La facilitación como práctica directiva - Bernardo Blejmar - E-Book

La facilitación como práctica directiva E-Book

Bernardo Blejmar

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Beschreibung

Los desafíos de la agenda educativa contemporánea, los retos de la transformación de la escuela para responder al hoy y a lo por venir requieren un equipo de educadores superador del directivo o del funcionario solitario. Para que esto suceda, es preciso contar con un dispositivo clave: la conversación, un diálogo tan generoso en su forma como consistente en su fondo. Es posible afirmar que la calidad de un equipo es directamente proporcional a la calidad de sus conversaciones. Y este libro desarrolla una plática entre educadores con un terco y obstinado propósito: hacer una educación mejor y para todos. La tarea subyacente de todo conductor es facilitar, para conseguir que las cosas sucedan. Esto implica una intensa labor de creación, preparación y puesta en acto de condiciones fértiles para que todo ocurra del modo deseado. Este libro propone el enfoque de la facilitación como un habilitador que ayuda a desenredar las tensiones estructurales de todo equipo directivo en funciones y a liberar su mejor versión, al movilizar su inteligencia y emocionalidad colectiva.

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Seitenzahl: 159

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Bernardo Blejmar

La facilitación como práctica directiva

Desanudando tensiones y liberando posibilidades para que las cosas sucedan

Blejmar, Bernardo

La facilitación como práctica directiva : desanudando tensiones y liberando posibilidades para que las cosas sucedan / Bernardo Blejmar. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico, 2024.

(Noveduc Gestión)

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-631-6603-14-2

1. Gestión Educacional. 2. Planificación. 3. Prevención de Conflictos. I. Título.

CDD 371.2002

Corrección de estilo: Liliana Szwarcer

Diseño de cubierta: Pablo Gastón Taborda

Diagramación de interior: Ana Lía Dellacasa

Diseño de diagramas: Ana Lía Dellacasa

Ilustración de cubierta:Laura Jaite y es.123rf.com

Ilustraciones (Segunda parte): Laura Jaite

Los editores adhieren al enfoque que sostiene la necesidad de revisar y ajustar el lenguaje para evitar un uso sexista que invisibiliza tanto a las mujeres como a otros géneros. No obstante, a los fines de hacer más amable la lectura, dejan constancia de que, hasta encontrar una forma más satisfactoria, utilizarán el masculino para los plurales y para generalizar profesiones y ocupaciones, así como en todo otro caso que el texto lo requiera.

Las referencias digitales de las citas bibliográficas se encuentran vigentes al momento de la publicación del libro. La editorial no se responsabiliza por los eventuales cambios producidos con posterioridad por los responsables de los respectivos sitios y plataformas.

1º edición, abril de 2024

Edición en formato digital: mayo de 2024

Noveduc libros

© Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico S.R.L.

Av. Corrientes 4345 (C1195AAC) Buenos Aires - Argentina Tel.: (54 11) 5278-2200

E-mail: [email protected]

ISBN 978-631-6603-14-2

Conversión a formato digital: Numerikes

No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.

Índice

CubiertaPortadaCréditosSobre el autorDedicatoriaPrólogo. Victoria AbregúIntroducciónPrimera parte. Facilitar para querer y poder hacerCapítulo 1. La facilitación de procesos colectivos: ¿por qué, para qué?Capítulo 2. Hay renuncia y aceptaciónCapítulo 3. Supuestos de la facilitaciónCapítulo 4. Acerca del poderCapítulo 5. Conversación acerca de las palabras que matan futuroSegunda parte. Once prácticas habilitadorasCapítulo 6. Modelo para armar. Instrucciones de usoCapítulo 7. La burbuja del milenio y el punto de inflexión. Los hitos del aprendizaje y la creación de culturaCapítulo 8. El vestuario. Parar la pelota antes de volver a la canchaCapítulo 9. La mirada extranjeraCapítulo 10. La caja y el regalo. Construir capital social y redes de posibilidadesCapítulo 11. El juego de mi “verdad”Capítulo 12. La mano que dice. La prueba ácida de la factibilidad de los acuerdos, planes y proyectosCapítulo 13. Ecogestión. Honrar pasados, buscar futurosCapítulo 14. Los inaceptables. Para ser miembros del “club”Capítulo 15. Feria POP: pedidos, ofertas y promesas. Tejiendo redes sinérgicasCapítulo 16. El arca de Noé. De Bono en clave BlakeCapítulo 17. Los ojos del monstruo, los ojos del ángelEpílogo. Alejandro MarchesanBibliografíaDel mismo autor

