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Con
La tercera orilla, la autora hace su primera incursión en una obra en prosa publicada de manera independiente. Se trata de una serie de relatos y originales fábulas que van más allá de lo que es cotidiano y objetivo, donde lo fantástico se une a lo natural y limita con la libertad creativa, acompañando la obras con sus propias ilustraciones.
SOBRE LA AUTORA
Aida R. Tabóas nace en Lisboa y reside en Benicàssim (Castellón). Realizó sus estudios de Filología Románica en la Universidad de Santiago de Compostela. Se ha dedicado a la enseñanza, habiendo desarrollado su labor también en el campo publicitario, la ilustración y como traductora.
Poemas y relatos suyos han sido incluidos en diversas revistas especializadas, así como en antologías, como
Queimar as meigas (Torremozas, 1988),
Poesía de Galicia (1990),
Voz e voto (Homenaje a Celso Emilio Ferreiro en el 10º aniversario de su muerte, 1991),
Madinat-Al-Zhara (1992),
Los poemas de la Alberca (1977).
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Veröffentlichungsjahr: 2020
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Aida R. Táboas
La tercera orilla
Aida R. Táboas
La tercera orilla
www.edicioneseldrago.com
La tercera orilla
© DE LOS TEXTOS, AIDA R.TÁBOAS
© DE LA FOTOGRAFÍA DE LA AUTORA, CHARI FARO
© DE LA ILUSTRACIÓN DE PORTADA E INTERIORES, AIDA R. TÁBOAS
EDICIONES EL DRAGO
www.edicioneseldrago.com
EDICIÓNPERMANENTE, 2019
ISBN: 978-84-120930-5-6
DL: M-32550-2019
DISEÑO Y MAQUETACIÓN: MONTAÑA PULIDO CUADRADO
IMPRESO EN ESPAÑA–Printed in Spain
IMPRESOEN PAPEL RECICLADO
Se garantiza que el papel empleado en este libro proviene de bosques sostenibles, y que la pasta de papel no ha sido tratada con cloro para el proceso de blanqueamiento. El cloro es un elemento muy contaminante y los desechos del proceso de cloración de la pasta de papel arrojan al medio residuos altamente contaminantes. Además, este papel ha recibido la certificación como producto ecológico por parte de la UE.
La reproducción parcial o total de este libro, mediante cualquier medio, vulnera derechos reservados. Queda prohibida toda utilización del mismo sin el permiso previo y explícito de los editores.
ÍNDICE
PREÁMBULO
REMORDIMIENTO
EL ÚLTIMO CUENTO
EL FILÁNTROPO
ROJA Y AZUL
RUTINA
LA ESPERA
EL BESO DEL SAPO
PARAÍSO PARA ISA
ETERNIDAD
CASCABEL
CITA A CIEGAS
EL OSCURO SENDERO DE LA HIEDRA
EL VUELO DE LA LECHUZA
LA ORILLA IZQUIERDA
LA LÓGICA DE GALATEA
EXTRAÑA
TIEMPO DE DIGERIR
DEL BARRO DE QUE ESTAMOS HECHOS
POLVO AL POLVO
LA HABITACIÓN DE ENFRENTE
ERASE UNA VEZ LA OSCURIDAD DE UNA NUEZ
EL HIPNOTIZADOR
OJOS DE GATO
PÁJAROS INVISIBLES
CAPERUCITA NEGRA
EL BUEN PERDEDOR
LA MEMORIA DEL ELEFANTE
PÁRPADOS VERDES
DIVERSIDAD DE CARACTERES
LA AMBIGÜEDAD
LA PARÁBOLA DE LOS CIEGOS
DESLUMBRAMIENTO
LA TERCERA ORILLA
LOS ASTRÓNOMOS
EL HUEVO DE ORO
LAS SONÁMBULAS
ÁBRETE, SÉSAMO
TODAS LAS LUCES
CRISÁLIDA
DÉJÀ VU
LA BESTIA DURMIENTE
BUSTRÓFEDON
TOCATA Y FUGA
YOLIVIA DESPERTÓ
EL JUEGO
EL TOPO Y EL ÁGUILA
EL RELÁMPAGO
COMO LÁGRIMAS EN LA LLUVIA
VALE POR UN PÁJARO
