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Lo cotidiano es un disfraz de lo profundo y prefiere lo imperceptible. Arturo e Hilda habitan un mundo aparentemente común, regido por horarios, rutinas y responsabilidades ineludibles. Él decide desaparecer en los márgenes, dejándose arrastrar por los trayectos circulares de un bus que recorre la ciudad. Ella, aferrada al orden, cumple con su trabajo y asiste a reuniones que no ha elegido. Aunque se hablan, algo esencial se les escapa: el otro permanece lejano, inaccesible. En un cruce de caminos —más simbólico que real— conocerán a una figura que transformará sus rutas sin retorno. Desde algún lugar, un anciano los observa: un hombre cuyo poder parece trascender lo cotidiano, capaz de alterar la vida de todo aquel que trabaja para él o simplemente lo mira de frente. A medida que Arturo e Hilda comienzan a comprender el engranaje oculto del mundo que habitan, un sistema tecnológico y silencioso se activa para borrar todo lo que han descubierto. Pero los recuerdos no desaparecen del todo: regresan, fragmentados, como apariciones que cruzan los bordes de la conciencia.
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Seitenzahl: 177
Veröffentlichungsjahr: 2025
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La trampa de Möbius
©2024 David Jacobo Viveros Granja
Reservados todos los derechos
©2025 Calixta Editores S.A.S
Primera Edición abril 2025
Bogotá, Colombia
Editado por: ©Calixta Editores S.A.S
E-mail: [email protected]
Teléfono: (571) 3476648
Web: www.calixtaeditores.com
ISBN: 978-628-7759-37-4
Director editorial: María Fernanda Medrano Prado
Director proyectos editoriales: Luis E. Izquierdo
Director creativo: David A. Avendaño
Editor: Luis Enrique Izquierdo
Corrección de estilo: Mafe Villamil
Diseño y diagramación: David Avendaño @art.davidrolea
Impreso en Colombia – Printed in Colombia
Primera Edición: Colombia 2025
Todos los derechos reservados: Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño e ilustración de la cubierta ni las ilustraciones internas, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin previo aviso del editor.
Preámbulo
Una pareja vivía en una ciudad y llevaba una vida normal, pero dentro de esa normalidad, ocurrían cosas extrañas.
—¿Cómo así que extrañas?
—Por ejemplo: en algunas ocasiones, si mal no recuerdo, hablaron con un sujeto que los invitó a descender a un mundo bajo tierra, y allá descubrieron a otros habitantes, me parece que un personaje parece haber muerto y solo ella lo percibe, pero como yo entendí él creía estar muerto. Esto que te cuento, lo leí en la primera parte de ese libro.
—Esto pasa entonces en un libro.
—Sí, pero en la segunda parte, a ellos parece que los duermen (o mueren), no lo sé con seguridad, y mediante un proceso (o ritual), despiertan otra vez para llevar una vida totalmente común y corriente: duermen, se levantan, desayunan, trabajan, duermen, se levantan… y no recuerdan nada de su vida extraña, de haber estado en un cruce de caminos, de haber sentido presencias, etc.
—¿Y ya no ocurre nada sobrenatural?
—No sé si sean cosas sobrenaturales las de la primera parte, pero en esta segunda, todo es muy cotidiano, alguien dijo que era «muy tranquilo», pero…
—Hay un «pero».
—Sí, pero a pesar de que despiertan y siguen en sus vidas de siempre, trabajando en unas empresas, revisando documentos… hay unas imágenes o sensaciones que perciben los dos personajes, al principio creo que ignoran esto, luego uno de ellos les presta atención, y poco a poco se regresa a esa parte de sus vidas que alguien quiso borrar.
—Pero ese alguien debió ser más que un humano.
—¿Dioses? Ja, ja, ja, no sé, en este mundo hay órdenes que han alcanzado cosas. ¿No has sentido que algo falta en tu vida: un trozo del pasado, algo que debería estar presente, pero por más que intentas recordar no lo encuentras? Tal vez llega un momento en que a algunos, cuando alcanzan el límite de algo, los sumergen en un olvido, y los devuelven a la cotidianidad sin rastros de muchas cosas de su pasado.
—No creo, para ello tendrían que hacerlo con todas las personas que conocieron a ese sujeto, pues ellas son testigos de lo que se quiere borrar.
—Es cierto, alguien hablaba de una onda que cubría a todos para dormirlos.
—Ah sí, la idea que habla de cómo nos manipulan mientras dormimos…
—¿En qué termina el libro?
