Loca serenidad - Diego Santos Márquez - E-Book

Loca serenidad E-Book

Diego Santos Márquez

0,0

Beschreibung

¿QUÉ PASA CUANDO EL AMOR RESISTE LA ESCASEZ, PERO NO SOBREVIVE A LA ABUNDANCIA? En una ciudad marcada por la lluvia y las promesas, Valeria y Jaime descubren que tenerlo todo puede costar demasiado. Un viaje emocional por las calles de Oviedo donde el dinero une, separa… y, a veces, delata. Loca serenidad es una historia de silencios, decisiones y de cómo a veces lo más peligroso es creer que todo está bajo control. Con Prólogo de Ana Cristina Tolivar Alas, filóloga y mezzosoprano, profesora de fonética aplicada al canto; voz activa del ámbito cultural ovetense y autora de trabajos sobre La Regenta y su legado. Biznieta de Leopoldo Alas «Clarín».

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 107

Veröffentlichungsjahr: 2025

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Prologo escrito por Ana Cristina Tolivar Alas, autora y experta cultural de Oviedo. Biznieta de Leopoldo Alas «Clarín».

© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Autor: Diego Santos Márquez

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de cubierta: Rubén García

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 979-13-7029-445-8

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

Dedicatoria

Para ti, que me lees y me tienes en tus manos.

Para mi mujer, mis hijas y mis nietos.

Y en esta ocasión, para un profesor delcolegio Luisa de Marillac de Avilés,Juan Antonio Hernández González, por su aporte a la cultura y por el apoyo quesiempre he tenido de su parte.

PRÓLOGO

La novela española del primer cuarto del siglo XXI presenta múltiples tendencias, se caracteriza por su diversidad temática y la experimentación formal, llegando a veces a borrarse la frontera entre ficción y realidad. La búsqueda de técnicas innovadoras, con gran variedad de voces y perspectivas, es uno de los rasgos más relevantes de la novelística actual. La temática elegida es a menudo un reflejo de nuestro tiempo, abordando problemas actuales como la identidad, la violencia social, las catástrofes, las migraciones, las rupturas, los riesgos de la tecnología, etc., siendo muy común la inclusión de elementos característicos de la novela negra. También es muy frecuente la referencia a la Guerra Civil, sin olvidar el recurso a épocas más pretéritas, siendo la novela histórica uno de subgéneros narrativos de mayor éxito.

Loca serenidad está relatada desde la perspectiva del autor omnisciente —con excepción de dos capítulos en los que los protagonistas toman el hilo de la narración— en un tiempo lineal que, sin embargo, no elude la elipsis y el salto hacia atrás como recursos puntuales para despertar la intriga del lector. La historia nos presenta unos personajes de nuestro tiempo en su rutina cotidiana, unos personajes más bien grises, tanto en el plano moral como en el actancial. Sin embargo, a medida que avanza el relato, se irán perfilando los rasgos y la función específica de cada uno de ellos a partir de la inquietante aparición, asociada a un conflicto financiero y a una muerte violenta, de dos seres enigmáticos que darán al traste con lo que parece una relación idílica, llevando a los protagonistas por caminos divergentes. Una historia de secretos, de ocultaciones, donde la verdad se esconderá en el silencio y de la que será testigo mudo la estatua de la Regenta, junto a la catedral de Oviedo.

La elección de esta ciudad, conocida como «la bien novelada», no parece gratuita. La luz tenue y la lluvia se acompasan bien con la trama de Loca serenidad, una obra que viene a sumarse a las múltiples novelas derivadas de La Regenta clariniana, entre las que destacan Tigre Juan y El curandero de su honra (1926), de Ramón Pérez de Ayala, Nosotros, los Rivero (1952), de Dolores Medio, y Jugadores de billar (2001), de José Avello, sin olvidar otras como Cerca de Oviedo (1945), de Francisco García Pavón, finalista del premio Nadal, o Camino con retorno (1978), de Sara Suárez Solís, finalista del premio Planeta.

El autor de Loca serenidad, Diego Santos Márquez (Ojén, Málaga, 4 de julio 1963), es un apasionado de la literatura en todas sus formas, lector incansable y divulgador cultural. Fundador del club de lecturas Lectio Legens de Ojén y creador del blog Un ratito de libros (diegosantosmarquez.com), ha convertido su amor por los libros en un camino de creación y encuentro con los lectores.

Su trayectoria como escritor comenzó en 2013 con Té con Raúl, un libro de microrrelatos que marcó el inicio de su andadura literaria. En 2015 publicó Té Quiero, una colección de relatos narrados con voz femenina que lo llevó a ser finalista en los Premios Círculo Rojo en la categoría de Relatos. Más tarde, en 2022, vio la luz su primera novela, Sorpresas te da la vida, escrita en plena pandemia.