PARADOJA DE LA ESTRELLA DE MAR
OJOS DE BÚHO
NOMBRES DE LAGARTIJA
MOSCA
PINOCHENTA
EL VUELO DEL ABEJORRO
SOMBRA
UN RINOCERONTE
EL MURO
ESCRITO SOBRE SIRENAS
CADENA DE MILAGROS
LA SOMBRA DEL COCODRILO
MI MAMÁ ME MIMA
ALICIA EN EL PAÍS DE LAS ORILLAS
AZÚCAR
EL LORO Y EL MOCHUELO
POSOS DE TÉ
EL SUEÑO DE ISIS
LIBÉLULA
SOLEDADES
TRÁNSITO
LOS GRAJOS
EL GATO CON SANDALIAS
EFECTO MARIPOSA
LIMBO
EL ZAPATO DE CENICIENTA
EL AVARICIOSO
LOBO
CIELITO LINDO
UNA ROSA ES UNA ROSA
LA PRUEBA DEL LABERINTO
ANIMAL ORIGINAL
SUEÑOS DE MATRIOSKA O EL CORAZÓN DE CEBOLLA
LAS TRIBULACIONES DE OSO PEDRO
QUID PRO QUO
SIMBIOSIS
OTRA ORILLA
FÁBULA DEL COLIBRÍ
IDIOSINCRASIA DEL ORNITORRINCO
TEJADOS
PIPPO Y EL PÁJARO CARPINTERO
POLILLA PÁJARO LUNA
EL MIEDO
LA DISTANCIA
ESTORNINOS
LA ESFINGE
CUENTO SILVESTRE
ABEJAS
SIN PALABRAS
ODILON ESTÁ DENTRO
LA FÁBULA DEL CAZADOR
TIGRE
REFLEJOS
LA VENGANZA DEL SAPO CAVADOR
MERLÍN
LA IGUANA
FANTASMA
EL ÁRBOL DE LOS DESEOS
EL CUERVO BLANCO
ABISAL
CIERVOS
DESPUÉS DE NOÉ
BLANCANUBE
LA CIENCIA
EL JARDÍN DE ALFADER
NINGUNA PARTE
PREDESTINACIÓN
LA SEÑORA DEL GUISANTE
METAMORFOSIS
LA EVOLUCIÓN DE LA ESPECIE
CAMBIO CLIMÁTICO
DE CIGARROS Y CIGARRAS
LA ECUACIÓN INFINITA
FÁBULA DEL CABALLO ERRANTE
LO DESCONOCIDO
POST SCRIPTUM
AGRADECIMIENTOS
PREÁMBULO
¿Por dónde se va a la tercera orilla? Y pregunto: ¿tienes un cartelito en tu corazón?
Síguelo y lo sabrás. La flecha indicativa es pluridireccional porque solo la dirige la libertad, donde la imaginación nos lleve…
A veces te dirige a la infancia, otras veces a una cita inesperada sorprendente rara rara, otras a un futuro previsto, pero también permutable por la esperanza, otras… Cada lector elabora su propio mapa (ver el mapa-búho que puede indicarte dónde se halla tu propio tesoro). El billete es la imaginación. Donde la libertad aflora, la imaginación se desarrolla.
La libertad posee un color múltiple y variado, con matices por descubrir. Solo hay que conceder espacio y ¡respirar!
Porque la libertad no es dominar el mundo y hacer lo que te da la gana, sino respetar la vida de todos, incluidos los humanos bípedos…
Otra cosa a tener en cuenta: hay que abrir bien los ojos, saber distinguir el vacío de la plenitud, que no siempre es fácil. Nuestra libélula-lupa lo refleja muy bien.
Hemos de conocer qué es lo que realmente nos nutre, moral y físicamente. El ratoncito-gruyère nos habla de ello, pues su conclusión es que somos lo que comemos.
La tercera orillaes una esperanza.
Esperanza en el camino que pueda quedar por recorrer a todo humano que cualquier día despierte con la intención de salvar el corazón del mundo, allí donde palpita la hermandad de las estrellas, en comunión con toda la naturaleza, donde se deposita ese granito de arena (o de oro) de donde nacerá el planeta nuevo.
Por ello el primer cuento se titula Remordimiento. Porque dicha palabra es indicativa de una renovación, de ponerse el traje nuevo de la verdadera alegría, y la toma de conciencia de que siempre puede salvarse si hay buena voluntad. Ahí comienza el camino hacia la tercera orilla, donde espera nuestro renacimiento.
