Mamá, me duele el corazón - Silvina Santamaría Acuña - E-Book

Mamá, me duele el corazón E-Book

Silvina Santamaría Acuña

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Beschreibung

Julia vive con el miedo de no encontrarse a ella misma ahora que Pedro no está. Cuánto tiempo le costó entender que el joven no merecía tenerla a su lado y cuánto tiempo más tardó en aceptar que ella tampoco lo merecía a él. Sus mundos alejados intentaban convivir en un mismo universo imposible de entender en conjunto. En lo más profundo de su ser, Julia siempre supo que era momento de partir. La necesidad de alejarse la sentía en su cuerpo, en sus deseos y, sobre todo, en su sonrisa. La libertad se convirtió en prisión cuando los abrazos comenzaron a escasear y las lágrimas se empezaron chocar con sus labios, dejando un infinito rastro de sal. Los besos dejaron de ser un comienzo y se transformaron en despedidas inevitables. En el fondo uno siempre sabe cuando debe irse pero no se va, por miedo, por inseguridad, por la inmensa caída. De un "te necesito" a un "te quiero" hay una ruptura de distancia. En Mamá, me duele el corazón, la protagonista se enfrenta a un viaje de autodescubrimiento y aprendizaje. Esta historia invita al lector a reflexionar sobre la importancia de reconocer cuándo es momento de soltar, a pesar de los obstáculos que puedan surgir en el camino. Con una relato profundo y emotivo, la novela captura la esencia de los pensamientos y los sentimientos más profundos de Julia. Su travesía emocional nos sumerge en una montaña rusa de emociones, donde los lectores se sentirán identificados con sus propias luchas internas. Mamá, me duele el corazón es una obra que nos invita a explorar el poder transformador del amor propio y la valentía de seguir adelante en busca de nuestra propia felicidad.

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Seitenzahl: 162

Veröffentlichungsjahr: 2023

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Silvina Santamaría Acuña

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1181-388-4

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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Para Julia y Pedro

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Julia se despidió de su primer amor en el frío invierno del año dos mil veintidós. Este libro es una pequeña lluvia de relatos que ella escribió para desahogar sentimientos de un amor pasado. Puede que compartas cada uno de sus pensamientos o algunos pocos. Puede que llores con ella al recordar a quién se fue, o que te sientas feliz por haberlo dejado ir. Tal vez sientas ganas de abrazarla o te dé tanto miedo que quieras cerrar el libro después de cada capítulo. Lo más importante es que si estás viviendo lo mismo que Julia, sepas que esto es un abrazo, un comienzo y un todo va a estar bien.

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—No puedo continuar —dijo el muchacho mientras algunas lágrimas se asomaban en sus ojos y al rodar por la mejilla chocaban con sus labios algo agrietados por el comienzo del invierno.

—Podemos conversarlo e intentar otra vez —exclamó ella tomándolo de la mano.

—Ya no soy feliz, Julia —murmuró Pedro mientras el atardecer inundaba la ciudad y una pizca de frío se colaba por la ventana mal cerrada. Ese fue el último rayo de sol que Julia vio reflejado en los ojos de Pedro y la última vez que brillaron los de ella.

Amor sabor café

En un sueño profundo imaginé quererlo de la misma forma que ya lo hacía despierta. Se sintió lejano, como si por un momento todos mis recuerdos con él fueran parte de esa frustración de no poder recordar lo soñado. El vacío se apoderó de mí, sentí que lo había perdido para siempre. El sol,colándose por la ventana rota, cegaba mis ojos generándome cierta confusión bajo la sábana manchada de café. Al instante recordé que esa mancha no era producto de un propio descuido, sino de una guerra de cosquillas de la mañana anterior. Los rayos luminosos desaparecieron y la habitación quedó a oscuras otra vez.

—Buenos días —pronunció y confirmé que había sido él quien muy inteligentemente había corrido la cortina.

—Creí que te habías ido con mis sueños. —Me tranquilicé y sonreí.

