Los sueños de Yayo - Francisco E. Pineda Polo - E-Book

Los sueños de Yayo E-Book

Francisco E. Pineda Polo

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Este libro nace del dolor de patria... chica! Toda la vida la hemos pasado mirando con mucha tristeza, con un apesadumbrado sentimiento de impotencia, con unos deseos muy grandes de que todo cambiara, con ese anhelo sincero de que las gentes de nuestra Costa Pacífica pudiesen mirar el futuro con reales esperanzas de cambio y de progreso, que pudiésemos ver a los niños jugar en los patios, desprevenidos y felices, sabiendo que sus padres les pueden asegurar el diario alimento, un vestido decente y una educación de calidad, de principios, con sincero amor por el prójimo, de confianza en los demás, de amor y respeto por sus raíces y su tradición. No es importante sentimos negros, blancos, chinos, indios o mestizos. Somos el resultado de ese increíble crisol de las razas. Lo realmente importante es que todos nos sintamos hijos de Dios y hermanos en las mismas creencias, en las mismas esperanzas por un futuro mejor, en el mismo suelo y en la misma patria. Este libro también nace del deseo sincero de que la gente joven de nuestra tierra Pacífica encuentre el ejemplo sencillo de una persona que supo sobreponerse a dificultades y estrecheces de toda índole en el alcance de sus metas. Mucho más importante que alcanzar tus metas, es el sentimiento de que hiciste todo 10 humanamente posible por llegar a ellas.

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Seitenzahl: 359

Veröffentlichungsjahr: 2012

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Este libro nace del dolor de patria… chica! Toda la vida la hemos pasado mirando con mucha tristeza, con un apesadumbrado sentimiento de impotencia, con unos deseos muy grandes de que todo cambiara, con ese anhelo sincero de que las gentes de nuestra Costa Pacífica pudiesen mirar el futuro con reales esperanzas de cambio y de progreso, que pudiésemos ver a los niños jugar en los patios, desprevenidos y felices, sabiendo que sus padres les pueden asegurar el diario alimento, un vestido decente y una educación de calidad, de principios, con sincero amor por el prójimo, de confianza en los demás, de amor y respeto por sus raíces y su tradición. No es importante sentimos negros, blancos, chinos, indios o mestizos. Somos el resultado de ese increíble crisol de las razas. Lo realmente importante es que todos nos sintamos hijos de Dios y hermanos en las mismas creencias, en las mismas esperanzas por un futuro mejor, en el mismo suelo y en la misma patria. Este libro también nace del deseo sincero de que la gente joven de nuestra tierra Pacífica encuentre el ejemplo sencillo de una persona que supo sobreponerse a dificultades y estrecheces de toda índole en el alcance de sus metas. Mucho más importante que alcanzar tus metas, es el sentimiento de que hiciste todo 10 humanamente posible por llegar a ellas.

FRANCISCO E. PINEDA POLO

Profesor titular jubilado del Departamento de Biología de la Universidad del Valle. Estudió en la UJTL, Biólogía Marina, primera promoción del país (Bogotá, 1961-1967); Institut Scientifique et Technique des Pêches Maritimes, Oceanografía Biológica y Biología de Pesca; Duke University Marine Laboratory (Beaufort, NC, E. U. A., 1978). Programa Internacional de Entrenamiento en Ciencias del Mar (ITPMS); University of Delaware, 1978, entrenamiento postdoctoral: manejo y explotación del sistema de la jaiba Callinectes toxotes en la Bahía de Buenaventura; Université d'Aix-Marseille, Lab. Biol. Anim. Plancton, Dra. Maríe Louise Furnestin, Diplôme d´Etudes Approfondies Oceanographie Biologique, Plancton (France, 1966); Stanford University, Biology Department, Hopkins Marine Station (Pacific Grove, CA, E. U. A., 1976). Ph. D. Thesis Dissertation: "Ecology of Chaetognaths in the Bight of Panama, duríng the ACENTO cruises of the IATTC"; Universidad del Valle, Facultad de Administración. M.A.E. (1988); Food and Agricultural Organization of the U. N. (FAO), Danish Int. Development Agency (DANIDA); Universidad de Oriente, Cumaná Venezuela: 1989, Int. Program Entrenament Evaluación de Recursos Marinos Tropicales.

Profesor de postgrado en el Instituto Oceanográfico de la Universidad de Oriente (Cumaná, VEN). Comité de Regionalizacion de la Universidad del Valle. Decano fundador de la Sede Pacífico en Buenaventura. Fundador y primer director ejecutivo de la Fundación Universidad del Valle Sede Pacífico. Jefe del Departamento de Biología de la Universidad del Valle (1970 y 1977). Director Ejecutivo de la Asociación Colombiana de Industriales y Armadores Pesqueros (Acodiarpe), Buenaventura.

Pineda Polo, Francisco E.

Los sueños de Yayo : vivencias de Buenaventura / Francisco E. Pineda Polo. -- Santiago de Cali : Programa Editorial Universidad del Valle, 2012.

188 p.; 24 cm. -- (Colección artes y humanidades)

Incluye bibliografía.

1. Antropología - Historia - Buenaventura (Valle del Cauca, Colombia) 2. Buenaventura (Valle del Cauca, Colombia) - Población - Historia 3. Buenaventura (Valle del Cauca, Colombia) - Vida social y costumbres I. Tít. II. Serie.

980.9861 cd 21 ed.

A1378250

CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango

Universidad del Valle

Programa Editorial

Título:Los sueños de Yayo, vivencias de Buenaventura

Autor:Francisco E. Pineda Polo

ISBN:978-958-765-038-9

ISBN-PDF:978-958-5164-20-8

Colección:Artes y Humanidades - Literatura

Primera Edición Impresa diciembre 2012

Rector de la Universidad del Valle: Édgar Varela Barrios

Vicerrector de Investigaciones: Héctor Cadavid Ramírez

Director del Programa Editorial: Omar J. Díaz Saldaña

© Universidad del Valle

© Francisco E. Pineda Polo

Diseño de carátula y diagramación: Hugo H. Ordóñez Nievas

Correción de estilo: Luz Stella Grisales H.

Este libro, o parte de él, no puede ser reproducido por ningún medio sin autorización escrita de la Universidad del Valle.