El coloquio de otros perros si vivieran en este tiempo
Micaela de Henares
Primera parte
Neblina
Il arrive que les décors s’écroulent. Lever, tramway, quatre heures de bureau ou d’usine, repas, tramway, quatre heures de travail, repas, sommeil et lundi mardi mercredi jeudi vendredi et samedi sur le même rythme, cette route se suit aisément la plupart du temps. Un jour seulement, le « pourquoi » s’élève et tout commence dans cette lassitude teintée d’étonnement.
«Commence», ceci est important.
Le Mythe de Sisyphe
Albert Camus
Arturo
Subes al bus y te sientas, la gente que se para enfrente te hace sentir que tienes la obligación de levantarte (te duelen las articulaciones de las manos), ahora cualquiera se siente con ese privilegio. Te llama la atención el nombre del autor en esa carátula del libro que alguien lee, repites su nombre: Solomon, parecieras masticarlo como si así exprimieras el recuerdo… vuelves a tu infancia cuando leíste sobre un personaje llamado Salomón, tal vez por eso te fijaste en esa portada: en tu recuerdo había un anillo y cavernas donde estaban ángeles atrapados y eran obligados a revelar los secretos (no eran bodegas).
Las miradas seguían sobre ti, un afiche invitaba a participar en un experimento llamado S. Asch, deben pagar muy bien, lo organiza el Ministerio de Defensa… a veces los ojos son anillos, y la memoria guarda objetos de Polícrates… alguna gente lleva tapabocas, desde hace algunos días ha llegado el rumor de un virus que pronto aparecerá para quedarse en el mundo, otros echan alcohol casi todo el tiempo en sus manos, hay un temor por ser contagiado, algunos lo toman en serio. La gente le pide a Dios como si así se solucionaran las cosas… Me prometieron el Apocalipsis y no llegó nada decía un grafiti que se perdía con la velocidad del bus a través de las ventanas…
Son las seis de la mañana y si no se tiene el rostro de cansancio los demás lo miran a uno con odio. La envidia de los desconocidos es desesperante, quisieras estar solo, quisieras golpear a la gente. Hay un dolor extraño en la mano derecha. Tienes píldoras azules en uno de tus bolsillos, caparazones de lapislázuli.
El bus pasa frente a un museo donde se oyen ruidos, tal vez las reliquias antiguas robadas a otros países generan en las noches sonidos. Las miradas suenan como un rechinar cortante, y entre todos se observan todo el tiempo, porque puede haber un ladrón entre nosotros, él está un poco raro, mejor me paso cerca del conductor piensa alguien con la cara de miedo y sin quitar los ojos de aquel que según ella atemoriza.
Ya estás cansado y son las seis y quince, qué pasaría si decidieras bajarte y no ir al trabajo, cómo hacer para que nada te importe. La mirada de las personas sobre «uno» es molesta. No se está mejor con los conocidos quienes te dicen qué hacer, insisten en que lo normal es pensar como ellos, y que deberíamos comer en el mismo sitio, porque sería escandaloso estar solo un fin de semana. Hilda dice que no tienes conocidos… la gente siempre te hace preguntas, te quiere atrapar en la contradicción, buscan saber dónde mientes, porque algunos creen que son engañados, las paranoias de esta ciudad…
¿Qué pasa si borras las preguntas y sugerencias tontas de cada día? (sigues en este bus): debería irse de viaje y divertirse, ¿cómo le fue en su cumpleaños?, ¿y está contento?, ¿en serio no legustan los animales?, pero si a todo el mundo le gusta el fútbol, no se lo puedo creer, ¿no ve ni un partido?, ¿y su familia qué dice de eso?. Luego se vanaglorian de algo que empezó como pregunta: en cambio yo sí adoro los animales, son tan lindos y te miran de reojo, para ver qué sucede en tu organismo, para juzgarte desde arriba.
Sin embargo la rapidez de las imágenes en las ventanas es lo único que te distrae, te crea la ilusión de borrar todo, de borrar un día entero en un día… de borrar un día entero en un día… eso suena al cuento de Ireneo pero al revés. A las seis de la tarde es la reunión, no quieres ir, por qué dijiste que sí, tal vez porque cuando se dice que no, le hacen muchas preguntas: ¿y por qué?, ¿no le gustan esas cosas?, sólo es un ratico, luego se va. Para qué preguntan entonces. Y siempre está la voz, el tono de maldad, de mala intención, el fingir que solamente «formulaban» una pregunta, sin ninguna otra razón, porque es uno el que se molesta, tranquilícese, no pasa nada, usted siempre imaginando cosas, con usted no se puede hablar… y sí, también te preguntas si no tendrán la razón, si el problema eres tú, luego te da rabia pensar así y concluyes que ellos te han llevado a esa última reflexión… cuántos puntos suspensivos en el día…
Sobre qué era la reunión. Deberías bajarte aquí y ponerte a caminar, usar tu hastío como pretexto para llegar tarde, o regresar a pie a la casa y no levantarte de la cama, tirado, acostado con ropa, a oscuras, oyendo timbrar el teléfono, el impertinente celular, y no contestar, dejarte enredar en ese sueño y al otro día que pregunten:
—¿Por qué no vino ayer? La pasamos muy bien.
