La niña de la colina - Felipe Sérvulo - E-Book

La niña de la colina E-Book

Felipe Sérvulo

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Beschreibung

En esa Tara ensoñada, el poeta argumenta las razones que necesita para escribir los versos que reconozcan en la tarde tanta ausencia. No importa el desamor ni la tristeza, la Niña de la colina o Scarlett O'Hara, siempre buscarán recuperar el amor perdido o los ecos lejanos que rediman la nostalgia. ¿Quién no espera unas palabras que nos alejen del silencio? En cada domingo domado por la vida, sigue flotando la esperanza que arrope las pérdidas, las carencias, la búsqueda de un pasado que no queremos perder. Poesía de Felipe Sérvulo llena de trazos pictóricos, nostalgia, tristeza, luz. Deseos de renacer persiguiendo un orden que nos acerque a ese principio en el que se cobijan los poetas, en espera de un mañana pleno, gratificante, en el que poder escribir los versos que rindan al olvido.

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Veröffentlichungsjahr: 2019

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Felipe Sérvulo

LA NIÑA DE LA COLINA

ISBN: 978-84-945240-9-7
Este libro se ha creado con StreetLib Write (http://write.streetlib.com).

Primera edición papel: febrero, 2012

Segunda edición papel: febrero, 2013

Tercera edición papel: marzo, 2017

Primera edición ebook: marzo, 2017

© Felipe Sérvulo, 2012

© de esta edición: In-Verso

Aragó, 336 bajos 08009 Barcelona

Tel. 932073438

www.inversopoesia.com

[email protected]

Diseño y maquetación: In-Verso

ISBN papel: 978-84-940408-4-9

ISBN ebook: 978-84-945240-9-7

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO [Centro Español de Derechos Reprográficos (www.conlicencia.com)] si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

EN RESPUESTA A FELIPE SÉRVULO

¿Que todo prólogo es un elogio? ¡Faltaría más! Y a elogiar comienzo un nuevo poemario de Felipe Sérvulo, este La niña de la colina. ¿Título atrevido? Pero adecuado al propósito del autor, y que, sin estridencias, irá vertebrando los que constituyen la obra. ¿Y qué suerte de poemas? Elegíacos, sin duda alguna. Rotundos en su plasticidad formal, incluso en su comedida extensión. Felipe Sérvulo está asistido por el deseo de la plasticidad verbal y versal en la que busca y encuentra un decir necesario, de necesario lirismo ajeno a oropeles superfluos. Este poemario carece, y qué bien, de toda suerte de retórica abstrusa, de presuntuosidad de enigma. Cuanto se dice queda muy claro, y se capta en primera y grata lectura, lo que no niega el misterio que, mucho más allá del superficial enigma, sustenta todo el poema. Sí, poemas elegíacos, de amor, de nostalgia, pero no de languidez, sino de afán de plenitud en el mismo dolor y quién sabe si en una esperanza. Todo esto, y aun más, el lector lo gozará con el placer paradójico que la poesía puede deparar –y aquí también depara– por dramático que sea lo contado. Mejor dicho, lo vivido en la palabra intensa de un poeta que como Felipe Sérvulo canta en el clásico sentido de “cantar”, que exige toda la precisión de melodía y ritmo que en este libro se plasman con una voluntad de estilo que tantos poetas hodiernos parecen detestar. Felipe Sérvulo siente y canta su poema como obra de arte verbal que le resulta inevitable lo mismo que su respiración. Y sigo con mi elogio.

A menudo en los prólogos a un poemario, igual que sucede con la crítica literaria, todo se fundamenta en la palabra –¿de honor?– del prologuista, del crítico. Nos dicen que un texto es bueno, y a creerlos bajo tal palabra que se nos obliga a aceptar. Pero, ¿dónde está la prueba que la avale? Sólo hay un modo de prueba: que el prologuista o el crítico ratifiquen sus elogios mediante la aportación de versos del texto poético. Se hace, pero poco, muy poco. Y demasiadas veces el lector se percata de que el prologuista o el comentarista en realidad disfrutan de escaso honor… Yo, ahora, en mi elogio voy a ser arriesgado. Sustentaré mi palabra de honor no precisamente en mi posible saber y sensibilidad poética, sino en los de Felipe Sérvulo manifestados en La niña de la colina. Destaco, pues, pasajes esenciales, poéticamente esenciales, del libro en los que arriesgo mi juicio laudatorio. Y más aún, que dan noticias –feliz noticia– de lo que el poemario es, y de qué pretendo colaborar a la lectura del libro, y más todavía a su relectura, el lector y yo unidos en hacerla.

En este libro late, y cómo, el digamos argumento de un amor que fue y que sigue siendo en nostalgia y presencia. Y, con la venia máxima del poeta, señalo el que a mi parecer es camino y realidad del poemario. Hitos no al azar, sino según el goce de los poemas sucesivos. Yuxtaposición de los fragmentos que quisiera leer en una crítica, así de sencillo y así de arriesgado. Felipe Sérvulo nos irá diciendo, nostálgico; pido el ingreso / en el presidio de tus brazos. Y seguirá, porque la soledad / es una fiebre en nuestra piel. ¿Perdido en su nostalgia? Pero De repente tu voz, / como rosa de los vientos, / me sitúa en el horizonte. Y una conclusión: Que el tiempo es invidente / y la exigua luz, una pausa / en el camino. Con todo Al despertar esta mañana / perdí las vocales de tu nombre. Ante tal pérdida, la necesidad de iluminar el libro / de los tiempos, / para que nunca la soledad / nos coja por las espaldas. Fragmentos de la primera parte del poemario cuyo epifonema puede ser este verso: y tú, origen de mi voz.

En la segunda parte, cómo desligar tiempo y elegía. Por lo que cuando al mirarnos al espejo / veamos a dos anónimos, / tal vez el tiempo nos pida cuentas / de los días no usados. Y evocación y presente: ocurrió que el recuerdo / se hizo nostalgia / y tú te hiciste palabra. / Pero si conoces mi nombre, eres tal la noche. Todavía insistencia en el nombre, que identifica en el ayer y en el hoy: recuerdo tu nombre / (…) / que nos transciende / y apenas ya nos pertenece. ¿Y el poeta se ha ausentado? ¿De sí mismo, de su amor, también de la esperanza? Puede que no, a juzgar por Volveré cuando llames. Sin embargo, un condicional: Si amanece.

Ya sé, ya sé que la mía ha sido una lectura sesgada, puede que muy parcial. Hoy por hoy, es la mía, y me reservo, esto sí, el derecho de cambiar el orden y el sentido de las teselas de este mosaico entresacado del libro de Felipe Sérvulo. Sin duda, el poemario abarca mucho más de lo que aduzco, pero me arriesgo en insistir en que lo aducido posee calidad poética evidente. Y, desde luego, espero y deseo que esta no haya sido un autoelogio de elogiador, como a menudo sucede en prólogos y críticas. Que sean sólo palabras en respuesta a un amigo, Felipe Sérvulo, que con naturalidad me pidió un parecer, no una alabanza.

Enrique Badosa