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«Ella quiere tu vida». Estas fueron las palabras que el fantasma de Lucía me dijo antes de partir. Esa frase me ha mantenido en vilo durante todo el semestre… Pero ¿quién es ella? Me presento: mi nombre es Daniela y tengo la capacidad de ver fantasmas, un don que me ha llevado por diferentes rumbos del pasado. Por eso dejé el periodismo y ahora estudio Historia en la universidad, una manera de prepararme para estos seres del pasado. Ella, Lucía, no es un simple espíritu; es un verdadero ser sobrenatural, con la capacidad de crear el caos y hacer arder el mundo. Arder… Esa es la palabra. El fuego es su mayor atributo y busca incendiarlo todo, ¿pero por qué? Bueno, es lo que debo averiguar antes de que el tiempo se acabe. *** Esta novela es la culminación de la serie «Fantasmas del pasado», antecedida por los títulos La sonata de las flores y Una voz en las sombras. En estas novelas vemos como Daniela aprende sobre sus dones, ¿será capaz de usar lo que sabe para vencer a este ser maligno?
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Seitenzahl: 171
Veröffentlichungsjahr: 2024
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LOCURAS
Lina María Liscano Fierro
© Lina María Liscano Fierro
© Locuras
Abril 2024
ISBN papel: 978-84-685-8109-5
ISBN ePub: 978-84-685-8114-9
Depósito legal: M-12549-2024
SafeCreative: 2404177671496
Editado por Bubok Publishing S.L.
Tel: 912904490
Paseo de las Delicias, 23
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Índice
CADALOCOEN SULUGAR
LLAMADAS
SEÑALES
UNIVERSIDAD
OCULTOENHOLLÍN
CAJADESORPRESAS
FUEGO
VIEJAAMIGA
RECUERDO
MIEDO
SECRETOENLASTUMBAS
CICATRICESMENTALES
DESEO
UNA LARGAESPERA
LA DAMA ESPAÑOLA
CUARENTENA
ADIÓS…
OLVIDO
EXPERIMENTOS
FUTURO
LÍNEAS NEGRAS
DEFENSA
CONOTROSOJOS
SACRIFICIO
VERDAD
ESPEJOS E INFIERNO
FIEBRE
GAIA
¿FINAL?
«En la actualidad, la noción de locura está vinculada a un desequilibrio mental que se manifiesta en una percepción distorsionada de la realidad, la pérdida del auto control, las alucinacionesy los comportamientos absurdos o sin motivo»
Como éste existen múltiples intentos para explicar la locura, cada disciplina tiene una definición «razonable» sobre ésta, pero solo los seres especiales, los que están al borde de la llamada «sanidad», los que perciben más allá de lo que vemos o de lo que nos enseñaron como real y correcto, son quienes entienden la locura, porque para el resto, ese brillo extra es una luz cegadora que al tocar su oscuridad los deja ciegos, por eso la desdeñan, pero en el fondo, la quieren poseer. Los locos somos enfermos para sus estándares, pero entre ser loca o cuerda prefiero ser loca y hacer locuras, que ser cuerda encerrada en la monotonía, la locura me deja ver más allá y me permite volar por diferentes mundos donde la realidad es solo un espacio en el que confluye un mar de dimensiones…
Es por esto, que estoy segura, de que cada libro en el mundo fue escrito por un «Loco».
Pensares:
El gran escritor, poeta y dramaturgo Mario Benedetti dijo «Elamor es ciego y la locura siempre lo acompaña». Lamento diferir de tan magnifico personaje, pero para mí esto es una mentira, con el tiempo he aprendido que la locura es quien manda en las demás emociones, ella las acompaña es cierto, sobre todo al amor que es un loco sin remedio, pero realmente es ella quien guía, porqué díganme, quien no ha estado loco de ira, loco de tristeza, o simplemente loco.
