Luna de pajaros II - Lily Chavez - E-Book

Luna de pajaros II E-Book

Lily Chavez

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Beschreibung

En el complejo tramado de la cultura, la literatura y el lenguaje, los autores se abren camino a través de la poesía y de la narrativa. Esta recopilación intenta anclar en el pensamiento de cada uno, que podrá identificarse o disentir con las voces que desarrollan este particular vuelo. Cada uno de los poetas y narradores que integran esta antología tienen su impronta, su estilo, su modo de decir la tristeza, el amor, la sensualidad, los exilios, y los miedos. Aportan su mirada hacia la realidad y el mundo y lo hacen con imaginación, atrevimiento y pasión. Un libro que permitirá conocer poetas cordobeses pero también de otras provincias y países. Y también a narradores que conmueven, emocionan, y que moverán las fibras de los lectores como vientos de distinta intensidad. Que la palabra resista como un pájaro que pasa el invierno bajo la nevada. Lily Chavez

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Seitenzahl: 224

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Producción Editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación Editorial: Gastón Barrionuevo

Corrección Literaria:

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de Interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Luna de pájaros II : antología aniversario 10 años / Liliana Teresa Chavez ... [et al.] ; compilado

por Liliana Teresa Chavez. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2019.

440 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-498-6

1. Poesía. 2. Narrativa. I. Chavez, Liliana Teresa II. Chavez, Liliana Teresa , comp.

CDD 860

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor. Está tam-

bién totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet

o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina — Printed in Argentina

© 2020. Tinta Libre Ediciones

Agradecimientos especiales

A la familia, columna vertebral del quehacer.

A Matias Arese por el dibujo de tapa

A Guillermo Bawden, conductor sustituto.

A Gastón Barrionuevo y el equipo de Tinta Libre.

A los poetas

A los lectores

Portal

Quiero iniciar este espacio repitiendo palabras dichas en la antología de los seis años de Luna de Pájaros : “Permítanme poetas que los vea y sienta como pájaros: pájaros que hacen temblar la cuerda de la realidad y de los sueños, que anuncian, presagian, encienden la llama, despabilan, asombran, crean un abecedario que todos entendemos”. Y lo quiero así, porque este concepto ha sido refrendado en el tiempo hasta llegar a estos diez años. Tal vez para muchos no sea tanto tiempo; otros quizás valoren el cielo desplegado, el trino de los lunes, las alas abiertas, el esfuerzo del vuelo, el viaje por las anécdotas, el mapa del frío, el recorrido del sol en las palabras.

Me emociona pensar en el peso de las voces que integran esta Antología de Festejo. Me emociona la diversidad y la armonía, la crudeza del grito, la sutileza del amor, el escándalo del silencio, la calma de las lágrimas, el desasosiego de lo perdido, el temblor de lo fuerte. Y me emociona también ver en este bosque de páginas, aves con experiencia y jóvenes que inician vuelos. Todos asidos a la contemplación, a una mirada que busca decir de un modo diferente, aletear para darle aire al mundo en que vivimos.

Marguerite Yourcenar dice que “algunos pájaros son llamas”. En este caso, cada uno de los pájaros (como llamo a los escritores) incendian de belleza las imágenes; muestran esa luz majestuosa y ascendente y salpican como chispas; no hay voces que se pierdan en el aire, que sucumban al vacío, que se duerman en los árboles de la niebla, que tiemblen ante una sombra. No, no las hay y lo sabrán ustedes, lectores, al leer esta compilación que por primera vez, no solo incluye poesía, sino a narradores que han pasado por el programa.

Ustedes deberían estar en mi lugar para saber el goce que se siente cuando cada invitado dice su poesía durante el programa. Ustedes deberían saber que muchas veces, me he sentido una niña tomando un gran helado de granizado y frutilla o viendo un parque repleto de mariposas. En ocasiones, se me han pegado las palabras, las imágenes, y he regresado a mi casa, con ese temblor ingenuo y ruborizante que da la felicidad. La felicidad de la escucha, la felicidad de saber que en la palabra está el movimiento del alma.