 

 

 

BERNARDO BLEJMAR. Profesor Nacional de Educación Física (INEF, Gral. Belgrano). Licenciado en Ciencias de la Educación (UBA). Master coach (AACOP). Profesor principal (Universidad de San Andrés. Escuela de educación. Educación ejecutiva). Profesor invitado (FLACSO; Universidad Católica de Córdoba; Universidad de la Ciudad). Exdirector de la Maestría de Psicología Organizacional (UB). Consultor y facilitador en procesos de cambio y transformación organizacional en organismos internacionales (Joint Distribution Committee; PNUD/UNICEF; Kellogg’s Foundation, Ford Foundation y Banco Mundial, entre otros), empresas del sector productivo, áreas de gobierno (Ministerio de Educación de la Nación, Gobierno de la Provincia de Buenos Aires) y organizaciones de la sociedad civil.

Autor de Gestionar es hacer que las cosas sucedan. Competencias, actitudes y dispositivos para diseñar instituciones (Novedades Educativas), El lado subjetivo de la gestión sujeto. Del actor que está haciendo al que está siendo (Aique, ganador del Premio Isay Klasse de la Fundación El Libro). Coautor de ¿Dónde está la escuela? Ensayos sobre la gestión institucional en tiempos de turbulencia (Manantial) y La gestión escolar: el desafío de crear contextos para hacer y estar bien (Homo Sapiens). Compilador de Liderazgo y desarrollo sustentable (Manantial).

 

 

 

 

A Silvia, su palabra sutil, su escucha constante.

Por amor, por todo y por tanto.

 

A Alina, la última en llegar y la primera en sacarme el sombrero.

Prólogo

Demorarse.

Caminar lento.

Suspender todo juicio.

Resistir la prepotencia

de los que apuran al mundo.

Abrazar el misterio,

lo múltiple y lo incierto.

Conversar.

Descubrir que los otros

son la única manera de viajar en el tiempo.

Matías de Rioja

En mi primer día de clases como directora de escuela, recibí en la puerta a las y los estudiantes y sus familias, abrí el acto escolar y, cuando cada docente se retiró con su grupo al aula, yo entré a mi oficina y me pregunté: “Y ahora, ¿qué hago? ¿Por dónde empiezo? ¿Dónde busco ayuda?

Sentía que la palabra “soledad” era que la mejor me describía. Claro, en ese entonces no sabía cómo empezar a “coconstruir condiciones” para salir de la tarea solitaria.

Hoy muchos, muchísimos años después, pienso en lo bien que me hubiera venido este texto para pensar y, sobre todo, para pensarme. Porque Blejmar me enseñó, desde que su primer libro “cayó” en mis manos, que “el principal reto de la gestión es la gente, empezando por uno mismo” (Blejmar, 2005, p. 16).

Quizás buscando reparar aquella primera sensación de soledad, hace ya muchos años que camino al lado de quienes ejercen roles de conducción o se están formando para ello, procurando acompañarlos en ese trayecto, convencida de que, con otros, todo es menos complejo. Blejmar, probablemente sin saberlo, ha sido mi maestro silencioso a lo largo de ese proceso porque, sin que él dimensione cuánto, me fue formando en mi propia senda de aprendizaje en la gestión escolar.

Gestionar es hacer que las cosas sucedan (Blejmar, 2017) fue para mí un hallazgo, ya desde su título. Me enseñó que la gestión es hacer –a veces, “no haciendo”, para que otros sean protagonistas– y que se trata sobre todo de “facilitar procesos”, habilitar intercambios y generar condiciones para el mejor hacer del colectivo institucional. Hoy sigue siendo mi libro de cabecera, junto a las nueve amarras conceptuales para abordar problemas que Blejmar propone en su capítulo del libro El rol del supervisor en la mejora escolar (Gvirtz y Podestá, 2009). Tomé prestadas esas amarras como una brújula que me acompaña hasta hoy y también me atreví a “jugar” junto a cientos de estudiantes y directivos, diseñando la décima.