CADALOCOEN SULUGAR
«Creo quesí, que has perdido la cabeza, estás completamente loco. Perote diré un secreto: las mejores personas lo están»
LewisCarroll,Alicia En El País De Las Maravillas
El mundo es de los locos, eso sí lo sé yo, la historia es un libro con páginas en blanco buscando ser llenadas con el escudriñar de los historiadores; ahora eme aquí en pleno desierto, con arena en lugares que desconocía de mi cuenorpo, un nuevo corte de cabello para controlar el sudor y el calor arrasador, en medio de un agujero limpiando vasijas rotas y huesos viejos; la profesora Emma me había convencido de unirme a su expedición para investigar una necrópolis recientemente descubierta, era parte de mi educación, me ayudaba a forjar un mejor currículo al momento de graduarme y solo me atrasaría seis meses de mis estudios universitarios, finalmente la falta de personal y un líder amable con un gran poder de convencimiento había convertido mis seis meses en un año sabático de estudios en la arena, era tal su capacidad con el don de la palabra que al darse cuenta que hablaba con Laura vía Google Meet interceptó mi charla sosa de amigas y ocurrencias universitarias con una súplica de mano de obra, ahora estaba vestida tipo Indiana Jones, un corte pixie cubierto por un sombrero fedora marrón con cinta color caramelo, a la espera de la llegada de Laura a este desértico paisaje, donde solo un versado en el discurso convencería de venir a una futura bióloga y Botánica para ayudar a limpiar vasijas mientras estudia la flora, inexistente, del lugar para su tesis, idea que a Laura y a su tutor les pareció brillante.
Por más que le dije a Laura que cambiara su corte de cabello no me hizo caso, ella al igual que Emma lucían una larga cabellera que les llegaba a la cintura, el solo verlas me daba calor; A su lado un joven un poco regordete pero de rostro amable bajó con los brazos a más no poder lleno de maletas, el tutor de Laura, quien se veía mucho más joven, torpe e ingenuo que ella, pero quien de alguna manera había visto más allá de la fachada gótica y estrafalaria de Laura, se adentró en el jardín de espinas, adueñándose de su corazón. Ella saltó a mis brazos entre gritos de colegiala deseosa de una nueva aventura, yo no compartía su entusiasmo, el calor del desierto me había dejado seca, por alguna razón, en este lejano paraje, no había nada más que nosotros.
Los ayudé con las maletas, mientras les hacíamos espacio en el maletero de la camioneta, el cual siempre estaba lleno de herramientas de excavación. Era una camioneta destartalada y vieja, muy vieja, pero mi favorita, sus innumerables agujeros permitían el paso del aire fresco, lo sentía como mi propio aire acondicionado, eso sí, las gafas oscuras y los audífonos con música de mi celular, no podían faltar, no tenía parabrisas y el radio había dejado de funcionar diez años atrás y para entonces ya era obsoleto.
Cuarenta minutos de viaje, arena, sol y mareo — El tutor de Laura era de .esos que se marean con cualquier movimiento — la camioneta no gozaba de buenos amortiguadores y la carretera destapada hacía del viaje toda una montaña rusa, llegamos al caserío — era tan pequeño que no clasificaba como pueblo — los llevé a su habitación, en el único hotel del sector, pero donde al menos había agua limpia y una comida caliente, luego de instalarse se prepararon para su primera noche en el desierto, claro la necrópolis estaba lejos del lugar poblado más cercano, así que el hotel era una dicha de fines de semana. Al llegar al sitio de la excavación unas carpas nos esperaban con sacos de dormir, lámparas de aceite y tiendas llenas de computadores cubiertos con grandes plásticos que intentaban protegerlos del sol y la arena. Mientras el joven tutor hablaba con el director, Laura aprovechó para preguntar
—¿No has vuelto a ver ningún fantasma?
—Creo que en este recóndito lugar la muerte los visitó hace cientos de años, que aquello que los pudiera retener en esta vida ya se ha esfumado, así que aquí no hay más que arena, calor y un montón de vasijas rotas.
—Lástima, sería una buena carpeta adjunta a la biblioteca paranormal.
—¿Biblioteca paranormal? me encanta ese nombre. ¿Averiguaste algo más sobre el antiguo incendio de la universidad?
—Nada la verdad, solo lo que ya sabemos, los datos se encuentran en físico en la alcaldía municipal y mis dotes de hacker solo sirven en el mundo virtual; pero si hay algo nuevo.
