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George Lucas se metió en esto del cine por una carambola de la vida. Pero ya como alumno de la Universidad de California del Sur empezó a asombrar al mundo con alguna de sus creaciones en la pantalla. Fue su idea de hacer una "space ópera fantástica a lo Flash Gordon" lo que definitivamente le encumbró al Olimpo cinematográfico. Con la saga "La guerra de las galaxias" consiguió llevar a la práctica su sueño de crear una historia universal –la de la lucha del Bien y el Mal– con robots, androides y héroes que tienen los ideales que a todos nos gustaría tener. Y con ello forjar una experiencia que perdura a través de distintas generaciones de fans. Cine en estado puro. Este libro repasa la intrahistoria que generó todas las películas de la saga y las múltiples referencias que la acompañan, de manera que el lector pueda conocer cómo se ha ido desarrollando la aventura de las aventuras, en una galaxia no tan lejana… * La influencia de Flash Gordon. * ¿Quién optó al casting para los distintos personajes? * Leigh Brackett, la reina de la space opera, en los guiones de "Star Wars". * ¿Cómo se gestó el enfrentamiento entre Luke y Vader? * Jar Jar Binks: el personaje más aborrecido de toda la saga.
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Seitenzahl: 254
Veröffentlichungsjahr: 2020
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© 2018, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona
© 2018, Miguel Ángel Sabadell
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Diseño de cubierta e interior: Regina Richling
Imágenes: AGP images
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ISBN: 978-84-9917-597-3
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.»
Índice
Introducción: La fuerza estará contigo... siempre......................................5
1. En el principio fue la Space Opera.........................................................11
2. En busca de la trama................................................................................29
3. Un nuevo orden.......................................................................................49
4. Y entonces, el imperio contraataca........................................................69
5. Yo soy tu padre.........................................................................................85
6. Venganza o retorno................................................................................105
7. Gran hermano lucas..............................................................................121
8. Canónicos y apócrifos...........................................................................133
9. En el principio........................................................................................145
10. El destino de Anakin.............................................................................159
11. De Anakin a Vader................................................................................169
12. La llegada de Disney..............................................................................181
Bibliografía..................................................................................................191
Filmografía..................................................................................................193
Introducción
LA FUERZA ESTARÁ CONTIGO... SIEMPRE
«Quiero ver las películas en el orden en que George Lucas decidió decepcionarnos», decía Sheldon en un capítulo de la exitosa comedia de situación The Big Bang Theory. La saga Star Wars,o como se tituló en España, La Guerra de las Ga-laxias,siempre ha estado unida al universo friki, pero quienes tenemos la edad para haber vivido su estreno allá por noviembre de 1977, que vivimos colas incluso un mes después de estar en cartelera, sabemos que fue todo un fenómeno de masas. Hoy, 41 años después, la saga sigue siéndolo -en el momento de escribir estas líneas la saga va por el capítulo octavo y ya se ha estrenado el spin-offSolo.
Existe una relación de amor-odio entre Star Warsy los fans más entre-gados; se debaten todas y cada una de las escenas de las películas; se editan libros donde se explican punto por punto cada uno de los planetas, cada una de las armas, cada uno de los personajes, cada una de las naves que aparecen en la saga. Es, por definición, LA FRANQUICIA. George Lucas hizo un buen trabajo.
Podríamos catalogar Star Warscomo ciencia ficción, pero tiene muy poco de ciencia y todo de ficción fantástica. Está a muchos años-luz del resto de películas, «parasegundos» si parafraseamos a Han Solo. Esta incongruencia de la primera entrega, la famosa Carrera Kessel -o Corredor de Kessel- que el Halcón Milenariorealizó en menos de 12 parasegundos, define perfecta-mente lo que es la saga. Sólo usa el parsec como medida de tiempo cuando en realidad es una unidad de distancia. Lucas comete un tremendo error de concepto (científico), pero no importa: la película no es ciencia ficción dura, del estilo de Asimov, Clarke o Bendford. Además, para eso están los fans que disfrutan con la ciencia: para tapar el agujero y justificarlo. En este caso
usando exactamente eso, un agujero, pero negro. Star Warsno es una pelícu-la de ciencia, como dijo en cierta ocasión Harrison Ford, pero miles de fans vigilan para que todo cuadre. No en vano muchos de ellos son apasionados de la ciencia.