El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión del autor y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad del Valle, ni genera responsabilidad frente a terceros. El autor es el responsable del respeto a los derechos de autor y del material contenido en la publicación, razón por la cual la Universidad no puede asumir ninguna responsabilidad en caso de omisiones o errores.

Cali, Colombia, noviembre de 2020

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

A mis hijos: Francisco Eladio q.e.p.d., María Fernanda, Paul Mauricio, Fabián Andrés y Antonella, con todo mi amor.

A la esposa y compañera amiga de tantos años, Flor de María Diago, con amor y devoción.

Todo se resume en el ferviente y sincero deseo de expresar a Buenaventura y sus gentes el amor y afecto que yace muy profundamente en mi corazón.

Igualmente dedicamos este esfuerzo a la memoria de tres personas importantes en mi vida: mi madre biológica Josefina Polo de Pineda, a mi hermana del alma María del Socorro Pineda Polo, y a mi madre por afecto y adopción, la señora Zoila Rosa Perea de Muñoz con su esposo don Mario Muñoz Rosero y todos sus hijos: Mario q.e.p.d., Eusebio q.e.p.d., Ninita, Lucho, Rafael q.e.p.d., Ofelia, Nelson y Julio. Ellos son mis hermanos del corazón.

A todos mis amigos y colegas de la Universidad del Valle.

CONTENIDO

PRÓLOGO

AGRADECIMIENTOS

LA GRACIA DE ESTAR VIVO

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

REENCUENTRO CON LOS RECUERDOS

LOS PARADIGMAS Y EL CONTEXTO SOCIAL

PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

EL ACTO SUBLIME DE DIOS: LA CREACIÓN DE LA VIDA

DEL CEREBRO DELAUSTRALOPITHECUSALHOMO SAPIENS

EL ORIGEN DE LOS PUEBLOS AMERICANOS

LOS PRIMEROS POBLADORES DE COLOMBIA

ORGANIZACIÓN SOCIAL DE LOS PRIMEROS POBLADORES

EL PUEBLO DE LA TOLA

EL CUENTO DE COLÓN: DE PALOS DE MOGUER AL CASCAJAL

LINAJUDAS SEÑORAS Y LA MOVILIZACIÓN SOCIAL

DE ÁFRICA AL CASCAJAL

EL CUENTO DE SIMONCITO

LA ISLA PRIMIGENIA

LA BUENA AVENTURA DE COMIENZOS DEL SIGLO XX

LA MOCHA DE PETRONIO

EL DESARROLLO PORTUARIO DE LA BUENA AVENTURA

UN HOTEL PARA LOS ILUSTRES VIAJEROS

LA IGLESIA DEL PADRE BEJARANO

EL CUENTO DE JULIA, ROSENDO Y ELADIO

EL CUENTO DEL NIÑO YAYO: LA BUENA AVENTURA DE LOS AÑOS CUARENTA

EL PUENTE DEL PIÑAL Y LA CARRETERA SIMÓN BOLÍVAR

LAS OPERACIONES PORTUARIAS

LA SOCIEDAD PORTUARIA REGIONAL

BUENAVENTURA: LA ETERNA SED

YAYO BUSCA EDUCACIÓN

LAS ESCUELITAS DE LOS NIÑOS BIEN

LA GENERACIÓN DE LOS ILUSTRES PROFESIONALES

EL PARQUE DE LAS SUCIAS GOLONDRINAS

PUEBLO NUEVO, SU GALERÍA Y SU PARQUE

EL CUENTO DE “PODODÓ” QUIÑONES

LA BICICLETA DE YAYO

GIRA… GIRA… LA ADOLESCENCIA

AMORES ADOLESCENTES

EL “CVY” Y EL “MTC”

MONSEÑOR GERARDO VALENCIA CANO

LOS SUEÑOS MARINOS DE YAYO

MIS SUEÑOS EN PARÍS

STANFORD UNIVERSITY: LA GLORIA

LA GENERACIÓN DE LAS LUCHAS POLÍTICAS

LAS LUCHAS POR LA ALCALDÍA

EL DESENVOLVIMIENTO DEMOCRÁTICO

LA ELECCIÓN POPULAR DE ALCALDES

BIBLIOGRAFÍA

NOTAS AL PIE

PRÓLOGO

Tres cosas pueden destruirte…

La mentira, el orgullo y la envidia…

Tres cosas nunca debes perder…

la esperanza, la paciencia y la honestidad, pero hay tres cosas de mayor valor…

La familia, el amor y la amistad!!!

¡Este libro nace del dolor de patria… chica! Toda la vida la hemos pasado mirando con mucha tristeza, con un apesadumbrado sentimiento de impotencia, con unos deseos muy grandes de que todo cambiara, con ese anhelo sincero de que las gentes de nuestra Costa Pacífica pudiesen mirar el futuro con reales esperanzas de cambio y de progreso, que pudiésemos ver a los niños jugar en los patios, desprevenidos y felices, sabiendo que sus padres les pueden asegurar el diario alimento, un vestido decente y una educación de calidad, de principios, con sincero amor por el prójimo, de confianza en los demás, de amor y respeto por sus raíces y su tradición.

No es importante sentirnos negros, blancos, chinos, indios o mestizos. Somos el resultado de ese increíble crisol de las razas. Lo realmente importante es que todos nos sintamos hijos de Dios y hermanos en las mismas creencias, en las mismas esperanzas por un futuro mejor, en el mismo suelo y en la misma patria.

Este libro también nace del deseo sincero de que la gente joven de nuestra tierra Pacífica encuentre el ejemplo sencillo de una persona que supo sobreponerse a dificultades y estrecheces de toda índole en el alcance de sus metas. Mucho más importante que alcanzar tus metas, es el sentimiento de que hiciste todo lo humanamente posible por llegar a ellas.

AGRADECIMIENTOS

Este libro es también una manera de decir ¡Gracias! a mis familiares más cercanos, quienes desde mi temprana niñez me brindaron su afecto, comprensión y ayuda, a quienes me apoyaron y creyeron en mi buena fe, en mis deseos de superación. Gracias a mi madre Josefina Polo de Pineda, con su amor y dedicación hizo crecer en mí las esperanzas de un mejor futuro; a mi hermanita María del Socorro, que sacrificó muchos aspectos importantes de su juventud por ayudarnos a estudiar y salir adelante.

