La flor artificial - Christiane Félip Vidal - E-Book

La flor artificial E-Book

Christiane Félip Vidal

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Beschreibung

Novela escrita a cuatro manos por Christiane Félip Vidal y Sophie Canal, La flor artificial propone, a partir de fragmentos y documentos que llegaron a manos de las autoras, una lectura de la vida de la desconocida poeta peruana Silvia Li. Silvia, poeta surrealista, arequipeña, amante de Man Ray, exiliada en Francia y en su propia patria, denostada por la crítica; su nombre y obra literaria —casi inédita— quedaron olvidados bajo el ocaso del siglo XX. A partir de testimonios, entrevistas, cartas y la obra de la poeta, se va armando un caleidoscopio de colores intensos que nos da algunas pistas de la vida de Silvia Li. Su recorrido por la efervescencia surrealista del París de los años 30, su resistencia frente a una Lima conservadora en los años 40, su refugio en la Amazonía, son solo esbozos de una experiencia compleja que dejó a su paso: una larga fila de desencuentros y una lucha permanente por mantener una visión individual y muy personal del mundo. La flor artificial es el intento por revelar una personalidad compleja que buscó "hacer de su vida pura literatura y hacer literatura de su vida".

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Seitenzahl: 277

Veröffentlichungsjahr: 2021

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La flor artificial

La flor artificial

Sophie Canal

Christiane Félip Vidal

La flor artificial

©2016, Sophie Canal

©2016, Christiane Félip Vidal

©2016, Contratapa Proyectos Culturales S.A.C., para su sello Cocodrilo Ediciones

Jr. Nicolás de Piérola 451, urb. Liguria, Surco, Lima, Perú

[email protected]

www.contratapa.pe

Críticas a la obra literaria de Silvia Li: Alessandro Pucci, Diego Trelles Paz, Lucho Zúñiga.

Diseño de portada: Rafael Juárez Sarasqueta

Fotografía de solapa: Inti Vidal Félip

Primera edición: julio de 2016

Primera edición digital: febrero de 2021

ISBN: 978-612-46999-7-9

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro, por cualquier medio físico o digital, sin el permiso previo del editor. Todos los derechos reservados.

On croit que la vie se déroule comme une route entre deux bornes, début et fin. Comme un livre qu´on en ferait. Que la vie, c´est la chronologie. C´est faux… L´histoire de votre vie, de ma vie, elle n´existe pas, ou bien il s´agit de lexicologie. Le roman de ma vie, de nos vies, oui, mais pas l´histoire. C´est dans le registre des temps par l´imaginaire que le souffle est rendu à la vie.

Marguerite Duras

PRE-TEXTO

Dicen que una historia está condenada a repetirse hasta que la contemos.

¿Así será la historia de Silvia Li?

¿Quién conoce el nombre de esta poeta arequipeña surrealista del siglo XX? ¿Quién sabe de la amiga desapercibida de César Moro al que consideraba el «mejor lector-traductor» de su alma?, ¿de esa amante de Man Ray, ignorada al punto de querer matar a Lee Miller cuando él le manda flores para disculparse por sus ausencias? ¿Quién recuerda a esa musa peruana de los surrealistas con quienes París es una fiesta? ¿Quién leyó, en el Perú o en Francia, a la autora despreciada de Los Mirliflores y de La flor artificial? ¿Algún turista o etnólogo en busca de las plantas sagradas de la Madre Selva habrá cruzado el destino de Soy Niwe, curandera iniciada y ocultada por el famoso brujo de las amazonías Manuel Córdoba-Ríos?

Negada por su familia y por la sociedad conservadora de su época desde sus primeros intentos de rebeldía creativa, opacada por los egos machistas de la banda de Breton en París, asesinada por la crítica literaria de su propio país hasta desvanecerse por completo en la Selva, la obra y vida de Silvia Li parecen haber seguido una marcha similar a lo largo del siglo, marcadas por ciclos de desaparición y resucitación en la sombra: sombras de su historia, sombra de la historia. Hasta que nos apareció recientemente su luz tenue, tal como un alma penando, en un nuevo intento desesperado por reivindicarse.

Al inicio del 2013, nos llegó por correo una caja de documentos, acompañada de un audio casete etiquetado «Soy Niwe, Historia de Silvia Li por Séraphine Le Piège. Grabación de Bárbara Román» y de una carta1 escrita a mano por cierta Bárbara Román quien decía ser biógrafa oficial y traductora de la poeta Silvia Li, y donde explicaba las razones por las que recurría a nosotras.

