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Las acciones de cinco personajes protagónicos convergen por la senda de la vida, de sus sueños y de las circunstancias adversas. Con un estilo profundo, el autor, en su carácter dual, reflexiona mientras los personajes encarnan su filosofía. La Senda de Abraxas es, sobre todo, una comprensión de que en el mundo de la manifestación, los deseos más subjetivos son aquellos que tienen que ser materializados en objetivos mentales. Estos, los más claros, los que no se pueden ignorar y te perseguirán por siempre, son los más cercanos al corazón. Son aquellos que muchas veces por falta de confianza o, incluso, por la falsa manía de no encararnos, llamamos sueños. La Senda de Abraxas es, por eso, un mapa de los sueños, una irreductible fuerza de vivir.
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Seitenzahl: 182
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Edwin Ospina
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1181-718-9
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Agradecimientos
Muchas personas colaboraron con sus propias experiencias o puntos de vista para la creación de este libro. Sin ellos, ni una sola letra se hubiera confabulado para el nacimiento y evolución de esta obra: Mónica Fernanda Soto, Herney Guerrero, Stella Gil, Diana Millán, Tatiana Arango, Dante Sabogal.
Muchas gracias a mi amigo entrañable, persona comprometida con toda mi obra y a quien creo que de verdad me entiende más allá de lo inconmensurable. Daniel Felipe Rodríguez: gracias, amigo, por ser esa sustancia vital que, a través de una lectura analítica, contribuye en hacer mi obra posible.
Muchas gracias a mi adorable maestra, Maritza Elena Enríquez Lycón. Tú me diste lo necesario para ser, por fin, un escritor de oficio. Tú fuiste mi universidad y siempre te amaré por ello. Y siempre en lo posible trato de tener en mi ser todas tus lecciones, las referentes a la escritura, así como también las que se refieren, exclusivamente, a la vida.
Más allá de ellos, a quien más estoy agradecido es a la obra misma. La senda de abraxas me trajo al camino de la persona más fuerte, bella, interesante y de incalculable valentía y voluntad; La senda de abraxas me llevó hasta al altar con Andrea Carvajal, mi adorada y apasionada esposa.
Entre lo ficticio y lo real (Prólogo)
El siglo XX fue sacudido en la literatura con la aparición de lo autobiográfico, cuyo máximo símbolo brilló con luz propia. Henry Miller capturó la atención del mundo de una forma que le valdría la censura en su propio país. Más allá de lo erótico, filosófico, de sus denuncias, de su cinismo o contrariedades, Miller desmembró la vida en cada una de sus apariciones.
Los libros siempre empiezan con una idea del autor, un fragmento o un diálogo constructivo no solo para la obra, sino para el lector. El comienzo de este libro tiene la maravilla de entregarnos a los genios sin máscaras. Nos los muestra en lo biográfico, enseñándonos que la vida del lector es tan significativa como la de los genios. El genio tiene una máscara, su inteligencia; no sabe vivir como un idiota, no sabe vivir como un hombre, no sabe hacer válida su voluntad primaria. Su ser se extrapola al cielo y se le olvida la tierra. La Senda de Abraxas es una alianza entre lo estúpido y lo sabio, cuyo objetivo es la felicidad. Esta obra hace sentir al lector que, por muy Einstein, el lector tiene una vida deliciosa y acepta, como decían los estoicos, su destino como es y es feliz con él. A veces uno se obsesiona con ser, pero se le olvida que ya es, que ya existe, y eso es algo que no se puede olvidar. Es algo que se debe vivir, por muy cuántico o espacial la vida está aquí; Nietzsche tenía razón.
Pensemos en los estoicos, en Epíteto para ser exacto: «No olvides, simple actor, que representas un papel en esta comedia y no lo puedes cambiar. La felicidad consiste en mantener ese papel, vivirlo con dignidad y no frustrarse». En Einstein se ve esa frustración de cambiar el mundo y lo logra, y en los otros científicos ese espíritu tranquilo que busca su propia felicidad. ¿Qué tanto se sacrifica uno para nada? ¿Las pelotas son para cambiar todo o para aceptar todo, lector? En esa consideración es importante resaltar una frase de la obra que expresa su carácter:
«Me he construido en condiciones pavorosas, es ahí donde nació mi alegría, donde se alimenta mi alegría, donde se diáfana mi alegría, donde habla mi alegría. Pues yo hice de mis condiciones pavorosas arte y ahora la inversión me da sus riquezas espirituales, materiales, intelectuales y sensibles; profundas y diáfanas como la oscuridad que entraña el fuego».
