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Roger Stronstad examina el significado de la actividad del Espíritu Santo en Lucas-Hechos, y explora la función del Espíritu en la preparación del pueblo de Dios para la tarea inacabada de misión. Esta segunda edición se ha revisado y actualizado de principio a fin, e incluye un nuevo prólogo de Mark Allan Powell. «En mi opinión, La teología carismática de Lucas, de Roger Stronstad es quizás el libro de estudios bíblicos más importante jamás escrito por un pentecostal. Este delgado volumen es una verdadera obra seminal que provocó un cambio sísmico en el terreno de la erudición bíblica pentecostal, alterando para siempre su carácter fundamental a la vez que enviaba temblores más allá de la tradición en todas las direcciones». —JOHN CHRISTOPHER THOMAS, Seminario Teológico Pentecostal «¡La obra más influyente sobre la pneumatología lucana de esta generación! Hace veinticinco años, Stronstad solidificó mis primeras convicciones sobre la actividad del Espíritu Santo. Hoy, mis estudiantes se hacen eco del mismo refrán. Aquellos familiarizados con la enseñanza pentecostal/carismática sobre la vida llena del Espíritu encuentran material para una reflexión y exploración nuevas. Quienes no lo están reciben una invitación desafiante para la búsqueda renovada del Espíritu. Nada podría hacerme sentir más feliz de que este libro haya sido revisado y que permanezca impreso». —MARTIN MITTELSTADT, Universidad Evangel
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Seitenzahl: 214
Veröffentlichungsjahr: 2024
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La teología carismática de Lucas: trayectorias desde el Antiguo Testamento hasta Lucas-Hechos
© 2024 por Roger Stronstad.
Publicado por Editorial Patmos, Miramar, FL 33027.
Todos los derechos reservados.
Publicado originalmente en inglés por Baker Academic, una división de Baker Publishing Group, Grand Rapids, MI 49516-6287, con el título The charismatic theology of St. Luke: trajectories from the Old Testament to Luke-Acts © 1984, 2012 por Roger Stronstad.
A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. www.NuevaBiblia.com.
Las citas bíblicas marcadas como «DHH» han sido tomadas de la BIBLIA DIOS HABLA HOY, 3RD EDITION. Dios habla hoy ®, Tercera edición © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996. Usadas con autorización.
Las citas bíblicas marcadas como «nvi» han sido tomadas de la Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015, 2022 por Biblica, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.
Traducido por Loida Viegas.
Diseño de portada e interior por Adrián Romano.
Conversación para libro electrónico: Cumbuca Studio
ISBN: 978-1-64691-345-9
ISBN 978-1-64691-346-6 (eBook)
Categoría: Teología.
Impreso en Brasil | Printed in Brazil
A Clifford y Dawn Stronstad
y Amy y Jody,
a Irene Robert Jonas
y Jennifer, Pamela y Jeramy
con afecto.
Prólogo por Mark Allan Powell
Prefacio a la segunda edición
Agradecimientos
1. El Espíritu Santo en Lucas-Hechos: Un reto en metodología
2. El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento: El Espíritu carismático de Dios
3. El Espíritu Santo en el Evangelio de Lucas: El Cristo carismático
4. El Espíritu Santo en Pentecostés: La comunidad carismática
5. El Espíritu Santo en los Hechos de los Apóstoles: La comunidad carismática en la misión
6. La teología carismática de Lucas: Síntesis y desafío
Lecturas complementarias
En mis años universitarios tuve una serie de experiencias carismáticas y durante bastante tiempo hablé en lenguas todos los días. Tuve visiones; creía que Dios me estaba guiando de maneras notablemente detalladas; experimenté un empoderamiento divino para lograr cosas que, de otra manera, nunca habría podido hacer. El libro de los Hechos me parecía el más relevante y realista de la Biblia.
Para cuando ingresé a la escuela de doctorado, quince años después (1984–87), mi visión teológica había cambiado. Aunque nunca me han gustado las categorías, probablemente me habría identificado como «evangélico», mientras que todos los demás me habrían catalogado de «luterano tradicional». Las palabras «carismático» y «pentecostal» ni siquiera se habrían mencionado.
