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Este estudio analiza el perfil complejo del deconstruccionismo, plasmado en sus orígenes y en sus cambios, en su actualidad y en sus transversalidades, pero, sobre todo, en su relación con la pedagogía. Así, se pretende ofrecer un modelo para pensar críticamente la pedagogía, a través de procedimientos destinados a «desambiguar», desmitificar e interpretar lo pedagógico para captar su propio «grado cero», para dejar hablar a sus impensados, indagar sus implicaciones y manifestar sus arquetipos. Todo ello a través de una investigación realizada en Italia y en el extranjero capaz de evidenciar la articulación de esta frontera teórico-educativa de la posmodernidad, enfocándola en su valor pedagógico y en su función crítica educativa. Desde esta perspectiva, se han analizado diversas interpretaciones pedagógicas del deconstruccionismo a escala internacional: en Bélgica, con Pourtois y Desmet; en Brasil, con Barros Borges; en Canadá, con Trifonas; en Francia, con Morin y Nancy; en Alemania, con Plosser y Wimmer; en Italia, con Cambi y, posteriormente, con Erbetta, Erdas y otros; en Nueva Zelanda, con Peters; en el Reino Unido, con Biesca y Parker; en España, con Juan Colom Cañellas; o en Estados Unidos, con Egéa-Kuehne, Hunc, Spivak y Ulmer. Un panorama mundial que se ha centrado en la articulación real de este modelo filosófico-educativo fundamental, para tener en cuenta tanto en la teoría como en la práctica.
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Seitenzahl: 199
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Alessandro Mariani
Una frontera teórico-educativa de la posmodernidad
Traducción y prólogo de
Alejandro Quintas Hijós
Colección Horizontes Educación
Título: La deconstrucción en pedagogía. Una frontera teórico-educativa de la posmodernidad
Título original: La decostruzione in pedagogia. Una frontiere teorico-educativa della postmodernità
Traducción al español: Alejandro Quintas Hijós
Primera edición: octubre de 2022
©2022 Armando Armando s.r.l.
Via Leon Pancaldo 26 00147 Roma
http://www.armando.it
06/5894525
©De esta edición:
Ediciones OCTAEDRO, S.L.
Bailén, 5, pral. – 08010 Barcelona
Tel.: 93 246 40 02
[email protected] - www.octaedro.com
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ISBN (papel): 978-84-19506-08-5
ISBN (epub): 978-84-19506-09-2
Corrección: Xavier Torras
Realización y producción: Ediciones Octaedro
¿Qué no es la deconstrucción? ¡Todo! ¿Qué es la deconstrucción? ¡Nada! Por todos estos motivos, no pienso que sea un buen término. Sobre todo, no es bello. Por supuesto que ha prestado servicios, en una situación muy definida. Para saber qué lo impuso en una cadena de posibles sustituciones, a pesar de su imperfección fundamental, sería necesario analizar y deconstruir esa «situación bien definida».
JACQUES DERRIDA, 10 de julio de 1983
Prólogo
Introducción
Capítulo 1. La deconstrucción «a varias marchas»
1. La frontera de la deconstrucción hoy
2. En los orígenes de la deconstrucción: la escuela de la sospecha
3. De Foucault a Derrida
4. Actualidad del deconstruccionismo
Capítulo 2. Transversalidad de la deconstrucción
1. En los dominios de la cultura
2. En el enfoque de lo oculto
3. Una «práctica teórica» hermenéutico-crítica
4. Literatura, filosofía y cultural studies
Capítulo 3. Deconstruir la pedagogía
1. La pedagogía: un saber hipercomplejo y ambiguo
2. El deconstruccionismo como foco de la filosofía de la educación
3. La vocación metateórica: ensalzar, desambiguar, desmitificar, interpretar
4. Reflexividad y radicalización
5. ¿Es posible un «grado cero» en la pedagogía?
