Los astros - Cesar Gavela - E-Book

Los astros E-Book

Cesar Gavela

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Beschreibung

Los Astros es una magistral colección de cuentos de amor. De pasión, muerte y placer. De melancolía y memoria. Cuentos breves y microrrelatos, que dibujan el mapa de los sueños más profundos de las mujeres y los hombres; de sus anhelos más ardientes, de sus emociones y del rastro que dejan en el espíritu y en el tiempo tanto su plenitud como su dolor y su ilusión. Los personajes de Los Astros buscan la felicidad, y muchas veces la encuentran, y lo proclaman. Pero también encuentran el dolor o la aceptación, el humor o esa lúcida alegría donde brilla la tristeza del destino del hombre. Eros y Thanatos juegan la partida en estas páginas, unas veces gana el amor y otras la muerte. Pero son muertes transidas de amor, y son amores avisados de finitud, lo que, por otra parte, no afecta a su vivencia frágil y eterna a la par. Porque solo el amor detiene el tiempo y nos hace inmortales.

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Veröffentlichungsjahr: 2019

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LOS ASTROS

LOS ASTROS

© César Gavela

© portada:

© de esta edición: Olelibros.com

Edita: Kalosini S.L.

Grupo editorial Olé libros

[email protected]

www.olelibros.com

ISBN: 978-84-17737-42-9

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Arts. 270 y siguientes del Código Penal). Las solicitudes para la obtención de dicha autorización total o parcial deben dirigirse a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos).

En memoria de Mariló, mi mujer.

Índice
EN CORREOS
LOS ASTROS
FLORAL
TRANSPARENCIAS
FILOSOFÍA
COSMOS
SACRAMENTOS
GUÍA
DRAMATURGIA
PALAU
RIOPLATENSE
CLANDESTINO
LA MISIÓN
BURDEOS
LA TARDE
GRAN SOL
DE VUELTA A CASA
FASES
SEÑALES
GEOGRAFÍA
COSTA VERDE
BALCÓN
AGUACERO
ARCO
PREGUNTA
LÉRMONTOV
S. P. Q. R.
CONDICIONAL
FUI ETERNO
EN LAS AFUERAS
PUREZA
MILA
BIOLOGÍA
EL PLAN
ATRACCIÓN
CENTRO
TRÁFICOS
TESOROS
LÁGRIMAS
NOMBRES
HINTERLAND
VISTAS AL MAR
DESEO
LLAMADA
FUE EN LA CALLE
RAÍLES
EL TIEMPO
PENITENCIA
NIÑA
ÉTER
ONG
INTUICIÓN
SAINT CLAIR
METAMORFOSIS
TRÁNSITO
FILATELIA
EL NOVIO
TRES
EUCALIPTUS
LÍNEAS
ROBERTO
AEROESPACIAL
LA VIDA
NOCTURNO
VALLE
ALTO
RUÁN
ARQUEOLOGÍA
EL HERMANO
TORRE
LAS DOS COSAS
UNA VIDA
FUSIÓN
HOSPITAL
VIVO SOLO
RUSO
ARCAICO
PASIÓN
RAÍCES
NITIDEZ
TODO
EL PASADO
MIXTURAS
INICIACIÓN
CUALQUIERA
HOTEL RURAL
ANHELO
PAULA
DIÁLOGO
SURGIÓ
ANDINOS
LO EXTRAORDINARIO
REVERSO
¿QUIÉN NOS UNIÓ?
PERSPECTIVA
ESPACIO
VELADA

EN CORREOS

Me dije: algún día tendré que escribirle, y lo hago ahora. Hace mucho que no la veo y usted no sabe quién soy. Todavía no lo sabe, y estoy seguro de que cuando me lea tampoco lo sabrá: porque yo seré alguien que usted no recuerda, que no puede recordar. Alguien menor, alguien que casi viene a ser nadie. Y aunque temo que al llegar aquí tal vez arroje la carta a la basura, me animo y me digo que no. Que continuará leyéndola, con sus ojos curiosos o perplejos. Y ahora debo darme prisa porque mi tiempo de gracia se termina pronto, lo estoy notando, y ya le digo que tengo sesenta y cuatro años y que acabo de jubilarme.

También le cuento que vivo solo, que soy soltero y que tuve poco rango en la vida porque fui auxiliar de Correos durante treinta y ocho años. Sí, uno de los que trabajan en el patio de operaciones de la oficina principal. Esa que hace algún tiempo remodelaron, como sabe, y que ha quedado tan bonita. Y en ese mundo de Correos, y en los demás, claro, yo era y soy José López, mire qué nombre humilde también. Eso sí, no le digo el segundo apellido porque es raro. Mejor callármelo para que yo siga llamándome casi como quien no tiene nombre.

Usted dirá: José López; ¿y qué? Y, sobre todo: ¿y por qué? Pero el porqué es fácil, Camelia, y casi me tiemblan las manos al escribir su nombre. El de esa mujer que vi por primera vez hace ya tanto tiempo. Usted era una chica muy joven entonces, guapa como siempre lo ha sido y lo es: una mujer esbelta, segura, elegante. Una mujer de larga melena negra, la cara iluminada de inteligencia y encanto. También de bondad, estoy seguro, y de esa aristocracia que no dan los títulos, pero sí una educación cuidada y sencilla a un tiempo.

¿Que cuándo me fijé en usted? Fue hace ya más de veinte años: aquella mujer tan guapa. Simpática unas veces, algo adusta otras. Siempre con sus cartas certificadas. Grandes cartas que para mí eran misteriosas.