Blejmar me enseñó que que “los límites del saber son los que animan el impulso del conocimiento”, como afirma Massimo Recalcati (2019), y que “el saber del directivo se expande en el saber de su gente”, entre muchas otras cosas.

Además de leer y releer los textos de Blejmar para descubrir siempre algo nuevo en ellos, en estos años de aprendizaje pude escucharlo “en vivo” y, más aún, cumplir “el sueño de la piba”: compartir clases con él. Puedo dar fe de que Blejmar hace lo que dice y que su forma de hacer gestión consiste en construir equipos y “generar condiciones para la expansión del poder” de la gente que trabaja con él.

Hoy estamos de fiesta, porque, en este texto, Blejmar nos regala nuevas invitaciones para pensar la gestión. Y para pensarnos.

Y entonces confirmo que es el libro que todos quienes ocupamos un rol de conducción estábamos esperando.

A modo de anticipo, comparto algunas “llaves” que encontré en este trabajo y las y los invito a armar un “cadáver exquisito” con ellas (y con todas las que quieran agregar) después de leerlo:

La gestión del cuidado.El derecho a la perplejidad.Lo compartido.Las renuncias.La aceptación.La facilitación y sus supuestos.El poder y su lado B.Las prácticas habilitadoras (son once, no se las pierdan).Las “prohibiciones”.

Para terminar, quisiera advertir a algún posible lector/a novato/a lo que este libro no es: no es un compendio de teorías ni de verdades reveladas: como el gran Paulo Freire, renuncia a la posesión de una verdad indiscutible a imponer. No ofrece soluciones fáciles ni mágicas, porque reconoce que dirigir “es la profesión más difícil”, como afirma Ricardo Mutti.

Este libro, en cambio, se permite elogiar la duda y la pregunta. Asume los problemas que tenemos como escuela y como sistema educativo. Y también se anima a proponer alternativas, a explorar nuevos senderos, a ensayar “errores inéditos”, esos que permiten aprender.

Es un libro abierto. Es una búsqueda y una travesía: se puede “entrar” por cualquier capitulo y encontrar siempre alguna respuesta. O, mejor aún, nuevas preguntas, de esas que dejan pensando. Es un libro que busca recuperar el deseo de una escuela que enseñe y a la vez abrace, una escuela en la que “haya tiempo”, una escuela que recupere la humanidad, las conversaciones, la palabra plena y por qué no, los silencios que permiten escuchar, pensar y dudar.

En este libro hay tiempo para “parar la pelota” antes de volver a la cancha.

Pasen, lean y disfruten.

Victoria Abregú

Directora. Especialización en Dirección Escolar para la Transformación Educativa (EsDETE). Escuela de Educación, Universidad de San Andrés.

Introducción

 

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga.

Albert Camus1

Me reconforta saber que jamás partí de la convicción autoritaria de que tengo una verdad indiscutible a imponer. Por otro lado, nunca dije ni sugerí que lo contrario de tener una verdad que imponer era no tener nada que proponer.

Paulo Freire2

Elogio de la serenidad y otros escritos morales es el título de un libro de ensayos de Norberto Bobbio en el que se propone reflexionar en torno a la que él llama la más impolítica de las virtudes: justamente, la serenidad.

En momentos de tensiones extremas, cuando priman gritos, indignaciones e impugnaciones múltiples sostenidas en base a una pretendida posesión de verdad que se convierte en negación no solo de las ideas, sino de todo Otro que no sean los míos, se hace necesario hacer un claro, un espacio donde detenernos y volver al ejercicio de pensar con ese Otro diferente y opuesto porque, en definitiva, nos encuentra al final del camino, en un destino compartido.

François Dubet, en La época de las pasiones tristes, afirma:

El espíritu de la época es de pasiones tristes. Con el pretexto de librarse del discurso bienpensante y lo políticamente correcto, se puede acusar, denunciar, odiar (…) Apenas más veladamente, se desconfía de la democracia representativa, acusada de incapaz y corrupta, y de estar lejos del pueblo. (Dubet, 2020)

La serenidad de Norberto Bobbio, el cuidado, la dignidad en la obra de Tzvetan Todorov y el respeto analizado por Richard Sennet constituyen esas virtudes ciudadanas que algunos llaman “blandas”, alternativas a aquellas duras y glorificadas en torno a la épica del héroe, la valentía, el coraje y la arrogancia, que han sido enaltecidas pedagógicamente en nuestra histórica cultura escolar.

