Locura renovada - José Aguilera - E-Book

Locura renovada E-Book

José Aguilera

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Beschreibung

En este segundo libro, después de Matienzo queda en Rosario (2012), Zapo Aguilera, artista rosarino, nos invita ahora a reflexionar con sus relatos y poemas. En ellos, nos revela la historia de una comunidad, la ciudad de Rosario en los años 1970/80. Describe variados episodios de la vida cotidiana de un grupo de artistas talentosos y soñadores, (recordemos que integró La Trova Rosarina y el colectivo Cucaño) coexistiendo en una sociedad que se había resignado a sucumbir al poder de un régimen político siniestro. ¿Qué nos salvaría en semejante circunstancia? Una de las opciones que tomó el autor fue la poesía. En ella, como leeremos aquí, manifestó sus ansias de libertad, conectándose con lo más sagrado y espiritual del ser humano, en un universo paralelo a la aparente realidad.

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Seitenzahl: 92

Veröffentlichungsjahr: 2019

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. Mariana Alessi.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Aguilera, José Luis

Locura renovada / José Luis Aguilera. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2019.

124 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-395-8

1. Poesía Argentina Contemporánea. 2. Relatos. 3. Humanismo. I. Título.

CDD A861

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor. Está tam-

bién totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet

o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2019. José Luis Aguilera.

© 2019. Tinta Libre Ediciones

LOCURA RENOVADA

Ficciones y poemas

Zapo Aguilera

Dedicado a mi musa inspiradora; Virginia Ámbar Abaúnza Sanjuán y un reconocimiento especial a mis tres maravillosos colaboradores y correctores:

Fabián Frontini

María del Carmen “Carmina” Sanjuán

Virginia Ámbar Abaúnza

Las ilustraciones son del gran artista Oscar Gallardo

Agradecimientos

Quiero expresar mi agradecimiento al Sr. Secretario General de la Asociación Bancaria, compañero SERGIO PALAZZO, que con su proverbial generosidad, hizo posible por medio de su significativo aporte, la publicación de esta obra.

Párrafo aparte merece, por su gestión, el entonces Secretario de Cultura y Educación de la entidad gremial, el compañero LUIS GERARDO ORTEGA.

Prólogo

Sean libres los poetas como las golondrinas.

…y los signos son, desde tiempos remotos,

el lenguaje de los dioses.

Lo esencial lo fundan los poetas, escribió HOLDERLIN. En una carta datada en 1809, GNEISENAU decía: “Basaré toda mi vida en la poesía”. Tiempo después, el genial y maltratado EZRA POUND afirmaba que los poetas eran la antena de la especie. CARL GUSTAV JUNG, por su parte, sostenía que “sólo los poetas podrán comprenderme”. En lo personal, creo que “no puede existir la elevación del corazón sin disposiciones poéticas”.

Este es el segundo libro que da a conocer ZAPO AGUILERA y es un reflejo de su intensa vida artística. Integrante de CUCAÑO y de La TROVA ROSARINA, fue compañero de escenarios de JUAN CARLOS BAGLIETTO y de FITO PAEZ. Recibió además, la iniciación luminosa de CHARLY GARCIA y del flaco LUIS ALBERTO SPINETTA. Compartió largas charlas y mesas de café con FACUNDO CABRAL Y MARTIN ALVARADO, los dos –causalmente- cantores y trotamundos.

En estos poemas están su coherencia, su compromiso, su ética, su evolución espiritual y humana. Podemos comprobar aquí aquello de lo que hablaba MARTIN HEIDEGGER, que “la poesía no es un adorno que acompaña la existencia humana, ni sólo una pasajera excitación ni un acaloramiento y diversión. La poesía es el fundamento que soporta la historia y por ello no es tampoco una manifestación de la cultura, y menos aún la mera expresión del alma de la cultura. La poesía es la instauración del ser con la palabra.

