La paradójica dimensión 89 - Daniel V. - E-Book

La paradójica dimensión 89 E-Book

Daniel V.

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Beschreibung

Si es que en verdad existe un enemigo con el cual luchar, seguramente a ese enemigo lo llamaríamos destino. Y es que, ¿Cuántas veces nos hemos enfrentado a lo ineludible, solo para darnos cuenta de nuestra propia impotencia? No somos protagonistas ni siquiera de nuestra propia historia, mucho menos incidimos en como ésta termina, ya que, no tenemos la suficiente voluntad como para poder cambiarla. Pero, no tiene por qué ser así… Para todos aquellos que han caído en la desesperación existe un lugar llamado la dimensión 89, donde llegan quienes han trascendido a su propia existencia y han tenido el desapego necesario como para torcer su propio destino. Un lugar donde cualquiera puede forjar su historia, siempre y cuando, este conforme con arriesgarse a perderlo todo y, en el peor de los casos, simplemente dejar de existir. En los cuentos de la dimensión 89 se narran las historias de aquellos personajes que han roto con su historia original y han tenido la determinación de cambiar su destino, para quizás, alcanzar aquel anhelo por el que están dispuestos a jugarse la vida. Cada uno de los cuentos devela una característica de la dimensión, y entre todos, dan forma a este paradójico universo.

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Seitenzahl: 428

Veröffentlichungsjahr: 2021

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La paradójica dimensión 89

Daniel V.

© Daniel V.

© La paradójica dimensión 89

ISBN: 978-84-18411-66-3

Editado por Tregolam (España)

© Tregolam (www.tregolam.com). Madrid

Av. Ciudad de Barcelona, 11, 1º 28007 Madrid

[email protected]

Todos los derechos reservados. All rights reserved.

Imágen de portada: © Shutterstock

Diseño de portada: © el autor

Ilustrador: Justiniano Lira

1ª edición: 2021

Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o

parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni

su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico,

mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por

escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos

puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

Dago, la bendición del tolueno

El adicto

Te despertaste tosiendo, ahogado por una mezcla de sangre, bilis y saliva. Aún sientes las quemaduras del tolueno en tu faringe y ni siquiera sabes quién eras antes de esto.

No recuerdas qué pasó ayer, ni antes de ayer, menos el día anterior a ese, no sabes en qué año vives, tampoco qué día es hoy y, por sobre todas las cosas, no entiendes ni el hoy ni el mañana. Eres el desperdicio de una existencia fallida.

Solo retienes algunos recuerdos vagos, borrosos, lejanos y dolorosos, de aquellos tiempos en que aún te quedaba algo de mente. Tratas de sepultar esas visiones alegres porque te da pena al acordarte quién eras y seguramente te bajaría la angustia y las ganas de llorar, y esa sensación es mejor ahogarla en la bolsa, ya que la bolsa es lo único que sirve para detener el sufrimiento.

Ahora estás pensando en que no hay nada mejor que estar recostado aspirando neopren. No hay nada mejor que un par de aspiradas y dejar de pensar, porque pensar es pura tristeza y, además, hace rato que dejó de tener sentido el tratar de entender qué es lo que pasa. Sabes que lo mejor es dejar de sentir, dejar de existir por un rato, aspirar para pasar la angustia y olvidar toda la mierda de tu vida. Dago, solo necesitas aspirar de tu bolsa y dejar que este mundo sin sentido te pase de largo.

Has escuchado varias veces que te llaman Dago, y por eso crees que es tu nombre, pero podría ser cualquier otro; eres uno de tantos, un perdido de la sociedad. Pero ¿qué sabe el resto? Todos con su ropa limpia y su techo para dormir, con comida todos los días, de esa que no huele a podrido. ¿Qué saben ellos?, ¿qué?, ¿acaso han andado todo cagados por la calle pidiendo monedas?, con esa maldita vergüenza, todo el tiempo, con el alma encorvada de tanto tener que bajar la mirada, de tanto evitar esos ojos que te miran con asco, con ese mismo asco que te tienes tú mismo. No los culpas por despreciarte, porque tú te desprecias aún más; es esta mente traicionera que te hace pensar en puras cosas dolorosas. No es como la bolsa, la bolsa es buena, y cuando puede te da un par de aspiradas, te agarra y te vuelve poderoso; ahí ya no importa el resto. Si tú eres mejor que ellos, si quisieras los dejarías a todos botados llorando. Con un par de aspiradas a la bolsa, todos los problemas desaparecen.

Tratas de levantarte con algo de dignidad, estás todo mareado y con hambre, a esta hora ya está calando el frío. Revisas si le queda algo a la bolsa, pero en el fondo sabes que está todo seco y vas a necesitar pedir monedas para comprar un poco más; si fuera posible: un tarro. Esa mierda de tarro te dura por lo menos una semana y, además, te quita el frío y el hambre de una, no necesitarías nada más.

Pero no tienes plata ni siquiera para comer y te está sonando la guata, sabes que tienes que ir a buscar algo para llenarte; aunque, quién necesita comer si estando arriba eres invencible. Mejor consigue algo para aspirar, porque después te pega la sensación de soledad y vienen los escalofríos. No te preocupes de comer, busca mejor unas aspiradas de neopren que te llenen de verdad.

¡El zapatero del block 15! Él pega las suelas con neopren. Anda a pedirle un poco, el viejo no te lo va a negar, pero anda a pedirle pan duro primero, que crea que andas buscando comida; eso lo dejará tranquilo. Y ahí le dices que necesitas pegar unos palos para los muebles de tu vieja, que aproveche de darte un poco para eso, pídele pan y pegamento, pero no de la cola blanca, porque esa no pega.

¿Y si el viejo no quiere darte?, mejor vas y le robas el tarro grande. Total, él tiene dinero, tiene el departamento que le dio el SERVIU y trabaja todos los días del año, no lo necesita. En cambio, tú sí lo necesitas, estás botado en la calle y nadie te ha dado nada, mejor anda a robarle el tarro.

Acércate a su departamento, la puerta está abierta, está sacando unos pedazos de cueros viejos. Pasa de largo y devuélvete, que no te note angustiado, que no te note con los tiritones. Está descuidado. Aprovecha que salió y métete a su casa; agarra el martillo y pégale en la cabeza; que suene como una nuez, se lo merece por no darte el neopren.

