Mamá - Gustavo Leonardi - E-Book

Mamá E-Book

Gustavo Leonardi

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Beschreibung

Con una sensibilidad realmente profunda, el autor ofrece un poemario en el que se mixturan a partes iguales dos grandes pares de experiencias: primero, la ternura admirada y el agradecimiento; luego, el inmenso dolor y la búsqueda del porqué. El estilo narrativo de los poemas, junto con el empleo de un lenguaje cotidiano que no retrasa ni desfasa la comprensión por parte del lector, nos permite disfrutar de una de las grandes virtudes de la obra: seguir una historia, acompañar un proceso que conocemos en sus diferentes etapas. Así, sufrimos a la par del yo lírico, en tanto aprendemos a admirar lo que él admira y a añorar lo que pierde. Celebro la opción de transformar en arte una experiencia de ruptura y crisis tan honda. En este contexto, las palabras de cada poema generan una herida y al mismo tiempo comienzan a suturarla, contribuyendo a la sanación, pero nunca al olvido. Constanza Tanner

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Seitenzahl: 50

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Producción Editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación Editorial: Gastón Barrionuevo

Corrección Literaria:

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.

Diseño de Interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Leonardi Cabrera, Gustavo Esteban

Mamá : tres noches, un infinito / Gustavo Esteban Leonardi Cabrera. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2019.

132 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-522-8

1. Poesía Argentina Contemporánea. 2. Experiencia Personal. I. Título.

CDD A861

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor. Está tam-

bién totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet

o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina — Printed in Argentina

© 2020. Leonardi Cabrera, Gustavo Esteban

© 2020. Tinta Libre Ediciones

A quien lee…

a mi familia…

MAMÁ

tres noches, un infinito...

Después de tanto conversar y compartir nuestra pasión por las letras,dejó mi Madre, oculto entre los archivos de mis escritos,otro pedacito de su alma, una última huella de ese bello libroque siempre fue, una poesía más para no olvidarla.

Este es su hermoso:

Árbol añoso

Raíz primaria

de bulbo sembrador,

tallo pequeño,

luego tronco poderoso

con ramas enhiestas.

La savia fluyó,

pujante y feroz,

y hoy tengo mi fronda,

mis ramas al sol.

Mi madre es la tierra,

apoyo y sostén,

desde donde he visto

mis cardinales crecer.

El alba ha teñido

de brillo mi oriente,

le ha dado las alas

de su etéreo andar.

Y hoy danza en los cielos

cuidando de aquellos

que remontan lo universal.

Miren el centro

de mi eje existencial,

es el mediodía de mi soñar.

Alimenta recuerdos,

revive mi ser,

es el cenit de mi entender.

¿Olvidan occidente?

¡No!

Es mi ocaso,

que brinda su eterno naciente

para los de atrás,

abriendo el camino

de mi eternidad.

Mis ramas se mecen,

se abrazan,

beben de la lluvia

y siempre se acunan

ante el huracán,

quitándole al rayo

su potencial.

Quien quiera que tale

mi corteza arrugada por los años,

que venga

y saque la lánguida

savia de ella inmortal.

¡No importa!,

mientras solo queden tres hojas muy verdes

rodeando mi sur,

sabré que este árbol

feliz en el tiempo

ha muerto sonriendo,

contento…

y de pie.

Noemí Julia Cabrera

Primera noche:

VIAJE

Un mueble

Tenue es la luz

que me alcanza por la espalda,

apenas un foco de 60 watts

que encarcelaal filamento,

prisionero también

de la campana que lo cubre,

empotrado todo sobre ese muro

al que tanto despreció.

No por la coherencia de su función,

no por su perfecta simetría

ni tampoco por la muda

aceptación de su objetivo,

sino porque a sus pies

se encuentra mi encierro.

Las demás las tengo frente a mí,

ellas sellan mi suerte

sin dejar escapar mis sueños

y sin tampoco poseerlos.

Soy parte de la habitación…

y no soy nada,

soy mucho menos que un mueble.

Ellos te sirven, Mamá,

yo ya no puedo hacer nada.

Nada

Nada más que callar…

y mirarte,

nada más que llorar…

y extrañarte,

nada más que esperar…

y perderte.

Si lograra despertar de este sueño

lo haría ya,

no para convertirme en otro hombre,

no para cambiar nuestro penar,

no para borrar tu dolor,

sino para volver a serte útil, Mamá,

otra vez un mueble,

una cama,

una silla,

una sábana que te cubra y proteja,

una almohada que susurre en tus sueños,

un botón que te acaricie el pecho.

Muero por la pequeñez de mis capacidades,

por lo absoluto de mi inoperancia,

por la impotencia de mis huesos,

por no poder ayudarte,

¡SALVARTE!,

por perderte

y no poder hacer nada, Mamá,

nada más que esperar…

Esperar

Eterno es un instante

observándote, Mamá,

conociéndote,

escrutándote,

perdiéndote…

Te tengo a mi lado

y sé que ya estás lejos,

mi nariz acaricia tu mejilla

y no te siente,

mis manos se cierran

y piden disculpas,

solo puedo anudarlas para rezar.

El cielo tiene las respuestas,

mientras que la tierra…

la tierra tiene la espera,

y yo,

solo el dolor de esperar

y esta tristeza.

Voy a perderte, Mamá,

ya lo sé,

pero la derrota

por no poder evitarlo

es aun mayor que el sufrimiento

de perecer a tu lado.

Tristezas para este soldado, Mamá,

tristezas por haberte fallado…

Tristezas

Un coro de violines,

chelos y contrabajos

está sonando, Mamá,

mis oídos lo oyen

y mis ojos lo sienten,

mi piel se granula,

mis vellos se erizan,

mis labios tiemblan

y mis manos los calman.

También se escucha un piano,

el repiqueteo de un palillo de tambor,

el ritmo constante de una melodía tenue,

“Fields of gold”, de Sting,

las tristezas de una noche sin vos.

¡Pero aún estás!,

camino unos pasos y te encuentro,

dormís...,

siempre que te busco, dormís…

¡Yo te observo!,

siempre que te necesito, te observo…

Respirás entrecortado,

a veces te ahogás,

a veces hablás,

¡te reís!,

quiero creer que en sueños sos feliz,

debo creer que lo sos…

Otra vez llega el coro de cuerdas angelicales,

el piano

y el tambor;

el contrabajo les marca el ritmo

poniéndole gravedad al tema.

Tu ceño se frunce,

parece escucharlo,

el mío se quiebra.

Ya estoy llorando, Mamá,

mientras mis párpados se cierran,

te abrazo en sueños…

mis ojos me llevan.

Mis ojos

Tu caída fue un parpadeo del cielo,

seguramente Dios no estuvo atento,

quizás se distrajo con África,

con el sur del mundo

o con el norte de nuestro olvido.

Tal vez con el hambre,

con el abuso,

el desprecio,

la indiferencia,

la desigualdad

o el hombre.

Entonces caíste, Mamá,

heriste tu presente,

rasgaste el nuestro,

desdibujaste el futuro,

inmortalizaste el pasado,

cambiaste los tiempos,

borraste los pasos aún no dados,

cegaste las miradas cómplices,

apagaste el fuego de mis ojos…

Dios no estuvo atento

y mis guías tampoco,

no pudieron prevenir tu tropiezo,

no pudieron evitar tu caída

y ahora no pueden calmar tu dolor.

Soy culpable de fallarte, Mamá,

no me excuses más.

Tus ojos aún son perfectos,

ellos todo me enseñaron,