Magic seduction - Joan Bernal Duran - E-Book

Magic seduction E-Book

Joan Bernal Duran

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Beschreibung

Magic Seduction es como esa hamburguesa que ves en los carteles antes de pedir en el restaurante. Es grande, llamativo y probablemente tiene mucha chicha dentro. ¿Es este libro un manual? Si, pero no se trata de un manual cualquiera, ya que a la vez también se puede considerar una divertida crítica en forma de coloquio. En ella, se habla de seducción a través de un alumno y un maestro que se reúnen en un Starbucks para compartir diferentes puntos de vista sobre como seducir. A lo largo del coloquio, se sumarán diferentes personajes pintorescos para dar sus respectivas opiniones. ¿Aprenderás a seducir? A no ser que seas un mono gris, probablemente.

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Seitenzahl: 439

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Segunda edición: 2025

© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Joan Bernal Duran

Diseño de edición: Letrame Editorial

ISBN: 979-13-7029-643-8

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

A mis padres, por apoyarme siempre y a vosotras por ser mis maestras en este mundo tan flamenco.

Introducción

Quiero saber la verdad, la verdad más allá de la magia.

No hay verdad más allá de la magia.

Me parece curioso lo sencillo que resulta ponerle título a un libro. He tenido tantas ideas y tan molonas que sería un completo y absoluto granuja si no las mencionara. No he visto a nadie más hacerlo, por lo tanto, me siento más privilegiado que María Antonieta.

Los títulos más molones son:

Manual de divulgación para no divulgadores: gracias a mi profesor de economía que me dio la idea con aquellos documentales que ponía cuando se aburría en clase. Like a woman: por aprender que las mujeres realmente son las mejores artistas en la seducción con las que te puedas encontrar a lo largo de tu vida.Pick up talent of the golden sheep: en memoria al primer libro que escribí con trece años, en cuya portada aparecía un lobo disfrazado de oveja. Las aventuras de Timotei Johnes: en honor a Gonzalo, que me dio la idea después de aprender que solo encontraría mi estilo si dejaba de buscarlo en los demás. Manual de seducción para no seductores: por buscar un título claro pero original y luego darme cuenta de que me había salido el tiro por la culata.

Me gustaría definir este libro como una crítica. El diccionario de la Real Academia de la lengua española define una crítica como:

Analizar pormenorizadamente algo y valorarlo según los criterios propios de la materia que se trate.Hablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o una tacha suyos.

En este libro me centraré en lo primero para que puedas decidir si quieres hacer o no lo segundo.

Cervantes criticó la moralidad española y terminó escribiendo una de las mejores novelas de caballería de la historia. Yo voy a criticar todo aquello que se ha construido hasta la fecha en el mundo de la seducción a través de mi experiencia, con lo que no descarto que este libro que tienes entre tus manos termine siendo una de las mejores obras de caballería, o con suerte, de seducción.

La finalidad no es otra que la de mostrar al mundo que no existe ningún método para seducir y a la vez todos los métodos funcionan a su manera. No explicaré ninguno tal y como está escrito, sino caricaturizando en cierto modo a los autores que han contribuido a esta comunidad. Esto lo haré desde el cariño, el aprecio y siempre desde mi experiencia y punto de vista, explicando por lo tanto mi interpretación subjetiva de las estructuras y no sus patrones en sí.

Además de una crítica, ¿es este libro un manual? Lo es, ya que en él encontrarás las claves necesarias para que te comuniques de una forma más efectiva con aquellas personas que quieras atraer a tu vida. Si te estás planteando leerte este libro como si de una novela se tratara, debo advertirte de que no estarás sacando su máximo potencial. Citando a Luis tejedor: «¿Te puedes leer un manual de chino en un día? Sí, pero no te lo aconsejamos, ya que cada una de las claves necesita un trabajo, un tiempo para interiorizar, reflexionar y poner en práctica». ¿Es este libro un manual cualquiera? No, ya que en él te encontrarás con personajes de lo más pintorescos que a lo largo de un coloquio en el interior de un Starbucks van a exponer sus teorías para mostrar diferentes puntos de vista a un alumno, el cual representa la ingenuidad i la curiosidad que todos llevamos dentro.

Ahora, deben de ser las dos de la madrugada, en la televisión están transmitiendo la película de: Los juegos del hambre. A pesar de que mañana debo madrugar para ir a clase de teatro, encuentro necesario dedicar a este libro (el cual ahora debes de tener entre tus manos) al menos veinte minutos al día.

No me considero un seductor, no me pongo una máscara para salir a ligar los fines de semana, ni tengo la personalidad de un agente secreto, el cual acaba de salvar el mundo. Mi forma de ver la seducción es la de una senda, una senda que recorremos a lo largo de nuestra vida.

No soy perfecto y tampoco pretendo serlo. Mi intención no es otra que compartir con cualquier mujer, hombre, marciano, cocodrilo o furia de la antigua Grecia, todos aquellos conocimientos que he atesorado a lo largo de mi vida para que esta resulte más fácil. Para ello, parodiaré con humor y con cariño todos los maestros que, de una forma u otra, han pasado por este camino por el que transito día tras día.

Este manual de divulgación para no divulgadores (sí, he dicho otro título, lo sé) es una reliquia que he tallado, pulido y creado con mis propias manos, gracias a la paciencia, la constancia y un ordenador portátil de mi tío, al que, cómo no, le falta la letra B.

Si estás leyendo esto, te felicito, porque eso debe de significar, que al igual que yo en mi día, estás buscando soluciones para hacer de tu vida un lugar mejor y, en consecuencia, de ti un mejor compañero de viaje. Ya que, puestos a viajar, mejor si lo hacemos acompañados de alguien que mole más que un sombrero de los años veinte.

Dicho esto, os doy la bienvenida a este universo, el cual no es el mejor universo del mundo, pero es el mío y eso lo convierte en mi mejor universo.

Os deseo un viaje entretenido, lleno de sorpresas, espontáneo y repleto de música de la que suena en las películas donde aparecen barcos vikingos.

PD: Aunque ha sido creado con la intención de seducir mujeres, este libro es apto para seducir a familiares, jefes, chicas, chicos, marcianos, juglares, cocodrilos con afilados dientes, jabalís que cruzan por zonas urbanas con prioridad de paso y a mí.

Pero antes de conducir juntos por este sendero, me gustaría dar las gracias. Gracias a Luis Tejedor por darme la idea de dar las gracias y a vosotras.

Quiero agradecer a esa chica a la que conmoví con esa historia de maletas y a la que luego le conté que la había sacado de un libro. Por ella busqué por primera vez con trece años la palabra seducir.