Gracias a todos los amigos de niñez y juventud que creyeron en mi sinceridad, en el amor y afecto que me anima, gracias a todos aquellos que aún me acompañan en los años crepusculares de la vida.

Finalmente, es un ¡Gracias mil! a instituciones como la Universidad del Valle y su Departamento de Biología, con sus profesores y personal administrativo; la Universidad de Stanford, en Palo Alto, y su Hopkins Marine Station, en Pacific Grove (California), con mi profesor consejero Dr. Donald Putman Abbott, q. e. p. d.; a la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Facultad de Ciencias del Mar y a su decano fundador Dr. Luis Ortiz Borda; al Gobierno francés, su cooperación técnica, y al Instituto Científico y Técnico de Pesca Marítima, con su director Dr. Jean Furnestin, q. e. p. d.; a la Faculté des Sciences de la Université de Marseille, Laboratoire de Biologie Animal (Plancton) de la Dra. Marie Louise Furnestin; a la Fundación Rockefeller en New York; el Centro de Investigaciones para el Desarrollo, del Gobierno Canadiense; el Gobierno colombiano y el Fondo para las Investigaciones Científicas Colciencias. Todas ellas apoyaron mis esfuerzos por formarme como científico y realizar una investigación que tuviera relevancia para nuestro país y especialmente para la Costa Pacífica y sus gentes.

Todos y cada uno de los conceptos y opiniones expresados en este libro son de mi exclusiva responsabilidad. Sin embargo, debo expresar un especial afecto y agradecimiento para el abogado Raúl Rivadeneira Garcés por su agudeza y comentarios de muchísimo sentido común; el Lic. José Arroyo Ordoñez, compañero de primaria, bachillerato y de mis inquietudes como escritor de estos párrafos; no siempre coincidimos en lo expresado aquí, pero la amistad seguirá siendo igual, así lo espero; el amigo de infancia Horacio Torres Sanz, por muchos materiales periodísticos gentilmente cedidos y muchos comentarios sobre la historia reciente de Buenaventura; el amigo de la Historia y los libros Miguel Antonio Carvajal Calonge, quien puso a mi disposición algunos libros de su biblioteca, fotos y material inédito de su producción intelectual; el amigo y deportista Leopoldo Prado Montaño, por su conocimiento sobre el Sindicato de Trabajadores de la Empresa Puertos de Colombia, quien no es responsable, en ninguna medida, de mis apreciaciones sobre el papel del sindicato en la “privatización” del puerto; los amigos abogados Guillermo Perlaza Segura y Baudilio Revelo, por la lectura y comentarios sobre este documento; y al amigo abogado Francisco Alzate, por sus documentos inéditos, fotografías y la lectura de la última versión de este libro. Todos ellos, con afecto, dedicación y comprensión, me acompañaron en esa vigilia del pensamiento de todos los martes en la “Playita de Cosmocentro” y colaboraron en los recuerdos y el análisis que conllevan a que estas ideas e inquietudes puedan ser de alguna utilidad en el futuro.

La mayoría de las fotografías utilizadas son fruto de la agudeza y amor por su tierra de mi tío Augusto Polo Valencia. En parte, este libro es un homenaje a su memoria. Algunas de las fotos utilizadas fueron prestadas a El Puerto 70 aniversario, escribiendo la historia del Puerto de Buenaventura, editado por el amigo Diego Calero Sánchez, director del periódico entonces llamado El Occidente. Extiendo aquí mi agradecimiento sincero al periodista sénior Teodomiro Calero Vernaza.

LA GRACIA DE ESTAR VIVO

“Los años amables de la niñez y la energía de la juventud ya pasaron, hace mucho tiempo”, pensaba Yayo. Recordaba con nostalgia, en su lecho de enfermo, sus años primeros, sus años felices: “mi corazón parece detenerse, mi cerebro está a punto de colapsar, todavía tengo unos segundos para volver a recordarla. ¿Alcanzaré a ver su rostro nuevamente? ¡Eso espero! ¡La neblina que cubre mi cerebro y las estrellas que parecen romperse ante mis ojos, no me dejan verla!”.

¡La muerte! es la ruptura de esa cadena de recuerdos que nos mantiene vivos. Los recuerdos son girones del alma que todavía insisten en aferrarnos al mundo material, al mundo viviente. La muerte integra nuestros recuerdos al Infinito Creador que nos espera.

“Quizás entonces la pueda recordar plenamente”, seguía pensando Yayo. “Recordar es vivir, muriendo en un constante morir viviendo”, pensaba, como en una sentencia final. “Nuestros recuerdos hacen parte de esa historia, que junto con los recuerdos de otras personas, que compartieron nuestro tiempo y espacio, vagan en alguna parte de esa cuarta dimensión que nadie ha conocido vivo, pero que todos sospechamos, existe”.

“He vivido plenamente, no me puedo quejar”, seguía pensando, mientras el anestesiólogo y el cirujano encontraban la mejor manera de penetrar hasta el interior de su abdomen para descifrar la razón de ese cólico permanente. Apenas ocho días atrás había consumido ese delicioso “tamal de tres carnes”, que en sus mejores momentos le trajo “su suegro”. No lo pudo digerir, y así comenzó una semana de malestares.

“¡De pronto fue una de esas mujeres que hace tiempo conocí y que me hizo un maleficio!”, volvía a pensar. “En fin, de todas ellas no tengo sino buenos recuerdos, de sus caricias y la tibieza de sus entrepiernas que me recibieron con amor y me dieron hijos, ¡buenos hijos! ¡De ninguna de ellas espero problemas! ¡Por qué querrían vengarse ahora después de tantos años, cuando ya mi próstata no da un brinco y mi trasero es todo flácido? No me parece justo, ¡yo a todos mis hijos reconocí y les di mi apellido! Bien, Señor, tú eres el Altísimo y tú sabes si éste es el momento más propicio para llevarme a tu presencia”.

