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Tierra, fuego, agua y aire. Un mundo que tenía una envidiable concordia sufrió una gran guerra que separó y enfrentó a sus 4 naciones. Pero 15 años después, una joven de la tierra llamada Kala quiere cambiar esta situación. Con una extrema determinación quiere salir de viaje en busca de la verdad del planeta Molorak. Mientras, en el reino de las nubes, el ejército se vuelve a movilizar planeando un golpe de estado para derrocar a su reina. El destino es muy incierto.
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Seitenzahl: 474
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Lucha alpha: aire
David Radigales
ISBN: 978-84-19042-89-7
1ª edición, octubre de 2021.
Editorial Autografía
Calle de las Camèlies 109, 08024 Barcelona
www.autografia.es
Reservados todos los derechos.
Está prohibida la reproducción de este libro con fines comerciales sin el permiso de los autores y de la Editorial Autografía.
Índice
PRIMER ARCO
LOS ÚLTIMOS DÍAS EN EL PUEBLO DE DOMA
CAPÍTULO 1
Introducción a Molorak
CAPÍTULO 2
Tormenta de arena
CAPÍTULO 3
El príncipe desaparecido
SEGUNDO ARCO
EL ARMA DE HARI
CAPÍTULO 4
Inicio del viaje
CAPÍTULO 5
El primer pueblo, Bana
CAPÍTULO 6
Recuerdos de Hari
CAPÍTULO 7
Las ratas de la cueva
CAPÍTULO 8
Ketsel, el pueblo de los forjadores
CAPÍTULO 9
La chica que quería ser maga
CAPÍTULO 10
La espada Romperrocas
TERCER ARCO
LA CIUDAD DE LOS MAGOS
CAPÍTULO 11
Pesadillas
CAPÍTULO 12
El último obstáculo
CAPÍTULO 13
Vigilia del festival de magia
CAPÍTULO 14
Sina se desmorona
CAPÍTULO 15
Trágico pasado de Sina
CAPÍTULO 16
Presentación del festival
CAPÍTULO 17
Huo, el arrogante
CAPÍTULO 18
La segunda prueba
CAPÍTULO 19
Debut de Koral
CAPÍTULO 20
Entabeni
CAPÍTULO 21
La prueba amañada
CAPÍTULO 22
Huo vs Koral, la gran batalla final
CAPÍTULO 23
El desenlace del festival
CAPÍTULO 24
El procedimiento para ser mago
CAPÍTULO 25
La despedida de Mashki
CUARTO ARCO
LÍOS EN PETRA
CAPÍTULO 26
Penta, el pueblo de las flores
CAPÍTULO 27
El misterioso dragón
CAPÍTULO 28
Pacto y división
CAPÍTULO 29
Lance vs los guardias del 21
CAPÍTULO 30
Los poderes Alpha
CAPÍTULO 31
Los planes del rey Sismo
CAPÍTULO 32
Llegada a Petra
CAPÍTULO 33
Problemas inminentes
CAPÍTULO 34
Batalla en los cielos de Petra
CAPÍTULO 35
Noche tétrica
CAPÍTULO 36
La última reunión del antiguo gobierno mundial
CAPÍTULO 37
La infernal prisión de Petra
CAPÍTULO 38
El rescate
CAPÍTULO 39
El plan de Lance
CAPÍTULO 40
El reencuentro
QUINTO ARCO
SALVANDO AL REINO DE LUFT
CAPÍTULO 41
Ascenso a las nubes
CAPÍTULO 42
El valle de la muerte
CAPÍTULO 43
Reunión previa a la acción
CAPÍTULO 44
El plan para Kala y Hari
CAPÍTULO 45
La Gran Guerra en Luft
CAPÍTULO 46
Final de un reinado
CAPÍTULO 47
Conversación de hermanos
CAPÍTULO 48
El laboratorio de Tresanck
CAPÍTULO 49
El misterioso tritón
CAPÍTULO 50
Momentos previos
CAPÍTULO 51
La dura prueba de Sina
CAPÍTULO 52
Toma de poder
CAPÍTULO 53
Verdades reveladas
CAPÍTULO 54
Kala vs el dragón gigante
CAPÍTULO 55
Planes de futuro
CAPÍTULO 56
Adiós a Luft
PRIMER ARCO
LOS ÚLTIMOS DÍAS EN EL PUEBLO DE DOMA
CAPÍTULO 1
Introducción a Molorak
El planeta Molorak. El adjetivo que más encajaría para definir a este mundo sería variopinto. En la actualidad, se encuentra en su año 313. Su geografía es bastante distinguible. Dividido en cuatro regiones claras en las que habitan seres muy diferentes. En tiempos pasados, había una entidad que se autonombraba como “Gobierno mundial”, que estaba compuesto por dos miembros de cada una de las naciones, cuya principal función era mantener un equilibrio de paz y concordia, pero llegó un punto en que esto se convirtió en algo insostenible, y por motivos concretos en cada una de las regiones existentes, ocurrió una terrible guerra en el año 298. La guerra concluyó con un montón de muertes, y la destrucción total del gobierno mundial, y una militarización clara de las naciones. Cuatro reyes mandan en cada una de las mencionadas naciones, existiendo un sentimiento de tremenda aversión ante las otras.
La primera nación es la región de Zem. El reino de la tierra, habitada por los Grounds, los seres de la tierra, que se caracterizan por sus cuerpos rocosos y una buena complejidad. Es la nación que abarca casi toda la superficie continental de Molorak. Está constituida principalmente por valles, montañas rocosas, y otros parajes naturales, destacando el que más extensión abarca, que es un desierto llamado Jangal. Tras la guerra, se convirtió más desértica de lo que ya era. Está gobernada por el rey Sismo, un temible tirano con puños de acero que tiene sometida a la población del reino de Zem.
La segunda nación es Vatra, el reino del fuego, habitado por los dragones. Son gente que soporta elevadas temperaturas, y puede convivir perfectamente con los volcanes, que son el principal accidente geográfico de dicha nación, que tiene tan solo 10 ciudades. Sus cuerpos están cubiertos por escamas, tienen largas alas que les permiten volar, y tienen la interesante habilidad de dominar el fuego. Está gobernada por Ayagar, el emperador del fuego. Es otro terrible tirano con un gran poder y un gran ejército.
La tercera nación es la región de Voda. Sus habitantes son los tritones, también describibles como hombres pez. Su principal habilidad es la de nadar y aguantar muy bien las condiciones que proporciona el agua, pudiendo estar sumergidos mucho tiempo. Su cuerpo está recubierto de escamas, y tienen aletas, para poder mejorar sus habilidades de natación. La región está compuesta en la actualidad por siete islas. Gobernada por Possy, el rey del mar, cuya característica principal es que posee múltiples patas. Los tritones lo definen como un ser temible.
La mencionada guerra, acabó sin un claro ganador, y ese es el motivo de la división territorial del mundo, pero sí tuvo un claro perdedor, la nación de Luft.
La nación de Luft, es el país de los fénix, que son los hombres pájaro. Estos seres tienen la capacidad de volar. En la guerra, debido a sus tácticas defensivas y resignatorias, perdieron un tercio de todo su territorio, teniéndose que refugiar en lo que les quedó. La geografía de la nación de Luft consta de dos nubes en las que existen tan solo tres ciudades. Esta región, para suerte de sus habitantes, solo fue accesible para los dragones. La nación está gobernada por la reina Aquilia, quién tuvo algunas decisiones y cometió algunos actos que provocaron cierto recelo ante sus ciudadanos.
En Debesis, la ciudad donde se sitúa el cuartel del ejército del Luft, se hallan actualmente reunidos varios soldados, comandados por el capitán general Owly, un fénix de admirable envergadura, quién está a punto de lanzar un discurso a sus soldados rasos:
— ¡Miembros del ejército del aire! Tras varios años de entrenamiento, hoy podemos decir que estamos a punto para completar nuestra misión. ¿Estáis todos preparados?– pronunció en un tono alto el capitán.