Este libro no va sobre la ciencia de la serie, ni sobre los mundos, personajes que la componen, ni sobre la historia de la galaxia de Star Wars; va sobre las propias películas. No pretende ser un tratado crítico erudito de cinéfilo, ni un estudio exhaustivo del ‘making of’de la saga, sino una introducción a la misma para todo aquel que esté interesado en saber un poco más de cómo nació y ha ido evolucionando a lo largo de cuatro décadas el mayor fenóme-no cinematográfico de todos los tiempos.
Así que arrellánese en el sillón y dispóngase a viajar a una galaxia no tan lejana...
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Para saber más…
El pársec o parsec es una unidad de longitud utilizada en astronomía y que equivale a 3,26 años luz, o 30 billones de kilómetros. Su nombre se deriva del inglés parallax of one arc second (paralaje de un segundo de arco). Esta es la palabra que usa Han Solo en inglés. El doblaje español lo transforma en parasegundo, con lo que el traductor, no sabemos si consciente o inconscientemente, salva la situación.
Un agujero negro.Un agujero negro es un objeto celeste donde la fuerza de la gravedad es tan alta que nada, ni siquiera la luz, puede escapar. Este extraño objeto celeste, productor de la relatividad general de Einstein, ha sido usado por los fans de Star Warspara explicar cómo Han Solo pudo recorrer una distancia de 20 parsec en solo 12. Pero los guionistas de Solo lo resuel-ven mejor: Han hace trampas -¡cómo no!- y toma un 'atajo' a través de la nebulosa Maelstrom (nombre tomado del remolino que se produce cerca de las islas noruegas Lofoten, famoso por tragarse al Nautilus en 20.000 leguas de viaje submarino). Para justificar esta 'solución' a la pifia de Lucas, nada mejor que recurrir a la filología: 'run' en inglés significa tanto 'carrera' como 'ruta'. Así que la 'carrera Kessel' se reconvierte en la 'ruta Kessel'. Así justificamos la trampa de nuestro simpático contrabandista picarón.
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EN EL PRINCIPIO FUE LA
SPACE OPERA
En abril de 1926 el editor norteamericano Hugo Gernsback lanzaba al mercado una publicación pionera del género de ciencia ficción, Amazing Sto-ries. El ideal de Gernsback era que se podía enseñar ciencias con este tipo de literatura. De hecho, tres años atrás, en el número de agosto de 1923 de la revista de tecnología Science & Invention-que editaba y dirigía el propio Gernsback-, ya la había dedicado por completo a la ‘fantaciencia’. Y no era un caso único: desde 1911 las pu-blicaciones periódicas científicas a veces contenían narraciones de ciencia ficción.
Una década después de la aparición de Amazing Stories, las revistas de aventuras, conocidas como pulps-debido a la mala calidad del papel donde se imprimían-, llenaban los quioscos de Estados Unidos con sus coloridas y llamativas portadas: Wonder Stories,Astounding Stories, Planet Stories, Marvel Tales...Estábamos en los comienzos de la que, posteriormente, se conocería como Edad de Oro de la Ciencia Ficción.
