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El argumento del libro es la expedición de los Siete contra Tebas para apoyar el intento de Polinices de recuperar el trono de manos de su hermano Eteocles.
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Veröffentlichungsjahr: 2017
La Tebaida
Publio Papinio Estacio
Edipo, rey de Tebas, habiéndose sacado los ojos y retirado a vivir en una cueva del monte Citerón, en pena de haber muerto a su padre Layo, sin conocerle, y casádose con su madre, llamada Yocasta, de quien tuvo dos hijos, Eteocles y Polinices, sintiéndose el rey despreciado de ellos y excluido del reino, invoca a Tesífone, furia del infierno, contra ellos, y maldícelos como a generación incestuosa. La furia siembra discordia entre los dos hermanos, y acuerdan de reinar por suertes cada uno un año. Cupo la primera a Eteocles, y sale Polinices desterrado de Tebas. Júpiter junta concilio de dioses, y determinando destruir a Tebas y a Argos, manda a Mercurio que baje al infierno por el alma de Layo, padre de Edipo, para que incite a Eteocles que, pasado el año, no permita que le suceda Polinices en la vez de reinar, al cual en este tiempo, que discurría por la Beocia, sobrevino de noche una tempestad, y compelido de la misma fortuna Tideo, príncipe de Calidonia, aportan juntos al alcázar de Larisa, corte de Adrasto, rey de los argivos; y recogiéndose en los zaguanes de su palacio, riñen los dos sobre la posada. Al rumor baja Adrasto y los pone en paz. Juzgándoles por personas nobles, los aposenta. Lleva Polinices vestido el despojo del león nemeo, y Tideo el del jabalí de Calidonia. Repara Adrasto en ello, y certifícase de un oráculo antiguo de Apolo, que le dijo que dos hijas suyas casarían una con un león y otra con un jabalí. Hácelas venir a un convite que hizo a los forasteros, y en la mesa cuenta la causa de un sacrificio que este día se celebraba en Argos al dios Apolo.
1 Las armas, el furor de dos hermanos (1)
en pertinaz discordia divididos,
contra ley natural odios profanos,
reinos a veces entre dos regidos,
delitos sin disculpa, de tebanos,
por injuria del tiempo no sabidos,
para que al mundo su memoria espante,
me incita Apolo que renueve y cante.
2 ¿Por dónde, oh musas, del Parnaso gloria, (3)
mandáis que dé principio al triste cuento?
Cantaré en el principio de mi historia
de esta gente feroz el nacimiento,
traeré el robo de Europa a la memoria,
la ley inviolable y mandamiento
de Agenor, y forzado del destino
a Cadmo, navegante peregrino.
3 Largo fuera el discurso si dijera, (7)
tomando tan de lejos la corriente,
de aqueste labrador la sementera
que tuvo por cosecha armada gente,
cuando, no sin temor de que naciera
el fruto semejante a la simiente,
dientes sembró en los surcos de esta tierra,
que guerra nace donde siembran guerra.
4 Ni es bien ahora que despacio cante (9)
con cual pudo Anfión dulce armonía
cercar de muros la ciudad triunfante
si tirios montes a su voz traía,
ni el triste fin de Sémele ignorante,
obra de Juno, que celosa ardía,
ni por cuál ocasión, con rigor grave.
al propio hijo dio la muerte Agave.
5 Ni diré contra quién, con desatino, (12)
arco flechó Atamante desdichado,
ni cómo, por huir sus furias, Ino
las olas no temió del mar hinchado
y en los brazos del Jonio cristalino
fiada más que del marido airado,
se arrojó con su hijo, do Neptuno
dio nueva vida y nombre a cada uno.
6 Por tanto, pues, de Cadmo dejar quiero (15)
la contraria fortuna o suerte buena,
el mal presagio o el feliz agüero,
la causa de su llanto y de su pena;
que si otra lira le cantó primero,
la morada de Edipo, siempre llena
de confusos gemidos y de llanto,
han de ser el principio de mi canto.
[Dedicatoria de Estacio al emperador Domiciano, 7-11]
7 Puesto que yo cantar no he merecido (17)
triunfante a Italia tremolar banderas,
dos veces al flamenco, y dos vencido
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