Quiero agradecer a mi italiana, porque no creía que los mejores amigos pudieran tener una aventura y sobrevivir en el intento, tú rompiste con esa y con otras muchas creencias. Siempre recordaré esa despedida en la estación que me hizo aprender a sentir.

Darle las gracias a la mejor jefa del mundo, por fugarse conmigo a Francia y enseñarme que las relaciones son preciosas cuando son con la persona indicada.

A mis compañeras de pupitre, por darme un año de lo más movido y enseñarme que un sí, cuando sale del corazón, borra mil veces no.

Quiero dar las gracias: a mis celestinas, a mis amores fallidos, a las que soñé con tocarles la guitarra en la puerta de sus casas durante un día de lluvia, a las canciones que me hicieron tocar y a todas las que llegué a componer, a aquellas personas que conocí en autobuses, hospitales, estaciones y demás sitios pintorescos con las que tuve experiencias locas y morbosas, a aquellas personas que dejaron de lado a alguien para aventurarse en un mar de incertidumbre conmigo y a las que nunca les dije lo halagado que me hicieron sentir, a mi madre por decirme siempre que soy un buen chico, a las que me motivaron para aprender: inglés, francés, tocar la guitarra, ir a clases de salsa, origami o perderme viajando, a las cagadas con ellas que me hacen recordarme entre risas en plan quién porras era ese inútil. Ostia, ¿en serio fui yo? A las que me abrazaron cuando esquivé a la muerte tras todo ese tiempo ingresado, a las que lloraron por mí, a mi hermana de sangre, a las ex que me odian, a las que son mis amigas y a las que me saludan rollo ei, a todas las mujeres por ser mis maestras, mis alegrías y mis disgustos. No puedo dar gracias a todas las mujeres del mundo, pero sí a todas las que formáis parte del mío. Sencillamente, gracias.

Finalmente quiero contaros una historia que una vez me contó un mago y seductor llamado Romeo y que me resultó de gran ayuda para seguir preguntándome a diario quién soy.

Había una vez, un chico que vivía con una familia conflictiva. Cada día volaban objetos, a la par que insultos, y él se veía a sí mismo en medio. En esos abundantes momentos, se encerraba en la habitación asustado. Cuando eso ocurría, cogía lo único que tenía, que era su guitarra, y la tocaba. Descubrió que la música le permitía aislarse de sus problemas y acallar los gritos y golpes de sus padres.

Un día decidió coger su guitarra e irse a la calle. Quería tocar música en una vía transitada, para que los viandantes sintieran aquello que él sentía con su música. A él nadie le entendía y quería hacer el esfuerzo para hacerse entender.

Comenzó a tocar, primero con inseguridad y miedo. Después con sentimiento. La gente empezó a arremolinarse junto a él y a mirarlo con sorpresa. Un día cuando terminó, una mujer se acercó y le dejó un billete en su funda. Pero eso no hizo feliz a ese músico de calle, ya que no quería dinero, sino comprensión.

Los días pasaban y la misma situación se repetía una y otra vez: Tocaba la guitarra, la gente venía, pagaba y se largaba sin decir nada.

Siguió tocando hasta que se dio cuenta de algo: la música transmitía aquello que sentía el músico.

¿Cómo podía ser comprendido ese músico si lo único que transmitía era incomprensión?

«La magia es el arte de conectar. De conectar puentes entre personas».

A continuación, os dejo con algunas de las muchas críticas que ha recibido este libro que ahora tienes entre tus manos, aunque quizás todas ellas provengan del mismo profesor de matemáticas:

La Razón: «Un bestseller sin precedentes».ABC: «Nunca había visto nada igual».La Vanguardia: «Shakespeare parece un ganso al lado de Johan».Sócrates: «Sin duda, un espadachín en el arte del pensamiento crítico».Charlie Chaplin: «Me ha dejado sin palabras».

Historia personal

—¿Usted conoce cuerdos felices?

—Tiene razón, bailemos.

Todo empezó con trece años, recuerdo acompañar a mi mejor amiga a casa mientras me decía a mí mismo: no te enamores de ella.

Recuerdo que en esa época busqué por internet cosas como: «consejos seducción» o «cómo seducir a tu mejor amiga». Creo que por eso entonces encontré el post de un chico latino que desperdigó aquí y ahí, consejos de David Deangelo sobre «cocky and funny» y algunos principios de Mystery. También recuerdo haberlos utilizado, obteniendo con ellos respuestas como risitas y golpecitos en el brazo al son de: Eres imposible.

No fue hasta los quince años cuando me enamoré loca y perdidamente de mi mejor amiga y recibí un doloroso rechazo que me obligó a buscar soluciones al porqué de mis males de amores. Recuerdo que escribí por primera vez en el buscador: «Libros de seducción». Lo hice con la esperanza de encontrar algún consejo útil con el que enamorar a mi mejor amiga. Encontré un ebook horrible que hablaba de técnicas americanas y demás. Pero esa fue la primera vez que me dije a mí mismo: vamos en serio.

Recuerdo que bajé a la biblioteca de mi pueblo preguntando por otro libro que no podía descargar. Finalmente, en una de mis búsquedas vi el título de un libro que me llamó la atención más que los demás, su nombre era: Sex code. Después de mis anteriores experiencias, decidí buscar opiniones de algunos lectores para ver si ese libro realmente merecía la pena. En mi búsqueda, di con una opinión femenina de más de seis párrafos en la que explicaba que se había sentido desnuda al leerlo.

No tardé en buscar ese libro por las bibliotecas de toda Barcelona. Mi primera búsqueda no tuvo mucho éxito, ya que estaba agotado en todos los sitios a los que fui. Finalmente, mi amigo “J” se ofreció a acompañarme en moto a comprar ese libro en el Corte Inglés de Barcelona. En este punto quiero agradecerle que cada vez que este autor publicara un libro, él, a modo de tradición, me acompañara hasta el sitio donde fuera que se vendiese para encontrarlo, por muy peligroso o temerario que fuese el viaje.

Recuerdo que mientras estaba en la cama leyendo el libro, un nuevo universo se abría ante mis ojos. En ese punto estaba eufórico, probé sin mucho éxito todo lo que estaba aprendiendo con las chicas que conocía de mi pueblo. Mostraba comportamientos extraños, hacia cosas sin calibrar, decía cosas totalmente fuera de contexto, pero estaba aprendiendo algo que me apasionaba. Por primera vez sentía que había encontrado una solución a mis penas en el amor. Hasta ese momento había acumulado un sin fin de canciones románticas que había compuesto tras todos los rechazos de esas personas que había idealizado, a penas sin conocerlas.

Y así, durante mucho tiempo de tropiezos, de fustigar a mis amigos con éxito en la seducción para que me contaran sus secretos, de equivocarme y de acertar a través del ensayo de todos los conocimientos que giraban en forma de remolino dentro de mi cabeza, de cursos, de vídeos, de libros, de salidas a clubs y discotecas y de pasármelo como un enano, gracias a todo eso, hoy soy la persona que soy.