Ahora regresa con Loca Serenidad, una obra que confirma su madurez narrativa y en la que explora, con sensibilidad y realismo, cómo el amor y el dinero se cruzan en la vida de las personas a través de un relato que, una vez más, pone de manifiesto su pasión por contar historias que emocionan y hacen reflexionar.

ANA CRISTINA TOLIVAR ALAS*

*Autora de publicaciones sobre literatura, música, teatro y educación. Doctora en Filología, catedrática de francés e investigadora cultural de Oviedo. Biznieta de Leopoldo Alas «Clarín» autor de «La Regenta»

PREÁMBULO

—Creo que es muy pronto, Jaime. Apenas llevamos dos meses tonteando y eso de irnos a vivir juntos... Ufff. Me parece una locura.

Jaime sonrió con esa ternura que desarmaba cualquier argumento. Luego la volvió a besar. Sus dedos se deslizaron por el cabello de Valeria deteniéndose apenas para enmarcar su rostro. No dejaba de mirarla con una mezcla de convicción y dulzura.

—Quiero que nos vayamos a vivir juntos, Valeria. Es más, quiero que nos casemos, pero no te voy a agobiar. Vivamos juntos unos meses y después decides.

Testigo silencioso de esta romántica conversación era Ana Ozores, inmortalizada en bronce como La Regenta. La estatua, solemne y algo melancólica, los observaba desde su lugar en la plaza, cómplice de tantas historias de amor vividas bajo su mirada.

Llovía suavemente, esa llovizna fina y constante que es tan propia de Oviedo, envolviendo todo en un halo de humedad y frescura. La plaza de la Catedral, con sus adoquines brillantes bajo la lluvia, adquiría un aire casi mágico. Las luces que comenzaban a encenderse parpadeaban en la neblina reflejándose en los charcos que se formaban aquí y allá.

—Vale, Jaime. Vamos a probar. La verdad es que estoy deseando vivir contigo. Mañana empezamos a buscar algún sitio para compartir nuestra vida. Sabes que te quiero mucho, mucho.

Se besaron de nuevo. Esta vez el beso fue más profundo, lleno de promesas. Las campanas de la Catedral de San Salvador resonaron anunciando las siete de la tarde. El sonido se mezcló con la llovizna y la vida que latía alrededor de la plaza.

PRIMERA PARTE

CAPÍTULO I

Al final, decidieron dar el gran paso y vivir juntos en un bonito apartamento en La Escoba de Oro, un edificio de cuatro plantas en la famosa calle Gascona, el conocido Bulevar de la Sidra. Después de recorrer varias zonas y comparar precios casi inalcanzables, este fue el que mejor se ajustaba a sus posibilidades económicas. Además, estaba cerca de la farmacia donde trabajaba Valeria, lo que facilitaba sus rutinas diarias.

El apartamento, situado en el ático, era modesto pero acogedor. Había ocho viviendas en total y, en la planta baja, un restaurante-bar donde siempre se escuchaba el animado sonido de las botellas de sidra al ser escanciadas mezclado con el bullicio de turistas y lugareños. Aquel era el lugar donde comenzaban su historia juntos, un rincón de Oviedo que ya empezaban a sentir como un hogar.

Los meses anteriores habían sido un torbellino de visitas a inmobiliarias, llamadas y papeles buscando algo que no excediera del presupuesto. Los alquileres, cada vez más altos, parecían diseñados para desalentar a las jóvenes parejas. «Abusivos» era la palabra precisa. Aun así, tanto Valeria como Jaime trabajaban y, con organización, podían permitirse ese pequeño gran lujo de vivir juntos.

Jaime había conseguido un buen empleo como jefe administrativo en un importante grupo bancario de Asturias. Ahora estaba destinado en Oviedo, en una filial de préstamos. No fue fácil llegar allí: años de estudio, esfuerzo y sacrificio le habían dado ese trabajo que su familia en Avilés siempre había valorado. Sus años de juventud no fueron sencillos; durante las vacaciones y fines de semana trabajaba descargando camiones en el puerto industrial para ayudar en casa. Incluso ahora, le invadía cierta nostalgia de la calidez de su barrio en Avilés, donde todo era más pequeño, más cercano, con ese ambiente que siempre tenía un aire familiar.

Valeria, por su parte, llevaba dos años trabajando como auxiliar de farmacia en un local de la calle Jovellanos, en pleno casco antiguo de Oviedo. Amaba trabajar en esa zona, rodeada de edificios históricos y calles empedradas que contaban historias de otros siglos. Siempre había sentido una profunda fascinación por la historia y la arquitectura, pero la necesidad de independizarse pronto y tener ingresos la había llevado a elegir un trabajo más práctico y estable.