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Space Opera
Acerquémonos a un quiosco cualquiera un día de abril de 1936. Como la mayoría de las publicaciones aparecían el mes anterior a la fecha de su por-tada, el número de mayo de Astounding Stories-que costaba 20 centavos de dólar- contenía el comienzo de una nueva serie, The Cometeers, la muy esperada secuela de La legión del espacio, escrita por Jack Williamson, uno de los grandes de un subgénero de la ciencia ficción que recibe el nombre de space opera. Fue bautizada así en 1941 por Wilson Tucker, autor de la memorable novela El año del sol tranquilo(una mezcla de viajes en el tiempo con una pesimista visión del futuro de la civilización). Pero, sobre todo, Tucker fue uno de los creadores de opinión (o influencer, en el monomaníaco angli-cismo de nuestra época digital) de la comunidad de fans de la ciencia ficción, publicando gran cantidad de artículos, fanzines... Originalmente utilizó ese término para calificar a las peores obras de ciencia ficción cuyo nicho eran las revistas pulp; su po-pularidad y la poca calidad literaria fue lo que dio mala fama a este tipo de literatura.
En esencia, los autores pulpllevaban los típicos temas de las historias de piratas o de vaqueros al espacio: los jinetes cabalgaban entre las estrellas en sus relucientes naves, mientras libraban sus inevitables batallas espaciales esqui-vando explosiones y rayos. El arquetipo de la space operalo desarrolló un inge-niero químico estadounidense llamado Edward Elmer Smith con una historia publicada en Amazing Storiesen 1928: The Skylark of Space. En ella un cientí-fico descubre la forma de viajar por el espacio gracias a un misterioso «ele-mento X», construye una nave y junto con otros tres compañeros recorren la Galaxia descubriendo civilizaciones
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extraterrestres y -¡cómo no!- enfrentándose a un mal-vado supervillano. Otro de los primeros autores que podemos englobar en este género es al creador de Tar-zán, Edgar Rice Burroughs, con sus series de Barsoom (Marte) y Amtor (Venus) llenas de duelos, huidas, ba-tallas...
Por supuesto, tampoco debemos olvidar al ‘otro’ pa-dre de la space opera,Edmond Hamilton, con su Cap-tain Future(que narra las aventuras espaciales de un científico) o Interstellar Patrol. Toda su obra se caracteriza por los grandes escenarios espa-ciales en los que sus héroes descubren nuevos mundos llenos de misterio, horror y fantasía. Hamilton tiene un especial interés en nuestra historia porque estuvo casado con la escritora de ciencia ficción Angelina Leigh Douglass Brackett-la reina de la space opera-, que fue
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guionista de películas tan emblemáticas como la gran exponente del cine negro El sueño eterno, el western Río Bravoy, como veremos, de El Imperio contraataca.
Denostada por muchos, la space operaes como describiría Lucas en sus películas: «un mareo efervescente» donde viven personajes sin zonas grises, con un alto sentido de la aventura y donde lo que menos importa es la preci-sión científica -‘las leyes de Newton pueden irse a la porra’-. Es por eso que capturan la imaginación; tiene lo que los críticos anglosajones llaman ‘sense of wonder’, el sentido de lo maravilloso, lo asombroso. Hacen suyo lo que escribió Arthur Conan Doyle en el epígrafe de su novela Mundo perdido:
«He forjado un plan simple,
dar una hora de alegría,
al niño que es mitad hombre
o al hombre que es mitad niño».
Esta es la esencia que capturó Lucas para Star Wars. Como dijo en 1976: «siempre me han fascinado las aventuras espaciales, las aventuras románti-
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cas». Que nadie busque precisión científica en la saga: «Al fin y al cabo, va sobre personas y no sobre ciencia», explicó Harrison Ford en 1977. No podía tener más razón.
Si hay un denominador común a la space operaes que está ambientada en otros sistemas planetarios y sus protagonistas, equipados con avanzada tecnología, son capaces de viajar las enormes distancias que separan las es-trellas como quien se da una vuelta por su barrio. Por supuesto, cosas tan banales como la inercia, la cantidad de energía que necesita una nave para viajar a velocidades superlumínicas o el efecto de contracción temporal que eso conlleva (el tiempo pasa más despacio si viajas a velocidades cercanas a la de la luz) es pecata minuta. Lo mismo sucede con los planetas en los que se desarrolla la acción: la gran mayoría alberga vida y en todos la atmósfera es respirable para los humanos... o casi. En el tipo de civilización tampoco se hace un derroche de imaginación: los extraterrestres tienen rasgos antropo-mórficos y muy a menudo sus sociedades son reminiscencias de civilizacio-nes antiguas de la Tierra, como la egipcia, griega o vikinga, adornadas con rasgos futuristas.
