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La mirada interior es una joya para el descubrimiento y expresión del ser que nos habita. El autor y maestro zen Denkō Mesa se adentra en el aprendizaje y en la importancia de la estabilidad del cuerpo, la fluidez de la respiración consciente y la apertura de una mirada comprensiva. Lo hace desde la ternura, la sabiduría y la profundidad de su experiencia. Este libro te ofrece una guía efectiva con la que desarrollarás tu práctica meditativa día a día y fortalecerás tu atención consciente.
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Seitenzahl: 189
Veröffentlichungsjahr: 2023
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LA MIRADA INTERIOR
Guía para el desarrollo de la atención consciente
Denkō Mesa
Siglantana
© Editorial Siglantana S. L., 2023
© Denkō Mesa, 2023
www.siglantana.com
Instagram: @siglantana_editorial
YouTube: www.youtube.com/siglantanalive
Ilustración de la cubierta: Michael Stiven González
Maquetación y preimpresión: José Ramón Viza Puiggrós
Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
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ISBN: 978-84-18556-55-5
En este viaje a lo sagrado,
varias son las vidas que venimos recorriendo juntos.
Te agradezco de todo corazón, Luvi,
tu amor, la generosa entrega y el sabio acompañamiento.
La mirada interior es un homenaje
al hermoso vínculo que compartimos.
Gracias por hacerlo posible.
ÍNDICE
Prólogo
(por Javier García Campayo)
1. ¿Qué es meditar?
2. Contemplar sin manipular
3. Condiciones favorables
4. Fundamentos de la práctica
5. La postura corporal. Hacia una ergonomía de la conciencia
6. Alerta justa sin distracción
7. Apertura en la mirada
8. Facultades en el desarrollo de la atención consciente
9. Niveles de absorción (dhyâna)
10. Estados superiores de la conciencia (samāpatti)
Epílogo
ANEXOS
Satipaṭṭhāna. Los orígenes del mindfulness
Sutra de la gran sabiduría
Karaniya metta sutta
Sandokai
PRÁCTICAS MEDITATIVAS
Orientaciones generales
Respirando, sintiendo, soltando
Tocando lo esencial
El sonido del mundo
Elevando la energía
La verdad que hay en mí
En los últimos veinte años, la práctica de mindfulness o atención plena se ha ido extendiendo, progresivamente, por todo el mundo, convirtiéndose en una actividad muy popular que ha entrado a formar parte de la cultura de la sociedad moderna. Su eficacia en múltiples entornos como el sanitario, el educativo o el mundo del trabajo, ha sido demostrada científicamente y esta ha sido una de las principales razones de su gran expansión. Sin embargo, también han surgido voces críticas por su excesivo uso instrumental, es decir, por utilizar la meditación, exclusivamente, para alcanzar un objetivo material concreto, apartándose de su función original.
Mindfulness surge en occidente como una adaptación para el ser humano actual de las tradiciones contemplativas orientales. Pretendía dar respuesta a la gran contradicción del desarrollismo moderno: en un mundo con el mayor progreso tecnológico de la historia, los seres humanos se sienten mucho más desgraciados que nuestros antepasados. ¿Qué ha fallado? ¿Dónde está el problema? Simplemente en que el avance material no ha ido acompañado de un desarrollo psicológico o, aún mejor, espiritual. Al aumentar la cantidad y calidad de los objetos que generan deseo, el resultado es que el apego, la frustración y la no aceptación, dominan nuestras vidas. Se ha conseguido mitigar parcialmente este sufrimiento, pero el monstruo devorador que es la sociedad de consumo, ha convertido a mindfulness (su supuesta medicina) en un objeto de consumo más, reiniciándose el ciclo interminable del apego, que es la esencia del llamado mundo moderno.
En estos tiempos, cuarenta años después del surgimiento de mindfulness en occidente y su posterior expansión, vuelve otra vez a las tradiciones contemplativas. Una vez que esta práctica se ha popularizado, casi excesivamente, en la sociedad actual, muchos instructores de la atención plena con años de experiencia, dirigen su mirada al budismo. Se intenta profundizar y estabilizar la práctica, pero, sobre todo, reconectar con sus raíces, con el hecho de que la meditación tiene como único objetivo la liberación de todo sufrimiento.