En mi programa de doctorado, leí numerosas obras académicas y eruditas sobre el evangelio de Lucas y el libro de los Hechos; incluso acabé publicando dos libros sobre la erudición lucaniana: What Are They Saying aobut Luke? [¿Qué están diciendo sobre Lucas?] (Paulist, 1989) y What Are They Saying about Acts? [¿Qué están diciendo sobre los Hechos?] (Paulist, 1991). A lo largo de esos estudios, no pude evitar observar que la mayoría de los académicos consideraban el aspecto carismático de la teología de Lucas como una rareza. Para la mayoría de los autores, la descripción que Lucas hace de las diversas formas en que el Espíritu de Dios dirigía y empoderaba a las personas carecía de credibilidad como historia directa. Para algunos, esto significaba simplemente que el informe del evangelista estaba demasiado infectado por la superstición primitiva como para ser tomado en serio; para otros, solo significaba que se debía conceder a Lucas un grado extraordinario de licencia literaria.
Además, incluso aquellos académicos que reconocían que Lucas estaba informando sobre lo que había ocurrido en realidad, por lo general tomaban sus relatos como descriptivos de una era pasada, cuya desaparición no lamentaban demasiado: el libro de los Hechos describe las cosas como eran, no como son ni como deberían ser, ni (siendo sinceros) como nosotros quisiéramos que fueran. De modo que los académicos abordaban el aspecto carismático de la teología lucana de diversas maneras, pero todos parecían estar de acuerdo en que era un problema. No me refiero a que alguno de estos académicos estuviera equivocado. Tan solo señalo que ellos no consideraban el libro de los Hechos como realista o relevante. Quizás, pensaba yo, esto es apropiado: son académicos que estudian literatura antigua. Ellos suelen acercarse a tales obras con un grado de distancia crítica, reconociendo, por ejemplo, que los autores (y los lectores) del siglo I profesaban un punto de vista diferente al nuestro. Pero en este caso, la «distancia crítica» parecía extrema: la mayoría de los académicos del Nuevo Testamento parecían pensar que el libro de los Hechos era algo extraño. Así que, incluso cuando estaba convencido de que un académico tenía razón o era perspicaz en sus observaciones, a menudo sentía que estaba leyendo los comentarios de alguien que miraba desde fuera hacia adentro.
Cuando leí La teología carismática de Lucas de Roger Stronstad, supe que había encontrado algo diferente: el tono mismo del libro era en ese momento único en los estudios lucanos. Stronstad no solo encontraba creíbles los elementos carismáticos de la teología de Lucas; también le resultaban atractivos. Stronstad escribe asimismo como académico; su objetivo principal es la elucidación, no la edificación, y sabe que está tratando con literatura antigua para la cual el significado no siempre es transparente ni la aplicación obvia. Sin embargo, también escribe sin disculpas como académico pentecostal, como quien considera relevantes y realistas incluso los aspectos más extraños de los libros de Lucas. No se limita a valorar esos aspectos de los escritos lucanos como representaciones de alguna forma pintoresca de piedad del siglo I, o incluso como descripciones de cómo eran las cosas en alguna dispensación previa definida de manera segura. Stronstad busca elucidar la comprensión que Lucas tenía del Espíritu como podría hacerlo cualquier estudioso bíblico, pero lo hace como un académico que, de verdad, cree que la comprensión de Lucas sobre la guía y el empoderamiento espiritual sigue siendo creíble y encomiable para la teología y la misión contemporáneas.
Al señalar esto de nuevo, desde luego no pretendo menospreciar el valor de las perspectivas más desapegadas y externas: no hay absolutamente nada de malo en la erudición producida por observadores externos. Todos hacemos ese tipo de investigación a veces, e incluso hay casos en los que dicho desapego es preferible. Pero admitamos que falta algo. Si así lo deseara, esperaría que pudiera investigar y escribir un libro bastante bueno sobre los escritos de algún monje ermitaño que vivió en aislamiento durante la mayor parte de su vida. Pero al margen de cuánto admirara a dicho individuo, lo consideraría como alguien que vivió su vida de un modo en que yo no querría nunca vivir la mía. Mis observaciones podrían ser precisas e incluso perspicaces, pero mi volumen no sería el mismo tipo de libro que podría producir un erudito competente que viviera él mismo en aislamiento y que recomendara esa existencia para los demás.