Y todo tiene un plus, un plus que se produjo durante el transcurrir. Los poetas y narradores que participan en la antología son personas por las que tengo además de admiración, un gran respeto.

Entonces, no puedo menos que decir gracias, por la confianza, por la generosidad, por el aleteo….

Lily Chavez

Osvaldo Guevara

Padrino de Luna de Pájaros

Osvaldo Guevara nació en Río Cuarto en 1931. Desde 1976 está radicado en Villa Dolores. Ha publicado los poemarios Oda al sapo y cuatro sonetos, 1960; La sangre en armas, 1962; Garganta en verde claro, 1964; Los zapatos de asfalto, 1967; Años y perjuicios, 1975; Niña Carmen, 1983; Diario de Invierno, 1990; Solo sonetos, 1991; Sin pena en la palabra; Siempre deseando verte, 2010. En octubre de 2015 la Universidad Nacional de Río Cuarto reeditó La sangre en armas.

En prosa: Primera Persona (Cuentos), 1994; Diálogos memoriosos con Arturo Cabrera Domínguez, 1997; Conversando con Gaspar Pío Del Corro, 2000; El soneto. Ese indeseable deseado, 2005; Diálogos Memoriosos con José Vila Guerrero, 2015. Su Oda al sapo motivó un extenso análisis en la cátedra de Literatura Argentina de la Universidad Nacional de Córdoba.

Poema desde la muertede Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes este día

Pablo Neruda ha muerto con la patria sangrándole.

Y en tanto se volvían sus párpados de cal

y eran dos puños mudos sus ojos navegantes

los muñones de América aullaban frente al odio

y caían al luto los pájaros australes.

Puedo escribir los versos más tristes. Pero no.

Pero claro que no. Nunca será un cadáver

este poeta vasto como su continente,

este océano ardiente de palabras totales.

Enterradores sobran. Pero están los poetas,

vivientes sin orillas, hondos y verticales,

que comen entre brindis en la mesa del pueblo

y que sacan sus versos a caminar las calles.

Esos Pablos son ríos que a la mar van a dar

del vivir y en los otros viven sus sueños reales.

Esos Nerudas son campanas que echan lumbre

aunque los asesinos los badajos les aten.

Los asesinos ciegos que enviudaron a Chile

de Salvador Allende. Los que manchan el aire.

Ciertos generalitos, ciertos generalotes

tan de medalla en pecho y a caballo en la sangre

junto a civiles truncos, sádicos, delatores,

que besan con unción las cruces de los sables.

Cómo escribir los versos más Pablos, más Nerudas

contra esos tristes hombres que incendian libertades

Y por esos invictos hombres que siguen libres

aun entre los hedores de celdas como fauces.

Catequesis

Nombrar a quienes no nos nombran

aunque su mezquindad

alcance nuestro corazón

con sus colmillos agrios.

Aprender a vivir con aquellos

que inevitablemente habrán de lastimarnos.

Piedra viva

Era su risa el canto fragoroso del hacha.

En sus dientes desnudos blasfemaba un guerrero.

Balanceaba su impulso como un fosco velero.

Encendía en su aliento corvos filos de racha.

Se agazapó en su ceño como en una covacha.

Yunque le fue la espalda bajo el puño de enero.

Se adelantó en su frente una prosa de acero.

Le temían las rosas. Pero amó a una muchacha.

Y en las tardes pausadas de aire roto y cansino

junto al talle del agua se aguzó como un tallo

su tormenta de músculos sobre la arena anfibia.

Y al sentir en los nervios la puntada de un trino

era su corazón un celeste caballo

y era su carne el hueco de una paloma tibia.

Casi Nocturno

Se han apagado todas las lámparas del agua.