— ¡Sí, capitán Owly!– respondieron los soldados con energía.
— Así me gusta. ¡Vamos a derrocar a la inútil reina Aquilia de una vez por todas!
El resto de miembros del ejército movían sus alas dando señales de alegría. Un hecho que podía llegar a dar consecuencias muy gordas, aparentemente en modo de venganza, se estaba cociendo en la nación de Luft.
Mientras tanto, en un pequeño pueblo de la nación de Zem, el reino de la tierra, una joven chica llamada Kala se encontraba descansando en su parcheada cama. Kala vivía en el pueblo de Doma, situado en el suroeste de la región, junto con su madre y su primo. En la guerra perdió a su padre, y a sus tíos, pero ella junto con los dos miembros de su familia mencionados, consiguieron mantener la vida en el pequeño pueblo. Kala poseía una estatura media, un cuerpo rocoso, y una recogida melena de un color marrón oscuro.
Un miembro destacado de su familia, los Lerner, era su abuelo. Este antepasado de Kala era un miembro del antiguo gobierno mundial. Pero una vez desencadenada la guerra, nadie consiguió saber algo sobre él, por lo que se supone que fue asesinado junto con otros miembros de dicho gobierno.
Rena, la madre de Kala, era otra Ground con un aspecto físico parecido al de su hija. Era una mujer servicial y miedosa, probablemente debido a sucesos trágicos que experimentó en un pasado. En aquella mañana, se estaba dirigiendo hacia la habitación de su hija para despertarla. Abrió la puerta y le dedicó unas palabras con el objetivo de hacer levantar a la chica.
— Kala, son las nueve. Es hora de despertarse– dijo Rena en un tono tranquilo.
— ¿Eh? Voy, un momento– replicó Kala secándose las legañas.
— Por cierto, feliz cumpleaños hija– le recordó su madre.
— Anda, muchas gracias mamá. Dame cinco minutos, y bajo– se excusó la chica.
— Te espero en la mesa junto con tu primo– le dijo Rena sonriendo.
En aquel día, Kala cumplía 20 años. Un cambio de década que le indicaba que ya empezaba a tener cierta edad. Ella trabajaba en un taller de vehículos, y era la única que traía el dinero a su casa. Su primo, Hari, tenía 17 años y estaba buscando trabajo, tras haber acabado un ciclo de minería en la escuela del pueblo.
Hari, era un chico tímido y bromista. No era muy alto pese a ser un varón, y poseía un pelo negro oscuro muy corto. Él justificaba su condición física diciendo que llegaría el día en el que pegaría un estirón, pero esto tan solo parecía una excusa barata.
El pueblo de Doma, dónde residían, no era muy grande, pero tenía una buena actividad comercial. Constaba de una veintena de casas repartidas de una forma irregular. Era poco transitado, ya que se situaba en el límite inferior de la nación de Zem, bastante lejos de la capital. La capital de Zem, era una gran ciudad llamada Petra, situada en el centro de la región.
Volviendo al pueblo de Doma, Kala bajó a desayunar con su familia. Y en la mesa de la cocina se encontró con una grata sorpresa. Un gran y atractivo desayuno, compuesto por una variedad de típicos productos de los Grounds y una buena tarta especialmente preparada para Kala. Se lo tomó todo, y pasó un muy buen rato junto a su familia. Pero durante el desayuno, recordó algo importante que debía hacer.
— ¡Es verdad! Familia, debo irme. Tengo un asunto pendiente en el taller– se excusó.
— Vale. ¿Pero hoy no es fiesta?– le preguntó su madre sorprendida.
— Sí, pero debo hablar con el jefe. Hari, luego quiero hablar contigo también– le dijo a su primo.
— Vale– dijo Hari sin preocuparse mucho por lo que podía ser.
— ¿Vendrás a comer no?– le preguntó su madre.
— Por supuesto. Será tan solo un momento– aclaró Kala.
— Hasta luego, pues– dijeron su madre sonriendo y su primo con la boca llena.
Kala salió corriendo de su casa en dirección al taller de vehículos, lugar donde trabajaba. El taller estaba situado a muy poco rato andando desde su casa, pese a que se encontraba en la otra punta del pueblo. Se acabó plantando allí en menos tiempo del esperado. Su jefe, un señor llamado Vozilo, la estaba esperando.
— Hola señor Vozilo. Perdón por la tardanza– dijo Kala resoplando por la carrera que se había pegado.
— Tranquila, no pasa nada. Por cierto, feliz cumpleaños– le comentó Vozilo en una clara demostración de memoria.
— ¡Muchas gracias!– pronunció alegremente Kala.
— Y bueno, dime. ¿Qué querías?– dijo su jefe en un tono más serio.
— ¿Se acuerda de lo que le conté unas semanas atrás? Lo de mi sueño...
— Por supuesto que me acuerdo. ¿Aún sigues pensando en aquello?– preguntó Vozilo.
— Y cada día con más fuerza. He tomado una decisión– dijo Kala firme.
— ¿Cuál?– preguntó él intrigado.
— Voy a dejar el trabajo, ya que he ahorrado lo suficiente– respondió Kala.
— Si te soy sincero, me lo esperaba– dijo Vozilo sonriendo.
— ¿En serio?
— En estos cuatro años que llevas trabajando conmigo, siempre he visto en ti una enorme determinación, y tras contarme aquello sabía que si tú lo querías, lo acabarías haciendo. Aquí tienes tus remuneraciones por estos años– dijo Vozilo dándole un sobre a la chica.
— ¡Muchas gracias!– volvió a agradecer ella.
— La verdad es que me sabe mal, porque eras muy buena trabajando, pero no me voy a oponer– aclaró él.
— Mañana vendré aquí a comprar un vehículo– le explicó Kala.
— Ah, perfecto, pues nos vemos mañana. Ya nos despediremos entonces– le dijo Vozilo sonriendo.
Kala salió del taller, y volvió decidida a su casa, realizando otra carrera digna de un récord particular. Todo, porque en su cabeza, tenía alguna idea importante y una decisión tomada. Una vez llegó a su casa, se encontró sola a su madre, pero ella buscaba a Hari. Tuvo una pequeña decepción, pero decidió preguntarle a ella.
— Hola mamá. ¿Dónde está Hari?
— Se ha ido. Me ha dicho que no tardaría en volver, pero no me ha dicho hacia dónde se iba– respondió Rena.
— Ah, vale. Pues lo esperaré por aquí– dijo resignada Kala.
Kala subió a su habitación, esperando expectante a la vuelta de su primo. Se sentía aburrida en aquellos momentos, donde lo único que podía llegar a hacer era contemplar las telarañas que colgaban del techo de su cuarto. Se dio cuenta de que había olvidado la tarea de la limpieza en muchas zonas de sus aposentos. De vez en cuando miraba por la ventana para ver si Hari llegaba a casa, pero no lo veía. La espera se le estaba haciendo algo larga.
Hari se había ido a casa de un amigo para pasar la mañana, desconociendo las ansias que tenía su prima para verle. Al final se entretuvo más de lo previsto, por lo que acabó llegando a casa cerca de las doce del mediodía. Kala, cuando lo vio, bajó corriendo para interceptarle y poder entablar la conversación que tanto deseaba.
— ¡Hari!– exclamó con rotundidad para avisarle.
— Hola. ¿Pasa algo? Se te ve exaltada– le respondió Hari algo preocupado.
— Perdona, es que llevo un buen rato esperándote– argumentó.
— Lo siento, es que estaba en casa de un colega y se me ha hecho algo tarde. No pensaba que fuera tan urgente– respondió él riendo.