Igual que Odiseo abandonó Ítaca, mindfulness se desgajó del budismo hace décadas, pero el retorno, como en La Odisea, no es sencillo. El budismo del que surgió mindfulness era una tradición anclada en el medievo, patriarcal, centrada en el monacato y no en los laicos, y con un gran envoltorio cultural asiático. Mientras mindfulness ha triunfado, el budismo se encuentra sumido en un profundo cambio porque está intentando adaptarse a occidente. Los nuevos maestros occidentales han entendido este curso de la historia y están afanándose en el proceso de mantener la esencia, pero adaptando la forma. Este es un fascinante proceso que durará varias generaciones. Y, por eso, mindfulness está confuso, ya que su Ítaca, a diferencia de la de Odiseo, se encuentra en continuo movimiento.
En este contexto de cambio permanente, lo que junto al apego también constituye la esencia del mundo, surge este libro escrito por uno de estos maestros de la tradición, comprometido a su vez con mindfulness y con el proceso de tender puentes. La mirada interior describe cómo desarrollar la atención consciente. De una forma progresiva se nos conduce por diferentes temas que estructuran este viaje. El proceso se inicia profundizando en la meditación, desmontando mitos y prejuicios sobre esta actividad. Y, sobre todo, enfatizando que el objetivo de la meditación no debe ser un objetivo material, interesado, redescubriendo el placer de meditar por conocer el funcionamiento de la mente, por experimentar el gozo y la estabilidad que proporciona una mirada atenta. En otro capítulo se nos insta a no manipular, a no forzar, a no buscar beneficios ni objetivos con la meditación y a extenderla a cualquier actividad. Posteriormente, se revisan las condiciones que facilitan este estado de atención, para intentar desarrollarlas. Y se entra en el fundamento de la práctica que, a menudo se da por sobreentendido, pero que con frecuencia no se realiza de forma adecuada. Nos deslizamos posteriormente a la postura de meditación, conociendo su importancia y sus características y se nos describen algunas cualidades que debe de poseer nuestra meditación.
La parte más compleja y profunda del libro son los dos últimos capítulos en la que se nos habla de los niveles de absorción y de los estados superiores de conciencia. Estos son temas que pocas personas conocen y de las que pocas osan hablar. En el libro se nos hace una introducción a la experiencia sublime que suponen estos estados, a cuáles son sus características y a qué diferencias existen entre ellos. Constituye un mapa difícil de visitar por la constancia que requiere, pero interesante de conocer como estímulo para nuestra práctica. Todo el libro está repleto de continuas anécdotas y parábolas, fruto y muestra del amplio conocimiento espiritual y filosófico del autor, en los que mezcla hábilmente la sabiduría contemplativa de occidente con la filosofía occidental.
El autor es el maestro zen Denkô Mesa, uno de los pocos maestros de habla hispana de esta profunda tradición. Junto a su dedicación espiritual como presidente y director espiritual de la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma, es profesor de Lengua castellana y literatura en la isla de Tenerife. Ha escrito dos libros de poesía: En los espacios del silencio y Presencia invisible que muestran su fina sensibilidad, mirada profunda y amplio conocimiento del idioma. En estos años, también ha escrito varios libros sobre meditación: Zen: entrega y confianza (2010), El viejo arte de darse cuenta (2013), Zen: aroma eterno (2016) y Quietud (2019). En todos ellos relata su experiencia como meditador y también como instructor y maestro, contestando dudas que genera la práctica y reflexionando sobre el sentido de la meditación.
Sin duda, este es el libro más profundo de todos ellos, resultando a la vez muy práctico. Sencillo de leer, ameno, conectado con múltiples viñetas generadas en la práctica meditativa y con sabios consejos que nos permitirán profundizar en nuestra meditación, a la vez que entendemos y conectamos con su auténtico significado.
Javier García Campayo
Director del Master de Mindfulness
Universidad de Zaragoza
«Solo hay dos errores que se cometen en el camino
a la verdad: no empezar y no llegar hasta el final.»
Buddha
Meditar es atender a lo real. Meditar es la expresión natural de quien tú verdaderamente eres. No es una técnica para alcanzar algo. Hemos confundido la meditación con un ejercicio, una herramienta, un aeróbico espiritual, una vestimenta, un horario, una costumbre, una disciplina de la nueva era. Por otra parte, la meditación no es un sistema terapéutico en el sentido habitual del término. Tampoco es una gimnasia física ni mental. La principal función de la práctica meditativa es la de clarificar la naturaleza de nuestro ser, es decir, ayudarnos a despertar a lo que en esencia somos.
