una de sus manos acomodó mi boca en una parte de su cuerpo. Me agarré sin pensar a una bolita que me ofrecía. Por allí surgía un líquido que me apresuré a sorber. Mientras, papi besaba mi frente con sumo cuidado sin desprenderse del cacharro. Se lo colocaba frente a la cara y le daba a un botón. Se puso pesado, yo quería que me apretase contra su cuerpo. Quería disfrutarlo. Me enamoré de mis papis, supe que serían los mejores que se pueden tener en el mundo al que yo ya pertenecía.

Succioné todo lo veloz que mis pequeños labios se pudieron permitir y comencé a llorar como una gatita (eso decía mami) para convocar el interés de papi. Él se dio por aludido y se liberó del cacharro; entonces, me tomó entre sus brazos, me acurrucó en ellos, y envolviendo a mami con dulces miradas repletas de besos, me llevó a dar mi primer paseo.

Atravesamos el umbral de una puerta situada en una esquina de la sala y accedimos a otra donde se hallaba la familia de papi y de mami. Así conocí a mis abuelitos, mis tíos, y a las amistades de mis papis que habían venido hasta el hospital para celebrar mi llegada.

Una desbordante felicidad, plena, sincera y mágica flotaba orgullosa en aquel lugar mientras Bichito me lucía entre sus cálidos brazos ante la atenta mirada de la familia y los amigos. Caricias, besos y múltiples agrados se prodigaban los allí presentes. Disfrutaban transportándome de unos brazos a otros; reñían con cariño entre ellos para disponer de mi cuerpecito más tiempo en su regazo. Papi, atento siempre, observaba la petición de cada uno y me acercaba hasta ellos.

Sucedía un 29 de diciembre del año 2015, en el día de Marte (el planeta guerrero), con el sol liberando guiños a una luna hermosa y plena. Nací guerrera bajo el signo de capricornio, acompañada de invisibles y brillantes luceros que fueron de gran ayuda para llevar a buen fin la misión que me había encomendado el Gran Jefe. Era un secreto, solo se me informó que una diminuta y alocada mariposa cometió un error mientras dibujaba sobre mi garbancito (igual a lo que relataron mis colaboradores). Más adelante acepté la misión, pero no comprendí por qué.

Papi regresó portándome en sus brazos a la sala donde estaba mami justo en el preciso momento en que la trasladaban a otra, más amplia y bonita. Lucía diversos ramos de Fresia de todos los colores y estaban dispuestas con agrado por todo el espacio: una linda habitación que nos cobijaría durante el tiempo de permanencia en el hospital, el necesario hasta cerciorarse de que todo había salido bien, sin problemas de salud para mami y para mí.

Al llegar, papi me instaló dulcemente en los brazos de mami, deseosos de volver a mecerme entre ellos tras mi larga ausencia. De inmediato agarré con mis labios la bolita que mamá me ofrecía. Al ratito noté como papi me regresó a mi pequeño y transparente acomodo, junto a mami. Ella estaba cansada y se durmió enseguida. Papi hizo lo mismo en un sillón situado al lado de mami y frente a mí.

Les observaba con mis ojos cerrados; los miraba con orgullo y les sonreía cuando alguno abría los suyos instintivamente. La noche se mostró plácida, solo algún pequeño ruido, propio de un hospital. Mis abus se habían marchado, así como los demás familiares. Regresarían a la mañana siguiente.

El día amaneció espléndido en Santiago, con un brillante sol de diciembre. Me desperté en el regazo de Alita, junto a su pecho, mientras Bichito nos rodeaba a las dos con sus brazos. Inmejorable refugio, nada malo podía pasar. Mami no quería desperdiciar un solo segundo sin estar conmigo ofreciéndome sus cariños y apenas me dejaba descansar en mi pequeña cuna.

