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La mejor de las obras dramáticas de Chavero es Los amores de Alarcón, deliciosa y, en más de un sentido, moderna. Su punto culminante es la representación de La verdad sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón en Madrid. Antes de llegar a ese momento, el heroico indiano afronta múltiples pruebas, entre intrigas y befas de quienes lo envidian, y el amor incondicional de la comediante Jerónima de Burgos. El reparto de la obra está integrado, entre otros, por el conde de Villamediana, Francisco de Quevedo y Luis Vélez de Guevara.
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Seitenzahl: 73
Veröffentlichungsjahr: 2010
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Alfredo Chavero
Los amores de Alarcón
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: Los amores de Alarcón.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Michel Mallard.
ISBN tapa dura: 978-84-1126-063-3.
ISBN rústica: 978-84-9816-049-9.
ISBN ebook: 978-84-9897-827-8.
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Créditos 4
Brevísima presentación 7
La vida 7
Dedicatoria 9
Personajes 10
Acto I 11
Escena I 11
Escena II 16
Escena III 21
Escena IV 24
Escena V 26
Escena VI 27
Escena VII 30
Escena VIII 31
Escena IX 36
Escena X 37
Escena XI 38
Acto II 41
Escena I 41
Escena II 44
Escena III 49
Escena IV 51
Escena V 51
Escena VI 53
Escena VII 55
Escena VIII 56
Escena IX 57
Escena X 60
Escena XI 61
Escena XII 65
Acto III 69
Escena I 69
Escena II 70
Escena III 72
Escena IV 75
Escena V 78
Escena VI 80
Escena VII 82
Escena VIII 84
Libros a la carta 89
La vida
Alfredo Chavero (Ciudad de México, 1 de febrero de 1841-24 de octubre de 1906).
Abogado, poeta, dramaturgo, historiador, arqueólogo y político. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
Los amores de Alarcón es la mejor de las obras dramáticas de Chavero. Su punto culminante es la representación de La verdad sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón en Madrid. Antes de llegar a ese momento, el heroico indiano afronta múltiples pruebas, entre intrigas y befas de quienes lo envidian, y el amor incondicional de la comediante Jerónima de Burgos.
Entre los personajes de esta obra destacan el conde de Villamediana, Francisco de Quevedo y Luis Vélez de Guevara.
México, junio 1 de 1879
Al señor don Luis Fernández-Guerra y Orbe, de la Academia Española
A usted, muy estimado amigo, que, tras largas veladas y fructuosos estudios nos ha presentado redivivo a nuestro ilustre dramático; a usted que ha llevado su benevolencia para conmigo, hasta llamar a mi humilde pluma adiestrada y maravillosa; a usted que es hoy el modelo del habla castiza y de la galanura del lenguaje: dedico el presente trabajo, inspirado en la más castigada de sus obras, de la que en varias ocasiones aun las mismas palabras he tomado. Bizarría ha sido en usted aceptar mi dedicatoria: gratitud en mi el ofrecerla.
Permítame usted con este motivo, que le repita las seguridades de, mi sincera amistad.
Alfredo Chavero
Don Juan Ruiz de Alarcón
Mira de Amescua
Jerónima de Burgos, comedianta
Vélez de Guevara
Juan Morales, autor de título
Salas Barbedillo
Jusepa Vaga, su mujer, comedianta
Andrés de Claramonte
El conde de Villamediana
Un criado del corral
El doctor Suárez de Figueroa
Comediantes, corchetes
Quevedo
Y comparsas
Montalbán
La escena pasa en la villa de Madrid, en el corral del Príncipe, el año de 1619.
Tablado del corral. Decoraciones y utensilios en desorden. Sillas de madera blanca. Mesa de ídem, con carpeta de balleta y útiles ordinarios de escritorio.
Escena I
(Juan Morales, escribiendo. Después Villamediana.)
Morales (Suspendiendo su Escritura.) Ufanaos con las glorias del labrador Isidro, piadosos madrileños. Cuéntanme que centenares de poetas discurren en su celebridad versos famosos; que se afanan los polvoristas en arreglar ruedas y cohetes: y que se prepara procesión de pendones, cruces, cofradías, clero, alcaldes, regidores y alguaciles de cuarenta y siete villas y lugares, con ciento cincuenta y seis estandartes, danzas, y, muchos ministriles, trompetas y chirimías. Bien hizo la santidad de Paulo V con decretar la beatificación. Con razón los plateros terminan a toda priesa el arca suntuosa en que han de depositarse las reliquias del santo, y que, sin poner en cuenta la mano de obra, cuesta ya dieciséis mil ducados. Buena pro hayan; que yo habré la mía, si la famosa comedia que preparo para el día de la fiesta, agrada tanto a los piadosos como a los mosqueteros y a los señores, más que por sus espadas, de temerse por sus pitos y llaves con que silbos hunden cualquier comedia. No así con la que entre manos traigo; que dícenme que será protegida por la hueste mujeril; y ante hueste tal, pitos y llaves cállanse, y solo suenan corazones con palpitar violento.