La erudición de Stronstad tiene mérito en sus propios términos, y su comprensión del Espíritu en Lucas-Hechos merece compararse con la de James D. G. Dunn, Jacob Jervell y otros muchos intérpretes modernos. Sus contribuciones particulares incluyen (1) un énfasis en la dependencia de Lucas de la tradición hebrea, en contraposición a las concepciones del espíritu en el pensamiento griego; (2) una exposición de la transformación de esa tradición por parte de Lucas de maneras que dan testimonio de nuevos desarrollos; y (3) la delimitación de elementos significativos en la perspectiva de Lucas que distinguen su teología de la de otros escritores bíblicos (incluido Pablo), de formas distintivas, pero no necesariamente contradictorias. Estos puntos son, por supuesto, discutibles, y el crisol de la erudición se asegurará de que sigan siendo discutidos. Al menos, las posiciones de Stronstad se han establecido como unas de las opciones principales: sus argumentos se consideran ahora defendibles por todos, y persuasivos por muchos.
Desconozco si tiene razón o no. De ser así, la teología de Lucas se vuelve problemática para muchas iglesias (incluida la mía). Pero si es polémica para una iglesia, ¿no significará que la teología de la iglesia también habría sido problemática para Lucas? ¿Y no es Lucas, acaso, quien ha canonizado su teología?
En resumen: este es un libro que me hace reflexionar mucho (y hasta me lleva a reocnsiderar esas experiencias universitarias). Estoy agradecido a Roger Stronstad por escribirlo, y a Baker Academic por darle nueva vida en esta segunda edición. Y me complace informar que, independientemente de las actualizaciones y otros cambios realizados, una cosa sigue siendo la misma: Stronstad sigue yendo en contra de la tendencia mayoritaria de la erudición en el sentido de que no considera la teología carismática de Lucas como un problema a tratar, si queremos que el mensaje lucano tenga hoy relevancia; más bien, él cree que la teología carismática de Lucas es un mensaje importante para hoy.
Mark Allan Powell
La primera edición de este libro, una ligera revisión de mi tesis de maestría, «El Espíritu Santo en Lucas-Hechos» (Regent College, 1975), se publicó como «La teología carismática de Lucas» (Hendrickson, 1984), y rápidamente obtuvo un modesto reconocimiento crítico y un éxito continuo en ventas. La solidez básica de esta exposición e interpretación de la teología carismática de Lucas se refleja en que ha pasado por diez ediciones impresas sin aparente disminución en la demanda. Pero con el libro en impresión durante más de veinticinco años, su nuevo editor, Baker Academic, me ha dado la oportunidad de actualizar el libro. Esta edición puesta al día es fiel a las suposiciones fundamentales de la primera. Incluye lo siguiente sin limitarse a ello:
1. El Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles forman un libro de dos volúmenes, Lucas-Hechos.
2. Por lo tanto, estos volúmenes tienen el mismo autor identificado tradicionalmente como el personaje del Nuevo Testamento, Lucas.
3. Ambos volúmenes pertenecen también al mismo género, es decir, la narrativa histórica.
4. La narrativa de Lucas es históricamente fiable.
5. Aunque el género de Lucas-Hechos es la narrativa histórica, Lucas informa sobre la historia sagrada y, por lo tanto, escribe con propósitos didácticos y teológicos.
6. Lucas es, por consiguiente, un teólogo único y a la vez independiente entre los escritores del Nuevo Testamento.
Desde la publicación del libro en 1984, estas suposiciones han alcanzado un amplio consenso dentro de la comunidad evangélica, aunque, por supuesto, no una unanimidad completa.