—¿Otra vez volando?—Sonrió. Así era como él llamaba a las cosas poco creíbles que acontecían en mi día a día. Se acostó a mi lado y me abrazó por la cintura—.Feliz treinta, mi amor —me dijo al oído y estremeció cada parte de mí. Hoy hacía tres años que habíamos elegido hacernos compañía en la vida del otro y animándome a mirar hacia el pasado, si se tratara de una decisión, sería la mejor tomada hasta el momento. Le respondí con un beso y miré sus ojos marrones, ese color que a él no le gustaba tanto como a mí.¿Por qué no le gustará? Si se parece al caféde cada mañana, a las montañas que más alto me hacen llegar y a los bombones que muy ansiosa espero cada cumpleaños.¿Será porque no los ve como los veo yo? ¿Será justo que no vea lo que yo veo?

—Feliz aniversario, Pedro —pronuncié su nombre y él frunció el ceño mientras me reía, nunca lo llamaba por su nombre, siempre usaba alguno de esos apodos que al principio juramos no usar por la sobrecarga de dulzura que conllevaba cada uno.

Nuestro comienzo fue bastante particular. Ambos nos elegimos a través de una de las tantas aplicaciones para buscar pareja, de esas en las que te dejan subir apenas algunas fotos y una descripción de no más de cuatro renglones. Sin darme demasiado mérito tengo que admitir que fui la primera en hablar, y luego de tres años y ya conociéndolo bastante, puedo asegurar que mi instinto me jugó una buena pasada, porque sin duda alguna hablar no es su mayor virtud. Y ahora, poniéndolo en claro tendría que haberme dado cuenta, pues su perfil no tenía descripción, que ilusa.

Conocí a Pedro en una plaza cerca de mi casa. Por alguna extraña razón antes de encontrarlo me dijo«Nos vemos en la plaza de perros», y realmente creía conocer mi barrio hasta ese momento. No había ningún registro de esa plaza en mi cabeza y al parecer en Google tampoco. Más tarde entendí que él le daba el sentido a esas cosas y a un montón más.

Lo saludé con un beso en la mejilla el 9de agosto del año 2017, cerca de las cuatro de la tarde. Más tarde él se iba a referir a ese día como «El momento en el que dejamos de ser fugaces y todo tuvo un nuevo sentido», y por más que Pedro siempre intente tener la razón en todas las situaciones que se presentan en su vida, podría admitir que en esa en particular sí la tuvo.

Nos besamos por primera vez en un museo, pretendiendo ambos mostrar interés por conocer a la momia que se encontraba en una de las habitaciones del lugar. Afuera llovía y adentro las ganas de acercarme a su boca. Recorrimos el museo entero, evitándonos, cambiando de tema una y otra vez.¿Por qué tanta demora si los dos queríamos lo mismo? Muy inocentemente creíamos que ver a la momia era nuestro objetivo, el cual aplazamos lo suficiente, ignorando las indicaciones de su localización para hacer de cuenta que era imposible encontrarla y así recorrer el museo otra vez. Mi días con él siguen siendo así, nos encanta ignorar que tenemos que irnos, que a veces los minutos no alcanzan y hasta sospechando que tampoco alcanzará una vida para que se sienta suficiente. De ese día lo que menos recuerdo es la momia, y lo que más su boca sobre la mía.¿Cuándo admitiremos cuál era nuestro verdadero objetivo?

Me dijo que me quería antes de subirme a un avión con destino a Brasil, y aunque estuve nada más que una semana lejos de él,solo podía pensar en mis ganas de volver y decirle que yo también lo quería. Unos meses más tarde le dije que lo amaba sin saber cómo se lo iba a tomar. Lo increíble es que si bien en ese momento literalmente no tenía ropa, así es como yo me siento con él, libre y sin nada que ocultar.

—¿Preparo el desayuno?—me preguntó.

—Mi turno—exclamélevantándome enseguida.

