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"La hormiga de fuego invicta" es considerada una de las especies invasoras más dañinas, y esta obra busca brindar el conocimiento básico para prevenir los estragos que causa. El primer capítulo es un estudio general de las hormigas y describe las características principales de la especie, así como la historia de su expansión. El segundo relata su impacto ambiental, económico y social, mientras que los siguientes capítulos explican diversas técnicas que han intentado erradicarlas. A continuación se abordan las interacciones de esta hormiga con otras especies animales, y, por último, el autor reflexiona sobre la presencia y el futuro de la hormiga de fuego invicta en México.
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Seitenzahl: 249
Veröffentlichungsjahr: 2017
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La Cienciapara Todos
En 1984 el Fondo de Cultura Económica concibió el proyecto editorial La Ciencia desde México con el propósito de divulgar el conocimiento científico en español a través de libros breves, con carácter introductorio y un lenguaje claro, accesible y ameno; el objetivo era despertar el interés en la ciencia en un público amplio y, en especial, entre los jóvenes.
Los primeros títulos aparecieron en 1986, y si en un principio la colección se conformó por obras que daban a conocer los trabajos de investigación de científicos radicados en México, diez años más tarde la convocatoria se amplió a todos los países hispanoamericanos y cambió su nombre por el de La Ciencia para Todos.
Con el desarrollo de la colección, el Fondo de Cultura Económica estableció dos certámenes: el concurso de lectoescritura “Leamos La Ciencia para Todos”, que busca promover la lectura de la colección y el surgimiento de vocaciones entre los estudiantes de educación media, y el Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo, cuyo propósito es incentivar la producción de textos de científicos, periodistas, divulgadores y escritores en general cuyos títulos puedan incorporarse al catálogo de la colección.
Hoy, La Ciencia para Todos y los dos concursos bienales se mantienen y aun buscan crecer, renovarse y actualizarse, con un objetivo aún más ambicioso: hacer de la ciencia parte fundamental de la cultura general de los pueblos hispanoamericanos.
Comité de selección de obras
Dr. Antonio Alonso Dr. Francisco Bolívar Zapata Dr. Javier Bracho Dr. Juan Luis Cifuentes Dra. Rosalinda Contreras Dra. Julieta Fierro Dr. Jorge Flores Valdés Dr. Juan Ramón de la Fuente Dr. Leopoldo García-Colín Scherer (†) Dr. Adolfo Guzmán Arenas Dr. Gonzalo Halffter Dr. Jaime Martuscelli Dra. Isaura Meza Dr. José Luis Morán López Dr. Héctor Nava Jaimes Dr. Manuel Peimbert Dr. José Antonio de la Peña Dr. Ruy Pérez Tamayo Dr. Julio Rubio Oca Dr. José Sarukhán Dr. Guillermo Soberón Dr. Elías Trabulse
La Ciencia para Todos / 245
Primera edición, 2017 Primera edición electrónica, 2017
La Ciencia para Todos es proyecto y propiedad del Fondo de Cultura Económica, al que pertenecen también sus derechos. Se publica con los auspicios de la Secretaría de Educación Pública y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Diseño de portada: Teresa Guzmán Romero Imagen: Dibujo hecho por Edward O. Wilson para el autor del libro.
D. R. © 2017, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México
Comentarios:[email protected] Tel. (55) 5227-4672
Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.
ISBN 978-607-16-5221-8 (ePub)
Hecho en México - Made in Mexico
Primero enamórate de los organismos por lo que son, luego trata de ver explicaciones generales y, con suerte, vendrán los descubrimientos.