Las suposiciones anteriores ilustran que escribo desde dentro de la tradición de la erudición evangélica. También escribo desde dentro de la tradición del pentecostalismo, es decir, como alguien que ha sido bautizado en el Espíritu Santo con el signo atestiguante de hablar en otras lenguas. Es probable que un creyente que ha hablado en lenguas, que ha sido empoderado por el Espíritu, que ha manifestado los dones de sabiduría y conocimiento, que ha recibido visiones, etc., no interprete los informes de Lucas sobre la presencia y la actividad del Espíritu Santo tan solo en palabras: frases y párrafos en una página para ser analizados y manipulados en todas direcciones. El erudito pentecostal del siglo XXI sabe, en parte por experiencia tangible, que Lucas ha informado con anterioridad sobre experiencias tangibles similares.
Cuando escribí mi tesis en 1974-75, y más tarde aún cuando la revisé para su publicación en 1984, la literatura en las disciplinas complementarias de los estudios lucanos y del Espíritu Santo era bastante escasa. Por lo tanto, lo que escribí fue principal y necesariamente un estudio bíblico inductivo de los datos relevantes en Lucas-Hechos. Desde entonces, ha habido una verdadera explosión en la literatura en el campo de los estudios lucanos.1 Mirando en retrospectiva, verse obligado por las circunstancias a explorar la literatura lucana en sus propios términos ha demostrado ser una de las fortalezas de La teología carismática de Lucas. Para la presente edición he optado por mantener este enfoque. Participar en un análisis detallado y comparativo de la literatura reciente resultaría en un libro muy diferente, probablemente a expensas de lo que ha hecho que la primera edición sea un éxito duradero.
Me complace que La teología carismática de Lucas haya realizado una contribución significativa, aunque modesta, a la comprensión de la teología de Lucas por parte de la iglesia. Por ejemplo, al referirse a los estudios de la doctrina lucana sobre el Espíritu Santo realizados por James B. Shelton, Robert P. Menzies y yo mismo, François Bovon resalta: «Observo que el número de libros publicados marca la llegada de eruditos pentecostales al campo de la erudición del Nuevo Testamento. En mi encuesta publicada en 1976, sugerí que el estudio de la pneumatología lucana había llegado a su fin. ¿Estaba equivocado?2 La pregunta de Bovon destaca que aún queda la necesidad de presentar la teología carismática de Lucas de una forma nueva y con la mayor claridad. De ahí esta edición actualizada de La teología carismática de Lucas.
1 François Bovon, Luke the Theologian: Fifty-Five Years of research (1950-2005), 2ª ed. (Waco: Baylor University Press, 2006).
2 Ibid., 540.
Las personas a las que reconocí en la primera edición de este libro, los doctores W. Ward Gasque, Clark H. Pinnock y William W. Menzies siguen mereciendo mi profundo aprecio por su estímulo y ayuda en la publicación de la tesis de mi master, «The Holy Spirit in Luke-Acts» [El Espíritu Santo en Lucas-Hechos], bajo el título La teología carismática de Lucas. Esta segunda edición debe su génesis a la iniciativa y la dirección de Robert Hosack de Baker Academic. Agradezco asimismo, y aprecio profundamente, el trabajo de Christina Jasko y del resto del equipo de Baker Academic en la producción de esta segunda edición. Mi agradecimiento también al Dr. Mark Allan Powell por su prólogo a esta edición de La teología carismática de Lucas.
Agradezco a la junta de gobernadores del Summit Pacific College, con el Dr. Dave Demchuk (presidente) y con el Dr. Wilf Hildebrandt (decano académico), por su aliento y apoyo a este proyecto. También tengo una deuda especial con la Srta. Sarah Switzer, quien ha tomado mi manuscrito y lo ha transformado en una versión electrónica del texto. Una vez más, estoy sobre todo muy agradecido a mi esposa, Laurel, por su apoyo constante, paciente y amoroso a lo largo de todo este esfuerzo.