—¿Qué?
—La han visto.
—¿A quién?
—A la dama vestida con traje antiguo, parece que no le cayó muy en gracia que destruyeran el viejo bloque, los trabajadores del nuevo proyecto se quejan de verla y que se desaparecen herramientas de trabajo, varios han renunciado por temor a verla otra vez.
—Creo que eso era de esperarse, aunque aspiraba que diera por terminada su estancia en este mundo y se fuera sin crear más daño.
—Presiento que es lo que menos quiere, además después de que me contaste lo de Lucia, que ella te observa, la noche siempre me llena de temor.
—Pronto acabaremos con la expedición y al regresar a la universidad debemos encontrar la manera de hacerla descansar, sea lo que sea que la mantiene aquí puede llevarla a hacer más daño, incluso aún peor a lo ocurrido con Emma y Lucia, porque solo un alma vengativa podría destruir una amistad de esa manera.
La tarde llegó, Laura se dispuso a buscar cualquier evidencia de naturaleza, viva o antigua que estuviera en este lugar, y yo me zambullía en los pozos de excavación, no por gusto, sino que el calor y el sol eran tan intensos en este olvidado lugar del mundo que un agujero en la tierra era el sitio más fresco. Me senté a limpiar entre la tierra una fisura blanca, con una pequeña brocha y con mucha paciencia empecé a retirar toda la tierra que cubría ese blanco sepultado, un cráneo emergió de entre la tierra lo tomé en mis manos mirando fijamente a ese espacio donde alguna vez estuvieron sus ojos, estaba completamente intacto y blanco teniendo en cuenta el lugar donde se encontraba, seguí escudriñando el lugar hasta dejar al descubierto un esqueleto completo, lo poco que había aprendido de antropología en este viaje me hacían pensar que era el esqueleto de un hombre joven, tal vez de unos veinticinco o treinta años ya que sus huesos no se veían tan desgastados, bastante alto para el tipo de población que estábamos estudiando, yo diría que un metro ochenta. A su alrededor encontré tinajas rotas, en algunas aún se les veía el color con las que fueron adornadas, dentro se encontraban joyas, pequeñas figuras humanas y restos de incienso. Había sido enterrado con mucho cuidado y con gran lujo, probablemente fue un hombre importante en su tiempo.
Mientras emergían estos restos la tarde pasó, y, sin darme cuenta, el frío de la noche me alcanzó, decidí que ya era hora de regresar al campamento, el frío nocturno del desierto podía llegar a ser incluso más devastador que el calor del día. Decidí salir de este agujero apoyada en una de las muchas escaleras de bambú hecha por los internos, pero en el último escalón las cuerdas que sujetaban esta precaria creación se reventaron haciéndome caer, dejando a mi paso destrozados todos los demás pedazos de bambú. Con el dolor en el trasero por la caída — por suerte tenía buen «derrier» que amortiguó el golpe — me levanté, sacudí la tierra y el polvo de mi ropa mientras gritaba por ayuda, pero nadie pareció escucharme, con el paso del tiempo mi voz se quedó ronca y en mi desesperación intenté saltar para aferrarme al borde del agujero, pero, la tierra era seca y estéril, cada vez que lograba sujetarme ésta se volvía polvo en mis manos haciéndome caer nuevamente en lo profundo.
Estaba resignada a pasar la noche en ese hueco lleno de restos humanos, aunque estaba acostumbrada a lo extraño, el frío de la noche y mi gélido compañero de encierro hacían vibrar mi corazón con un «tum – tum» rápido y rítmico que sofocaba mis oídos, sentí como una lágrima de miedo y frustración se deslizaba por mi rostro
—¿Qué haces ahí?
Me dijo una voz varonil, gentil y cantarina, al levantar el rostro pude ver su mano dirigida hacia mí en un intento por sacarme de mi encierro
—Ven déjame ayudarte
Sujeté su mano, que fácilmente me haló hacia su cuerpo, donde terminé cubierta por sus hombros anchos, su piel canela y su espléndida figura, que enloquecería hasta la más recatada y si la perfección de su cuerpo no fuera suficiente, sus cabellos oscuros como la noche misma, brillaban a la luz de la luna dejando relucir el violeta en sus ojos.