EDWARD O. WILSON
Se dice que las hormigas son de los organismos más exitosos del mundo y han causado la admiración del hombre desde épocas remotas. Es curioso reflexionar sobre este asombro ya que el funcionamiento de un hormiguero es una labor comunal muy complicada que sucede por lo general bajo tierra, oculto para casi toda persona. Si te pones a observar a una hormiga, muy rápidamente podrás concluir que la que escogiste seguir con la vista es la más boba de todas; al parecer no sabe a dónde va, cambia de opinión, se regresa, vuelve hacia adelante, interrumpe a otras que sí parecen estar trabajando; una conducta que te hará dejarla en paz y enfocarte en otra que tal vez sí te muestre algún patrón interesante. A menos que la segunda traiga algo en sus mandíbulas, lo que indica que ha sido una cazadora o recolectora exitosa, otra hormiga deambulando casi de la misma manera te hará preguntarte si el atributo de que son muy organizadas y previsoras tiene algún fundamento, o si simplemente somos malos observadores. Sin la ayuda de un buen plan de observación, como es contar con una lupa, poder marcar a tu hormiga para distinguirla de las demás, tenerla en un sitio donde no se pueda esconder y que sea fácil seguirla, que te pre-vengas de que las otras no te vayan a picar, etc., llegar a las mismas conclusiones de que las hormigas son admirables te puede resultar difícil durante los primeros intentos.
Una opción temeraria para conocer sus secretos es excavar un hormiguero y tratar de distinguir qué hay adentro. Si tienes la fortuna de toparte con uno que esté abandonado o con alguno de una de las pocas especies que no tienen aguijones para defenderse, este trabajo te resultará muy interesante, aunque difícil y también peligroso. Para excavar tal como lo hacen algunas de estas especies necesitarías penetrar hasta seis metros de profundidad, tendrías que ser tan cuidadoso como un arqueólogo removiendo milímetro a milímetro la tierra para poder descubrir las intrincadas galerías. Un hormiguero consta de un gran número de cámaras donde se almacena comida, o don de se crían las larvas —gusanos que son algo así como hormigas niños, que más tarde serán las hormigas adultos que vemos en la superficie—, o donde se alimenta a una hormiga gigante (en términos relativos, obviamente) que hace las funciones de reina madre. La posible conclusión luego de observar el nido es que existen sitios de almacenamiento, lo que confirma que son previsoras, y otros donde están las larvas que son incapaces de llegar a donde está la comida almacenada por carecer de patas, lo que indica que son ordenadas. Pero ¿quién les da de comer a las que habitan el hormiguero? La reina tiene un abdomen tremendamente hinchado por los huevos que lleva dentro, lo que le impide moverse fácilmente; ¿cómo llegan los huevos que produce la reina a los compartimentos donde se crían las larvas? La respuesta puede ser aparentemente simple: hay hormigas que se encargan de las labores domésticas como la alimentación y la limpieza de las larvas y de la reina, además tiene que haber algunas que se dediquen a mover la tierra dentro del hormiguero o deshacerse de los desechos, algo similar a las labores que nosotros también hacemos en casa. Pero ¿cómo es que se sabe esto? ¿Por qué hay más hembras que machos entre las hormigas y, por ende, cómo se reproducen? ¿Será una sociedad animal compuesta por hembras casi exclusivamente, que puede funcionar con más orden que aquellas en las que la proporción de sexos es más equitativa? ¿Cómo sabían las personas hace cientos de años sobre algunos de estos aspectos?
Para adentrarnos en el fascinante mundo de la mirmecología, la disciplina de la ciencia que estudia a las hormigas, he usado una especie de particular importancia. En su lugar de origen, Sudamérica, la conocen como “hormiga brava” y es uno de los animales más estudiados hasta el momento. En la literatura científica se denomina “hormiga roja importada de fuego” (red imported fire ant, en inglés, por si quieres hacer tus propias indagaciones), que ha cobrado mucha importancia en los países donde ha invadido, entre los que recientemente está México. Su nombre científico es atinadísimo: Solenopsis invicta, porque debido a su fascinante biología este diminuto animal ha derrotado a cientos de científicos, agricultores y ganaderos, así como a millones de personas que viven en zonas urbanas que S. invicta ha invadido, en sus intentos desesperados por deshacerse de ellas. Entre los perjuicios que ha hecho se encuentran destruir cosechas, matar animales domésticos y silvestres, interferir con el sistema eléctrico en las calles y las casas, ha provocado la extinción de especies animales y diseminado a otros organismos que son plaga, el uso de insecticidas para su control ha rebasado cantidades exorbitantes, lo que destruyen les cuesta a los Estados Unidos 1 000 millones de dólares anuales, y hasta se le ha achacado la muerte de más de 80 personas en ese país. Y todo esto es el resultado de un puñado de hormigas que sobrevivió una travesía marítima hace 80 años.