Roger Stronstad
Abbosford, BC, Canadá
Septiembre 2011
El Espíritu Santo en Lucas-Hechos
Un reto en metodología
Para su ensayo principal en el Festschrift presentado a Paul Schubert, W. C. van Unnik eligió el título Luke-Acts, a Storm Center in Contemporary Scholarship [Lucas-Hechos, un Centro de Tormenta en la Erudición Contemporánea].1 Según van Unnik, al documentar la erudición lucaniana en las décadas de 1950 y 1960, este centro de tormenta incluye, entre otros, los siguientes temas: (1) la relación entre los aspectos históricos y teológicos de Lucas-Hechos, (2) el presunto cambio de Lucas de la expectativa de una Parusía inminente en la teología de la iglesia primitiva a una teología de la historia de la salvación, y (3) las diferencias entre el Pablo de los Hechos y el Pablo de las Epístolas.2 El comentario de Richard I. Pervo sobre los Hechos, en la serie Hermeneia, identifica numerosas cuestiones controversiales en curso en los estudios lucanos. Estas cuestiones polémicas son tan fundamentales como (1) la fecha en que se escribió Hechos, (2) la identidad del autor, (3) la unidad de Lucas y Hechos, y (4) su género.3 La publicación de dos libros de referencia en 1970, A Theology of the Holy Spirit [«Una Teología del Espíritu Santo»] de Frederick Dale Bruner y Baptism in the Holy Spirit [El Bautismo en el Espíritu Santo] de James D. G. Dunn, agregaron nuevos vientos de controversia al centro de tormenta de la erudición lucaniana, es decir, sobre el significado de la actividad del Espíritu Santo registrada en Lucas-Hechos.4 De los dos libros, el de Dunn ha demostrado ser el más significativo. También ha suscitado varias respuestas de eruditos bíblicos en la tradición pentecostal.5
Estos vientos de polémia arrecian con mayor fuerza sobre la interpretación del «bautismo en el Espíritu Santo» ocurrido en el día de Pentecostés y a lo largo del libro de los Hechos. Tradicionalmente, la iglesia ha asociado el bautismo en el Espíritu Santo con la conversión, y lo ha identificado con la incorporación al cuerpo de Cristo.6 Sin embargo, comenzando principalmente con la enseñanza seminal de la santificación de Juan Wesley, los cristianos han desafiado cada vez más esta interpretación. Por ejemplo, los grupos de santidad surgidos del metodismo «llegaron a hablar de la santificación completa como un “bautismo del Espíritu Santo”».7 Además, el pentecostalismo, la síntesis de la teología fundamentalista, dispensacionalista y de santidad de finales del siglo XIX con la metodología de campamentos y avivamientos,8 identificó el «bautismo en el Espíritu Santo» como un empoderamiento para el servicio. El único elemento distintivo en el pentecostalismo es su insistencia en que la glosolalia es la evidencia esencial del bautismo en el Espíritu.9 De forma más reciente, los carismáticos, hijos del matrimonio entre la experiencia pentecostal y la teología tradicional luterana, reformada o católica, a menudo interpretan el bautismo en el Espíritu Santo como una actualización experiencial posterior del Espíritu que fue dado con anterioridad en la conversión/confirmación.10 Así, los vientos de división y polémica barren ahora las interpretaciones actuales del don del Espíritu Santo en Lucas-Hechos.
Esta división no es tan solo teológica. En el corazón del asunto yacen diferencias hermenéuticas o metodológicas fundamentales. Estas diferencias de método surgen de los diversos géneros literarios del Nuevo Testamento y son coextensivos con ellos. Por ejemplo, la teología del Espíritu Santo de Lucas debe inferirse de una «historia» en dos volúmenes sobre el origen y el crecimiento del cristianismo, de los cuales el volumen 1 se clasifica como un Evangelio y el volumen 2 como los Hechos.11 En contraste, la teología paulina del Espíritu Santo debe derivarse de sus cartas, dirigidas a iglesias geográficamente separadas en distintos momentos de su carrera misionera. Estas epístolas son circunstanciales; es decir, están dirigidas a circunstancias particulares: por ejemplo, noticias de controversia (Gálatas), respuestas a preguntas específicas (1 Corintios) o planes para una visita próxima (Romanos). Por lo tanto, mientras que Lucas narra el papel del Espíritu Santo en la historia de la iglesia primitiva, Pablo enseña a sus lectores sobre la persona y el ministerio del Espíritu.
