5,99 €
Con una sensibilidad realmente profunda, el autor ofrece un poemario en el que se mixturan a partes iguales dos grandes pares de experiencias: primero, la ternura admirada y el agradecimiento; luego, el inmenso dolor y la búsqueda del porqué. El estilo narrativo de los poemas, junto con el empleo de un lenguaje cotidiano que no retrasa ni desfasa la comprensión por parte del lector, nos permite disfrutar de una de las grandes virtudes de la obra: seguir una historia, acompañar un proceso que conocemos en sus diferentes etapas. Así, sufrimos a la par del yo lírico, en tanto aprendemos a admirar lo que él admira y a añorar lo que pierde. Celebro la opción de transformar en arte una experiencia de ruptura y crisis tan honda. En este contexto, las palabras de cada poema generan una herida y al mismo tiempo comienzan a suturarla, contribuyendo a la sanación, pero nunca al olvido. Constanza Tanner
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 50
Veröffentlichungsjahr: 2020
Producción Editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación Editorial: Gastón Barrionuevo
Corrección Literaria:
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.
Diseño de Interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Leonardi Cabrera, Gustavo Esteban
Mamá : tres noches, un infinito / Gustavo Esteban Leonardi Cabrera. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2019.
132 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-522-8
1. Poesía Argentina Contemporánea. 2. Experiencia Personal. I. Título.
CDD A861
Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,
total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor. Está tam-
bién totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet
o por cualquier otra red.
La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad
de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina — Printed in Argentina
© 2020. Leonardi Cabrera, Gustavo Esteban
© 2020. Tinta Libre Ediciones
A quien lee…
a mi familia…
MAMÁ
tres noches, un infinito...
Después de tanto conversar y compartir nuestra pasión por las letras,dejó mi Madre, oculto entre los archivos de mis escritos,otro pedacito de su alma, una última huella de ese bello libroque siempre fue, una poesía más para no olvidarla.
Este es su hermoso:
Árbol añoso
Raíz primaria
de bulbo sembrador,
tallo pequeño,
luego tronco poderoso
con ramas enhiestas.
La savia fluyó,
pujante y feroz,
y hoy tengo mi fronda,
mis ramas al sol.
Mi madre es la tierra,
apoyo y sostén,
desde donde he visto
mis cardinales crecer.
El alba ha teñido
de brillo mi oriente,
le ha dado las alas
de su etéreo andar.
Y hoy danza en los cielos
cuidando de aquellos
que remontan lo universal.
Miren el centro
de mi eje existencial,
es el mediodía de mi soñar.
Alimenta recuerdos,
revive mi ser,
es el cenit de mi entender.
¿Olvidan occidente?
¡No!
Es mi ocaso,
que brinda su eterno naciente
para los de atrás,
abriendo el camino
de mi eternidad.
Mis ramas se mecen,
se abrazan,
beben de la lluvia
y siempre se acunan
ante el huracán,
quitándole al rayo
su potencial.
Quien quiera que tale
mi corteza arrugada por los años,
que venga
y saque la lánguida
savia de ella inmortal.
¡No importa!,
mientras solo queden tres hojas muy verdes
rodeando mi sur,
sabré que este árbol
feliz en el tiempo
ha muerto sonriendo,
contento…
y de pie.
Noemí Julia Cabrera
Primera noche:
VIAJE
Un mueble
Tenue es la luz
que me alcanza por la espalda,
apenas un foco de 60 watts
que encarcelaal filamento,
prisionero también
de la campana que lo cubre,
empotrado todo sobre ese muro
al que tanto despreció.
No por la coherencia de su función,
no por su perfecta simetría
ni tampoco por la muda
aceptación de su objetivo,
sino porque a sus pies
se encuentra mi encierro.
Las demás las tengo frente a mí,
ellas sellan mi suerte
sin dejar escapar mis sueños
y sin tampoco poseerlos.
Soy parte de la habitación…
y no soy nada,
soy mucho menos que un mueble.
Ellos te sirven, Mamá,
yo ya no puedo hacer nada.
Nada
Nada más que callar…
y mirarte,
nada más que llorar…
y extrañarte,
nada más que esperar…
y perderte.
Si lograra despertar de este sueño
lo haría ya,
no para convertirme en otro hombre,
no para cambiar nuestro penar,
no para borrar tu dolor,
sino para volver a serte útil, Mamá,
otra vez un mueble,
una cama,
una silla,
una sábana que te cubra y proteja,
una almohada que susurre en tus sueños,
un botón que te acaricie el pecho.
Muero por la pequeñez de mis capacidades,
por lo absoluto de mi inoperancia,
por la impotencia de mis huesos,
por no poder ayudarte,
¡SALVARTE!,
por perderte
y no poder hacer nada, Mamá,
nada más que esperar…
Esperar
Eterno es un instante
observándote, Mamá,
conociéndote,
escrutándote,
perdiéndote…
Te tengo a mi lado
y sé que ya estás lejos,
mi nariz acaricia tu mejilla
y no te siente,
mis manos se cierran
y piden disculpas,
solo puedo anudarlas para rezar.
El cielo tiene las respuestas,
mientras que la tierra…
la tierra tiene la espera,
y yo,
solo el dolor de esperar
y esta tristeza.
Voy a perderte, Mamá,
ya lo sé,
pero la derrota
por no poder evitarlo
es aun mayor que el sufrimiento
de perecer a tu lado.
Tristezas para este soldado, Mamá,
tristezas por haberte fallado…
Tristezas
Un coro de violines,
chelos y contrabajos
está sonando, Mamá,
mis oídos lo oyen
y mis ojos lo sienten,
mi piel se granula,
mis vellos se erizan,
mis labios tiemblan
y mis manos los calman.
También se escucha un piano,
el repiqueteo de un palillo de tambor,
el ritmo constante de una melodía tenue,
“Fields of gold”, de Sting,
las tristezas de una noche sin vos.
¡Pero aún estás!,
camino unos pasos y te encuentro,
dormís...,
siempre que te busco, dormís…
¡Yo te observo!,
siempre que te necesito, te observo…
Respirás entrecortado,
a veces te ahogás,
a veces hablás,
¡te reís!,
quiero creer que en sueños sos feliz,
debo creer que lo sos…
Otra vez llega el coro de cuerdas angelicales,
el piano
y el tambor;
el contrabajo les marca el ritmo
poniéndole gravedad al tema.
Tu ceño se frunce,
parece escucharlo,
el mío se quiebra.
Ya estoy llorando, Mamá,
mientras mis párpados se cierran,
te abrazo en sueños…
mis ojos me llevan.
Mis ojos
Tu caída fue un parpadeo del cielo,
seguramente Dios no estuvo atento,
quizás se distrajo con África,
con el sur del mundo
o con el norte de nuestro olvido.
Tal vez con el hambre,
con el abuso,
el desprecio,
la indiferencia,
la desigualdad
o el hombre.
Entonces caíste, Mamá,
heriste tu presente,
rasgaste el nuestro,
desdibujaste el futuro,
inmortalizaste el pasado,
cambiaste los tiempos,
borraste los pasos aún no dados,
cegaste las miradas cómplices,
apagaste el fuego de mis ojos…
Dios no estuvo atento
y mis guías tampoco,
no pudieron prevenir tu tropiezo,
no pudieron evitar tu caída
y ahora no pueden calmar tu dolor.
Soy culpable de fallarte, Mamá,
no me excuses más.
Tus ojos aún son perfectos,
ellos todo me enseñaron,
