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Una reina que gobernó con justicia los Países Bajos, Hungría y Bohemia y que renunció a su infancia para convertirse en la gran reina que fue, en la hermana predilecta de Carlos V. María de Habsburgo ha abandonado la regencia de los Países Bajos después de más de 25 años de un gobierno sabio y justo, acompaña a su hermano Carlos V en España, pero tras la muerte del emperador y de su hermana ordena, abatida, su correspondencia para enviársela a su hermana Catalina. En esas cartas, las que componen María de Habsburgo, reina de Hungría y Bohemia, la reina repasa cómo nunca conoció a sus padres, que estaban en España, cómo estaba comprometida con el rey de Hungría cuando éste aún no había nacido, cómo se fue sola, a Austria, con 12 años a prepararse para ser reina y cómo perdió el reino frente a los otomanos y tuvo que sustituir a su tía Margarita de Austria en la regencia de los Países Bajos. Yolanda Scheuber recrea a la perfección en esta biografía novelada la figura de esta reina. Transmite el amor que sintió por Luis II de Hungría y Bohemia desde el momento en que le vio y el dolor que supuso la negativa de apoyo de su hermano en la guerra con los otomanos y la muerte de su amado en la batalla de Mohács, la soledad que sufrió en Austria mientras se instruía para reinar y la astucia, la sabiduría y la diplomacia con la que gobernó Hungría y Bohemia y con la que regentó los Países Bajos. Razones para comprar la obra: - La novela supone la única obra monográfica sobre la hermana del emperador Carlos V y la hija de la reina Juana I de Castilla. - La importancia de la reina de Hungría y de Bohemia y de la que fue regente de los Países Bajos durante más de 25 años es incuestionable. - El estilo de Yolanda Scheuber es inconfundible y combina sabiamente los datos históricos y el detalle con una historia altamente poética. - La novela se completa con un árbol genealógico de los Habsburgo y una cronología de la época.
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Seitenzahl: 1684
Veröffentlichungsjahr: 2011
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Colección:Novela Histórica
www.nowtilus.com
Título:María de Habsburgo
Autor:© Yolanda Scheuber
Copyright de la presente edición © 2011 Ediciones Nowtilus S. L.
Doña Juana I de Castilla 44, 3oC, 28027 Madrid
www.nowtilus.com
Diseño y realización de cubiertas:Carlos Peydró
Imagen de cubierta:COPYRIGHT © Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
ISBN 13:978-84-9763-988-0
Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece pena de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.
Olvidadas por la historia, Leonor, Isabel, María y Catalina de Habsburgo, hijas de Juana I de Castilla, la Loca, y de Felipe I de Austria, el Hermoso, y hermanas de los emperadores Carlos V y Fernando I, cumplieron con fidelidad los mandatos reales, pero los humildes destellos de sus vidas se fueron desvaneciendo, opacados por el resplandor inconmensurable de un imperio donde nunca se ponía el sol.
A las princesas de Austria, luego reinas todas ellas: Leonor, Isabel, María y Catalina de Habsburgo, quienes han dejado su huella en esta historia.
Por ellas y para ellas va dirigida esta novela.
A mi madre, quien me abrió por primera vez a mis cinco años de edad las puertas de la historia de Juana I de Castilla y de sus hijas.
A mi padre, por su maravilloso ejemplo de vida.
A mi esposo, por su inigualable e incondicional apoyo, colaboración y paciencia, por ayudarme a que la memoria de estas reinas permanezca viva.
A mis hijos, para que puedan conocer a través de esta historia la valentía con que se enfrentaron a la vida las cuatro hijas de la reina.
A mi hermana Victoria, a la que me unen no sólo los lazos de sangre y afectos, sino nuestra pasión por la literatura, quien desde los Alpes suizos —patria de los Habsburgo— me brindó su claridad literaria y su luz conceptual en la corrección del manuscrito.
A la gloria de San Francisco de Asís, día en que terminé la escritura de este libro.
A las princesas de Austria, luego reinas todas ellas: Leonor, Isabel, María y Catalina de Habsburgo, quienes han dejado su huella en esta historia.
Por ellas y para ellas va dirigida esta novela.
A mi madre, quien me abrió por primera vez a mis cinco años de edad las puertas de la historia de Juana I de Castilla y de sus hijas.
A mi padre, por su maravilloso ejemplo de vida.
A mi esposo, por su inigualable e incondicional apoyo, colaboración y paciencia, por ayudarme a que la memoria de estas reinas permanezca viva.
A mis hijos, para que puedan conocer a través de esta historia la valentía con que se enfrentaron a la vida las cuatro hijas de la reina.
A mi hermana Victoria, a la que me unen no sólo los lazos de sangre y afectos, sino nuestra pasión por la literatura, quien desde los Alpes suizos —patria de los Habsburgo— me brindó su claridad literaria y su luz conceptual en la corrección del manuscrito.
A la gloria de San Francisco de Asís, día en que terminé la escritura de este libro.
A mi amiga Carmen Vaquero Serrano, que desde Toledo me aportó su inestimable y entusiasta ayuda en la recolección de los datos de Leonor de Habsburgo y con su incansable afán y sabiduría me fue guiando por los laberintos del maravilloso sigloXVI.
A mi amigo Diego Varas, por su valiosa y desinteresada colaboración en el soporte técnico.
Al señor José Manuel Díez Fuentes, responsable técnico del área de Historia de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes —taller digital—, por su ayuda en la búsqueda de datos sobre los primeros años de vida de las princesas de Habsburgo.
Al señor Hjordis Kalso Hansen de la Fundación Reina Isabel de Dinamarca y a la Embajada de Dinamarca en Madrid, por toda la colaboración brindada sobre la aportación de datos sobre Isabel de Habsburgo.
A la señora Lisbeth Hallas-Borum, encargada del Departamento de Cultura e Información de la Embajada de Dinamarca en Madrid, por su gentil colaboración en la orientación de mi investigación.
Al señor Morten Dahl Nielsen del Departamento de Cultura e Información de la Embajada de Dinamarca en Madrid por su colaboración en la búsqueda de datos sobre Isabel de Habsburgo.
Al señor José María Burrieza Mateos, jefe del Departamento de Referencias Archivo General de Simancas, España, por su asesoramiento.
Al área de Historia de la Biblioteca Virtual Cervantes de la Universidad de Alicante, España, por su colaboración.
A los señores Paul Emmanuel Biron y Eric Vancraeynest del Servicio de Comunicaciones del Vicariato de Bruselas, por su gentil cooperación en la recolección de datos sobre el bautismo de María de Habsburgo.
A mi amiga Carmen Vaquero Serrano, que desde Toledo me aportó su inestimable y entusiasta ayuda en la recolección de los datos de Leonor de Habsburgo y con su incansable afán y sabiduría me fue guiando por los laberintos del maravilloso sigloXVI.
A mi amigo Diego Varas, por su valiosa y desinteresada colaboración en el soporte técnico.
Al señor José Manuel Díez Fuentes, responsable técnico del área de Historia de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes —taller digital—, por su ayuda en la búsqueda de datos sobre los primeros años de vida de las princesas de Habsburgo.
Al señor Hjordis Kalso Hansen de la Fundación Reina Isabel de Dinamarca y a la Embajada de Dinamarca en Madrid, por toda la colaboración brindada sobre la aportación de datos sobre Isabel de Habsburgo.
A la señora Lisbeth Hallas-Borum, encargada del Departamento de Cultura e Información de la Embajada de Dinamarca en Madrid, por su gentil colaboración en la orientación de mi investigación.
Al señor Morten Dahl Nielsen del Departamento de Cultura e Información de la Embajada de Dinamarca en Madrid por su colaboración en la búsqueda de datos sobre Isabel de Habsburgo.
Al señor José María Burrieza Mateos, jefe del Departamento de Referencias Archivo General de Simancas, España, por su asesoramiento.
Al área de Historia de la Biblioteca Virtual Cervantes de la Universidad de Alicante, España, por su colaboración.
A los señores Paul Emmanuel Biron y Eric Vancraeynest del Servicio de Comunicaciones del Vicariato de Bruselas, por su gentil cooperación en la recolección de datos sobre el bautismo de María de Habsburgo.
