Las cuatro lunas - Gonzalo Martín Montes - E-Book

Las cuatro lunas E-Book

Gonzalo Martín Montes

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Beschreibung

En un mundo en donde la humanidad ya no es la especie dominante, un nuevo ser emerge del sufrimiento transformándose, literal y metafóricamente, en una inesperada esperanza. De la muerte surgirá una nueva vida que, a lo largo de esta primera entrega, se redescubrirá a sí misma ayudada por quienes menos se lo espera. Sorteando constantes peligros en un planeta Tierra regido por los seres más oscuros de la antigüedad.

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Seitenzahl: 82

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Gonzalo Montes

Las cuatro lunas / Gonzalo Montes. - 1a ed. - Imprenta de libros, 2023.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-8910-64-2

1. Literatura Fantástica. 2. Novelas Fantásticas. 3. Literatura. I. Título.

CDD A863

.

Las cuatro lunas

de Gonzalo Montes

© 2023– Gonzalo Montes

Todos los derechos reservados.

Av. Libertador 6898 - Núñez - Ciudad de Buenos Aires - Argentina

[email protected] - 04510

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+54 9 11 6243 8757

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No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito por el editor. Su infracción está penada por la ley.

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723

ISBN 978-987-8910-64-2

Índice

Las cuatro lunas

La hermandad de las Cuatro Lunas

Una muerte y una vida

Las cuatro lunas

La hermandad de las Cuatro Lunas

El aire húmedo del pantano hacía más dificultosa la huida, las ramas de los árboles caídos parecían estar en su contra al intentar retenerla desgarrando su piel y sus harapos que la cubrían pobremente, el suelo lodoso agregaba peso a sus pies, mientras que a lo lejos se escuchaba la voz de aquellos que la perseguía. Un podrido tronco sirvió como refugio momentáneo mientras intentaba recuperar el aliento, poco a poco se iba regulando su respiración tratando de quedar en absoluto silencio mientras que intentaba escuchar algún indicio de sus perseguidores, ya no se oía nada, ni siquiera a los animales de la zona, si es que alguna vez hubo alguno, lentamente la joven asomó la cabeza por encima del tronco intentando confirmar de que no haya nadie y continuar la huida, más calmada, la joven emprendió nuevamente su escape aún que ahora lo hacía caminando para no hacer ruido con el lodo y las ramas del lugar, las perturbadores voces ya no se escuchaban y aunque no tenía un rumbo fijo que seguir, la expresión de su rostro se iba relajando,

– ¡al fin te encontré! – se escuchó una voz masculina proveniente de las copas de los árboles, horrorizada, la joven dirigió la vista hacia arriba para observar a su captor el cual apenas se dejaba ver escondido entre las sombras de las ramas y la oscuridad del lugar, camuflado con sus negras vestimentas, sólo se divisaba su pálido rostro y sus penetrantes ojos rojos.

–hay Marcos casi me matas de un infarto– exclamó la joven mientras se llevaba las manos al pecho, en tanto que el oscuro ser se arrojó al vacío para caer suavemente sobre el lodoso suelo.

– ¿cómo estás, te hicieron daño? – preguntó marcos acercándose a la joven

–no, no me hicieron nada, estos rasguños son de las ramas–

–les di una pista falsa y se fueron detrás de ella, tengo un deslizantes cerca de aquí, nos vamos hacia el sur y después de ahí veremos–

–está bien, sólo quiero alejarme de aquí–

Sin perder más tiempo, marcos levanto a la joven y empezó a saltar de rama en rama por los árboles del lúgubre lugar, el viaje no duró mucho y el mismo término cerca de unos muertos arbustos que claramente se veían que cubrían algo de gran tamaño. Marco depósito a la joven al pie de los arbustos y empezó a retirar las ramas secas dejando al descubierto un vehículo de color oscuro sin ruedas.

–súbete, que no van a tardar mucho en darse cuenta que les di una pista falsa– aconsejaba Marcos a la joven mientras que ésta hacía todo al pie de la letra. Ambos se subieron al vehículo y después de esquivar algunos cuántos árboles continuaron su escape por una calle serpenteante en el medio del bosque.

–dentro de la guantera hay un antiséptico y algunas vendas–

– ¿las sangres de mis heridas te están dando sed? –

–sabes que no, acabaría con mi inmortal vida antes de hacerte daño, aparte ya me alimenté antes de huir–

– ¿y ahora hacia dónde nos dirigimos? – preguntaba la joven mientras se curaba las heridas

–hay un pueblo abandonado unos 600 kilómetros de aquí hacia el sur, ahí estaremos tranquilos por unos días–

– ¿me transformaras ahí? –

–si–

– ¿eso significa que después de que me transformé si nos dejaran en paz? –

–claro que no, al contrario, la cólera de Valerius aumentará, lo único que eso hará es...¡¡¡no se encontraron!!!– esclavo marcos avisar en el medio del estrecho camino otro oscuro soldado como el, pero de contextura más grande de rostro amenazador, el mismo al ver al vehículo avanzar hacia él a lo único que atino fue a dibujar una macabra sonrisa en su rostro

– ¡sujétate de donde puedas! – aconsejo Marcos.