El crepúsculo enreda los brillos de la lluvia

que chapotea y ronda con sus golpeados pies.

Y los árboles quieren caminar como nunca.

El cielo, devastado, rememora sus luces,

y le duelen los pasos a la calle desnuda

como a un Cristo las manos cuando suena un martillo.

Cruzan por los espejos soledades en fuga.

Algún viento famélico quiere empujar las sombras

pero otra vez recorren charcos negros la altura.

Nuevamente la lluvia se apodera del mundo

y la vida es apenas una mano que fuma.

Vuelve a pasar un ruido de paraguas cansado.

Una intención de estrellas sordamente se inunda.

Se cohíben las cosas como un ciego sin tacto.

El silencio es el eco de un color que se herrumbra.

Y golpea la lluvia los aldabones turbios

de un espacio sellado donde el grito retumba.

Soledad de la calle. Soledad de algún perro.

Sin zapatos, sin pasos, la ciudad no es tan sucia.

Hondazo

Recorro con mi hija el camino serrano, asediado y a trechos invadido por la vegetación ríspida y crujiente. Celebramos el centelleo de las mariposas y las flores, el fuego cruzado de los trinos, los agridulces frutos silvestres, el rodar del arroyo cada vez más cercano.

En un recodo aparece un niño de tez morena y ojos encendidos. Su honda apunta, sigilosa, en dirección a un tala. Lo interrumpo y le ofrezco comprarle el arma letal para los pájaros. Acepta y se aleja entre corriendo y saltando.

El arroyo suena animoso.

La honda conserva su proyectil. Para descargarla, la disparo al azar. Se oye un golpe seco. Desde la corpulencia sombrosa de un algarrobo, una torcaza cae a pocos metros de mis pies, humedecida en rojo.

Compruebo con espanto que sus ojos no devuelven la luz.

Mi hija ha soltado su muñeca, me interroga con todo su ser, no atino a decir nada.

¿Entenderá algún día? ¿Entenderé yo?

Nuestro andar es definitivamente silencioso. Ya frente al arroyo, solo acierto a pensar que él arroja deliberadamente sus aguas contra las piedras agudas del cauce, desgarrándose.

Aspiración

Desplomarme en la muerte

con la confianza voluptuosa

con que caigo en la cama

después de un día que me agobia.

Solar

Sobre el cuchillo

del viejito que pela una naranja

la mariposa

se posa y balancea.

Sonríen

el cuchillo

la mano sarmentosa

la naranja.

Sonríen las arrugas.

La mariposa

vuelve a volar

sonriendo.

(Del libro “Sin pena en la palabra”, 2007)

Sandra Barrera Andrada

Sandra Barrera Andrada nació en Villa Dolores y vivió su infancia en San Pedro, Provincia de Córdoba. Estudió Letras Modernas en la ciudad de Córdoba. Se desempeñó como docente y directora de Nivel Secundario. En 2016 editó Contornos, poemario también en soporte digital. Actualmente prepara un libro de microrrelatos. Ha participado en encuentros de escritores y diversas antologías.

La palabra

Por el encastre

del hecho y mi palabra

grito la necesidad

de ser

un cuerpo en el vacío

un punto en el espacio

un número en el tiempo

una línea hacia el alma.

Caos

El río ha despojado de la memoria a los delfines

el mar ha desconocido al río y adoptado al delfín

el delfín ha olvidado al río y amado al mar

se han distanciado los seres naturales

y estamos a punto de perder el norte

entre tanta memoria disipada y tanto olvido

yacen pocas esperas

y escasas ilusiones de encontrarse.

Las calles

Las calles son esa dirección que yo no entiendo

y me madruga el arte de perderme

y de equivocar el rumbo

y de partir en soledad sin nadie que me siga

y de mentir la dirección para extraviar mi desvarío.

Las calles son esa eterna decisión del alma

de ir o venir cuando me canta

y les pido perdón si los ofendo,

pero me gusta caminar por voluntad

y en el sonido del silencio que docencia.