—Habría sido una mala noche si hubiera seguido aquí.
—Gracias — Logré decir con voz trémula
Un olor casi embriagador y adictivo proveniente de su cuerpo me extasiaba, con una hermosa sonrisa me acompañó hasta el campamento donde Laura y Emma revoloteaban el lugar buscándome, al verme llegar salieron a mi encuentro entre alegría y regaños de preocupación, las recibí tratando de calmarlas y explicándoles lo que había pasado, pero al voltear para presentarles a mi salvador él ya no estaba. Durante la noche no pude pegar los ojos pensando en los suyos, un violeta reluciente que habría envidiado, incluso, la mismísima Elizabeth Taylor.
LLAMADAS
«Yo creo que nada sucede porcasualidad. ¿Sabes qué? En el fondo las cosas tienen suplan secreto, aunque nosotros no lo entendamos»
Carlos Ruiz Zafon
La excavación continuó, el último esqueleto era el de más interés para todos, blanco como el más fino marfil, sin el más mínimo signo de daño por el tiempo y el ambiente, incluso las hipótesis de su muerte eran múltiples ya que el único daño o señal que presentaba era una pequeña muesca en el reborde izquierdo del esternón, cerca de donde se une la cuarta costilla izquierda, los antropólogos debatían si ésta era la causa de su muerte porque estos restos eran tan perfectos que descartaban causas naturales, entonces fue alguien más, ¿Asesinado? tal vez. Además, su entierro había sido bastante ceremonial, durante la excavación, mientras más terreno abarcaban más cosas surgían de la tierra, incluso un ramillete de flores secas y vasijas con semillas; Laura y su tutor estaban encantados con este descubrimiento, ya que al parecer provenían de flores extintas; entre el ir y venir de personas unos ojos me miraban, mi salvador de ojos violeta, uno de los muchos estudiantes de arqueología que estaba en la excavación, su nombre era Adrián; pasé varias tardes hablando con él, del mundo, de esta antigua civilización, sus relatos eran tan exactos que me hacían evocar esos antiguos parajes; en las noches, por más que trataba, esos ojos violeta llenaban mi mente; en otras ocasiones tuve novios o amoríos que no terminaron bien, con cada decepción mi corazón se tornó de piedra y finalmente fue ocupado por mi carrera; pero nunca ni en aquellas épocas de colegiala mi corazón latió tan fuerte por un hombre, creo que... ¡ésta es la primer vez que estaba enamorada!
Pasaban las horas y mi mente divagaba entre esos hermosos ojos violeta, su sonrisa, su manera de hablar y ese olor exquisito que emanaba de su cuerpo aún cubierto del sudor generado por el sol, pero sin previo aviso y casi como el cambiar de un canal en la televisión una imagen nubló ese hermoso sueño, un grito desesperado acompañado de una imagen aún más aterradora, una mujer al final de una escalera, con una antorcha en la mano y un bidón de gasolina, envuelta en llamas. Desperté cubierta en sudor, ansiosa y casi paralizada por esa imagen que me fue imposible volver a conciliar el sueño. Fuego, una vieja imagen volvía a mi cabeza y la duda aflorando ¿tendría algo que ver este sueño con los sucesos de la universidad? Esperé hasta la mañana para hablar con Laura y con Emma de esta «pesadilla» o mejor dicho «premonición» cada una gozaba de compañía en las noches y ¿Quién era yo para entorpecer esos ratos de placer?