El segundo cuento es «el último», porque nos lleva a la infancia apagada, no recuperada, a veces olvidada, cuando nuestras abuelas alimentaban nuestras fantasías y componían nuestros sueños. Es un paraíso perdido, sí, pero el tesoro se quedó ahí, dentro de nosotros, y a partir de ahora iremos redescubriéndonos. Es el cuento de la añoranza y el recuerdo. Por eso parece triste. Pero cada cual puede encender la luz para seguir su camino… No estará de más, empero, volver a sentirnos niños y recorrer estas historias donde se enlazan diversos niveles de realidad y se hermanan no solo varias y diferentes especies de animales y humanos, sino además proponen un paso más para ver las cosas desde otras perspectivas, animal o humana (valga la distinción) y viceversa.
Porque, realmente, ¿de qué estamos hablando cuando fabulamos con animales? Sin duda, de nosotros mismos… Proyectando en los animales nuestros desperfectos acaso aprendemos a mejorar. De ahí las moralejas que coronan las más clásicas fábulas de nuestra tradición literaria.
Pero esto está lejos de significar que el hombre, soberbia-mente, sea el centro del Universo y que el resto de la Creación se mueva en torno como meros satélites, sustituibles y secundarios. No. Nada de eso. Todos giramos juntos, todo está relacionado. Si el hombre no cuida su entorno y acaba con uno de los miembros de esa Gran Familia Universal, algo suyo se pierde. Algo de lo humano muere…
Y sabemos que no siempre el hombre se comporta como el «Rey» de la Creación. Saber conservar su reino es un requisito indispensable en el camino. No es suficiente llevar una “corona” … No hagamos como los «ciervos». Una corona no define un rey…
Una vez en Mondariz hubo un río que cruzaba mi casa y mi fantasía. Y no solo eso: se llevaba mil imágenes de lo que podría ser, nutriendo el mundo de posibilidades en constante movimiento, como una obra creativa perpetua.
Dicen que cruzar un río, o cualquier otro accidente que contenga agua, purifica el alma, porque nos abre los ojos de la mente a mundos nuevos y nos hace ver aquello que antes era invisible, nos lleva a observar lo indefinido y lo pequeño, contemplar el universo en su justa medida, aquello que ha sido creado para aprehender y aprender a ser vida y nos hace comprender que todos los seres vivos están al mismo nivel de importancia y libertad: lo mismo un perro que nos espera o nos guía, nos rescata o ayuda a conducirse un ciego; un gato que nos consuela en momentos de oscuridad; una mariposa que pasa y nos regala fantasía; una hormiga que refleja nuestros afanes; un pájaro que hace trinar un árbol…
Abres un libro, lo cruzas y puede llevarte a cualquier parte. Eso sí: el primer paso siempre conduce a tu interior. Luego puede ocurrir cualquier cosa. Es el poder de la literatura.
Y como literatura que es, La terceraorilla nos lo recuerda más de una vez… Varios relatos que empiezan con la misma frase se encargan de dicha intención: hacernos recordar que todo esto es solo literatura (*). Sí. En la vida real mandan otras «corrientes», otros números que sumar, otros afanes… Pero a la vez tendremos presente que la fantasía ha de cumplir su función necesaria que es la de avivar, mantener ese camino de la imaginación abierta de par en par, que nos ayuda a romper con nuestras mentes cuadriculadas o tenues, esos límites estrechos de rutinas y convencionalismos, para convertirse en la terapia de nosotros mismos y alcanzar esa libertad que obra la magia de despertarnos por dentro e iluminar nuestras vidas, en ese regreso (a la infancia, al paraíso perdido, al centro de nosotros mismos) que es un progreso, un camino o río desatado hacia el limitado horizonte, esa tercera orilla donde se desnuda la sombra que también somos… Y renacemos.
La puerta está abierta. Entra y verás.
(*)Nota. – La vida es unívoca: una elección, un camino, mientras que la literatura ofrece miles de posibilidades. Ello vertebra el libro, que casi podría leerse como una novela desestructurada, pues hay personajes que se vuelven protagonistas…
A la memoria de mis abuelas, Oliva y Rosa,
fabuladoras mágicas de vida y fantasía.
A la memoria de Américo y Lolita, mis padres, que supieron
mantener encendida esa lamparita de la imaginación.
Y a Mariano, mi marido, gran fabulador de imágenes,
compañero a lo largo de memoria todas las orillas.
A liberdade está dentro de nós, ou não está em parte alguma.
CRUZEIRO SEIXAS
REMORDIMIENTO
Debiste llamarme huella, calzar mis zapatos, darme la vuelta. Pero ignoraste la hermandad de las estrellas, de qué baraja se olvidaron los naipes, cada misterio.