¡Qué hiciste, Dago! ¡Lo mataste!

Las viejas sapas te van a acusar.

¡Arráncate, mierda!

Agarra el tarro y llévate el martillo, arráncate por la quebrada de atrás, que no te pillen. Llévate el neopren, si eso es lo único que importa. Corre para que no te lleven preso, Dago, escápate de todo.

El eufórico

Aspira fuerte, que eso se lleve todas las preocupaciones.

Si aspiras todo, estará bien. Otra aspirada profunda y comienza a sentir alivio, de a poco va llegando la euforia. Si igual el viejo tenía la culpa, tenía ese tarro grande solo para tentarte, él debió saber que pasaría eso. Si ellos saben que no deben dejarte las cosas a mano, no es tu culpa Dago. Además, valió la pena romperle la cabeza. Si con este tarro grande vas a tener para varios meses, solo no tienes que dejarlo destapado, si no esto se seca y pierde todo su poder.

Aprovecha y aspira hondo, absorbe toda la fuerza, vuélvete invencible, así nadie se va a meter contigo. Ese golpe que le diste al viejo fue algo especial, cayó muerto de una, con este martillo que te robaste puedes rajar a cualquiera. Pobres los que te busquen, ahora todos tendrán que respetarte, al que te encuentre lo agarras a martillazos y listo.

Caminaste toda la noche, ya no tienes ni frío ni hambre, con unas aspiradas y solo se siente el fresco de la noche, nadie te puede impedir hacer lo que quieras. Puedes ir de una ciudad a otra caminando, puedas dejar de dormir y si corres llegarás a otro país, a otros lados donde todos te van a ver y sentirán miedo, porque eres importante y ese martillo te hace imponente. Dale unos golpes al aire, para que vean lo fuerte que eres.

Allá en el puerto hay unas peleas callejeras, de esas que organizan los traficantes. Esas peleas son peligrosas, pero tú ya te rajaste a un viejo, y seguro puedes pegarles a todos. Si total, eres poderoso y ese martillo puede partirle la cabeza a cualquiera. Los narcotraficantes se reparten los barrios con las peleas, si los agarras a martillazos vas a poder quedarte con todo un barrio, y ahí no vas a tener más problemas, ahí sí la vida va a ser fácil. Solo oculta el martillo, porque si no, te van a tener miedo y no van a querer pelear; escóndelo y sácalo cuando ya esté arreglado, así no se podrán echar para atrás.

El peleador

Atrás de las bodegas del mercado, con el fétido olor a pescado podrido, allá te fuiste a meter, les ofreciste combos y ellos de burla te metieron en esto. No saben nada de lo que va a pasar, no importa cuánto se rían, si al final tú eres invencible, con el diablo metido adentro, puro poder de neo, un par de aspiradas y te vuelves fuerte. No importa que hablen, no importa que te crean tonto, un par de martillazos y los vas a dejar a todos callados, nadie te va a volver a faltar el respeto.

Qué importa que las apuestas sean en tu contra, si ellos nunca han sabido nada. Te llevan al potrero a empujones, no saben con quién se están metiendo. Entre los mirones apiñados del público te insultan y escupen, son puros cobardes; el piojento con que vas a pelear te mira con desprecio, pobre infeliz que no sabe lo que le espera. No saben con quién se están metiendo. Estos hijos de puta no saben quién eres, después van a andar cagados de miedo.

Ya te dieron la campana, empieza a pegarle, agarra el martillo que guardaste en tu pantalón y rájalo a martillazos.

Busca la mierda de martillo, ¿dónde mierda se te fue a caer?

Reacciona, Dago, solito te metiste en las patas de los caballos.

¿Qué mierda estás haciendo, Dago, metiéndote en peleas callejeras?

Mal momento para empezar a entrar en razón, de tanto asfixiarte con neopren se te han atrofiado todas las neuronas, no conectan para nada, pero igual hay un grupo que se esfuerza en mantenerte cuerdo y vivo. Cada día cuesta más, tú mismo te estás matando y en este momento esas neuronas que aún se resisten te están diciendo que la cagaste y seguro te van a patear y tirar a la calle como el perro que eres. Estás jodido, lo poco que te queda de sano, las pocas conexiones que logras hacer, lo único que te dicen es lo condenado que estás. Ni te fijaste que el compadre mide el doble que tú, jurabas que le meterías un par de martillazos, pero no fuiste capaz siquiera de conservar el martillo. ¿En qué pensabas?, si él está bien alimentado y entrenado. Tú eres un saco de pellejos arrugados y carcomidos por la calle, te has pegado todas las enfermedades y lo único que haces es tirar unos golpes al aire y creerte karateka. Ahora, de lo único que estás consciente es que, si el neopren deja tu cuerpo, empieza a darte la miseria, y esa mierda es lo que te está dando ahora; tremenda bajada. Al menos con el neopren no hubieras sentido nada mientras te sacaban la cresta. Lo mismo que el día a día, con el pegamento no sientes cómo el mundo te patea y humilla a diario, la vida deja de doler y te sientes feliz, como cabro chico por un rato, creyéndote fuerte. Te abandonó el poder, ahora estás todo cagado y encima eres consciente de que es por tu culpa.

El bestia de mierda te mandó un mangazo que te llegó de lleno, te llegó a desencajar la mandíbula y te dejó tambaleando. Aprovechando eso, te mandó una patada en la cabeza que te llegó a retumbar.

Cagaste, el próximo golpe te manda para el otro lado, el próximo no lo vas a aguantar, pero… ¿sabes, Dago?, ya no es tan así. La mezcla de dolor y adrenalina, el golpe seco y la certeza de morir lograron el milagro. Esa última neurona útil, con todo lo extremo de la situación, logró conectar con una neurona ya muerta y la resucitó; y esta, a su vez, prendió las que están cerca de ella y todas ellas las de su alrededor, causando una reacción en cadena. Cada neurona resucitó a la más cercana y así te vas volviendo más y más consciente, más y más inteligente, y en una fracción de segundo, todas tus neuronas despertaron. Por primera vez en tu vida todo tu cerebro está funcionando, todas tus facultades están andando y una verdadera lucidez gobierna tus pensamientos.