Portadilla
Créditos
Cita
Dedicatorias
Agradecimientos
Personajes
Prólogo
Capítulo I. El sol vuelve a ocultarse
Capítulo II. Añoranzas
Capítulo III. En soledad
Capítulo IV. El encuentro
Capítulo V. Desde Austria
Capítulo VI. Carlos V emperador
Capítulo VII. Los sinsabores del poder
Capítulo VIII. Mis esponsales
Capítulo IX. Reina de Hungría y Bohemia
Capítulo X. Entre zozobras
Capítulo XI. El desenlace
Capítulo XII. Refugiada en Presburgo
Capítulo XIII. La partida
Capítulo XIV. Regente de los Países Bajos
Capítulo XV. En Bruselas
Capítulo XVI. Una nueva guerra contra Francia
Capítulo XVII. La muerte llega otra vez
Capítulo XVIII. Leonor regresa a Malinas
Nota de la autora
Epílogo
Nota histórica
Cronología
Árboles genealógicos
Contracubierta
Portadilla
Créditos
Cita
Dedicatorias
Agradecimientos
Personajes
Prólogo
Capítulo I. El sol vuelve a ocultarse
Capítulo II. Añoranzas
Capítulo III. En soledad
Capítulo IV. El encuentro
Capítulo V. Desde Austria
Capítulo VI. Carlos V emperador
Capítulo VII. Los sinsabores del poder
Capítulo VIII. Mis esponsales
Capítulo IX. Reina de Hungría y Bohemia
Capítulo X. Entre zozobras
Capítulo XI. El desenlace
Capítulo XII. Refugiada en Presburgo
Capítulo XIII. La partida
Capítulo XIV. Regente de los Países Bajos
Capítulo XV. En Bruselas
Capítulo XVI. Una nueva guerra contra Francia
Capítulo XVII. La muerte llega otra vez
Capítulo XVIII. Leonor regresa a Malinas
Nota de la autora
Epílogo
Nota histórica
Cronología
Árboles genealógicos
Contracubierta
Los personajes que se mencionan al inicio de cada libro de la sagaLas hijas de la reinason aquellos que intervienen en los cuatro libros correspondientes a la misma:Leonor de Habsburgo,Isabel de Habsburgo,María de HabsburgoyCatalina de Habsburgo. Y en cada uno de los libros se incorporan los que corresponden a los acontecimientos que se relatan en esa novela en particular.
Isabel de Castilla y Fernando de Aragón:los Reyes Católicos de España, padres de Juana I de Castilla y abuelos maternos de los príncipes de Austria: Leonor, Isabel, María, Catalina, Carlos y Fernando de Habsburgo.
Juana I de Castilla:infanta de España. Hija de los Reyes Católicos, esposa de Felipe de Habsburgo (el Hermoso), madre de los príncipes Leonor, Isabel, María, Catalina, Carlos y Fernando. Archiduquesa de Austria de 1496 a 1555, reina de Castilla con el nombre de Juana I desde 1504 hasta 1555 y reina de Aragón de 1516 a 1555.
Juan de Trastámara:hijo primogénito de los Reyes Católicos, príncipe de Asturias, hermano de Juana I de Castilla y esposo de Margarita de Austria.
Isabel y María de Trastámara:hijas de los Reyes Católicos, hermanas de Juana I de Castilla y esposas de Manuel I de Portugal.
Catalina de Aragón:hija de los Reyes Católicos, hermana de Juana I de Castilla y esposa de Enrique VIII.
Maximiliano I de Habsburgo:emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, esposo de la duquesa María de Borgoña y padre de Felipe y Margarita de Habsburgo. Abuelo paterno de los príncipes de Austria: Leonor, Isabel, María, Catalina, Carlos y Fernando de Habsburgo.
María de Borgoña:duquesa de Borgoña, esposa de Maximiliano I, madre de Felipe y Margarita de Habsburgo. Abuela paterna de los príncipes de Austria: Leonor, Isabel, María, Catalina, Carlos y Fernando de Habsburgo.
Felipe de Habsburgo:príncipe de Austria. Hijo del emperador Maximiliano I de Habsburgo y de María de Borgoña, hermano de Margarita de Austria, esposo de Juana I de Castilla, padre los príncipes: Leonor, Isabel, María, Catalina, Carlos y Fernando de Habsburgo. Archiduque de Austria, duque de Borgoña desde 1482 hasta 1506 y rey de Castilla desde 1504 hasta 1506.
Margarita de Austria:princesa de Austria. Hija de Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña, hermana de Felipe de Habsburgo, esposa de Juan de Trastámara, príncipe de Asturias, y más tarde duquesa de Saboya al desposarse en 1501 con Filiberto de Saboya. Gobernadora regente de los Países Bajos entre 1507 y 1515. Tía de Leonor, María, Isabel, Catalina, Carlos y Fernando de Habsburgo.
Leonor de Habsburgo:archiduquesa de Austria. Princesa de España. Nieta de los Reyes Católicos y del emperador Maximiliano I de Habsburgo. Hija de Juana de Trastámara y de Felipe de Habsburgo, hermana del emperador Carlos V de Alemania y I de España, de Fernando, Isabel, María y Catalina de Habsburgo, esposa de Manuel I de Portugal y reina de Portugal entre 1519 y 1521, esposa de Francisco I de Francia y reina de Francia entre 1530 y 1547, madre de María, princesa de Portugal.
Isabel de Habsburgo:archiduquesa de Austria. Princesa de España. Nieta de los Reyes Católicos y del emperador Maximiliano I de Habsburgo. Hija de Juana I de Castilla y de Felipe de Habsburgo, hermana de Leonor, María, Catalina, Carlos y Fernando de Habsburgo. Esposa de Christian II de Dinamarca, reina de Dinamarca de 1515 a 1523.
María de Habsburgo:archiduquesa de Austria. Princesa de España. Nieta de los Reyes Católicos y del emperador Maximiliano I de Habsburgo. Hija de Juana I de Castilla y de Felipe de Habsburgo, hermana de Leonor, Isabel, Catalina, Carlos y Fernando de Habsburgo. Esposa de Luis II de Bohemia y Hungría. Reina de Bohemia y Hungría entre 1523 y 1526.
Catalina de Habsburgo:archiduquesa de Austria. Princesa de España. Nieta de los Reyes Católicos y del emperador Maximiliano I de Habsburgo. Hija de Juana I de Castilla y de Felipe de Habsburgo, hermana de Leonor, Isabel, María, Carlos y Fernando de Habsburgo. Esposa de Juan III de Portugal y reina de Portugal entre 1525 y 1557.
Carlos de Habsburgo:emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y hermano de Fernando, Leonor, Isabel, María y Catalina.
Fernando de Habsburgo:rey de Hungría y de Bohemia y después emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, hermano de Carlos, Leonor, Isabel, María y Catalina.
Felipe II:rey de España, hijo de Carlos V y la emperatriz Isabel de Portugal.
María de Habsburgo:hija de Carlos V y la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Maximiliano II.
Juana de Habsburgo:hija de Carlos V y la emperatriz Isabel de Portugal, esposa del príncipe Juan Manuel y madre del rey Sebastián de Portugal.
Maximiliano de Habsburgo:hijo de Fernando I de Habsburgo y de Ana Jagellón. Esposo de María de Habsburgo, hija de Carlos V.
Manuel I de Portugal:llamado el Afortunado. Rey de Portugal y primer esposo de Leonor de Habsburgo entre 1518 y 1521. Anteriormente viudo de Isabel de Castilla y María de Aragón, hermanas de Juana I de Castilla.
Miguel de Portugal:hijo heredero de Manuel I de Portugal y de la infanta Isabel, hermana de Juana I de Castilla.
Infanta María de Portugal:hija de Leonor de Habsburgo y Manuel I de Portugal. Princesa de Portugal, señora de Viseu.
Isabel de Portugal:hija de Manuel I y María de Aragón.Emperatriz, esposa de Carlos V y hermana del rey Juan III.
Juan III:rey de Portugal, esposo de Catalina de Austria.
Juan Manuel:príncipe heredero de Portugal, hijo de Juan III y Catalina de Austria, esposo de Juana de Austria y padre del rey Sebastián de Portugal.
María Manuela:princesa de Asturias, esposa del príncipe Felipe (futuro Felipe II), madre del príncipe Don Carlos, hija de Juan III y Catalina de Austria, hermana del príncipe Juan Manuel.
Sebastián de Portugal:hijo póstumo del príncipe Juan Manuel y Juana de Austria. Rey de Portugal.
Beatriz de Portugal:hermana de la emperatriz Isabel de Portugal y del rey Juan III, hija de Manuel I y María de Aragón.
Alfonso, María Manuela, Isabel, Beatriz, Manuel, Felipe, Dionisio, Juan Manuel y Antonio de Avis:hijos del rey Juan III y Catalina de Habsburgo.
Carlos VIII y Luis XII:reyes de Francia.
