La casa devastada - Carlos Cociña - E-Book

La casa devastada E-Book

Carlos Cociña

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Beschreibung

Es imposible encasillar esta Casa Devastada. Tratado de urbanismo y arquitectura, poema extenso, orgánico, o novela límite sobre los cimientos de cualquier civilización, esta obra merodea por un problema capital: ¿Por qué la humanidad decide cambiar de territorio? ¿Por qué el individuo anhela el viaje? ¿Por qué insiste en fundar comunidades que se tornan urbes y luego megalópolis? Más vital que la mayoría de los escritores jóvenes, la obra de Carlos Cociña antepone la experimentación como forma natural de escritura. Su impronta es evitar cualquier prejuicio y abordar múltiples materiales de construcción: literatura científica, versos cargados de lirismo o imágenes intraducibles por su rara belleza. Esta Casa Devastada se devela como una morada en continua transformación, que reflexiona de forma alucinante y perturbadora porque el ser humano no puede quedarse quieto y porque: "Siempre alguien te ve, antes,/mucho antes,/antes que las cámaras".

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Seitenzahl: 74

Veröffentlichungsjahr: 2017

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CARLOS COCIÑA

La casa devastada

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La casa devastada (2009 - 2016)

Carlos Cociña

N. Del E: Esta edición definitiva de La Casa Devastada, fue elaborada por el autor entre los años 2009 - 2016. Un adelanto de este libro fue publicado por nuestro sello en El margen de la propia vida (2013. Premio Municipal de Poesía), y una versión en proceso de esta obra fue publicada en España por el sello Liliputienses el año 2015.

I

Materiales en el lugar equivocado

Cesta

01

La morfología de las ciudades integra un modelo perceptivo. Entrecerrada en los brillos que llegan y son absorbidos por la pupila: la plaza pública, allí despliega sus instancias políticas, administrativas y sociales, mercados, pórticos, edificios gubernativos, teatros y estadios, se expande en una cuadrícula que desarrolla espacios abiertos, alcantarillados, aguas corrientes, baños, pavimentos, servicio de incendios, entre los ejes norte sur y este oeste. El templo, la curia y la basílica son ocupados por quienes leen libros sagrados y cumplen las leyes. La puerta es el vestíbulo del sistema nervioso, un corte de la masa encefálica. Una perspectiva per- mite la escenografía de los hospitales, hospicios, barrios o conjuntos habitacionales, alamedas, paseos, centros de enseñanza, instituciones de cultura e innumerables puentes. Un espacio en constante disolución.

En los aledaños campos de cultivo se forma un tejido geográ co que se engarza de manera orgánica a puertos, ciudades de tránsito, mercados y villas artesanales diezmadas por las pestes y devoradas por las ratas. Sus plazas, calles y solares por necesidad se sitúan en series casi inexpugnables de montañas, lugares abruptos, islas, inmediaciones de líquidos correntosos, colinas rodeadas por fosos naturales de un curso de agua, o en un espigón avanzado en la con uencia de ríos. Su con- dición aumenta las di cultades de emplazamiento y el trazado resulta irregular y tortuoso, sin ley ni orden, insumiso al principio regente, elusivo de los impuestos.

Lo longitudinal de las fábricas y molinos en ríos, se evapora en concentracio- nes puntuales que molestan, rodean, ahogan, aplastan. Sus vías encierran islotes edi cados con espacio, aire, sol, labores naturales y libres, para circular entre las amenazas y el ambiente, con la colaboración de aguas, cursos y cascadas.

En la construcción, con materiales resistentes, para morada u otros usos, está el individuo organizado respecto de la especie a la que pertenece o de la que deviene. Del mismo origen son las damas y las mancebas, las que ataviadas con semicírculos a los costados, levantan las piezas para ocupar lo dado.

Sin malicia, excusa ni fortificaciones, lo recién abandonado o expuesto, está sin el moblaje más preciso. Entre tener mesa franca o asentar, es mejor arder.