A mis dieciocho años, abandoné los estudios, ya que, gracias a mis habilidades en la comunicación, conseguí mucho dinero como comercial de una compañía energética. En pocos meses, a mi trabajo de vender se le sumó el de formar a los nuevos comerciales de la empresa, después de ascenderme al puesto de jefe de equipo. Cuando me dijeron que tenía que abrir una oficina, decidí contratar a mis mejores amigos de mi pueblo porque tenía la firme creencia de que no existían mejores candidatos que ellos.

Después de ser top ventas en España durante varios meses, me ascendieron a asistente de gerente de la empresa. Todavía recuerdo a mis amigos entrando el primer día con los trajes de sus padres y el nudo de la corbata atado como si se tratase de una bolsa del supermercado. También los recuerdo sonriendo, con sus trajes a medida y sus coches nuevos, unidos como una familia.

Aún recuerdo el día que me cambió la vida... Estaba en la oficina hablando con mi gerente cuando de repente escuché un zumbido en el oído que me mareó hasta el punto de sentir que me empujaban. Recuerdo que me sentí muy extraño, desde luego no era un mareo normal. Intenté coger el vaso de agua que tenía en frente de mí, pero era incapaz de coordinar el movimiento con la mano, ya que esta no respondía a mis movimientos. Recuerdo que intenté hablar, pero mis palabras se arrastraban con lentitud, incapaz de pronunciarlas con normalidad. La gente de mi alrededor pensaban que estaba bromeando. Después de quince minutos, llamaron a un taxi para que me llevara el ambulatorio. Me recogió el que hoy es mi buen amigo “F”.

“F” decidió llevarme directamente al hospital y probablemente eso me salvó la vida. Cuando llegué, me hicieron pasar el primero, cosa que me extrañó después de ver el volumen de gente de la sala de espera.

—Pasa por aquí.

—¿Me ocurre algo malo? —pregunté confuso.

—No, tranquilo. Ponte esta pulsera.

Con trece años tuve episodios de vértigo por culpa de un desequilibrio en el vértigo del oído izquierdo. Yo pensaba que el mareo era a causa de eso, hasta que entré en una sala con cinco médicos apuntando muchas cosas rápidamente en un portafolios.

—Tócate, pasa el pie por aquí, haz esto con la mano...

De fondo escuché a alguien decir algo que me hizo comenzar a preocuparme.

—Alerta ictus.

Después de encontrarme estable, me hicieron un T.A.C.

Horas después el medico entro en la habitación en la que me encontraba.

—¿Juan Bernal Duran?

No me preguntéis por qué, pero el tono en el que dijo mi nombre me hizo intuir que algo iba realmente mal.

—Hemos encontrado un aneurisma en tu arteria vertebral. Has sufrido un ictus y tienes un trombo atrapado en la entrada del cerebro. Si este trombo pasa al cerebro o el aneurisma se rompe, podrías sufrir daños graves o morir.

Esa noche la pasé solo, en una habitación llena de cámaras de vigilancia.

La reacción de mi madre a las palabras del médico fue:

—Ah.

Mis padres estaban destrozados, aunque no lo dijeran. La cosa iba a peor, tenían que realizar una operación y existía la probabilidad de que muriera o quedara paralizado de cuello para abajo.

Recuerdo observar la ventana del hospital y ver el exterior como una realidad paralela. Sabía que ahí fuera había pájaros, árboles y gente caminando, sin embargo, no me imaginaba volviendo a caminar por ahí.

Recuerdo parar a todo el que pasaba por delante de mi habitación, ya fueran enfermeros, doctores, el personal de la limpieza o los camilleros para preguntarles:

—¿Voy a morir?

Recuerdo que el camillero y el enfermero que me atendían me contaron que hicieron una porra a que sobrevivía. También hicieron una sobre si el ictus había sido por el consumo de cocaína. Desde aquí quiero aprovechar para mandarles un saludo a todos por el apoyo que me disteis.

Ese enfermero me dijo algo que cambió mi vida para siempre:

—No sabes cuántas personas pasan por esta unidad y se mueren quejándose de todas las cosas que no han podido hacer en la vida. Haznos un favor y, cuando salgas de esta, vive la vida como realmente la quieres vivir.

Después de eso me dijeron que una semana antes de la operación me dejaban irme a mi casa, yo pienso que fue para poder dejar mis asuntos resueltos.

Cuando les pregunto a mis amigos qué harían con una semana de vida, me dicen cosas como: «Me iría de prostitutas, quemaría el porche de mi jefe, me gastaría toda la plata que tengo, etc.».

Cuando salí del hospital, recuerdo que lloré cuando sentí de nuevo el calor del sol y la brisa del viento. Nunca había disfrutado tanto de la vuelta en coche de camino a casa.

Decidí ver una puesta de sol, ir a la playa, a la montaña, invitar a mi mejor amigo al mejor restaurante que conocía, decirle a las personas que quería que las quería y pasar tiempo con mi familia y mi perro Oliver.

En este punto quiero agradecer a mis padres por ser fuertes, a mi hermana y a su superex, a mi perro por ser un ser de luz que estuvo siempre a mi lado y nunca se enfadó conmigo, a mi mejor amigo por regalarme esa chapa de cerveza que me hizo prometer devolver después de la operación, a esa enfermera por enseñarme ese mirador con marcianos y enseñarme el molonerío de las relaciones abiertas, a mi enfermero piloto, por irse de cañas conmigo después de todo, y a todos los que me apoyasteis, a mi grupo de amigos de las pistas por venirme a ver al hospital después de tantos años, a mi jefa, a mi mano derecha en la empresa, a mis compañeros de Combray y a todos los que vinisteis a darme un abrazo.

El día de la operación había tenido muchas pesadillas, recuerdo que estaba en la camilla cuando le pregunté al anestesista: «¿Voy a sobrevivir?». El muy cabrito me puso la anestesia mientras me decía:

—No lo sé.

Lo siguiente que recuerdo es despertarme preguntando:

—¿Estoy vivo?

—Sí.

—¿Paralítico?

—No.

—¿Catatónico?

—Si estuvieras catatónico, no podrías preguntar eso.

Una vez salí de ahí, me tomé al pie de la letra lo de vivir la vida como realmente quería. Esa misma noche daban por televisión el programa de “1, 2, 3 hipnotízame” y me dije a mí mismo: «¿Por qué no?». Al día siguiente me apunté al curso de hipnosis.