“Porque ZAPO nació poeta. Cuando pibe, garabateaba sus primeras inquietudes en esas hojitas singulares que hoy atesora —sabia y prudentemente— su amigo, el vate ADRIAN ABONIZIO.

Peregrino de la gran ansia, recorrió los caminos de nuestra patria, de la América morena y los senderos de España. Como NIETZSCHE, entendió que “las cosas vienen a nosotros deseosas de transformarse en símbolos”. El maestro MIGUEL SERRANO, chileno, refiriéndose a los libros de su amigo

HERMANN HESSE, escribió: Como acontece con los hombres, así sucede también con los libros. Hay un destino para ellos, son como guiados hacia los seres que los esperan, llegándoles en la hora precisa. Ellos viven, mueren y reencarnan; están construidos de materia palpitante, que busca y se abre paso a través de las sombras y las espesuras a menudo más allá del tiempo y de sus autores.”.

De este lado de los Andes, JORGE LUIS BORGES, al prologar su colección Biblioteca Personal, manifestaba que “un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. La rosa es sin porqué, dijo ANGELUS SILESIUS, siglos después. WHISTLER declararía “el arte sucede”. Ojalá seas el lector que este libro aguardaba.”.

Ese es mi deseo también, para esta incomparable obra de ZAPO AGUILERA.

Fabián Frontini

“Bienvenidos a la locura del tiempo profundo”

Patria

Barren con desprecio tu alma de las veredas heladas de la ciudad.

Escupen sobre tu cándida locura, se llevan lo más preciado,tus cuadernos de poesías para encender el fuego de lo orgiástico.

Algo se les cae cuando recogen a dos manos y con desesperación,las monedas de oro acuñadas con la sangre de los tontos,recoge los mendrugos y vuelve a tus tareas.

Hablan como encantadores demonios prometiendo “cambios”,soles y caricias.

Nos proponen un pacto con la ilegalidad para salir del caos,tú les crees y te encandilan con sus serenas posturas,de padres de las mejores familias.

No interrumpas el tránsito con tu reclamo subversivo,¡no ves que pierdo el vuelo a mis vacaciones tan merecidas!

Mis maletas traerán regalos e inversiones para los hijos de nuestra patria.

No me cuestiones, he rezado junto al Lama y un frío recorrió mi espalda.

La fe aliviará las llagas del infierno que te rodea,no hagas caso de tu conciencia, estamos de tu lado.

Danos tiempo y aniquilaremos todas tus penas.

El gringo Antonio conquista Buenos Aires

Observando esta gastada fotocopia de una foto del padre del vasco y el martillo, mis pensamientos se trasladan en el tiempo a la velocidad de la luz.

El gringo Antonio tenía su domicilio en un departamento de calle Viamonte al 500, en pleno centro de la Capital Federal, era un mono ambiente interno sin balcón, en el décimo piso del edificio Vanguardia, nunca supe cuál era el motivo de semejante denominación; su disposición y el aspecto no lo ameritaban. La ventana del living daba al pozo de aire, mal llamado pulmón de oxigeno de la construcción, cuando la abrías el tufo te descomponía, además era oscuro y me provocaba claustrofobia, el lugar parecía un socavón.

El piso de arriba del departamento del gringo, lo ocupaba un coronel retirado del ejército, de muy mal humor, que no soportaba los sonidos que Dios le había conferido a la vida; por ende ante el menor desarreglo que se produjere dentro del teatro de operaciones, como acostumbraba denominar a aquel sitio, el coronel se encargaba personalmente de someter al capricho de su mal carácter, a cualquiera de los vecinos de la comunidad.