El final de la carta era una colección de lugares comunes que pretendía abarcar la identidad cultural francesa que, sin llegar a recurrir al camembert, al vino de Burdeos o al pan baguette, demostraba la distancia que puede haber entre lo real y lo mitológico, incluso para quien es conocedor de una cultura. Se suponía que todo eso hacía de nosotras las posibles nuevas albaceas de Silvia Li.

La mujer parecía estar tan desesperada que nos sentimos con el deber de escuchar las grabaciones de Séraphine Le Piège.

[…] Al fin y al cabo, quien cuente la historia de Silvia Li tendrá que decidir […] que empezará con una casualidad objetiva que ya lo contiene todo, suerte de madrina cósmica que los padres se olvidaron de invitar al bautizo, como en los cuentos de hadas, y que impondrá su sello en la vida de la pequeña Silvia […].

¡Azar objetivo! ¡Así que de eso se trataba! A medida que la voz de Séraphine Le Piège nos poseía como una suerte de mantra, el propósito de la carta de Bárbara Román se iba iluminando: hacía tiempo que intentábamos, cada una por su lado, dar forma y sentido a nuestra expatriación literaria a través de este concepto del azar objetivo… y ahora nos llamaba una filiación posible: antes de desaparecer, Silvia había escogido a Séraphine para terminar con su meta incumplida; al morir, Séraphine había escogido a Bárbara para el mismo fin. Ahora Bárbara Román nos pedía tomar la posta, y Séraphine nos revelaba el método: quien narrase la historia de Silvia Li tendría que empezar arbitrariamente, como fruto de su voluntad, libertad y deseo, las tres únicas puertas que abren al mundo de Silvia. Porque contar autoriza todos los caprichos, en la medida en que rapta al lector de alguna forma. El narrador tendría que desempeñar el papel que mejor corresponda a su elección, el papel del dios, de la conciencia suprema capaz de leer un caso semejante. Y si eso no basta: ponga a la vista todos los documentos de la caja y escoja uno al azar. Haga lo mismo para el segundo, y el tercero, y repítalo hasta que dé a luz a otra Silvia.

La voz de Séraphine seguía poseyéndonos, y fue esta voz salida de ultratumba, con acento francés acholado, la que nos retó a darle un propósito literario y metafísico al material que nos había entregado Bárbara Román: armar trozos de una vida que su misma protagonista se esmeró en desmantelar, contar el desesperado caminar de la escritora en esta tierra de nadie entre sueño y realidad, la búsqueda de sí misma más allá de las fronteras de lo racional, su intento por inventarse y volverse otra para seguir siendo ella. Intentar romper el hechizo de las desapariciones. Darle sepultura simbólica en el cementerio Presbítero Maestro para que, junto a César Moro, al fin pueda descansar en paz. Contar la verdadera historia de Silvia Li, reinventándola.

Para adentrarnos en el personaje, de la forma más adecuada a su vida y obra, escogimos mostrar las máquinas detrás de la pantalla, considerando cada pieza del material entregado por Bárbara Román2 como parte y todo de la figura de Silvia Li.

La construcción fragmentada por la que optamos nos pareció la forma más idónea para dar cuenta de una personalidad caleidoscópica, y retratar así a una mujer que hizo de su vida un rompecabezas del que escondió la última pieza.

Y esa es nuestra Silvia.

Las autoras

Sophie Canal y Christiane Félip Vidal

Lima, febrero de 2016

1

SOY NIWEHistoria de Séraphine Le Piège grabada por Bárbara Román3,25 de febrero de 2000