Francisco I de Francia:rey de Francia. Se casó en primeras nupcias con la princesa Claudia, duquesa de Bretaña, hija de Luis XII, quien luego fue reina de Francia. Fue el segundo esposo de Leonor de Habsburgo entre 1530 y 1547.
Enrique II:rey de Francia, esposo de Catalina de Médicis.
Catalina de Médicis:reina de Francia, esposa de Enrique II.
Carlos de Orléans:hijo del rey Francisco I.
Luisa de Saboya:madre de Francisco I y de Margarita de Navarra.
Francisco de Valois:hijo de Francisco I y Claudia de Francia. Delfín de Francia.
Enrique de Valois:hijo de Francisco I y Claudia de Francia. Duque de Orléans.
Margarita de Navarra:hermana de Francisco I, hija de Luisa de Saboya.
Carlos el Temerario:duque de Borgoña, padre de María de Borgoña, abuelo de Felipe el Hermoso y bisabuelo de Leonor, Isabel, María, Catalina, Carlos y Fernando de Habsburgo.
Catalina de Francia:primera esposa de Carlos el Temerario.
Isabel de Borbón:segunda esposa de Carlos el Temerario, duquesa de Borgoña, madre de María de Borgoña, abuela de Felipe el Hermoso y bisabuela de Leonor, Isabel, María, Catalina, Carlos y Fernando de Habsburgo.
Margarita de York:tercera esposa de Carlos el Temerario, duquesa de Borgoña.
Christian II:rey de Dinamarca, Noruega y Suecia, esposo de Isabel de Habsburgo.
Juan de Dinamarca:rey de Dinamarca, padre de Christian II, y esposo de Cristina de Sajonia.
Cristina de Sajonia:reina de Dinamarca, de la Casa Wettin, esposa de Juan de Dinamarca, madre de Christian II.
Juan de Oldemburgo:príncipe de Dinamarca, hijo mayor de Isabel de Habsburgo y de Christian II de Dinamarca, hermano de Dorothea y Cristina de Oldemburgo.
Dorothea de Oldemburgo:princesa de Dinamarca, hija de Isabel de Habsburgo y de Christian II de Dinamarca, hermana de Juan y de Cristina de Oldemburgo. Esposa de Federico de Baviera, elector palatino.
Cristina de Oldemburgo:princesa de Dinamarca, hija de Isabel de Habsburgo y de Christian II de Dinamarca, hermana de Juan y de Dorothea de Oldemburgo. Esposa del duque de Milán Francisco Sforza, y al quedar viuda, fue desposada con Francisco I, duque de Lorena.
Isabel de Oldemburgo:princesa de Dinamarca, hermana del rey Christian II y esposa del príncipe elector Joaquín de Brandenburgo.
Federico I de Dinamarca:duque de Holstein, hermano de Juan de Dinamarca y tío de Christian II. Rey de Dinamarca.
Dorothea de Brandeburgo:esposa del rey Christian I y abuela de Christian II.
Christian III:rey de Dinamarca, hijo de Federico I.
Ladislao Jagellón:rey de Hungría y Bohemia, padre de los príncipes Luis y Ana Jagellón.
Beatriz de Nápoles:primera esposa del rey Ladislao II Jagellón.
Ana de Foix-Candale:segunda esposa del rey Ladislao II Jagellón y madre de los príncipes Luis y Ana de Hungría y Bohemia.
Luis II de Hungría:rey de Bohemia y Hungría, hijo del rey Ladislao II Jagellón, hermano de la princesa Ana de Hungría y esposo de María de Habsburgo.
Ana Jagellón:reina de Bohemia y Hungría, hija del rey Ladislao II Jagellón, hermana de Luis II de Hungría y esposa del archiduque Fernando de Habsburgo.
Príncipe de Chimay:amigo de Felipe de Habsburgo y caballero de honor de la archiduquesa Juana en Flandes.
Juan de Jarava:médico de la corte de Leonor de Austria.
Hernando de Jarava:sobrino de Juan de Jarava y confesor de Leonor de Austria.
Fray Tomás de Matienzo:consejero y confesor de la archiduquesa Juana en Flandes.
Madame de Hallewin:gobernanta de los hijos del emperador, Felipe y Margarita de Habsburgo.
Ysabeau Hoen:comadrona de Lier que ayudó en el nacimiento de Leonor de Habsburgo.
María Orselaere:nodriza de Leonor, Isabel y María de Habsburgo.
Josina de Nieuwerne:aya de Leonor de Habsburgo y mecedora del príncipe Carlos.
Juana de Courtoise, Catalina van Welsemsse, Gerina Garemyns:doncellas de Leonor de Habsburgo.
Juana Le Jeune:nodriza del príncipe Carlos (futuro Carlos V), hermano de Leonor, Isabel, María y Catalina.
Ana de Beaumont:dama de honor de Leonor de Habsburgo.
Lope de Garda y Lamberto van der Porte:médicos de la corte y de Leonor cuando niña.
Barbe Servel:aya del príncipe Carlos de Habsburgo.
Floris van Egmont:duque de Borgoña, conde de Büren y Leerdman, señor de Ijsselstein y San Maartensdijk, militar del Ejército de Flandes.
Jorge von Rottal y Frau von Rottal:mayordomos de las princesas María de Habsburgo y Ana Jagellón en el castillo de Viena.
Paula von Firmian:institutriz de las princesas María de Habsburgo y Ana Jagellón en el castillo de Viena.
Konrad y Hans Seusenhofer:armeros de Maximiliano I de Austria.
Hanns Schweinpeckh:caballero austriaco al servicio de la reina María, en Hungría.
Krzysztof Szydlowiecki:canciller polaco.
Nicolás Perrenot, señor de Granvela:consejero de Margarita de Austria y de María de Hungría; canciller de Carlos V.
Señor de Flagy:maestro en la corte de Malinas.
István Verboczy:tutor del rey Luis II y Palatino de Hungría.
István Bathory:regente y palatino de Hungría.
Cipriano Serenthein:canciller del imperio.
Conde Ambrus de Sárkány:embajador del rey Luis II de Hungría.
Ulrich Czettricz:guardaespaldas del rey Luis II de Hungría.
Segismundo von Dietrichstein:embajador del emperador Carlos V.
Lorenzo Orio:embajador veneciano en Hungría.
Juan Zapolya:vaivoda de Transilvania. Rey de Hungría.
Dierick van den Hectwelde:guardajoyas de la corte de Malinas.
Alberto de Habsburgo:duque de Austria. Esposo de Isabel de Luxemburgo y bisabuelo de Luis II de Hungría.
Johannes Cuspinianus:embajador imperial en Buda (Hungría).
Hendrik Bredeniers:profesor de música de las princesas Habsburgo.
Baltasar de Castiglione:embajador de la Santa Sede en España.
Martín de Moxica:tesorero de la corte de España en Flandes.
Doña Elvira de Mendoza:camarera real de Leonor de Habsburgo en la corte de Portugal y luego aya de su hija la princesa María.
François de Buxleiden:arzobispo de Besançon, preceptor y consejero de Felipe de Habsburgo.
Philibert de Veyre:consejero de Felipe el Hermoso.
Juan Rodríguez de Fonseca:obispo de Córdobay capellán de los Reyes Católicos.
Gómez de Fuensalida:embajador español en Flandes.
Ana de Borgoña, señora de Ravenstein de Duy Veland:guardadora de los príncipes en Malinas.
Don Enrique de Wittehem, señor de Beersel:gobernador y chambelán de los príncipes en Malinas.
Príncipe de Orange, conde de Nassau:teniente general y gobernador de Flandes.
Hugo Bulliaux:escudero de la archiduquesa María de Habsburgo.
Filiberto II de Saboya:duque de Saboya y segundo esposo de Margarita de Austria.
Hughes de Melun:vizconde de Gante, caballero de honor de Felipe de Habsburgo.
Antoine Laclaing:señor de Montigny, caballero de honor de Felipe de Habsburgo.
Beatriz de Tábara, Blanca Manrique, María de Aragón y Beatriz de Bobadilla:damas de honor de Juana I de Castilla en Flandes.
Filipota de la Perrière:camarera de los príncipes: Leonor, Carlos, Isabel y aya de María.
Margarita de Poitiers:aya de la princesa María.
Marnix van Saint Aldegonde:secretario de Margarita de Austria.
Catalina de Hermellén:camarera de los príncipes: Leonor, Carlos, Isabel y María y dueña de las doncellas de honor de Leonor e Isabel.
Juan Manuel, señor de Belmonte:valido del archiduque Felipe de Habsburgo.