Tuve varios objetivos cuando comencé a escribir este ensayo:
1. Quiero mostrarte lo maravilloso que es el diminuto mundo de los insectos, animarte a que seas tú quien logre la “paz” con esta aguerrida hormiga invasora y que, mientras esto sucede, te prepares con información para que decidas qué medidas quieres adoptar para que Solenopsis invicta no cause muchos estragos en tu vida cotidiana.
Se sabe bastante de las hormigas en general como para hacerlas objetos fascinantes de estudio: tienen guerras internas; invaden otros hormigueros de la misma o de distinta especie; secuestran a otras hormigas para convertirlas en sus esclavas; se dividen internamente en castas en las que unas pocas no trabajan y se dedican a la reproducción mientras que la mayoría se encargan de las demás labores; su reproducción sexual es casi única en el reino animal y, en algunas especies, mutilan parte de los órganos sexuales de sus hermanas para que no se puedan reproducir; se encuentran por doquier; viven la mayor parte del tiempo en la oscuridad y se las arreglan por medio de olores y del tacto para funcionar de maravilla —en algunas especies, a la comunicación por medio del olfato y del tacto se agregan los sonidos que las reinas producen—; saben contar; algunas toman docenas de siestas diarias y al parecer hasta sueñan; llevan más de 130 millones de años en la Tierra, y son uno de los organismos más exitosos; forman alianzas con otros animales y plantas para su beneficio, o terminan matándolos, según su conveniencia, en determinado momento; edifican hormigueros muy sofisticados o simplemente viven “en bola” sin necesidad de nido; les construyen “habitaciones” a otros animales a quienes explotan; sus agrupaciones van desde unas pocas docenas hasta un millón de hormigas, en nidos que pueden ser desde el tamaño de una canica hasta el de un edificio de dos pisos de profundidad; son oportunistas y cazadoras, construyen trampas, buscan, roban o producen su propia comida; son, a la vez, de los animales más veloces, o su movimiento puede llegar a ser de los más lentos del reino animal; caminan, vuelan o planean; nos han servido de ejemplo para entender y resolver problemas de tráfico en las ciudades; en algunas especies las hormigas viejas les enseñan a las jóvenes el territorio que van a utilizar; muerden, pican y arrojan veneno o pegamento para defenderse o atacar; tienen un sentido del olfato tan o más sofisticado que el de cualquier otro animal; son admiradas por su entrega al bienestar de la colonia, lo que las lleva a dar la vida en su defensa y mantenimiento; y sin embargo, todavía sabemos muy poco de ellas.
2. Si eres estudiante, tal vez puedas sacar algunas ideas de los capítulos que siguen para realizar estudios, porque este organismo en particular es el modelo casi perfecto para aprender sobre remplazo de especies, biología de las invasiones, evolución, mutualismo, control biológico y químico, economía, etcétera.
3. Para las personas que sólo quieren saber cómo deshacer-se de ellas, explico la imposibilidad de impedir que convivan con nosotros una vez que lleguen a nuestro territorio.
4. Tal vez mi objetivo más importante es que, con los conocimientos básicos que presento, decidas qué hacer cuando lleguen adonde vives, y que no te engañen prometiéndote soluciones mágicas para controlarlas, porque no las hay, o que quieran asustarte ante la presencia de cualquier hormiga describiéndote a Solenopsis invicta como una calamidad más grande de lo que en realidad es.
Sinceramente, espero que estas líneas te sean de utilidad.
Gracias a mi esposa, Susana Fredín, por las horas dedicadas a este escrito y por su comprensión por las que no le dediqué a nuestra vida por estar escribiendo.
Gracias a Gerardo Hernández por ser siempre tan honesto y buen amigo. Mi sincero agradecimiento a Blake Layton, Charles Allen, Claudia Kan, Donna McGee, Héctor Tarango, James Montoya, Jian Chen, Juan Tarango, Khan Vongpaseuth, Lara Boeck, Manuel Salas, Nemat Keyhani, Paulina Vega, Sanford Porter, Sergio Sánchez y Tim Nowack por apoyarme en varios aspectos de la mirmecología. A Laura Blanco, Alejandra Alvarado, Nico Rodríguez y Miguel Corona por dedicarle tiempo a esta lectura y por sus buenos consejos.