— Tranquilo, da igual. Subamos a mi habitación– le indicó Kala mientras seguía resoplando.
Kala y Hari subieron a la habitación de ella, porque quería cierta discreción ante el flujo de información que quería soltarle a su primo. Hari no estaba entendiendo muy bien el comportamiento de su prima, pero le estaba haciendo caso porque un mínimo de curiosidad sí que la tenía.
— Bueno. Supongo que te estarás preguntando el motivo por el cuál quiero hablar contigo– dijo Kala sentada en una silla.
— Pues sí, Kala. Dilo ya prima– insistió Hari.
— Vale, vale. Perdona. Llevo cuatro años trabajando en el taller, y llevo todo este tiempo ahorrando dinero. Ahora creo que ya tengo lo suficiente para poder cumplir mi objetivo.
— ¿Pero cuál es ese objetivo?– volvió a insistir Hari.
— Restaurar la paz en el mundo– dijo secamente Kala.
— ¡¿Cómo dices?!– exclamó Hari totalmente sorprendido.
— ¿Tú siempre has dicho que querías salir de aventuras no?
— Pero eso lo decía cuando era pequeño– detalló él.
— Da igual. ¿Quieres unirte a mí y salir a recorrer el mundo en busca de la verdad?– preguntó Kala muy convencida de sus palabras.
Hari se quedó mirando fijamente a su prima, perplejo, y provocó un silencio que fue algo duradero. Kala estaba esperando la respuesta de su primo, la cual deseaba con extremadas ansias que fuera positiva.
CAPÍTULO 2
Tormenta de arena
Kala quería sacar de su interior el sueño y las pretensiones que tenía, pero parecía que su primo, a quien quería contárselo, no le parecían lógicas las pocas palabras que ella estaba pronunciando.
— O sea a ver. ¿Me estás diciendo que quieres restaurar la paz en el mundo y salir de aventuras para lograrlo?– dijo Hari lanzando la hipótesis.
— A ver, he dicho eso, pero déjame explicar mejor– intentó razonar Kala.
— Sorpréndeme– propuso él.
— Cuando tú naciste, empezó una gran guerra.
— Eso lo sé– afirmó Hari.
— Y por culpa de esto se ve que el mundo quedó dividido en cuatro naciones independientes o eso me contaron– supuso Kala.
— Puede ser– tanteó Hari.
— Pues yo quiero salir a recorrer el mundo en busca de una manera de conseguir restaurar la paz que una vez tuvimos– dijo ilusionada la chica.
— ¿Pero quieres salir a ciegas sin conocer nada?– criticó él.
— Sé que es un poco a ciegas, pero antes de continuar, déjame que te enseñe una cosa y luego te cuente una historia, a ver si te anima a seguirme– le propuso ella a su primo.
— Vale, enséñame.
— No, pero vayamos fuera de casa mejor– dijo Kala.
Hari no logró llegar a entender a que se refería su prima, para tener que salir incluso fuera de casa. Kala y Hari salieron al exterior en aquellos instantes. Pese a los deseos de Kala, sus conocimientos acerca de la actual composición del mundo eran prácticamente nulos. Ella no había salido de su zona cercana en los últimos 15 años de vida, es decir, desde antes de la gran guerra. Lo poco que sabía era porque se lo contó alguna que otra persona en algún momento puntual.
Otra vez situados en el patio del lado de la casa de los Lerner, estaban los dos primos listos. Sobre todo Hari estaba expectante, ante lo que Kala le había dicho que quería enseñarle.
— ¿Estás preparado Hari?– preguntó Kala.
— Pues supongo que sí– respondió él.
— Entonces observa– dijo ella con una mirada decidida.
Kala abrió las palmas de sus manos, se posicionó de una forma un tanto extraña y apuntó hacia una zona deshabitada en la salida del pueblo. Tras una breve pausa, pronunció una expresión.
— ¡Tormenta de arena!– dijo a pleno pulmón.
Una vez hubo pronunciado aquellas palabras, directamente desde sus manos, salió un increíble chorro de arena, que acabó derivando en una tormenta, de enormes dimensiones, y que acabó llevándose por delante todo lo que encontró. Por suerte, Kala fue previsora y apuntó hacia la nada. Su primo se quedó helado.
— ¿Pero qué es esto que acabas de hacer?– reaccionó Hari alucinando.
— Este es mi poder secreto– dijo ella guiñando un ojo.
— ¿Poder secreto? ¿Y por qué puedes hacer tú esto?– replicaba Hari con voz temblorosa.
— No lo sé, siendo sincera. Ahora mejor volvamos dentro de casa, que te voy a contar la historia que te prometí– añadió Kala.
Hari no se creía lo que acababa de ver. Kala había usado una especie de encanterio que le permitía lanzar tormentas de arena, pero muy poco convencionales, ya que no se percibían tormentas de arena tan fuertes en su zona. Un ataque útil, cuyo origen desconocía hasta la propia Kala. Sin duda, podía haber causado destrozos severos si lo hubiera usado en dirección al pueblo.
Una vez dentro de la habitación, los dos primos se sentaron tranquilamente en sus viejas sillas. Hari se tomó un vasito de agua con arena porque necesitaba relajarse un poco tras lo ocurrido. Cabe destacar que los principales alimentos que ingerían los Grounds eran rocas y arena. Esa era su principal fuente de alimentación, aunque por ejemplo, aquella mañana hubieran tomado una tarta de chocolate, como alimento para una ocasión extra.
Una vez Hari se hubo terminado su vaso de agua con arena, y parecía que se había tranquilizado un poco, su prima decidió reanudar la conversación, aunque la reacción de Hari le había parecido graciosa.
— ¿Ya te encuentras bien?– dijo ella intentando aguantar la risa.
— Oye, no tiene gracia. ¿Desde cuando haces tú estos ataques?– refunfuñó Hari.
— Tranquilo. Ahora tan solo escúchame– dijo ella.
— Vale, dale– dijo Hari esperándose cualquier cosa.
Kala empezó a contar una historia que le ocurrió muchos años atrás. Para situarnos, estos hechos ocurrieron 17 años atrás, cuando Kala tenía tan solo tres añitos, y Hari ni había nacido. Su abuelo, Vazir, era un miembro del nombrado gobierno mundial. Un Ground respetado y admirado por muchos. Pese a su edad, su forma de ser expresaba una clara juventud emocional. Vivía en la sede central del gobierno, pero de vez en cuando iba a visitar a su familia en el pueblo de Doma. Era un Ground honrado, que desprendía bondad allí adónde iba.
Era un día festivo cualquiera. Vazir fue a visitar a su familia en Doma. Su pequeña nieta, Kala, estaba jugando en el jardín. Tras una confortable charla con los padres de Kala, salió para hablar con su querida nieta. Kala estaba entretenida jugando con las piedras a las que tenía alcance.
— Hola Kala– dijo Vazir amablemente.
— Hola yayo. ¿Qué tal?– respondió ella más feliz todavía.
— Bien. Vengo para ver a qué juegas– explicó él.
— Pues a lanzar piedras a los enemigos– dijo Kala.
— ¿Los enemigos?– preguntó irónicamente Vazir.
— Sí. Esas rocas gigantes de ahí– dijo señalando unas piedras que tenía a pocos metros.
— Anda, vaya– dijo Vazir riendo ante la inocencia de su nieta.
— Si algún día tengo que luchar, debo estar preparada– aseguró ella.
— Me alegra saberlo. Seguro que serás una buena guerrera– dijo Vazir manteniendo su tono irónico, para hacer feliz a la cría.
Vazir se quedó un buen rato observando a su nieta, con incredulidad. No sabía que tenía justo delante a una persona que albergaba un gran poder, que conocía perfectamente, en su interior. En un momento dado, Kala se volvió a dirigir a su abuelo.