Juan de Anchieta:maestro de los príncipes.
Pedro Núñez de Guzmán:ayo del príncipe Fernando.
Fray Álvaro Osorio de Moscoso:capellán del príncipe Fernando y obispo de Astorga.
Carlos de Croy, príncipe de Chimay:caballero de honor de Juana I de Castilla.
Diego de Villaescusa:obispo de Málaga.
Juan Rodríguez de Fonseca:obispo de Córdoba, capellán de sus Católicas Majestades y confesor de Juana en España.
Jehenin Bruneau:emisario de Felipe de Habsburgo.
Federico de Baviera:príncipe palatino y asesor de Felipe de Habsburgo. Esposo de Dorothea de Dinamarca.
Philibert de Viere:consejero de Felipe de Habsburgo.
Juan de Witte:fraile dominico, confesor de la princesa Leonor en la corte de Malinas.
Gutierre Gómez de Fuensalida:embajador de España en Flandes.
Adriano de Utrecht:preceptor de Carlos de Habsburgo, y Papa de Roma: Adriano VI.
Francisco Ximénez de Cisneros:arzobispo de Toledo y confesor de Isabel la Católica, regente de España.
Fadrique Álvarez de Toledo:duque de Alba, y devotísimo del rey Fernando.
Bernardino de Velasco:condestable de Castilla.
Fadrique Enríquez:almirante de Castilla.
Guillermo de Croy:señor de Chièvres, camarero mayor de Carlos de Habsburgo.
Jean Sauvage:señor de Escaubecques, mayordomo mayor de Carlos de Habsburgo. Canciller del emperador.
Pierre de Boisot:tesorero de Carlos de Habsburgo.
Luis de Ferrer:tesorero de la corte de Juana I en España y mayordomo en Tordesillas.
Gilles de Avelus y Gilles de Bousauton:mayordomos de la corte de Carlos de Habsburgo en Flandes.
Juan de Berghés:procurador del reino.
Bernardino de Carvajal:obispo español en Malinas.
Mercurino Gattinara y Andrea del Burgo:asesores de Carlos de Habsburgo y embajadores del Sacro Imperio Romano Germánico.
Jerónimo de Cabanillas y Jaime de Albión:embajadores del rey Fernando de Aragón.
Juan Hockenay:chambelán de Carlos de Habsburgo.
Germaine de Foix:segunda esposa de Fernando el Católico y reina de Aragón desde 1505 hasta 1516.
Duque Carlos de Borbón:príncipe francés y general de los ejércitos de Carlos V.
Carlos de Lannoy:caballerizo mayor de Carlos de Habsburgo y virrey de Nápoles.
Don Fernando de Ávalos:marqués de Pescara y comandante de las tropas imperiales de Carlos V.
Duque Antonio Leyva:general de las tropas imperiales.
Don Íñigo de Velasco:condestable de Castilla.
Eric Valkendorf:arzobispo de Trondheim, Noruega.
Lage Urne, Godske Alhefeld, Birgen de Lund:obispos de Dinamarca.
Mogens Goye:consejero de Christian II.
Albert Jepsen Ravensberg:consejero de Christian II.
Dyveke Willums:joven holandesa, amante del rey Christian II.
Sigbrit Willums:comerciante holandesa, madre de Dyveke y asesora de Christian II.
Pedro de Meldorf:duque, asesor de Christian II.
Paul de Hemmingstedt:conde, asesor de Christian II.
Jens Andersen Beldenak:gran dignatario del reino de Dinamarca.
Matías de Strengnäs:arzobispo de Suecia.
Federico III de Sajonia:llamado el Sabio. Príncipe elector de Sajonia y hermano de Cristina de Sajonia y tío de Christian II.
Axel:jinete de correos del rey Christian II.
Sten Sture:regente de Suecia.
Gustavo Vasa:rey de Suecia.
Alberto de Prusia:primo de Christian II de Dinamarca.
Joaquín de Brandenburgo:esposo de Isabel de Oldemburgo, cuñado de Christian II de Dinamarca.
Felipe de Melanchton:sucesor de Lutero.
Nicolás von Amsdorf y Andrés Bodenstein (alias Carlstadt):téologos, amigos de Lutero.
Alberto de Brandenburgo:obispo de Brandenburgo.
Juan Tetzel:fraile dominico.
Lorenzo Campegio:legado papal.
Francisco de Lorena:duque de Lorena, segundo esposo de la princesa Cristina de Dinamarca.
Tietgen:consejero danés.
Bartolomé de Carranza y Miranda:dominico, arzobispo de Toledo.
Luis Méndez de Quijada:mayordomo del emperador Carlos V en el Monasterio de Yuste.
Juan de Anchieta y Roberto de Gante:maestros de la princesa María de Habsburgo en la corte de Malinas.
Matías Hunyadi o Matías Corvino:rey de Hungría.
Segismundo I Jagellón:rey de Polonia.
Jorge Podèbrady:rey de Bohemia.
Jan Hus:rector de la Universidad de Praga.
Juan Hunyadi:héroe de la resistencia húngara y regente de Hungría.
György Dózsa:líder de la revolución campesina de Hungría.
Johannes Cuspinianus:embajador de Maximiliano I en Hungría.
Desiderio Erasmo:humanista, escritor, consejero de Carlos V y María de Hungría.
Wilhelm de Rogendorf:mayordomo austriaco del archiduque Fernando de Habsburgo en Flandes.
Segismundo von Herberstein:embajador de Austria en Hungría.
Martín de Guzmán, Velazquez de Arévalos, Señor de Roeux, Señor de Sempi, Señor de Molembais:integrantes de la corte de Fernando de Habsburgo.
Jerónimo van Busleyden:consejero de Carlos V.
Bernard van Orley:pintor de corte en Malinas.
Selim I:emperador otomano, padre de Solimán el Magnífico.
Solimán el Magnífico:emperador otomano, hijo de Selim I.
Tomás Bakócz:arzobispo primado de Esztergom.
György Szathmári:arzobispo primado de Esztergom desde 1521.
Johannes Henckel:predicador de la corte en Buda.
Sah Ismail:rey de Persia.
Francisco de Ávalos:marqués de Pescara, general de los ejércitos imperiales.
Enrique III:rey de Navarra.
Filiberto de Orange:príncipe al servicio del emperador Carlos V.
Juan Zapolya:gobernador de una región de Hungría, vasallo otomano y pretendienteal trono de Hungría.
István Brodarics:el obispo de Srijem, canciller de Hungría y secretario del rey Luis II.
Jean Frangepán:noble croata al servicio de Francia.
Ulrico Zwinglio:líder de la reforma protestante en Suiza.
Andrea Doria:almirante de la flota imperial.
Enrique VIII:rey de Inglaterra, esposo de Catalina de Aragón y padre de María Tudor.
Duque Francisco Sforza:duque de Milán y primer esposo de Cristina de Dinamarca.
Alfonso de Ávalos:marqués del Vasto y de Pescara, general del Ejército imperial.
Barbarroja:pirata turco (Hayr al Din).
Luis Sarmiento de Mendoza:embajador español en Portugal.
Mercator:cosmógrafo de Carlos V.
Fernando Álvarez de Toledo:duque de Alba, general del Ejército imperial.
Doña Elvira de Mendoza:aya de la infanta María (hija de la reina Leonor).
Luis de Ferrer, Hernán Duque de Estrada, Bernardo de Sandoval y Rojas, marqués de Denia:mayordomos de Juana I de Castilla.
Francisca Enríquez:esposa de don Bernardo de Sandoval y Rojas, marquesa de Denia.
Señor de Trazegnies:lugarteniente de Carlos V.
Beltrán Plomón:servidor de la reina Juana I de Castilla y de Carlos V.
Francisco de Borja:paje del cortejo de Catalina de Habsburgo, duque de Gandía y general de la Compañía de Jesús.
Germaine de Foix:segunda esposa de Fernando el Católico.
Bravo, Maldonado, Padilla:dirigentes comuneros.
Juan de Ávila:confesor de la reina Juana.
Doña Margarita de Velasco:dama de honor de Catalina de Habsburgo.
Doña Margarita de Mendoza:camarera de la infanta María Manuela.
Don Juan Martínez Silíceo:obispo de Cartagena y maestro de Felipe de España.
Ladislao Jagellón:rey de Hungría y Bohemia, padre de los príncipes Luis y Ana Jagellón.
Beatriz de Nápoles:primera esposa del rey Ladislao II Jagellón.
Ana de Foix-Candale:segunda esposa del rey Ladislao II Jagellón y madre de los príncipes Luis y Ana de Hungría y Bohemia.