Pasaron muchos días hasta que una vez sentiste una punzada en el espejo. Te miraste solo por fuera. Por eso, aunque sientes que alguien habita la conciencia, no sabes en qué momento te has dejado en la conciencia no sabes en qué momento te has dejado muerto, descalzo en la cuneta.
EL ÚLTIMO CUENTO
En alguna parte la abuela estaría esperando. Habría escogido su mejor edad, aquella en que sentirse abuela era su apogeo, su vértice de demora, su último gozo. Entonces correspondería abrir la primera puerta según se entra al alma. Allí estaría.
Es un cuarto dúctil con un crepúsculo al fondo.
Siete pares de zapatos se confunden con catorce enanos. Llego junto al armario, justo donde el espejo devuelve una bombilla cansada, un traje apagado, como el último cuento que se olvidaron las brujas. Y entonces se cierra la puerta como un latido fuerte.
Despierto del otro lado, tal como si estuviera inventando la transparencia de las paredes del tiempo… Pero todavía permanece el crepúsculo. Comienzo a sentirme Cenicienta. Decido abrir mejor los ojos, estos ojos ya del color de la ceniza, a ver quién se acerca. Antes de que oscurezca.
Es la abuela quien se acerca. Es la hora de contar un cuento. Me besa en la frente. Y sonríe.
Entonces me despierto.
EL FILÁNTROPO
Había un ratón tan desprendido que del queso encontrado solo se quedó con el agujero.
ROJA Y AZUL
La rosa se volvió roja como la sangre. Quizá por leernos, el pensamiento no, la sangre. Temo que la niña de ojos azules, de tanto mirar a la rosa, la vuelva azul. Como la muerte.
RUTINA
Es como un dolor que no acaba. Entonces uno termina por acostumbrarse y acaba llamándolo vida.
Alicia esperaba clavada en su silla de enea. En cada una de las otras sillas una muñeca rota susurraba canciones infantiles, algo impropio de la situación y del lugar.
Pero no había que emitir juicios.
No había una palabra que definiera aquel sentimiento. Se reducía todo a un olor a muerto. No sabía, no podía saber qué hacía petrificada en la silla con un fósforo (¿recién apagado? Desprendía humo) entre los dedos.
LA ESPERA
Sentados a la mesa del jardín estaban Boo Boo, los trillizos y el gato. Era la hora mágica que colorea de violeta las flores del manzano. Una cálida brisa rizaba los bordes del mantel y mecía los hilos de las telarañas.
Como Boo Boo era la hermana mayor se sentía con la obligación de romper el hechizo y cantar la verdad:
—No esperéis al hada, que no vendrá.
—¿Y mamá? —preguntó el coro de los pequeños.
—Mamá tampoco. Todavía está lejos —contestó la mayor entre sorbos de leche.
Una tarde más la brisa se detuvo de pronto para dejar escuchar en tan denso silencio unas campanillas. En ese momento el gato se bajaba de su silla y desaparecía detrás de los viejos arbustos, entre acelgas y capuchinas.
EL BESO DEL SAPO
Sentados a la mesa del jardín estaban Boo Boo, los trillizos y el gato. Era la hora mágica que colorea de violeta las flores del manzano. Pero era viernes. Y a esa hora, los viernes, venía la señorita Fedora Kolikovska con su traje de tweed y su sombrero de fieltro de ala breve. Llegaba como siempre, bruscamente, sentándose de golpe a la mesa y sin saludar. Decía siempre, con voz bronca:
—¿Cómo se dice?
Y los niños repetían su frase ritual:
—Buenas tardes, Miss Fedora.
Entonces Fedora alargaba desmesuradamente sus labios como para besar cualquier sapo invisible y, tras unos segundos de inútil reflexión, comunicaba:
—Vamos con la lección de hoy…
A veces alguno de los trillizos se atrevía a interrumpir sin ningún temor, tal era la fuerza de la ensoñación…
—¿Qué pájaro es ese?
Fedora lo miraba iracunda, con ojos de piedra:
- ¡Silencio!
Fedora era alta y gruesa. Una roca auténtica. En momentos así uno tenía que encogerse necesariamente y esperar cualquier cosa… En aquel silencio solo se oían las hojas de los libros que la brisa pasaba y el trino de aquel pájaro que Fedora se negaba a nombrar. Todo temblaba: las hojas de los mirtos, las hojas de los árboles, las hojas de los libros, el gato detrás de la puerta, los niños… Cuando a Fedora le parecía recuperar el control volvía a alargar sus labios, respiraba a fondo y continuaba su lección.