Una semana después decidí ir a Port Aventura con la chica que hizo que buscara por primera vez información sobre los libros de seducción. Ahí fue cuando descubrí que el tubo de metal irrompible que me colocaron en la arteria no era tan irrompible y eso me costó una valiosa arteria vertebral y un tercer ictus isquémico en el cerebelo.

Como veis, aquí sigo y una meta que me había puesto a mí mismo era publicar un libro antes de morir y plantar un árbol. Quizás las páginas de este libro sean de un árbol que planté, tal vez no, pero la cuestión es que desde ese día decidí vivir la vida que quería vivir.

Al regresar a la empresa, descubrí que ganar dinero haciendo lo que hacía no me hacía feliz y mi actitud marchitó hasta que me despidieron. Vendí mi piso cercano a la playa para cumplir mi sueño de mudarme a una casa con piscina y barbacoa en la montaña.

Terminé mis estudios de bachiller y comencé un grado superior de técnicas de actuación teatral para ser actor, porque cuando era pequeño me prometí a mí mismo que algún día miraría mi película favorita y yo me encontraría en el otro lado.

Estudié durante cuatro años programación neurolingüística, me apunté a clases de salsa, bachata y bailes latinos, aprendí a hacer malabares con tres y cuatro pelotas, grabé cuatro discos de hip hop y un número insultante de videoclips, viajé a la ciudad a la que siempre había querido ir con mi jefa, que resultó ser mejor novia que jefa, aprendí origami, magia, mentalismo con Lluis Pardo en persona, estudié filosofía por mi cuenta y me convertí en un amante apasionado de la lectura y hoy estoy naufragando por estas líneas absorto en los pensamientos que escapan de mi mente.

Espero que disfrutes de este camino tanto como yo.

Capítulo 1Atracción genética

«Llamaré a todas las puertas, pero solo los ganadores me abrirán»

Maestro y alumno se reúnen en el interior de un Starbucks. Tras un saludo cordial, ambos hacen cola. El maestro pide un café solo y sin azúcar, como lo hacen los italianos, el alumno una infusión de jengibre. Después de algunas preguntas triviales, ambos se sientan y da comienzo el coloquio.

Maestro: Al principio solo había simplicidad, entonces, los átomos comenzaron a agruparse para así poder crear partículas más grandes. En una edad temprana para nuestro planeta, dichas partículas navegaban por una sopa inmensa a la que nos referiremos como océano.

Alumno: Pero ¿no hemos venido aquí para hablar de seducción?

Maestro: Por ello, vamos a ir a la raíz de la misma.

Los átomos mostraron cierta tendencia a adquirir formas estables y a eliminar las que no lo eran en un principio de selección natural. En este punto, aquellas moléculas consideradas como simples comenzaron a recoger la materia prima de su alrededor para crear otras de más complejas, como aminoácidos o proteínas. Las grandes moléculas orgánicas entonces podían permanecer en esa sopa primaria sin ser molestadas por bacterias, que en la actualidad las habrían devorado de inmediato.

Alumno: ¿Qué tienen que ver esas partículas con la seducción?

Maestro: Todo. La base de aquello que somos y nuestro comportamiento está íntimamente relacionado con estas micropartículas. Esas micropartículas contienen millones de átomos que se encuentran enzarzados en una cadena tridimensional a la que nosotros nos referiremos como D.N.A

Alumno: ¿Las personas son seductoras o no según su D.N.A?

Maestro: Si bien es cierto que nuestro D.N.A nos influye, este no nos define.

Alumno: Está bien...

Maestro: En algún punto inicial, una molécula en concreto se formó por accidente. Nos referiremos a esta molécula en concreto como el replicador. Esta molécula no era la más grande ni tampoco la más fuerte, pero sí que era capaz de crear réplicas de sí misma utilizando como materia prima los componentes que se encontraban en la sopa primaria mencionada anteriormente.

Era muy poco probable que esta partícula sobreviviera, pero la probabilidad cambia mucho cuando se mide en términos de millones de años.

Alumno: Pero la probabilidad es la que es, ¿no?

Maestro: En efecto, sin embargo, ¿qué ocurriría si jugaras a la lotería durante millones de años?

Alumno: ¿Te acabaría tocando el premio?

Maestro: Y varias veces. Una vez esas moléculas consumieron toda la materia prima de su alrededor, aquellas más grandes se extinguieron. Llegamos a un punto en el que las moléculas existentes resultan idénticas y estas al replicarse empiezan a acumular errores.

Alumno: Mi amigo el Piernas suspendió el examen de matemáticas porque con las prisas copió mal todas las respuestas.

Maestro: Con los genes sucede algo así. Antiguamente los conocimientos se escribían en papiro y la gente que los escribía a veces se equivocaba o hacía aportaciones para mejorar la información inicial. El D.N.A es como una frase y si dicha frase contiene errores, la gente comenzará a realizar copias de copias de frases erróneas. A lo largo del tiempo, terminarán apareciendo frases completamente diferentes a aquellas que se habían escrito en un principio. Que las frases sean mejores o peores, dependerá de su capacidad para seguir existiendo.

Alumno: Entonces las moléculas se copiaban mal las unas a las otras...

Maestro: Pondremos un ejemplo: imaginemos que la información que debemos escribir es la siguiente:

—Una joven concederá un hijo.

Entonces el escritor decide mejorar la frase y substituirla por:

—Una virgen concederá un hijo (para una mejor interpretación).

Alumno: Entonces, ¿las partículas resultantes no tienen por qué estar mal?

Maestro: Depende. Quizás ese error hace que las partículas resultantes sean más resistentes, siendo así más difícil de separar que otras o quizás ese error las hace más rápidas a la hora de replicarse.

Llegados a este punto, apareció una tendencia evolucionista en las moléculas que se reproducían a mayor velocidad, sin embargo, estas a la vez tenían una vida más corta que aquellas que se reproducían más lento. La sopa primaria comenzó a mostrar una gran variedad estable de moléculas, las cuales luchaban entre ellas sin saberlo. En ese entonces, podíamos encontrar partículas más rápidas que competían con aquellas más precisas y estables. Con cada replicación las copias supervivientes se volvían más eficientes.

Alumno: ¿Y cómo competían entre ellas?

Maestro: Sería más bien como una carrera armamentística en la que las moléculas se construían sobre sí mismas para crear recipientes a los que nos referiremos como células. Los replicadores que sobrevivieron fueron aquellos capaces de crear máquinas de supervivencia para habitar en ellas. Al principio solo podría hablarse de capas protectoras, pero la competencia obliga con más frecuencia a construir modelos mejores y más eficientes.

Alumno: ¿Y qué ha sido de aquellas moléculas?