Esta diferencia entre narración y teología en la literatura del Nuevo Testamento es lo que plantea los problemas metodológicos fundamentales para la doctrina del Espíritu Santo. En consecuencia, las tensiones experienciales y teológicas sobre dicha doctrina solo se resolverán cuando se hayan solucionado primero los problemas metodológicos. Por lo tanto, la siguiente explicación se centra en los problemas metodológicos de la crux interpretum en el debate actual: el significado del Espíritu Santo en Lucas-Hechos. Para interpretar correctamente el registro lucano sobre el Espíritu Santo, debemos solucionar tres problemas metodológicos fundamentales: (1) la homogeneidad literaria y teológica de Lucas-Hechos, (2) el carácter teológico de la historiografía lucaniana y (3) la independencia teológica de Lucas.
La homogeneidad literaria y teológica de Lucas-Hechos
Aunque el canon del Nuevo Testamento los separa, Lucas y Hechos son una composición única en dos volúmenes (Lc 1:1–4; Hch 1:1). W. C. van Unnik pone fin a varias décadas de escepticismo sobre la unidad literaria de estos dos libros, e informa:
Hablamos de ello [Lucas-Hechos] como una unidad. Se acepta, por lo general, que ambos libros tienen un autor común; la posibilidad de que el Evangelio y los Hechos, contrariamente a Hechos 1:1, no sean una unidad no se discute con seriedad. Por consentimiento casi unánime, se consideran dos volúmenes de una sola obra.12
Este consenso académico sobre la unidad literaria de Lucas-Hechos ha permanecido sin graves desafíos.13 A pesar de esta unanimidad, los intérpretes asumen con frecuencia que Lucas-Hechos refleja una discontinuidad teológica entre sus dos partes. Desde la publicación de La teología de San Lucas [traducción del inglés] en 1961, Hans Conzelmann ha arrojado una larga sombra sobre los estudios lucanos. La característica central de su teología es su división peculiar, aunque popular, de la historia lucana en tres épocas:
1. El período de Israel, de la Ley y de los Profetas;
2. El período de Jesús que proporciona un anticipo de la salvación futura; y
3. El período entre la venida de Jesús y su Parusía, en otras palabras, el período de la iglesia y del Espíritu. Es la última época. No se nos dice que será breve.14
Según la interpretación de Conzelmann, «existe una continuidad que vincula los tres períodos, y la esencia de uno se lleva al siguiente».15 Sin embargo, enfatiza que en la teología de Lucas hay «énfasis en la separación entre las épocas».16 Así, al interpretar Lucas-Hechos, Conzelmann enfatiza la discontinuidad teológica entre Juan el Bautista (el período de Israel), Jesús (el punto medio del tiempo) y la época del Espíritu (la iglesia).17
La homogeneidad teológica de Lucas-Hechos también se niega, por razones distintas, a los períodos de la historia redentora. Por ejemplo, en The Holy Spirit in the Acts and the Fourth Gospel [El Espíritu Santo en los Hechos y el Cuarto Evangelio], W. F. Lofthouse afirma que el relato del Espíritu en los Evangelios Sinópticos es «incapaz de actuar como base [para el Espíritu] en Hechos 1–15».18 Más bien, el fundamento para el retrato del Espíritu Santo en Hechos 1–15 se encuentra en la enseñanza sobre el Espíritu registrada en Juan 14–16.19 Por consiguiente, según la perspectiva de Lofthouse, el relato de Lucas sobre la actividad del Espíritu Santo en Lucas-Hechos está influenciado por dos tradiciones distintas: (1) la tradición sinóptica para el Evangelio y (2) la tradición juanina para los Hechos de los Apóstoles. Asombrosamente, la tradición sinóptica sobre el Espíritu Santo no influye en el relato del Espíritu en los Hechos.
