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Emma, una joven introvertida, se ve obligada a cambiar de casa, enfrentando nuevos desafíos en su vida. A medida que se sumerge en esta nueva aventura, comienza a experimentar una gama de emociones: amor, alegría, tristeza, desilusión y engaños. Sin embargo, su tendencia a guardar silencio la lleva a enfrentar sus sentimientos en secreto. Pero cuando un evento impactante sacude su mundo, Emma se ve obligada a confrontar su personalidad reprimida y encontrar su voz interior para superar las adversidades que enfrenta. ¿Cuáles serán los desafíos del viaje emocional de Emma? ¿Cómo logrará superar los obstáculos y qué lecciones aprenderá? Esta cautivadora novela explora las complejidades del amor, la traición y la redención a través de la vida de la protagonista, desde la confrontación de mentiras hasta la revelación de oscuros secretos familiares.
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Seitenzahl: 69
Veröffentlichungsjahr: 2024
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Lovera, Mateo
Los silencios de Emma / Mateo Lovera. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2024.
84 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-631-306-011-5
1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Novelas Románticas. I. Título.
CDD A863
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2024. Lovera, Mateo
© 2024. Tinta Libre Ediciones
A mi mejor amiga,por inspirar esta historia.
A mi profesora de Lengua y Literatura,por enseñarme la pasión por los libros y la escritura.
Los silencios de Emma
Capítulo 1
El viento helado soplaba con fuerza esa tarde de invierno en el pequeño pueblo donde vivía Emma. La nieve cubría las calles, creando un paisaje blanco que parecía sacado de un cuento de hadas. En una acogedora casa de madera, Emma, una joven de veinte años con cabello rubio como el sol y ojos azules como el cielo, estaba sentada junto a la chimenea, envuelta en una manta tejida a mano por su abuela Catalina.
Catalina, una mujer de cabello canoso y ojos marrones llenos de sabiduría, estaba de pie frente a la chimenea, preparando una taza de chocolate caliente con medialunas. El aroma dulce llenaba la habitación, mezclándose con el crepitar del fuego.
—¿Querés un poco más de chocolate caliente, querida? —preguntó Catalina con una sonrisa cálida mientras vertía la espesa bebida en una taza de porcelana blanca.
Emma asintió con entusiasmo, sintiendo el calor reconfortante del hogar y el amor que siempre emanaba de su abuela. Desde que era una niña, Catalina había sido su confidente, su consejera y su mejor amiga. Juntas habían compartido innumerables momentos, desde tardes de lectura junto al fuego hasta largos paseos por el bosque nevado.
—Gracias, abuela. Sos la mejor —dijo Emma, tomando la taza entre sus manos y disfrutando del sabor rico y cremoso del chocolate caliente.
Catalina se sentó junto a su nieta, envuelta en su propia manta, y contempló con ternura su rostro joven y radiante.
—Sos como un rayo de sol en mi vida, Emma. Siempre has sido mi alegría más grande —dijo Catalina con voz suave, acariciando tiernamente la mejilla de la joven.
Emma sonrió, sintiendo una oleada de amor y gratitud hacia su abuela. A pesar de haber perdido a sus padres siendo muy joven, siempre había encontrado consuelo y felicidad en el amor incondicional de Catalina.
—Y vos sos mi fortaleza, abuela. No sé qué haría sin vos —respondió Emma, apretando la mano de Catalina con cariño.
El reloj de pared dio la hora, recordándoles que la noche estaba avanzando. Emma y Catalina se quedaron un rato más junto al fuego, compartiendo historias y risas, antes de retirarse a descansar.
Mientras se dirigía a su habitación, Emma se sintió agradecida por tener a Catalina a su lado. Sabía que, sin importar lo que pasara en su vida, siempre tendría el amor y el apoyo incondicional de su abuela. Con el corazón lleno de amor y gratitud, Emma se acostó en su cama, sabiendo que, con Catalina a su lado, siempre encontraría el calor y la felicidad en su hogar. Pipo se acurrucaba en la falda de Catalina esperando también ser invitado con un poco de medialunas.
El sol comenzaba a asomarse tímidamente por el horizonte cuando Emma se sentó frente a su abuela Catalina en la acogedora cocina de la casa familiar. Con el corazón lleno de emociones encontradas, Emma respiró profundamente antes de hablar.
—Abuela, necesito contarte algo importante —dijo Emma, mirando a Catalina con determinación.
Catalina levantó la mirada de la taza de café que estaba sosteniendo y fijó sus ojos en los de su nieta.
—¿Qué sucede, querida? —preguntó, notando la seriedad en la expresión de Emma.
—He decidido que quiero ir a la universidad en la ciudad —anunció Emma, con voz firme pero llena de emoción.