¡Pase, pase usted, bienvenida a mi antro…! Pero antes, y parafraseando a Dante, ¡abandone la esperanza si entra aquí!… En este perchero, por favor. Perteneció a Silvia. No sabe cuántas esperanzas han sido colgadas allí… no, no, con esa cara de miedo, ¡no! Ya entró, no hay marcha atrás, déjese llevar nomás, y mucho mejor con sonrisa… ahí está… no es tan difícil, ve… Es cuestión de acostumbrarse un poco a la oscuridad. Los ojos son sabios… unos minutos más y, ¡listo!… podrá distinguir hasta el color negro de mi gata… y el oído se hará más agudo… póngase cómoda, allí en ese cojín de terciopelo, el único que tengo… ¿Ya puede usted percibir esas notas que deambulan en mi carpa desde hace años? Erik Satie, Gnossienne número 3… ¿o solo estarán en mi cabeza?… bueno, ahora me es un poco doloroso el tema de la diferenciación entre lo que viaja por mi mente y lo que pertenece al mundo exterior, perdóneme… En general, quien me suele ayudar en eso es mi gata, Frida. Todas las gatas que tuve las he llamado así… Ella reacciona a Satie ronroneando… ¿Le puedo ofrecer una taza de té? Me queda un poquito de la mañana, se lo puedo calentar con ese horno a carbón que me trajo Félix, mi mayordomo… Él recoge esas cosas de la basura de los ricos… ¿se ha dado cuenta de la cantidad de cosas útiles que botan los ricos? ¡Mire!, ahora que puede ver, ¡le presento mi carpa basural! ¡Tatatán! No se ve tan mal, ¿no?… casi todo de origen: San Isidro, Miguel Dasso y Conquistadores… Muy acogedor, ¿no? ¿Qué le parece?… bueno, lo admito, ese dibujo, no. Es de Picasso. Silvia me lo regaló y para esto sí, tengo papeles, ella fue al notario, la única cosa que me legó. Silvia lo trajo en su baúl por barco, de regreso a Lima. La acompañó también a Iquitos, y luego me lo dio porque dice que me parezco mucho a la mujer del dibujo… bueno, cuando era más joven, obviamente… Bien, ¿qué tal el té? ¿Un poco amargo? ¿Sabor a caramelo quemado? Normal, hija, le puse algunas plantitas mías, para relajarse nomás.

Podemos empezar. Déjeme cerrar los ojos… haga lo mismo… sí, sí, por favor… Perfecto. Mmm… ¿qué es eso? Aj, ¡silencio!, ¡no abra la boca!, tenemos que callarnos un ratito. Deje de hablar. Quiero ver su resistencia al silencio. A ver a qué categoría de gente pertenece usted… ¿Sabe que hay tres tipos de gente? La con quien solo se puede hablar, la con quien solo se puede escuchar, y la con quien se puede entrar juntos en el silencio… y construir una arquitectura del silencio. Ya, así es, la veo más relajada, muy buen inicio…

