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Un libro extraordinariamente moderno, nuevo, contemporáneo, increíblemente cautivador, en el cual se tratan con discreción asuntos como la violencia sobre las mujeres, la homosexualidad, la traición, pero donde encontramos también mucho Amor, dulzura, romanticismo, que permite soñar e invita al corazón a dejarse transportar por la elegancia de los sentimientos, por el encanto de los sueños, huyendo por un rato del estruendo de lo cotidiano para ser capturados por la magia de “coloradas mariposas como coreándoles locos donde las emociones llegan a ser amablemente palpables” (traducción de Raffaella Vittori)
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Veröffentlichungsjahr: 2014
Manuela Chiarottino
Llegarán las mariposas
Novela
Titolo | Llegarán las mariposas Autore | Manuela Chiarottino ISBN | 9788891155634 Prima edizione digitale: 2014
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Dedicado a mi hijo Andrea.
Al despertar
La habitación estaba casi completamente invadida por la luz, Anna se desperezó una vez más buscando cualquier razón para quedarse en la cama y no irse a la tienda, donde Bea la estaba esperando. Solo quería olvidarse de ella misma, durante un rato, hundirse en aquel mar de sábanas y perderse en el vacío de la mente, deleitarse apenas en los recuerdos y luego, despacio, perderse en el arrepentimiento y dejarse caer por los cuatros costados.
Lamentablemente no existe el fondo, no hay punto donde dejarse llevar por un dolor que te captura el alma y la mente. Los pensamientos vuelven allí, en aquel momento detenido entre las pestañashúmedas por las lágrimas: la escena de ellos dos juntos, desnudos, abrazados. La boca del estómago se cierra en un puño, por las venas corre la sangre que hierve por los celos, el corazón atormentado por preguntas sin sentido.
No, ¡ya basta! ¡Que se vaya a la mierda Luca, que se vayan a cagar todos los hombres y también el amor!
Con un arrebato saltó fuera de la cama y corrió al cuarto de baño, delante del reflejo de sí misma que no reconocía. Sopló al mechón de pelo rojo que le caía desordenado en la frente, se echó por encima el agua helada y cogió crema, base de maquillaje, sombra de ojos y rímel, pidiendo al espejo una fuerza nueva. Había llegado el momento de volver a vivir sus treinta años.
Desde hacía cinco años, ella vivía en uno de los cuatro pisos de una elegante casa de época en estilo liberty, desatendida por los años. Aún recordaba el entusiasmo con el que lo había decorado, cuidando cada pequeño detalle.
Lástima de que también se acordaba de cómo Luca criticaba constantemente cada cosa: muchas cortinas, demasiados colores, demasiados drapeados, demasiadas flores. Ella habitualmente titubeaba, era un hombre que desde hacía tiempo vivía solo y no podía apreciar algunos rasgos femeninos, en cuanto se casaran, él cambiaría. Eso, cuando se hubieran casado. Acarició con la mano la pared que tenía frente a ella, las delicadas rosas dibujadas en el papel pintado parecían sonreirle. Luca no amaba aquellos colores y a menudo proponía cambiar la decoración a tonos más uniformes. Anna hizo un guiño a sus amigas y susurró “estáis a salvo”.
Con las dos vecinas deledificio, Anna había creado una armoniosa amistad, a pesar de que eran muy diferentes la una de la otra.
La señora Agnese tenía más o menos ochenta años, suave como espuma de nata y todavía, en la cara, el recuerdo de una belleza pasada. Vestía siempre con ropa floral y vivía con un gato llamado Napoleone.
Le encontró por casualidad una mañana en el jardín del edificio, tenía miedo y estaba muerto de frío. A lo mejor alguien le había echado dentro, con el cobarde objetivo de quitarse de encima aquel pequeño peludo, pero Agnese había dicho que si el destino le había traído allí, era porque sabía que alguien le daría protección y, al cogerlo en los brazos, de repente solo sintió amor.
Cada día iba a recoger el buzón del correo para averiguar si había llegado una carta de Arthur. No una carta, sino “la” carta. Y es que Arthur salió en busca de suerte, muchos, pero, muchos años atras, cuando todavía las arrugas no conocían sus mejillas, prometiéndole escribir para que ella pudiera ir a buscarle.
Su vida se desarrollaba delimitada en esas fronteras, una fortaleza de nubes construida durante años, que llegaba a darle el consuelo de la costumbre.
Era una mujer sola y Anna, muy a menudo, se paraba a pensar en cómo se había sacrificado por un amor perdido en el tiempo, pero Agnese parecía realmente serena y jamás le había visto los ojos velados de añoranza.
Y aunque había tenido otros amores, ninguno había vencido sobre aquello no vivido realmente y por ella idealizado, destinado a ser una utopía inalcanzable y por tanto, imborrable por los sentimientos más cotidianos.
La otra habitante del edificio era Jessica. Con ella había tratado de crear una relación de amistad, puesto que aquella chica era realmente dulce y muy buena de corazón, si se superaba el primer impacto exterior, que, ya se sabe, muchas veces solo es una coraza que no todo el mundo podía traspasar. Se podía definir como una punk, si se quería decir solo con una palabra la descripción de su aspecto.
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