Pasar… ese verbo… qué podría uno pasar, supones que el tiempo… es decir, perderlo. Imaginas otra vez el diálogo:
—¿Por qué no vino? Perdimos muy bien el tiempo. Imagine nuestras vidas…
—Me quedé dormido —Sería la respuesta. Pero no te creerían o se ofenderían. Dedicar un día de la vida a tonterías es superior a dormir. Dormir… hace cuánto no lo haces…
Y la gente no perdona que uno se hubiera perdido la reunión, se la cuentan toda con detalles, es el castigo para el que no estuvo, y te preguntaron, no dicen: y preguntaron por ti, y uno realmente piensa: pero quién pudo haber dicho: ‘¿Y Arturo? No lo vemos’. En la calle alguien bate una pesada leche (si fuera una película te habría observado).
Las personas preguntan por los demás sin que les interese de verdad la respuesta. Pero no hay preguntas todavía, porque ni siquiera has salido de aquí, el conductor ha encendido el aire ya que la multitud se ahoga entre sí, pero ese aire se revuelve con el ruido y los envuelve a ustedes, los amortaja. Te pierdes viendo una flor estampada en la camisa de alguien, en su interior hay uno, dos, cinco, quizás nueve triángulos, que al intersecarse forman otros más, cuando el conteo sobrepasa la cifra de veinte no sigues, te dejas llevar por los pétalos y por alguna razón viste una flor ondulando en el agua.
Electroiluminación nacionaldice la parte de atrás de una chaqueta, la de un hombre parado frente a ti, cómo quisieras que pensara en su ‘servicio’, en la propaganda de su trabajo… y te dices: ¿cómo se podría lograr la iluminación para todos? Un satori cuando nunca hubieran escuchado esa palabra, un nirvana. Imaginas conseguir con electricidad la iluminación impuesta y no deseada, incomprendida.
Lo harías por maldad. ¿por o de? ¿Cuál sería la forma correcta? Sigues buscando los audífonos, se pierden fácilmente. Las imágenes publicitarias te observan, una de ellas promete la llegada de un aparato para leer las mentes marca Brhma, el afiche es muy blanco, tu mente lo asocia con los olvidos, con borrar recuerdos, con océanos de leche espesa, no sabes ni siquiera lo que piensas…
Y cómo hubiera dicho Isidro si le contaras tu historia, este bus parece que no para en ninguna parte. Sí, paró… cuando el vehículo se detiene, la pesadez de la pereza te detiene más en esta silla, si sigues estarás más cerca de la reunión y la idea es ir hacia otro lado. ¿Pero de qué era la reunión? Por qué dijiste que sí…se cerró la puerta. Quisieras caerte en el piso, desvanecerte, ser el sueño, sin embargo todos enloquecerían, gritarían, te despertarían con su miedo.
Los pájaros frente a la ventana…la fuerte frenada del bus te despierta de cualquier divagación, casi atropellan a alguien, la gente grita, busca con la mirada qué fue lo que pasó, Arturo se aterra cuando ve en la calle a alguien casi igual a él, hasta con los mismos audífonos, pero son baratos, cualquiera los puede tener, mientras avanza el bus, el hombre de la calle se parece más a Arturo, dobles por todas partes… era solo un mendigo el que se atravesó y el bus casi lo atropella, siempre sucede, saltan a la vía y no les importa, cómo logran dar esos saltos, están protegidos (¿los audífonos? No se escucha nada).
Recuerdas cuando eras más joven y buscabas los dobles del sonido, tenías la idea de que una nota musical debía llevar consigo un Doppelgänger, te disfrazabas con ropas medievales para ver si te encontrabas con ese reflejo, hiciste muchos experimentos en ese entonces que de nada sirvieron, llegaste a la conclusión de que la sugestión era la mejor droga si uno deseaba creer en algo.