Ahora, a ver lo que tiene usted, ¿cuál ha sido su verdadera motivación para entender los textos de Silvia? La contrató ese jovencito editor, el nieto de Orlando, ¿verdad? Ni sabía que tenía nieto, el viejo… ¿de quién habrá nacido? Tuvo tantas mujeres… Si nos viene de la rama Carla, on est cuits4… ojalá sea nieto de La Che, sí, le decían La Che porque era argentina, solo la vi una vez cuando fui a visitarlo a mi regreso de la selva, pero Silvia me había hablado varias veces de ella, creo que La Che estaba un poco celosa de ella, por el encanto que tenía Silvia y, a decir la verdad, también yo me di cuenta, creo que el viejo estaba loco por ella… no tenía ninguna posibilidad, porque ya hacía tiempo que a Silvia le gustaban las mujeres, pero bueno, como usted sabrá, ese tipo de desafíos excita a los hombres… en fin, no sabía que La Che había tenido hijos… los tenía escondidos… ¿y ahora qué?, resulta que el mocoso transforma Gradiva en editorial… Seguramente será una de esas nuevas editoriales que nacen de la noche a la mañana y que mueren con el amanecer… Ya basta con eso. Hace tiempo que renuncié a gastar el poco de energía que me queda en labores inútiles, no me interesa tampoco publicar para cuatro gatos y terminar limpiándome en el baño público de una galería del centro de Lima con una hoja que escribí yo, eso ya me ocurrió demasiadas veces… ¡imagínese! Arrugarse la piel del sagrado lugar con el aparato crítico de Los Mirliflores… Ha leído Los Mirliflores, ¿verdad? No me sorprendería que haya redactado esa biografía sin haberlo leído… tan pocas personas se dan el lujo de leer hoy por hoy… ni siquiera esos críticos de la época… ¿cómo se llamaban? Unos tales Zunz y Guerra, me parece… bueno, el texto estaba en la caja con todos los documentos de Silvia… ¿Cómo? ¿Solo clasificó los documentos? Aja, adoptó el método de las bibliotecarias… todo por fechas, aja, veo, veo… y solo se ha dado cuenta que había pocas fechas y que casi todo estaba escrito en francés… ah, ça ouiiii, estamos muy mal, querida Bárbara. Muy mal… ¿sabe usted que los números no interesan a los surrealistas cuando son fechas? ¿Que solo usaban los números para reflejar el significado de las cosas? Bueno, si pretende escribir una verdadera biografía de Silvia Li, tendrá que empezar por eso, abandonar fechas… encontrarles otro sentido a los números, a las matemáticas, descubrir que 1+1 no siempre iguala a 2. En el amor, por ejemplo. Los griegos tenían tres conceptos para definir tres tipos de amores: Eros, el amor erótico, el más común. El deseo de volver a encontrarse con la media naranja perdida. Ahí 1+1=1. Una equivocación total, si quiere mi opinión… Después viene Philia, lo que solemos llamar amistad, ahí somos dos entidades completas y autónomas que deciden unirse libremente, 1+1=2; y para terminar, Ágape, el amor perfecto, el más difícil de conseguir, el triángulo punta arriba, 1+1=3, dos seres de excepción que se unen para dar vida a una tercera entidad, puede ser un hijo o cualquier otra creación, pero algo que tenga que ver con lo divino… Yo me considero una persona feliz, Bárbara, tuve la suerte de vivir los tres tipos de amores. Con Silvia, el Ágape, por supuesto. Ahora no me interesan las otras formas, son muy inferiores, ¿me entiende?, muy decepcionantes… Silvia tiene algunos cuantos textos sobre ese tema, también se ve en Los Mirliflores… la relación entre el hada y el Mirliflor A… 1+1=3, ¡recuerde! Entre usted y yo también habrá que realizar aquella ecuación si queremos trabajar bien juntas, ma belle… si no, no pasará absolutamente nada, nos quedaremos chatitas… mire mi gata, miu miu miu… ven aquí, reina… escuche cómo se pone… aún no abra los ojos… ella y yo estamos en un Ágape total, ¿no se siente algo divino?, ¿percibe ese algo diferente en el aire?, ¿no huele? Sí, ¡c’est ça!, ¡olor a jazmín! Lo que olía usted cuando solía pasear sola en las noches de verano en Lima y se dejaba llevar por la ligera brisa marina y su imaginación… ¿Cómo? ¿No lo había vuelto a vivir desde la secundaria? ¿Cómo es posible, querida? Entonces, eso confirma que nos teníamos que conocer… bien le haga empezar a sentir eso de nuevo… ¡ay, ay, ay! Bienvenida a mi antro, corazón. Usted realmente me necesitaba… ese es uno de los poderes del surrealismo que experimentará si es que acepta perder el miedo a la tiranía de lo real. De nuevo podrá gozar del olor a jazmín en las noches y luego también en las mañanas, y en las tardes, y hasta en invierno cuando todo se vuelve olor a humedad en Lima… su vida entera tendrá un nuevo olor, querida. El olor que exhala la creatividad constante. Pero le advierto también… los otros olores, los desagradables, el olor a caca, a basura, a carroña, se harán más agresivos que antes cuando aparezcan, ese es el precio que hace pagar la otra realidad, cuando uno ha sido autorizado a visitarla, más profundiza en una, menos le perdona la otra, son celosas entre ellas las realidades opuestas de este mundo, chiquita, a veces se pelean duro, tiene que estar lista usted para resistir cuando se encuentre en medio de la tormenta, a veces uno cae en una o en la otra, a veces uno se queda atracado entre ambas, y termina aplastado. Y lo encuentran boca abajo en medio de un basural, ¡sin que se sepa por qué! No quiere terminar así, mi querida Bárbara, ¿no? No querrá morirse oliendo a carroña, ¿verdad? Entonces tiene que seguirme muy de cerca. Le serviré de guía. Ya penetré en esos mundos. Ya conozco el camino. También sé cómo regresar. No me puede perder de vista. No se olvide, ella, Silvia, no quiso regresar. Silvia desapareció. De cierto modo, Silvia ha muerto a ese mundo. Debe de haberse quedado atrapada en unos limbos, y a veces creo escucharla gritar. Intenta asustarme en las noches. Me llama, mueve cosas en la carpa, se me aparece por la boca de Frida, come mis sobras. ¿Usted está preparada para ese destino? Existe ese riesgo, hija. Porque yo siempre supe salir de allí hasta ahora, pero me persiguen demasiado los comedores de sobras, ya no sé si podré aguantar más fantasmas en mi choza, ya no me quedan muchas sobras, pronto me estaré muriéndome de hambre.

