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Cristóbal de Virués escribió tragedias violentas y fue muy popular con La gran Semíramis, La cruel Casandra y Atila furioso, estrenadas en Valencia entre 1580 y 1590. En ellas que empleó con frecuencia recursos del teatro clásico como el coro. Fragmento de la obra Jornada primera (Menón, Zopiro hombre, de hábito en Semíramis.) Menón: El fiero son del temeroso asalto, que enciende y hiela los humanos pechos, subía por el aire a lo más alto de los eternos estrellados techos, cuando, con amoroso sobresalto, en medio de la armas y pertrechos me dieron, mi dulcísima querida, nueva de vuestra súbita venida. Arremetía ya el abierto muro, puestos los ojos en la gloria y fama; pero sabiendo que llegastes, juro que me trajo volando a vos mi llama y, aunque el honor viniendo me aventura, verá quien me juzgare, si me infama, que importa más gozar de vos, mi cielo, que cuanta gloria puede darme el suelo.
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Seitenzahl: 80
Veröffentlichungsjahr: 2010
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Cristóbal de Virués
La gran Semíramis
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: La gran Semíramis.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Michel Mallard.
ISBN tapa dura: 978-84-1126-665-9.
ISBN rústica: 978-84-96428-53-9.
ISBN ebook: 978-84-9897-648-9.
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Créditos 4
Brevísima presentación 7
La vida 7
Personajes 8
Acto I 9
Jornada primera 11
Jornada segunda 35
Jornada tercera 63
Libros a la carta 93
Cristóbal de Virués (1550-1614). España.
Su padre, Alonso de Virués, fue un médico cercano al humanista Luis Vives. Y sus hermanos tuvieron formación literaria: Jerónima fue una experta latinista; mientras que Francisco fue poeta y doctor en teología; y Jerónimo, médico y poeta, perteneció a la Academia de los Nocturnos.
Cristóbal de Virués fue respetado por Miguel de Cervantes, quien elogió su heroísmo en el Canto del Turia y alabó en el Quijote su poema épico El Monserrate .
Virués combatió en la batalla de Lepanto y en Milán, y se retiró con el grado de capitán a Valencia en 1586.
Las Obras trágicas y líricas de Virués (Madrid, 1609) incluyen cinco tragedias que escritas entre 1570 y 1590: La gran Semíramis, La cruel Casandra, Atila furioso, La infelice Marcela y Elisa Dido.
Nino, rey de Asiria
Menón, su capitán general
Semíramis, mujer de Menón
Zameis Ninias, hijo de Nino y de Semíramis
Janto, consejero del rey
Creón, consejero del rey
Troilo, consejero del rey
Oristenes, consejero del rey
Zopiro, criado de Menón
Zelabo, soldado
Tigris, soldado
Teleucro, soldado
Gión, soldado
Diarco, portero
Pueblo
Prólogo
Tragedia
Como el sabio pintor en varias formas
con los colores y pinceles muestra
de fuertes y prudentes capitanes,
de poderosos príncipes y reyes,
las célebres vitorias y altos triunfos
dignos de eterna y memorable historia
para dechado de las almas nobles
que al punto excelso de virtud aspiran,
así el poeta con divino ingenio,
y con una invención cómica alegre
ya con un caso trágico admirable
nos hace ver en el teatro y escena
las miserias que traen nuestros pechos,
como el agua del mar los bravos vientos
y todo para ejemplo con que el alma
se despierte el sueño torpe y vano
en que la tienen los sentidos flacos,
y mire y siga la virtud divina;
con este fin, con este justo intento
hoy en su traje trágico se ofrece
la vida y muerte de la gran Semíramis,
tirana reina de la grande Asiria.
Y solamente, porque importa, advierto
que esta tragedia, con estilo nuevo
que ella introduce, viene en tres jornadas
que suceden en tiempos diferentes:
en el sitio de Batra la pirmera,
en Níneve famosa la segunda,
la tercera y final en Babilonia.
Formando en cada cual una tragedia
con que podrá toda la de hoy tenerse
por tres tragedias, no sin arte escritas.
Ni es menor novedad que la que dije
de ser primera en ser de tres jornadas,
y de esto al fin y lo demás se advierta
con su alto ingenio cada cual, y admita
lo que más la virtud en sí despierte,
que es el fin justo a que aspirar se debe.
(Menón, Zopiro hombre, de hábito en Semíramis.)
Menón El fiero son del temeroso asalto,
que enciende y hiela los humanos pechos,
subía por el aire a lo más alto
de los eternos estrellados techos,
cuando, con amoroso sobresalto,
en medio de la armas y pertrechos
me dieron, mi dulcísima querida,
nueva de vuestra súbita venida.
Arremetía ya el abierto muro,
puestos los ojos en la gloria y fama;
pero sabiendo que llegastes, juro
que me trajo volando a vos mi llama
y, aunque el honor viniendo me aventura,
verá quien me juzgare, si me infama,
que importa más gozar de vos, mi cielo,
que cuanta gloria puede darme el suelo.
Semíramis querida, ¿es cierto, es cierto
que llegastes a ver al que os adora;
al que es sin vos un cuerpo casi muerto
que eternamente gime, pena y llora?
Semíramis Amado esposo, alegre y dulce puerto
de mis deseos, si llegara ahorad
a ser universal reina del mundo,
al bien de veros fuera bien segundo.
Menón Era tal el dolor de verme ausente
de vos, que sois mi bien, mi gozo i gloria;
acrecentava tanto el fuego ardiente
de mis dulces deseos la memoria,
que tuviera sin duda la inclemente
muerte ya de mi vida la vitoria,
si no esperara verme en esos ojos,
que convierten en glorias mis enojos.