Las calles son mi lugar, el preferido,

porque lo elijo en paz

siempre

conmigo.

Fantasmas

París, 2014

Crece la soledad en los vagones de los trenes.

En el andén las figuras se borran con la mano en alto.

Caen a las vías papeles de cigarros

y vuelan pañuelos de sorprendidas lágrimas.

Nadie despierta con el ruido del claxon en su horario.

Nadie advierte que parte.

Crece la soledad con alguien ido

y otro abandonado.

Ya en el camino, el ido,

ha guardado en el guante

la imagen del despido

en la memoria los ojos renegridos

y en la mano su perfume de flores.

crece la soledad en esta noche rara

en esta loca noche

donde un corazón envejecido llora

acariciado por manos deseadoras.

Crece la soledad

en este andén inexistente

con trenes distraídos

y un viaje que no es.

(Del libro “Contornos”, Ediciones del Callejón, 2016)

Ricardo Di Mario

Ricardo Di Mario, (1959), Licenciado en Historia. Vive en Los Hornillos, Córdoba. Dirigió la Revista Callejón. Publicó Frondizi. El golpe final, Círculo XXI. (1991). Liebres (Editorial Último Reino, 2001). Tensiones entre pasado y presente, CPM (2006). Origen, evolución y ruptura del PRT (1964-1969), Tierra del Sur (2009). CONAIB. (2014). Memoria del Valle, Ed. del Callejón (2017). Guadal, Tierra del sur (2012). Aletheia, Ed. del Callejón (2016). Juan Gelman. Historia y Palabra en el cuerpo del poeta, Ed. del Callejón (2017). El Mundo Circundante, Alción Editora (2018). Dirige Ediciones del Callejón. Coordina el ciclo literario “La Noche del Búho”.

Lenguaje

Hace un tiempo

se vienen preguntando qué hacer con el lenguaje

y con ellos

es tal la confusión que al encontrarse

en lugar de bienvenirse

se despiden.

XXIII

Solo viento / en las profundidades /

de esta nada que socava el cuerpo.

Anamaría Mayol

Soy el monte y enmudezco

una tristeza de abismo

un silencio querella al grito

una vanguardia que aleja la razón.

Es un salto hacia adelante en plena nada

un aullido aturde la pregunta

siento el poema mientras camino

anda y se detiene en una brisa

y ahí estoy de frente al Este

para salvar al mundo

con la fuerza de este viento en mi palabra.

XXIV

Arde el monte en manos invisibles que lloramos todos

Hay un perdón en los murmullos del monte

mientras soy antes de hablar con mi voz de flama

un espíritu cazando realidades entre espinillos

se estira el sendero frente al paso

me voy encendiendo

volviéndome en mí mismo.

Ser el árbol y el bosque

ser un abra donde detenerme

tanto yo perdido

una hendidura se abrió en el pedregal

puertas donde acallar

como en la noche

un fuego

un grito.

XXVI

Algunas veces sale a la vida.

Roberto Juarroz

Inasible como el viento,

pasa saludando

garabatea letras en una libreta de sueños

junto a la cama

donde su música es perfecta….

IV

Yo he preparado a mi memoria para que flote,

junto a otros restos en las palabras

amor, desamor, ausencia, muerte, final

y las he escrito en las ventanas de aquel departamentito de París,

solo para que un animal de lucidez temprana

se despierte conmigo en un insomnio.

Alfredo Lemon

Alfredo Lemon. Córdoba, 1960. Abogado. Poeta y ensayista. Obra poética: “Cuerpo amanecido” (1988). “Humanidad hecha de palabras” (1991). “Sobre el cristal del papel” (2004). Premios “Romilio Rivero” (1985). “José Hernández” (1987). “Jóvenes por la paz” (1994). “Jóvenes sobresalientes” (1995). “Plaza José Pedroni” (2002). Mención “Primo Belletti” (2007). Colabora en diarios y revistas del país y el extranjero. Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, inglés, italiano y catalán.