Entonces, si decide seguirme, si decido guiarla, tenemos que hacer un pacto, Bárbara. Un pacto, sí. Suena muy adolescente, lo sé. Ahora escucho a la gente rumorear alrededor, hoy en día dicen que el surrealismo es cosa de adolescentes, ¿n’est-ce-pas? Seguro lo habrá escuchado también. Ahora todos piensan haber llegado a la adultez doctrinal, ¿no? Hemos pasado a la era virtual, ¿verdad? Ya digitalizamos los otros mundos y hasta los vendemos, ¿no? Ya no tenemos nada que aprender del azar objetivo5, de la escritura automática, de las veladas entre amigos drogados. Manejamos los patrones, apretamos botones y teclados, tomamos pepas para dormir, hacemos micro sueños, escribimos micro cuentos y publicamos nuestras pequeñas producciones diarias en in-ter-net. Bueno, ahí va el pacto, Barbará, prepárese para sufrir, alístese para el gran salto. Nada será fácil, Bárbara. Tendrá que mirar la muerte a los ojos. Y no habrá ningún teclado. Pero nunca, nunca, me escucha, nunca le dé importancia. Cada vez que pase eso, respire hondo, y deje pasar la imagen. Convoque a Satie. Sola desaparecerá. Y si no, llámeme a mí, hija. Ahí, se lo prometo, estaré.

Ahora, déjeme dormir, hija. Van a ser las tres, hora de mi siesta. Mañana temprano leeré su biografía. Regrese el lunes a las 8 y le diré lo que opino.

2

OBRA DE SILVIA LICuadernos (1931)6(Traducción y anotaciones de Bárbara Román).

Te llamaré mi monstruo, mi gran monstruo, el que ha de mostrarme…

27 de agosto

París es una fiesta. Primera velada en Francia en casa de Alina7. La razón: los cuarenta años de Man Ray quien llegó disfrazado de Clyde Barrow, un bandido que está volviendo loco a Estados Unidos. «Están todos esta noche», me dice Alina al oído. Mi prima Alina y su primo César Moro presentan a la pequeña peruana a André Breton, Paul Eluard, Benjamin Péret, Man Ray, Max Ernst, Pablo Picasso, Hans Arp y a sus mujeres. ¡Ah! ¡Pero, qué mujeres!… Lee, Remedios, Dora, Valentine, Leonor, Nusch8… ¡Y también están Alice y su esposo Wolfang!… Escuchamos únicamente el lado B de los discos… ¡y todos ellos solo tienen ojos para mí!

Me oigo decir: «El Perú es el lado B de América Latina». Aplauden todos.

Sigo: «El lado B, es el lado de los discos que nunca se escucha, es la parte trasera de las cosas. El lado B, no es …………(ilegible) igual a la locura o al Mister Hyde de tu vida, porque tienes opción de ponerlo o no, según se te antoje».

Aplauden con mayor entusiasmo. Y nos emborrachamos hasta morir.

28 de agosto

Convencida de que ciertas vidas tienen un lado A y un lado B. Cuando pienso en mi vida acá, en Francia, me veo un poco como una embajadora cultural del lado B, hago de Bonnie Parker en París. Sobre todo, porque me parece que apareció mi Clyde…

«El Perú es un sueño».

29 de agosto

He dormido poco.

Paseos solitarios por París. Levanto la mirada y, tras el vaho de mis lágrimas, leo: «Extranjero, ¡tú que pasas! No sabes tú el deseo ardiente con que te miro», Walt Whitman - Librería Shakespeare. Sonrío.

30 de agosto

Primer taller de escritura donde Alice. Hay también un montón de sosas que solo vienen para aprender a entretener a sus futuros esposos. Son tan insulsas que parecen gansas. Con solo verlas se me corta el apetito. No importa. Las cocinaré para la Navidad y me las comeré con Alice…

«Man Ray te invita a su casa» —me anuncia Alice—.

Man me invita a su casa. Man me invitó a su casa. Man me invitará a su casa.

Man invitó a Silvia a su casa.

El hombre invitó a la mujer.

Clyde invitó a Bonnie.

Me encantan las repeticiones. Me dan ganas de cantar, de bailar, de volar, de besar a Alice.

18 de setiembre

Inicio de clases en el colegio Molière. Odio a estas jovencitas, mujercitas en ciernes. Son seguramente mucho más peligrosas que las del curso de Alice. Formarán parte del lado A de mi vida. Los únicos cursos interesantes son los de arte y filosofía. Escribir, escribir, escribir. Centrarme en Man, en César, Alice y Alina, mis alimentos celestes.