Dago, estás utilizando todas tus facultades, estás usando el 100 % de tu cerebro, tus pensamientos son rápidos y el mundo parece que se mueve muy lento. Sabes qué sucederá ahora y después de eso, y qué pasaría si hicieras esto o aquello. Todo es predecible, tu mente es más rápida y aguda, lo suficiente como para entender realmente qué está sucediendo antes de que ocurra.

El iluminado

Ahora está todo claro, después de ese golpe viene otro que te azotará en el piso, donde se te partirá el cráneo. Seguirás vivo y consciente, pero luego aprovechará para patearte en el piso varias veces. El dolor te hará devolver todo lo que tienes dentro, salpicarás con sangre sus pies, y eso lo enfurecerá aún más. Tomará tu cabeza y la estrellará varias veces en el pavimento hasta que te termines de reventar y mueras horriblemente. Está claro que ese golpe que viene es tu muerte; por lo tanto, Dago, debes esquivar ese golpe.

Creo que debes intentar algo diferente, no debes moverte a lo loco. Apoya tu peso en el pie izquierdo, baja tu centro de masa y muévete suavemente a un costado, lo justo para que él esté seguro de que te va a golpear, pero lo suficiente como para esquivarlo. Dale la certeza de que te pegará, pero quítasela en el último instante. Luego de eso, vas a verlo trastabillar, aprovecha eso para darle un golpe seco en la tráquea; comenzará a ahogarse y su vista se irá a blanco. Aprovecha eso y da un paso a su espalda, tómalo por los hombros, da un paso hacia atrás y con un suave movimiento lo tumbarás contra el suelo. Él se azotará la nuca en el cemento y morirá inevitablemente; aprovecharás su mismo peso para acabarlo. El resultado de la pelea será inesperado, los apostadores estarán furiosos y pensarán que don Choco arregló la pelea para cargárselos con sus pocas monedas.

Don Choco no se quedará tranquilo con eso, después de todo mataste a uno de sus esbirros y encima lo acusarán de haber amañado una pelea. Te buscarán, pero no podrán encontrarte; tú eres más inteligente que ellos. Te escapas y te escondes bien, las calles son tu hábitat, sabes cómo moverte sin ser notado, pero, igual hay algunos que te reconocen, eres el payaso de la villa, saben que vives en la calle, pero conocen a quien te conoce y les darán la información a los matones de don Choco, quienes llegarán donde tu vieja. Tratarás de evitarlo de mil formas, pero siempre será tarde, los matones se desquitarán con ella. Esa es su ley: absolutamente nadie se caga a don Choco. Y tú, al menos de adicto, no le causabas demasiados problemas a tu madre, y por tu culpa va a morir sufriendo.

No, Dago, lo mejor no es esquivar el golpe, no es una buena idea, es mejor que te peguen de una y te maten como lo mereces. Sabes que asfixiándote no ibas a durar mucho más y, después de todo, no le importabas a nadie. Sin embargo, esa no es toda la verdad, ya que tu vieja te saldrá a buscar después de que le lleguen con el chisme de que te vieron peleando en el puerto. Hará preguntas, se enterará de lo del viejo, se preocupará y saldrá a buscarte. Muchas de las cosas que diga serán incómodas para los traficantes y luego irá a los pacos, y ellos son corruptos, se dedican a tapar todo lo que se pudre en el puerto, les hacen la pega a los mafiosos. Se darán cuenta de que tu vieja se enteró de algo y, para mantenerla callada, le sacarán la chucha y la dejarán botada en una zanja. Pasará la noche en la calle, pero no la amedrentarán y te seguirá buscando, y así llegará donde el Rucio, otro mafioso, y ese es peor, es más macabro y manipulador. La usará para molestar a don Choco, la hará salir en la tele, y ella va a hablar y llorar. Cuando el Rucio termine de usarla, la van a engañar y se ensañarán para que sufra, jugarán a que te encuentran, la ilusionan y luego le pasan el cadáver de otro vago, y así varias veces. Y ella no va a descansar y se terminará enfermando y muriendo, con demasiada pena porque no te encuentra, y no sabe qué te pasó.

No, Dago, no puedes dejar que eso pase, si ganas o pierdes terminan jodiendo a tu vieja, la única que te ha querido y protegido. Estás igual de cagado que siempre, pero ahora eres consciente de que lo que te pase también le pasa a ella. Habría sido mejor morir ahogado por tu vómito en el frío. Total, ahí te habrían encontrado y ella se habría quedado tranquila. Pero ya es tarde para eso, no te van quedando salidas, debes buscar la forma de modificar esta realidad, de cambiar las cosas que han pasado, para no terminar perjudicando a tu vieja; necesitas rescribir tu historia.

El trascendido

Dago, piensa en la forma de hacerlo y busca en tu mente el camino para lograrlo, en el recoveco más oscuro de tus pensamientos. Ahí atraviesa el túnel que alterna entre las luces y las sombras, viaja por todo el túnel hasta llegar a la salida, de ahí toma el camino de la alameda, recórrelo y cuenta las hojas que caen de los álamos. Cuando llegues al número más grande que recuerdes haber pensado, entonces dobla a la izquierda y llegarás a un sendero entre la maleza.

El sendero te llevará a una desolada colina donde crece un viejo cedro al que ya no le quedan hojas; del cedro cuelga una fruta extraña y podrida, come de ella y te revolverá el estómago. Entonces vomita todo lo que guardas dentro, de tus jugos saldrán gusanos que removerán la tierra bajo tus pies; en ese preciso lugar debes comenzar a cavar.

Luego de remover varias capas de tierra, encontrarás un saco de arpillera, abre las costuras y encontrarás varios huesos humanos azumagados. Busca entre ellos un fémur más largo de lo normal, palpa el costado del hueso y recórrelo a su largo; sentirás el relieve de unos arabescos tallados en él. Lee los símbolos y recordarás caracteres conocidos, describen una dirección en un poblado remoto, el cual está a varios siglos de distancia.