Pero aquella tarde fue Boo Boo, la mayor, quien se atrevió a interrumpir de nuevo, tal era la fuerza de su fantasía:
—¿Puede un sapo convertirse en príncipe?
De pronto cayó el misterio. No sabía Boo Boo si se le había caído el mundo todo entero sobre su blanda mejilla o si aquel golpe seco e inesperado obedecía al resultado de una frase mágica erróneamente pronunciada… El dolor y el miedo son enemigos pertinaces del pensamiento claro y de la necesaria fantasía.
PARAÍSO PARA ISA
Llevo siete semanas pensando en lo mismo, dando vueltas sobre la misma cosa… Esta historia comienza a fastidiarme.
Isa caminaba despacio, como pensando, tranquilamente comiéndose una manzana y mirando al suelo. Quizá por ello no vio que a un lado del camino se había detenido una sombra de aspecto casi humano, esperándola. Al llegar a su altura Isa sintió un repentino escalofrío. La sombra estaba junto a un árbol y en el tronco del árbol había una lagartija de un vivo color esmeralda. Isa alzó la mirada para observarla, justo en el momento en que la sombra sopló sobre su frente. Isa sintió la brisa. Pero lo que realmente le llamaba la atención era aquella preciosa lagartija, tan quieta, como asombrada ella también de la perpleja mirada de Isa.
—¿Dónde acaba mi mundo? —se escuchó preguntar a sí misma.
La presencia del pequeño reptil le movía a pensar que nada ocurre por casualidad, que realmente debería meditar como los sabios chinos porque quizá de ese modo obtendría una clave para sus constantes pesquisas. Quizá, quizá. ¿No sería todo imaginario? Pensaba que ella misma podría ser un mero disfraz de otra vida. Podría ocurrirle como a aquella mariposa o aquel hombre que un día soñó que era una mariposa y cuando despertó le entró la duda de si era un hombre realmente o era el sueño de una mariposa…
Isa solía recorrer los prados que rodeaban el pueblo donde vivía encadenando sueños, pensamientos, elucubraciones…
Pero lo que más ocupaba su tiempo era la búsqueda de la felicidad. Quizá fuera como una pregunta sin respuesta. Quizá, quizá. Sentada al pie del árbol que contenía a la lagartija, volvió una vez más a reflexionar sobre la clave de la felicidad.
Mientras tanto la sombra daba largos suspiros que hacían estremecer los rojos cabellos de Isa y cada una de las hojas del árbol.
Como la sombra se aburría no se le ocurrió otra cosa que coger a la lagartija por el rabo y arrojarla sobre la falda de Isa, que se sobresaltó un poco, para luego volver a pensar que nada, nada, ocurre por casualidad.
Pero la lagartija no se quedó allí ni dos segundos y se echó a correr entre las piedras del camino. Isa intentó seguirla, a ver a dónde la conduciría.
Y es que Isa creía ciegamente en la magia. Sentía que algo muy especial iba a ocurrirle en aquella mañana de luminosa primavera. Arrojó el corazón de la manzana a un lado del camino donde la sombra volvió a detenerse para ver cómo allí, donde había caído el corazón de la manzana, crecía a una velocidad de sesenta milímetros por segundo un esplendoroso manzano.
Pero esto Isa no pudo verlo porque se empeñaba en perseguir a la zigzagueante lagartija a la que no tardó en perder de vista entre la hiedra, lo cual hizo con que se sintiera frustrada y triste.
Llegó hasta un puentecillo de madera que cruzaba las soñadoras aguas de un pequeño río. De pronto le sobresaltó la repentina aparición de un resplandor turquesa que cruzó hacia la otra orilla. Era un martín pescador, sin duda. Isa pensó en la posibilidad de que aquella lagartija a la que había estado siguiendo, ahora se había convertido en esa ave resplandeciente y decidió cruzar el río.
Pero ya el martín pescador había desaparecido en la profusa arboleda aún antes de que Isa alcanzara la otra orilla, donde, precisamente, ya estaba aguardándola, con ligeras sacudidas que indicaban cansancio y ansiedad, la sombra de siempre, invisible a los ojos de Isa.