Y se quedó dormido intranquilamente, con la droga que le inyectó el anestesiólogo Carlos Alberto Bazán, alias Baricho, mientras la cuchilla del médico Alcibíades Hernández, el supercalificado cirujano, penetraba su abdomen y descubría la vesícula biliar inflamada con una piedrilla blanco rojiza atorada en el conducto biliar, formada por unos parásitos que se habían amontonado, ciertamente, en un frenesí aparentemente sexual. Color blanco y rojo intenso, parecían culebrillas de coral, la coral venenosa de nuestros bosques tropicales; posiblemente habían sido atrapados por el sistema antinflamatorio del cuerpo, en una sola bola que parecía de cristal. Quiso guardarla para hacerse un pisacorbata, pero finalmente pidió que la botaran. Los viejos pensaban y diagnosticaban estos síntomas como causados por la “circa”, nadie sabía qué era realmente.

Alcibíades, el cirujano, revisó la cavidad abdominal y la encontró sana, procediendo entonces a cerrar la herida. “Muy pronto te repondrás plenamente”, le dijo. Pero a partir de ese día Yayo no tuvo descanso, puesto que la colecistectomía fue seguida por una revisión de la próstata practicada por la uretra, ¡y el cólico continuaba ahí! El médico urólogo le dijo: “no sé qué más hacer para quitarle el dolor, creo que es un problema del sistema digestivo”.

El Dr. Ricardo Parra, médico internista de la Clínica Farallones (Cali), dictaminó exámenes generales sofisticados y le practicaron un TAC (Tomografía Axial Computarizada), y finalmente encontraron la causa del cólico: una bolsa de líquido se encontraba alojada debajo del páncreas, presionando el hígado, y el colón del otro lado; “¡amigo, tienes un pseudoquiste pancreático que debemos drenar inmediatamente!”, le dijo. Punzaron la bolsa y, en minutos, se llenaron dos botellas de un líquido negro grisáceo parecido al cieno de los bajos de la bahía de la siempre amada Buenaventura.

“No puedo haber tragado todo ese barro mientras nadaba con Pitillo desde la ‘Chata’ al bajo”, argumentaba Yayo con respiración jadeante; pero el líquido negro no tenía olor alguno, “se trata de enzimas pancreáticas llamadas amilasas” –dijeron en el Laboratorio– “que se habían acumulado, posiblemente, durante años de hambre y descuidos con la alimentación”.

Yayo debió permanecer durante 45 días recluido, sin comer, bajo el cuidado permanente de Flor María, la esposa dedicada y solícita en todos los sentidos, las enfermeras y el Dr. Parra, en la Clínica Los Farallones. El Servicio Médico de la Universidad del Valle no escatimó gasto alguno para lograr la recuperación del paciente. “Que Dios los bendiga a todos, especialmente al médico Antonio Restrepo, a la enfermera jefe Miryan del Cisne Luzuriaga Rodríguez, de nacionalidad ecuatoriana, graduada en la Universidad Nacional del Ecuador, y a todas las enfermeras y el personal administrativo del Servicio Médico de la Universidad del Valle”, pensó Yayo finalmente, mirando al cielo.

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

La Buena Aventura de la adolescencia de Yayo era una isla rodeada de manglares en donde la corriente se atenúa hasta el estancamiento, favoreciendo la sedimentación de partículas muy finas que semejan un lodo coloidal, plagado de materia orgánica. Con el tiempo, y los procesos químicos, ese lodo cambia de color y termina siendo negro grisáceo y mal oliente.

Recordaba con nostalgia Rino Cerón T. (Francisco Alzate) en 1988:

El azar suplió la arena ausente, por las planchas de hierro corroído de un antiguo planchón que trajo ‘el gringo’ al final de la Primera Gran Guerra; lleno de huecos, se hundió en la playa del barrio San José, cerca de la loma más alta de la isla, ‘El Cable’. Por esas planchas de hierro, los muchachos podían darse un divertido baño1.

¡Yayo recordó nuevamente los largos baños en la “Chata” con su amigo Horacio Torres Sanz, alias Pitillo! “Nadábamos desde el viejo planchón hasta el bajo, cerca del canal de acceso, y de allí entrábamos nadando hasta el Café Colombia, cerca al Muro Varela. ¡No es posible que yo haya tragado tanto barro!”.

Yayo escuchó en su inconsciencia una voz que desde el fondo del cerebro le decía: “no te preocupes, mira la lombriz de tierra, vive en el lodo y traga tierra para sobrevivir, ¡y sigue tan campante!” Esa voz fue su segunda oportunidad.

¡Cuarenta y cinco días en la clínica sin comer nada! ¡Pero de nada!… ¡nada! De los 83 kilos que entraron a la clínica, salieron 63, envejecidos y tambaleantes.

REENCUENTRO CON LOS RECUERDOS

¿Recordarán las personas que se han ido antes que nosotros? De algunos escucharás como respuesta un ¡NO! rotundo. Otros dirán que ¡es muy poco probable! Unos pocos agregarán dubitativos: “pero, es posible”. Igual, los que se han ido antes que nosotros nos han dejado sus recuerdos viviendo en nuestro cerebro inconsciente. “¿Y de qué serviría recordar si ya estás muerto? ¡Los muertos no recuerdan!” –nos diría un materialista reduccionista a ultranza. ¡Pero su energía sigue con nosotros! ¡Pregúntaselo a la Tunda o al Riviel!

Es agradable, aunque no siempre, recordar mientras conserves ese soplo de vida que el Creador depositó en tu cuerpo. Tus células nerviosas se excitan nuevamente, recorriendo caminos viejos ya vividos. “Tengo la impresión que ya estuve antes en esta situación. Hay muchas cosas de mi vida que quisiera no recordar o más bien olvidar, ¡o quizás cambiar! Sin embargo, los recuerdos seguirán llegando a mi memoria, en desbandada y a veces ‘apretujadamente’, sin darme tiempo de racionalizar”, pensaba Yayo.

Somos seres humanos a partir del momento en que nuestra mente comienza a recordar. Algunos psicólogos sostienen que esto sucede después de la formación del hemisferio derecho de nuestro cerebro, en el vientre materno, siete meses después de que nuestra madre sintió el calor de esa fuerza creadora, extraordinaria, que ascendió por su vientre. La estimulación precoz sostiene que nuestro cerebro de bebé comienza a recordar a las 27 semanas exactamente.