Maestro: Han renunciado a vivir en el océano primario en el que se encontraban, ahora mismo se encuentran a salvo dentro de gigantes teledirigidos con los cuales se comunican con el exterior a través de rutas indirectas. Estas máquinas son manipuladas por control remoto y los pequeños replicadores que actúan como programadores se encuentran dentro de todos nosotros. Ellos son la razón de nuestra existencia, actualmente son conocidos como genes y nosotros somos sus máquinas de supervivencia.

Alumno: ¿Máquinas de supervivencia?

Maestro: Utilizo este término porque, si dijera persona, muchos excluirían a: plantas, bacterias, animales y virus. Por lo contrario, si dijera animal, muchos excluirían: plantas, bacterias, virus y erróneamente a las personas. Todo ello engloba diferentes máquinas de supervivencia que, en su química fundamental, todos ellos son casi uniformes.

Existen sugerencias que dicen que los primeros replicadores no se encuentran presentes en ninguna de las máquinas actuales y nosotros por lo tanto provenimos de cristales inorgánicos.

Alumno: Perdone por interrumpir, maestro, pero no acabo de entender qué es el D.N.A.

Maestro: El D.N.A es una cadena de muchas moléculas que reciben el nombre de nucleótidos. Esta cadena tiene forma de espiral. Existen cuatro tipos de nucleótidos diferentes: A, T, C, G.

Alumno: ¿Y todas las moléculas son iguales?

Maestro: Las moléculas de un humano son diferentes a las de un caracol o a las de otro humano y la cadena de estas moléculas se encuentra entre las células de las distintas máquinas de supervivencia, no en un lugar concreto del cuerpo, para ser más concretos: el D.N.A es como un libro de instrucciones de cómo construir un humano en alfabeto A, C, T, G.

Alumno: Comienzo a verlo más claro.

Maestro: Imagina que en cada una de las habitaciones de un gran edificio hay un armario con los planos para construirlo. Los planos a la vez están divididos en cuarenta y seis volúmenes, los volúmenes son los cromosomas los cuales actuarían como un núcleo que une los compartimentos a través de largos hilos. Es difícil determinar dónde acaba un gen y donde empieza otro, podríamos decir que las células matrices ya tienen los planos incorporados en sus copias. El alfabeto de cuatro letras también es traducido por el alfabeto de aminoácidos que contiene la proteína, ya que una de las funciones del D.N.A es controlar la supervisión de esta. Las proteínas constituyen una gran parte del cuerpo y participan en numerosos procesos dentro de la célula.

Alumno: Ahora que lo menciona, mi profesor de biología me había hablado de ello, decía que los seres humanos tenemos memoria genética y somos capaces de traspasar nuestros conocimientos de generación en generación.

Maestro: Los conocimientos adquiridos no son hereditarios, eso significa que, si mueres, todos aquello que has aprendido no va a formar parte de tus futuras descendencias. Sin embargo, existen ciertos estudios que muestran evidencias de que nuestro D.N.A transmite información a través de experiencias de miedo y estrés de generación en generación.

Alumno: ¿Y qué hay de nuestros pensamientos?

Maestro: El conocimiento es epistémicamente privado cuando a pensamiento nos referimos y eso significa que solo tú eres conocedor de aquello en lo que piensas.

Alumno: ¿Entonces existe o no una memoria genética?

Maestro: Te lo ilustraré con ayuda de una historia:

John forma parte de una pequeña tribu de cincuenta personas. Esta sociedad está ordenada jerárquicamente por: líder de la tribu, el guerrero más fuerte, el mejor cazador, el hechicero de la tribu, el anciano más sabio y el resto de cazadores y recolectores.

Un día John reúne suficiente valor y decide exponer su idea en público, pero esta no es bien vista por los miembros más importantes de la tribu y estos deciden expulsarlo del clan.

Esta decisión le causa un gran impacto emocional a Pol, el cual lo ha presenciado todo y sabe de buena mano que John no va a sobrevivir solo. Pues bien, aquellos que guarden unidades genéticas de Pol es posible que experimenten cierta aprensión innata a hablar en público.

Por supuesto, esto se trata solo de una explicación reduccionista, ya que en dicho miedo pueden intervenir un sin fin de factores, pero nos será útil para entender mejor el concepto de memoria genética.

Alumno: Pobre John, parecía un buen tipo.

Maestro: Y lo era, pero no dejó descendencia.

En los últimos seiscientos millones de años los genes han desarrollado músculos, órganos y un sin fin de elementos para transportar millones de genes y de mecanismos para garantizar su supervivencia.

Alumno: Entonces, ¿el cuerpo es un vehículo o un edificio?

Maestro: Ambas cosas. Cualquier página de los cuarenta y seis volúmenes mencionados anteriormente hace referencia a muchas partes del edificio y dicho edificio sirve para proteger los genes, pero también para transportarlos.

Alumno: ¿Transportarlos a dónde?

Maestro: Una nueva sopa, con nuevos genes con los que mezclarse y revolverse.

Nosotros somos un vehículo temporal para llevar a cabo una combinación de genes de mayor duración. En eso consiste el sexo, los cuarenta y seis cromosomas los podemos dividir en dos partes: veintitrés proceden del padre y veintitrés de la madre y cada uno de ellos lo recibimos intacto de ambos progenitores. Las partes de los cromosomas no pasan su vida físicamente en contacto, más bien cada página de los volúmenes del padre puede considerarse una alternativa a los volúmenes de la madre y por eso son considerados un par.

Alumno: ¿Es por eso que dicen que tengo la nariz de mi padre y los ojos de mi madre?

Maestro: Ante dos opciones como el color de ojos, solo prevalecerá una de las dos, por lo tanto, el gen ignorado será considerado como recesivo y aquel que determine el color sería dominante. Cuando los dos genes coinciden en lo mismo, las páginas de cada volumen recomiendan un color concreto. A veces se puede llegar a un acuerdo alcanzando un punto intermedio. Cuando ambos compiten por el mismo sitio, dichos genes son considerados como alelos o rivales. Imaginemos que en lugar de haber una página seis de un volumen hay muchas páginas del mismo número y estas pueden ser intercambiables, una dice ojos verdes, otra azules y otra castaños. Finalmente, una de ellas será la elegida o en caso de duda se buscará un punto intermedio entre las diferentes opciones.

Alumno: ¿Tengo que saber todo esto para aprender a seducir?

Maestro: Pronto entenderás que los genes no actúan de un modo diferente al que actuamos nosotros.

Alumno: Por favor, continúe.

Maestro: La división de las células recibe el nombre de mitosis, la miosis es un tipo especial de división que solo tiene lugar en testículos y ovarios. En este tipo de división una célula de cuarenta y seis cromosomas se divide para formar células sexuales que poseen veintitrés. Un espermatozoide de veintitrés cromosomas es el resultado de la división meiótica de una célula de cuarenta y seis.