Lo miré mientras me sumergía en uno de sus tantos buzos, ya perdiendo la cuenta de cuales realmente eran de él y cuales me había robado del armario unos meses atrás, yo amaba los buzos de talla grande y él sin duda se aprovechaba de la situación. Envuelto en la sabana manchada lo veía sonreír, no tan segura de si era debido a verme caminar sin pantalones o si solamente estaba contento porque podía recostarse unos minutos más. Su cabello algo largo y ondeado estaba disperso por la almohada recordándome cuánto me gustaba y cuánto me gustaba él por la mañana.

—Dos huevos —pronunciécalzándome.

—Y dos tostadas —me interrumpió—. Y el café—agregó. Pedro amaba el café y además de amarlo realmente no podía vivir sin él.

Después de un rato en la cocina me senté con Pedro en la cama a disfrutar el desayuno.

—¿Qué soñaste?—me preguntó interesado mientras le daba un mordisco a la tostada. Las migas cayendo en la cama me generaban incomodidad y lo notó ya que pasó su mano rápidamente tratando de tirarlas al suelo.

—Te soñé, como si no fueras real —le contesté.

—¿Cómo?—Otro mordisco y otras migas en la cama—. Está para lavar —pronunció refiriéndose a la sábana.

—Sí, como si hubiese soñado tres años. —Le di un sorbo al café.

—¿No te parece imposible soñar todo lo vivido?

—Depende —le contesté no muy segura.

—¿Sí?—preguntó incrédulo.

—¿Que tan rápido se te pasaron estos tres años?

—En un abrir y cerrar de ojos. —Sonrió.

—Similar a cuando soñamos,¿no? —Asintió dudoso.

Apoyé mi boca en sus labios con sabor a café. Otra vez pensé en el color de sus ojos ¿Cómo es posible que no le guste? Entonces en ese momento pensé que si mi vida con Pedro fuese un sueño,preferiría vivir dormida para así poder decirle que el tiempo por fin es infinito, me reiría conél mientras ambos pensamos que tampoco sería suficiente. Si pudiera solo encontrarlo en ese sueño lo buscaría para encontrarlo y otra vez desnuda decirle que lo amo y que no me importan las migas en la cama, ni la mancha de café en la sábana, y que el color de sus ojos es bonito. Volvería otra vez al nueve de agosto y le besaría la mejilla sabiendo que, dentro de un tiempo, esa sería una de las tantas partes de su cuerpo que tendría uno de mis besos. Volvería a nuestro primer encuentro, a sus ojos, a su risa y a su voz.

Dicen por ahí que siempre se vuelve al primer amor, pero yo de él no me quiero ir, así que, por el momento, me consuelo sabiendo que los sueños se acaban y que tengo la suerte de quererlo y de que me quiera mientras estamos bien despiertos.

En el abismo de perdernos

No es fácil mirar a Pedro a los ojos y pensar que algún día podría hacerlo por última vez. Dejé de creer en la eternidad, en las promesas y en el «juntos para siempre» desde el momento que lo conocí. No entiendo de tiempo ni de reloj con él, tampoco de «hasta mañana» ni de «nos vemos en un rato». Me niego a quedarme solo con recuerdos y a releer cartas de un amor pasado. No quiero fotos que sirvan para no olvidar ni dibujos dentro de una caja de cartón en un rincón del armario. No quiero despedidas y tampoco lágrimas, no quiero perderlo a él ni soltar todo lo que lo comprende. No quiero el nudo en la garganta cuando pase por lugares donde lo sentí parte de mí. No quiero verlo en fotos y no saber de él. No quiero dar explicaciones de por qué ya no está y tampoco quiero contarle a la almohada cuánto lo extraño.