Luis II de Hungría:rey de Bohemia y Hungría, hijo del rey Ladislao II Jagellón, hermano de la princesa Ana de Hungría y esposo de María de Habsburgo.
Ana Jagellón:reina de Bohemia y Hungría, hija del rey Ladislao II Jagellón, hermana de Luis II de Hungría y esposa del archiduque Fernando de Habsburgo.
Príncipe de Chimay:amigo de Felipe de Habsburgo y caballero de honor de la archiduquesa Juana en Flandes.
Juan de Jarava:médico de la corte de Leonor de Austria.
Hernando de Jarava:sobrino de Juan de Jarava y confesor de Leonor de Austria.
Fray Tomás de Matienzo:consejero y confesor de la archiduquesa Juana en Flandes.
Madame de Hallewin:gobernanta de los hijos del emperador, Felipe y Margarita de Habsburgo.
Ysabeau Hoen:comadrona de Lier que ayudó en el nacimiento de Leonor de Habsburgo.
María Orselaere:nodriza de Leonor, Isabel y María de Habsburgo.
Josina de Nieuwerne:aya de Leonor de Habsburgo y mecedora del príncipe Carlos.
Juana de Courtoise, Catalina van Welsemsse, Gerina Garemyns:doncellas de Leonor de Habsburgo.
Juana Le Jeune:nodriza del príncipe Carlos (futuro Carlos V), hermano de Leonor, Isabel, María y Catalina.
Ana de Beaumont:dama de honor de Leonor de Habsburgo.
Lope de Garda y Lamberto van der Porte:médicos de la corte y de Leonor cuando niña.
Barbe Servel:aya del príncipe Carlos de Habsburgo.
Floris van Egmont:duque de Borgoña, conde de Büren y Leerdman, señor de Ijsselstein y San Maartensdijk, militar del Ejército de Flandes.
Jorge von Rottal y Frau von Rottal:mayordomos de las princesas María de Habsburgo y Ana Jagellón en el castillo de Viena.
Paula von Firmian:institutriz de las princesas María de Habsburgo y Ana Jagellón en el castillo de Viena.
Konrad y Hans Seusenhofer:armeros de Maximiliano I de Austria.
Hanns Schweinpeckh:caballero austriaco al servicio de la reina María, en Hungría.
Krzysztof Szydlowiecki:canciller polaco.
Nicolás Perrenot, señor de Granvela:consejero de Margarita de Austria y de María de Hungría; canciller de Carlos V.
Señor de Flagy:maestro en la corte de Malinas.
István Verboczy:tutor del rey Luis II y Palatino de Hungría.
István Bathory:regente y palatino de Hungría.
Cipriano Serenthein:canciller del imperio.
Conde Ambrus de Sárkány:embajador del rey Luis II de Hungría.
Ulrich Czettricz:guardaespaldas del rey Luis II de Hungría.
Segismundo von Dietrichstein:embajador del emperador Carlos V.
Lorenzo Orio:embajador veneciano en Hungría.
Juan Zapolya:vaivoda de Transilvania. Rey de Hungría.
Dierick van den Hectwelde:guardajoyas de la corte de Malinas.
Alberto de Habsburgo:duque de Austria. Esposo de Isabel de Luxemburgo y bisabuelo de Luis II de Hungría.
Johannes Cuspinianus:embajador imperial en Buda (Hungría).
Hendrik Bredeniers:profesor de música de las princesas Habsburgo.
Baltasar de Castiglione:embajador de la Santa Sede en España.
Martín de Moxica:tesorero de la corte de España en Flandes.
Doña Elvira de Mendoza:camarera real de Leonor de Habsburgo en la corte de Portugal y luego aya de su hija la princesa María.
François de Buxleiden:arzobispo de Besançon, preceptor y consejero de Felipe de Habsburgo.
Philibert de Veyre:consejero de Felipe el Hermoso.
Juan Rodríguez de Fonseca:obispo de Córdobay capellán de los Reyes Católicos.
Gómez de Fuensalida:embajador español en Flandes.
Ana de Borgoña, señora de Ravenstein de Duy Veland:guardadora de los príncipes en Malinas.
Don Enrique de Wittehem, señor de Beersel:gobernador y chambelán de los príncipes en Malinas.
Príncipe de Orange, conde de Nassau:teniente general y gobernador de Flandes.
Hugo Bulliaux:escudero de la archiduquesa María de Habsburgo.
Filiberto II de Saboya:duque de Saboya y segundo esposo de Margarita de Austria.
Hughes de Melun:vizconde de Gante, caballero de honor de Felipe de Habsburgo.
Antoine Laclaing:señor de Montigny, caballero de honor de Felipe de Habsburgo.
Beatriz de Tábara, Blanca Manrique, María de Aragón y Beatriz de Bobadilla:damas de honor de Juana I de Castilla en Flandes.
Filipota de la Perrière:camarera de los príncipes: Leonor, Carlos, Isabel y aya de María.
Margarita de Poitiers:aya de la princesa María.
Marnix van Saint Aldegonde:secretario de Margarita de Austria.
Catalina de Hermellén:camarera de los príncipes: Leonor, Carlos, Isabel y María y dueña de las doncellas de honor de Leonor e Isabel.
Juan Manuel, señor de Belmonte:valido del archiduque Felipe de Habsburgo.
Juan de Anchieta:maestro de los príncipes.
Pedro Núñez de Guzmán:ayo del príncipe Fernando.
Fray Álvaro Osorio de Moscoso:capellán del príncipe Fernando y obispo de Astorga.
Carlos de Croy, príncipe de Chimay:caballero de honor de Juana I de Castilla.
Diego de Villaescusa:obispo de Málaga.
Juan Rodríguez de Fonseca:obispo de Córdoba, capellán de sus Católicas Majestades y confesor de Juana en España.
Jehenin Bruneau:emisario de Felipe de Habsburgo.
Federico de Baviera:príncipe palatino y asesor de Felipe de Habsburgo. Esposo de Dorothea de Dinamarca.
Philibert de Viere:consejero de Felipe de Habsburgo.
Juan de Witte:fraile dominico, confesor de la princesa Leonor en la corte de Malinas.
Gutierre Gómez de Fuensalida:embajador de España en Flandes.
Adriano de Utrecht:preceptor de Carlos de Habsburgo, y Papa de Roma: Adriano VI.
Francisco Ximénez de Cisneros:arzobispo de Toledo y confesor de Isabel la Católica, regente de España.
Fadrique Álvarez de Toledo:duque de Alba, y devotísimo del rey Fernando.
Bernardino de Velasco:condestable de Castilla.
Fadrique Enríquez:almirante de Castilla.
Guillermo de Croy:señor de Chièvres, camarero mayor de Carlos de Habsburgo.
Jean Sauvage:señor de Escaubecques, mayordomo mayor de Carlos de Habsburgo. Canciller del emperador.
Pierre de Boisot:tesorero de Carlos de Habsburgo.
Luis de Ferrer:tesorero de la corte de Juana I en España y mayordomo en Tordesillas.
Gilles de Avelus y Gilles de Bousauton:mayordomos de la corte de Carlos de Habsburgo en Flandes.
Juan de Berghés:procurador del reino.
Bernardino de Carvajal:obispo español en Malinas.
Mercurino Gattinara y Andrea del Burgo:asesores de Carlos de Habsburgo y embajadores del Sacro Imperio Romano Germánico.
Jerónimo de Cabanillas y Jaime de Albión:embajadores del rey Fernando de Aragón.
Juan Hockenay:chambelán de Carlos de Habsburgo.
Germaine de Foix:segunda esposa de Fernando el Católico y reina de Aragón desde 1505 hasta 1516.
Duque Carlos de Borbón:príncipe francés y general de los ejércitos de Carlos V.
Carlos de Lannoy:caballerizo mayor de Carlos de Habsburgo y virrey de Nápoles.
Don Fernando de Ávalos:marqués de Pescara y comandante de las tropas imperiales de Carlos V.
Duque Antonio Leyva:general de las tropas imperiales.
Don Íñigo de Velasco:condestable de Castilla.
Eric Valkendorf:arzobispo de Trondheim, Noruega.
Lage Urne, Godske Alhefeld, Birgen de Lund:obispos de Dinamarca.
Mogens Goye:consejero de Christian II.
Albert Jepsen Ravensberg:consejero de Christian II.
Dyveke Willums:joven holandesa, amante del rey Christian II.
Sigbrit Willums:comerciante holandesa, madre de Dyveke y asesora de Christian II.
Pedro de Meldorf:duque, asesor de Christian II.