— ¡Abuelo!– exclamó con alegría.
— Dime, Kala.
— Mira, ahora voy a derrotar a los enemigos con una tormenta de arena– dijo ella con convicción.
— Vale– dijo Vazir sonriendo por la aparente inocencia de su nieta.
— ¡Tormenta de arena!– gritó ella.
En aquel momento, Kala lanzó una tormenta de arena, de potencia media, pero lo suficientemente destructiva como para mover las rocas a las que había estado atacando toda la tarde. Al verlo, Vazir abrió los ojos de golpe. En ningún momento podía haberse imaginado que acabaría viendo aquello. Vazir supo en el acto cuál era el ataque que Kala lanzó. Se levantó y se acercó corriendo hacia su nieta, para evitar males mayores.
— Kala, ven por favor– le indicó con el rostro muy serio.
— ¿Qué pasa?– dijo la niña sonriendo.
— ¿Desde cuándo puedes lanzar esas tormentas de arena?– preguntó incrédulo.
— Pues no lo sé...pero me encanta jugar con eso– dijo ella sonriendo.
— Vaya... ¿Se lo has enseñado a alguien?– dijo Vazir en el claro tono serio que mantenía desde que había visto el poder de Kala.
— ¡No! Tú eres el primero que lo ve– replicó ella.
— ¿Te puedo pedir un favor?– le preguntó.
— Por supuesto yayo– respondió la niña.
— No uses las tormentas de arena delante de la gente, por nada en el mundo– dijo Vazir tajante.
— ¿Por qué?– pidió explicaciones la niña.
— Hay gente mala en el mundo. Si descubren eso, podrían venir a por ti y raptarte– dijo Vazir.
— ¿Cómo?– dijo ella sin entender nada.
— Si me lo prometes, te traeré unas rocas dulces para merendar– le propuso él a su nieta.
— ¡Lo prometo!– exclamó Kala ingenuamente.
— Y escucha una última cosa, Kala.
— Dime.
— Si algún día ocurre una catástrofe en el mundo, puedes luchar con ese poder. Si se produce un caos en el mundo, debes ir a la ciudad prohibida para luchar por la paz de nuevo. Tú puedes conseguirlo– dijo en un tono dramático.
— No entiendo pero gracias– dijo Kala sonriendo.
— Recuérdalo. Puedes llegar hasta la ciudad prohibida– recalcó él.
— ¡Vale!
— Y ahora vayamos a casa– dijo Vazir para acabar.
Aquellos hechos quedaron grabados en la consciencia de Kala, pese a que aquel día lo viera todo desde el punto de vista y la ingenuidad de una cría. Volviendo al presente, Kala y Hari seguían en la habitación de ésta. La expresión de Hari había cambiado tras escuchar la historia, ya que había empezado a entender los motivos que podía llegar a tener su prima.
— ¿Eso dijo el abuelo?– preguntó Hari.
— Te lo juro. Aunque fuera una cría de tres años, recuerdo esas palabras, y no pude olvidarlas desde que ocurrió la trágica guerra en el mundo– dijo ella en un tono tristón.
— ¿Pero ese poder que tienes qué es exactamente? Porque sonaba como si fueras una elegida o algo parecido– le dijo Hari.
— No tengo ni idea– replicó ella.
— Anda, pues vamos bien– dijo Hari riendo.
— Pero he estado entrenando en secreto un montón de años y he perfeccionado mis técnicas. Estas tormentas de arena pueden llegar a matar a alguien– aseguró Kala.
— ¿En serio?– preguntó Hari tragando saliva.
— No me creas si no quieres, pero entre esto y que he estado ahorrando para la aventura, ahora me siento súper preparada para mi objetivo– dijo ella levantando el brazo en señal de victoria.
— Ya, si te creo, pero es que entiende que me hayan sorprendido tus intenciones, hasta hace una hora no sabía nada– argumentó Hari.
— Tranquilo, no pasa nada. Pero me gustaría que te decidieras. ¿Vas a venir conmigo en esta travesía por el mundo?– le dijo ella en modo ultimátum.
— Déjamelo pensar, por favor– le pidió Hari desconcertado.
— Vale, pero te recuerdo que hace diez años prometiste que me protegerías siempre, cuando aquello ocurrió...– empezó a hablar Kala.
— ¡No saques ese tema ahora! Además, ahora parece que tú eres muy poderosa. Más bien soy yo quien necesitaría protección...– la cortó él.
— No te enfades, primo. Tranquilo, te dejo dos días para que te lo pienses.
— Vale, gracias– agradeció él.
— Mañana voy a pillar un vehículo para el viaje, pero antes lo voy a probar por los descampados del pueblo. ¿Ahí sí vendrás no?– le dijo Kala.
— Sí. Eso sí que me hace ilusión– aceptó Hari.
— Perfecto. Pues aquí tranquilamente estaré esperando tu respuesta– dijo ella sonriendo.
— Vale, me retiro a mi habitación entonces– dijo Hari levantándose.
Los dos primos se separaron pero la pelota estaba en el tejado de Hari. El chico estuvo todo el día pensando en las palabras de su prima. Podía llegar a compartir la causa, pero le daban miedo los peligros que se pudieran encontrar en el camino, y no quería sentirse inútil, ya que se consideraba algo cobarde. Y tampoco no había asimilado los sorprendentes poderes de su prima en aquel momento.
De todas formas, todavía le quedaba otro día para pensar a Hari. Se fue a dormir con cierta tranquilidad, y con la ilusión de subirse a un vehículo el día siguiente, cosa por la que sí tenía bastante interés.
En el mismo momento, Kala también estaba en su habitación pensativa, centrándose en las palabras que su abuelo le dio 17 años atrás. ¿Qué era la ciudad prohibida? ¿Cuál era la clave para devolver la paz al mundo? Estas cuestiones le surgían continuamente. Tampoco conocía el alcance del poder enemigo que se podría encontrar fuera del pueblo de Doma. Lo único que tenía claro era que su vida cambiaría por completo con aquel viaje.
CAPÍTULO 3
El príncipe desaparecido
Se hizo de día en el pueblo de Doma. Los pocos Grounds que residían allí, retomaron su día a día con la normalidad aparente. Pero dos de ellos, estaban esperando para iniciar una gran aventura, Kala y Hari, aunque este último dudaba un poco, pero estaba a punto de tomar una importante decisión.
Kala se fue a despertar a su primo. Éste, ya que había estado comiéndose el coco toda la noche, estaba dormido como un tronco. Kala le pegó un grito en la oreja, y esto, resultó eficaz.
— ¡¡Despierta Hari!!– exclamó.
— ¡Ah! ¿Kala? Que susto me has dado joder...– dijo Hari molesto.
— No te enfades hombre, pero es que ya son las 10, y tenemos que ir al taller a por el vehículo– explicó Kala.
— ¡Es verdad! Dame diez minutos– pidió él.
— Tranquilo, te espero abajo. Quedé con Vozilo a las 11– aclaró ella.
Aunque a veces pudieran llegar a discutir, Kala y Hari estaban muy unidos. La guerra de hace 15 años provocó que tuvieran que vivir juntos prácticamente toda su vida, y no podían estar el uno sin el otro. Hari era un buen chico, pero no tenía ninguna habilidad que lo hiciera destacar, y eso era lo que más le preocupaba de cara al hipotético viaje por el mundo con Kala.
Una vez estuvieron listos, ambos salieron de su casa con destino al taller de vehículos donde Kala había trabajado hasta aquel entonces. Se lo tomaron sin prisas ya que iban bien de tiempo.
A las 11, llegaron al taller de Vozilo con una puntualidad impecable. Los operarios estaban ocupados en su trabajo habitual, pero los dos primos se fueron hacia el despacho de Vozilo.