No divagues, no te eleves, vas en un bus, la gente te mira, te tornas más raro si piensas en silencio, si hablas mentalmente, afuera pasa algo, la policía está inmovilizando a un hombre, son cinco «uniformados», le suministran electricidad a quien ya está quieto, parece que quiere gritar, pero lo patean, lo golpean con otros artefactos, los pasajeros murmuran, se «pegan» a los vidrios, no pueden hacer nada, la velocidad del vehículo deja pasar las cosas como si fueran afiches en las paredes, grafitis fantasmales, es como ver pasar escenas de una película sin posibilidad de retroceder, tal vez sí son señales… pero no es el tren de imágenes que con lentitud se desenrolla frente a una mujer en Possessed.
Unos hombres se fijan desde afuera en el bus en el que vas, uno tiene una esfera, el otro casi ni se nota, tan insignificante es, pero la ventana se llena de arena, como si la hubieran lanzado a tu cara.
Recuerdas cuando de niño te echaron arena a los ojos, ese juego de la infancia con esas piedritas, era como ahogarse, tal vez algún día duermas con el frío y el fuego… te sobas los ojos sin razón (pues no tienes nada); tal vez en uno de los tantos futuros que la gente crea, alguien reflexione que los signos o las señales son como esas bolsas llenas de arena que un grupo de gente empezará a lanzar cuando las cosas se salgan de control, porque no siempre una sombra detrás de otra puede vigilarlo todo… estás yéndote a través de historias sin sentido, debes detener tus especulaciones disfrazadas de reflexiones, no puedes argumentar para ti mismo con falacias… es imposible que veas frente a ti gacelas, langostas, o abejas… simplemente vas en un bus.
Hilda
Debió llegar temprano, en otras ocasiones lo ha hecho (aunque obligado…), siempre lo hace molesto, mirando mal, desesperado por irse y aun así, suele estar de primero en los eventos de la empresa. Pero esta vez no llegó… muchos lo vieron merodear por la calle, otros por el barrio, alguien dijo que estaba afuera de una casa; como todos comíamos, nadie se percató que se hallaba frente a la puerta. Quién sabe, cuando pasa eso, todos aseguran haberlo visto antes. El ángel exterminador desde afuera, dicen que algunas almas no pueden traspasar las entradas. Los relámpagos iluminan la calle…una señora se me acerca demasiado al oído y «me reconforta» (es la lluvia en forma de techo):
—No se preocupe, llegar hasta acá no es tan fácil…
Yo sólo miro su dentadura y las arrugas de sus labios, quiero que se calle pero continúa, parece venirse encima de mí, es una ola nocturna:
—¿Sí sabía que esta edificación la construyeron sobre una antigua montaña?
—No —respondí porque era la palabra consecuente con el diálogo.
—Una historia decía que dicha montaña era inalcanzable, que nadie podía subirla hasta el final.
Ahora la mujer ve mi interés, pero sigo pensando que Arturo debió estar aquí:
—Es que esto era propiedad de una comunidad indígena, pero la empresa los sacó, de eso poco se habla, ellos creían en ese mito…
Ahora parece buscar algo en mis ojos, siento que me han invadido:
—¿Eso que le cuento vendría a ser un mito?
—No sé señora, supongo, no sé qué es eso.
Luego bromea y me consuela diciendo:
—Por eso no se preocupe que Arturo no llegue, mire cuántas mesas están vacías —había algo de sueño en esas mesas y las lámparas que iluminaban cada una, el efecto de la luz amarilla en la noche, eran imágenes con ese ambiente de los cuadros de Hopper, como en Nighthawks pero sin tanta iluminación, y en lugar de personas solamente objetos.
Y aunque vacías, sentí que las sombras todo lo ocupaban. Era el efecto de algunos bombillos que hacían que la oscuridad descansara como si se sentara.
ᚻ
Yo tenía una foto de él y recuerdo que la imagen estaba con unas franjas grises, no sé cómo aparecieron, eran diagonales, bajaban de izquierda a derecha. Ocurrido el hecho, uno puede armar conclusiones, como que era una señal, o que las fotos se dañan cuando algo inminente está por ocurrir… yo lo llamé, le envié un mensaje y me contestó con un audio: «voy en un bus, está repleto, hablamos luego, voy de pie». Eso me tranquilizó pero algo no me cuadraba (a mí nunca me cuadran las cosas, la gente siempre se contradice y miente…).