Originaria de Gijón, Valeria estaba orgullosa de su ciudad natal, famosa por sus playas, su puerto marítimo y esa energía que impregnaba cada rincón. A menudo bromeaba con Carmen, una compañera de trabajo de Oviedo, sobre la rivalidad amistosa entre las dos ciudades. Carmen, con su toque de orgullo ovetense, defendía la limpieza, la cultura y la tranquilidad de su ciudad. Nunca faltaban las bromas, especialmente sobre el eterno duelo futbolístico entre el Real Oviedo y el Sporting de Gijón, una competencia que siempre daba pie a discusiones divertidas.

Era jueves, las siete cuarenta de la tarde, cuando Jaime llegó a casa, visiblemente cansado y con el estrés de la jornada grabado en su expresión.

—Cielo, ya estoy aquí. ¡Vaya día! Mis jefes se creen que tenemos que darles préstamos a todo el mundo. Ahora quieren hacer una reunión semanal para controlar la producción. A eso yo lo llamo acoso laboral.

Valeria, que estaba en la cocina preparando algo para la cena, le sonrió con complicidad.

—Jaime, no te quejes tanto. En el fondo, somos afortunados. Dos jóvenes que deciden vivir juntos y, mira, lo estamos haciendo realidad. Para mí eso ya es un lujo.

Jaime dejó su maletín y se acercó a ella con esa chispa juguetona en los ojos.

—¿Lujo? Ven aquí, Valeria, que te voy a dar un beso que no se te va a olvidar hasta pasado mañana.

—Exagerado —se rio ella poniéndose de puntillas—. Eso lo has aprendido de Humberto, tu compañero gaditano. ¡Qué simpático es!

Jaime no dejó que ella siguiera hablando. La calló de la mejor manera que sabía: besándola, acariciándola y susurrándole palabras al oído. Valeria se dejó llevar, envolviéndose en el momento. La cena podía esperar; el dormitorio, sin embargo, no.

CAPÍTULO II

Valeria se levantó de la cama, con la piel aún enrojecida por la pasión, y comenzó a vestirse de nuevo. Los rayos anaranjados del atardecer se colaban por las persianas semiabiertas iluminando sus movimientos. Jaime permaneció tumbado desnudo sobre las sábanas revueltas con una sonrisa dibujada en el rostro, mirándola con admiración.

—¿De qué te ríes? —preguntó ella mientras se subía la cremallera de los vaqueros y se volvía para mirarlo con una ceja alzada—. Parece que venías desbocado. ¿Qué te ha sucedido hoy? Nunca habías sido tan rápido... aunque, te lo reconozco, me ha encantado.

Jaime se rio de felicidad, esa risa cálida y despreocupada que siempre conseguía desarmarla.

—Me río de puro placer. Eres estupenda, Valeria. Me encantas. No me ha sucedido nada, solo que me he acordado de algunas de nuestras cositas y he venido lanzado.

Valeria sacudió la cabeza divertida y salió de la habitación y se dirigió a la cocina, donde la nevera emitía un leve zumbido. La abrió y examinó su contenido: tomates, queso, algo de embutido y una masa precocinada. Ingredientes perfectos para una pizza improvisada.

—Cari, hoy toca pizza, ¿vale? —anunció mientras sacaba los ingredientes y los disponía sobre la encimera.

—Como quieras —le respondió la voz amortiguada de Jaime desde la habitación—. Pero solo la probaré, ya he comido.

—¡Qué tonto eres! —le replicó ella con una sonrisa.

Jaime ya estaba sentado a la mesa del salón. Había puesto el mantel y estaba absorto en su móvil, deslizando el dedo por la pantalla. Valeria se acercó, colocó la pizza recién horneada en el centro y distribuyó los platos y los cubiertos. El aroma del queso fundido y las especias se extendió por el ambiente.

Mientras comían, con las velas en la mesa parpadeando por la brisa que se colaba por la ventana, Jaime dejó el móvil y la miró.

—Ah, por cierto. Te tengo que contar algo sobre Humberto, mi compañero que tanto te hace reír.

Valeria, con un trozo de pizza a medio camino de su boca, lo miró con curiosidad.

—¿Dime? —preguntó con curiosidad—. Me resulta simpático y, lo admito, un poco zalamero.

Jaime suspiró y se inclinó hacia delante.

—Sabes que se separó de la noche a la mañana, ¿no? Pues hoy lo encontré en la sala donde tenemos las taquillas, estaba sentado y con la cabeza agachada. Fui a hablar con él y me confesó la verdad... No es lo que todos pensaban. Fue debido a su adicción al juego y a las apuestas. Lo tiene muy liado, Valeria. Está hasta el cuello, incluso ha pedido préstamos a prestamistas que son medio mafiosos.

Valeria frunció el ceño procesando la información.

—¿Por el juego? Pero si siempre ha tenido una buena situación econ