Anexo 01

El paciente se encuentra en peores condiciones. Siguen construyendo el edi cio del frente. Ya han hecho la excavación y han cubierto de cemento los bordes. Las casas aledañas están al borde del abismo. Han comenzado los camiones a traer las mezclas y las personas descargan los sostenedoresde la estructura básica que contendrá la obra. El paciente está en una con- dición estable, sin embargo, en cualquier momento se puede desestabilizar. Es imprevisible el momento en que ello ocurra, lo que aumenta con la inestabilidad del terreno. Hay ruido constante en el entorno y polvo en suspensión. Las máquinas entran al espacio sonoro aleatoriamente, no así el proceso que tiene secuencias exactas. El paciente se mantiene en silencio, ahondando el desconocimiento de las arquitecturas primarias. El trabajo en la construcción no se ve. Hay ausencia de máquinas, aunque se percibe el sonido de aquéllos que trabajan en el fondo. Con seguridad son artesanías elementales. A veces algo indica que el paciente está en fase crítica. No alcanzo a ver si se han producido derrumbes de tierra o en los andamios iniciales. Solo puedo estar muy atento a los cambios que pueden ocurrir. Tengo miedo. Mucho. Los trabajos continúan y de vez en cuando se ve una manga que se levanta para luego desaparecer en el fondo. Son los conductos que provisoriamente llevan líquidos. El ritmo es más calmo y el martilleo improvisadamente rítmico. Las paredes con- tienen el terreno. El paciente ha entrado en una fase donde la liviandad de los soportes es su fortaleza. Los vehículos con cemento giran sus tolvas descargando material y un sonido advierte el movimiento de retroceso. Luego un ruido parejo, imperturbable. Los cierres provisorios hacia la calle, cuando se abren, permiten ver los alzaprimas de color rojo y las mallas que comienzan a cubrir los bordes de los sostenedores del terreno. El paciente cree que diversi cando sus actividades podrá mantener el control, sin necesidad de reforzamientos. Arriban nuevas máquinas, que con grandes brazos mecánicos articulados inyectan a presión material en la base y paredes, cuyo soporte primario está elaborado en una primera etapa que aún no se ve. Las estructuras de erro recién preensambladas son descargadas de camiones planos que ocupan gran parte de la calle. El paciente duerme, al parecer plácidamente. Me preocupan las suras que pueden quedar tras los cierros. En la construcción comienza el n de semana y el silencio baja junto al polvo en suspensión que aumentó progresivamente en los días previos. Se empieza a vislumbrar el armazón que se levanta desde la sima. A pesar de que el viento no alcanza a bajar y traspasar los sostenedores, el aire adquiere luminosidad entre lo que parecen delgados alzamientos. Tengo temor de la inactividad que se acerca. Y estaré ahí, tenso y en extremo expectante. El paciente habla desde los lugares en que no tiene tal condición. Ahora claramente han comenzado a emerger los erros colocados en posición de nitiva. El ruido de la manipulación de los mismos se asemeja al de las chas en un juego de azar. El paciente se mantiene en un rango amplio de inestabilidades, aunque al parecer no son extremas. Mi con anza es inversamente proporcional. Por primera vez algunas estructuras inter eren el paso de la luz que por momentos cegaba. Claramente se trabaja y se percibe en un sonido constante. Llegan nuevos vehículos, y aunque está todo preparado, lo fortuito está siempre presente, sobre todo en las acciones de retroceso para emplazar las máquinas. El paciente comienza a realizar actividades cotidianas. Estoy en la precariedad de los andamios.

02

Después de los desiertos están las extensiones y caminos de energía, donde se establecieron las ciudades, lejos de otras bajo la nieve. Con un turbio resplandor, un espasmódico centelleo del violeta duro de las berenjenas, resuenan como si tuvieran un mar interior con olor a trementina.

La bóveda citadina se divide en doce círculos de longitud o por los atacires, sobre los baños o la cama. También cobija las tierras circunvecinas para recrearse, aunque haya mucho bullicio, inquietud y falta. Su luz presta los primeros auxilios facultativos a heridos o a atacados de repentino accidente preciso que no se pueden replicar.

La gratificación inmediata que es ver los rayos producirse, se inscribe en las ciudades que alimenta la cultura agraria.

Las estas de aldea nalizan en el período de la primera sangre, cuando el río de cuatro brazos se desliza en el manzanar y entre los pinos sin desbastar, donde se disputa entre los umbrales del éxtasis.

Anexo 02

El descuido de un panadero, que dejó su horno encendido, produjo el incendio, que duró tres días, arrasó gran parte de la ciudad y dejó a cerca de cien mil personas sin domicilio. Destruyó las casas de paja y madera, pero se conservaron sus bases, por lo que se rechazaron los proyectos radicales de modi cación urbana. Así combinó edi cios contemporáneos en un recorrido de calles con la impronta medieval. Muchos decenios después ocurrieron un terremoto seguido de un maremoto y un posterior incen- dio que destruyeron casi todo. Si en el caso anterior apenas se registraron muertes, en el nuevo descuido fueron de sesenta mil a cien mil personas. La reacción fue organizar grupos de civiles para retirar los escombros y en un año se armó una ciudad con calles ordenadas, gran ventilación y mucha luz. Ciudadanos, ingenieros y arquitectos diseñaron estructuras que se movieran sin colapsar. Se probó con maquetas de madera y tropas marchando alrededor para simular un terremoto. El ajustado presupuesto y la urgencia obligaron a usar un sistema estandarizado de decoración para estos edi cios de hasta cuatro pisos, sólo con pocos adornos en el portal y las ventanas. Años más tarde, otro descuido, una bomba arrojada sobre la ciudad construida a escala humana, dejó los edi cios bajos y estilo oriental como un gran desierto. La reconstrucción fue encargada, pero los rumores decían que en la ciudad no volvería a crecer ningún vegetal, por lo que se apostó por edi cios a escala social, y no hechos a la medida de las personas. El cambio de las dimensiones, los materiales y la concepción de las estructuras desterró de la imaginación y la capacidad para proyectar, que un buen día pasa por el baño y el aire.

03

El hallazgo y la conducción de aguas, la cosmología, los relojes de sol, con la mecánica y los ingenios para olvidar, logran el cambio del plan. Dejan de fabricar las telas los albañiles, zapateros, carpinteros y así pueden iniciar la construcción, obtener materiales, pintura y terminaciones, pensar en templos y órdenes de columnas, levantar edi cios públicos, parques, casas y parajes. La causalidad es el punto de fuga.

Anexo 03