No los peligros de la guerra airada
ni sus trances crueles y furiosos,
no el ver la frágil vida aventurada
en los bravos rencuentros temerosos,
no el ver de la Fortuna la enojada
cara, con mil desdenes rigurosos,
mellaran de mi pecho los azeros,
sino solo dejar, mi bien, de veros.
Y no vitorias que la guerra ofrezca,
ni prósperos sucesos y grandezas;
ni ver que mi, apellido y nombre crezca
con hazañas notables y proezas;
ni ver que la Fortuna me enriquezca
con sus mayores bienes y riquezas,
darán contento a esta alma que os adora,
sino solo gozar de vos, señora.
Semíramis Según eso podéis estar contento,
Menón, querido esposo, pues os pago
con otro tal vuestro amoroso intento,
y con mi fe la vuestra satisfago;
y si es verdad que lo que digo siento
bien lo podéis juzgar por lo que hago,
en haber emprendido este viaje
con éste al mío diferente traje.
Pero dejemos cosas tan sabidas,
como son las conformes voluntades
que tienen abrazadas nuestras vidas
para firmes y eternas amistades,
decidme las cosas sucedidas
en la gran rebelión de estas ciudades,
y el punto de la guerra, y algún hecho
de vuestro valeroso brazo y pecho.
Menón De mí no hay que decir más de que atiendo
por segunda persona del gran Nino
a mi gobierno y cargo, prosiguiendo
de la alta gloria el áspero camino,
a los graves peligros ofreciendo,
con el favor de mi fatal destino,
esta vida, que solo por ser vuestra
la Fortuna le da la amiga diestra.
La guerra siempre ha sido y es tan brava,
tan cruel, tan sangrienta y rigurosa,
que al cielo parecía que admiraba,
y a la tierra tenía temerosa;
el Sol con tristes rayos lo mostraba
y con la faz sangrienta y tenebrosa,
y de la triste tierra mil temblores,
mostraban sus espantos y temores.
Pero ¿cuál cielo o tierra o elemento,
cuál animal, cuál piedra o cuál acero
dejará de mostrar gran sentimiento
habiendo visto aquel conflito fiero
en que murieron un millón y un cuento
de hombres de las dos partes, y el primero
el sabio Zoroastes, rey famoso
de este pueblo soberbio y belicoso?
Retiróse después de esta batalla
el príncipe Alejandro con la gente,
dentro de esta fortísima muralla
adonde se defiende osadamente;
ningún ardid, ninguna fuerza halla
aunque mil cada día Nino intente,
para poder entrar la fuerte tierra
en diez meses que dura el cerco y guerra.
Hoy con todo el ejército arremete
a la fuerte ciudad por cinco partes,
y son, sin el asalto de hoy, ya siete
sin mellar sus soberbios baluartes.
Semíramis ¿Y cómo por aquí no se acomete?
Menón En vano son las fuerzas y las artes
para sitio tan áspero y tan fuerte.
Semíramis Antes, señor, es flaco y llano. Advierte:
En estos altos riscos confiados
tienen, según lo veo, sin defensa
todas estas almenas los cercados,
seguros de tener por aquí ofensa,
y assí mientras que de esto descuidados
acuden todos a la furia inmensa
de la gente de Nino, fácilmente
subir por aquí puede alguna gente.
Menón No digáis más, señora, que ya al cabo
estoy de vuestro heroico pensamiento;
el consejo discreto y sabio alabo
y en obra le pondré luego al momento.
Zopiro, vuela y llámame a Zelabo
y di que, con presteza de ave o viento
y con sus valerosas camaradas,
hasta aquí siga en vuelo tus pisadas.
Zopiro Yo voy volando.
Menón Ve en un punto y vuelve.
I vos, dulce Semíramis, querida,
al corazón que en fuego se resuelve
y en él, cual Fénix, halla nueva vida,
mientras vuestro valor y ser revuelve
dadle en vuestra alma albergue y acogida,
para que entienda de ella las grandezas
y goze sus tesoros y riquezas.
De ese divino espíritu que anima,
esa belleza única en el mundo,
de ese divino aviso que es la prima,
y de ese rico ingenio sin segundo,
de ese valor que pone espanto y grima,
y de ese entendimiento tan profundo,
tan acertado aviso estaba cierto.
Semíramis Tengo vuestra alma en mí y por esso acierto.
(Salen Zopiro, Zelabo, Tigris, Gión, y Teleucro.)
Zelabo Capitán valeroso y señor mío,
¿qué se ofrece en que emplee mi persona
y las de de Tigris, Gión y Teleucro?
Menón Seas, Zelabo amigo, bien llegado.
Sabiendo tu valor, esfuerzo y honra
y la de tus valientes camaradas,
os envié a llamar, para que un caso
emprendáis, digno del heroico pecho
que cada cual en otros ha mostrado;
por esta parte veo sin defensa
al enemigo, por la confianza
que en estas peñas enriscadas tiene.
Pienso, sin duda, amigos míos fieles,
que, si arrimáis escalas, fácilmente
podéis veros los cuatro sobre el muro,
y en él subidos, en lo demás callo,
pues sé lo que sabéis en tales trances
y lo que pueden vuestras manos fuertes.
Zelabo Tigris, trae volando aquí una escala;
y tú, famoso general, advierte
que primero verás hechos pedazos
los cuerpos de estas fuertes camaradas
y el de Zelabo, tu mayor amigo,
que vernos retirar un pie si acaso;