Deberás recorrer lo necesario hasta llegar al lugar, que en ese momento ya estará en ruinas. Busca la casa con una reja verde, a la que le quedan solo algunas tejas; verás que está casi en completa ruina. Sin embargo, no deberás entrar en ella. Rodea la casa y, en la parte posterior, encontrarás la madriguera de algún animal quimérico que nunca debió existir.

Entra a hurtadillas en la madriguera, la recorrerás de forma incómoda hasta llegar a un orificio, debes dejarte caer por el foso y, mientras caes, debes pensar en aquello por lo que aún tienes que vivir. Extiende tu brazo más fuerte y aférrate a lo primero que alcance tu mano, aférrate con tu alma y quedarás colgando del balcón del teatro del diablo. Trepa usando lo que te quede de fuerzas y, sin dar vuelta a mirar el escenario, desciende por las escaleras de caracol y sal por la puerta gris tras las butacas rojas del teatro. Al atravesar la puerta te encontrarás en la baranda de un tren, este tren recorre las montañas en la noche. Sin bajar del tren, debes caminar hacia atrás hasta llegar a unas cortinas de terciopelo, las cuales se abrirán a tu paso, y al voltear, encontrarás una mesa con un mantel de color conchevino.

Sobre la mesa encontrarás un cuerno y una copa, una pluma y una vara, todos acomodados en una especie de rombo; debes evitar tocar la vara. En lugar de eso, levanta un poco el mantel y agáchate para pasar bajo la mesa. Gatea como cuando eras un bebe y al poco andar te darás cuenta de que es una mesa larga como de una gran cena. Están sirviendo un banquete, ves los pies de los comensales a los lados de la mesa; procura no molestarlos. Ve recto hasta llegar a un castillo de naipes gigantes, recorre el castillo y busca la sota de pica. Usa esa carta como puerta y llegarás a una casa de muñecas.

Debes salir de la casa de muñecas, debes aprovechar que la niña está viendo el atardecer en su ventana, y así poder bajar por los cajones de la cómoda. Cuando llegues hasta el tercer cajón, debes colarte dentro; ahí te darás cuenta de que estás en un pasillo oscuro lleno de puertas con distintos símbolos. Recorre el pasillo hasta llegar a la puerta con el símbolo de infinito, ábrela y encontrarás una pared de ladrillos, vuelve a cerrar la puerta y te darás cuenta de que hay un esquinero con una lámpara y un reloj de arena. Ves que el cable de la lámpara está justo al lado de tu pie, debes tropezar con el cable para que el esquinero se tambalee y caiga el reloj de arena, el cual se romperá en el piso.

El reloj roto ha desperdigado su arena y esta arena esparcida en el piso parecerá un firmamento lleno de estrellas. Debes recoger granos de arena, uno tras otro, hasta llegar a los diecisiete granos. Debes tener ocho en tu mano izquierda y nueve en tu mano derecha; luego, debes ponerlos en tu bolsillo y volver a abrir la puerta. El muro de ladrillos habrá desaparecido y podrás entrar a través de ella. Pisa un par de veces y ya no sentirás tus pies, tu cuerpo se empieza a fundir con aquel lugar en que has entrado, tu mente cae en un sueño profundo y, después de un parpadeo, al abrir los ojos te das cuenta de que has llegado a la dimensión 89.

El protagonista

Dago, en este lugar tienes las herramientas para cambiar tu realidad y la de todos los que te rodean. Siempre deseaste ser otra persona, o que el resto te viera con otros ojos, ser alguien aceptado socialmente, pues ahora en lugar de cambiar tu persona, puedes cambiar la sociedad que siempre te despreció. Esas cartas que se han formado con retazos de papel, dibujos y conceptos extraños, son fragmentos de otras existencias perdidas en el tiempo y el espacio. Si logras combinar esos fragmentos con tu realidad, esta se modificará irremediablemente.

¿Comienzas a escuchar otra voz en tu cabeza? Ignórala por completo, no sabe nada de lo que está ocurriendo, solo está aquí por diversión, y tú no tienes tiempo para la diversión.

En lo que has entrado se trata de un juego interdimensional, donde te estás apostando tu realidad contra la de un ser que ha llegado de una u otra forma aquí; al igual que tú, busca reconstruir su realidad. No puedes dejar que él lo haga primero. Si no, te perderás en este lugar al igual que todo lo que existe en el mundo que conoces.

Quien primero termine logrará borrar de la existencia a su rival; sin embargo, construir una realidad desagradable podría ser peor que dejar de existir. Piensa bien, Dago, qué es lo que estás creando. Por fin eres tu propio dios, pero puede que termines siendo una deidad desgraciada.

Bien, ya tienes una realidad estable, pero esta realidad está cargada de desgracias. Si usas esta realidad, será un escenario mucho peor del que huiste. No puedes usar esta realidad, Dago; debes construir otra.

Fíjate en cómo juegas, utiliza tu mente privilegiada y construye una realidad más cuerda de la que provenías. Sin embargo, esta realidad que estás cimentando es tan racional que has dejado morir a tu madre, ya que es la única forma de cortar con aquella patológica dependencia que te ha convertido en un ser humano inútil. Esta realidad te conviene, pero tampoco es lo que tú quieres, necesitas volver a empezar una vez más.

Dago, estás buscando una realidad en la que seas afortunado, pero eso no te está llevando a nada. Se te está acabando el tiempo, tus acciones se agotan y tus posibilidades disminuyen. Cada realidad que tratas es peor a la anterior, y debes entender que tus acciones no pueden solucionar todo, tu mundo es horrible y solo has logrado remediarlo parcialmente. Debes renunciar a la perfección; si no, nunca construirás algo estable. Debes aceptar que no puedes cambiar todo lo malo que te ha ocurrido, que de una u otra forma, te tocará enfrentar las cosas como son.

Dago, debes aceptar que no hay salida posible: o construyes una realidad con lo que tienes o tu mundo completo desaparece. No pienses en lo que te tocó vivir, de una u otra forma trata de adaptarte.

Dago, has sido negligente, ya no queda más tiempo y el juego terminará eligiendo la realidad más estable, debes procurar que tu realidad sea mejor que la de tu antagonista, debes procurar anularlo en este momento y aferrarte a lo que has logrado fundar.