Este libro viene de un lugar donde no debería existir la literatura, aunque ese lugar la necesite desesperadamente. Aquí no se traiciona a un literato, no analiza qué escriben, sino que les extrae la vida. En este libro no hay un literato. En este libro hay vida, hay carne.
En la novela existe una conjunción entre lo que piensa el autor y lo que narra el escritor. Escritor y autor se confunden y se hacen uno, porque el autor hizo al escritor y el escritor salvó al autor. Sus personajes: Daniella, Margot, Santiago, Estrella y Sara, en cierta medida son él. Pero él a su vez puede no ser ninguno. Esto usted lo sabe sin necesidad de conocer al autor (al menos, personalmente). Él se lo explicará detalladamente. Quizá él ha visto la vida de los cinco y quiere narrarla en ese relato entrecruzado. Pero no es un estafador, ya que, aunque parte de esas vidas son inventadas, los sentimientos descritos en ellas son reales. Solo son la literatura que muestra la idea que el autor quiere compartir al lector, porque el autor es un literato, no un filósofo, y en esa medida su facultad radica en mostrar la vida a partir de una idea y luego hacer esa idea verbo.
Por eso el libro no es una idea, aunque contenga muchas. El libro es un relato de variados acontecimientos de la vida misma que no tienen mucha coherencia tal como lo es vivir: injustificable, indomable, sin caminos. Por ejemplo, el cáncer (una enfermedad que marca la sorpresa de la vida en el siglo XXI), un accidente, un viaje, un amor corto, un premio, conocer individuos por Facebook y que ellos te cambien la vida… Como vemos en cualquier red social, cuando dos desconocidos que se conocen por un mundo irreal hacen su vida real, hermosa y feliz. A partir de esos fragmentos, usted se puede encontrar en la novela, pero esta vez se puede entretejer algo más con esos acontecimientos tan básicos.
Cuando encuentre ese mundo real que todos conocemos no estará banalizado o expuesto como usted lo ve. Aquí está mediado por los ojos del autor y por su vida misma. En caso contrario, ese mundo que nos muestra no tendría sentido porque un lector también vive la vida: sufre, llora y reflexiona. Quizá tendría sentido para un lector que anhela la vida o está en búsqueda de una experiencia intelectual, no una experiencia emocional.
Su mirada como autor no es filosófica, al menos en un sentido puro e incómodo que se concentra más en el concepto, en la idea, y no es capaz de visualizar la realidad. Tampoco es realismo porque no evocaría nada distinto a nuestras vidas. Es una combinación de lo necesario de cada una. Por un lado, está la vida en su estado puro que usted o yo hemos visto o vivido y, por el otro lado, está una reflexión de esa vida, pero es una reflexión sincera, vivida, no una reflexión moral que se construye desde la orilla del río. Es la visión de un hombre que cayó a un río, se estaba ahogando, y no tuvo la oportunidad de imaginar un barco o un salvavidas. ¿Quizá porque no los conoce? Y antes de aprender a nadar, aprende a salir por un segundo, tomar aire, sostenerlo, y pensar en cómo nadar. Después de muchos intentos sale airoso del río, se sienta en la orilla y nos habla. Es filósofo porque piensa en lo que vivió, no porque creó categorías sobre cuestiones que no vivió. Cuando abra el libro, entenderá que sus conceptos filosóficos son banales, son la vida misma: la sonrisa, el santo del conocimiento que se encuentra en la sinceridad de cada hombre, en su experiencia de ahogamiento. Por eso entenderá que hay máscaras que permiten imaginar y respirar, pero el río te va llevando, se vive. Sin embargo, no desarrolla una habilidad básica como la vida misma. Esa habilidad que el autor le quiere mostrar y por eso lo incita a nadar como él, con riesgo de ahogarse; como Estrella, como Santiago, como Sara, como Daniella, como Margot. Como ellos, que huyen de usar máscaras y prefieren salir del río con su voluntad, a nado.
¡Voluntad! Es quizá la palabra que capturaría con más intención y aplicación esta novela, ya que sus personajes, aunque como es común en toda vida, sufren contrariedades. Ellos no renuncian a estas, sino que las viven, las confrontan, enfrentan y entran a ellas y, una vez experimentadas, descubren el valor de las mismas. Este, por lo mismo, no es un libro sobre la sobrevivencia o la supervivencia. Es, en todo sentido, un largo poema sobre la vida.