Algunos de mis amigos que me conocen desde hace varias décadas no se sorprendieron cuando, al regresar al lugar donde crecí después de diez años de ausencia, les comenté que había estudiado entomología. La palabra sí se les hizo rara, por lo que aún dicen que en realidad soy insectólogo o bichólogo; pero lo que no les extrañó fue que me dedicara a estudiar insectos. “Claro —uno de mis más viejos amigos me dijo—, siempre andabas atrapando bichos.” Para ser sincero no sé si siempre es una buena descripción, lo que recuerdo bien son los picotazos que nos ponían las hormigas coloradas cuando tratábamos de meterlas en frascos para poder observar cómo se peleaban en nuestras batallas fabricadas contra arañas o abejas. Hace medio siglo no pensaba que una persona pudiera tener un salario decente, ser un miembro productivo de la sociedad y poder seguir jugando con bichos gran parte del día sin que la miraran con sospecha. Ser entomólogo me ha permitido seguir jugando casi toda mi vida.
Claro, primero tuve que cumplir con los requisitos de la escuela un poco más de dos décadas, y luego me di cuenta de que sigo haciendo lo mismo que cuando era niño: admirarme o, por qué no confesarlo, divertirme a diario con los insectos. Comencé a estudiar entomología en la carrera universitaria y desde entonces he estudiado algunas docenas de insectos que son plagas agrícolas, pero ninguno de ellos tan fascinante como la hormiga.
Cuando era estudiante, los martes se abría al público la colección de artrópodos con el fin de resolver dudas del público sobre problemas con insectos. Durante el tiempo que trabajé ahí, ese día de la semana fue parte de una época de grandes sorpresas y satisfacciones, ya que, si no era un ama de casa que llegaba con la bolsa de la aspiradora donde se suponía que estaba el insecto que había atrapado en su casa con mucho temor, y que quería conocer de qué clase de bicho se trataba, era alguien que llevaba uno capturado en un frasco, o aquel que aplastó al bicho con el zapato, le puso una cinta adhesiva encima y de esta manera quería que yo lo identificara y le dijera con certeza de qué especie se trataba, si no era de peligro y, tal vez lo más importante, cómo acabar con él. Esto me sucedía con relativa frecuencia cuando trabajaba como aprendiz de taxónomo de insectos en la universidad. En una ocasión el tipo que tocó la puerta no necesitaba indicar su profesión, su vestimenta lo delataba como abogado. Bueno, al menos así los pintan en las series de televisión: traje de tres piezas y corbata de moño. Abrió su portafolio, sacó una cajita metálica, la abrió y la puso frente a mí.
—¿Podrías decirme qué clase de bichos son éstos?
“Otro de esos casos de pánico”, pensé. Saqué cuidadosamente unas pocas muestras de la cajita, ya que los insectos, cuando mueren y se secan, se vuelven verdaderamente frágiles, por eso la dificultad de sacarlos de la basura o verlos apachurrados o pegados y tratar de hacer una buena identificación. Éstos eran unos trozos que bajo el microscopio parecían ser insectos, seguramente alguna o varias especies de entre más de un millón de estos animales que han sido descritos propiamente alrededor del mundo. Nada semejaba a lo que estaba acostumbrado a ver en mis pocos meses como asistente de curador de insectos.
—Necesitaré algún tiempo para poder darte una respuesta, a simple vista no puedo decirte con ninguna certeza de qué especies se trata —le respondí.
—¿Podrías decírmelo en un par de días? Estoy dispuesto a pagarte por tus servicios —me dijo el abogado.
Era la primera vez que mi opinión como entomólogo se requería con tal insistencia y hasta ofrecían pagarme por ella. Con mi inexperiencia en el tema y los incentivos de complacer al cliente y ganarme un dinero extra, prometí tenerle los resultados en dos días. No tenía ni la más remota idea de que esos fragmentos en la cajita metálica los iba a recordar con cierta frecuencia hasta estos días.