— ¡Buenos días jefe!– exclamó Kala con alegría.
— Técnicamente ya no lo soy, pero buenos días Kala– contestó Vozilo riendo.
— ¿Ya sabes a por lo que vengo no?– preguntó Kala.
— A por un vehículo– contestó Vozilo con sinceridad.
— ¡Correcto!– exclamó ella.
— ¿Y en qué tipo de vehículo habías pensado?– le preguntó su antiguo jefe.
— Pues no lo tengo muy claro. Enséñame lo que tienes– dijo Kala indecisa.
— Vayamos al almacén– propuso Vozilo.
Todos se dirigieron al almacén situado en el edificio colindante. El almacén no era muy grande, pero el espacio estaba muy bien aprovechado, y había bastantes vehículos dentro. Kala se quedó expectante ante la diversa oferta que tenía ante sus ojos.
— ¿De qué presupuesto dispones?– preguntó Vozilo.
— De unas 1500 monedas– supuso ella con una mínima exactitud.
— Vale. Pues acompañadme.
Se pararon en el primer pasillo. Vozilo se quedó mirando a unas motos que se encontraban allí.
— Aquí tenéis unas motos del desierto– les mostró Vozilo.
— ¿Motos del desierto?– preguntó Hari ignorante.
— Sí, primo. Con estas motos puedes recorrer toda la región de Zem. Son aptas para terrenos rocosos, arenosos, y...vamos todo lo que puedas encontrar por aquí– le explicó Kala mostrando los conocimientos adquiridos en su época de trabajo.
— Muy bien Kala. Veo que no has perdido aptitudes– dijo Vozilo riendo.
— ¿Qué te crees a ver?– respondió ella con ironía.
— Bueno, pues como ha dicho ella, con estas motos, podrás recorrer sin problema casi todos los rincones de Zem. ¿Qué os parecen?– preguntó el mecánico de forma directa.
— ¿Tú la sabrás llevar prima?– preguntó Hari.
— Más o menos. Pero por eso te dije que hoy quería practicar. Me gustaría que la supiéramos llevar los dos– comentó Kala.
— Bueno, qué remedio entonces– contestó Hari tocándose el cogote.
— ¿Entonces con cuál os quedaréis?– preguntó Vozilo.
— A mí me da igual– dijo Hari.
— Pues a mí me gusta esta que tiene la tapicería roja– dijo Kala.
— Pues esa misma– acabó decidiendo Hari.
— ¡Perfecto! Vayamos a la caja– les dijo Vozilo satisfecho.
Los dos primos se fueron a pagar la cantidad exacta para obtener su nueva moto del desierto roja. Kala mostraba satisfacción y determinación, mientras que Hari se veía indeciso. Vozilo estaba satisfecho por la venta realizada, y quizás también por la ambición de Kala.
Luego salieron al patio, donde Vozilo les dio algunas indicaciones acerca de cómo utilizar la moto.
— Lo primero que debéis hacer es poner la llave y dar el contacto– explicó de forma simple.
— No tenía ni idea– dijo Kala riendo irónicamente.
— Bueno, pues eso. Luego se arranca, y se debe girar la palanca de marchas hacia el número uno. Entonces, la moto arrancará y con los pedales vais a poder regular la velocidad. Para frenar, se vuelve a mover la palanca de marchas al cero, y la moto frenará sola. ¿Lo habéis entendido?– comentó Vozilo de forma rápida.
— Sí– dijeron los primos.
— Sé que parece obvio, pero no es exactamente igual al funcionamiento de las motos habituales, así que tenedlo en cuenta– les advirtió.
— Claro– dijeron ellos.
— Pues aquí tenéis las llaves. Mucha suerte en vuestro viaje– dijo Vozilo despidiéndose.
— Muchas gracias jefe– dijo Kala con una sonrisa.
Vozilo se fue. Las llaves estaban ya en posesión de Kala. Ella miró fijamente a Hari, y le dijo:
— ¡Venga, vamos a probarla!
Los dos se subieron encima de la moto, con Kala conduciendo. La arrancó sin problemas, y empezaron a moverse. Pero en breves instantes, Kala se dio cuenta de que le costaba controlar la velocidad, y le era difícil jugar con el pedal del acelerador. Hari estaba sufriendo en aquellos momentos por su integridad.
— ¡Ah, vigila Kala!– gritaba desesperado.
— Tranquilo, que esto lo controlaré pronto, ya verás– advirtió ella.
Tras dar muchas vueltas, acabaron llegando al descampado de detrás de su casa, donde podrían practicar con menor riesgo para el resto de Grounds de la zona. La aparcaron en un rincón y se bajaron.
— Vayamos a tomar algo y a descansar. Este viaje me ha hecho sudar– sugirió Kala.
— Yo no quiero nada– le dijo Hari.
— Bueno, pero yo sí, así que vayamos dentro– insistió ella.
— Yo quiero probar a conducir la moto. Puedes irte de momento– afirmó él.
— Pero no salgas del descampado, ni se te ocurra chocarte, sino te juro yo que voy a hacer el viaje montado en tus hombros. ¿Ha quedado claro querido primo?– dijo Kala en tono amenazante.
— Sí, tranquila– dijo Hari sorprendido por la actitud de su prima.
Kala se fue. Y Hari se quedó en el descampado. Observó ansioso a la moto roja, para pronto subirse encima y arrancarla, siempre siguiendo las instrucciones de Vozilo. Pronto se percató de que no le suponía ningún esfuerzo grande conducir aquella moto satisfactoriamente. Mostraba rapidez y agilidad en sus movimientos. Hasta él mismo se asombró al darse cuenta. Por no hablar de lo estéticamente atractiva que le parecía.
Tras pocos minutos, Kala regresó y vio a su primo conduciendo el vehículo. Se quedó con la boca abierta porque no esperaba que Hari mostrara aquellas buenas habilidades, más que nada porque no había tocado una moto en su vida. Se acercó inmediatamente a él, que frenó al verla.
— ¿Pero cómo puede ser que conduzcas tan bien primo?– preguntó ella.
— No lo sé. Te juro que nunca había llevado una de estas, pero no es nada complicado– explicó él.
— Pero si a mí me costaba dominarla...– dijo Kala cabizbaja.
— Kala, todos tenemos habilidades para cosas distintas– le respondió riendo.
— Reconozco que me da algo de rabia, pero tú estás más capacitado para ser el conductor en nuestro viaje– dijo Kala con firmeza.
— ¿Quién te ha dicho que yo vaya a venir?– preguntó él riendo.
— No me jodas, que ya contaba contigo...
Tras un breve suspiro, Hari le respondió.
— He estado pensando, y...sí, voy a acompañarte– afirmó con claridad.
— ¡Así me gusta! ¿Querías hacerme sufrir o qué?– dijo ella irónicamente.
— Pues un poquito sí– dijo Hari riendo.
— Tranquilo. Pero que sepas que a partir de ahora deberemos estar más unidos que nunca. Mañana saldremos de este pueblo– concluyó Kala.
— Ah, vale– dijo Hari en un tono no muy animado.
— ¿Te parece bien?– preguntó ella.
— ¡Sí!– exclamó con más energía él.
— Mejor, porque aunque te hubiera parecido mal, no hubiera cambiado nada– dijo ella sacándole la lengua a Hari.
— Vaya...
Tras aquellos momentos de distensión y risas entre los dos primos, aprovecharon el resto del día para despedirse con una gran cena de la madre de Kala, que se quedaría sola en el pueblo de Doma.
Pero mientras esto ocurría, en el reino de Luft, en los cielos, estaban pasando cosas importantes. El capitán del ejército, Owly, estaba planeando un golpe de estado para derrocar a la reina Aquilia, quien aparentemente desconocía estas intenciones.