Los cromosomas son archivadores de hojas sueltas, en la fabricación de semen las hojas se sueltan y son mezcladas con otras hojas de volúmenes alternativos. De este modo un esperma podría formar su volumen uno con las primeras sesenta y cinco páginas del volumen 1A (madre) y la que comprende la sesenta y seis y las restantes del 1B (padre) y los veintidós volúmenes restantes se formarían de un modo similar. Aunque todos reúnan veintitrés cromosomas dentro del mismo juego, cada espermatozoide es único, igual que los óvulos que se fabricarían de un modo similar siendo también únicos.

Los cromosomas paternos intercambian posición con los maternos en la creación de espermas u óvulos. A este proceso lo llamaremos entrecruzamiento.

Alumno: ¿Qué diferencia un gen de una unidad genética?

Maestro: Un gen es una porción de material cromosomático y sirve como una unidad de selección natural, una unidad genética es una medida de cromosoma no diferenciada físicamente.

Pongamos por ejemplo que el cromosoma 8A fuese creado en el testículo del padre antes de que el nuevo individuo naciera. Este sería creado en el proceso de intercambio meiótico fabricado por la unión de pedazos de abuela paterna y abuelo paterno. Si ese esperma llegara al óvulo, el cromosoma 8A del individuo se pondría a hacer cosas de sí mismo y entonces se encontraría de forma duplicada por todo el cuerpo. Cuando dicho individuo tuviera hijos, ese cromosoma sería destruido para crear espermas u óvulos y dichos pedazos serían mezclados con pedazos de cromosomas maternos 8B. En cada una de las células sexuales se crearía un nuevo cromosoma 8. Quizás peor, quizás mejor, pero único.

Las unidades genéticas en cambio suelen recibirse intactas de uno de los dos progenitores. La unidad genética puede crearse de forma reciente, por ejemplo, en tu abuelo, pero hay unidades genéticas muy pequeñas que podrían haber sido creadas hace millones de años. Podrían haberse integrado al conjunto a través de un predecesor prehumano. Los antepasados del individuo no constituyen una línea única, sino ramificada. Cualquier antepasado creado con un determinado trozo de cromosoma 8A es posible que tenga muchos más descendientes además del individuo en cuestión. Una de sus unidades genéticas podría existir también en su primo o en su perro. Cuanto más pequeña es una unidad genética, más probable es que otros la compartan.

Alumno: Pero ¿por qué nos atrae lo que nos atrae?

Maestro: Esa chica que te atrae, te atrae porque queremos mezclar nuestros genes con otros genes mejores y revolverlos para generar una nueva y mejor máquina de supervivencia.

Si fueras un futbolista, ¿acaso no querrías cambiar a un equipo de primera si hasta entonces solo has jugado en equipos de segunda? Apuesto a que sí y tus genes también.

Alumno: ¿Y qué nos atrae ahora?

Maestro: Nos sigue atrayendo lo mismo ahora que hace un millón de años. Los genes son potencialmente inmortales mientras que el cuerpo humano es un recipiente temporal.

Alumno: No sé si lo cojo, maestro...

Maestro: Imagina que tus genes son remadores en una universidad de prestigio y tus competidores alelos. A veces habrá buenos genes en equipos malos que no ganen a causa de la mala suerte, lo que sí está claro es que los genes buscan jugar en el mejor equipo posible, que un gen sea bueno o no dependerá del acervo genético en el que se encuentre.

Alumno: Un poco lelos sí que parecen, ¿no, maestro?

Maestro: Bien, sigamos.

Alumno: ¿Entonces un gen bueno dejaría su equipo si pudiera?

Maestro: No lo dudes ni un instante.

Alumno: Eso es egoísta.

Maestro: Y esa es la característica principal de los genes. Realmente los genes no son altruistas, ya que no protegen a la especie, sino que solo se protegen a sí mismos.

Alumno: Entonces, las máquinas de supervivencia tampoco son altruistas.

Maestro: Es imposible saberlo con certeza, como bien he dicho antes, el pensamiento es epistémicamente privado, por lo que desconozco la verdadera razón de ser de cada individuo. ¿Cuando realizas una buena acción te sientes bien?

Alumno: Mucho.

Maestro: En ese caso, ¿cómo sabes que realmente se trata de una conducta altruista?

Alumno: Me parece que no lo cojo.

Maestro: En caso de haber un incendio ¿Qué salvarías antes a tu bebé o al de tu vecino? ¿A tu padre o al padre de tu amigo? Tus padres o tus hijos contienen el cincuenta por ciento de tus genes, el resto de personas no.

Alumno: ¿Y si tuviera que elegir entre salvar a dos personas que apenas conozco?

Maestro: Tendrás una tendencia innata a salvar a aquellas personas que se encuentren más cercanas a tu área de influencia. El ser humano es egoísta porque el gen necesita serlo debido a la competitividad del entorno. ¿Sabías que el cáncer suele aparecer en edad avanzada porque los genes tienen interés en que no mueras hasta después de reproducirte? Hay teorías que defienden que estos genes aparecen para evitar que nos reproduzcamos en la senilidad y descienda así la calidad de nuestra descendencia. El cáncer senil es una acumulación en el acervo genético de copias de genes letales.

Alumno: ¿Hay alguna alternativa al sexo?

Maestro: En efecto, existen alternativas al sexo, por ejemplo: las hembras del pulgón verde pueden reproducirse sin el macho. Los olmos tampoco utilizan un tipo de reproducción sexual.

Alumno: ¿Y por qué nosotros sí?

Maestro: La reproducción sexual hace gozar al nuevo individuo de mutaciones ventajosas en los genes del primer individuo reproductor. No nos interesa llevar a cabo copias idénticas de nosotros mismos pudiendo llevar a cabo copias mejores. Una copia errónea en este punto podría ser una desventaja y aquí en este punto es donde encontramos genes egoístas de un individuo que inducen al error a los otros genes para así incrementar su presencia en el acervo genético, ya que de otro modo el nuevo ser presentaría un cincuenta por ciento de genes del padre y un cincuenta por ciento de la madre.

No debemos olvidar que el objetivo del D.N.A es sobrevivir. Si observamos con atención, nos daremos cuenta de que la reproducción sexual intenta imitar la sopa primaria que era el océano para realizar la acción de replicarse.

Alumno: ¿Y cómo nuestros genes han pasado de la sopa primaria a la reproducción sexual?