Es harto difícil, y además inútil, señalar una ley fenoménica entre las pausas de la sombra y las apariciones sucesivas de animales y criaturas visibles ante la soñadora mirada de Isa, pero lo que es cierto es que, aun no siendo casual, pasó revoloteando, como por casualidad, de flor en flor, una magnífica Saturnia Pavonia.
Como no, Isa decidió seguirla. Detrás iba la sombra contando sus pasos y como ambas ocupaciones podían aburrirla o adormecerla en cualquier hondonada del camino o entre los helechos, pensó que mejor sería ir contando una historia, que, por supuesto, Isa no podía oír:
—Soy real —decía la niña, y eso la hizo llorar desconsoladamente.
—¿Y yo soy real? —le preguntaba una tarántula adiestrada que se ahogaba entre las lágrimas de la niña.
—No eres fruto de mi fantasía, solo de mi voluntad.
—Estoy perdida.
—Miremos las estrellas.
—Todavía es de día.
—Miremos las estrellas.
—¿Ya no me escuchas? Aún es de día.
—Si miramos las estrellas es posible olvidarnos del dolor.
—¿Existir duele?
—Todavía es de día.
—Ya te lo dije yo.
—Miremos entonces los pájaros. Mirar es un dulce remedio contra el dolor.
—Los pájaros me dan miedo.
Gráciles gacelas cruzaban el hemisferio. En el aposento de la niña entró un anciano de pálido rostro y temblorosas manos.
—Bella niña, te traigo un regalo.
—¿Qué es?
—El vestido de la felicidad.
—¿Cómo es posible? Un ser que sabe que existe no puede ser feliz.
—No estés tan segura. La experiencia suele contradecir cualquier creencia extremadamente teórica. Puede que no existas… Te ruego que te lo vistas y lo compruebes por ti misma.
Le tendió el vestido, que era blanco y sencillo, con sus trémulas manos. Mientras tanto la tarántula fue a ocultarse tras las hojas de una alocasia macrorrhiza.
Tras ponerse su vestido blanco, este se hizo gris y la niña se desvaneció.
Gráciles gacelas cruzaban el hemisferio cuando Isa perdió de vista la mariposa detrás de una verja por donde asomaban agapantos azules. Temía ser excesivamente vulnerable si cruzaba el umbral, pero era mayor que su temor el poder de su curiosidad y la imperiosa necesidad de creer en la magia, en el portento.
Así que cruzó el umbral.
Del otro lado olvidó quién era. Ignoraba su nombre y el significado de cada cosa. Graciosas criaturas la rodearon sin detener su danza en la que hacían sonar alegres cascabeles.
Isa era tremendamente feliz. Y estaba dispuesta a aprender todos los nombres y sus significados.
ETERNIDAD
Justo cuando habla se mueve un cristal, a punto de romperse.
Está siempre amaneciendo.
CASCABEL
Me gustaría regalar algo —dijo la costurera cosiendo sin dedal—: un samovar, una escarola en vinagreta, un taxi ultratumba, una hoja de afeitar, una guitarra, un ramo de agapantos azules, una sierra mecánica, una casa en la sierra, un autobús repleto de siemprevivas, un camafeo de zafiros, un disco de Madredeus, una azucena atigrada, un dragón del Mississippi, un trébol de cinco hojas, cinco cintas escarlatas, un perro con pedigrí, un suéter de angora, un gato del bosque de Noruega, sábanas blancas, un tarrito de nieve, una siesta de Van Gogh, un melocotón Melva, una gabardina sin abrigo, un caramelo de anís, un ciervo volante, cinco dalias azules, un pájaro lira, una chistera, un tigre de Bengala, cien pulseras de jade, una estrella en un tiesto, una hora de jazmín, un jardín escondido, una ola, un libro habitado por duendes, un delantal amarillo, una jofaina con pececitos, una luciérnaga, un zumaque con golondrinas, una taza de tila, un lirón sin pesadillas, un viaje a Macondo, un anillo sin nibelungos, un perfume a madreselva, un gorrión, una selva de bonsáis, cinco narcisos en una isla, un pelícano narcisista, una sombra de ciprés, un lazo de hiedra, una perla en el ombligo, un traje de seda, un nenúfar añil, una nube de Samarcanda, tres giroflés, un iris lapislázuli, un zapatero y un ciempiés, una serpiente de cascabel…
—Párate ahí. Mi veneno será para ti —anunció siseante la serpiente con su música de cascabel, mirándola al final de la tarde en la profundidad de sus ojos. Ámbar contra ámbar.
CITA A CIEGAS