La reina de Luft, estaba en sus aposentos, cuando el capitán Owly se acercó porque quería verla.
— Debo contarle algo importante a la reina– le dijo al mayordomo.
— Un segundo, que se lo comento– respondió él excusándose.
El mayordomo entró a avisar a la reina Aquilia, y esta accedió a dejar pasar al capitán Owly.
— Hola reina– dijo Owly con cortesía.
— Dígame, capitán general– respondió la reina.
— Le traigo una mala noticia. Su hijo, el señorito Lance ha desaparecido– dijo él tristón.
— ¡¿Lance ha desaparecido?! ¿Pero cómo?– preguntó la reina alarmada.
— Lo desconocemos. La última vez que fue visto estaba indagando cerca del cuartel, en Debesis– dijo él mirando al suelo.
— No me digas que...– supuso la reina.
— Es probable que se haya ido hacia el mundo inferior– aclaró Owly.
— Eso es muy grave. Si alguien lo descubre, puede ser catastrófico– dijo la reina con un rostro serio.
— Es tan solo una hipótesis, pero parece que así es– dijo Owly.
— ¡Capitán general Owly! Por favor envíe efectivos para surcar los cielos en busca de mi hijo Lance– le dijo Aquilia claramente.
— ¡Sí, majestad!– respondió Owly.
— Puede retirarse.
— De acuerdo– dijo Owly marchándose.
Owly salió de la habitación de la reina. Justo allí, en los pasillos del gran palacio de Luft, se encontró con otro alto cargo en el ejército, al subcapitán Hoot, que estaba al tanto de la última noticia.
— ¿Podemos salir a fuera para hablar?– preguntó Hoot.
— Sí, claro– le dijo Owly.
El capitán Owly y Hoot salieron del palacio de la reina Aquilia. Se dispusieron a ir a la calle principal de la capital de la región, la ciudad de Aria, y se pararon en un punto concreto. Hoot estaba mirando a Owly con un rostro serio.
— ¿Esto es parte del plan para el golpe?– le preguntó en seco.
— No, eso es lo que más me jode. Lance, es un chico astuto, y además posee uno de los doce poderes...Puede ser un problema si se ha enterado de nuestras intenciones y planea algo para pararnos– dijo Owly preocupado.
— ¿Crees que sospecha algo?
— Esta mañana andaba por Debesis, dónde está el cuartel general. Lo conozco y no me sorprendería que sospechara algo– aclaró Owly.
— ¿Y entonces qué hacemos?– preguntó Hoot.
— Hay que posponer el golpe, e ir a buscar a Lance antes de que nos la líe– dijo rotundamente Owly.
— De acuerdo. De hecho, es verdad que él dijo que Lance debía estar presente– afirmó Hoot.
— Hoy acabaré de trazar el plan. Tú convoca a nuestros hombres para mañana a primera hora– dijo Owly despidiéndose.
— De acuerdo capitán– dijo Hoot haciendo una reverencia.
Los dos altos cargos del ejército de Luft se separaron, y empezaron los trámites para recuperar al hijo de la reina. Lance se hallaba exactamente como habían predicho, en el mundo inferior, con una decisión tomada. Al mismo tiempo, Kala y Hari estaban a punto de emprender su periplo, empezando por su región. Los destinos de estos personajes podrían acabar estando relacionados de alguna forma.
SEGUNDO ARCO
EL ARMA DE HARI
CAPÍTULO 4
Inicio del viaje
Estos acontecimientos se sitúan en el planeta Molorak, donde viven una serie de criaturas fantásticas, divididas en cuatro regiones. La más extensa, Zem, donde habitan los Grounds, que dominan el elemento tierra. Luego está Vatra, una región volcánica donde habitan los dragones, seres que dominan el fuego. La tercera es Voda, constituida por el mar y un archipiélago de siete islas, habitadas por los tritones, que dominan el elemento agua. La última es Luft, situada encima de las nubes. Es el reino más pequeño de todos, habitado por los fénix, que dominan el elemento aire, y tienen la capacidad de volar.
Justamente la región de Luft, está sometida a ciertos contratiempos y clandestinidades, y el futuro del reino está en el aire, nunca mejor dicho. En el momento actual, Luft está reinada por Aquilia, pero el capitán general del ejército, Owly, está planeando un golpe de estado para derrocarla. Sin embargo, Lance, el hijo de la reina, ha desaparecido repentinamente, y el capitán Owly está escogiendo a algunos de sus hombres, para ir a buscarle en el mundo inferior.
En la ciudad de Debesis, se han designado cinco escuadrones para que desciendan a las otras regiones. Owly los acababa de designar, y fue justo después cuando se dirigió a sus aposentos en el cuartel militar. Allí dentro, estaba hablando consigo mismo:
— Espero que encuentren al maldito mocoso...– refunfuñaba el capitán del ejército.
Justo en aquel momento, alguien llamó a la puerta:
— ¿Quién es?– preguntó Owly.
— Soy Noctis– indicó desde el otro lado de la puerta en un tono serio.
— Voy, señor Noctis, un segundo– dijo Owly cambiando drásticamente su tono hacia otro que parecía más bien de sumisión.
Rápidamente, Owly abrió la puerta a aquel fénix que había ido a verle. Con mucho respeto, le preguntó a Noctis:
— ¿Qué desea señor?
— Venía a traerte una noticia que creo que puede serte de importancia– le indicó Noctis.
— ¿Qué ha ocurrido?– preguntó Owly intrigado.
— Ahora te lo digo, pero antes quiero preguntarte algo. ¿Cuánto más vas a demorarte en tus planes? ¡Quiero ser el rey!– dijo Noctis en un tono parecido al de la rabieta de una criatura.
— Lo siento, señor. Le prometo que no tardaremos en dar el golpe de estado y hacerle rey a usted de forma oficial. Pero ahora es conveniente solucionar lo de Lance...– dijo Owly avergonzado.
— Lo entiendo. ¿Acabas de enviar a unas tropas a por él no?
— Así es– afirmó Owly.
— Pues algo sobre Lance quería decirte– añadió Noctis.
— Sí, dígame.
— He estado en la sala de los archivos históricos de texto, en el palacio, y faltaba un libro– explicó Noctis.
— ¿Un libro? ¿Cuál?– preguntó Owly sorprendido.
— El que hablaba sobre la verdad de los poderes...
— No me diga que...– dijo Owly interrumpiéndole.
— Efectivamente, parece que lo ha cogido Lance, y ahora debe saber la verdad acerca de ellos– explicó el misterioso Noctis.
— ¿Y qué hacemos?– preguntó Owly.
— ¡Ir rápidamente a por él y atraparle antes de que nos meta en un lío!– exclamó enfurecido Noctis.
— De acuerdo, señor.
— Perfecto. Pues me voy. Y te exijo, querido Owly, que en dos semanas pueda estar yo sentado en el trono, sino habrá consecuencias– dijo Noctis en un tono muy amenazante.
— Adiós...
Noctis se fue de la habitación del capitán Owly. Owly, estaba algo molesto con el trato recibido por parte del tal Noctis, así que inconscientemente murmuró:
— Pues tú también desconoces algunas cosas. Maldito engreído...
Desde el otro lado, Noctis también murmuró algunas palabras tras el encuentro que había tenido:
— Este Lance, no va a cambiar nunca– dijo riendo –. Me pregunto qué pensaría mi padre si levantara la cabeza...– dijo en un tono más serio.
En otra parte lejana del mundo, concretamente en el pueblo de Doma, en Zem, los primos Kala y Hari estaban a punto de salir de su pueblo para recorrer el mundo.
Ambos habían pasado la anterior tarde empacando todo lo que pudieron en una maleta, y pensando en el viaje que iban a emprender.