Capítulo 4. Radicalización, impensados y metacrítica
1. Hacer hablar a los impensados: la metafísica, el dominio, la ideología, las antinomias, el etnocentrismo, el género y la corporeidad
2. Investigar los implícitos y resaltar los arquetipos: categorías y forma de pensar
3. Otro conjunto de vías de investigación: intercultura, formación, cuidado, donación y amistad
4. Educación, violencia y significado
5. Repensar el currículo y…
6. …deconstruir la enseñanza
Conclusión: dentro de la pedagogía crítica
Referencias bibliográficas
Decía Wittgenstein que los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo en la proposición 5.6. de su Tractatus Logicus-Philosophicus. Quizá un italiano y un español poseen diferentes idiomas, pero el mismo lenguaje, y, por ello, se puede dar una traducción. No obstante, una traducción que nunca podría ser automática y acabada, sino una aproximación de diferentes juegos del lenguaje, según la visión más pragmática de Wittgenstein en Investigaciones Filosóficas. Igualmente, y desde una filosofía bien distinta como es el empirismo relativo de Quine, la traducción se puede dar aceptando cierta inescrutabilidad de la referencia e indeterminación en la transposición. En este sentido, se ha intentado realizar una traducción, un acercamiento y, a la vez, una hermenéutica, de La deconstrucción en pedagogía. Una frontera teórico-educativa de la postmodernidad, de Alessandro Mariani, pedagogo y profesor en la Università degli Studi di Firenze.
El enfoque teórico en educación debe revalorizarse para no perder las perspectivas y los horizontes más generales. La deconstrucción en pedagogía es una gran apuesta por ello, pero no reduciéndose a una teoría universal aislada, sino planteando una teoría ligada muy de cerca con la praxis, no entendida esta última como lo técnico –la didáctica, el método, la herramienta, etc.–, sino como lo ético-político, aquello que tiene que ver con los hábitos –ethos– y con la relación social –sociopolítica–. Por ello, en la obra se acaba deconstruyendo también la enseñanza y el currículo, una deconstrucción que no consiste en una visión analítica y descriptiva, sino en la unión entre prácticas frecuentes y los discursos que reflejan dichas prácticas. La pedagogía no es un saber acabado, una disciplina que deba conformarse con los huecos que dejen otras perspectivas como la empírico-científica dominante o, en el caso de la historia de la filosofía, la racionalista/logocéntrica imperante, como bien explica Mariani a través de filósofos de la sospecha, como Foucault o Derrida. Precisamente, los caminos del desenmascaramiento –al estilo de Marx–, de la genealogía –al estilo de Nietzsche– y de la desestructuración –al estilo de Freud– han sido recorridos por Mariani para aplicarlos a la pedagogía, a través, principalmente, de Derrida, de cuyas obras es un experto conocedor.
La lectura de esta obra es, sin duda, una excelente experiencia de aprendizaje y supone un reto intelectual. Por la forma y por el fondo desarrollados, la obra de Mariani aúna filosofía y pedagogía, por lo que se suman las complejidades de cada una de las áreas, idóneas para describir realidades también complejas. El estilo literario es coherente con la filosofía implícita y explícita que desarrolla, con enunciados complejos, como es la pedagogía, el ámbito educativo que pretende describir y entender, y el paradigma de la complejidad en el que se mueve el autor. Se trasluce un gran conocimiento de los idiomas, además del italiano, en concreto, el latín, el francés y el inglés, lo cual hace que este libro se enriquezca por medio de diversos juegos del lenguaje provenientes de otras culturas y tiempos. No obstante, se ha optado por una traducción al castellano de estas expresiones para ganar claridad sin perder rigor semántico.
El autor realiza constantemente una crítica fundamentada en diferentes niveles ontológicos, desde lo más metateórico hasta lo más didáctico, pasando por la praxis éticopolítica de la educación. La riqueza de las perspectivas que se exponen incluyen un debate y una contraposición de paradigmas muy diversos que en la contemporaneidad han estado en constante pugna por el dominio del discurso, y muestra cómo estos se han reflejado e instaurado en las ciencias de la educación; por ejemplo, el racionalismo, el positivismo, el estructuralismo, el cientificismo, el construccionismo o la hermenéutica. Un elemento de reflexión clave que se deriva de la lectura y comprensión de esta obra es la relación de todas esas perspectivas con el deconstruccionismo, junto con todos los horizontes comunes y los límites incompatibles que se pueden dar entre ellos. De ahí que esta obra eminentemente filosófica por su forma y perspectiva, y pedagógica por su contenido y énfasis; es ideal para todos aquellos aprendices de estas disciplinas, y especialmente para los investigadores y profesionales de la educación.