Ahora, toma los restos de realidad que te quedan y despierta en el mundo que has logrado construir. Debes aceptar esta realidad inestable que tú has creado.

El ganador

Dago, ahora este es tu mundo, los fragmentos de realidad no eran los suficientes, por lo que tu mundo es inconexo e incoherente.

El tiempo se ha distorsionado, puede que estés viviendo el día de mañana, y que mañana sea el próximo año o varios siglos atrás. Si doblas en esa esquina, es probable que aparezcas en otra parte, el tiempo y el espacio están completamente trastocados.

No puedes diferenciar tu persona de las otras personas, en un instante todos son Dago, y al rato todos son distintos seres; una sola mente que los aglutina o un millón de pensantes independientes. Todo ha dejado de tener razón y aquello a lo que te aferrabas puede que en un momento exista y en otro ya no. Es imposible basar tu presencia en cómo te ven los otros, ya que no sabes ni siquiera si el resto es real o solo es efecto de tu mente; ahora lo único válido es tu pensamiento más puro y primitivo. Dago, ahora lo único real eres tú.

En este mundo lo mejor es no entender nada, dejar de pensar; apaga tu cerebro y deja que tus pensamientos sean ahogados. Eres demasiado consciente para esta irracionalidad que te tocará vivir, toma la bolsa de neopren y da algunas aspiradas, apaga tus pensamientos y deja que el tolueno, nuevamente, te vuelva un desperdicio de persona.

Dago, por tu bien, debes aspirar hondo y dejar que tus pensamientos mueran, debes dar una gran bocanada para dormir definitivamente esta lucidez. La única forma de tolerar esto será apagando tus neuronas, una a una debes ir matándolas hasta que la última pizca de razón que te quede sea suficiente para sobrevivir.

Dago, debes aspirar tolueno para recibir el premio de la ignorancia y soportar esta existencia sin sentido, no hay otra forma de que resistas este mundo que carece de lógica, no hay otra salida más que volver a ser el sobrante social que no logra adaptarse y es mirado en menos por todos.

Dago, aspira profundo de tu bolsa de neopren y no seas consciente de que este caótico mundo te ha dejado a un lado. Da una angustiante aspirada más y ya no importará si el mundo tiene sentido o no. Deja que esa última aspirada queme tu faringe y te haga caer en un profundo sueño.

Dago, simplemente deja que este absurdo mundo exista y le seas totalmente ajeno. Dago, refúgiate en la piadosa bendición del tolueno.

H. Toole, El Megalo-ludopata

12 de octubre

La primera losa dice que las prisiones pueden contener las memorias de un hombre, sin importar si estas son, fueron o serán; que una prisión es una tumba que guarda cualquier recuerdo, no importa la línea de tiempo… Todo siempre es el mismo recuerdo.

¿Quién dice eso?... Creo que yo lo digo, pero no yo… sino otro yo, un yo mucho más primitivo, un yo de otra línea de tiempo, uno que ya se ha perdido.

Leo un manuscrito rasgado en las piedras de mi pared, es mi letra y estoy seguro de que es mi mensaje… Ya descarté la locura, estar agotado o simplemente estar ido, y que lo que escribía lo olvidaba; después de todo, son mis hechos los que leo… Y también me advierte que no es en ningún caso la aliviadora pérdida de la cordura.

Dice que mi alma está atorada en esta prisión y que sus paredes guardarán mi testimonio, no importa por qué lo haya comenzado a escribir, lo que sea que se haya transmitido siempre estará atado a mi ser, siempre habrá un yo que pueda leerlo… Será mi última palabra.

Es extraño, pero pensé que al menos la historia que he escrito en estas paredes trataría sobre mí, de mi caso, de mi irreal, pero supuesta inocencia, de algún descabellado plan de escape, pero simplemente no es así. La historia escrita trata de la persona que está en la celda contigua, por quien siento una extraña mezcla de admiración y odio, esa persona que he decido llamar «el ludópata», pero no cualquier ludópata, sino el más grande y miserable de toda la historia, el megalo-ludópata, uno que juega con toda nuestra realidad. La historia que escribo es sobre este horrible tipo y lo que él llama la «dimensión 89».

17 de octubre

He leído con calma todos los rincones de mi celda, y en cada una de las piedras de mis paredes hay fragmentos que describen la susodicha dimensión 89. Hay muchas palabras confusas y, según mi propia letra, trata de los relatos que me ha hecho mi vecino de prisión.

Hoy es 17 de octubre y, supuestamente, mi vecino ha estado saltando e intercambiando la realidad, ha estado entrando y saliendo de esta prisión, pero por una puerta secreta e invisible que da a dicha dimensión y que, según sus palabras, solo desde este lugar puede alcanzar.

Me ha dicho que fuera de este mundo, en aquel extraño lugar, ha competido y ha ganado, pero cada vez que lo hace, procura volver en el tiempo y el espacio, para encontrarse nuevamente en esta prisión y volver a jugar aquel irracional juego.

Según lo que ha escrito mi mano, en cualquier momento debería volver a llegar y, luego de ello, en cualquier momento debería partir a la dimensión 89.

21 de octubre

Ayer volvió a estar aquí, lo encerraron en su celda. Según él, fue condenado por homicidio; ni siquiera se esforzó en esconder su crimen que, de alguna forma, sin importar el delito, siempre lo trae aquí. Es una especie de contrato interdimensional que no hay forma de eludir, porque la realidad que ha construido dice que debe llegar a este punto para entrar de nuevo en la dimensión y volver a jugar.

Sé cómo reconocerlo, mis manos tallaron sus rasgos en la piedra. Apenas entró a la prisión lo identifiqué y él, burlescamente, comenzó a hablarme como quien trata a un muy buen conocido, siendo la primera vez que nos vemos. Para él, es como si continuara una conversación que ya llevamos avanzada, como viejos jugadores de ajedrez que retoman una partida que han llevado por años… Sin embargo, aun cuando lo reconozco de mis escritos, mi sensación es de una primera vez. No es alguien que reconozca, es alguien que conozco por primera vez, quizás por centenares de primeras veces.

Según él, fue su idea que yo pudiera tallar su historia en esta piedra; una especie de desliz de su ego. Necesitaba un testigo y decidió condenarme sobre mi propia condena.