La superficie de las cosas

No todos los días el mundo se ordena en un poema.

Cuando joven, el poeta es un príncipe

que arroja sus palabras como si fuesen dados.

Cuando viejo, es el errante vagabundo

embriagado de locura y solo.

Al fin, la verdad no importa.

La búsqueda cuenta más que el hallazgo

y las cerezas de la tierra van perdiendo sabor.

La página en blanco oculta la belleza.

(Del libro: “Heptagonal”, Antología Poética, Argos,2007)

Viernes

Los amantes lamen las pulpas del veneno

y las lenguas del deseo rasgan el himen del amanecer:

Cáliz de escorpiones.

Ante la tumba de Gandhien Nueva Delhi

Con la muerte de un hombre,

agoniza Occidente.

Cada lágrima enseña una verdad.

Cada deseo demanda demasiado.

No eres un cuerpo-frágil y débil ante el fin-sino una conciencia sedienta

erguida inmortal.

¿Cómo proclamar la paz,

si el odio infectó los tronos de la tierra?

¿Cómo predicar humildad,si el poder hipnotiza con sus garfios de oro?

Tú, escritor, darías la vida por una palabra?¿Te esforzarás por el poema?

G 20

¿Quién gobierna al mundo?

Chomsky dice que todo es una gran mentira.

Baldíos, basura,

estiércol, orín.

¿En esta tierra de promesas

dónde quedó la virtud?

Pedimos agua para lavarnos la cara.

Pedimos lluvia para limpiar nuestros pies.

En pulcros auditorios negocian sangre inocente:

paraísos malditos.

¿Alguien defiende al planeta?

¿Alguien salvará al futuro?

Banquetes hipócritas,

Inquina y estupor.

Quieren taparnos la boca.

Quieren arrodillarnos.

Hicieron de la historia una prostituta.

Nuestros pueblos están en estado de shock.

Argentina sigue postergada.

País dañado.

Alicia Loza

Alicia Loza vive en Mendiolaza. Editó: “En La Lomita, relatos y poesía” Editorial Tinta Libre (2018) . Ha publicado en revistas digitales como “Tardes Amarillas”, “Tertulia Poética Argentina BCR” ; “Tertulia Poética Cordobesa BCR”; “Tertulia Mundial de Cuentos y Microrrelatos BCR”, “Pura Poesía y algo más BCR” y “Revista Digital de Pura Poesía BCR”; Antología de Cuentos de Navidad de la Editorial Tinta Libre y en el Boletín Literario Basta Ya. Participa del colectivo La Bandada y de otros grupos literarios.

I

Las monjas del Chateau

bajaban a bañarse descalzas en el río

hablaban de la Rerum Novarum

del evangelio Dios llega al hombre

y del Papa Bueno.

Decían las alumnas más antiguas

que cuando el colegio empezó

saludaban a la madre en francés

con una reverencia

las monjas menos monjas que yo conocí

-por como yo las había imaginado

claro-

en las horas interminables de la siesta

encontrábamos algún rincón

entre los edificios

y hacíamos un fueguito

buscando la aventura

todo alrededor era campo y silencio

la libertad se vestía con medias tres cuartos caídas

color azul francia

el delantal celeste con dos tablitas

y debajo

un short

para cruzar la ruta despoblada

no existía nada

más que el río y el Chateau

el Chateau

solitario

majestuoso

abandonado

con su antiguo gesto de belleza

y su arte.

Nadie nos dijo que no recorriéramos sus hermosos jardines

con palmeras y coquitos

que no subiéramos por las escalinatas

ni que no reposáramos en las frescas galerías

plenas de adolescencia.

Nadie nos dijo que tan cerca

no podía encontrarse el paraíso.