El autor explica el concepto y la perspectiva de la deconstrucción no solo en un plano descriptivo, sino también práctico, dado que en la obra en sí se deconstruye tanto al propio Derrida como la pedagogía. Ello se refleja en la fina capacidad de analizar los conceptos y realidades educativos desde las diferentes caras de un prisma complejo –ética, política, científica, didáctica, ontológica y epistemológica–. Los enunciados empleados suelen ser largos y ricos, así como el léxico utilizado, y ello muestra la coherencia con su filosofía posicionada: el paradigma de la complejidad. La pedagogía es un saber complejo y, por tanto, muchos de sus componentes –prácticas, ideas, conceptos, discursos– están también lejos de la claridad y del acceso directo. El pedagogo transmite que, detrás de la ambigüedad y la polisemia inherente a la pedagogía, no hay una simple confusión que pueda o deba aclarar, una postura ampliamente defendida por Bertrand Russell, el primer Wittgenstein o el Circulo de Viena, según la cual todos los debates filosóficos desaparecerían si se usara un lenguaje alejado del natural, caracterizado por ser vago y polisémico. Por el contrario, Mariani defiende que tiene que haber una constante reinterpretación de la realidad educativa, esencialmente paradójica. Ello implica estudiar las realidades impensadas, las obviadas, buscando qué ideas o perspectivas profundas hay realmente detrás de determinadas prácticas o ideas. Por ello, el lenguaje y el metalenguaje se funden continuamente en este texto.
En el primer capítulo, Alessandro Mariani aborda cuestiones clave puramente filosóficas para entender el deconstruccionismo de Derrida, como son los antecedentes recientes directos –Marx, Freud, Nietzsche, Heidegger, Foucault–, los orígenes de la deconstrucción y cómo afecta a cuestiones fundamentales como el sujeto, la verdad o la interpretación a nivel ontológico y epistemológico, explicando conceptos como la metafísica del presente o la différance¸ y mostrando la actualidad de la investigación deconstruccionista a escala internacional.
En el segundo capítulo se efectúa un análisis de la gran transversalidad que caracteriza al deconstruccionismo, así como su énfasis en la praxis y el theorós humano. En los nuevos contextos del neoliberalismo o el capitalismo global, el deconstruccionismo puede actuar en lo que el autor ha llamado el mediaevo, la nueva actualidad por el ascenso cada vez mayor de la comunicación y los mass media, así como en múltiples temáticas como la escritura, el multiculturalismo, la diferencia sexual, la identidad o la alteridad. La perspectiva de trabajo del deconstruccionismo, explica Mariani, es especialmente sobre lo oculto, lo no dicho, lo escondido o los silencios presentes en múltiples campos de la cultura, y también en la pedagogía. Este capítulo permite ver de qué manera es posible la deconstrucción, no como mera interpretación que busque el sentido más unívoco posible, sino como posibilidad de conocimiento de nuevos fragmentos de cultura, los olvidados por la tradición.
El tercer bloque comienza reflexionando sobre el estatus y la complicidad que les corresponde a la filosofía y la pedagogía, presentando la deconstrucción como un modelo de filosofía de la educación que permite ensalzar, desambiguar y desmitificar el discurso pedagógico actual, así como su finalidad y sus métodos de investigación. Se identifica y se recuerda que existen múltiples problemas en pedagogía que son de carácter abierto, como la infancia, la autoridad, el sujeto, o la subjetividad –estos últimos criticados por su esencialismo y su innatismo, de herencia greco-cristianaburguesa–. Si Rorty escribió una filosofía después de la filosofía, el profesor Mariani ha conseguido desarrollar quizá una pedagogía después de la pedagogía, esto es, insertada en un espacio-tiempo donde los grandes discursos pedagógicos se han difuminado y acaso hayan sucumbido al metodismo de otras áreas de conocimiento.
Esta pospedagogía se desarrolla en el último bloque, deconstruyendo seis términos esenciales en la tarea educativa, como son la reflexión, el acto, la relación, la acción, la intervención y el dispositivo. El objetivo es desmitificar el fundamento, la pedagogía normativa y los actos de dominio, así como de activar una serie de «revueltas» pedagógicas contra la metafísica impuesta. El análisis de los seis términos permite desarrollar una pedagogía que concibe la educación como donación, como texto a interpretar, y constituida por esenciales aporías como la represión-liberación. El espíritu deconstruccionista del autor ayuda a interpretar las oposiciones binarias en educación, sin pretender llegar a una única solución –es decir, sin llegar a la síntesis hegeliana, sino asumiendo las tesis-antítesis educativas–. En esta obra se identifica ya la tecnología de la vigilancia y los mass media, elementos agigantados diez años después haber sido escrita, para la construcción de los sujetos en educación. Como alternativa, el enseñante-deconstructor debe desarrollar una pedagogía posmoderna, con prácticas como leer los textos buscando captar sus efectos reales en el alumnado, cultivar el uso de paradojas, valorar lo que ha sido tradicionalmente –o que lo es todavía– marginal y ocultado, y, en general, desviar un tipo de filosofía de la demostración hacia una filosofía de la persuasión recuperando una escritura de la diferencia más creativa, fantástica, crítica y personal.