Futuros biógrafos, ¡cuánto los quiero!

Lista de lecturas que me dio Alice9:

LISEZ

NE LISEZ PAS10

Berkeley

Platon

Young

Virgile

Rousseau

Rabelais

Diderot

Montaigne

Kant

Molière

Sade

La Fontaine

Laclos

Hoffmann

Hegel

Schopenhauer

Lewis

Lamartine

Nerval

Balzac

Feuerbach

Comte

Marx

Taine

Engels

Verlaine

Baudelaire

Verne

Lautréamont

Bergson

Rimbaud

Jaurès

Huysmans

Durkheim

Freud

Lévy-Brühl

Lénine

Proust

Apollinaire

Gandhi

Y sigue una lista de surrealistas

Etc… etc…

«Desaconsejados»: Montaigne, Proust, Bergson.

25 de octubre

Una semana sin ver a M. Acepto acompañar a César quien ha sido invitado al 54, rue du Château, con la esperanza de verlo. Se trata de una velada «cadáver exquisito» con Marcel Duhamel, Jacques Prévert e Yves Tanguy. César me pone al tanto: el «cadáver exquisito» es un juego que encandila a los surrealistas. Se trata de que varias personas construyan una frase sin que ninguna de ellas pueda ver lo escrito anteriormente por los demás. La idea es que cada participante escriba por turno parte de una frase respetando el orden sujeto-verbo-complemento. El juego se llama así porque «El cadáver exquisito beberá el vino nuevo» fue la frase que salió cuando jugaron por primera vez. Bretón pretende que solo se trata de una actividad lúdica, pero lo que experimenté esta noche me da la impresión de poder ir mucho más allá de la simple diversión. ¿Será porque no estaba M? ¿O porque yo estaba lista para el deseo puro, para la pura ausencia presencia?…

Participaron:

Yves Tanguy, Marcel Duhamel, Jacques Prévert, Benjamin Péret, Pierre Reverdy, André Breton, René Char, Paul Eluard, Nusch Eluard, Robert Desnos, César Moro, Remedios Varo, Leonor Fini.

César, Remedios, Dora, Leonor y yo ¿armamos / amamos? (ilegible) nuestro pequeño grupo hispanista aparte.

Resultados:

–El ser vivo aguantaba bajo la manga de una chica de dieciocho años.

–Nada tiene sentido si no hay tinta en el lapicero, pero, como hay vino en la botella, podemos escribir un poema.

–Y me he callado porque mi vida está en tu boca.

–No sabemos el lugar de las personas, fuerza golpeando la ausencia, escúchame, fuerza, diciendo, fuerza, nosotros gritando.

–Llega el final del camino en la mesa cuadrada.

–Bajo la cama hay más polvo que sobre el colchón.

–El circulo redondo como la tierra, donde los secretos fulgurantes, se expresan en las miradas.

–Y entonces el caos se vio en el espejo, sonrió. No había errores. Solo varias formas de decirte… ¡Estoy!

17 de diciembre

Me han expulsado del criadero de pavas. Es que debo ser un patito feo. ¡Qué felicidad! Ahora, lo único que queda es libertad, amor loco y encontrar la mejor mentira para mi madre… Alina me botará de su casa, pero Alice ya me dijo para ir a vivir con ellos… Así tiene que ser…

3

MATERIAL PARA UNA BIOGRAFÍACertificado de estudios de Silvia Linares Lira11, Arequipa,18 de diciembre de 1928

4

SILVIA LI O LAS PEREGRINACIONES DE UNA PARIABiografía, por Bárbara RománProyecto de número especial Silvia Li, revista Gradiva,Lima, 2000

Silvia Linares Lira(Arequipa, 1913-¿Iquitos, 1987?)

INFANCIA Y ADOLESCENCIA (1913-1929)

1913

Silvia Linares Lira nace en Arequipa el 29 de febrero de 191312 en el seno de una familia acomodada. Es hija de Alberto Linares, comerciante exportador de lana y de Clorinda Lira, hija de un rico hacendado. Dicha alianza del comercio con la oligarquía permitió que la familia viviera en una bonanza que se vio aún más favorecida durante la Primera Guerra Mundial por el incremento de las exportaciones.

La amistad de sus padres con el representante en Arequipa de la empresa exportadora francesa Braillard-Claussen influye en el hecho de que le pongan una maestra particular francesa sin sospechar que, posteriormente, el conocimiento de dicho idioma desempeñaría un papel clave en su vida.