Nadie nos dijo

entonces

adónde

ni porqué

se fueron un día

con su evangelio debajo del brazo

las monjas menos monjas que conocí.

O no lo escuché

o no lo recuerdo…

II

Un poema

es el vuelo de seda de la mariposa

asido al hilo de su eternidad.

III

Desterrados,

los sueños

quemarán el cielo

con lágrimas de fuego

hasta llover

llover

justicia

sobre la quietud del agua.

Irene Scalabrelli

Irene Scalabrelli dice: “Siempre me resulta difícil hablar de mí en relación con la escritura porque, aunque escribir es algo que hice siempre (hasta donde alcanza mi memoria me recuerdo escribiendo) nunca he publicado mis textos. Decir eso es lo complicado ya que no le encuentro una explicación que sea breve y sencilla. Aun así, para mí escribir es a la vez una necesidad impostergable, un dulce dolor y una perfecta alegría. Hay algunos poemas y cuentos de mi autoría publicados en facebook y en algunas amables antologías.”

I

Planté la casa sobre el plano inclinado

de la sierra

el patio sube hacia el este y

se resbala por los lados

es cansador llegar al cedrón de la esquina

pero se baja liviano hasta la madreselva

yo quería un hogar siempre quise todavía quiero

tiene muchos defectos la casa

como un adolescente desgarbado

se alarga se tuerce se enajena

no respeta líneas rectas ni verticales aplomadas

carece de estilo, engorda en la cintura y

el frío le pega en el costado

hay lugares absurdos en la casa, sitios que nadie habita

rincones que esperan y esconden o guardan

objetos que no se encuentran ni se buscan ni se recuerdan

y me tiene a mí la casa

desplegando trajines circulares

que ocupan horas y no cambian nada

y tiene una manada triangular de perros

y muchos árboles y un par de peces

esta manera de pasar inviernos tiene

como esperan los niños el cumpleaños

en un tiempo que no pasa nunca

encerrado detrás de las ventanas.

Sobre un tobogán de gramilla y piedras

mi casa se desliza

como un barco que vuelve.

II

Yo me hice con agua, como a veces la luna

en mi carne gotean restos de lluvias

he aprendido a nombrarme

con las palabras de la sangre

los vivos y los muertos que hay en mí

cada uno reclamando su pedazo de cielo,

de ellos conservo la costumbre

de mirar el agua

como los peces cuando duermen

en ese vaivén

a la deriva.

III

Los días de viento no tiendo la ropa al sol

tampoco limpio la casa ni riego plantas ni salgo al patio

agosto viene con escuadrones de aire

que borran las huellas de la escarcha sobre el pasto seco

se adueñan de todo por acá

empujan, peinan, barren y se van por la tarde

hasta el otro día.

Debo acostumbrarme al viento, me digo

pero no lo hago, nunca pude quererlo ni siquiera un poco

lo veo andar afuera, esa fuerza prepotente

ensañada con las ramas secas,

sacude la melena crespa del cerco

rasguña el suelo y sopla la tierra

no me gusta el viento, no lo quiero

se parece a mí cuando lo miro empecinada

rústica y salvaje en esta lejura a la que he traído

mis huesos.

Ernestina Elorriaga

Ernestina Elorriaga – Nació en Darregueira, La Pampa. Su libro “La lengua de la noche” está en proceso de publicación. Tiene libros inéditos de poesía y cuentos. Ha participado en el Festival Internacional Poesía de La Habana, Cuba; Festival Internacional La Palabra, Ríosucio, Colombia, 2016; Festival Internacional de Medellín, 2017; III Festival de Poesía de Arroyo Leyes, Santa Fe, 2018. XXV Encuentro Internacional de Escritores en el Desierto de Atacama, 2018.