La disciplina de la educación parece estar cada vez más absorbida por el dataísmo, el universo de los datos, con lo cual, unido al sistema de producción académico y social actual, pareciera que una obra no tiene valor si no responde al discurso dataísta que ha comprado la comunidad científica o que simplemente se desactualiza a los pocos años. No obstante, el presente trabajo apuesta por abordar la pedagogía, el ser humano, la cultura humana, no desde lo efímero consumible, sino desde la reflexión sosegada que requiere tiempo y lejanía. Lejanía desde el tiempo y desde el espacio. Ello convierte este texto sobre deconstrucción en pedagogía en un ensayo actual y actualizable en el futuro. Las aportaciones, escritas hace más de una década, parecen ser incluso más necesarias ahora, dado que se acentúan ciertas tendencias que se analizan y juzgan. Existen muchos elementos sociales que apuntan a nuestra continuidad en la posmodernidad. Uno de ellos sería la visión tecnócrata de la sociedad y la educación, como ya reflexionó Habermas en Ciencia y técnica como ideología, que produce una subyugación de la ontología, la epistemología y la estética a la técnica, entendida esta última desde el dominio utilitarista y, por tanto, vinculada a una pérdida o desorientación en ciertos valores. A nivel educativo, algunos discursos también parecen haberse exacerbado, como la salvación educativa gracias a las tecnologías de la información, el imperio de las ciencias técnicas, la burocratización y la comprensión de toda educación como gestión eficaz. Por todo ello, la relectura de esta obra de Mariani en el contexto actual, traducida ahora para el universo hispanohablante, se torna adecuada y necesaria de cara a entender el fenómeno educativo de hoy en día desde una visión global, pedagógica y filosófica.
ALEJANDRO QUINTAS HIJÓS
10 de septiembre de 2022, Huesca
El tema central en torno al cual gira el presente volumen es el deconstruccionismo, recogido en sus orígenes y en sus metamorfosis, en su actualidad y en su transversalidad, pero, ante todo, en su relación con la pedagogía, saber hipercomplejo y ambiguo, débil y espurio –un «árbol salvaje», según Gentile–, que es necesario y urgente ensalzar, desambiguar, desmitificar e interpretar –con constancia y energía– con la finalidad de comprender su «grado cero», de hacer hablar sobre sus impensados, de investigar sus sobreentendidos, de manifestar sus arquetipos y de hacer emerger sus conquistas ideológicas, sus categorías principales y su forma de pensar1 estructural.
La deconstrucción permite mantener bajo control estos aspectos que condicionan inevitablemente la pedagogía, no solo como saber intencional, sino también como acto condicionante y como orientación axiológica introyectada del sujeto. Precisamente porque debe ser y no puede no ser un saber «teórico-práctico». Por lo tanto, la deconstrucción cumple y cumplirá un papel neurálgico, también en la pedagogía. Y de esto debemos estar agradecidos al pensamiento hermenéutico y a la obra compleja de Jacques Derrida, que no solo ha puesto a prueba el imperio del logos y la escritura como revisión continua del significado, sino que también ha situado el pensamiento de aquello que está debajo –como los impensados de varios tipos– y ha afirmado una lectura de algunas grandes categorías culturales –el espíritu, la diferencia, la alteridad, la memoria, etc.– y reales emergencias sociales –el perdón, la hospitalidad, la guerra, la amistad, etc.–. Así, hay una doble lección desde el deconstruccionismo: de método, con su aplicación a aspectos clave de la cultura, y de mérito, con el intento de transformar actitudes sociales y disposicionales mentales.
Una obra, la deconstruccionista, que no corresponde a una destrucción, sino más bien a un renacimiento crítico de la interpretación, también de la pedagogía. Es más, desde el punto de vista estrictamente teórico, asistimos al paso decisivo de la lección deconstruccionista/hermenéutica a la centralidad del pensamiento pedagógico, ya que protege la complejidad, la oscilación/entrelazado entre teoría y práctica, entre ideas y sociedad, entre modelos y prácticas sociales. Es aquí donde se abre una notable cuestión histórico-cultural que el presente volumen pretende hacer emerger, indagar y verificar: en pedagogía, ¿cuánto, cómo, dónde ha pesado el deconstruccionismo? ¿Ha habido una reactivación explícita, en pedagogía, de este modelo?