– ¡nos va a chocar de frente! –

– ¡no si paso por encima del! –

Faltando pocos metros para el impacto, marcos acerca el volante hacia su pecho como en los comandos de una aeronave y hace que el vehículo empiece a elevarse pasando, literalmente, por encima de su compatriota, pero este último no se iba a dejar humillar tan fácilmente, cuando apenas el vehículo se encontró por encima de él, este ser oscuro introdujo su mano en el fuselaje inferior de la aeronave deteniendo por completo su marcha y con total agresividad arrojó el vehículo contra los árboles que bordeaban el camino, con la aeronave completamente destruido, Marcos logra salir con dificultad de entre los hierros retorcidos en tanto que la joven había quedado inconsciente.

–¿quieres pelear Casius?, ¡te daré batalla!– exclamó Marcos mientras que saltaba desde el destrozado vehículo hacia su atacante pero imprevistamente un pequeño dardo se insertó en la espalda de marcos para luego descargar una fuerte carga eléctrica derribando al oscuro fugitivo, ya en el suelo incapaz de moverse, marcos dirige la mirada hacia las copas de los árboles y de entre éstos una nave más grande empezó a descender deteniéndose a metros del suelo suspendido en el aire, una compuerta empezó a abrirse y tres soldados oscuros salieron de ella.

–Casius saca a la ofrenda del vehículo– ordenó el más viejo de los tres mientras se acercaba Marcos.

–si no fuera que Valerius te quiere con vida te arrancaría la cabeza con mis propias manos– comentaba el supuesto jefe de aquel grupo– ¿cuánto tiempo creías que íbamos a seguir tu pista falsa?, yo sabía que andabas en algo raro Valerius también dudaba de ti por eso te envió en mi grupo–

–no.…, no le..., hagas daño Claud– murmuraba apenas Marcos mientras Casius sacaba la joven inconsciente del vehículo.

–obviamente que no le voy hacer daño, la ofrenda ya debe tener varios golpes como para que yo le agregue más, aparte si algo malo le pasa a la ofrenda Valerius es capaz de mandar a matar a todo el imperio.

–en.…, entonces dile a Casius..., que se detenga– alertaba marcos mientras veía como Casius se tentaba al ver las heridas sangrantes de la joven.

– ¡detente Casius, no bebas ni una sola gota de su sangre, ¿nos quieres matar a todos?!– le ordenaba enérgicamente a Casius– ¡te prometo que cuando lleguemos a la ciudad de beberás una humana tú solo, pero a ella no la toques!

Casius depuso su actitud, aunque no muy convencido, los otros dos soldados oscuros levantaron a marcos y todos de un solo salto volvieron a ingresar a la nave y mientras la compuerta se cerraba la nave empezó a ganar altura. Una vez dentro amarraron a marcos con ligas de acero en tanto que recostaban a la joven en una banqueta de metal aun inconsciente.

– ¿señor, porque es tan importante esta joven para el amo Valerius? – preguntaba el soldado oscuro más joven la mientras miraba extrañado

– ¿cuántos años tiene Julio? – respondió preguntado Claud.

–87 señor–

–eso significa que jamás presenciaste de los festejos de las 4 lunas ¿verdad? –

–no señor jamás lo presencie, mis padres me hablaron miles de veces sobre los festejos de las cuatro lunas por eso espero con ansias ese día–

–no voy a contar nada que no hayan dicho ya en la academia, cada cien años se festeja el dominio mundial de la hermandad de las 4 lunas, esta será la cuarta vez que lo presenció, pero lo que la academia no enseña, porque no lo sabe, es que entre los cuatro elegidos se hacen obsequios algo extravagantes. Y estos festejos son muy especiales ya que se van a cumplir los primeros mil años de la conquista de las cuatro lunas, y por lo que se Valerius le obsequiara a Blackheart esta humana virgen y pura, por lo que he oído, la ofrenda viene de un largo linaje de humanos celosamente cuidados para engendrar a alguien totalmente puro e inocente, siempre y cuando alguien no la haya deshonrado– comentaba irónicamente Claud mientras observaba de reojo a Marcos.

– ¿y para qué fin quiere Blackheart alguien como ella? – pregunto Julio.

–la verdad que no sé, y tampoco me interesa– respondió Claud casi irónicamente.

La nave viajaba a gran velocidad y no tardo demasiado en llegar a la ciudad Imperial de los vampiros, la capital de Luna Sangrienta, región que abarcaba todo el antiguo continente americano.

Suavemente la nave aterrizó en uno de los hangares del edificio más imponente de Ciudad Imperial, las compuertas se abrieron y Claud descendió a la cabecera del grupo.

–Casius trae a Marcos, y tú Julio recoge a la ofrenda, y tú ve y has el informe de este operativo, nosotros iremos a reunirnos con Valerius– ordeno Claud mientras que caminaba con paso firme por los majestuoso pasillos que llevaban a la sala en donde se encontraba Valerius, como era de esperarse la caminata termino al pie de las imponentes puertas del salón y sin que los oscuros soldados digan ninguna palabra estas empezaron abrirse, poco a poco el salón iba mostrando su arquitectura de inmensos pilares con grabado de batallas en tanto que la luz tenue que otorgaban miles de candelabros iluminaban pobremente el suelo por la gran altura de las mismas, y al final del singular salón se hallaba Valerius, un ser casi cadavérico de cianótica piel y apenas vestido con una túnica negra y dorada sentado en su trono a lo alto de varios escalones los cuales estaban cubierto de cuerpos humanos que habían servido de alimento para el monarca de los vampiros.