Comencé a separar de las muestras lo que parecían fragmentos de insectos, lo demás parecía ser tierra o pedazos de materia orgánica carbonizada. Por ahí asomaba un pedazo de una pata, lo que me inclinaba a pensar en ciertos órdenes de insectos, ya que dependiendo de cómo están fragmentadas indica que pueden ser escarabajos o mariposas o pulgas, o cualquier otro tipo. Es como encontrar una pata de un vertebrado y, dependiendo del tamaño, el número y la disposición de ciertos huesos, tratar de distinguir a las aves de los mamíferos o de los reptiles. Lo que encontré bajo la mirilla del microscopio era todavía muy poca información como para poder dar una respuesta. La labor de determinar el tipo de insectos dentro de la cajita metálica cambió cuando pude encontrar un buen pedazo de una antena, lo que me hizo recordar lo que aprendí de mi profesor: “Algunas antenas de insectos crean un ángulo de casi 90 grados entre el segundo (escape) y el tercer (pedicelo) segmento, las antenas en forma de codo”.
¿HORMIGAS?
Mi buena suerte continuaba porque el museo de artrópodos donde trabajaba acababa de adquirir una copia de uno de los más fascinantes libros sobre insectos, Las hormigas,1 que contiene claves dicotómicas1 para determinar cientos de especies. El libro definitivamente ayudó, pero la determinación de la especie de esta o estas hormigas no sólo se basa en la forma de las antenas, sino en la cantidad y disposición de pelos en el cuerpo, la forma de los fragmentos de la cintura de la hormiga, su tamaño y hasta el color. Con los pocos pedazos con los que con taba apenas podía determinar que se trataba de hormigas, tal vez entre este y aquel tipo a nivel muy general, pero de ahí en adelante todo era especulativo. Es como si quisieras dar una respuesta muy precisa diciendo: “Pues es como un perro, pero igual puede ser un lobo o hasta un coyote”, lo que mejoraría mucho si pudieras afirmar que se trata de un perro y, aún mejor, de tal raza.
Al día siguiente me llegó un momento de inspiración cuando me pregunté por qué me había llevado las hormigas en esa cajita de metal que parecía ser parte de un equipo eléctrico, instruyéndome que la conservara muy bien ya que le era muy importante. Fui a consultar con el encargado del mantenimiento de los laboratorios de la universidad quien me dijo que se trataba de un interruptor de luces automotrices.
—Pero no creo que sirva ahora, parece que hubo un corto y está completamente quemado —terminó diciéndome el ingeniero.
Esto me sucedió a principios de la década de 1990. En aquel entonces no había internet, y obviamente todavía no existía el estupendo sitio AntWeb2 que, con la ayuda de imágenes sorprendentemente bellas, al menos para los que consideramos que los insectos son hermosos, hubiera hecho mi labor de taxónomo menos ardua. Si esto me hubiera sucedido en estos días, la determinación de especies de algunas hormigas habría podido llevarse a cabo a través de técnicas genéticas que utilizan fragmentos del ADN específicos para ciertas especies. Es una técnica cara y sofisticada, no disponible para cada especie de animal, ni para muchas de las aproximadamente 15 000 especies de hormigas del mundo, pero que estando disponible puede convertir a un laboratorista común en un atinado taxónomo en cuestión de unas pocas horas. Sin duda mi labor para determinar las especies fue un poco más elaborada, ya que además las muestras parecían haber sido calcinadas dentro del componente eléctrico.
Después de la plática con el ingeniero me dirigí al banco electrónico de datos en la biblioteca, muy parecido a lo que ahora se puede obtener al instante a través de Google Scholar en casi cualquier lugar, pero que en aquellos días constaba de una o dos terminales de computadora conectadas a un servicio de búsqueda y para tener acceso a usarlo tenías que hacer cita, lo que a veces significaba esperar días a que te tocara tu turno. Mi intención era buscar qué se había escrito sobre hormigas y electricidad, y apareció un reporte de un grupo de Brasil3 que describía que las hormigas del género Solenopsis dañaban cables eléctricos. “Avances —reflexioné—, ya conozco la familia (Formicidae) y ahora tal vez el género de estas hormigas.” ¿Sería esto suficiente para las necesidades del abogado?