Durante el día realizamos varias llamadas con el fin de averiguar si este mal sueño significaba que algo estuviera pasando en la universidad, o incluso en la ciudad. La biblioteca ya no existía, pero ella, quien fuera que fuera, aún seguía allí, esperando, y ya se me había dado una advertencia — ¡Ella quiere tu vida! — llamé a mis escasos amigos, dejados por el periodismo, para identificar cualquier evento extraño que pudiera estar relacionado con ella, Emma llamó al campus y a sus compañeros maestros y Laura a cada uno de nuestros compañeros; lo único que conseguimos aparte de chismorreo y leyendas urbanas fue la noticia sobre el cese de los trabajos en la construcción del nuevo edificio, al parecer ocurrió un accidente, de alguna manera inexplicada uno de los muros se derrumbó cayendo sobre algunos trabajadores, por suerte ninguno había fallecido, pero si habían terminado en el hospital, ahora estudiaban las causas, desde corrupción en la construcción, fallos en los planos, errores humanos o material defectuoso, pero hasta ahora todo había sido hecho acorde a lo estipulado por los protocolos de la constructora; Laura reiteró, además de algunos compañeros, lo que al principio de su llegada dijo —«los trabajadores la han visto» — y el rumor de que este ser paranormal había sido la causa del derrumbe era la nueva leyenda urbana que circulaba en la universidad. Nadie más la volvió a ver, pero tampoco nadie se atrevía a ir hasta la obra en construcción; éste era el llamado, había llegado la hora de terminar nuestra estancia en este desolado lugar y regresar a la vida universitaria y, aún más, a nuestra vida de investigadoras paranormales, ya que ninguna de las tres quería que aquello que le pasó a Lucia volviera a suceder.
Laura y Gabriel, su tutor, fueron los primeros en regresar, la habilidad de hacker de Laura hacía de su llegada algo fundamental para abrir campo en la investigación y recoger todos los datos sobre la construcción, incluso aquellos obtenidos por las autoridades. Emma y yo nos quedamos unos días más clasificando los hallazgos arqueológicos en un intento de ayudar a las personas que continuarían con la labor en esta necrópolis; aunque la idea de quedarme más tiempo era para ver una vez más al hombre de ojos violeta. Adrián me esperaba con una gran sonrisa y tener que decirle adiós era la cosa más difícil que había tenido que hacer desde mi llegada a este lugar, mis manos temblaban, mi voz estaba entrecortada, mi corazón latía a mil por hora, dolía el saber que no tenía más tiempo para llegar a su corazón, y es que en el mundo del coqueteo yo era la más torpe de todas, luego de escuchar mi torpe despedida él miró hacia el firmamento y luego sonrió hacia mí
—Estoy seguro de que nos volveremos a ver Daniela.
Y me robó un beso en la mejilla,
—Ya tengo tu número telefónico y no tardaré en llamarte para escucharte y verte de nuevo, eso tenlo por seguro.
Yo no pude más que sonreír como una tonta, las palabras se atascaban en mi garganta y mis neuronas suspiraban aún por ese beso, él se alejó y yo cual colegiala enamorada no podía de la alegría — «Él me iba a llamar» — y el tiempo empezaba a correr.
SEÑALES
«No temas a las dificultades:lo mejor surge de ellas.»
Rita Levi—Montalcini
Mi vuelo y el de Emma terminaron siendo diferentes, ella iba a entregar los datos recogidos por lo cual se quedaría un día más ya que el director de la excavación se había ausentado y su regreso no sería sino hasta la noche. Salir primero que Emma resultó ser una pésima decisión, desde el principio todo auguró que el viaje sería una verdadera pesadilla; primero, llegar al aeropuerto en la camioneta destartalada del campamento fue una odisea, seguía sin vidrios, sin radio, sin seguridad, mejor dicho cuatro ruedas y un volante, pero jamás se había quedado varada, bueno hasta ahora, faltando unos cinco kilómetros para llegar al aeropuerto repentinamente se detuvo, yo no sabía nada de mecánica automotriz y mi acompañante, uno de los empleados del director, no encontró el problema, movió cables, tiró metal y sopló el motor, pero nada, estaba muerta, la camioneta había cumplido su vida útil, e incluso pasó más tiempo funcionando que cualquier otro auto en sus condiciones, pero había sido tan confiable que a nadie se le ocurrió que esto llegaría a pasar. Dejarla en la carretera al parecer no era viable, en el mundo se acrecentaban los amigos de lo ajeno y aunque no funcionara sus partes eran valiosas, sobre todo por lo antiguas, así que en vez de aprovechar las horas extras que tenía antes de mi vuelo para repasar la carpeta «paranormal» que me había enviado Laura, tuve que empujar un montón de chatarra con ruedas.