Paul de Hemmingstedt:conde, asesor de Christian II.
Jens Andersen Beldenak:gran dignatario del reino de Dinamarca.
Matías de Strengnäs:arzobispo de Suecia.
Federico III de Sajonia:llamado el Sabio. Príncipe elector de Sajonia y hermano de Cristina de Sajonia y tío de Christian II.
Axel:jinete de correos del rey Christian II.
Sten Sture:regente de Suecia.
Gustavo Vasa:rey de Suecia.
Alberto de Prusia:primo de Christian II de Dinamarca.
Joaquín de Brandenburgo:esposo de Isabel de Oldemburgo, cuñado de Christian II de Dinamarca.
Felipe de Melanchton:sucesor de Lutero.
Nicolás von Amsdorf y Andrés Bodenstein (alias Carlstadt):téologos, amigos de Lutero.
Alberto de Brandenburgo:obispo de Brandenburgo.
Juan Tetzel:fraile dominico.
Lorenzo Campegio:legado papal.
Francisco de Lorena:duque de Lorena, segundo esposo de la princesa Cristina de Dinamarca.
Tietgen:consejero danés.
Bartolomé de Carranza y Miranda:dominico, arzobispo de Toledo.
Luis Méndez de Quijada:mayordomo del emperador Carlos V en el Monasterio de Yuste.
Juan de Anchieta y Roberto de Gante:maestros de la princesa María de Habsburgo en la corte de Malinas.
Matías Hunyadi o Matías Corvino:rey de Hungría.
Segismundo I Jagellón:rey de Polonia.
Jorge Podèbrady:rey de Bohemia.
Jan Hus:rector de la Universidad de Praga.
Juan Hunyadi:héroe de la resistencia húngara y regente de Hungría.
György Dózsa:líder de la revolución campesina de Hungría.
Johannes Cuspinianus:embajador de Maximiliano I en Hungría.
Desiderio Erasmo:humanista, escritor, consejero de Carlos V y María de Hungría.
Wilhelm de Rogendorf:mayordomo austriaco del archiduque Fernando de Habsburgo en Flandes.
Segismundo von Herberstein:embajador de Austria en Hungría.
Martín de Guzmán, Velazquez de Arévalos, Señor de Roeux, Señor de Sempi, Señor de Molembais:integrantes de la corte de Fernando de Habsburgo.
Jerónimo van Busleyden:consejero de Carlos V.
Bernard van Orley:pintor de corte en Malinas.
Selim I:emperador otomano, padre de Solimán el Magnífico.
Solimán el Magnífico:emperador otomano, hijo de Selim I.
Tomás Bakócz:arzobispo primado de Esztergom.
György Szathmári:arzobispo primado de Esztergom desde 1521.
Johannes Henckel:predicador de la corte en Buda.
Sah Ismail:rey de Persia.
Francisco de Ávalos:marqués de Pescara, general de los ejércitos imperiales.
Enrique III:rey de Navarra.
Filiberto de Orange:príncipe al servicio del emperador Carlos V.
Juan Zapolya:gobernador de una región de Hungría, vasallo otomano y pretendienteal trono de Hungría.
István Brodarics:el obispo de Srijem, canciller de Hungría y secretario del rey Luis II.
Jean Frangepán:noble croata al servicio de Francia.
Ulrico Zwinglio:líder de la reforma protestante en Suiza.
Andrea Doria:almirante de la flota imperial.
Enrique VIII:rey de Inglaterra, esposo de Catalina de Aragón y padre de María Tudor.
Duque Francisco Sforza:duque de Milán y primer esposo de Cristina de Dinamarca.
Alfonso de Ávalos:marqués del Vasto y de Pescara, general del Ejército imperial.
Barbarroja:pirata turco (Hayr al Din).
Luis Sarmiento de Mendoza:embajador español en Portugal.
Mercator:cosmógrafo de Carlos V.
Fernando Álvarez de Toledo:duque de Alba, general del Ejército imperial.
Doña Elvira de Mendoza:aya de la infanta María (hija de la reina Leonor).
Luis de Ferrer, Hernán Duque de Estrada, Bernardo de Sandoval y Rojas, marqués de Denia:mayordomos de Juana I de Castilla.
Francisca Enríquez:esposa de don Bernardo de Sandoval y Rojas, marquesa de Denia.
Señor de Trazegnies:lugarteniente de Carlos V.
Beltrán Plomón:servidor de la reina Juana I de Castilla y de Carlos V.
Francisco de Borja:paje del cortejo de Catalina de Habsburgo, duque de Gandía y general de la Compañía de Jesús.
Germaine de Foix:segunda esposa de Fernando el Católico.
Bravo, Maldonado, Padilla:dirigentes comuneros.
Juan de Ávila:confesor de la reina Juana.
Doña Margarita de Velasco:dama de honor de Catalina de Habsburgo.
Doña Margarita de Mendoza:camarera de la infanta María Manuela.
Don Juan Martínez Silíceo:obispo de Cartagena y maestro de Felipe de España.
Iluminada por los fulgores del martirio, la vida de María de Habsburgo se descubre majestuosa y habitada de una tremenda fortaleza que la supo sostener ante la adversidad con afectuosa resignación. Fue la quinta hija de Juana I de Castilla la Loca y de Felipe de Habsburgo el Hermoso, hermana de los emperadores Carlos V y Fernando I y de la reinas Leonor, Isabel y Catalina de Habsburgo. Todas las circunstancias que rigieron su vida le fueron impuestas por su familia y por el azar que cinceló con sus acontecimientos la parte más significativa de su existencia. Jamás olvidó aquellos días en que —por orden de su abuelo, el emperador Maximiliano I— tuvo que abandonar Flandes para viajar hacia Austria a prepararse en el idioma y en las obligaciones como futura reina consorte del trono húngaro y más tarde, cuando tuvo que partir hacia ese reino a desposarse con su joven rey Luis II, de la dinastía Jagellón. Aquel esposo que le habían destinado cuando ella era apenas una archiduquesa de seis meses de edad y el futuro rey aún se hallaba en el vientre de su madre. Eran días de agitación y de zozobras, donde las princesas Habsburgo debían cumplir con los mandatos del reino y de la dinastía a la cual pertenecían, sin jamás negarse a cuanto se les pedía o exigía.
La vida le quitó a María más de lo que ella le entregó con abnegación y, al igual que sus hermanas, estuvo jalonada por la obediencia y los renunciamientos perpetuos que transformaron su preciosa niñez y su solitaria juventud en un instrumento político para beneficio del imperio. En realidad, ella jamás pudo disponer de su existencia, siendo su abuelo quien puso los ojos en su porvenir, porque así convenía a su linaje. La noticia de sus esponsales con el rey Luis II de Hungría cubrió a la joven princesita con los esplendores del alba, pero aquella dicha efímera fue rápidamente oscurecida por la inesperada tragedia que se abatió tempranamente sobre su vida entera. Sufrió el desarraigo, la soledad, el miedo y el dolor. Apenada en extremo, tuvo que afrontar los designios que el imperio volvía a trazar sobre ella y temerosa de no tener la capacidad suficiente para estar a la altura de las circunstancias, arriesgó todas sus fuerzas en pos de cumplir con los objetivos que su hermano el emperador le demandaba, gobernando y administrando durante veinticinco años una porción de un imperio donde nunca se ponía el sol.
Hermana predilecta de Carlos V, se profesaron un profundo afecto y una inmensa admiración mutua. Trabajó por los reinos con exclusiva dedicación y entrega, dando sobradas muestras de coraje, constancia y heroísmo, no sólo ayudando al gobierno de los Estados, sino interviniendo en todos los grandes acontecimientos y negociaciones. La Casa de Austria siempre reconoció en ella su brillante inteligencia y su destacada sabiduría para manejarse con arrojo y destreza en el gobierno de los Países Bajos y, apelando a su templanza y a su prudencia, la exhortó a conciliar pretensiones y a cancelar diferencias cuando las hubo, sobre todo cuando la sucesión del imperio suscitó grandes desentendimientos y discordias que se hubieran tornado irremediables de no haber sido prevenidas por sus heroicos esfuerzos. Sin la magnífica energía que la caracterizó y sin su buena disposición puesta desde la niñez al servicio del imperio, es muy posible que el emperador Carlos V no hubiera podido gobernar tan brillantemente los Países Bajos.
Sus últimos años en España, al igual que los de su infancia en Flandes, los compartió junto a sus hermanos Carlos y Leonor.