A veces pasaban muchos meses, incluso años, y no volvíamos a coincidir. Pero yo nunca me olvidaba de la mujer más seductora que he visto. La que despertaba todos mis sueños. La que podría despertarlos, quiero decir. Y también destruirlos. Con una crueldad bonita, mire usted. La que podía hacer de mí un dios, y seguro que piensa ahora que bien mísero debo de ser como para creer que alguien me tiene que salvar. Pero no es exactamente así, Camelia, que yo estoy salvado en la vida, en los días que pasan. Salvado desde hace muchísimos años. Porque me conformé siempre con lo mínimo y no me arrepiento. Hasta me conformaría con nada y también sería yo.

Pero usted es otra salvación. Usted era el paraíso, lo es. Yo ahora le digo estas cosas convencido de que no me contestará, me estoy lanzando un poco. Por eso me atrevo a adentrarme en el paraíso. El que yo imaginaba siempre cuando la veía. Incluso le diría que algunas veces estuve en ese edén, se lo aseguro. Porque lo imaginaba todo, y hasta lo sentía como si fuera real. Tardes enteras para usted en el piso donde vivo, que es muy pequeño, pero nuevo y silencioso, junto a las huertas que van desapareciendo. Porque todo va desapareciendo.

Pensaba en usted, he pensado muchas tardes desde que la conozco y la admiro. La he visto caminar por Londres, por Roma, por París. Ir a fiestas, a la playa, a tiendas importantes... Y yo sonriendo a solas; tantos años unido a su vida, sin que usted lo supiera. Mientras sonaban Bach, Vivaldi, Haydn... Porque me gusta mucho la música, Camelia, siempre me refugié ahí. Desde que vine a esta ciudad, desde que acepté que siempre iba a ser un hombre solitario, melancólico. Que a veces está alegre. Como ahora. Un hombre que no iba a luchar por nada. Solo dejarse ir, flotar, observar.

Muchos paseos he dado con usted cada vez que la sueño. Aquí un lago, allí un jardín, fuentes y árboles frutales, una pequeña iglesia románica. Horizontes de bosques y de un mar en la noche. Porque el mar del sueño casi siempre es así. También la he visto viajando en trenes antiguos. Donde las locomotoras de vapor arrastran vagones de colores vivos, bordeando campos de margaritas y amapolas, como si todo fuera un cuadro de Rousseau. Y usted por allí, por todas partes, con sus vestidos largos, como una mujer de Chagall, cabeza para abajo, para arriba, para los lados, volando por el mundo, volando por mi corazón.

Pero no se crea que yo sé de pintura. Sencillamente, tengo en casa una colección de libros, cada uno dedicado a un pintor, y los abro con frecuencia. Y usted es toda la pintura del mundo, todo el arte. También el arte de las palabras, estoy seguro. Lo digo porque alguna vez pude escuchar cómo hablaba con mis compañeros. Su voz tan bella, con ese tono grave. Pero nunca me tocaba a mí hablar directamente con usted: siempre era en otro mostrador donde se quedaban sus grandes sobres. Yo no tenía suerte.

Hasta que fue mi turno, casualmente pocos días antes de mi jubilación. Vino usted como el mayor premio de mi vida, y debo decirle que llevaba varios días imaginándolo: que apareciera antes de que yo me fuese. Y allí estaba Camelia Arsís: fue cuando supe su nombre y su dirección, al verlos en el remite. En cuanto se fue, lo anoté con letras mayúsculas.

Supongo que me podría decir ahora que por qué no estuve listo las otras veces; por qué no avancé muy de prisa por el pasillo detrás de los mostradores para llegar a tiempo de identificar su envío, y ver allí el nombre y la dirección, y poder escribirle. Pero no lo hice porque sería aparatoso. Además, los compañeros sabrían de mi interés por usted, me pondría en evidencia; y eso sería un motivo de burlas, poco menos que una tortura.

Me pareció más noble seguir soñando con que una mañana vendría a mi mostrador. Y en un segundo surgió el milagro, Camelia. Tuve una inmensa fortuna. Porque si en ese instante terminan de atender a otra persona en otro puesto, el número suyo habría sido asignado a algún compañero y ahí quedaría rota para siempre nuestra historia. Y disculpe por decir nuestra historia. Porque es solo mía. Aunque quería que usted la conociese.

Me gustaría decirle más cosas, Camelia, y que usted me diera permiso para hacerlo. También le digo que solo quiero escribirle, nada más. Y que sería el hombre más feliz del mundo si usted me contestara, cuando le viniera bien. Solo quiero eso, para que pueda tener algo de lo que enorgullecerme, ¿sabe? Porque apenas tengo nada. Y porque siempre he sentido muy profundamente que lo mejor de la vida es que una mujer bella te conozca, sepa de ti. Aunque sea poco y por carta, Camelia. Me encanta decir una frase y luego añadir Camelia.

Y también me gusta decir Camelia y no añadir nada.

Camelia.

LOS ASTROS

Dejó caer el vestido. Luego me dijo:

FLORAL

Tiene ese jardín de rosas blancas que le dicen que está en la plenitud de la vida y que todo armoniza: los hijos, la casa, el marido, el cine, el trabajo, los cumpleaños, el gimnasio, las tiendas, el club social los domingos…

Pero ella nunca olvida que existe otro jardín, de rosas rojas, que hace ya tiempo que le está esperando. Con su juego de los límites, con su luz ardiente, con su verdad como un ala.