Villamediana (Entrando.) Guárdete el cielo, Juan Medrado.
Morales Déjese de burlas el señor conde, que bien sabe que me llamo Juan Morales Medrano; que de medrados ya no es tiempo, ni los hay ya por la villa.
Villamediana Zumbón estás, Juan. Mas dime, ¿cuándo llegaste?, ¿cuánto tiempo estarás aquí?, ¿qué piensas hacer, y...?
Morales Y qué comediantas tengo, ¿no es verdad?
Villamediana Pues bien, sí: quiero saberlo.
Morales Voy a satisfaceros el gusto. No sé si vuestros viajes os han hecho ignorar u olvidar la Real Cédula sobre Compañías de Recitantes y la Reformación de Comedias mandada hacer por el concejo. En letras de molde pueden leerse en una tabla a la entrada del corral. En su virtud, soy autor, de título por dos años, y tengo la mejor compañía de faranduleros; todos traen consigo sus mujeres, y visten con decencia a placer del señor consejero comisario.
Villamediana Según eso, estará contigo tu mujer, la gallarda Jusepa Vaca.
Morales Sí, señor conde.
Villamediana Alégrome de ello.
Morales Señor conde...
Villamediana ¿Sigues siendo celoso?
Morales Señor, mi mujer es honrada.
Villamediana Sé que es calumnia lo que de ella dijeron; de si tuvo o no tuvo amoríos con el conde de Peñafiel.
Morales Calumnia infame.
Villamediana Murmuran, sin embargo, que de noche andas como alma en pena, con la tajante desnuda en la diestra, y una vela en la siniestra mano, recorriendo sótanos y desvanes, o en figura gatesca por cuevas y tejados, en busca de amantes imaginarios. Verdad es que yo he defendido a tu esposa. ¿No has leído el soneto que al efecto hice?
Morales No, señor; pero pudiera vuesa merced dejar a los cómicos en paz.
Villamediana Escúchalo. Tú le hablas a Jusepa.
Oiga, Jusepa, y mire que ya pisa
Esta corte del rey: cordura tenga;
mire que el vulgo en murmurar se venga,
y el tiempo siempre sin hablar avisa.
Aquí le sacas y muestras un Cristo, y prosigues:
Por esta santa y celestial divisa,
que de hablar con los príncipes se abstenga;
Y aunque uno y otro duque a verla venga,
su marido no más, su honor, y misa.
Dijo Morales, y rezó su poco,
mas la Jusepa le responde airada:
«¡Oh, lleve el diablo tanto guarda el coco!
¡Mal haya yo, si fuere más honrada!»
Pero como ella es simple y él es loco,
miro al soslayo, fuese, y no hubo nada.
¿Qué te parece mi soneto? Ya ves que te defiendo.
Morales En cuanto al soneto, paréceme muy bueno; pero en cuanto a la defensa, gracia muy señalada me haría si no me defendiese.
Villamediana (Con burla.) Eres un ingrato.
Morales No extrañe su señoría el que me sorprenda de su visita intempestiva.
Villamediana No te espantes, que tu mujer no es de mi gusto: pues aunque su conmovedora voz y su modo incomparable de sentir y expresar, unido al juego de sus ojos Y a la gallardía de su talle, roban los corazones más duros, yo tengo para mí que no va descaminado el Fénix de los Ingenios al extrañar que haya quien por tu Jusepa se despepite y quien la apetezca. Vaca que viene de dos crías, más amarilla que la cera.
Morales Es, señor conde, que en el marido hay dos temores: el uno, que amen a su mujer por sus merecimientos; el otro, que si no los tiene, y tras de su fealdad está cuando no la amen, ella sea la que la una cosa como la otra, dan el mismo resultado.
Villamediana Pero vamos a lo que me trae por tu farándula. ¿Cuánto tiempo estarás por la villa, y desde cuándo comienzas tus tareas?
Morales Trabajaré, como es de costumbre, todas las tardes, desde las cuatro, y el tiempo de dos meses, que mayor temporada no se permite a una compañía de farsantes. Ya están todos completos, pues aunque me hacía falta una dama, pedí que me embarcaran a la Jerónima que en Toledo se encontraba, y el alguacil arrancó allá a traérmela, que primero son las compañías reales y de título que los faranduleros de la legua. ¡Y qué envidioso se pondrá Pinedo, el autor del Corral de la Cruz, al saber que yo tengo a la famosa comedianta!
Villamediana Dicen que es ingeniosa.
Morales Es la mejor farsanta.
Villamediana Agregan que es bella.
Morales Y frágil.
Villamediana Murmurador eres.
Morales Preguntadlo al señor Lope de Vega, que para ella escribió La dama boba, por hallarla fresca, sana, juguetoncica y alegre, y saberle de perlas su malicia y hermoso rostro. Él os contará lo que pasó en Segovia a 23 de septiembre del año 13, cuando le aposentó en su casa. No me hubiera gozado en aderezar mi compañía con mujer tan deshonesta, si el poeta no lo hubiese exigido para su obra.
Villamediana ¿Tienes muchas comedias?