Maestro: Al principio las armaduras de nuestros genes consistían en membranas que les protegían del ataque químico de otras partículas. Cuando la materia prima de la sopa primaria se agotó, comenzaron a desarrollarse las plantas que utilizaban como fuente de energía la luz solar, imitando el proceso sintético de la sopa original. En este punto muchas otras máquinas entendieron que se podía conseguir esa misma energía comiéndose otras máquinas de supervivencia como las plantas. Aquí fue donde la mayoría de máquinas, casi en su totalidad, comenzaron a buscar formas más eficientes de conseguir energía para poder seguir con vida. Entonces aparecieron ramas, las cuales poco a poco estaban más especializadas para vivir en: el mar, la tierra, el aire, bajo tierra o dentro de otros cuerpos. Eso es lo que hace que en la actualidad exista una gran biodiversidad de especies especialistas en sobrevivir. Ahora los genes se encuentran en cuerpos dentro de millones de células.

Alumno: Entonces, tanto nosotros como las plantas descendemos de los mismos replicadores... ¿Por qué somos tan diferentes de las plantas entonces?

Maestro: Las plantas, al igual que nosotros, se mueven, la diferencia es que ellas lo hacen muy lento y solo destinan su movimiento al propio crecimiento, los animales, en cambio, desarrollamos los músculos, cosa que hace que nos movamos cientos de miles de veces más rápido que las plantas. Si observamos una planta a cámara rápida, podremos comprobar que esta se sirve de un movimiento activo al igual que un animal. Sin embargo, los músculos no pueden funcionar por sí solos, ya que necesitan cables que estén conectados a una de las mejores herramientas que han creado los genes, el cerebro. El cerebro se ocupa de forma activa del proceso de relajación y contracción muscular.

Alumno: ¿Y qué pasó con las máquinas que no contaban con cerebro?

Maestro: La selección natural favoreció a aquellas máquinas que poseían órganos sensoriales con los que hacer frente a fenómenos físicos. Las anémonas de mar por ejemplo tienen un canal directo para conectar sus órganos sensoriales, nosotros en cambio hace mucho que renunciamos a esos métodos de conexión, Un elemento muy importante fue la invención evolutiva de la memoria, gracias a eso las contracciones musculares podían verse afectadas por acontecimientos de un pasado inmediato y sucesos de un pasado distante.

Alumno: Así nuestros genes por control remoto nos guiarán para evitar aquello que nos perjudica y perseguir aquello que nos beneficia.

Maestro: Más o menos. Nuestros genes no controlan nuestro comportamiento, estos solo controlan nuestra política de acción. Imagínate a una computadora programada para jugar al ajedrez. Una computadora realmente no sabe jugar al ajedrez, es el humano que la ha programado el que sabe jugar. Nosotros también podemos actuar con cierta independencia, pero hemos sido construidos con la finalidad de sobrevivir y replicarnos.

Alumno: ¿Entonces somos robots?

Maestro: Exactamente, al servicio de nuestros genes. ¿Sabías que existen más posibles jugadas de ajedrez que átomos en una galaxia? Por eso mismo es imposible construir una máquina con todas las jugadas posibles.

Alumno: ¿Y cómo lo programan?

Maestro: Con los movimientos básicos del juego. Los genes han programado indirectamente a los humanos y estos no actúan como un titiritero, más bien preparan sus máquinas lo mejor posible para que una vez terminadas, cuenten con una lista de comportamientos a los que recurrir.

Alumno: ¿Y no podrían tomar los genes las riendas de nuestro comportamiento?

Maestro: No, los genes actúan de forma pasiva y no pueden tomar el control de la máquina una vez esta se encuentra operativa debido a los distintos intervalos de tiempo. Imagina que los habitantes de una galaxia muy lejana construyen una máquina y la envían a la tierra. Probablemente los que la han construido desconocerán aquello que hace la máquina en todo momento, tampoco podrían saber si la máquina llega a la tierra o no porque la información tardaría cientos de años en llegarles. Los habitantes de esa galaxia necesitan una máquina en la tierra para operar y del mismo modo nosotros necesitamos un cerebro que se comunique con el exterior.

Alumno: ¿Y cómo se comunica con el exterior?

Maestro: A través de nuestros cinco sentidos. Piensa en ellos como si fueran mensajeros de un castillo. Nuestros sentidos son los encargados de salir fuera del castillo y traerle noticias del exterior al rey. Esta información no siempre será del todo fiel a la realidad., pero el rey tendrá que creer aquello que le digan sus mensajeros. Los genes no pueden actuar como títeres debido a los retrasos en el tiempo. La vida, al igual que el ajedrez, ofrece demasiadas eventualidades como para que puedan ser previstas, por lo tanto, los genes nos programan con unas estrategias generales. Los genes, aunque no piensen de forma racional, sí son capaces de realizar predicciones. Si la máquina de supervivencia tiene que habitar en un clima frío, esta será dotada con un pelaje grueso y un color blanco para camuflarse de los depredadores.

Alumno: ¿Y cuándo hablaremos de seducción?

Maestro: Ya estamos hablando de seducción. Si no entiendes las bases de lo que eres, no serás capaz de entender cómo funciona realmente el cortejo. A continuación, te hablaré de: riesgo, probabilidad y premios. Hembras y machos realizan inversiones diferentes en cuanto a lo que sexo se refiere. Existen jugadores que realizan apuestas altas y otros de más conservadores en el juego de la vida. Vamos a poner un ejemplo con una pequeña historia:

John es un pequeño pingüino de la Antártida, John hace días que tiene mucha sed, pero sabe que en el agua suelen haber focas rodeando los glaciares esperando a los pingüinos que se acerquen a beber agua para comérselos. John por suerte tiene una estrategia. Él ha pensado que es mejor esperar varios días sin beber y solo acercarse al agua cuando ya no pueda aguantar más tiempo sin beber, en ese momento bebería la mayor cantidad de agua que fuera posible para no tener que beber en varios días. El problema de esta estrategia es que hay que tener la cabeza sumergida en el agua durante mucho tiempo y eso aumenta de forma considerable la probabilidad de que le cacen.

Por otro lado, tenemos al pingüino Pol, este no quiere correr un riesgo tan grande al exponerse tanto tiempo bajo el agua, por lo tanto, él prefiere adoptar la estrategia de acercarse muchas veces al agua y dar sorbos rápidos para mantener a raya la sed.

Podemos ver estrategias de alto riesgo entre machos de una gran mayoría de especies y podemos ver estrategias conservadoras entre gran multitud de hembras. La adaptación de estas experiencias nos aporta indicios de que los genes pueden construir su capacidad de aprendizaje. Un programa genético podría tomar la forma de las siguientes instrucciones:

OrgasmoSabor dulceNiño sonriente

Y otras instrucciones negativas como:

Sabor amargoDolor de estómagoNiño gritando

Los genes parecen tener la capacidad de no repetir conductas que les llevan a cosas desagradables y tienen tendencia a repetir aquellas conductas agradables. Eso reduce la infinidad de reglas posibles a solo unas pocas aptas en el programa creado por ellos mismos. Además, estas reglas están sujetas al cambio constante del medio ambiente, los cuales no pueden ser pronosticados.