Él intenta un alarido

Piedras de eternidad cortan el filo de los días

saltan bajo el aguijón punzante del taladro

y en medio de la calle enmarca el rostro de un hombre

lo demoran

el polvo es un cerco de nieve en sus ojos

se entrevera a la lágrima que duele

el rictus en la espera es una puñalada

y en el polvo que crece no puede encontrar su corazón

su mano agarrotada se detiene

piensa en el hombre que fue en quien va siendo

intenta un alarido y de su boca

huye un niño llevando en su corazón una piedra que quema.

Ella viste de furia

Ella se hundió en el sueño tratando de huir de la desolación

que se abatía sobre su cabeza arrasándolo todo

qué hace una madre cuando se acerca con sus tetas de miel a perfumar el rocío

y hurga con

sus manos de arena la humedad

y siente que todo se corrompe

se astilla

quiere huir y no puede

se vuelve un torbellino

viste de furia

quiere ser el fuego del infierno

dejar la tierra yerma

y que de las ruinas nazca una canción que la despierte.

5

Cuando la noche era de tormenta

la bruja con su capote oxidado

se asomaba a la ventana

a reír

y era todo miedo y el aullido de los árboles

y en medio la oscuridad

ella reía cuando

las plumas de almohada

se hundían en mi boca

el viento deformaba su figura

tras los vidrios

ya se alejaba

ya volvía

ya rompía los vidrios

el ojo del miedo latía entre mis piernas.

6

Con liviandad de ángeles

las niñas saltan a la soga

van y vienen por el aire

ascienden empujando al cielo

con sus cabelleras

descienden frágiles

para acariciar con sus pies la infancia

arriba y debajo de los días

ya mujeres

seguirán buscando el cielo

hasta que cansadas

se irán

dejando devastada de sueños a la tierra.

Gustavo Tisocco

Gustavo Tisocco nació en Mocoretá, Corrientes. Ha publicado: Sutil, Entre soles y sombras, Paisaje de adentro, Pintapoemas; Cicatriz, Rostro ajeno; Desde todos los costados, Terrestre, Quedarme en ti y Reina. Y los CD: “Huellas”, “Intersecciones”, “Corazón de níspero” y “Terrestre”. Algunas de sus poesías fueron traducidas al italiano, portugués, catalán, inglés y francés. Creador y Director del sitio mispoetascontemporáneos, vigente desde 2006.

38

De niños jugábamos a los muertos,

pero la muerte era extraña, lejana,

apenas una osadía.

Comíamos moras

y los labios tenían el color del invierno,

poníamos flores en las manos, en el pelo

y con el rosario enredado,

orábamos alrededor de quien cerraba los ojos

en esa travesura horizontal.

Éramos muertos ingenuos

felices, audaces pétalos de escasas primaveras

y reíamos hasta el cansancio.

Ahora somos flores mustias.

Los días son tan breves

y quedan tan pocos octubres.

Nos duele la casa gris, el patio deshabitado,

los ladridos que ya no están,

las fotos en la pared.

¡Qué lejos quedó la infancia!

Victoriosa

la muerte juega con nosotros

y nos asusta.

47

De los circos

me gustaban los perros callejeros,

esos que se acercaban a las jaulas

a recolectar la carne derramada.

me gustaban ellos que, pese al abandono,

tenían paisajes en la mirada,

tenían cielos y calles,

tenían aire.

(Del libro: Hectáreas, Amargord Ediciones, 2017)

I

¿No sé si viste alguna vez un ciervo herido?

Los ojos del ciervo.

También observa al cazador

en los ojos del ciervo.

II

Y caminarán descalzos

buscando la salvación,

escupir la fruta

que envenenó sus días.

Cada gota roja

manchando la arena

será la derrota.

Quedarse,

disfrutar del pecado,

hubiera sido

la gloria.

Gustavo Borga

Gustavo Borga nació el 7 de diciembre de 1960 en Villa Nueva, Provincia de Córdoba. Publicó los siguientes libros: Patitos degollados (Edición de autor, 2002), Hermoso niño rubio (Xión Ediciones, 2006), Poesía reunida (Ediciones llantodemudo, 2008), Para vos NO (llantodemudo, 2010), Un puntito negro (Editorial Cartografía, 2013), Como un corazón (Borde Perdido Editora, 2016), Pozo de luz (Eduvim, 2018).