Meses después del traumatismo del nacimiento, del dolor de la madre, que casi arruina todo, después del primer ofrecimiento de sus pechos que calmó nuestra perenne hambre y sed, comenzamos a recordar nuestro paso por la vida. Y todo el resto de la existencia la pasaremos recordando. Aún nuestros sueños son un permanente recuerdo, un ir y venir por esos pasajes inolvidables de la experiencia vivida.

Recordamos soñando, y soñamos recordando. Luchamos y nos invade la angustia, si no podemos recordar. “Recuerdo su primer beso y mi impaciencia, pero ya no recuerdo tan claramente los detalles de su rostro”, pensaba Yayo. Antes de ese momento somos apenas una maravilla de la naturaleza por nuestras potencialidades; pero, en sentido estricto, si la figura extraordinaria de nuestra madre, su amor que sabe a leche y sus enseñanzas no ejercen su influencia temprana, no pasaremos de ser un extraordinario animal en la larga lista de la naturaleza.

Por definición, todos nuestros recuerdos son verdaderos, son auténticos. Al fin y al cabo, son “recuerdos nuestros”, nos pertenecen, aun cuando estén unidos a los recuerdos de otros. Hacen parte de una realidad que es nuestra, que fue nuestra; no obstante, otros podrían pensar –y decir– que son el resultado de una mente afiebrada y enfermiza.

Hablar de nuestros recuerdos y vivencias dentro de la historia reciente de la amada Buena Aventura exige, ante todo, clarificar algunos conceptos y creencias que posiblemente son aspectos palpitantes de nuestras experiencias. “Aclarar quiénes somos y por qué somos como somos, es parte esencial de este intento que hemos querido iniciar”, pensaba Yayo, “como inicia la madre embarazada un parto difícil, con la ruptura de su fuente”.

Así, el cerebro de Yayo seguía recordando. Se devolvió el casete y se vació el disco duro desde la época de la niñez que conoció, llena de estrecheces y dificultades económicas, mientras su madre, Chepita Polo, agotaba su salud en la máquina de coser. Se prometió entonces que seguiría escribiendo para justificar a esa lombricita del recuerdo que bregaba en su interior y que, al parecer, ¡justificaba todos sus esfuerzos!

LOS PARADIGMAS Y EL CONTEXTO SOCIAL

Mientras se recuperaba de la intervención quirúrgica, su sangre se llenaba de botellas y botellas de metronidazol, antibiótico recomendado por el médico, y consumía la dosis diaria de “Ensure” que le mantenía las fuerzas suficientes para seguir viviendo, Yayo pensaba en su gente: “insistimos en creer cosas que no son ciertas, como tratando de justificar los errores que a menudo cometemos”.

Comenzó a pensar en algunas de sus lecturas de los últimos meses. Martinez Miguélez, en el primer capítulo de su obra El paradigma emergente…, nos dice: “La ciencia no puede darnos la base firme y sólida de nuestro conocimiento, la cual debemos buscar en la filosofía de la ciencia”2. Descartes enfrentó este mismo problema en sus Meditaciones Metafísicas…, y decía: “La ciencia es la búsqueda de un fundamento, de una roca estable que dé seguridad a la vida y elimine las vicisitudes que continuamente la amenazan”.

La respuesta a este dilema no es el objetivismo a ultranza. Otros pensadores, aceptando la lógica del objetivismo, son forzados a reconocer que, en un último análisis, conceptos como racionalidad, verdad, realidad, bondad, ética, rectitud, estética, etc. son relativos a un esquema conceptual específico, a un marco teórico, a un paradigma, que se entiende como un estilo de vida al interior de una sociedad, se encuentra inmerso en una cultura y es acorde a una forma de pensar.

El paradigma vigente de la Biología mira el Universo como si fuese un sistema compuesto de bloques, a cada paso más elementales: el cuerpo humano es una máquina extraordinaria, un sistema de órganos, los órganos son grupos de tejidos, los tejidos son grupos de células, y así hasta los átomos y las partículas subatómicas. La vida social es una lucha competitiva de las clases y las etnias por la sobrevivencia, por la existencia es el paradigma del socialismo. Otros, los adoradores del capitalismo salvaje, en su afán de justificación, piensan que el progreso es material y solo se alcanza con el crecimiento económico y tecnológico ilimitado de unos pocos, mientras la gran mayoría sucumbe de hambre y sed. Los machistas argumentan que la mujer está sometida al hombre por una ley básica de la naturaleza, aunque no dicen nunca cuál es esa ley. Algunos paisanos de la Buena Aventura erróneamente argumentan: el Padre Bejarano les recordaba: “Si roban los blancos, por qué no vamos a robar nosotros los negros”; “robar no es bueno, no importa cuál sea el color de tu piel”. Gerardo Valencia, el hermano mayor, en sus homilías diarias les decía: “trabaja, que el trabajo dignifica y enorgullece, no debes robar, pero tampoco debes dejar morir de hambre a tus hijos”.

Otra manera de pensar de algunos paisanos nuestros es: “Yo puedo ser corrupto, mientras no se den cuenta y no puedan demostrarme nada, y así soy ladrón mientras aparento ser honesto”.

En las facultades de derecho de algunas universidades de garaje, muy comunes ahora, se enseña que toda persona es inocente hasta que se prueba lo contrario. La Constitución así lo consagra. El problema es probar la corrupción que carcome todo nuestro sistema social y de justicia. Basta mirar las noticias de las siete de la noche todos los días. Se roban el dinero del desayuno escolar para los niños; se justifica el aumento de la cobertura escolar, exigida por el Gobierno central, con listas de alumnos que no existen o nunca van a clases, y cuando el visitador oficial viene a la escuela, cosa que se sabe de antemano gracias al sapo de siempre, se llevan los alumnos de otro colegio para que llenen los pupitres. La Ministra de Educación y el Presidente de la República dicen públicamente: “En Buenaventura hay 41 000 estudiantes fantasma”.