La meditación no es una postura, ni un traje, ni un hábito, es una experiencia universal que permite conectar con el interior, centrarte, hallar el eje y expresarte libremente desde él. Lo opuesto al arte de la atención consciente es el olvido de sí. Meditar es contemplar a la luz de la conciencia, lo que estás experimentando mientras lo estás experimentando. Esta capacidad, innata y universal, está al alcance de todos y cada uno de nosotros. Por todo ello, compartimos un mismo anhelo, o sea, adentrarnos en el lenguaje del corazón y reconocernos juntos en un mismo siendo.
Cuando planteo estos razonamientos al inicio mismo del libro, pretendo sentar las bases de la meditación, descubrir cuáles son, atender dónde se originan y observar de qué forma se vehiculan las prácticas atencionales en las tradiciones espirituales. Partimos de un hecho relevante: necesitamos entender lo que experimentamos y comprender lo que ocurre durante ese proceso que llamamos meditar. Es más, precisamos una guía que nos lleve por el sendero adecuado hacia el despertar de la conciencia. Escribo este libro con la intención de mostrar un mapa del recorrido que cada cual debe vivenciar por sí mismo.
Es importante reconocer que meditar es una experiencia abierta, empática y universal, esto es, no puede ser atesorada por nadie y, sin embargo, puede ser realizada por cualquier persona. Está al alcance de todos, pues no se adscribe a clases, distinciones, jerarquías, rangos o principios de autoridad. Meditar no es una ideología ni pertenece a una institución religiosa. Meditar es una experiencia de recogimiento íntimo, una apuesta por la reeducación integral en la persona. Meditar le permite a cada cual poner en orden los diferentes niveles de su ser. Cuerpo, emoción, mente y espíritu se armonizan de forma natural cuando el meditador se entrega al ejercicio de la atención consciente. Por tanto, la meditación facilita en la persona el desarrollo de su capacidad para darse cuenta, observar cómo se expresan sus palabras, actos y pensamientos, descubrir cómo y desde dónde nacen, hacia dónde se dirigen y a quiénes llegan.
Meditar nos muestra el lenguaje del cuerpo y la sabiduría que se halla en él. Meditar desvela cómo se producen y desarrollan los movimientos de la mente. Así pues, meditar es intensificar la capacidad que tenemos de ver las cosas claramente. Para que esto surja, incido a lo largo del libro en la importancia que tienen la quietud, el silencio y el trabajo indagatorio en el desarrollo del autoconocimiento.
Cabe afirmar que meditar es un ejercicio de contemplación no manipuladora de la experiencia. Todas las tradiciones espirituales lo expresan en sus escritos, cantos, enseñanzas y legados. Meditar es el arte de la conciencia despierta que invita a descubrir la verdad de lo que somos. Lo indicaba anteriormente, necesitamos clarificar la naturaleza de todos los fenómenos. Este es el objetivo de nuestra práctica. Para conseguirlo, comencemos por desidentificarnos de esa imagen mental que hemos creado de nosotros mismos, puesto que no somos lo que nos creemos ser. He aquí una pequeña historia que encierra una gran enseñanza:
A un discípulo que se lamentaba de sus limitaciones, le dijo el maestro:
– Naturalmente que eres limitado, pero, ¿no has caído en la cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace quince años te habrían sido imposibles? ¿Qué es lo que ha cambiado?
– Han cambiado mis talentos - respondió el monje.
– No, has cambiado tú - dijo el maestro.
– ¿Y no es lo mismo? - dijo el discípulo.
– No, tú eres lo que tú piensas que eres, así que cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú.
Cuando una persona se acerca a la práctica meditativa, al principio no sabe muy bien cómo estabilizar su cuerpo en la postura, cómo dejar de pelearse con él y quererse; el individuo no sabe cómo mimarlo o cuidarlo, así como quien acuna a un bebé en su regazo. Este es uno de los primeros escollos que los meditadores debemos sortear. Poco a poco, el trabajo del artesano comienza a ver sus frutos cuando aprende a fluir de manera armoniosa y tranquila con la respiración. Este es el cincel con el que se trabaja en la introspección serena. Unido todo ello a la paciencia, y al deseo natural de descubrir lo que antes se mostraba de manera oscura y poco clara, con la práctica meditativa se va presentando la verdadera comprensión con enorme nitidez. Esto no es teoría, es pura experiencia. Se ha dicho, y repetirá una y otra vez, que la meditación es una experiencia personal e intransferible. Hay muchos cuentos o historias sobre esta verdad:
El maestro zen Hyakujo1 convocó a sus monjes, pues quería enviar a uno de ellos a abrir su nuevo monasterio. Poniendo una jarra llena de agua en el suelo, preguntó:
– ¿Quién puede decir qué es esto sin llamarlo por su nombre?