¿La realidad es el devenir de la ficción o es la ficción el devenir de la realidad? Una pregunta a la que le sobrarán respuestas, como se presenta el libro en su abraxas contenido. Este es un texto entre amigos donde cada respuesta es valorada. De hecho, no existe una sola respuesta. En cambio, existen todas las respuestas posibles. No es un libro cerrado, al contrario, es un libro inacabado, un libro al que siempre le hará falta las respuestas del lector.
Daniel Felipe Rodríguez
Santiago Muñoz
PUÑADOS DE LIBERTAD
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La historia y la literatura nos han enseñado desde siempre que los amores más sublimes conducen a la muerte o que incluso el amor se sublima con la muerte: Romeo, Edipo, Werther, David, Aquiles, Jesús, entre otros.
Schopenhauer, especialista en pesimismos y quejas, parece ser irónicamente condicionado por su idea del amor a una vida más perruna que humana. Creía que el amor era solamente un atrayente de opuestos, un llamado del genio voluptuoso de la especie. Schopenhauer, además, desvaloriza a la mujer. En su libro Del amor, las mujeres y la muerte dijo que: «La mujer era un animal de pelo largo e ideas cortas». La historia de la poligamia de Schopenhauer, su machismo e, incluso el gélido y apasionante odio que despertaba su madre en él, no evitaban que consumiera mujeres con fogosidad excitante.
Goethe, en cambio, el más fino poeta de la Alemania, anduvo de amores en amores hasta el final. En su vejez, pudo verse indisolublemente enamorado de Ulrike Von Levetzow, niñita de diecisiete años. Goethe, en realidad, fue siempre un enamorado del amor. Un enamorado más del amor que de cualquier persona que amase.
Con la novela Werther, Goethe capturó tanto la atención apasionada de los jóvenes lectores que, a ejemplo de Werther, el protagonista, hubo una cantidad abominable de suicidios inspirados en la novela. En la vida real, Goethe se enamoró de la novia de un amigo y así nació ese diario lírico. Nació esa ficción llamada Werther, mas él no fue tan dramático y tan extremista en su fatalidad como su personaje, lo que le hizo conocer no solo uno, sino muchos más amores en su vida.
Einstein, uno de los genios más grandes del siglo XX, sacrificó el amor a la familia, el amor a su primera esposa y colega en pos de su otra pasión, la Física. El resultado fue una carrera inmortal, pero una vida familiar tormentosa. Verdaderamente, todo andaba patas arriba en su vida personal. Su primera hija, al parecer, fue un error no previsto en su vida. Hasta entonces comenzaba así las tribulaciones de sus amores no fortuitos.
De la bebé que engendró Einstein junto a Mueva nadie supo nunca su paradero y siempre se pensó que Mueva la había dado en adopción, puesto que Mueva, compañera de profesión y de afectos de Einstein, se hallaba perpleja y desilusionada de la vida por aquel infortunado embarazo. Sin embargo, poco tiempo después, Mueva y Einstein perpetuaron su amor en el sagrado matrimonio.
Edward, uno de los hijos, era un niño muy dotado; leía a Goethe y Schiller en el primer grado y poseía una gran memoria fotográfica. Aprendía con velocidad sorprendente todo lo que se proponía, pero estaba trastornado. Edward debió ser internado en un hospital psiquiátrico en 1933, luego de presentar síntomas de inestabilidad mental y murió en el hospital en 1965. Einstein, a quien todos dan por hecho de que ha sido uno de los tres grandes sabios de la humanidad, no fue ningún sabio en el amor ni en el hogar.
Bohr, contemporáneo de Einstein y con quien sostuvo un constante debatir y un afianzamiento científico e intelectual, es la otra cara de la moneda. Bohr, al contrario de Einstein disfrutó toda la vida de una suerte que se sobraba en talento puro de vivir.
La hermosa esposa de Bohr era una mujer diligente, gentil, fantástica en atenciones con quien visitase su hogar. El hogar para ella era donde estuviera Bohr y el hogar de Bohr era donde estuviera ella. Es una sabiduría casi erudita el encontrar que, tanto en Mueva como en Margarita, la esposa de Bohr, hayan sido partes fundamentales de las teorías de estos dos inmortales físicos. Pero Margarita Bohr traía implícito para el físico la felicidad del hogar, el éxtasis de acompañar el triunfo y la camaradería de las más tiernas amistades.