Abnegada, valiente y voluntariosa, María de Hungría trabajó incansablemente por la unidad de los reinos y de la dinastía en la que había nacido, preservando la unidad religiosa en los Países Bajos y luchando contra las aspiraciones de Francia.
Su vida fue de intenso sacrificio, pero su noble carácter y su capacidad para soportar los dolores hicieron de ella una reina inigualable, con un corazón generoso y un alma digna e inmensa.
La autora
Salta, Argentina, 15 de marzo de 2006
A los quinientos años de la muerte de Felipe de Habsburgo
Iluminada por los fulgores del martirio, la vida de María de Habsburgo se descubre majestuosa y habitada de una tremenda fortaleza que la supo sostener ante la adversidad con afectuosa resignación. Fue la quinta hija de Juana I de Castilla la Loca y de Felipe de Habsburgo el Hermoso, hermana de los emperadores Carlos V y Fernando I y de la reinas Leonor, Isabel y Catalina de Habsburgo. Todas las circunstancias que rigieron su vida le fueron impuestas por su familia y por el azar que cinceló con sus acontecimientos la parte más significativa de su existencia. Jamás olvidó aquellos días en que —por orden de su abuelo, el emperador Maximiliano I— tuvo que abandonar Flandes para viajar hacia Austria a prepararse en el idioma y en las obligaciones como futura reina consorte del trono húngaro y más tarde, cuando tuvo que partir hacia ese reino a desposarse con su joven rey Luis II, de la dinastía Jagellón. Aquel esposo que le habían destinado cuando ella era apenas una archiduquesa de seis meses de edad y el futuro rey aún se hallaba en el vientre de su madre. Eran días de agitación y de zozobras, donde las princesas Habsburgo debían cumplir con los mandatos del reino y de la dinastía a la cual pertenecían, sin jamás negarse a cuanto se les pedía o exigía.
La vida le quitó a María más de lo que ella le entregó con abnegación y, al igual que sus hermanas, estuvo jalonada por la obediencia y los renunciamientos perpetuos que transformaron su preciosa niñez y su solitaria juventud en un instrumento político para beneficio del imperio. En realidad, ella jamás pudo disponer de su existencia, siendo su abuelo quien puso los ojos en su porvenir, porque así convenía a su linaje. La noticia de sus esponsales con el rey Luis II de Hungría cubrió a la joven princesita con los esplendores del alba, pero aquella dicha efímera fue rápidamente oscurecida por la inesperada tragedia que se abatió tempranamente sobre su vida entera. Sufrió el desarraigo, la soledad, el miedo y el dolor. Apenada en extremo, tuvo que afrontar los designios que el imperio volvía a trazar sobre ella y temerosa de no tener la capacidad suficiente para estar a la altura de las circunstancias, arriesgó todas sus fuerzas en pos de cumplir con los objetivos que su hermano el emperador le demandaba, gobernando y administrando durante veinticinco años una porción de un imperio donde nunca se ponía el sol.
Hermana predilecta de Carlos V, se profesaron un profundo afecto y una inmensa admiración mutua. Trabajó por los reinos con exclusiva dedicación y entrega, dando sobradas muestras de coraje, constancia y heroísmo, no sólo ayudando al gobierno de los Estados, sino interviniendo en todos los grandes acontecimientos y negociaciones. La Casa de Austria siempre reconoció en ella su brillante inteligencia y su destacada sabiduría para manejarse con arrojo y destreza en el gobierno de los Países Bajos y, apelando a su templanza y a su prudencia, la exhortó a conciliar pretensiones y a cancelar diferencias cuando las hubo, sobre todo cuando la sucesión del imperio suscitó grandes desentendimientos y discordias que se hubieran tornado irremediables de no haber sido prevenidas por sus heroicos esfuerzos. Sin la magnífica energía que la caracterizó y sin su buena disposición puesta desde la niñez al servicio del imperio, es muy posible que el emperador Carlos V no hubiera podido gobernar tan brillantemente los Países Bajos.
Sus últimos años en España, al igual que los de su infancia en Flandes, los compartió junto a sus hermanos Carlos y Leonor.
Abnegada, valiente y voluntariosa, María de Hungría trabajó incansablemente por la unidad de los reinos y de la dinastía en la que había nacido, preservando la unidad religiosa en los Países Bajos y luchando contra las aspiraciones de Francia.
Su vida fue de intenso sacrificio, pero su noble carácter y su capacidad para soportar los dolores hicieron de ella una reina inigualable, con un corazón generoso y un alma digna e inmensa.
La autora
Salta, Argentina, 15 de marzo de 2006
A los quinientos años de la muerte de Felipe de Habsburgo
Desde el Señorío de Cigales, Valladolid, 16 de octubre de 1558.
A mi hermana doña Catalina, reina de Portugal y de los Algarves:
Desde el mes de marzo en que llegué al Señorío de Cigales, he deseado remitiros estas cartas. Cartas que escribí cuando niña a nuestra madre; cuando fui reina de Hungría a Margarita de Austria y cuando fui gobernadora de los Países Bajos a mi hermana Leonor, reina de Francia. Con la muerte de cada una de ellas han retornado a mis manos y ahora, al regresar a Flandes, quiero que queden a vuestro resguardo, como el fiel testimonio de mi vida. Nada más os habrá de quedar de mí y no habrá tampoco mejor cofre que vuestras manos y vuestro corazón para guardarlas. Os las envío para que las conservéis como el mejor de los recuerdos que puedo dejaros, porque en ellas está descrita mi vida, la que he vivido hasta hoy, en que me encuentro devastada. Para mi sobrina —Juana de Austria, regente de España— irán destinados todos mis libros de música. Y para mi sobrino, el rey Felipe II, todas mis obras de arte y mis alhajas. Hace tiempo que les prometí que serían para ellos y ya es hora de dar cumplimiento a las promesas.
Este año del Señor de 1558 ha sido el peor de todos. El 18 de febrero, al marcharse Leonor ante mis ojos, me dejó en la más completa de las soledades. Y hace tan sólo veinticinco días, al morir en Yuste nuestro hermano entrañable, he quedado sola definitivamente. Tan sola como no lo he estado nunca. Ni siquiera cuando murió mi esposo Luis II de Hungría y quedé viuda.
De mis afectos cercanos tan sólo me quedáis vos y Fernando, pero vos os encontráis detrás de la verde frontera que divide el Duero, a muchas jornadas de viaje de aquí; y nuestro hermano Fernando —emperador desde el 12 de septiembre de 1556 en que Carlos abdicó su corona en él y cargo que asumió el 12 de marzo de 1558— vive en Viena. ¿Será que la soledad me hace sentir que voy desfalleciendo cada día, un poco más?
Ante esta situación, el rey de España, Felipe II, me ha pedido, tal vez para animarme o porque lo necesita con urgencia, que regrese a los Países Bajos a hacerme cargo nuevamente de la gobernación (a la que renuncié en 1556 para acompañar a España a Carlos y a Leonor). Desde entonces los tres hermanos fuimos inseparables. Carlos en el monasterio de los Jerónimos en Yuste y Leonor y yo —a escasa distancia— en Jarandilla de la Vera, en el castillo de los condes de Oropesa. Fue como volver a transitar por los días de nuestra niñez... Ahora pienso que fue el tiempo de nuestra despedida… Pero desde que murió Leonor, vivo en el Señorío de Cigales, una villa rodeada de viñedos, huertos y trigales, en el palacio de los condes de Benavente, en la soledad más absoluta. Demasiado débil y melancólica voy sin fuerzas y con los días, preparando mis arcones para el viaje... Partiré hacia Flandes nuevamente porque ya nada me retiene en España. Todos a los que he amado han partido y vos, hermana mía, pertenecéis a Portugal. Os debéis a vuestro reino.
Yo, aún no me resigno. Y mientras os escribo, me parece ver en la penumbra de la sala a Carlos, adoleciendo de la grave y mortal enfermedad que se lo llevó definitivamente. Recuerdo que el 7 de septiembre la inflamación interna de su cuerpo se le deslizó hasta su boca, hinchada y dolorosísima y, al día siguiente sufrió un ataque de dolor espasmódico del cuál salió con una palidez mortal. No obstante todos sus dolores, el 9 de septiembre oyó la lectura del codicilo de su testamento frente a los testigos don Luis Méndez de Quijada, fray Joan Regla, don Garcilaso de la Vega y Guzmán, el juez de Su Majestad, don Francisco de Murga sus médicos don Cornelio de Bardsdorp y don Enrique Mathisio y su ayuda de cámara, Guillermo de Malle. El 10 de septiembre llamó a don Garcilaso de la Vega y Guzmán para que le comentara sobre los encargos confiados a su cuidado en Cigales, donde resido.