No solo es común afirmar la discontinuidad entre las imágenes sucesivas del Espíritu Santo en Lucas-Hechos; también se suele afirmar la discontinuidad para la terminología idéntica que describe al Espíritu Santo en Lucas-Hechos. Por ejemplo, respecto a la frase «llenos del Espíritu Santo», J. H. E. Hull escribe:
Elisabet y Zacarías estaban, en opinión de Lucas, momentáneamente llenos del Espíritu. En otras palabras, solo podían ser conscientes de Su (aparente) presencia fugaz y Su actividad (aparentemente) intermitente y necesariamente limitada. Por otro lado, los discípulos estaban llenos del Espíritu de forma permanente.20
Para respaldar su afirmación basada en la exégesis carente de fundamento, de que la frase «llenos del Espíritu Santo» tiene un significado diferente (¿y superior?) en Hechos que en Lucas, cambia la metáfora lucana cuando escribe:
Como no hay indicación de que Elisabet y Zacarías poseyeran el don permanente de la profecía, podemos afirmar… que su experiencia del Espíritu fue un destello momentáneo, iluminándolos solo en las ocasiones mencionadas en el primer capítulo de Lucas. Sin embargo, como sugiere Hechos, la experiencia de los discípulos con el Espíritu fue, y siguió siendo, una llama consumidora.21
La respuesta a la distinción de Hull entre el presunto don temporal del Espíritu de profecía para Elisabet y Zacarías y el don permanente del Espíritu de profecía para los discípulos es que hay pruebas en contra en ambos casos. Para Juan, el don del Espíritu de profecía era desde luego permanente (Lc 1:15, 76, 80; 20:6), y se podía demostrar que en el caso de los discípulos era repetitivo (Hch 2:4; 4:8, 31).
Conzelmann, Lofthouse y Hull son tres ejemplos de la tendencia generalizada de enfatizar la discontinuidad teológica entre Lucas y Hechos. Sin embargo, dado que se trata de una sola obra, sería mucho más natural destacar su continuidad teológica o su homogeneidad. De hecho, su homogeneidad resulta ser el caso. En Luke: Historian and Theologian [Lucas: historiador y teólogo], de I. Howard Marshall, demuestra que los temas lucanos importantes como la salvación, el perdón, el testimonio y el Espíritu Santo unen Lucas-Hechos como una sola obra, aunque sea una historia en dos volúmenes.22 Observa con razón:
Lo significativo es su [de Lucas] combinación de la historia de Jesús y la historia de la iglesia primitiva en un solo retrato. De esta manera, testificó que ambas dos historias son realmente una, y que la separación entre ellas no tiene tanta importancia decisiva como la separación entre el período de la ley y los profetas, y aquel en quien se predica el evangelio del reino.23
Como ilustran los ejemplos anteriores, en este tema de continuidad y discontinuidad entre Lucas y Hechos, el equilibrio se inclina con demasiada frecuencia de manera arbitraria a favor de la discontinuidad. Excepto conduzca la evidencia con claridad en otra dirección, la unidad literaria de Lucas-Hechos debe obligar al intérprete a reconocer una homogeneidad teológica de ambos libros. Esta uniformidad es igualmente cierta para la teología carismática de Lucas y para sus demás doctrinas y motivos distintos.
El carácter teológico de la historiografía lucana
El pentecostalismo, y en menor extensión su hermano pequeño, el movimiento carismático, no solo han presentado un desafío experiencial y teológico al cristianismo contemporáneo, pero también han ofrecido un reto metodológico fundamental. Este desafío suscita el asunto de la relevancia teológica de la «historia» narrativa lucana de la actividad del Espíritu Santo en el libro de Hechos. Al interpretar estas escrituras, los pentecostales intentan enfatizar por una parte el carácter teológico de las narrativas y restar hincapié a su unicidad histórica. Por otro lado, los que responden a su reto metodológico maximizan el carácter histórico de las narrativas y minimizan su carácter teológico.
Los pentecostales construyen su teología distintiva en cinco episodios en Hechos relacionados con el don del Espíritu a los siguientes: (1) los discípulos en el día de Pentecostés (1:1-13), (2) los creyentes en Samaria (8:14-19), (3) Saulo de Tarso (9:17-18), (4) Cornelio y su casa (10:44-46) y (5) los discípulos en Éfeso (19:1-7). En términos generales, estos «cinco eventos en el Libro de los Hechos se convierten en los precedentes bíblicos del bautismo en el Espíritu».24 De manera más específica, «los acontecimientos del día de Pentecostés se consideran el patrón para los siglos venideros»,25