Richard Courant dijo después de la muerte de Bohr: «Algunas personas han especulado acerca de las afortunadas circunstancias que se combinaron para que Niels fuera tan exitoso. Yo creo que los ingredientes de su vida no fueron cuestión de suerte ni mucho menos, sino que estuvieron profundamente arraigados en la estructura de su personalidad. […] No se trataba de suerte, sino de profundo conocimiento, lo cual le llevó a encontrar en sus años juveniles a su esposa, quien, como todos sabemos, tuvo un papel tan decisivo en hacer toda su actividad científica y personal posible y armoniosa».
Una tarde de sol de mediodía, Einstein llegó a la casa estudio de Bohr. Einstein había pasado la noche en vela y tenía su típico enjambre de pelos alambrados y esponjados. Aunque ya de por sí venía irascible, su estado se alteró más al ver a Bohr almorzando complacidamente mientras leía poesía. «¿Qué haces Niels? Yo he estado ocupado toda la noche tratando de dar respuesta a los problemas que nos ocupan y ¿tú estás disfrutando de una buena comida, leyendo poesía y sin avanzar nada?». Bohr respondió: «¿Qué piensas que hago? Lo que nosotros investigamos y descubrimos son cosas intangibles, y yo estoy estudiando poesía, yo estoy estudiando lo intangible».
¿Qué somos vos y yo, lector, comparados a estos inmortales? ¿Qué hay de inmortal o sabio en nosotros para que valga la pena ser descrito? Sabiduría y amor son distancias y quimeras. La sabiduría intelectual como cualquier otro entretenimiento erudito, pareciera zafado de las pasiones juveniles y nos pareciera, también, que casi como una necesidad metafórica se encarnará con gran calza en amarillas pieles momificadas; ya lo decía Marilyn Monroe: «El genio se parece a un señor de mal genio».
El estúpido, criatura de deseos simples, sabe más de felicidad que el sabio, ahora bien… ¿Quién de estos cuatro grandes hombres: Schopenhauer, Goethe, Bohr, Einstein, ¿alcanzó la felicidad? ¿En qué parte de esta tragicomedia llamada Tierra resplandece como joya el papel hacedor de la mujer, Diosa creadora de la personalidad? ¿Ya sea en el gusto femenino vehemente y pasional como ocurre con Goethe o en el profundo desprecio de Schopenhauer por su madre? O ¿ya sea en el amor valiente de Bohr por su esposa, o en el desinterés y sacrificio de Einstein?
Sabiduría y amor parecieran una paradoja, ¡algo que cuando no se logra, se hace más brillante, más resplandeciente! La mujer, a su vez, pareciera encarnar hasta en su peligrosa maldad a la sabiduría aún en sus tiernos movimientos, y en su estructura apasionada y obediente. La mujer es sabia para obedecer y sabia para gobernar. Su sabiduría es de aborigen víbora, está llena de vicios y virtudes. A la mujer no le han votado tinta y siempre han cubierto con bruma sus conquistas. El hombre filósofo, el hombre pensante, ha declarado de la mujer que es el demonio, pero ¡¿quién es el demonio sino aquel que habita en la mente del pecador?! ¿Quién es el demonio, el objeto que inspira al pecador o el pecador mismo?
A la sazón de estos apuntes, que el amor y la carrera del genio no siempre van de la mano y que el ser siempre va en busca de su soulmate, por siempre. Por siempre encontrándose y aventurándose. Ese yo que es voluntad de vivir mientras se les escapa a algunos sabios el ser. El ser que es la verdadera esencia y no una máscara, sino la santa transmigración de todos los eventos póstumos de nuestra propia vida. Tal vez esta no sea la fortuna de la que gocen los personajes que vos, lector, estás a punto de encontrar, pero tal vez… ¡Sí!
La reacción de los devotos que llegan a la iglesia es de asombro, parece inverosímil quien ven en posición de oración con el pelo negro azabache, brillante y sedoso regado por la espalda. La piel blanca y divinamente humectada, la cual da una apariencia de adorable salud. La nariz refinada, notándose que había estado expuesta a la cirugía plástica, los labios carnosos y del color de una fresa madura. Sus manos la santiguan al preludio de su salida, no parece normal que una hermosa mujer como Daniella, con veintisiete años de edad, esté tan mimetizada y concentrada en la iglesia a esas horas mañaneras.
