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Las prácticas cotidianas, a partir de las cuales experimentamos el mundo, con frecuencia tienen implicaciones mucho más profundas en nuestras vidas, y es a través de estas actividades, eventos y anécdotas, que la autora de esta obra muestra sus reflexiones en torno a una amplia gama de temas, creando nuevos paradigmas con base en las convenciones, de manera que lleva al lector a una revelación sobre los significados ocultos de lo mundano. Cuando la poeta expresa: "En un hospital uno encuentra a Dios en esas máquinas de café malo triste hirviente", este dios que se encuentra en lo banal es una potencia creativa que se desenvuelve en el plano de lo vivencial. La "luz artificial" es la metáfora que cobra mayor importancia a lo largo de este poemario; no obstante, esta figura traspasa múltiples dimensiones, entre las que se encuentran la nostalgia, la recuperación del pasado y la restauración de los recuerdos, mientras que se exploran de una manera directa los límites del lenguaje poético y la entrada al mundo de un lenguaje personal.
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Seitenzahl: 43
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Directorio
Héctor Antonio Astudillo Flores
Gobernador Constitucional del Estado de Guerrero
Alejandra Frausto Guerrero
Secretaria de Cultura del Gobierno Federal
Rodolfo Mauricio Leyva Castrejón
Secretario de Cultura del Estado de Guerrero
Esther Hernández Torres
Directora General de Vinculación Cultural del Gobierno Federal
Tonantzin Arcadia Romero Hernández
Coordinadora de Fomento a la Lectura de la Secretaría de Cultura de Guerrero
Éber Yaír Sánchez Montañez
Coordinador Administrativo de la Secretaría de Cultura de Guerrero
Edición realizada con el apoyo de la Secretaría de Cultura a través del Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura (AIEC) 2020.
Dirección editorial: Felipe Ponce • Elizabeth Alvarado
Obra ganadora del XX Premio Estatal de Cuento y Poesía María Luisa Ocampo 2018, en la categoría de poesía, convocado por el Gobierno del Estado de Guerrero a través de la Secretaría de Cultura, en coordinación con la Secretaría de Cultura Federal. Jurado: Fabio Morábito, Maricela Guerrero y Xhevdet Bajraj.
©Brenda Ríos
D.R. © 2021 ArlequínEditorial y Servicios, S.A. de C.V.
Teotihuacan 345, Ciudad del Sol,
45050, Zapopan, Jalisco.
Tel. (52) 33 3657 3786 y 33 3657 5045
www.arlequin.mx
ISBN 978-607-8627-23-3
Se editó para publicación digital en septiembre de 2021.
Hecho en México
Nado libre
¿Qué pasaría con nosotros los nadadores
si nos quitaran los carriles en la alberca?
nadaríamos cuerpo a cuerpo
tan juntos que
olvidaríamos que tenemos un cuerpo
ese cuerpo sería llevado hacia adelante
en una dirección invisible
marcada por alguien
adelante tope regreso adelante tope regreso
cuerpos como ranas
peces
tiburones
plantas bailadoras
ranas
simples ranas
haciendocroacen el azul traslúcido tela delgadísima
los ojos detrás degoggles
el cabello sumergido en gorros elásticos.
Nos movemos con la gracia parca
básica
con la fuerza que nos queda:
columnas de un edificio
que va hacia ninguna parte
pero continúa.
La luz artificial de las cosas
Posándose apenas
sombras de luz a escala
la mesa, la silla, el quicio de la puerta
eres niño de nuevo
es decir te quedas quieto porque descubres algo
que nadie más puede ver.
La conversación sigue
tú estás en otra parte
en esos bordes, instantes de luz
tu vida será eso
[ya lo sabías desde entonces
por eso tu suspensión
tu repentina mudez
tu sabiduría de agua helada
tu miedo como hambre
ya sabías
crecer es atravesar luces y oscuridades
horarios fijos
puestas de sol en verano
luz rosa roja púrpura en el otoño
luz oxidada de una zona de la ciudad
como si alguien nos viera a través de un filtro
como si alguien echara su aliento de humo
como si algo, a lo lejos, se incendiara,
y fuéramos, nosotros, testigos
mirones del espectáculo
eso sería crecer,
lo supiste en esas escuadras finitas de luz
en las partículas de algo que no alcanza a ser materia cayendo de la ventana
ese algo se suspende y no se posa sobre las cosas
flota sube cadena de ADN.
Miras ahí dentro buscando algo
que te diga que todo estará bien
el cabello de las personas contiene trozos de luz, brillan
condensan una belleza minúscula
invisible para todos
pero tú abres tan grande los ojos que la luz entra
y sales en otro lado
abres una puerta, cuatro ventanas,
una casa enorme de luz que es tiempo
que es deseo que es cuerpo
que es una persona transformándose en niño
—y al revés, claro está.
La luz
Cuando padre murió
aprendí a dejar las luces encendidas
de cada cuarto.
Dejé de cuidar el dinero
y lo tiraba por ahí en objetos innecesarios
son tan bellos
justo esos
los que no sirven de nada
una alfombra de piel de conejo cuesta una fortuna
juegos de sábanas estampadas
toallas finas
porcelana azul y blanco, detalles dorados
cubiertos de acero inoxidable con mangos de madera:
una delicia
un frutero de cristal sólido.
Cosas
muchas cosas
llené la casa de cosas que nunca habría aprobado padre
tan austero
cerrado en gesto mitad asombro mitadrictus
de niño no aprendió a sonreír
decir gracias
no lo tocaron mucho, sus padres
su mayor gesticulación del amor
era poner su mano en la cabeza
él creía que con eso decía todo
pero no.
La casa es, pues, la más iluminada de la cuadra
se ve a lo lejos
como un rostro encendido de rubor
un sol naciente
un túnel de conexión en el aeropuerto
una sala de hospital vamos
donde nada existe a oscuras
ni los cuerpos
ni los bisturís
ni esas madrecitas rezando en la sala de espera.
En un hospital uno encuentra a Dios
en esas máquinas de café malo triste hirviente
uno encuentra a Dios
en los dobles turnos de enfermeras alimentadas de carbohidratos y grasas.
Hay granjas de cerdos mejor nutridas que ellas
sus ojos
necesitan toda la luz posible