No había avanzado el día cuando se inició el desfile que la ocasión merecía. Mi familia se asomaba por la puerta entreabierta de la habitación; llegaban unos y se marchaban otros. Todos cargaban pequeños y grandes presentes para mami y para mí. Sentí el calor de sus brazos, las caricias de sus manos y un besuqueo increíble en mi carita; mis ojos miraban y hablaban sin cesar a cada mimo que depositaban sobre mí.

Una preciosa mantita rosa cubría mi cuerpo y un primoroso gorrito de lana vestía mi cabeza. Así volaba entre las manos de tíos, primos, abuelos y conocidos. Cuando irrumpí entre los brazos de la abu Toly quedó al descubierto mi pijama amarillo, con el que mami me vistió esa mañana. Estaba linda y observaba con ternura a la abu. Con el abuelito Francisco me quedé dormida, envuelta en el arrullo de sus brazos.

Se esfumó la mañana de ese día entre cariños y mimos de la familia, dichosos por mi llegada. De vez en cuando mami me alojaba entre sus pechos para alimentarme. No me costó nada acostumbrarme. Con ella estaba cálida y segura y facilitaba que mi boquita se acercase correctamente a su pezón (así se llamaba esa bolita que saciaba mi apetito). Aprendí a succionar el alimento que a través de él brotaba tras un pequeño esfuerzo de mi parte.

Después del banquete, mami sustituyó mi pijama amarillo por otro blanco con dibujos de estrellas, osos y muñequitos, y cubrió mi cabeza con un gorrito azul, a juego con un perrito bordado en el centro. ¡Estaba bonita!

A primera hora de la tarde comenzaron de nuevo las visitas. Mis ojos no paraban de observar a un lado y a otro de la habitación. La primera en llegar fue abu Lorna. Estaba guapísima con su vestido de lunares; me abrazaba y sonreía con sus perfectos dientes perlados y me cuchicheaba al oído cosas que no alcanzaba a comprender, pero que me gustaban. Yo le lanzaba una sonrisa tras otra.

Iba pasando de mano en mano y por fin llegó mi bisa, una señora elegante, guapa, cariñosa, que acunó mi frágil cuerpecito entre sus brazos con perfecto cuidado. La llamaban Nelly y era la abu de mami.

Felices momentos los vividos por la familia ese día, juntos y unidos con mucho amor y mimos de unos con otros. No cesaban de aparecer por la sala donde nos encontrábamos, además de la familia, conocidos de papá y mamá, deseosos de compartir con ellos la felicidad que supone la llegada de un nuevo miembro. Todos estaban pendientes de mí. Con asiduidad renovaban la ropa que me envolvía: mami quería visualizarme con todas las prendas de las que disponía (lo cierto es que todas me quedaban estupendas) y yo era una bebita bella y resultona.

Comenzó a oscurecer. El sol decidió que era el turno en que la luna ocupase su lugar. Papi llegó provisto de un delicioso dulce de leche para mami quien debía comer mucho; si la comida era rica y dulce, mejor para mí, así mi alimento sería más exquisito. Me agarré al botón sobresaliente de mami y me dormí entre sus brazos mientras papi acariciaba mi cabeza con dulzura.

Mis primeras horas

Visualizando el bello rostro de mami tuve un increíble despertar tras un ratito de sueño. Sus ojos estaban medio abiertos y sus brazos me envolvían con delicadeza apretujando con ternura mi carita al filo de su mentón. Mi historia como nuevo ser en este mundo acababa de comenzar, una aventura que inicié complacida y acompañada en todo instante de los susurros que descubrían el verdadero y complejo camino que recorrería junto a Nico y Dani.

Ese día estaba previsto que marcháramos a casa los tres. Mami estaba tranquila y feliz mirando qué vestido escogería para mi salida al mundo, papi la ayudaba a elegir, no siempre opinaban de igual forma; y yo no sabía hablar, pero interpretaba a través de sus rostros aquel que con solo mirarlo les deleitaba. Mostraba mi conformidad con una sonrisa, o mi discordia con una simple mirada directa a sus ojos.