Otro paradigma enseñado en las facultades de derecho es el convencimiento de que sólo se puede hablar o escribir sobre aquello que puede ser probado o demostrado mediante proceso, frente a un juez, en un juzgado, con cifras, memorandos, papeles firmados o no; “si no tienes cómo probar lo que dices, mejor no te arriesgues, puedes perder la vida”, también así lo pensaba Yayo y se lo repetían sus amigos; “y, además, las pruebas no siempre revelan la personalidad del verdadero culpable”. “Si delinques y te cogen, haces un arreglo con la Fiscalía, el fiscal pedirá que te rebajen la pena al 50 %, al menos, y –mientras delatas a tus cómplices y te conviertes en un soplón– te rebajan la pena, y cuando salgas de la Picota o regreses de la cárcel gringa… pues, a disfrutar de los millones robados al pueblo impunemente”.

Cada una de estas creencias es un paradigma particular. Todas estas “suposiciones” o “creencias”, se han visto severamente cuestionadas en los últimos decenios. Necesitamos una nueva visión de la realidad, un nuevo paradigma, una transformación fundamental de nuestro modo de pensar, percibir y valorar nuestro discurrir por la vida. ¡El éxito en la vida no es solo material!

La gran dificultad es dónde comenzar lo que pretende ser una historia verídica. La Historia, por derecho propio, tiene un cuerpo concreto, que son los hechos, los cuales constituyen una verdad independiente, de la persona que los registra y construye la historia, independientemente de sus narradores. Sin embargo, a partir del momento en que alguien se compromete a registrar los hechos de la Historia, la subjetividad del autor aparece y, en la mayoría de los casos, la Historia se distorsiona, se desdibuja. La Historia objetiva existe en abstracto, no existe en concreto.

Mientras las largas horas pasaban y Yayo trataba de recuperarse de la herida en su abdomen, drenando la bolsa situada debajo del páncreas, reconocía algunos elementos que se deben considerar. “La historia tiene sus actores”, pensaba. El actor principal de la historia de la tierra es la naturaleza misma, con los fenómenos naturales que le dieron forma al planeta donde vivimos, el cual, según los expertos, se formó hace 4500 millones de años, muchos millones de años después del Big-Bang, o Estallido Inicial, que supuestamente dio comienzo a toda esta “Historia”.

Las exploraciones del espacio extraterrestre y la presencia de ayudas, como el Telescopio Espacial Hubble, obsoleto ya en el siglo XXI, han añadido una dimensión más a lo complejo y extraño del Universo que nos rodea. Hoy, los sabios están preocupados por entender los fenómenos de las nebulosas más cercanas, además de nuestra Vía Láctea, y están empeñados en la búsqueda de la inteligencia extraterrestre que nos preocupa y no nos deja dormir.

Nuestra nave, la pequeña que nos lleva por el espacio infinito, nuestra Tierra, parece apenas una pequeñísima lucecita reflejada en un Universo que parece no tener fin. “Todo nos lleva a pensar que no estamos solos en ese inconmensurable Universo creado por Dios”, concluía Yayo.

PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

Yayo seguía preguntándose: ¿Quiénes somos nosotros los habitantes de las tierras bajas del Pacífico colombiano?

Anhelando encontrar una respuesta a esta pregunta, siguió leyendo y estudiando. “Si queremos contestar estas preguntas, necesariamente debemos comenzar con Dios, el Ser Supremo, la Suprema Energía”. ¡Él no ha descansado desde el día en que su divino pensamiento dijo: “Creemos al hombre a nuestra imagen y semejanza”! El Génesis así lo explica (Gn. 1:26). Él hizo esta obra prodigiosa en seis días y descansó en el séptimo, cuando bendijo su obra. Dios no necesita descansar ¡por supuesto! ¿Por qué entonces se metió en semejante berenjenal? ¿Acaso alguno de los investigadores que han estudiado la historia del hombre sobre la Tierra han tenido éxito en contestar esta pregunta? Filósofos, profetas, santos y non sanctos, paleontólogos, biólogos de todos los pelambres lo han intentado. Siempre se posterga la respuesta y se termina en ese Ser Supremo que conocemos como Dios.

El Génesis hizo los primeros intentos por contestar la pregunta en lo que se ha denominado la Teoría Creacionista. El hombre y todo el universo fueron creados en un solo acto del querer divino. Existen escuelas y sociedades ocupadas en la racionalización de este paradigma, esta teoría.

Una de estas escuelas es el materialismo científico, personificado en Charles Darwin3, quien presentó el resultado de sus observaciones naturalistas en lo que se conoce como su gran aporte a la Biología Moderna: la identificación de uno de los mecanismos que utiliza la naturaleza para lograr el aprovechamiento de la variabilidad genética de los seres vivos. Es así como se obtiene el cambio evolutivo y surge el mejoramiento genético y el cambio de las especies. Nosotros, los seres humanos, no hemos escapado a esta regla de la adaptación.

La teoría evolucionista, a partir de sus inicios –con Lamarck, Darwin y Wallace– hasta sus formulaciones más recientes, considera fenómenos tan importantes como el origen de la vida, su diversidad, la sobrevivencia de los organismos, etc. Esencialmente, la síntesis moderna introdujo la conexión entre dos descubrimientos importantes: la unidad de la evolución –los genes– con el mecanismo de la selección natural. También representa la unificación de varias ramas de la biología que anteriormente tenían poco en común, especialmente la genética, la citología, la sistemática, la biología del desarrollo, la botánica y la paleontología.

“Quisiéramos mejor centrarnos en algunos de los conceptos necesarios para continuar nuestra disquisición”, pensó Yayo en medio de su cansancio, y volvió a dormirse.

EL ACTO SUBLIME DE DIOS: LA CREACIÓN DE LA VIDA

Al salir de un profundo sueño, mientras entraba en ese letargo de las ondas alfa, Yayo pensaba casi instintivamente: “¿Dónde comienza la historia del ser humano?”. Y se contestaba: “comienza con la vida misma, la cual se supone apareció hace 1500 millones de años. Es decir, 3500 millones de años después del Big Bang, y de esa ferviente actividad química creadora que precedió a la vida sobre nuestra Tierra”.

Después de la creación del universo, no hay duda de que elacto primordial, sublime, de Dios fue la creación de la vida, iniciada probablemente, según lo proponen algunos autores, con una sopa química en los mares primitivos. “Los coacervados de Oparin brindan una plausible explicación”, pensaba Yayo, un poco deprimido.