Madrugaron, y cargaron su maleta en la moto del desierto con la que pretendían cruzar Zem entera. La madre de Kala, Rena, montó una escenita de despedida con los chicos, ya que ella se quedaría sola a partir de aquel momento:
— Cuidaros mucho. Y vigilad. Y que sepáis que voy a estar pensando en vosotros cada día– decía.
— Lo sé mamá. Pero tranquila, que el uno al otro nos protegeremos– dijo Kala intentando tranquilizarla.
— Lo sé. Bueno venga, os dejo. Venid a visitarme algún día– dijo llorando.
— Venga, sube Kala– dijo Hari desde la moto.
Y así, los dos se fueron de su propia casa, para evitar perder el tiempo con su madre. Pero Kala le indicó a su primo que parara en la otra salida del pueblo. Hari así lo hizo. Bajaron de la moto y empezaron a hablar:
— Menuda escena nos ha montado la tía Rena– dijo Hari riendo.
— La entiendo. Yo estoy igual por dentro, pero debemos salir cuanto antes primo– dijo Kala.
— ¿Y por qué me has hecho parar?– preguntó Hari.
— ¿Tú conoces la región?
— Pues... no, la verdad.
— Pues por eso. He metido en el equipaje un mapa que encontré por casa, y vamos a analizar un poco la situación– dijo Kala.
— Tienes razón, buena idea.
Kala sacó el mapa que había mencionado, y lo extendió en los asientos de la moto, diciendo:
— Esto estaba en el trastero. Supongo que era del abuelo, pero ni idea. Es un mapa de la región de Zem.
— Anda– dijo Hari sorprendido.
— Es mucho más extensa de lo que me podía esperar. Mira nosotros tan solo estamos en este rincón– dijo señalando al pueblo de Doma.
Doma, su pueblo, estaba situado en el suroeste de Zem, no muy lejos del mar. Un montón de pueblos se situaban por toda la región. Hari desconocía muchas cosas, pero Kala ya tenía una idea de cuál sería su destino más directo, y se lo comentó a su primo:
— Mi principal objetivo es ir a Petra.
— ¿Petra?
— Es la capital de Zem, y también la ciudad más grande. Creo que podremos encontrar información interesante.
— Sí, conozco Petra, pero nos queda lejos– dijo Hari avergonzado.
— Tranquilo. Tenemos que seguir esta ruta, y pasando por cinco pueblos en una línea más o menos recta, podremos llegar a Petra en poco tiempo– dijo Kala con seguridad.
— Ya veo.
— Pero lo que no sé, es la ubicación de la ciudad prohibida que mencionó el abuelo...¿Tú no sabrás nada no?– le preguntó a Hari.
— ¿Yo que voy a saber?– dijo él enojado.
— Ay, es verdad– dijo Kala riendo.
— Bueno, estate tranquila, que te voy a llevar a Petra de momento– dijo Hari.
— Gracias primo– respondió Kala riendo.
Los dos primos lo guardaron todo y se disponían a arrancar. Kala recordó algo, y se lo dijo inmediatamente a Hari:
— Y recuerda que podemos usar nuestro apellido, si nos encontramos con las personas adecuadas.
— ¿Cómo?– preguntó Hari confuso.
— Somos de la familia Lerner. Si decimos que somos los nietos de Vazir Lerner igual nos ayudan– indicó Kala.
— Ah, entiendo. Pero debemos vigilar, seguro que también encontramos enemigos del abuelo– añadió Hari.
— Por supuesto. Además he cogido un álbum de fotos del abuelo, quizás alguna nos puede ser útil como prueba.
— Que previsora Kala– dijo Hari riendo.
— Venga, no te rías, que aunque te parezca mentira, llevo planeando esto desde hace años.
— Perdona...
— Bueno, pues subámonos, y vayamos primero al pueblo de Bana, el que tenemos más cerca.
No se demoraron más. Kala y Hari subieron a la moto, y bajo una mezcla de emoción y nervios la arrancaron y salieron escopeteados del pueblo de Doma. La gran aventura estaba a punto de comenzar para aquellos dos primos.
En la misma región de Zem, en la mencionada capital, la ciudad de Petra, también se estaban produciendo movimientos. Situados en el palacio del rey Sismo, el gobernador de la región, se encontraba él mismo, y uno de sus hombres al que hizo llamar:
— Hola, Opal– dijo Sismo.
— ¿Me llamó señor?– preguntó Opal obediente.
— Por supuesto. Quiero contarte mis decisiones– comentó el rey.
— Dígame.
— Te vas a quedar unos días al mando de la nación, porque yo en persona voy a hacer un viaje a la región de Voda– prosiguió.
— ¿Y puedo preguntarle el motivo?
— Quiero preparar una estrategia bélica– justificó Sismo.
— Ah, entiendo.
— Voy a necesitar a tus dos sub-capitanes para el viaje. Quiero aprovechar sus habilidades de endurecimiento– le informó Sismo.
— Por supuesto– respondió Opal sin oponerse.
— Muchas gracias Opal. Comunícaselo, y mañana saldremos.
— A sus órdenes, rey Sismo.
El ejército de Zem estaba comandado por tres capitanes, uno de ellos Opal, y cada capitán tenía a dos sub-capitanes bajo sus órdenes.
Esto tan solo eran los pasos previos al inicio de una gran guerra que le esperaba a aquel mundo. El destino de sus habitantes, incluidos Kala y Hari, era muy incierto.
CAPÍTULO 5
El primer pueblo, Bana
Era el año 313 en el planeta de Molorak. 15 años atrás, se sufrió una gran guerra que dejó al mundo dividido en las cuatro naciones de Zem, Vatra, Voda y Luft, y en la actualidad, la incerteza reina sobre todos los habitantes. En la región de Zem, donde habitan los Grounds, dos chicos han emprendido un viaje que va a significar un cambio importante en el futuro de sus vidas.
Esos jóvenes eran los primos Kala y Hari Lerner, quienes estaban recorriendo los aledaños de su pueblo natal, Doma, en una moto del desierto. Hari, que era el que manejaba, se sentía muy seguro en la moto. Kala estaba un tanto impresionada por la velocidad que habían cogido, pero en pocos momentos ya se acostumbró.
Tras un buen rato encima de la moto, decidieron parar para comer algo. Dejaron la moto en la sombra de una colina, y se fueron a recolectar rocas u otras cosas que tenían por los aledaños, para hacerse la comida. Se volvieron a reunir pocos minutos después:
— ¿Cómo ha ido la recolecta?– preguntó Hari.
— Ah, bien. Tampoco necesitamos mucho. Debe faltar poco para el siguiente pueblo, digo yo– respondió Kala.
— Ya, pero bueno, por lo menos que no nos quedemos con hambre– dijo Hari riendo.
— Venga, come rápido que quiero llegar a Bana cuanto antes.
Empezaron a comer, y lo hicieron en un abrir y cerrar de ojos. Una vez terminaron, se sacó un tema de conversación algo peliagudo:
— ¿Todos estos parajes estaban así de devastados antes de la guerra de hace 15 años?– preguntó Hari.
— No, te lo aseguro. Yo salí del pueblo varias veces, y antes aquí había mucha más vegetación que ahora– explicó Kala algo melancólica.
— Pero es que ahora no hay...
— Por eso lo decía...
— No puedo creer que la guerra llegara hasta aquí– dijo Hari.
— Parece que así fue.
— Y otra pregunta Kala. ¿Hacia dónde fuiste en los viajes esos que has comentado?
— Me contó mi madre que una vez, cuando tenía un año y medio, nos fuimos a Petra todos. Tú no habías ni nacido.
— Anda. ¿Y qué tal te fue?– preguntó Hari asombrado.