Lo que sí sé es que si algún día esto ocurre, no quiero haberme quedado con las ganas de vivirlo todo. Quiero reírme conél hasta caer agotada en la cama. Quiero escucharlo hablar de temas que no entiendo hasta que ya no lo pueda seguir en sus reflexiones. Quiero seguir conociéndolo aunque parezca imposible hacerlo más. Quiero escucharlo hasta que se quede sin palabras y estar ahí cuando necesite hablar con alguien. Quiero que la almohada nos escuche a los dos y que si nos quedamos en silencio mirando el techo sea porque no sabemos qué pedir de comer. Quiero ver sus audios mientras pasea a su perro, aunque no los pueda escuchar porque esté trabajando. Quiero compartirle lo que sé y que él haga lo mismo conmigo. Quiero perderme en lugares mientras vamos de la mano y hacer chistes de la luna mientras solo somos dos en un mundo de millones. Quiero mirarlo y decirle que lo quiero aunque ambos sepamos que realmente es un te amo. Quiero darme la vuelta y que estéahí, mirando un perro, un cartel, una flor o las casas en construcción que siempre llaman su atención.

No existe la eternidad. No me la puede ofrecer, ni yo a él. No puedo negar nada de lo que dije antes y tampoco lo puedo prometer. No creo en el juntos para siempre ni en hasta que la muerte los separe, porque no conocemos lo que es siempre y tampoco conocemos la muerte.

Con Pedro me di cuenta de que de amor no entiendo, porque sigue pareciéndome inexplicable las sensaciones que puedo sentir con solo mirarlo. Tengo mucho que aprender todavía, pero él me hizo creer en los que muchos temen. Es mi primer amor, mi primer todo y eso ya implica una marca en mí.

«Te voy a contar mi secreto, pero no quiero que lo leas, quiero que lo escuches de mí, porque no quiero un recuerdo en un papel, quiero un recuerdo en vos, porque esos no se rompen ni se arrugan solo quedan guardados hasta que necesites escucharlo otra vez».

Le dije que era el amor de mi vida.

¿Alguna vez habrásentido realmente que yo era el amor de su vida?

.

.

No me sueltes

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Me duele que ya no sea mutuo el asombro de mirarnos

2023

Este año dejo atrás todo lo que fui, todo lo que lloré, lo que sufrí, lo que amé, lo que rompí y lo que lastimé. Dejo atrás cada parte rota de mí, cada lágrima de tristeza y cada lágrima de insuficiencia. Dejo atrás el dolor, los días sin dormir, las noches creyendo que nada se iba a solucionar. Dejo atrás el mal humor, mis pocas palabras, mis miedos e inseguridades. Dejo atrás las pocas ganas de seguir, las pocas ganas de avanzar en lo que me hace feliz y las ganas de dejar todo a un lado. El dos mil veintitrés lo recibo diferente, más entera y menos rota. Lo recibo más madura, más grande y más feliz que un año atrás. Lo recibo siendo consciente de todo lo que logré y crecí, de todo lo que aprendí en este camino que sin duda no me gustaría repetir. Me llevo del dos mil veintidós las enseñanzas, las hermosas personas que me rodearon, que me apoyaron y ayudaron, me llevo a aquellos que me sacaron sonrisas en los peores momentos y también me llevo a esa persona que hoy ya no está, pero siempre estará en mí, porque gracias a él soy lo que soy hoy rota y entera. Me llevo los buenos recuerdos, el dolor de panza de tanto reír, las noches hablando de todo y de nada, los viajes que me llenaron el alma, me llevo a mi familia, a mis amigos y a mis compañeros de trabajo, me llevo a mis mascotas y a mi casa. Dejo lo negativo en el pasado, la tristeza y el dolor. Abrazo la luz, el equilibrio, el amor propio, el aprendizaje, el amor, el cuidado, la salud, la familia, los amigos, la estabilidad, la decisión, el crecimiento, la madurez, la autonomía, la independencia, la paciencia y la empatía. Este nuevo año voy a cumplir mi mayor sueño, lograré la felicidad en todos sus estados, volveré a amar, sentiré, perderé los miedos, viajaré, estudiaré, trabajaré, me amaré a mí misma, escucharé mis pensamientos y les haré caso, me permitiré llorar cuando sea necesario y reír cuando no pueda aguantar más. Me abrazaré de mi familia y seré feliz, como lo soy hoy, pero más aún.