Según mis escritos, cada vez que ha llegado a esta prisión, ha llegado con una historia distinta. Se siente omnipotente modificando la realidad. Cada vez que nos encontramos, es una realidad distinta, y cada vez ha decidido que yo pueda recordar… Según sus palabras, su idea es que la prisión guarde mis relatos.

Ahora que no lo veo, he caído en cuenta que ha vuelto a viajar a la dimensión 89.

11 de octubre

Lo han vuelto a encarcelar. Esta vez ha sido una estafa o algo así. Mi manuscrito dice que ha caído por tantos delitos como delitos existen, hay algunos que ni siquiera entiendo. Según él, en esta realidad lo más probable es que ni siquiera existan esos delitos… que puede modificar las leyes que nos rigen a su antojo. Quiero no creer eso, pero al leer mi testimonio, parece ser cierto.

Mientras más leo, parece como si pudiera conectar las realidades. Es como una empatía entre dimensiones, puedo sentir lo que ya he sentido, vivir en mis tallados recuerdos en piedra y darme cuenta de lo inestable que es este universo, que un loco puede llegar a moldear y modificar a su antojo… Lo estoy viendo fijamente y él parece inmutable.

Cada vez que se le da la oportunidad me cuenta como le ha ido en su viaje. Yo solo escucho y escribo para no volverme loco, es la única forma en que puedo aceptar que ha estado jugando cósmicamente con la realidad y sopesar el hecho de que todos hemos sido puestos aquí por su capricho, por el capricho de un ludópata cósmico jugando a ser Dios… Y ahora veo como aquel dios de carne y huesos toma su lugar en la celda. En aquel rincón con manchas secas de sangre, hace sus ruidos extraños, golpea su cabeza contra las paredes del mismo muro, llevando un ritmo cada vez más fuerte. Oigo cómo crujen los huesos de su cráneo y luego se desvanece… Es como una mezcla entre desfallecer y desvanecer. Veo su cuerpo caer inconsciente, pero nunca toca el piso, cae en otra dimensión… Se ha ido a la dimensión 89.

52 de octubre

He vuelto a leer la piedra. Sé que en cualquier momento aparecerá, quiero preguntarle más detalles sobre sus viajes, pero no sé si esta vez me prestará atención. Quizás esta vez le parezca insignificante, solo un preso e ignorante… Según la piedra, yo no soy así, pero en esta realidad he nacido inseguro de mí mismo, o puede ser lo que he vivido… Según la piedra, mi personalidad también es fruto de su juego; lo que pienso, lo que hago, lo que he vivido, todo está regido por la forma en que jugó sus cartas, por la forma en que construyó esta realidad. Siento como si hablara con Dios… siento que estas paredes son mi Biblia y este es su testimonio… Solo espero que en esta realidad también decida hablarme.

Ha llegado, pasó directamente a su muro, solo masculló un par de frases y volvió a su violento ritual. Ruidos, golpes, crujidos y luego silencio… Siempre el mismo muro. Debe de existir algo especial en dicha prisión, creo que lo he sobreestimado… puede que no sea él, sino el lugar. Temo intentarlo y morir. En esta dimensión soy inseguro y cobarde, pero dejaré mi testimonio para que sea otro yo el que lo intente, el que intente golpearse en aquellas losas y pueda colarse.

Tal vez pueda ser yo quien acceda a la dimensión 89.

17 de octubre (otra vez)

Ha vuelto una vez más, no sé si es de mi interés saber cuál es su delito. Cada vez es una primera vez, cada llegada es un nuevo yo contra un antiguo él. Es una injusticia, no es posible que solo mis letras me sirvan para defenderme, que estos manuscritos sean mi única herramienta para entender. Esto es una tortura, creo que preferiría no saber y ser inconsciente sobre la poca trascendencia de mi presencia, sobre la insignificancia de mi existir.

Algo que he notado es que mis escritos siempre hablan de un día de octubre, son muchas fechas, muchas se repiten, pero todas son en octubre. Según lo que me ha dicho, son más de trescientos juegos los que ha ganado, y que solo algunas veces no ha podido materializarme, que en aquellas ocasiones en las que ha previsto que puede perder, en esas ocasiones descuida mi existencia, pero que procura tenerme para que escriba sobre él, sobre su ego, sobre su superioridad respecto a seres de otros universos… sobre la fragilidad de nuestra existencia ante la incertidumbre de una derrota.

Según sus palabras, en las realidades en las que materializó «el recuerdo», solo en ellas podré continuar este relato tallado, solo en aquellas instancias me conecto con mis otras realidades, solo en esas instancias, en que nuestro creador anónimo se ha dignado a construir «el recuerdo», he podido escribir sobre él.

Solo en esas ocasiones he podido escribir sobre la dimensión 89.

9 de octubre

Mis escritos dicen que algunas de las realidades que construye son solo locura y caos; otras, en cambio, se rigen por una razón casi inhumana, un régimen de estructuras rígidas y sofocantes. Hay realidades salpicadas de la fortuna esperanzadora, y otras sembradas en melancolías y desgracias. Desde mi actual realidad, todo me parece curioso o más bien imposible. En esta realidad permanezco en mi celda por voluntad propia, el mundo es un peligro para mi ser, preferible es estar aquí, en meditación y razonando sobre aquello que se ha hecho. Nadie me ha traído, he venido a mi encierro por voluntad propia, caminando libre al encierro.

Mi vecino de encarcelamiento parecía sacar algunas cuentas, algo sobre las posibilidades y probabilidades, de que estuvo cerca de perderlo todo, pero que, aun así, no puede dejar de apostar, que su existencia se justifica en ello.

Según lo que dice mi pared, en varias ocasiones ha tratado de dejar de jugar, cuando crea una realidad muy favorable y estable, cuando siente que es suficiente o que está apostando mucho en verdad… cuando en verdad ha sido suficiente. Sin embargo, todas las veces vuelve a caer, vuelve a venir a este mismo lugar a iniciar nuevamente su ritual. Muchas veces me ha pedido perdón por no poder detenerse; esas veces, al parecer, sentía que era una realidad ideal. En verdad, no logro entender la profundidad de esto, entiendo el concepto de muchas dimensiones, pero en este caso son distintas realidades que se superponen para una misma dimensión; es decir, para esta dimensión solo existe una realidad… Seguramente, la nueva realidad destruye la anterior; seguramente, ya he sido destruido varias veces… o puede que no.