— No me acuerdo de absolutamente nada de aquel viaje– dijo ella.
— Ah, vale entiendo.
En aquellos momentos, a Kala se le soltó alguna lágrima. Al ver eso Hari reaccionó disculpándose:
— Lo siento, no quería devolverte malos recuerdos.
— Tranquilo, no pasa nada. Para eso hemos emprendido este viaje. Hay que tener determinación primo.
— Y lo siento por preguntar. ¿Pero qué sabes tú exactamente acerca de la gran guerra?– preguntó Hari prosiguiendo con su curiosidad.
— Duró tres largos años, y luego no nos movimos más de nuestro pueblo y sus cercanías. He escuchado algo de que acabó sin un claro vencedor y por eso el mundo ahora está dividido, pero poco sé...– explicó ella.
— Ah, vale.
— Y bueno también sé que tras la guerra, nuestro abuelo no dio más señales de vida– comentó Kala.
— ¿Crees que lo mataron?– le preguntó Hari.
— Es lo más probable...
— Una pena. Yo ni me acuerdo prácticamente de él– dijo Hari.
— Antes de la guerra existía algo llamado el gobierno mundial. Estaba formado por ocho miembros, dos de cada región, y Vazir, nuestro abuelo, era uno de ellos. Tras la guerra, un dictador se apoderó de la región, o eso es lo que me han dicho.
— Anda, vaya crueldad.
— Ya ves, pero ahora mejor dejémonos de charlas y volvamos a la moto para retomar el viaje– le propuso Kala cambiando el chip.
— De acuerdo– dijo Hari asintiendo.
Automáticamente, los dos primos volvieron a su vehículo, y volvieron a surcar aquellas vastas llanuras desérticas. El paisaje era bastante desolador. Casi no había ningún árbol, sólo montañas y llanuras. El camino era fácilmente transitable para su vehículo.
Tras un buen rato más por aquellos terrenos, vieron su destino en el horizonte. El pueblo de Bana. Pocos minutos después acabaron llegando allí. Se pararon en un punto de la entrada y se bajaron de la moto.
— ¿Y ahora qué hacemos aquí Kala?– preguntó Hari.
— No lo sé. Démonos un paseo y busquemos un sitio dónde pasar la noche. Por hoy ya hemos viajado lo suficiente– dijo ella.
— ¡Perfecto!
Kala y Hari estuvieron andando un rato por el pueblo, llegándoselo a patear todo de arriba abajo. El pueblo de Bana era un poco más grande que su pueblo natal, Doma. Lo único que encontraron fueron unas calles vacías. Habiendo acumulado algo de cansancio, se plantaron delante de una taberna, y discutieron acerca de sus siguientes acciones.
— ¿Qué hacemos ahora? Estoy cansado y no hemos encontrado una pensión ni nada por el estilo– dijo Hari resoplando.
— Mira, esto es una taberna de pueblo. Entremos a tomar algo si quieres– le dijo Kala.
— Me parece bien– celebró Hari agotado.
— Ya encontraremos algún sitio para pasar la noche.
Abrieron las puertas de aquel local. Ambos esperaban encontrarse a algunas personas dentro, pero allí solo había un viejo que se había quedado dormido en una silla. Kala dijo algo para llamar su atención.
— ¡Hola!– exclamó.
El hombre no reaccionó ante aquel grito.
— Está bien dormido– dijo Hari riendo.
— Me acercaré– dijo Kala decidida.
Kala se puso al lado del señor mayor dormido, y le tocó el hombro, mientras iba diciendo:
— Hola, señor.
— ¡Ah! ¿Quién eres tú?– respondió el señor dando un sobresalto.
— Perdone, no pretendía asustarle. Solo veníamos a tomar algo– comentó Kala.
— Ah, vale. Lo siento, es que no tengo muchos clientes en estos últimos tiempos...
— ¿Y eso?
— El pueblo está muerto. Después de la gran guerra todo cambió...
— ¿Y no se ha planteado cerrar el negocio?– preguntó Hari.
— Mira chaval, llevo 50 años con esto abierto, y no lo voy a cerrar hasta que me muera.
— Ah, perdone por entrometerme.
— Bah, tranquilo. ¿Vosotros no sois de aquí no?
— No. Somos de Doma. Estamos haciendo un viaje– le explicó Kala.
— Anda, que curioso– respondió el anciano mostrando interés.
— Estábamos buscando un sitio para pasar la noche, pero no hemos visto a nadie...
— ¡No hay problema! Podéis quedaros en mi casa, que tengo sitio de sobras– dijo el viejo.
— ¿En serio? Pues muchas gracias– dijo Kala.
— ¿Cómo os llamáis?– preguntó.
— Yo soy Kala.
— Y yo me llamo Hari, encantado.
— De acuerdo. Yo me llamo Fraud. Si queréis, esperaros por aquí, que en pocos minutos ya cierro la puerta y nos vamos. Vivo en la calle del lado– dijo Fraud.
— Muchas gracias– respondieron los dos primos muy contentos.
Fraud estuvo un rato ordenando cosas por allí. En aquellos momentos, rondó un silencio abrumador en el ambiente. No tardó mucho en llegar el momento de irse de la taberna. Fraud cerró las luces y la puerta, y los tres salieron fuera.
— Ya veréis como mi mujer os va a preparar una cena increíble.
— Muchas gracias. Pero no hace falta– se excusó Kala.
— No seas modesta hija– replicó Fraud.
No tardaron en llegar a la casa de Fraud, ya que como este dijo, estaba a la calle del lado. El señor abrió la puerta, y allí los recibió una mujer de avanzada edad, como Fraud.
— Os presento a Mannie, mi esposa– dijo él.
— Hola– saludaron los primos.
— Estos son Kala y Hari. Vienen de Doma– le explicó Fraud a su mujer.
— Encantada. Pasad chicos– dijo Mannie con una voz algo deteriorada.
Los cuatro se fueron al salón. La mesa estaba parada para dos. Mannie puso dos platos más. Kala y Hari estaban sorprendidos por la hospitalidad de aquella familia. Les enseñaron la que sería su habitación, y luego volvieron al salón para empezar a cenar. Durante la cena mantuvieron una larga conversación.
— ¿Así sois de Doma?– preguntó Mannie.
— Sí. Somos primos– dijo Kala.
— Yo conozco a mucha gente de Doma. He ido varias veces. ¿Cómo se llama vuestra familia?– preguntó Fraud.
— Nos llamamos Lerner– dijo Hari sin pensar.
En aquel momento, Kala le lanzó una mirada sugerente a Hari, como queriéndole decir que no mencionara su apellido de esa forma con desconocidos, pero no dijo nada para no parecer maleducada. Independientemente de eso, Hari casi no se dio cuenta, y la conversación continuó.
— ¿Lerner? ¿Sois los nietos de Vazir?– preguntó Fraud asombrado.
— Sí– respondió Hari.
— ¿Lo conocía?– preguntó Kala.
— Claro que lo conocíamos. Nuestro hijo era miembro del gobierno mundial junto a él– aclaró Mannie en un tono más serio.
— ¿En serio? ¿También murió en la guerra? Lo siento si es una pregunta incómoda– dijo Kala.
— Sí que murió, pero eso fue antes de la guerra. Fue asesinado hace 18 años, por alguien desconocido.
— Anda, lo siento...– dijo Kala.
— Ya claro. Pero si supieras...– decía Mannie en un claro cambio de humor.
— Cariño cálmate. ¿Por cierto por qué estáis de viaje?– preguntó Fraud cambiando de tema.
— Queremos recorrer la región de Zem, ahora que nos hemos hecho mayores– comentó Kala sin entrar en detalles.
— Ah está bien. ¿Pero ya sabéis que hay muchos peligros a la vuelta de la esquina no?– indicó Fraud.