Por si fuera poco, en el octavo piso “A” vivía Néstor, un muchacho de unos cuarenta años, al que le gustaba hacer bromas por teléfono y había tomado de punto al vecino del octavo “D”, al que le había puesto el mote de (y no me pregunten por qué), zapatos de caramelo. Lo llamaba día por medio con una voz distorsionada y le profería la siguiente amenaza, —si te asomas al ventanal de tu casa, te voy a matar de un tiro en la frente, a lo cual, el pobre individuo contestaba con impotencia y temor, — ¿quién dice eso?—, luego de unos segundos de silencio, se oía la voz de Néstor, en un tono siniestro decir, —te habló Nuez Moscada— y colgaba el auricular.

Otra de sus víctimas telefónicas, era el cura párroco de la iglesia del barrio. Se divertía gracias a este personaje, reprochándole que le hubiera reservado una fecha para su ceremonia matrimonial, de la que el sacerdote no encontraba registro alguno. Así, lo mantenía en vilo durante unos 15 minutos con preguntas absurdas, que increíblemente el sacerdote contestaba con rigor, hasta que Néstor se aburría y en tono enojado lo increpaba, — ¡contestá mormón de mierda!— y del otro lado del auricular se oía, — ¡estoy anotando...!—. A esta altura Néstor no aguantaba más la risa y cortaba la comunicación, soltando inmediatamente una espontánea carcajada.

Una tarde Néstor se encontraba aburrido, o sea su estado natural, y no tuvo mejor idea que llamar al teléfono del departamento del Coronel. Se hizo pasar por el novio de la hija del susodicho y le comentó que el motivo de su llamada era para pedir la mano de su hija en matrimonio, la chica tenía 16 años, de modo que el Coronel no daba crédito de lo que estaba escuchando y cuando reaccionó, comenzó a gritar e insultar al insolente, canalla y degenerado que se atrevía a insinuar semejante disparate. Tal fue su disgusto que retó a Néstor a un duelo a muerte en primera instancia y luego lo amenazó con ir a buscarlo y pasarle por encima con un tanque de guerra Sherman e inmediatamente lo llevaría hasta un pelotón de fusilamiento, a esta altura de la conversación el Coronel había perdido el oremus recitando parte del protocolo del convenio de Ginebra y Néstor, mudo del otro lado del auricular aguantando la risa, lo retó a subir a su departamento para cumplir lo que le decía.

—Estoy en el 8 “D”—, le dijo el muy cabrón, imagínense el desenlace de este conflicto.

Todavía recuerdo como si fuera hoy, cuando hicimos la mudanza al edificio. Los amigos del gringo nos organizamos para darle una mano, era algo muy común entre nosotros, una mudanza es un hecho traumático y estresante, en esa circunstancia asumíamos como parte de nuestra responsabilidad poner el hombro, solidarizarnos y contener en todo lo posible al amigo que emprendía la dificultad de adaptarse a una nueva vivienda. Para los que participábamos de estos avatares, era la oportunidad de compartir un espacio de trabajo, diversión y porque no, de aventura.

Pero no todo se daba color de rosa, la falta de profesionalidad en estos menesteres se pagaba con el deterioro de algún elemento o de un mueble durante el traslado, sin embargo este infortunio no generaba conflicto alguno, la vida es así, reflexionábamos en un tono despreocupado.

Otro asiduo visitante al departamento del gringo, era el vasco Mezo Texarra, un ángel escapado de los fantasmas del viejo continente Europeo, más específicamente del País Vasco.

Cada vez que coincidíamos allí, me invitaba a beber unos vinitos (como el decía); el vasco era un tipo bárbaro, muy carismático, tan sociable como una jirafa aunque un poco hosco en sus modos, como un burro. No cesaba de contar todo tipo de historias, algunas muy interesantes, pero para mí esa situación era un padecimiento, no por su prosapia, quiero aclarar. Es que el vasco siempre andaba escaso de efectivo pero le gustaba invitar, y los vinitos que acostumbraba tomar eran de lo más berreta, sabían a kerosén, a mí me arruinaban el estómago y me generaban mal humor. Además le encantaba beber rodeado de borrachines estrafalarios que parecían escapados de los cuentos de Roberto Arlt, pero sin el glamour literario de aquel.