Catalina asintió con comprensión, sabiendo que este momento llegaría tarde o temprano. Desde que Emma era una niña, había mostrado un gran interés por el conocimiento y el aprendizaje, y Catalina siempre había alentado sus ambiciones.
—Es una decisión maravillosa, Emma. Estoy muy orgullosa de vos —respondió Catalina, extendiendo una mano para tomar la de su nieta.
Emma sonrió, sintiéndose reconfortada por las palabras de su abuela. Sabía que no sería fácil dejar atrás su hogar y a Catalina, pero estaba emocionada por la oportunidad de seguir sus sueños y perseguir una educación universitaria.
—Pero, abuela, hay algo más que necesito decirte —continuó Emma, con un brillo de anticipación en sus ojos—. Quiero que vengas conmigo.
Catalina se quedó sorprendida por un momento, antes de que una sonrisa cálida iluminara su rostro arrugado.
—¿Conmigo? —preguntó, incrédula.
Emma asintió con determinación.
—Sí, abuela. No quiero dejarte sola aquí. Además, sé que te encantará la ciudad y todo lo que tiene para ofrecer —dijo Emma, con entusiasmo.
Catalina consideró la propuesta de su nieta por un momento, antes de asentir con una sonrisa.
—Está bien, Emma. Iré con vos a la ciudad —aceptó Catalina, emocionada ante la perspectiva de una nueva aventura junto a su amada nieta—. Pero hay una condición.
—¿Cuál es? —preguntó Emma, intrigada.
Catalina señaló hacia el rincón de la cocina, donde un pequeño gatito dormía plácidamente en una cesta.
—Tenés que llevar a Pipo con vos. Todavía es un gatito y no puedo dejarlo solo —explicó Catalina, acariciando suavemente la cabeza de Pipo.
Emma sonrió ante la solicitud de su abuela.
—Por supuesto, abuela. Pipo también es parte de nuestra familia y vendrá con nosotras —respondió Emma, sintiendo aún más emoción por la aventura que tenían por delante.
Con determinación y entusiasmo, Emma y Catalina comenzaron a prepararse para su nueva vida en la ciudad. Empacaron todas las cosas que necesitarían para sentirse cómodas en su nuevo hogar, junto con Pipo, quien se despertó y comenzó a maullar emocionado ante la perspectiva de la aventura que le esperaba.
Con el corazón lleno de esperanza y anticipación, Emma y Catalina se despidieron de su hogar y se dirigieron hacia la ciudad, listas para embarcarse en una de las más grandes aventuras de sus vidas.
Capítulo 2
Dando por finalizadas sus antiguas vidas, emprenderían una de las aventuras más asombrosas que podían experimentar: vivir juntas en un lugar desconocido, afrontando nuevas oportunidades y demás.
Era la hora de despedirse de la familia. Catalina sabía que ese momento iba a ser el más duro para Emma. Sin dudarlo, se tomaron de la mano y subieron al colectivo que las llevaría a emprender su nueva vida.
Miraban por la ventanilla cómo la esencia del pueblo se perdía con cada minuto que pasaba. Los árboles gigantescos, verdes como los pinos. Canteros de flores rojas, rosas, violetas y amarillas. Las construcciones de madera de abeto blanco, traídas de los Alpes suizos. Con una mezcla de piedras hermosas que resaltaban de las casas. Todo era muy bonito. Mientras Pipo dormía, ellas dos lo acariciaban.
Llegar a la ciudad. Sentir esa sensación de miedo por descubrir nuevas cosas. Escalofríos que iban y venían. Cada vez más cerca de bajarse del colectivo y afrontar sus comienzos.
Se bajaron del colectivo en la terminal. Emma usó el GPS para guiarse hasta su nueva casa. El recorrido era muy largo. Mientras caminaban, observaban a la gente de la ciudad. ¿Cómo caminaban? ¿Qué hacían? ¿Saludaban o no? Era todo muy raro para dos pueblerinas que nunca habían ido a la ciudad. Cada vez que veían algo, solamente podían decir: ¡Guau, es increíble! Tiendas lujosas. Bares gigantes. Hoteles. Edificios enormes. Plazas llenas de juegos. Mucha gente, demasiada para su gusto. Pipo miraba todo muy asustado.
La ciudad era hermosa, pero nada se comparaba con su pueblo. Era muy diferente.
Llegando a la casa, empezaron a sentir sus palpitaciones cada vez más fuertes. Estaban muy emocionadas y llenas de miedo.
Cuando la vieron de frente, no lo podían creer. Se les caía la cara de vergüenza. La casa estaba sin pintar. Dos pisos llenos de nada. No tenía ni pasto, ni plantas, ni vereda, ni flores. Las ventanas estaban caídas. No tenía puerta.
Se miraron y dijeron:
—Vamos a tener mucho trabajo.