En esos días recibí en dicho señorío, en el palacio de los condes de Benavente, la visita del arzobispo de Toledo, Bartolomé de Carranza y Miranda, dominico ordenado con ese cargo el 27 de febrero de este año, en el convento de Santo Domingo en Bruselas y que había sido hasta esa fecha consejero del imperio en Flandes. Recién arribado, llegó para rogarme con grandes exhortaciones que me hiciese cargo de la gobernación de los Países Bajos. No había consentido en la propuesta, fundamentada en las dolencias y tristezas que me abstraían de las cosas del mundo y me dejaban absorta ante las cosas del cielo. Nuestro sobrino, Felipe II, nada había conseguido de mis labios, más inclinados desde la niñez a obedecer al emperador a quien consideraba mi segundo padre, pero oídas sus instancias, prometí viajar a Flandes a fin de iluminar con mis consejos al rey en sus primeras resoluciones y a sostenerlo con mi fortaleza —aunque me marche abatida y sin fuerzas— en tan peligrosa transición. Y debo deciros, mi buena Catalina, que me siento en paz, porque mi aceptación al cargo de gobernadora de los Países Bajos fue una de las últimas alegrías que tuvo el emperador en este mundo. Seguro de mi sentimiento, me sonrió con verdadera satisfacción al saberlo de mis labios.
El 11 de septiembre lo sorprendió postrado con una extrema debilidad que parecía que la muerte estaba llegando y esa debilidad lo abatió hasta el día 16, en que llegó vuestra carta con anuncios de haber ordenado rogativas por su salud imperial en todas las iglesias portuguesas. Aquella misiva lo mejoró. Era la mejoría de la muerte, porque sus convulsiones, fiebres altas, vómitos, inflamaciones y delirios anunciaban su inevitable fin. Pero el 19 de septiembre hubo una gran porfía entre sus médicos y el mayordomo mayor, deseosos los galenos de darle la extremaunción y don Luis Méndez de Quijada de impedirlo, por temor a que le acongojaran sin necesidad y sin motivos. El buen mayordomo buscaba para el emperador que nada le angustiara en sus últimos momentos. Así estuvo todo el día negándose incluso a que le practicaran medicinas extremas que lo hicieran sufrir. Pero a las nueve de la noche cedió y el fraile Joan Regla, entrando en la estancia con la extremaunción en sus manos, ungió fervoroso a nuestro moribundo hermano. Luis Méndez de Quijada no podía contener tanta tristeza. Recordaba a Carlos entre las nubes de polvo en medio de la guerra como un césar inmortal, rodeado por la muerte y él siempre victorioso, que pensaba que jamás podía morir. Así, cuando los médicos le anunciaron que en poco tiempo expiraría, su mayordomo intuyó que aún le restaba un poco más de vida. Y así fue. El 20 de septiembre, al amanecer, recobró el sentido y el habla y don Luis Méndez de Quijada no se apartó ni un instante de su lado. Al recobrar sus sentidos se concentró en todo lo relativo a la eternidad que le aguardaba y en las últimas minuciosidades para su último viaje. Lo primero que hizo fue despedir afectuosamente a todos cuantos le rodeaban (pidiendo que rezáramos por su alma), a excepción de su mayordomo y de mí. Cuando todos partieron, yo lo tomé de la mano y mirándome a los ojos me habló. Me pidió que fuera fuerte y que sostuviera en la transición a su hijo Felipe en el gobierno de los reinos de España y de los Países Bajos. Me volvió a expresar el inmenso cariño que siempre había sentido hacia nosotras, sus hermanas, y yo, en un gesto de eterno agradecimiento, inclinándome le besé en la frente y le ayudé a persignarse. A su lado recé las letanías del buen morir, aquellas que unos meses antes había pronunciado en retahílas constantes frente a la agonía de Leonor. Al terminar las oraciones en latín y para que no viera el llanto de mis ojos, me marché deprisa. Don Luis Méndez de Quijada, desconsolado por la pena, al quedar solos, cayó de hinojos a los pies del lecho y con el rostro hundido sobre la cubierta irrumpió en un llanto incontenible. Pero él, con la fortaleza espiritual que siempre lo caracterizó, le dio palabras de consuelo y le dijo que había que aceptar que su hora estaba llegando. Yo regresé a su lado con presteza.
Viéndose morir, pidió que le trajesen el crucifijo de plata con que había muerto la emperatriz, su querida esposa Isabel. Desde aquella fecha lo llevaba siempre consigo, como aguardando el momento, junto a nueve velas blancas, probablemente procedentes de Montserrat, reservadas igualmente para el instante postrero. Todos le acompañábamos con los cirios encendidos y, con pleno juicio, tomó en una mano su vela y en la otra el crucifijo, diciendo: «Ya es tiempo».
Luego pronunció: «Jesús». Todos pudimos oírlo, pero fue lo último que dijo y expiró. Eran las dos y media de la madrugada del 21 de septiembre de 1558, miércoles y fiesta de San Mateo. Su voz había callado para siempre y el sol había vuelto a ponerse en el horizonte de su imperio.
Al momento de morir, llegó hasta mi mente un torbellino de recuerdos. Recuerdos de nuestra infancia que arrancaron de mis ojos un mar de lágrimas sin que pudiera contenerlas. Veía a Carlos con nueve años —y yo con cuatro— entrenándose en el uso de las armas con su espada y su lanza de madera, columpiándose sobre un caballito de colores, entre sus maestros de esgrima y de equitación, recibiendo de sus labios las sabias instrucciones. Recuerdo que yo miraba con asombro y temor sus corceles de madera, porque pensaba que por las noches, cuando los relojes dieran sus doce campanadas anunciando el inicio de un nuevo día, los juguetes se animarían y vendrían en nuestra búsqueda y en un delirante galopar sus caballitos de juguete conseguirían derribarme. Sabiendo de mis temores, mi hermano trataba de atemori-zarme amenazándome con perseguirme y yo, vestida con mis rígidas faldas largas y una cofia blanca sobre mi cabeza, corría aterrorizada hacia los brazos de tía Margarita que me cobijaba y consolaba, amonestando a Carlos por hacerme llorar… Desde pequeña lo he admirado y aquellos dulces recuerdos de nuestra niñez hicieron mucho más duros los últimos instantes frente a su cuerpo inerte…
Os confieso que las muertes de Leonor y de Carlos me han dejado el alma destrozada, sin fuerzas ni ánimos para continuar viviendo… Tal vez no logre recuperarme… Viéndoles agonizar, en ese lento desprendimiento de la vida, me olvidé hasta de mi propia existencia… principalmente porque durante veinticinco años goberné los Países Bajos en nombre de nuestro hermano el emperador, tratando de ser su humilde servidora y, volviéndome su sombra, busqué llevar adelante sus mandatos cumpliendo con su voluntad y obedeciendo todo cuanto me ordenaba, para el buen gobierno y unidad de sus Estados. El emperador se terminó convirtiendo con el tiempo en el centro de mi vida, en torno al cual ella giraba. Os confieso que lo he admirado siempre muy profundamente y ahora, al faltarme, siento que he perdido la brújula de mis días. Tal vez sea el desasosiego al que la muerte nos somete y un día alcance a recuperarme, pero me siento demasiado triste y cansada y no estoy segura de lograrlo.
Esta será la última carta que os escribo antes de partir dentro de una semana hacia los Países Bajos, pero en ella encontraréis detallados mis últimos años. Leedlos sobre el final, como corresponde a la cronología de estas cartas. Antes, os recomiendo, leed el resto de las misivas para que podáis tener una idea cabal de mi existencia. Y dado que nunca la vida nos dio la posibilidad de compartir juntas nuestro tiempo, al menos podréis tener a través de ellas una idea acabada sobre mi persona.
Las he ordenado por fechas —desde la primera, escrita a la edad de diez años a nuestra madre, recluida en Tordesillas— hasta la última.
Al concluirlas, me habréis conocido definitivamente. En ellas van expresadas todas mis vivencias y mis sentimientos, aquellos que han hecho de mí lo que soy. Entonces vos también, Catalina, habréis vivido sin vivir junto a mí mi vida, esperando sin esperar los venideros instantes de mis días, un presente no compartid pero conocido, que siempre será pasado pero también futuro, porque viviré en vuestro recuerdo eternamente…
Debo confiaros que, desde que comenzaron a grabarse en mi memoria mis primeros recuerdos, en los incipientes tres o cuatro años de mi infancia, y hasta llegar a serla petite archiduchesse