Esta vez solo cruzamos un par de frases, y luego comenzaron los gritos, los golpes y el crujido… la iluminación y su escape a la dimensión 89.

28 de octubre

No tengo noción de cuál es el primer o último de mis escritos, solo tengo algunas fechas tontas que me dicen el día en que comencé a poner las letras… pero son tantas fechas que lo único que hacen es confundirme aún más.

No sé para quién escribo este testimonio, quizás lo hago para anticiparme a la situación, para tratar de hacer algo, para de alguna forma evitar que se detenga el tiempo y se reinicie. Algunas veces pienso en que debería matarlo y así poner fin a esto de una buena vez. La tentación de convertirme en el asesino de un Dios, acabar con este ludópata caprichoso que juega con el tiempo y el espacio, es algo en lo que estoy pensando constantemente. Soy el único que sabe lo que realmente está sucediendo, soy el único consiente en este mundo de insensatos e inocentes. El destino del mundo está en mis manos, en estas torpes y adoloridas manos, que lo único bueno que han hecho ha sido dejar este testimonio en la piedra.

Esta es mi locura, lo que carcome mi mente. Debo encontrar la forma de detener este ciclo sin fin, ya casi todas las paredes están cubiertas de letras, se aglomeran entre las grietas y me gritan que tome una decisión, que sea el libertador de todos y ponga fin al juego.

No sé qué sucederá después, pero ahora solo esperaré a que llegue. Debo detenerlo antes de que viaje a la dimensión 89.

5 de octubre

Me ha contado que en ese lugar él se enfrenta a otro ser, otro iluminado, pero de una realidad distinta; que juega una partida cósmica en la que enfrentan fragmentos de los distintos mundos y puede hacer que se anulen o se fortalezcan; que cada cosa en esta realidad es una parte de este tejido cósmico hecho a base de trozos de razón, locura, fortuna y desgracia.

Me ha contado que con cada pasada ha construido diferentes planos de existencia, y que cada vez ha ganado. No sabe que es lo que pasará si llegara a perder, pero que esa sensación de omnipotencia, de poder crear la realidad a su gusto, lo ha embriagado y hecho adicto, que no puede dejar de jugar.

Me ha contado que en cada intento procura siempre que su realidad tenga el fragmento llamado «el repetir», porque su realidad siempre se repite y lo lleva a tener una nueva oportunidad para volver a ese lugar; una y otra vez, siempre anhelando volver a la dimensión 89.

7 de octubre

Todos los fragmentos de realidad tienen un nombre y una imagen, quizás hasta un número. Creo que representan algo, algo así como un tarot, pero en lugar de que el juego adivine lo que va a pasar, pasa lo que dice la carta. Es decir, la realidad se moldea de acuerdo con lo que dicen las cartas que él ha jugado. Si, por ejemplo, la carta se llama la destrucción y en ella aparece una imagen en la que se destruyen cosas, seguramente la realidad estará definida por una gran calamidad, quizás una guerra, quizás una gran catástrofe…

No es mucho lo que logro comprender de esto, pero me lo imagino como una gran mesa cósmica de juegos, con un paño verde de terciopelo, donde dos seres cósmicos se tiran su propia suerte, y esta transfigura todo lo que somos, y que el primero en crear una realidad plausible puede dejar aquel lugar y el otro se queda eternamente soñando, un prisionero del olvido, un perdedor en la dimensión 89.

18 de octubre

Creo que no tendré otra oportunidad tan clara o, si la he tenido, seguramente la he desperdiciado patéticamente. Creo que este es el momento para lograr acabar con él, mi mente por fin podrá descansar. Intentaré tomarlo por sorpresa, seré un héroe anónimo, espero darle un seco y limpio golpe, y de una vez por todas romper este irreal ciclo de días. Una y otra vez, ya comprendo todo, para esto es que escribo este diario, por esto la locura me ha consumido, es para salvar al mundo o terminar de condenarme.

Según lo que he leído, de mi puño y letra, en varias realidades he decidido tomar mi propia vida, pero siempre he vuelto, porque esa no era la salida. Ahora lo veo con toda la claridad de quien ha vivido miles de veces el mismo momento; esto nunca se trató de él, sino de un magnicidio que por el bien de todos debe realizarse.

Está llegando, es mejor que me prepare. Espero que mis capacidades sean las suficientes, espero que dentro de sus poderes no esté leyendo mi mente. Como sea, puede que él mismo quiera que lo haga, la única cura para su enfermedad, para no volver a la dimensión 89.

1 de noviembre

El muy arrogante me lo dijo, que esta era su voluntad, que deseaba irse sin perder… y que alguien supiera que él había sido campeón invicto.

Creo que su alma estaba tan cansada como la mía, recibió el golpe como quien recibe un regalo esperado, ni siquiera dejo de sonreír… Todo este tiempo, y nunca pregunté su nombre, no sé a quién he matado, y cada minuto que pasa más dudas tengo de por qué lo he hecho.

Las paredes comienzan a borrarse, hace unos días me sentía un héroe, de a poco comienzo a olvidar por qué he hecho aquello…

Debo apresurarme antes de olvidarlo todo, sé que es en la celda contigua, sé algo de un ritual, puedo recordarlo… aquel jugador, aquella dimensión.

Creo que lo merezco. El mundo me lo debe. Si lo he salvado, también puedo ponerlo en juego. Creo que es mi obligación, debo entrar a la dimensión 89.

Menes, el gato en la caja

Entonces Dios vio a aquel gato blanco parado de forma estoica sobre un cúmulo de nubes y le preguntó al santo más sabio de su consejo sobre cómo era posible que aquel gato hubiera llegado hasta allí.

Con más asombro que sabiduría, el sabio contempló a la insolente criatura, que comenzaba a lamer sus patas mientras los ignoraba conscientemente y, con una reverencia, le dijo al Todopoderoso:

¡Oh, soberano entre los soberanos! Sea tu gloria sobre todas las cosas y que tu reino se extienda por todo el firmamento. Ruego que tu ira no me alcance y seas piadoso con tu servidor al escuchar lo que te tengo que decir. Singular es encontrar aquella bestia terrenal en estos lares, pero según he escuchado, poco asombro nos debería causar, ya que aquella criatura fue nombrada en un antiguo relato que un alma pasajera me llegó a transmitir y, sin duda, este gato de blanco y corto pelaje, de porte digno e indignante expresión, se trata del mismo gato nombrado por aquella noble alma, quien así me dijo:

Sin duda es un hecho extraordinario haber llegado a este lugar y poder contemplar el origen de todas las creaciones. Aun así, no es tan extraordinario como haber sabido que el imperio más grande que ha existido era dirigido por un extraordinario gato blanco de porte estoico y afiladas garras, quien desde su solemne cojín real dirigía el destino de todas las naciones. Cuando la duda de aquel hecho divino terminó por devorar mi conciencia, finalmente pude preguntar cómo había sido aquello posible, y a mi consulta uno de los vasallos principales, quien era muy amigo mío y en quien podría depositar toda mi confianza, fue que me respondió:

Mi muy estimado, sorpresa genera, más su asombro no debiese ser tal, pues aquel magnífico gato que nos dirige a todos, de afiladas garras, blanco pelaje y orejas empinadas, no es la primera vez que ostenta semejante cargo, pues se dice entre la plebe que aquel soberano también fue el rey unificador de fronteras de la más grande nación conocida. Hablando con un importante comerciante, este a su vez me comentó:

Soberanos como este, de terso pelaje, ojos heterocromos y probada agilidad, no nos habían tocado en nuestra historia, pero el hecho de su dignidad y valía es indiscutido. Llamativo es verlo actuar y regir como es debido, mas, aunque no sé cómo ha podido llegar a ser soberano, extrañeza no es ninguna, pues de la boca de mi cuñado he sabido que nuestro amado regente un día realizó proeza sin igual. Así fue que mi cuñado me habló de aquel actuar:

Cuando nuestro protector ascendió a su merecido lugar, en cualquier momento de la historia habría sido un hecho extraordinario, pero hoy por hoy, que nuestro querido albino de ojos dispares y ondulante cola nos guíe, es un hecho de causa, pues siendo este el libertador consumado, líder indiscutido y caudillo de nuestra redención, es claro que nos terminaría por gobernar a todos y, sin embargo, fue de la boca de un amigo que supe que para nuestro impulsor estas no eran sus primeras proezas sino la continuación de un camino ya emprendido. Y fue un amigo querido quien así me hizo notar:

Nuestro gallardo líder gatuno, de extraordinarios rasgos y perfectos ademanes, hoy libertador y ayer pacificador, fue este, nuestro mismo insigne, quien resultó ser el benefactor de la gran ciudad, que logró traer el orden y la paz a aquellas tierras desquiciadas, y encaminó a su gente a un futuro próspero. No me extraña que hoy nos guíe, si hace mucho tiempo escuché de boca de uno de los afectados cómo este felino gallardo puso fin a sus abatimientos. Mas quien me señalaba se refirió de la siguiente forma:

Haber logrado rectificar a tanta gente fue una de sus mayores proezas. Sin usar ni sus blancos colmillos, ni tampoco sus afiladas garras, logró hacernos cavilar sobre esto y aquello, y sobre, también, a eso que no me puedo referir. Sin embargo, era de esperar que estuviera a la altura de sus logros, ya que sobre él mismo había escuchado otra hazaña similar. Creo que mi sobrino fue quien me comentó, fue él quien me dijo que:

Fue este mismo gato blanco que acaba de salvar el templo, este mismo gato es quien cuidaba la tienda de abarrotes ymercancías, este gato hizo próspero el negocio. Y cuando pregunté al nieto de la fallecida dueña cómo fue que el gato había terminado haciéndose cargo del negocio de la familia, este me dijo:

Es una larga historia que no vale la pena mucho detallar. Sin embargo, si hay algo que debo mencionar es cuando preguntamos a mi abuela, aquel día que tuvimos que salir corriendo por una emergencia, y decidió dejar a su gato sobre la caja registradora para que cuidara la tienda. Cuando preguntamos cómo se le ocurría dejar a aquel miserable animal a cargo de todo, ella nos regañó y nos dijo:

No sean insolentes, mis vástagos, que, aunque son mis queridos, siguen siendo unos ignorantes. Este mismo gato que ven todo maltrecho y que he puesto sobre la caja, es tan capaz que algún día puede que reemplace al mismísimo Dios allá en los cielos. Ahora, vámonos que se ha hecho tarde, y dejémosle que se las arregle.

Y así fue como, luego de ocupar el lugar de Dios y reinar sobre todas las cosas en la existencia, el gato lamió sus patas, estiró sus bigotes y se deslizó dentro de la dimensión 89. Seguramente, esperaba trastocar el tiempo y el espacio para hacerlo aún mejor en esta ocasión.

Karel, el testigo de la humanidad

Primer acto: Futuro

Reparto:

Karel: robot desgastado por el tiempo, perteneciente a una generación de máquinas que ya fue olvidada. Su diseño difiere en mucho del resto de robots presentados en el primer acto. Su aspecto recuerda más a un humanoide que a un robot funcional, anexado a su cabeza tiene un mechón de cabello en una apretada trenza que lo hace parecer un atado de cables viejos. Es un fugitivo de la Noosfera.Sorbona: robot del tipo policía de la Noosfera, utilizado para resolver problemas por la fuerza, de estructura robusta y tosca. Su estatura es más grande que la del resto de los robots, lo cual le hace tener una presencia mucho más imponente.Andrias: robot del tipo policía de la Noosfera, utilizado para la negociación e investigación, de terminaciones finas y pulcras. Se denota un cuidado en sus formas, lo cual lo hace parecer una unidad no adecuada para el enfrentamiento.Zeigarnik: antiguo robot de pilotaje de cruceros espaciales. Su aspecto es de un viejo capitán de submarino, pero en versión robótica. Como ya no existe ese tipo de cruceros pilotados se ha vuelto inútil para la Noosfera. Fox