La guerra civil - Julio Cesar - E-Book

La guerra civil E-Book

Julio Cesar

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Beschreibung

Con un estilo sobrio, casi se podría decir marcial, Julio César escribe su Guerra Civil con las mismas intenciones que ya había mostrado al redactar la Guerra de las Galias: narrar sus éxitos militares con aparente objetividad, pero con la muy clara intención de ensalzar su figura y aducir las razones, en su opinión justificadas, que le llevaron a iniciar el conflicto. Esta crónica, precisa, elegante y bien estructurada, se centra en los primeros dos años de la campaña, desde su famoso paso por el Rubicón hasta su estancia en Alejandría y la muerte de Pompeyo.

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Veröffentlichungsjahr: 2016

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JULIO CÉSAR

LA GUERRA CIVIL

(SEGUIDA DE LA GUERRA DE ALEJANDRÍA, DE AULO MIRCIO, MÁS LA GUERRA DE ÁFRICA Y LA GUERRA DE ESPAÑA, DE AUTOR DESCONOCIDO)

INDICE

COMENTARIOS DE LA GUERRA CIVIL POR

CAYO JULIO CÉSAR

COMENTARIOS DE LA GUERRA CIVIL

4

LIBRO PRIMERO 4

LIBRO SEGUNDO 90

LIBRO TERCERO 140

OTROS

ESCRITOS

COMPLEMENTARIOS 256

COMENTARIOS DE LA GUERRA DE

ALEJANDRÍA por AULO HIRCIO…256

COMENTARIOS DE LA GUERRA DE

ÁFRICA – ANÓNIMO 336

COMENTARIOS DE LA GUERRA DE

ESPAÑA – ANÓNIMO 430

COMENTARIOS DE LA GUERRA CIVIL (1)

LIBRO PRIMERO

I. Después que Fabio entregó a los cónsules la carta de Cayo César, costó mucho recabar de éstos el que se leyese en el Senado, aun mediando para ello las mayores instancias de los tribunos del pueblo, pero nada bastó para reducirlos a que hicieran la propuesta al tenor de su contenido; y así sólo propusieron lo tocante a la República. Lucio Lentulo, uno de los cónsules, promete no desamparar al Senado y a la República, como quieran votar con resolución y entereza; pero si tiran a contemplar a César y con-graciarse con él, como lo han hecho hasta ahora, 1 Bien ruidosa fue esta guerra entre Pompeyo y César por los años de 703 de Roma. No hay historiador del Imperio Romano que no la refiera por extenso. Tito Livio, Plutarco, Dión, Apiano, Patérculo, Orosio y otros, escribieron larga-mente de ella. Nuestro Lucano la cantó en verso magnífico.

El mismo César nos dejó lo que quisieren algunos críticos.

Creen muchos que falta el principio de este primer libro y por eso se ve injerido en algunas ediciones un pequeño su-plemento que escribió Dionisio Vosio.

tomará por sí solo su partido, sin atender a la autoridad del Senado, que también él sabrá granjearse la gracia y amistad de César. Escipión se explica en los mismos términos, afirmando que Pompeyo está resuelto a no abandonar la República si encuentra apoyo en el Senado; pero que si éste se muestra irresoluto y blandea, después, aunque quiera, en balde implorará su ayuda.

II. Esta proposición, como se tenía el Senado en Roma, estando Pompeyo a sus puertas, parecía salir de la boca del mismo Pompeyo. Algún otro dio parecer más moderado; tal fue, primero el de Marco Marcelo, que se esforzó en persuadir que no se debía tratar en el Senado lo concerniente a la República antes que se hiciesen levas por toda Italia y estuviesen armados los ejércitos, con cuyo resguardo pudiese el Senado segura y libremente decretar lo que mejor le pareciese; tal el de Marco Calidio, que insistía en que Pompeyo fuese a sus provincias para quitar toda ocasión de rompimiento; que César se recelaba de que Pompeyo en haberle sonsacado las dos legiones no tuvo más mira que servirse de ellas contra su persona, y tener estas fuerzas a su disposición en Roma; tai en fin el de Marco Rufo, que con alguna diferencia de palabras convenía en la sustancia con Calidio. Se opuso violentamente a estos tres Lucio Lentulo, y se cerró en que no había de proponer el voto de Calidio. Así Marcelo, aterrado con los baldones, abandonó su parecer, y así violentados los más por la destemplanza del cónsul, terror del ejército presente, y amenazas de los amigos de Pompeyo, siguen mal de su grado la sentencia de Escipión:

«que dentro de cierto término deje César el ejército; donde no, se le declare por enemigo de la República». Opónense Marco Antonio y Quinto Casio, tribunos del pueblo, Pónese al punto en consejo la protesta; díctanse sentencias violentas. Quien acertó a explicarse con más desabrimiento y rigor, ése se lleva mayores aplausos de los enemigos de César.

III. Despedido por la tarde el Senado, llama Pompeyo a todos los senadores. Alaba el ardor de los unos, y los confirma para en adelante; vitupera la tibieza de otros, y los estimula. Muchos soldados veteranos de Pompeyo son convidados de todas partes con premios y ascensos, y muchos son llamados de las dos legiones entregadas por César. Lléna-se Roma de ellos. Cayo Curión exhorta a los tribunos del pueblo a mantener el derecho de las Cortes.

Todos los amigos de los cónsules, los deudos de Pompeyo y de los enemistados con César entran en el Senado. A sus voces y concurso los cobardes se amedrentan, afiánzanse los vacilantes, si bien la mayor parte queda privada de votar libremente.

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