El monje que esperaba ser el designado, respondió:
– No puede decirse que sea un zueco (zapato típico japonés)
– No es un estanque, pues puede ser transportado – dijo otro monje.
El monje cocinero, que estaba cerca, se acercó, hizo caer la jarra de un golpe y se marchó. Hyakujo sonrió y declaró:
– El monje cocinero será el maestro del nuevo monasterio.
¡Qué simplicidad la que emerge de un corazón atento! Este breve cuento nos insta a la confianza en el proceso meditativo. Meditación tras meditación, gracias a un asesoramiento adecuado y el apoyo de contar con un grupo estable para practicar, la realización de nuestra verdadera naturaleza se revelará de forma natural. ¿En qué momento ocurrirá esto?, se preguntará más de uno. Acontece cuando dejas de querer incorporar mentalmente la práctica de la atención en tu vida. Es justo al revés. Cuando te adentras en el arte de la atención, y haces de la práctica un hecho no negociable, esta impregnará cada uno de esos momentos que tú llamas vida con la luz de la presencia. Entenderlo al revés es una visión pobre y distorsionada.
Llegados a este punto, te comparto que los resultados de la práctica de la meditación vienen con la propia práctica y el sostenimiento natural de la atención, no vienen cuando tu mente diga o lo pretenda. Los ignorantes son manipuladores de la experiencia. Los meditadores se hacen íntimos con ella:2
«Quien conoce a los demás posee inteligencia;
quien se conoce a sí mismo posee clarividencia.
Quien vence a los demás posee fuerza;
quien se vence a sí mismo es fuerte.»
(Lao-Tse)
¿Cómo se empieza a desarrollar la atención en la meditación? Primero, tomando conciencia de que la vida nos duele. En segundo lugar, preguntándonos con honestidad cuál es la causa de este desasosiego y, al no encontrar una respuesta clara, dar el paso de investigar y descubrir cuál es la raíz de mi malestar. Digo mi porque es a cada uno al que le duele o le hace infeliz su relación con lo que está sucediendo. De esta forma, la persona se da cuenta de que, al estar desarrollando la práctica de la atención, va clarificando el sentido de la existencia y se ve embebido o bendecido por lo que llamo el estado de presencia.
Cuando una persona no se ejercita en la atención, vive, piensa y se mueve a través del oscuro estado de la ausencia. Es como si decidiéramos tontamente vivir enajenados en lugar de vivir en la dicha de vivir despiertos. ¿Tú qué estás eligiendo? ¿Con quiénes compartes la existencia corporal, emocional, mental y espiritual? ¿Cómo estás gestionando el tiempo, los recursos materiales? ¿En qué inviertes, dónde y cuándo derrochas?
Todo lo que sucede depende directamente de tu percepción, esto es, con la manera que tienes de interpretar y relacionarte con los acontecimientos siempre cambiantes. En este sentido, insisto en que los meditadores no cambian la experiencia, se hacen más conscientes de ella porque le prestan la adecuada atención. ¿Y cómo se consigue este tono, este ajuste en la mirada? Comencemos.
La concentración y la observación son dos palabras clave en el lenguaje del meditador, dos conceptos que trabajamos en el aprendizaje de la atención. Todos tenemos la capacidad de focalizar la mirada y abrirnos a la experiencia. Para conseguirlo, las distintas escuelas y tradiciones espirituales ofrecen variados soportes en el trabajo meditativo. Así pues, cobran total protagonismo el mantenimiento de una postura corporal correcta, el contacto con una respiración natural y fluida, además de mantener una actitud mental y emocional equilibrada mientras contemplamos lo que surge, se desarrolla y desaparece ante nosotros.
No tomar partido ni por ni contra sobre aquello que se presenta ante la conciencia, es una de las claves para que emerja el discernimiento. Hablamos de una profunda sabiduría y un conocimiento verdadero, que nada tienen que ver con los viejos patrones o programas a través de los cuales nos solemos mover. Así pues, la quietud, la confianza y la apertura hacia el descubrimiento ofrecen al meditador una mirada más amplia. Por todo ello, nuestro objetivo como practicantes no es otro que intensificar la capacidad que tenemos de ver las cosas claras.