Entre los cientos de artículos científicos disponibles en 1990 que reportaban hormigas del género Solenopsis abundaban los de la especie invicta, lo que me llamó mucho la atención. Las publicaciones hablaban de las pérdidas ocasionadas por la hormiga de fuego invicta, pero la ubicación de los problemas causados era en los estados del sureste de los Estados Unidos, bastante lejos del estado de Nuevo México, donde me habían llevado las muestras. Consulté esta situación con mi profesor y me confirmó lo que yo había leído en los artículos científicos: “Que yo sepa, todavía no ha llegado la Solenopsis invicta a Nuevo México, pero sólo es cuestión de tiempo”.
El abogado se presentó en la fecha pactada y mi reporte decía que, “debido a que las muestras estaban incompletas para hacer una determinación taxonómica certera, se trataba aparentemente de hormigas del género Solenopsis”. Aun así, eso era especulativo. Su cara de frustración cambió cuando, tratando de mostrarle que me había puesto a hacer un trabajo exhaustivo sobre el tema, le enseñé los artículos que había fotocopiado en la biblioteca que describían la invasión de este insecto en los Estados Unidos y los daños que causaba a los equipos eléctricos.
—¿Me puedo quedar con los reportes? —me pidió el legista.
Con un apretón de manos nos despedimos, ya que no hubo pago por mis servicios como entomólogo aprendiz. No por falta de profesionalismo de mi parte, sino que otra de las cosas que aprendí de mi profesor en esos días fue que, como empleado de la universidad, yo sólo podía aceptar como máxima retribución el que me pagaran una taza de café por mis servicios, o su equivalente: 25 centavos, lo que costaba la taza de café en la universidad. Tuve que alcanzar al abogado en el estacionamiento del edificio para preguntarle lo más obvio de todo esto y que se me había escapado:
—¿Por qué el interés de esas hormigas en el interruptor?
—Por lo que me acabas de decir, tal vez fueron estas hormigas las que causaron una falla en las luces de un remolque involucrado en un accidente en la carretera. La arrendadora que represento ha sido demandada por alquilar ese equipo en malas condiciones. El personal que instaló el remolque dice que las luces funcionaban bien cuando salió de las instalaciones de la empresa en Alabama, y quien se estrelló contra el remolque en Nuevo México declaró que no lo vio porque no tenía las luces prendidas.
Ya no supe en qué terminó el lío legal, pero lo que sí sé es que ese momento marcó el comienzo de mis encuentros tanto dolorosos como de admiración con la hormiga de fuego invicta. Creo que, de ahí en adelante, o me siguen estas hormigas, o soy yo quien las busca.
Solenopsis invicta es una hormiga de escasos siete milímetros de largo que ha desafiado a todo un ejército de científicos de todo el mundo en los últimos 80 años. Se ha intentado detenerla con toda clase de técnicas, así como con cantidades ridículamente altas de insecticidas que ahora se considerarían impensables de usar por su gran volumen y alta toxicidad. Se ha importado una gran variedad de insectos que sirven como control natural en su lugar de origen, con un costo económico bastante alto y con resultados desalentadores hasta el momento. Se han puesto barreras físicas y legales para evitar su diseminación y los resultados siguen siendo poco efectivos; cada vez son más abundantes y su territorio continúa creciendo, lo que ya incluye parte de México.
¿Qué hace que esta hormiga haya resultado “invicta” frente a toda esta clase de medidas de control? Pero tal vez más importante sea la pregunta de por qué te puede interesar la biología, la ecología y el impacto económico y ambiental de este diminuto insecto.