Muchas veces me dijo que algún día lo encontraría en el piso, rodeado de píldoras de color azul, me las mostró, lapislázuli le dije, luego sacó varias de distintos colores. «Cuando eso suceda, coloca en mi cabeza un aparato que tendrás en la tuya», le gustaba hablar como si hubiese regresado del futuro (de un futuro…), y continuaba: «tal vez timbren y entreguen un clavecín ocular, ya viene armado, toca según los colores», lo interrumpí y le dije que me aburrían sus instrucciones, que contratara a alguien si quería a un ser que aguardara lo que estaba por venir. «Y trata de no dormir nunca frente a un espejo».
El día que peleamos me golpeó en la espalda, dijo que allí nadie vería el moretón, luego me maldijo o algo así y se fue, le recordé lo de la cita, le grité que estábamos invitados pero él siguió caminando por el corredor y creo que cogió un bus, desde la ventana parecía ser él en la calle. En ese momento quise que se muriera, luego me sentí culpable por los deseos y las sombras, porque esperé mientras todos me preguntaban dónde estaba, y lo seguía imaginando en un accidente, sufriendo.
Todos se acercaban y me tocaban la espalda, me hundían sus palmas en el golpe, parecía que tenía un hueco. Recordé las fotos que dejé colgadas en el cuarto. Todas eran imágenes de mi golpeada espalda, puse varios espejos para lograrlo. Después sentí que eran fotogramas, y jugaba por momentos a que los veía de izquierda a derecha a gran velocidad para simular el movimiento…
Cuando llegara Arturo –me dije–, él vería lo que me hizo, y por ello sonreí. Volví a llamarlo al celular y no contestó, sólo se oía una bruma, una interferencia, un profundo túnel de voces lejanas. Un dolor extraño en la mano derecha. Pensé que a veces sentíamos cosas que le sucedían a los demás, aquel dolor no era mío, pero estaba en mi cuerpo. Los caparazones de lapislázuli llovían sobre mi cara.
—… Y como le digo —continuó esa señora aquella noche—, no importa si acabaron con la montaña o con una parte de ella, lo importante está debajo… bajo tierra. Los indios decían que un mar corría allá en las profundidades. Lea este librito de Malinowski, dice que los humanos antes vivían bajo tierra y podían rejuvenecer —Mientras me explicaba esto, sacudía el «librito» como un abanico en mi cara, como si quisiera espantarme las moscas, yo eché mi cara hacia atrás y no hice ningún gesto para recibírselo, nunca me han gustado los préstamos, son imposiciones de la otra gente… luego tuve pesadillas con esa escena del libro frente a mí, en el sueño era una mariposa gigante, sentía el roce en la nariz y la pelusa en los labios, me estaba ahogando, y no podía despertar…
La mujer se reía y yo podía ver su lengua, no sé por qué me detenía en esos detalles, quería vomitar, ella no paraba de hablar, no debí contarle quién era, ni a quién esperaba, me recordó a esos monstruos que veía de niña, no sé cómo explicarlo, eran personas gordas y gigantescas que se venían sobre mí:
—Usted se preguntará por qué sé todo esto… es que mi marido trabajó con ellos, y él me traía todas esas historias. Creo que el dueño de la empresa llegó… ¿le gusta mi pluma? Es de plata, escribe muy bien, yo las diseño, mi marido se las lleva y las entrega a algunos…
Era él, el señor Qafkuh, nos levantamos casi al mismo tiempo, muchos sintieron que fueron alzados de sus sillas por unos brazos invisibles. El mostró su palma izquierda y la otra mano estaba de manera horizontal sobre el ombligo. Venía tan abrigado que alguien murmuró: «parece que regresara del Polo Norte». Otros dijeron a media voz y quizás en broma: «habrá encerrado más ángeles en las bodegas y eso lo demoró».
Los párpados parecían ser halados por una gravedad indemostrable, se quedó quieto con la espalda curva, miró con fuerza hasta que guardaran todos de verdad silencio. El pulgar, el índice y el dedo del corazón se tocaban rápidamente. La señora que seguía a mi lado no dejaba de mover los labios y yo quería gritarle que hablara, que dijera algo, pero que no hiciera ese movimiento que anunciaba decir algo y no lo hacía, no dejaba de verla, de oír sus chasquidos, sentí que los monstruos de la infancia podían con el tiempo materializarse en seres encontrados por azar…
El silencio llegó a ser lo único que quedó en el recinto, era ahora una especie de reunión secreta, todos de negro, con unos sombreros de copa, al fondo se asomaba una mujer vestida de blanco y parecía controlar que todo funcionara muy bien, parecía venir de otra fiesta, pues tenía un adorno en su cabeza como si fuera un candelabro o unos cuernos de animal, había también máscaras que contenían a su vez otras máscaras.