Eso podría entenderse como:

Azúcar y sexo: bueno para los genes Sabor amargo y dolor: malo para los genes

El problema aparece en el momento en el que nuestro entorno cambia a una velocidad demasiado acelerada como para que nuestros genes puedan adaptarse al cambio. Esto conlleva que muchas de nuestras conductas no nos favorezcan en el entorno actual. Nos encontramos que la industria azucarera es la causante de innumerables enfermedades cardiovasculares y, debido a la expansión demográfica a la que nos vemos sujetos, el sexo indiscriminado va de la mano de multitud de enfermedades que pueden poner en peligro nuestra supervivencia. Este tipo de cosas escaparon al pronóstico de los programadores que se encuentran en el interior de todos nosotros. Aunque el azúcar en su momento fue un recurso favorable, el exceso de este, junto a la gran mayoría de alimentos hipercalóricos que día a día encontramos a nuestro abasto, deterioran nuestra salud a un ritmo demasiado lento como para que nuestras alarmas se puedan percatar del peligro.

El caso es que al igual que el ajedrez, la máquina de supervivencia mejora cada vez que juega una partida, por lo tanto, cada vida vivida es una oportunidad para nuestros genes de mejorar nuestras técnicas de supervivencia, una de las mejores técnicas es la capacidad para realizar predicciones.

Alumno: Entonces, ¿los genes son capaces de realizar predicciones?

Maestro: El cerebro es capaz de predecir infinidad de acontecimientos posibles, ¡y adivina que! ¡Los genes han creado el cerebro!

Alumno: ¿Qué beneficio obtienen los genes de las predicciones?

Maestro: Del mismo modo que un general no usaría capital humano para llevar a cabo simulacros de guerra, nuestros genes tampoco lo harían con sus máquinas de supervivencia. ¿Por qué los genes usan figuras para planear sus estrategias? Porque hay infinidad de estrategias de combate, pero hay un número finito de personas dispuestas a morir por su país, por eso, del mismo modo los genes realizan ensayos antes de realizar cambios, para así no caer víctimas de posibles eventualidades. Por ejemplo: ¿sabías que el cerebro, debido a su plasticidad, no solo es capaz de predecir el futuro, sino que también es capaz de revelarse contra las ordenes de sus programadores? Esto sucede cuando tomamos decisiones como masturbarse o negarse a tener hijos, como los genes no pueden evitar estas conductas, nos instruyen con una única política la cual rezaría: «Hazlo lo mejor que puedas pero procura sobrevivir».

Alumno: Disculpe, maestro, pero, ¿cuándo hablaremos en profundidad sobre la seducción?

Maestro: Cuando entiendas el verdadero significado de seducción. ¿Acaso crees que los animales no seducen? ¿Que los genes no se sirven de estrategias que nosotros utilizamos durante el cortejo?

Un gran número de acciones de las máquinas de supervivencia promueven el bienestar de los genes al influenciar en el comportamiento de otras máquinas. Los animales hacen grandes esfuerzos para que la comunicación entre ellos sea efectiva, por lo tanto, podemos deducir que existe un mutuo beneficio para el que emite el mensaje y para el que lo recibe. Si el pollito emite fuertes sonidos porque se ha perdido y la madre lo escucha, irá a buscarlo para proteger su descendencia de manera que ambos obtengan un mutuo beneficio. Sin embargo, nos encontramos que los animales pueden servirse de la estrategia de mentir, no de forma consciente, pero sí persiguiendo un resultado egoísta. Podríamos poner como ejemplo al pájaro que avisa a sus compañeros de que hay un cuervo cerca para que estos huyan y así quedarse solo con la comida. El alacrán marino es otro buen ejemplo, este tiene una antena con forma de caña con una extensión al final en forma de gusano, cada vez que se acerque un pez, hará mover la extensión con el fin de atraerle y cazarle.

Siempre que exista un sistema de comunicación habrá alguien dispuesto a explotarlo con fines egoístas. Partimos de la base de que las máquinas de supervivencia son egoístas, ese es el motivo por el que no nos gusta compartir nuestras parejas sexuales o el porqué de que los pingüinos se empujen los unos a los otros para comprobar si hay focas cerca de los glaciares. ¿Por qué nos comemos a otras especies pero nunca nos comemos entre nosotros? Sencillo, eso no le garantiza una estabilidad a los genes. Incluso si observamos nuestras leyes, una de los delitos más graves no es otro que matar a un ser humano. Un feto humano goza de más protección legal que cualquier otro animal, a pesar de que este sea inútil.

Los genes se encuentran constantemente influyéndose los unos a los otros, cada máquina puede ser: depredadora o víctima, huésped o parásito... Constantemente competimos por un recurso u otro, sin embargo, la desaparición de una sola especie puede llevar a repercusiones muy negativas para aquellos que habiten en el mismo ecosistema. Lo que sí que tenemos claro es que la función de sobrevivir ha estado presente en todas las máquinas de supervivencia.

Alumno: ¿De qué mecanismos nos servimos para sobrevivir en un entorno tan competitivo?

Maestro: Uno de muy importante a considerar sería la agresividad. Un ejemplo de estrategia podría ser: atacar; si huye, perseguir, si contraataca, huir. Esto no se realiza de forma consciente, sino a través de nuestra programación, por ejemplo: Las águilas lucharán tanto como puedan y no huirán a no ser que estén gravemente heridas. Las palomas por lo contrario amenazarán de una forma convencional, pero jamás harán daño a nadie. Si un halcón ataca a una paloma, esta huirá de inmediato, si un halcón ataca a un halcón, estos pelearán hasta morir o hasta que uno de los dos esté demasiado magullado como para seguir. Si una paloma se enfrenta a una paloma, se limitarán a realizar posturas amenazantes una en frente de la otra hasta que alguna de las dos se canse y se vaya.

Aquí podemos observar dos mecanismos incorporados a las máquinas de supervivencia:

AtacarHuir

De estos dos mecanismos nacen múltiples estrategias diferentes:

Adoptar la actitud atacante del halcón hasta que el rival responda y huir como una palomaHacer posturas amenazantes como una paloma y después atacar como un halcónPersistir en adoptar la actitud del halcón si el rival no efectúa ataque algunoAdquirir la actitud de halcón solo tras ganar suficientes batallasAdquirir la actitud de la paloma solo tras perder suficientes batallas

Las gallinas, por ejemplo, según sus victorias o derrotas, entienden cuáles son sus puestos en sus respectivos grupos y es entonces cuando se crea una jerarquía, la cual cambia continuamente.

En el caso de los grillos, por ejemplo, estos adaptarán su conducta según sus respectivas victorias o derrotas en comparación con la media de los demás grillos.