I

en sueños

el puntito negro

me habla dice

siempre estuve

sobre la hoja

en blanco

cómo pudiste

ignorarme

tanto tiempo?

II

cuántos años viven

los puntitos negros?

se enferman?

mueren de cáncer?

cuando yo muera

saltará a otro cuerpo?

al cuerpo de un niño?

III

en esta

herida

todos

los días

Dios

introduce

su dedo.

IV

mastica

la hostia

como chicle

hace globitos

con el cuerpo

de Cristo.

V

vivimos en diferentes casas

pero yo escucho el sonido

de tus pies descalzos cuando

te levantas todas las mañanas

VI

Dios

por favor

haz con tu

mouse un doble

click sobre mi corazón

Sonia Rabinovich

Sonia Rabinovich nació en 1955 en Córdoba. Profesora y Licenciada en Letras Modernas por UNC. Coordina talleres desde 1984. Dictó seminarios sobre autores Argentinos y Latinoamericanos. Publicó: Palabra de mujer (1989); Poemas para conjurar el miedo, (1994); Late Jerusalén, con pinturas de Carlos Alonso (1999); Versión libre del paraíso (1999); Los nombres de la herida (2002); Escrito en la espalda (2005); La barca de las especias (2011), Mujeres rotas (2013) y su Poesía Reunida (1989-2014).

Querida mía:

Allí donde no se escucha nada

está tu cuerpo.

Antes fue tu no aire

junto al aire mío

tan cerca tu buscar azul

tu luz de hondo preguntar.

Querida mía, te extraña mi oído

mi voz por no saberte ya

tan fresca aún en esta vida

queriendo todavía el aire

que no te fue dado

y nada pudieron nuestras manos

sobre tu vida grieta

nada nuestro aferrarte

a la sábana que giraría

sobre tu cuerpo ouroboros

en el pasillo

elevado exánime

entre la angostura de las paredes.

Oh pequeña, seguirás siendo

flequillo preguntador de ocho años

ante mi pubertad agrandada.

Oh pequeña, no habrá llanto

que envuelva nuestro abrazo imposible.

tu columna rota de ira desbocada

todo devorándote

como animal hambriento de vos

y solamente vos en la pena de tus ojos.

Hermana mía, el fuego me arde.

El humo que te llevó me saca de mí

me aprieta contra el piso

para que no me mueva

hasta que entienda

que no estarás

que no estás.

Hasta que entienda.

(Del libro: “Cartas a Sandra”)

I

Puentes de luz

de cuadro a cuadro.

Leños verdes,

leños azules,

leños rosados como piedras,

como murallas,

leños blancos como desiertos.

Pero leños.

Humeantes.

Ardiéndole, quemándole los dedos

y al soltarlos,

la hoguera entre los bastidores.

II

Teníamos al mar por la cintura

y el sol humedeciéndonos los pies

en ese entonces,

en las fotos de entonces,

cuando éramos los otros de nosotros

y no había que prender fuego alrededor,

en círculo,

para ahuyentar escorpiones y alimañas.

Abríamos las piernas

y engendrábamos dioses en la espuma.

Stella Marys Darraidou

Stella Marys Darraidou, nacida en Canals, Córdoba, vive en Córdoba Capital, es docente y escribe. Ha participado en varias antologías poéticas y participa en diversos ciclos de lectura. Publicó: “A una mitad de mí” Borde Perdido Editora, 2017 y “Descalza”, Malasaña Ediciones, 2018.

I

Digo la tarde entre estas cuatro verdades

flacas,

y tambalea el mundo.

Digo por la boca un brote, hondas raíces,

y de adentro como agüita de manantial.

Digo y levanto la bandera de mis deseos, de