No hay prensa ni estatuas para los que conversan, los que escuchan, los que cuidan, los que respetan, los que contienen, los que curan y educan en torno al otro, más allá de sí mismos.

La condición para el despliegue de estas virtudes parece ser esa declaración freireana de renunciar a la posesión de una verdad indiscutible a imponer.

Reconoce Freire, sin embargo, la legitimidad política de proponer ideas alternativas, aun cuando la decisión quede del lado de la legalidad de los cargos.

En educación, todo maestro sabe en el fondo que su condición de educador se fertiliza no solo en su saber sino en sus propios vacíos, aquellos que estimulan, por ausencia, la curiosidad y el deseo de saber de sus alumnos.

Son los mismos vacíos, silencios que hacen lugar a la voz de otros (colegas, amigos, colaboradores) para enriquecer la propia palabra del directivo escolar.

Allí donde alguien se erige en Todo, solo queda Nada para los demás.

Nadie convoca ni interactúa con otros cuando se percibe suficiente y poseedor de toda razón.

En las épocas actuales de la Argentina, de incentivación y entronización de lo individual, donde se deposita toda expectativa de desarrollo en la iniciativa y responsabilidad de cada sujeto –como si no existieren condiciones diferentes y desiguales de partida y estadía–, se hace necesario volver a pensar el despliegue de lo colectivo como el tejido social que contiene y empuja nuestro crecimiento.

Ciertamente, también hay una desmesura cultural en situarse en lo colectivo sin reconocer el lugar, los intereses, el perfil y la responsabilidad de cada uno en la trama común.

La libertad no se opone a la comunidad, sino que es más bien su condición de partida.

Mi generación intentó rehacer el mundo: no pudo, no pudimos –como Albert Camus–. Entiendo que nuestra tarea hoy es que, por lo menos, no se deshaga a través de extremismos que se autoerigen en poseedores de verdades reveladas. Fundamentalismos que desconocen los pliegues de las complejidades que configuran toda realidad –que, por definición, es imperfecta e inacabada– y que habitan reduccionismos sostenidos en verdades únicas e indiscutibles. Su pretensión última es la obediencia, cuando no el sometimiento

Que no se deshaga el mundo –decía–, con la expectativa de que “los nuevos” intenten otra vez más la ineludible y tal vez inalcanzable tarea de rehacerlo.

La educación y los educadores, en particular, desempeñan un rol clave en esta construcción: no se les puede pedir todo, pero tampoco es posible que se resignen a no poder nada.

No hay recetas ni estrategias seguras para navegar las turbulencias que nos toca vivir. Habrá que explorar nuevos caminos, aprovechar esos “frutos del cerebro humano” (como cantaba la poetisa chilena Isabel Parra) creados por la potencia de la tecnología en nuestros días; recrear sentidos y horizontes a alcanzar; atreverse a la revisión de uno mismo en sus debilidades (¿humanidades?) y fortalezas, como sujeto participante del acto educativo.

La tecnología –así sea en la expresión de internet, la inteligencia artificial, las redes sociales, el GPT, los dispositivos de presentaciones– hace tiempo que llegó a la educación para quedarse. Mostró su valor y potencial para conectarnos, abrir nuevos y desconocidos mundos y posibilidades: bienvenida sea.

Consideremos –como lo advirtiera Paul Virilio– que todo avance en la ciencia trae inscripto su propio peligro, su propia amenaza. ¿Cuándo se inició el naufragio, sino después de la invención del barco? O el accidente aéreo, como derivado del avión.

Internet, las redes sociales, habilitan también el bullying cibernético, las fake news, los “conspiradores” chats de grupos, la pornografía infantil, la adicción al celular y otros efectos indeseables, a veces perversos usos de lo mismo que ha ensanchado enormemente nuestro universo de posibilidades de conocimiento y de vida. El desafío reside probablemente en utilizar la tecnología y no ser utilizados por ella.