Una indagación, esta, que, como veremos, se concentrará sobre todo en tres áreas geopolíticas y lingüístico-culturales: Francia y el área francófona –por el ámbito «natural» deconstruccionista, vinculado a Derrida–, los EE. UU. –el lugar en donde el deconstruccionismo ha sido y sigue siendo una referencia constante teórico-cultural-interdisciplinar– e Italia –que ha sido profundamente influida por la hermenéutica deconstruccionista, al menos a partir de los años ochenta del pasado siglo–. Una hipótesis de investigación que, mirando hacia un horizonte no solo nacional, mantendrá firme el enfoque hermenéutico-deconstruccionista, para entrelazar el «explicar» y el «comprender» dentro de un paradigma velado2 y dinámico como el deconstruccionista, por un lado, y, por otro, elevarse a la metateoría pedagógica para pensar su objeto no solo en sus dimensiones manifiestas, sino también –y sobre todo– en aquellas más implícitas, ocultas, problemáticas e imprecisas, pero decisivas y estructuralmente constitutivas, y, por tanto, paradigmáticas. En el núcleo de esta «oscilación» residirá la «cuestión del sujeto» y sus transformaciones: un sujeto en constante devenir que vive en la incesante búsqueda de sí dentro de esas estructuras, que serán interpretadas a fondo durante los diversos capítulos.
Incardinado en Francia y después «exportado» a muchos otros países, sobre todo a EE. UU., el deconstruccionismo ha sido un movimiento conocido gracias a la obra de Derrida. Como es sabido, el deconstruccionismo se ha desarrollado en el ámbito de una larga y original estación colocada entre el estructuralismo, el posestructuralismo, la arqueología de los saberes y la hermenéutica, para superar un «vado» teórico-cultural, pero también para radicalizar, fijar el sentido, emanciparse del pasado e interpretar el presente/ futuro. En particular, la reflexión filosófica deconstruccionista gira en torno a la crítica del logocentrismo de la metafísica occidental y propone un cambio radical de paradigma –un verdadero y completo viraje–, tanto que tal modelo ha sido definido como posmetafísico. Se trata de un estilo de investigación, de reflexión, de composición, de retórica, de metáfora y de lenguaje que entrelaza la filosofía con la literatura, las ciencias humanas con las sociales, y que involucra también a la lingüística, los estudios de género, los cultural studies, la estética, el derecho y la arquitectura. También investiga la relación entre autoridades institucionales y filosofía escolástico/académica, e incluso reclama una autonomía de movimiento interpretativo acerca de los problemas y los lenguajes filosóficos contemporáneos.
Este volumen constituye una interpretación filosófico-educativa del nexo entre pedagogía y deconstruccionismo, un movimiento introducido por Derrida en el debate filosófico contemporáneo, pero comúnmente asociada a una estrategia crítica interdisciplinar que se ha dilatado progresivamente respecto al pensamiento muy original del filósofo de El-Biar, al cual se debe el éxito internacional. A pesar de la inquietud que pueda provocar un término como el de deconstrucción, sobre todo si se coloca a continuación de un saber/acto constructivo como la pedagogía, el presente trabajo, más allá de querer poner fin al discurso pedagógico con la pretensión de poder identificar su inverosímil «conclusión», pretende presentar el deconstruccionismo como una filosofía de la educación capaz de elevar la estructura y la función de la investigación metateórica en pedagogía a través de un «ismo» amplio, dinámico y significativo. Todo ello mediante la publicación de los resultados de una investigación teórica realizada por el abajo firmante en el transcurso de los últimos tres años para interpretar la deconstrucción y para comprender la reconstrucción de algunos temas/problemas de la pedagogía, pensándolos en el «laboratorio» filosófico-educativo contemporáneo, con el fin de identificar llanamente un modelo teórico de cara a comprender el desarrollo de lo pedagógico dentro de esta frontera, así como para probar el deconstruccionismo en el ámbito de la pedagogía mediante una serie de estudios/muestras llevados a cabo en Italia y en el extranjero durante algunas estancias de estudio realizadas en Francia, el Líbano, el Reino Unido y España.