Los experimentos de Miller en 19534 apoyan, en cierta forma, las ideas de Oparin. Las moléculas de la vida o biomoléculas podrían haberse formado en la atmósfera reductora de la tierra primitiva. Sin embargo, pasar de una sopa química primitiva a formas de vida tan sencillas y al mismo tiempo tan complejas, como las bacterias, llamadas procariotas por no tener un núcleo diferenciado, es una verdadera proeza. Nadie ha logrado hacerlo hasta el presente.

No basta con tener el material genético apropiado (ADN) y la maquinaria necesaria para la síntesis de los componentes proteínicos que actúan en las numerosas reacciones enzimáticas y las reacciones de óxidoreducción que proveen la energía. La presencia de una membrana externa, a manera de barrera selectiva, es una condición indispensable y, al parecer, la más difícil de obtener en condiciones experimentales.

¿Cómo pudo entonces evolucionar un sistema vivo en el cual el mecanismo de replicación genética, que asegura el crecimiento en número y en masa, depende de las mismas macromoléculas cuya síntesis dirige? Es la misma analogía de ¡quién fue primero, el huevo o la gallina!

Últimamente se ha descubierto la presencia de moléculas orgánicas interestelares que podrían haber sido “sembradas” en la tierra primitiva a nuestro paso por las nubes que las contienen, o traídas mediante el impacto de micrometeoritos, meteoritos o quizás cometas. La teoría de la panspermia, u origen extraterrestre de la vida5, está de moda. “Seguimos esperando pruebas fehacientes”, pensaba Yayo.

El estado actual de la ciencia no nos permite responder la pregunta sobre el origen de la vida más allá de la mera especulación y, en el mejor de los casos, las teorías únicamente postergan la respuesta. ¿Cuál fue el camino seguido por la naturaleza para crear la célula procariota6, célula muy pequeña, sin un verdadero núcleo, como los ancestros de las bacterias actuales, incluyendo las bacterias fotosintéticas, capaces de utilizar la luz como fuente de energía, aparentes ancestros de los vegetales actúales; las archaebacterias7 y las eubacterias modernas?, ¿cómo se formaron?, ¿cuál fue su origen? La presencia de la célula es un verdadero salto evolutivo que, ubicándolo en el escenario más favorable, tomó varios miles de millones de años.

De las bacterias procariotas habría evolucionado la célula eucariota, por un proceso de endosimbiosis seriada8, según las teorías de Lynn Margulis.

Mil veces más grande que las bacterias, la célula eucariota es otro extraordinario salto evolutivo creador. Poseedora de un núcleo bien diferenciado y funcional, mucho más compleja, con toda la potencialidad para producir las formas superiores conocidas, vegetales y animales, la célula eucariota es un verdadero portento de la obra creadora.

No cabe duda de que el acto extraordinario de Dios fue la creación del Universo, capaz de albergar la vida, y la célula viva, para que evolucionara y llenara la Tierra en todos sus más remotos confines. La Tierra no debería llamarse Tierra sino…… Vida.

DEL CEREBRO DELAUSTRALOPITHECUSALHOMOSAPIENS

Las inmensas potencialidades de las células nerviosas del cerebro fueron el soplo creador de la divinidad. No sabemos en qué momento del proceso evolutivo el cerebro, con sus florecientes redes neuronales oscilantes9, ayudado por los sentidos que nos comunican con el medioambiente exterior, se dio a la tarea de crear imágenes y fabricar y retener recuerdos en una mente prodigiosa. Esta capacidad no operó plenamente en animales como los monos y antropoides, supuestos antepasados del hombre moderno. “Es éste el momento preciso de la creación del hombre por su Máximo Creador”, pensó finalmente Yayo.

Entre 14 y 8 millones de años atrás, en el Mioceno superior y Plioceno inferior, habitaba el género Ramapithecus brevirostris en la India, Pakistán y China. Otra forma similar, el Kenyapithecus africanus, aparecía en África. Mientras algunos autores sostienen que el Ramapithecus es un homínido y que la separación de esta familia del tronco común con la de los Póngidos se realizó entre 20 y 15 millones de años atrás, la mayoría de los antropólogos lo consideran un mono antepasado del orangután. El nexo común de simios y humanos, del que aparentemente no se tienen dudas, es el de los hombres mono del género Australopithecus, que vivieron en el centro y sur de África hasta hace aproximadamente un millón de años.

Lo claro hasta el presente es que la ascendencia del hombre es un proceso de varios millones de años, desde el momento en que los mamíferos evolucionaron en primates, y de éstos se derivaron los homínidos.

Los científicos han estimado que los seres humanos se separaron de los chimpancés, los únicos hominoidea presentes en la actualidad, entre 5 y 7 millones de años atrás. A partir de esta separación, la línea evolutiva homininae comenzó a ramificarse, originando nuevas especies, todas extintas actualmente, a excepción de la que originó al Homo sapiens.

En el pasado, el género Homo fue más diversificado, durante el último millón y medio de años incluía otras especies, hoy extintas. Desde la extinción del Homo neanderthalensis, el hombre cavernícola europeo, hace 25 000 años; del Homo floresiensis, hombre enano o hobbit de la isla Flores, en Polinesia, hace unos 12 000 años, y del “hombre gigante” Nefilim, encontrado en el norte de la India, el Homo sapiens es la única especie conocida del género Homo que aún perdura.

Los individuos pertenecientes al género Australopithecus, de los que se han conservado esqueletos completos, y que han sido representados mediante reconstrucción de su anatomía, fueron totalmente bípedos y están en la línea de evolución del hombre moderno. Parece ser que Australopithecus, inicialmente arbóreo, descendió a los matorrales de la sabana africana, posiblemente, en busca de alimento. Este tipo de homínido prosperó en las sabanas arboladas del este de África entre 4 y 2,5 millones de años atrás, con notable éxito ecológico, como lo demuestra la radiación que experimentó, y con al menos cinco especies diferentes esparcidas desde Etiopía y el Chad hasta Sudáfrica.