Por otro lado, como afirma Irene Vallejo:

A diferencia de nosotros, los habitantes del mundo antiguo creían que lo nuevo tendía a provocar más degeneración que progreso. Algo de esa reticencia ha perdurado a través del tiempo; todos los avances (la escritura, la imprenta, internet) han tenido que enfrentarse a detractores apocalípticos. Seguro algunos cascarrabias acusaron a la rueda de ser un instrumento decadente y prefirieron acarrear menhires hasta su muerte. (Vallejo, 2021)

La tecnología desnudó al mismo tiempo la obscenidad de las desigualdades sociales y económicas de un mundo que estrecha cada vez más la posibilidad de alojar de modo digno a todos y a cada uno.

Es un acto de justicia educativa que todos accedan a la conectividad, los dispositivos, las plataformas y la crítica alfabetización digital.

Sin embargo, la dolorosa experiencia de la pandemia, con su mandato de distancia física, nos recordó el valor de lo social y la importancia insustituible del lazo, del vínculo situado, de la mirada, de la vecindad y de esas temperaturas emocionales de la cercanía de los cuerpos que jamás podrán ser reemplazados por ninguna pantalla y virtualidad.

Esa presencia también es escuela.

Es momento de asumir los problemas, los déficits, tal vez los errores y la desidia que han llevado a situaciones no deseadas en el ámbito educativo; las graduaciones sin adquirir los saberes y competencias requeridas; las brechas en las capacidades lectoras y la caída de indicadores de logro en las diversas pruebas estandarizadas, más allá del debate acerca de su consistencia técnica y cultural.

Es cierto: el puesto de la Argentina ha descendido en los diversos indicadores educativos en relación con países de la región que, en estos años, sin resolver profundamente los desafíos actuales, han mejorado notoriamente su propio desempeño, más allá de un marcado descenso global (entre otras razones, debido a la pandemia).

Este presente está construyendo un futuro degradado.

El informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento de febrero de 2024 detalla que:

La mayoría de los y las estudiantes de 15 años en Argentina no alcanza el nivel mínimo de competencia en Matemáticas (73 %), en Lectura (55 %) y en Ciencias (54 %) de acuerdo a los resultados de PISA 2022. Ahora bien, si observamos lo que ocurrió en años anteriores, este registro no sorprende: los hallazgos de PISA de ediciones previas y de las evaluaciones APRENDER del Ministerio de Educación nacional siguieron la misma línea (CIPPEC, 2024).

Estas diferencias parecen estar más vinculadas al capital sociocultural de origen; este panorama acaece en la educación de gestión pública, pero también se advierte en la de gestión privada.

Al respecto, en El colapso de la educación, Narodowski (2018) señala que el vaciamiento y la privatización de la escuela pública resultó la política educativa más “exitosa” de los últimos setenta años.

Los sistemas educativos, la escuela y los educadores necesitamos asumir los riesgos de la transformación sin perder en esa travesía toda la experiencia de valía y el saber ganados históricamente.

El conservadurismo suele temer y advertir los riesgos de introducir cambios, transformaciones, pero niega o no puede ver al mismo tiempo los riesgos de continuar haciendo lo mismo.

LAS CONVERSACIONES COMO CAMINO, LAS DECISIONES Y LA GESTIÓN COMO INTERVENCIÓN

Las conversaciones entre los distintos actores en la escena pública y la búsqueda de plataformas de despegue compartidas son la condición necesaria para arribar a nuevos puertos en la transformación requerida. Condición necesaria, pero no suficiente. Los acuerdos requieren decisiones políticas que los motoricen y, más aún, una gestión, un “cómo llevarlos a la práctica” que impacte en las realidades y sea capaz de superar la sola letra escrita.

Carlos Matus se refiere a la tecnopolítica como a esa amalgama entre la sensibilidad y la “muñeca” política que media, integra intereses diversos en torno a un horizonte buscado y la rigurosidad del saber técnico gerencial, que sostiene la efectividad del hacer.

Matus afirma que se trata de no caer en el barbarismo político al mantener el gobierno de modo excluyente esta mirada, ni en el barbarismo tecnocrático, que desconoce las lógicas y racionalidades de los actores en juego en función de una supuesta razón tecnoinstrumental.