Una aportación, la del deconstruccionismo, que ha dejado un terreno interesante y muy útil para estudiar la teoría/ práctica necesaria en pedagogía, más allá de la evidencia y el dato, para desterrar las regiones sepultadas de teorías y de prácticas con una lectura hermenéutico-crítica, para hacer emerger y cambiar los condicionamientos, los vínculos y las presunciones. Un conjunto de temas en los que se inserta, sobre todo, la noción de pedagogía crítica, que constituirá, al mismo tiempo, el fondo y el objetivo de referencia de todo el texto. Un modelo metateórico que ha funcionado –también en pedagogía– siguiendo una óptica hermenéutica y crítico-radical. En este sentido, la pedagogía interviene como un saber-de-impensados: al servicio de…, transmisible de…, en conformidad con… Todo esto significa –en pedagogía– pensar analíticamente los impensados, leer críticamente los arquetipos, comprender estructuralmente la filosofía de la vida, estudiar diferenciadamente los problemas, iluminar detalladamente las formas de pensar y desenmascarar radicalmente los prejuicios.
Así, desde o más allá de Derrida, el deconstruccionismo y la pedagogía pueden intricarse de forma provechosa y desarrollar una serie de itinerarios y de narraciones extremadamente sugestivo. Ante todo, viene a consolidarse, en un horizonte internacional, una «planetización» del deconstruccionismo y su variación en el ámbito de las fronteras de la educación y de la pedagogía: piénsese, por poner algunos ejemplos desde Europa hasta EE. UU., en la influencia de los cultural studies, en la crítica literaria y en la filosofía, en la poesía y en la estética, en los estudio de género y en los étnico-culturales, en los gay/lesbian studies, en el «descondicionamiento» de los modelos pedagógicos y de las prácticas educativas. En efecto, han sido múltiples las recepciones pedagógicas del deconstruccionismo en el mundo: en Bélgica (con Pourtois y Desmet), en Brasil (con Barros Borges), en Francia (con Morin y Nancy), en Alemania (con Plöser y Wimmer), en Italia (con Cambi y, posteriormente, con Erbetta, Erdas, Isidori y el firmante), en Nueva Zelanda (con Peters), en Canadá (con Trifonas), en el Reino Unido (con Biesta y Parker), en España (con Colom Cañellas) o en los EE. UU. (con Egéa-Kuehne, Hunt, Spivak y Ulmer). Un panorama internacional que ha puesto el foco en la articulación actual de un modelo filosófico-educativo, su valor pedagógico y su función crítico-crítica, de la teoría a la praxis –y viceversa– en educación. El dispositivo que emerge es particularmente funcional para el saber y el hacer pedagógicos y absolutamente necesario para salir de una tendencia histórica y teórica muy compleja, así como para activar una reconsideración «descondicionada» y un criticismo radical respecto a una pedagogía que muy a menudo se presenta con una insignificante identidad teórica, crítica y reflexiva.
Beirut, 18 de agosto de 2008
1.Nota del traductor: el autor usa formae mentis en el texto original, en referencia a cierta forma de pensar tendenciosa que está especialmente condicionada tanto a nivel individual como colectivo.
2.Nota del traductor: Mariani escribe paradigma sfumato en el sentido de oculto, atenuado, velado.
Deconstruccionismo es un término recientemente acuñado en filosofía, pero que corresponde a un concepto que viene de lejos y que tiene detrás una historia muy significativa. Es cierto que fue la lección de Jacques Derrida la que lo lanzó al debate filosófico internacional, afirmando el estatuto crítico y mostrando su estrecha dependencia con el pensamiento de Heidegger, pero también con el de Nietzsche y el de Freud y con modelos anteriores (piénsese en Voltaire, Feuerbach y Marx).3
Con su método de estudio y su especificidad filosófica, el deconstruccionismo se desarrolla en Francia hacia finales de los años sesenta del siglo pasado: dentro de un contexto dominado por el estructuralismo, Derrida viene a configurar, a partir de un escrito suyo de 1967 –De la Gramatología–, y después de forma siempre más orgánica y sustancial, el proyecto de una «deconstrucción del pensamiento filosófico», concebido sobre la base de las nociones de estructura, palabra y conocimiento en la acepción ontoteológica de la tradición metafísico-occidental a la que continuó mirando el mismo estructuralismo.4
Originalmente, la referencia es a la destrucción kantiana dirigida hacia la disputa metafísica que surgió luego como una compleja aventura –ad ventura