Su desaparición se ha atribuido a los cambios climáticos que se iniciaron hace unos 2,8 millones de años y que produjeron una desertificación de la sabana africana con predominancia de estepas abiertas. Como resultado de esta presión evolutiva, algunos representantes de Australopithecus10 se especializaron en la explotación de productos vegetales de escaso valor nutritivo, desarrollando un impresionante aparato masticador. Estos fósiles se conocen con el nombre de Paranthropus y corresponden a especies que vivieron entre 2,6 y 1,1 millones de años atrás. Sus cerebros tenían entre 410 cm3, los más tempranos, y 530 cm3, el resto; por lo tanto, eran inferiores al género Homo.

Esta es sin duda la etapa más confusa y compleja de la evolución humana. El sucesor cronológico del Homo rudolfensis y el Homo habilis es posiblemente el Homo ergaster, cuyos fósiles más antiguos datan de hace aproximadamente 1,8 millones de años, y su volumen craneal oscila entre 850 y 880 cm³. Morfológicamente, el Homo ergaster es muy similar al Homo erectus y en ocasiones se alude a él como Homo erectus africanus. El Homo erectus, quien pudo lanzar objetos con sus miembros anteriores para defenderse y para cazar, finalmente caminó erguido.

La presencia de un dedo pulgar en ángulo recto con los otros dedos del miembro anterior, que hoy llamamos mano, de función prensil, herencia de sus ancestros arbóreos, fue definitivo en este proceso.

Se supone que fue el primero de nuestros antepasados en abandonar África. Se han hallado fósiles asimilables al Homo ergaster (o tal vez al Homo habilis) en Dmanisi (Georgia), datados en 1,8 millones de años de antigüedad, han sido denominados Homo georgicus, que prueban la temprana salida de África de nuestros antepasados más remotos.

La primera migración humana condujo a la diferenciación de dos linajes descendientes del Homo ergaster: Homo erectus en Extremo Oriente (China y Java) y del Homo antecessor/Homo cepranensis en Europa (España e Italia). Los Homo ergaster que permanecieron en África inventaron un modo nuevo de tallar la piedra, más elaborado, puntiagudo, denominado achelense11 o modo 2 (hace 1,6 ó 1,7 millones de años).

Se ha especulado que los clanes poseedores de la nueva tecnología habrían ocupado los entornos más favorables de África, desplazando a los tecnológicamente menos avanzados, que se vieron obligados a emigrar. Es sorprendente el hecho de que el Homo antecesor y el Homo erectus siguieran utilizando el primitivo y redondeado modo 1 (olduvayense)12 en la confección de sus armas de piedra cientos de miles de años después de la innovación del método achelense. Una explicación alternativa es que la migración se produjo antes de la aparición de este último método.

El Homo erectus, transformado en Homo hábilis, aunque con armas cuya tecnología era menos elaborada, pudo así migrar en busca de mayores fuentes de alimento –formando los grupos todavía pequeños que se extendieron por el Oriente Medio y Europa–; se conoce en los registros arqueológicos como Homo neardenthalensis13, éste compitió y fue desplazado por el Homo sapiens u hombre de Cromañón, que merodeó por los bosques europeos al final de la última glaciación.

En resumen, el procónsul de hombre se transformó en bípedo debido a que fue capaz, primero, de lanzar piedras y otros objetos contundentes y, luego, desarrollar herramientas para cazar y defenderse. Como corolario de este proceso evolutivo, nos encontramos frente a un aumento progresivo de la capacidad craneal y cerebral.

EL ORIGEN DE LOS PUEBLOS AMERICANOS

Y Yayo seguía razonando: “¿Cuál es el origen de los pueblos que habitaron las tierras bajas de la costa pacífica?… La historia de los primeros pueblos, inicialmente transmitida por la tradición oral, se pierde en el tiempo y en la frágil memoria del ser humano. Los registros fósiles apenas nos muestran instantes de una larguísima y compleja historia que solamente aparece registrada por primera vez en el período Paleolítico, en las cuevas de Altamira (España), en forma de pinturas rupestres de animales. Nuestros ancestros comenzaban a recordar”.

Eran los animales que estaban comenzando a moldear el pensamiento en el cerebro primitivo de nuestros ancestros. Estas pinturas aparentemente corresponden a los descendientes de la primera migración del Homo erectus africanus y el Homo habilis africanus hacia Oriente Medio y Europa14, los cuales, según parece, fueron antecesores del Homo neardenthalensis, quien sucumbió al final de la última glaciación, y del Homo sapiens Cromagnón, quien ya era Homo sapiens sapiens, antecesor del hombre europeo, dominador del fuego, al estilo de la leyenda de Prometeo.

El Homo habilis africanus dio origen a otros grupos que migraron siguiendo la costa de Arabia e India, extendiéndose por China (Sinanthropus pekinensis), la isla de Java y la Polinesia; y hacia el norte, por el Estrecho de Bering, alcanzaron el continente americano hacia finales de la última glaciación, entre 12 000 y 20 000 años antes del presente.

La primera aparición del hombre en América está sustentada en los descubrimientos de Clovis15 y Folsom16 a lo largo de todo el continente Americano, en lo que se denomina la hipótesis tardía. El límite meridional de los hielos pudo haber sido el camino seguido por los proindios. Otros autores piensan que el hombre asiático, en canoas rudimentarias, pudo haber seguido el cinturón de algas marinas costeras, llamadas kelps, que bordean Asia y América a lo largo del Estrecho de Bering.

Las excavaciones antropológicas de Monteverde, en Chile, y de Pedra Furada, en Brasil, sugieren una migración mucho más temprana, proveniente posiblemente de la Polinesia o del África ecuatorial (hace 18 000-22 000 años).

Lo anterior significa que las poblaciones indígenas americanas, al igual que el hombre europeo, son finalmente descendientes del hombre africano y, en consecuencia, todos los seres humanos actuales tenemos el mismo origen, somos todos afrodescendientes.

LOS PRIMEROS POBLADORES DE COLOMBIA

La aparición de los primeros asentamientos humanos en el territorio de la Nueva Granada parecía ser anteriores a Nínive, Petra, y Palmira, las ciudades más antiguas conocidas, en donde aparecen los primeros escritos cuneiformes que registra la Historia, la historia con mayúscula, que cabalga sobre la memoria de los tiempos.