Daniella se queda un instante con los ojos cerrados, besa sus manos sin abandonar la posición de oración. Al abrirlos deja ver el color negro y felino de ellos, contrastan con la blanca dentadura que, al sonreír extasiada de paz espiritual, le ilumina el rostro como si fuese una virgen santa.
Cuando da la vuelta para salir de la iglesia, la gente que llega para la misa que aún no empieza se queda admirada de tanta belleza y de la sonrisa de Daniella que es como un lenguaje nuevo que usara su rostro entero para hablar todos los idiomas del universo. El vestido azul turquí de seda se ondula con el viento que hace esta mañana en Buenos Aires. Las piernas brillantes y humectadas, saludables, movilizan su cuerpo firmemente como en una pasarela, como está acostumbrada desde hace muchos años en que ha descubierto la vocación que marcará su destino.
Hacía ocho años atrás había comenzado a recorrer la enmarañada senda de la conquista y de la esperanza. A los veintisiete años, edad en la que en esta época las personas están a punto de ver realizadas sus ilusiones. Daniella, como cualquier otra persona a su edad, se esfuerza con garras y empeño tratando de alcanzar sus aspiraciones. Daniella es una chica simpática y adorable que ha amado en algunas oportunidades con el fervor de una amante consagrada, pero hace rato se ha dado cuenta de que la lucha por conquistar la realización personal es verdaderamente terrible y que es un camino marcado por el sacrificio; cree que, al llegar, al alcanzar su conquista, todo va a estar indisolublemente premiado.
Hoy en la mañana, después de haber recibido la llamada de su agente empresarial, ella ha decidido ir a la iglesia para orarle a Dios y para pedirle de todo corazón que aquel contrato en Colombia se haga real y que su camino en el modelaje, los esfuerzos que esta carrera le llevan, se vean por fin retribuidos.
Al salir de la iglesia, al aire que juega con su pelo lo siente como si Dios mismo caminara junto a ella y trajera a su alma todos los aromas, todos los colores, todos los átomos y partículas diminutas que se transmiten por su ser con el único fin de embriagarla de una felicidad casi inenarrable. Está llena de fe y el éxtasis de la sola posibilidad de ver su sueño realizado calma el óbito de la soledad y la zozobra que causa la esperanza cuando se desembarazan los engaños a los que ella no ha podido soslayar.
El camino del modelaje es bastante engorroso y de cuidado. Además de que siempre están al acecho los estafadores que quieren aprovecharse del sueño libido de triunfar en las pasarelas. No ha tenido hasta entonces sino malos y abusivos promotores, solo tropiezos. Cercana a los treinta años, sus actuaciones en el modelaje son desparpajos. Hasta ahora no ha alcanzado ningún buen proyecto y, a pesar de su juventud, para una modelo ya está llegando al final de sus posibilidades.
Por otra parte, no fue tan fácil construir la hermosa figura que posee: dietas extraordinarias, la alimentación más saludable en la que no están permitidas las grasas ni los chocolates; costo que Daniella paga con ahínco y coraje, además de las horas de ejercicio que ocupa en dar forma a sus abdominales, las hermosas nalgas y las fuertes piernas. La familia, que es su bien más preciado, siempre está como plan B, aunque su corazón y comportamiento son siempre el patrón de su carácter y de su formación moral. Con la madre, a quien ama de corazón y quien es su inspiradora en la lucha femenina, mantiene frígidas comunicaciones por teléfono. A su padre, quien es el primer encargado de su manutención, le extraña con desespero. A veces trabaja como impulsadora de productos en supermercados y otras veces participa como extra de películas y de la televisión. Estos son apenas unos de los sacrificios atenuantes que cuestan su sueño.
Aunque para muchos genios modelar es un sueño vacío y hueco, para Daniella es una responsabilidad que se ha arraigado desde el mismo momento en que abandonó su amado Tucumán, pequeña provincia de donde es oriunda y donde además ha dejado su familia. Es tan importante modelar para ella, significa el costo de luchar por la realización y abandonarlo no tiene cabida en su mente, convirtiéndose así, sin condiciones ni provisiones, en una vida que a veces puede ser aterradora.
Por fortuna para Daniella, ella no es una chica excesivamente bella solamente, sino que además es una chica simpática que inspira ternura. Sus modales refinados y altísimamente amables demanda en los hombres respeto al cortejarla y en las gentes los más tiernos y delicados afectos de la amistad y la admiración.