Esta hormiga se encuentra ya en todo el mundo —en México desde principios del siglo XXI4 — y, dependiendo de dónde vivas y a qué te dediques, puedo anticiparte que tarde o temprano, sus mordeduras y picaduras la harán memorable también para ti. Si te gusta salir al campo o al parque a pasear tendrás que tener cuidado, si tienes mascotas deberás de poner atención a dónde las lleves, dónde las mantengas y coloques su alimento, si trabajas en campos agrícolas de las zonas invadidas deberás poner aún más atención. Tal vez seas una de las pocas personas a las que los alcaloides del veneno de esta hormiga afectan tanto que termines hospitalizado. ¿Se meterán a tu computadora y la arruinarán como les ha sucedido a muchas personas? ¿Extinguirán o reducirán drásticamente a las poblaciones de otros animales en tu área? Con suerte y un poco de interés, podrás ser testigo de transformaciones en el ambiente que Solenopsis invicta va a producir. Tal vez tú seas el afortunado científico que logre un control satisfactorio de este insecto en el futuro.
Ya te habrás dado cuenta de que hay diferentes notas en el texto. Los conceptos técnicos a los que hago referencia están respaldados por artículos científicos o libros, por si te interesa verificarlos o hacer tus propios estudios, o saber más. Otros conceptos que tal vez necesiten mayor explicación los he marcado con una hormiga () a pie de página con el objetivo de que no distraigan mucho la lectura de la idea principal, o por que tal vez puedan resultarte un poco obvios o aburridos. He tratado de apegarme lo más posible a narrar lo que se sabe de la biología y ecología de esta hormiga en particular, pero en aquellos temas donde se requiere información que no existe en este momento sobre Solenopsis invicta en particular he incluido lo que se sabe de otras especies de hormigas.
Por mi formación profesional como agrónomo y biólogo me es difícil no mezclar ambos puntos de vista al describir los sucesos con esta hormiga. Mis amigos a los que les mostré el manuscrito de este libro dijeron que algunas partes eran más interesantes que otras, por lo que deduje que parte del texto es para biólogos y parte para agrónomos. Más adelante trataré de hacer esta distinción para que la lectura no sea tan aburrida para ti si es que no te identificas con ninguno de estos gremios.
Mis experiencias personales con la hormiga de fuego invicta y los aspectos de su impacto que la han hecho tan importante tal vez se tornen cada vez más técnicos y se necesite entender algunos conceptos de su biología para comprender el nivel de complejidad con el que nos hemos topado al tratar de controlarla. Lo más importante que trataré de describir es lo maravillosas que me resultan las diferencias que hay entre nosotros, los seres humanos (Homo sapiens), y las hormigas; sobre todo si se considera que somos los animales con mayor impacto en el planeta: las hormigas y el ser humano. Si no estás en este momento interesado en saber mucho sobre la biología de Solenopsis invicta o de las hormigas en general, ni sobre el origen de su llegada a Norteamérica, tal vez este pequeño resumen te ayude a tener una visión general para que los siguientes capítulos puedan tener sentido:
1. A Solenopsis invicta la llevaron accidentalmente al puerto de Mobile, Alabama, en los Estados Unidos, aproximadamente en 1930. Tardó unos 65 años en avanzar 1 200 kilómetros para llegar a la frontera con México. En 2005 se informó por primera vez de su existencia en Tamaulipas, en 2010 en Guanajuato y se especula que ya se ha extendido también a Michoacán y Jalisco (figura I.1).
FIGURAI.1. La hormiga de fuego invicta, Solenopsis invicta, en posición de alerta. Fotografía: Alexander Wild, alexanderwild.com/Ants.
2. Las hormigas son insectos con metamorfosis completa. Nacen como un huevo, se transforman en larvas de varios tamaños, pasan un breve periodo como pupas, para luego transformarse en adultos: las hormigas que creo que todos conocemos y que podemos observar por doquier.
3. Muy pocas hormigas se convierten en reinas (hembras) y zánganos (machos) ya que la mayoría se dedican al mantenimiento del nido. Las reinas pueden producir huevos fértiles (que serán hormigas hembras) y no fecundados (machos) con los que mantienen la densidad de la colonia por varios años.
4. Una colonia de hormigas se compone principalmente de hembras obreras clasificadas en menores, que son las más jóvenes y se dedican básicamente a alimentar a la reina, a las larvas y a mantener la estructura y función interna del hormiguero, y mayores, que son las que salen a buscar comida y defienden el nido.
5. El comienzo de un nido de Solenopsis invicta