-Julia

¿Quién me arma si me desarmo?

No hay lugar donde me desarme y me arme más que en sus brazos. No hay nada que no logre curar cuando me abraza. Cuando estamos en nuestro mundo, tan cerca, pero tan lejos de todo, cuando me mira y todo se apaga alrededor, ahí es cuando soy más yo. Porque no hay lugar más lindo y más seguro que él.

Me dijo en varias oportunidades que la magia no existe, pero yo la siento cada vez que lo miro. Es verdad que ya no me pongo nerviosa cuando lo voy a ver, que ya no siento mariposas en la panza todo el tiempo y que a veces me da pereza moverme para ir a visitarlo, pero todo está intacto como la primera vez. Sigo buscando significado a las sensaciones cuando estoy con Pedro, sigo preguntándome quéve en mí, por qué siento lo que siento, por qué yo tengo la suerte de estar con él, y no hay respuesta, porque no la tengo, porque para mí es solo magia.

Es magia mirarlo mientras ríe, mientras bailamos en el living de casa, mientras cocinamos, cuando su perro lo arrastra en los paseos. Es magia cuando habla, cuando me cuenta cómo le fue en el día, cuando canta en la ducha, cuando se enoja mientras maneja. Es magia cuando me mira y se queda en mis ojos un ratito hasta decirme que me ama.

Somos magia cuando hablamos, yo arriba de él o hundida en su cuello. Cuando caminamos todo el día en Buenos Aires hasta terminar con las piernas para arriba en la cama para mejorar la circulación. Somos magia cuando estamos debajo de la sábana y ahí nadie nos ve, nadie siente, nadie está porque solo somos dos. Amarlo es lo mejor que he hecho en todo este tiempo, porque no hay nada que me haga más feliz que hacernos bien, y que todo sea mutuo. Si pudiera volver exactamente dos años atrás no cambiaría absolutamente nada, me quedaría callada dejándolo hablar, no lo miraría ni le daría un beso en la esquina de casa. No cambiaría mi mensaje después de nuestra primera cita, solamente me pararía atrás de un árbol a mirarnos, a ver cómo todo me iba y me estaba empezando a cambiar completamente y yo no tenía idea. Ese momento es magia y Pedro me la causa a mí, en cómo me mejora como persona día a día, en cómo me da ganas de superarme. Juntos somos magia y si pudiera pedir algo sería que nunca se apague, que nunca nos apaguemos, que se quede y que siga siendo mi lugar y yo el de él. Hoy hace dos años que lo conocí, y si pudiera pararme atrás del árbol solo pensaría que no hubo ni habrá mejor decisión que esa. Sacaría una foto para agregar a la pared, de dos tontos sentados en un banco hablando de aviones, sin mirarse, sin tocarse, sin sentirse. Sacaría una foto para que hoy viera que la magia sí existe.

¿Realmente existe la magia ahora que no estás?

.

.

Me duelen todas

esas partes que

solo existían contigo.

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Te veía en el mar, de lejos, de cerca, dormido o despierto. Te veía con o sin ropa mirando la ciudad por la ventana, te veía en silencio, riendo sin poder parar o llorando con el rostro entre las manos. Te veía en abrazos y desencuentros, en besos y versos, en amaneceres y en las noches más oscuras donde nuestros cuerpos se veían sin verse, y en cada uno de esos momentos pensaba en cuánto te amaba, me pregunto si al mismo tiempo te cuestionabas si lo hacías también, y entonces pensé qué injusto es el amor, que cuando a uno le explota el corazón por solo ver a una persona nadie le avisa que toda explosión casi siempre lleva heridos.

Viaje con destino incierto

23 de febrero del 2020