Mientras que los científicos han intentado comprender la mente mediante métodos objetivos o investigación en tercera persona, los contemplativos han explorado la mente subjetivamente o en primera persona. El cultivo de la atención es, ha sido y será un elemento central de todas las prácticas meditativas. En la tradición budista lo encontramos en el Satipaṭṭhāna sutta3 (Enseñanzas sobre los Fundamentos de la Atención), un texto importantísimo que recoge las orientaciones de Shakyamuni sobre el cultivo de la atención. Debe ser una referencia de estudio y práctica para todo meditador. En él se dice que nuestra atención debe estar enfocada en cuatro aspectos:
Actividad corporal (con especial hincapié en la postura correcta y la respiración)
Actividad sensorial
Actividad emocional
Actividad mental (perceptivo-conceptual)
En otras palabras:
La respuesta motora
La captación de estímulos sensoriales
La transmisión de estos estímulos hasta el cerebro
El procesamiento de esa información (tanto el desarrollo como la imagen resultante)
Teniendo en cuenta lo anterior, entiendo que la meditación es sobre todo una experiencia de expansión de la conciencia que permite una captación sensorial más amplia, una transmisión de las señales más fluida, un procesamiento de la información más completo y, por lo tanto, una reacción más adaptada a la realidad. Se conoce que la meditación supone una práctica progresiva, esto es, se va avanzando desde los niveles inferiores hasta llegar al establecimiento de los estados superiores de la conciencia (los abordo en los capítulos finales del libro). Por esta razón, me he propuesto hacer de este libro una guía para todos los practicantes.
La conciencia ampliada, propia de la meditación, no es ya identificable a la actividad del yo consciente (lóbulo frontal), sino que incluye también actividad inconsciente (cerebro profundo), trascendiendo esta división categórica y generando un tipo de actividad nerviosa holística e integradora. San Juan de la Cruz expresó dicho estado en sus famosos versos:
«Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.»4
Todos tenemos la facultad de desarrollar el potencial de nuestra mente, pero usamos la atención de distintas maneras. La actitud de partida debe ser la de no identificarnos con los contenidos de esta. De hecho, toda la enseñanza de los primeros maestros de la China antigua se reducía a conjugar el soltar y el mantenerse firmes. Te preguntarás, ¿qué hay que soltar? La dificultad. El dolor convertido en sufrimiento innecesario es una errónea percepción de la realidad. ¿Qué hay que mantener? Una postura estable con buen tono físico y conservando la apertura y la receptividad interna a la vez. Debemos aprender a relajarnos en la postura de meditación que es un reflejo de la postura ante la vida.
Solo contamos con nosotros mismos para adentrarnos en la espesa selva de la mente y esta es una excursión existencial que requiere la totalidad de nosotros mismos. Si quieres, puedes hacerlo, pero eres tú quien debe dar el paso; se requiere arrojo y dejar a un lado las justificaciones. Verás que en el momento en que la práctica meditativa se vuelve el centro de la existencia, todo se contempla a través de los ojos de la paz, el gozo y la común unidad. La meditación es una práctica de vida. La práctica aporta comprensión. La comprensión es práctica vivenciada en el ahora. Instante presente, instante maravilloso … y ya pasó.
«Una tarde un discípulo y su maestro paseaban por los márgenes del arroyo cercano al monasterio. El alumno comenzó a interrogar a su mentor:
– Maestro, ¿dónde debo buscar la iluminación?
– Aquí.
– ¿Y cuándo tendrá lugar?
– Está teniendo lugar ahora mismo.
– Entonces, ¿por qué no la siento?
– Porque no miras.
– ¿Y en qué debo fijarme?
– En nada. Simplemente mira.
– Mirar ... ¿qué debo mirar?
– Cualquier cosa en la que se posen tus ojos.
– ¿Y debo mirar de alguna manera especial?
– No. Bastará con que mires normalmente.
– Pero ¿es que no miro siempre normalmente?
– No.
– ¿Por qué demonios…?
– Porque para mirar tienes que estar aquí y, por regla general, no lo estás.»
La pregunta que te hago es, ¿hasta cuándo permanecerás dormido? El tiempo pasa rápido como una flecha. A ti que estás aquí y ahora presente, abre bien los ojos, medita y no te duermas. ¡Vive presente en el presente!
La palabra contemplar es de vital importancia en el camino de la meditación. Se entiende por observar muy de cerca y de manera repetida, haciéndolo con el tono justo y sin cansancio. Supone mirar conscientemente y conocer en intimidad las características de cada fenómeno en su triple movimiento de inicio, desarrollo y finalización. En este proceso de plena atención, lo fundamental es ponderar la situación con calma, sin reaccionar de inmediato a la vivencia que aparece. Esto nos permite discernir, o sea, valorar cuál es la mejor opción y posteriormente llevar a cabo una acción apropiada. A continuación, comparto una vieja historia que rememora los hermosos momentos vividos por Siddhartha con su incipiente comunidad:
