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Las revolucionarias cartas de amor que la princesa de este libro le escribe a su misterioso destinatario van más allá de las cuitas entre pelucas y miriñaques dieciochescos. Página tras página de esta novela epistolar, el lector asiste a una gimnasia rítmica de la entrega, hasta descubrir que el sometimiento amoroso en estado de gracia no es más que una forma radical de insumisión. «Porque es así, con una cuerda, como me ataría a Vos por la espalda. Para no poder caminar ni escaparme de Vos sin caer por el suelo. Para sentir cómo el suelo se apoca a nuestros pies.» Podemos decir sin reparos que la autora de La princesa sois Vos es hoy uno de los mayores talentos de la península, una verdadera criatura de ritmo y verbo. Las ovejas que devora, los aldeanos a los que atemoriza pacen y trabajan solamente en su voz. Blanca Llum Vidal tiene órbita. Como los clásicos, supongo. Y, como ya se sabe, los clásicos no entienden de límites, por no decir de idiomas. Unai Velasco
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Seitenzahl: 73
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Título original: La princesa sou Vós
Edición digital: abril de 2022
© 2022, Blanca Llum Vidal
© 2022, Unai Velasco, por la traducción y el epílogo
© 2022, Club Editor 1959, S.L.U., por la edición
Coves d’en Cimany, 2 – 08032 Barcelona
[email protected] – www.clubeditor.cat
Dibujo de la guarda: Alejandro Dardik
Diseño de colección y cubierta: Ángel Uzkiano
Corrección: Javier García Clavel,
Maria Arboç Terrades
ISBN: 978-84-7329-334-1
La traducción de esta obra ha recibido una ayuda del Institut Ramon Llull.
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.
Blanca Llum Vidal
La princesasois Vos
Traducido del catalánpor Unai Velasco
CLUB EDITOR
BARCELONA
Barcelona, 14 de octubre
A veces me ataría a Vos por la espalda y no por mi espalda tocando vuestro vientre ni por mi cola vestigial buscando vuestro sexo ni por mi cabeza tapando vuestra boca, no, sino a Vos por la espalda. Espalda con espalda por esquivar los ojos del Escándalo que es quererme atar —abdicada y salvaje y celosa si es menester del Refugio que os contiene— solamente a Vos. Espalda con espalda por no ver todo aquello que veis, que también es todo aquello que los otros ven en Vos y la forma como Vos lo hacéis vuestro. Espalda con espalda pues quereros para mí no es tan solo un Escándalo antiguo que resuena cruel o que resuena cretino: es también un Escándalo inverso que el Mercado ha hecho suyo —Vos sabéis como nadie que, cuando se venden los Márgenes, la Grieta y el Roto se tornan Institución, el Poder aplaude hasta la náusea y el Castillo se enroca cuando estás a las puertas y te invitan a hacerte a un lado del Camino. Espalda con espalda por hacer ver que el Desastre y el Deseo no están si no se ven. Así de simple, viciado, transparente y triste. Espalda con espalda iba a decir por negarle el saludo a la Palabra, pero no, que Vos y yo no tenemos que hablar de Lenguaje, solamente de Historias, de Materia segura y de la Pena que se puede tocar. Espalda con espalda por negarle el saludo a una boca que me ata con la fuerza de la cuerda. Porque es así, con una cuerda, como me ataría a Vos por la espalda. Para no poder caminar ni escaparme de Vos sin caer por el suelo. Para sentir cómo el suelo se apoca a nuestros pies: tan solo un Círculo impreciso, un espacio de Semitumba, un Campo tan estrecho que todo lo que crezca en ese lugar deba trepar por entre mis huesos y los vuestros. Un poco ahogado, así deberá crecer. Muriendo un poco hasta que deje atrás las espaldas y respire tranquilo por encima de nuestras dos cabezas que dan al Monstruo. Allí crecerá tal vez una Higuera y alguien vendrá quien me diga que, si es estrecho el Subsuelo que nos sostiene, refunfuña, que es tóxico. Tal vez Vos acabéis invocando —abdicado y salvaje y celoso de quien lo es— que en ese lugar nazca un Cactus. Tal vez nos baste con un Sauce, pero haya tal vez a nuestros pies tan solo un Brote cualquiera carente de Lamento alguno, pero habrá afectado, eso sí, a la Armonía forzada de los cuerpos. Esqueletos que o bien se están quietos o bien se desploman. Espalda con espalda y la defensa imposible. Imaginaos que algo se acerca y nosotros así: ni de una Pulga a salvo. Y atentos si nos coge la Tos, la Risa sonada o un Hambre, por ejemplo, brutal. Casi todo derrumba dos cuerpos que han suprimido la Distancia por no poderse acercar. A veces renunciaría a Vos atándonos de espaldas y a veces solo querría Anidaros encima —hacer cualquier cosa.
Vuestra.
Barcelona, 17 de octubre
Nada ha sucedido desde una carta que os mandé como si os desafiara a un Duelo tan absurdo como el ambiente de este lugar donde escribo. Dicen República como quien dice Campo de llanegas. Una cosa, por cierto, importantísima. Un día os llevaré allí por donde salen para que veáis qué quiere decir, encontrar una y otra y llenarse las manos de esa especie de Zumo viscoso todo tierra y pinocha. Incluso si no os llevo jamás, me pediréis Vos que aproveche el viaje para enseñaros la Cueva y cobijarnos el Grito hasta quemar la montaña. De rodillas, la quemaremos, que la cueva es pequeña y agachado hay que vivir. De rodillas y el Incendio por dentro y la montaña más verde que nunca y volviéndose Selva. Nosotros quemados y la Selva avanzando, ideal y espantosa, intransitable por siempre, una maraña vegetal que deslumbra y confunde y lo bonita que quieras, pero atención: una mezcla de fango y de hojas te envuelve con facilidad el cerebro y te acomoda en el Diván. De tan ufana y alargarse tanto de liana y raíz, deja solo espacio a pensar Pensamiento y venga: o lo piensas tanto que lo vuelves del revés y sales de ahí disparado o te precipitas dentro de ti y te extravías. Setenta y dos horas y se pierde el rastro de un cadáver —en la Selva de la Mente y en el Cuerpo hecho Idea. Nada ha sucedido desde la carta primera y lo que ha pasado son tres días. Una masa de Tiempo que Vos habéis rellenado muy bien hasta hacerla pesada: ¡que nos caiga encima y nos aplaste! Ni Vos me habéis escrito ni os he perseguido yo para mendigaros Canciones. Yo que quería estamparos que Vos tampoco deberíais preciaros de la palabra lícita de Protesta, yo que quería un algo de Réplica —una migaja al menos o el rechazo de la Pereza—, yo que esperaba una Rabia fecunda, yo ni siquiera he osado preguntaros si os habéis inventado un Color o qué demonios hacéis con la Espera.
Todavía vuestra.
Barcelona, 21 de octubre
Amaros aparte de esta Época en la que Vos os cansáis y en la que yo me desoriento —contra toda Esperanza, esto vuestro tiene remedio —contra todo Augurio, esto mío es quizá mucha Fe en no tenerla—; amaros tan lejos de las Calles que nos expulsan y tan claramente ignorantes del Orden de los hechos que la Propaganda destaca; amaros así, con esta Comedia de la letra Mayúscula que se figura Concepto y no es otra cosa que un derrape de la Inspiración —explicadme, si no, qué es todo este Exceso de palabra henchida y grafismo estirado —y explicadme también si no corro el peligro de terminar con una frase compuesta de guiones y hacerle el juego a una Estética Metafísica aderezada toda ella de aspavientos sonoros —os prometo, eso sí, que no diré, que no diré, que no diré Ontología: amaros así, con esta Lengua subordinada que se alza por los aires donde nada se nos ha perdido y que empalaga incluso antes de decir nada, amaros así tal vez merezca un Informe. Por eso os vuelvo a escribir. Un Informe preciso, y diría que hasta objetivo. Un Informe que Vos enseguida entenderéis muy bien que no estoy en condiciones de redactar ni acometer. Un Informe que, como pasa con la mayor parte de los informes, no se escriben del todo ni se atreve nadie a acometerlos —más bien se elaboran o, peor aún, se realizan. También comprenderéis cómo me hubiera gustado saber emplear el Bisturí por comentar una serie de datos y consumar —o perpetrar— por escrito nuestro Estado de la cuestión y nuestro lugar en el Sistema. Que me hubiese gustado poderlo hacer nada tiene que ver con el Informe ni con la ridícula solemnidad de tenerlo que firmar, sino con la consecuencia inmediata de la hoja: presentarme ante Vos para entregaros un Documento. Entregaros algo debe ser por fuerza distinto a dároslo. Tal vez más frío, más discreto o compacto. Tal vez sucede al revés de lo aparente y resulta que lo que destituye y desata es el Espectáculo central, la Masa de carne palpitante. Sea cual sea la distinción o el nimio matiz, relacionar su cuerpo con algo que se entrega me place con una Intensidad que se desboca y lo cuenta —igual que cuenta que Vos os habéis convertido al final un poco en eso: en soltar el Caballo y que corra, en deshacerse del Freno bruscamente —desobedecerlo. Veremos si es posible. Esta mañana de otoño reprimido me he dirigido al Comité de Trabajo a preguntar si Dirección tiene a punto el Salvoconducto para cruzar el Toque de queda. El Futuro parece antiguo y el Presente es una mierda. El próximo día os hablaré de animales.
Siempre vuestra.
