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Este libro pretendía ser una novela. Tras una ruptura, Iñigo comenzó a escribir sobre dos chicos que se enamoraban y vivían una historia opuesta a la suya, como una forma de sacarse al otro chico de su cabeza, pero terminó haciendo todo lo contrario. Surgieron frases independientes, que pensaba citar como título para algún capítulo de la novela. No supo realmente lo que hacía hasta que su compañera de piso lo leyó y le dijo: Iñigo, esto es poesía. Han pasado tres años desde entonces, ahora tiene 22 y un sueño cumplido: «Lo prometido es duda», un poemario donde Iñigo se desnuda, se declara, se confiesa, se parte en dos y en tres, y reivindica el daño que ha hecho Disney en el amor, e inventa cuentos nuevos, con finales nuevos, donde las perdices se comen a sus protagonistas. Con cerca 16.000 seguidores en Instagram, son muchísimos de ellos los que preguntan por la publicación de su primer libro, Lo prometido es duda. En nuestro caso era deuda.
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Seitenzahl: 49
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Textos: © Iñigo Aguas
Cubierta e ilustraciones interiores: © Cristina Jiménez
Fotografía: © Carlos Villarejo
© MueveTuLengua
ISBN: 978-84-17284-71-8
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
muevetulengua.com
Ten cuidado:
Esta historia está basada en besos reales.
Nota del autor
Este libro está roto en tres partes.
Pero ninguna de esas partes
separa el contenido por etapas.
De hecho, no debería estar dividido.
Supongo que, cuando a uno le rompen el corazón, todos los trozos que quedan de él gritan el nombre de la misma persona.
Y con este libro ha pasado lo mismo.
Prólogo Me lo prometí a mí misma
Nunca dejará de sorprenderme la vida, y nunca dejaré de estarle agradecida por los regalos que me sigue haciendo. En esta ocasión uno de esos regalos es poder dedicarme cada día a esta profesión: hacer libros.
Y es que leer y escribir –entre otras cosas y personas que no citaré porque no he venido a hablar de mí, sino de Iñigo y de su libro– son mi verdadera pasión. Así que, este agradecimiento va dedicado a ellas, a las letras, a los libros, a esta profesión y a Iñigo Aguas. Sí, porque aunque me ha pedido que le escriba el prólogo, más que un prólogo es un GRACIAS.
Gracias por elegirnos como editorial y gracias por pensar en mí de entre todas las personas y hacerme un hueco entre estas páginas para contar cómo Lo prometido es duda, llegó a mis manos y dentro de poco a miles de manos más.
Uno de esos regalos de los que hablaba al inicio de esta página fue que hace menos de tres meses me encontraba escribiendo mi primer prólogo, sintiéndome tan emocionada y agradecida, y valorando tanto la oportunidad que se me brindaba que pensaba: «a saber cuándo me volverá a llegar otra oportunidad así», y mira por dónde de nuevo la vida me ha vuelto a poner en las primeras páginas de un libro, un libro que para mí ha sido un viaje muy bonito desde el día en que llegó a mis manos.
Conocí a Iñigo por una amiga en común –bueno una amiga de mi pareja–, que un día me escribió para contarme que un buen amigo suyo escribía y muy bien, y que conocía la editorial y soñaba con algún día publicar con nosotros. «Quiero saber más, quiero leer más» me dije después de haberme dado un paseo por algunas de las citas que publicaba en su Instagram.
Y quedamos los cuatro, una tarde de hace más de medio año en una cafetería del barrio de Chueca. Bueno, mejor dicho, quedamos los cinco, a Iñigo también le acompañaba un ejemplar autoeditado de Lo prometido es deuda.
Y allí estábamos Iñigo, el libro y yo sumergidos en una burbuja, aislados del resto del mundo frente a dos tazas de café. Estaba nervioso, se le notaba en la voz, en las manos, no paraba de hablar, de enseñarme el libro, de abrirlo y cerrarlo, de contarme, de leerme. Estaba nervioso de la emoción que contenía todo él y toda la situación. Y a mí me pareció entrañable. Me contó que había autoeditado solo 25 copias del libro, que no estaban a la venta, que era solo para familiares, amigos cercanos y para enviar a editoriales. Que él mismo había ilustrado la que era por entonces la portada. Y que nosotros éramos la primera editorial a la que nos había enseñado el libro porque, era y es con la que más ilusión le hacía publicar. Que hasta que yo no le dijera que sí o que no, no iba a presentarse en ninguna otra editorial. Y a medida que Iñigo me iba contando y leyendo, yo hojeaba cada vez más el libro, hasta confieso que le dije: « es que has escrito cosas que me hubiera gustado escribir a mí», cosas como por ejemplo que Los besos no entienden de idiomas, pero saben con qué lenguas quedarse.
Yo que no podía prometerle nada, porque la decisión final no estaba en mis manos, me lo prometí a mi misma. Y me prometí que lucharía para que aquellas 25 copias se conviertan en unas cuantas miles más.
Y así fue, sin prometérselo, pero prometiéndomelo a mí misma, porque si algo he aprendido en este último año es que las únicas promesas que sin duda podemos cumplir, son las que nos hacemos a nosotros mismos. Así fue, y cinco meses después de aquella tarde en una cafetería de Chueca, le estaba llamando para decirle que empezaba el viaje.
Un viaje en el que hasta el último día hemos trabajado codo con codo, seleccionando, creando, añadiendo, quitando; y también junto a Cristina, quien ha sabido ilustrar lo que Iñigo un día imaginó para esta maravillosa cubierta que no dejará indiferente a nadie; y que sin Javi, uno de nuestros maquetadores, que nos ha entendido a la perfección en todo, no habría quedado así de bonito. Creo que juntos hemos sabido plasmar todo lo que Iñigo no puede ni quiere guardarse dentro. Y menos mal. Porque si conoces a Iñigo lo entiendes todo: toda esa sensibilidad, sinceridad y humildad que le caracterizan, van grabadas a fuego en cada uno de estos poemas, en cada hoja del libro.
Aquí termina mi viaje como editora y como prologuista de este libro, casi diez meses después de aquella tarde en el café, ahora empieza el tuyo, lector. Espero que te sumerjas en él con los mismos nervios y la misma ilusión, y que lo disfrutes tanto como lo hemos hecho nosotros.
Gracias MueveTuLengua, gracias Iñigo Aguas, y gracias a ti que al fin lo tienes entre tus manos.
Marta Zubiría
Madrid, 3 de enero de 2019.