Hija única de una pareja que, pese a no llevarse bien, no se separó por temor al qué dirán de la tradicional sociedad arequipeña, Silvia tiene en su primera infancia escaso contacto con niños de su edad. Está al cuidado de una nana, Casilda Samamé Barahona, con quien pasa la mayor parte del tiempo y cuyo cariño compensa la relación difícil que tiene con su madre. Silvia siempre definirá su infancia como una época feliz, especialmente durante sus estadías veraniegas en la hacienda familiar a la que se trasladaba con su nana y demás empleados de la casa.

1923

Se degrada la relación entre los padres debido al alcoholismo de su madre y a las ausencias de su padre quien viaja con frecuencia a Lima. La niña inicia sus estudios de secundaria en el colegio de monjas francesas Los Sagrados Corazones13.

1927

Afirma ya sus dotes literarias al hacerse acreedora del primer premio en los Juegos Florales organizados con ocasión de la tradicional fiesta arequipeña de la Primavera.

1928

Termina secundaria. Su diploma de fin de estudios hace referencia a frecuentes incumplimientos a las normas educativas y religiosas impartidas en el colegio.

1930

Viaja a Lima con su padre. Para evitar el regreso a una vida arequipeña que le parece ya demasiado aburrida, pide que la manden a Francia para completar sus estudios con el bachillerato francés14.

PERÍODO PARISINO - SURREALISMO INFERIOR

1931

A mediados de año sus padres la envían a París, donde se aloja en casa de una pariente lejana de la familia Lira, la cantante soprano Alina Lestonnat15/16, esposa del compositor Alfonso de Silva17. Es en casa de los Lestonnat de Silva que conoce a César Moro18 a quien Alina aloja a veces a cambio del cuidado de sus hijos. Silvia entabla con él una amistad que durará hasta la muerte del poeta en 1956.

En setiembre, inicia las clases en el Lycée de Jeunes filles Molière19. Al no haber estudiado anteriormente latín ni griego, solo se le acepta en la sección B, es decir idiomas. Si bien su nivel de francés le permite cumplir con las exigencias académicas en todas las asignaturas, su formación es insuficiente en literatura y la poeta Alice Rahon20 le dicta clases particulares ampliando la gama de autores mucho más allá del programa y dándole a conocer obras consideradas, en la época, como «no aptas» para la educación de las señoritas tales como, Justine o los infortunios de la virtud21, Las flores del mal22y Los cantos de Maldoror23.

Frecuenta a los surrealistas y se inicia en la escritura automática. Más interesada por las veladas musicales en casa de sus huéspedes, las reuniones con el grupo de André Breton, su amistad creciente con Alice Rahon y César Moro, y sus recorridos por la ciudad luz, Silvia Linares lleva una vida bohemia poco compatible con su condición escolar y sus reiteradas inasistencias le valen la expulsión del liceo Molière a los tres meses de haberse matriculado.

Pese a la adoración que le tiene, se distancia un tiempo de Alice Rahon quien vive ahora con Wolfang Paalen24. Por la misma época, aún menor de edad, inicia una relación amorosa con Man Ray25 recién separado de la periodista Lee Miller.

1932

Debido a las frecuentas giras artísticas de la pareja Lestonnat de Silva que la alojaban, sus padres le alquilan una habitación en una pensión para señoritas a la que acude más de día que de noche y retoma su relación con la pareja Rahon/ Paalen. Posesiva, no acepta que su amante fotografíe desnudos femeninos y arma escándalos con las modelos. Acosa a Man Ray con la sospecha de que sigue teniendo relaciones con Lee Miller: «Por supuesto teníamos cita… Estoy casi segura de que sigue en casa de Lee». Entre peleas y reconciliaciones Silvia busca consuelo en amores fugaces tanto masculinos como femeninos mayormente dentro del grupo surrealista. Encontramos en su diario la siguiente pregunta a Man Ray: «¿A tu parecer, fue un error acostarme de nuevo con Max?26».

La producción poética sustituye progresivamente a la escritura del diario y suele leer sus poemas en las reuniones en casa de Breton quien, en el número 3 de LS.ASDLR27, la tilda de «auténtica surrealista» viendo en su espontaneidad a la mujer niña, mediadora entre la realidad y el misterio, tal como los surrealistas verían dos años después a la niña Gisèle Prassinos28 que, a sus catorce años, solo tenía de surrealista el poder de la imaginación. Según breve nota en el diario de Silvia, parece haberles encantado dos producciones: el poema «La pesca milagrosa», puro producto de la imaginación, lo cual, pregonaba Breton, no era un «don», un regalo, sino algo por conquistar, por ser el primer y último recurso contra lo insoportable, así como sus reflexiones acerca del azar objetivo que ella llama «HO29» jugando así con las palabras tal como les gustaba a los surrealistas.

Quién sabe si demasiado rebelde y orgullosa para aceptar ser solo «musa» de los padres del surrealismo, sin que se reconozca su papel activo en la difusión y expresión del movimiento, Silvia se aleja un tiempo del grupo de la rue du Château30, pero sigue frecuentando los bares literarios31 y entra en una fase de escritura que solo da a conocer a César Moro a quien la une la nacionalidad y el uso del francés como lengua literaria. Por aquel entonces ya está en busca de una identidad que se va gestando, pero que no ha adquirido una forma definitiva.

Sus relaciones, en las que dominan poetas, pintores y artistas no necesariamente surrealistas, son amplias y cosmopolitas, sin embargo, no incluyen al poeta César Vallejo, recién retornado de la Unión Soviética y que, como es sabido, criticaba ferozmente el surrealismo.

5

SOY NIWE (2)Historia de Séraphine Le Piège grabada por Bárbara Román,27 de febrero de 2000

Me pone usted en una posición muy, pero muy incómoda, Bárbara. La insistencia con la que impuso a una vieja mujer cansada y sin lentes la lectura de tantas páginas, merece un pequeño castigo de parte de los dioses. Usted no está sin saber que luchamos aquí, mi gata, yo y algunas cucarachas de por medio, para la supervivencia en las afueras de lo que fue mi interior, es decir mi casa. Con una luz escasa y unos ojos deficientes, nos fue casi imposible, para empezar, descifrar la letra enana que usted eligió en este —no sé cómo diablos llamarlo— especie de reporte zoológico.

¿Cómo pretende usted dar a conocer a la gran Silvia Li a través de unas rejas tan ajustadas como pueden ser los espacios entre fecha y fecha? ¿Cómo puede cometer el error de confundir la esencia cualitativa del tiempo creativo con la esencia cuantitativa del tamaño de un guion? ¿Qué clase de demonio engañó su pluma para que la creadora de La flor artificial, hada de Los Mirliflores y luego bruja de los bosques amazónicos, se vea reducida a unas miserables páginas, una mosca más del zoológico surrealista universal? Hasta los estoicos tenían más humor y grandeza cuando mandaban inscribir en la lápida de sus discípulos recién fallecidos el cínico: nació, vivió, murió.

A ver… que no se equivoque, no empiece a llorar. Aquí no se trata de destrozarla. Lejos de mí infligirle a usted el mismo golpe que la crítica de la época le dio a Silvia. No hay nada peor que las repeticiones inconscientes de sí mismas, disfrazadas de venganzas. Odio a los críticos. Son perros hambrientos que se autoalimentan del vómito que producen en sus víctimas. No soy y nunca seré una crítica de usted. Si no fuese por el interés que tenemos en común en la gestación de Silvia Li, no me tomaría la pena de malograrme los ojos y luego la voz armando esas palabras. Lo que me mueve hacia usted es la luz que percibo bajo las pequeñas celdas que ha ido acumulando en esas largas páginas, una luz tenue que ha empezado a acompañarla sin que se dé cuenta, iluminando algunas partes de la selva Silvia como si fuesen plantas sagradas. La meticulosidad con pizca de humor con la cual, por ejemplo, redacta algunas de sus notas al pie de página, me ha dado ganas de empezar todo de nuevo con usted. Hasta debo admitir que esas ganas me rejuvenecieron unas décadas. ¿Podemos empezar todo de nuevo? ¿Me permite cogerla de la mano para que saltemos juntas en búsqueda de quién era Silvia Li? Por lo que me cuenta, tenemos muchos y a la vez pocos documentos para contestar esa pregunta. Empecemos desde el principio. ¿No tenemos ningún documento para el inicio? Dejemos sus fechas de lado. Inventemos uno.

Dicen que hay principio y fin para todo. Ahí empieza nuestro problema, ¿cierto? Si el fin de una historia casi siempre es evidente, nunca lo es el inicio. Nadie es suficientemente consciente ni sabio para imponer principio a una historia. Porque siempre una historia es parte de otra más amplia. En realidad, cualquier historia lleva al principio del todo: tomemos la primera frase del Génesis