Este subgénero se hizo muy popular durante la Edad de Oro de la ciencia ficción, que comenzó en los albores de la II Guerra Mundial y se extendió
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hasta los años cincuenta. Fue éste el momen-to en que Isaac Asimov propuso las famosas tres leyes de la robótica y cuando escribió la trilogía de la Fundación, que dio a la space operaun toque más científico. Fue también la época de autores y obras como Tropas del espaciode Robert A. Heinlein -aclamada y duramente criticada por militarista a partes iguales-, la poética Crónicas marcianasde Ray Bradbury o la más filosófica El fin de la infanciade Arthur C. Clarke. Pero todo tiene su fin y el género de aventuras espaciales comenzó a decaer cuando los autores empezaron a interesarse más por analizar imaginarias sociedades futuras que por las aventuras en sí mismas. Así, en la década de 1960 la Edad de Oro terminó y dio paso a la Nueva Ola.
No es de extrañar que hacia 1954 un George Lucas de diez años fuera un voraz lector de cómics y pulps: tenía más de 500 en una estantería que ocupa-ban toda una habitación de su casa. Amazing Stories, Unexpected tales... casi todas pasaron por sus manos. «De niño me entusiasmaba la ciencia ficción, pero mi interés no estaba en los escritores ‘tecnológicos’ como Asimov sino
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que más bien me apasionaba Harry Harri-son. Era el enfoque fantástico, surrealista, del género el que me nutría», escribió para el dossier de prensa de la primera entrega de Star Wars. Su héroe era alguien que hoy duerme el sueño de los olvidados: Tommy Tomorrow, líder de una policía galáctica llamada Los Planetarios y publicado por DC Comics. También fue fan de una publi-cación-fetiche de la época, Weird Fantasy, que publicaba cuatro historias de ciencia ficción por número y cuya marca de la casa era que todas ellas contenían un giro ines-perado. El propio Lucas escribiría en una edición recopilatoria de esta revista: «Naves espaciales, robots, monstruos, rayos láser... No es coincidencia que todo eso también esté en Star Wars».
Pero vayamos unos años atrás en el tiempo, cuando nació oficialmente la space opera, al número de agosto de 1928 de Amazing Stories donde se publicó Skylark of Spacede E. E. ‘Doc’ Smith. Entonces también apareció Armageddon 2419 AD de Philip Francis Nowlan, que iba a jugar un nada despreciable papel en esta historia. Su protagonista, como después haría Woody Allen en El dormilón, despierta en pleno siglo xxvdespués de un sueño de cinco siglos. Su nombre, Anthony Rogers, puede que no nos diga mucho, pero seguro que todos lo reconoceremos con el que al año siguiente se convirtió en la primera historie-ta gráfica de ciencia ficción: Buck Rogers.
Su éxito fue inmediato y en 1932 ya era un serial en la CBS, que por aquel tiempo era una cadena de radio. Entonces entró en acción la gran editorial de cómics, King Features, del magnate de los me-dios de comunicación William Randolph Hearst, que lanzó un
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reto a los dibujantes de cómics: quería un rival que compitiera con Rogers.
Un joven llamado Alex Raymond lo consiguió.
El abuelo de Luke
El 7 de enero de 1934 veía la luz la que es considerada una de las mejo-res e influyentes tiras gráficas de Estados Unidos. Para muchos su creador, Alex Raymond, es uno de los mejores artistas de ciencia ficción de todos los tiempos, aunque sus dibujos jamás ilustraron ni un libro ni una revista del género.
La historia comienza cuando los astrónomos descubren un planeta que va a colisionar con la Tierra. Entonces, unos asteroides provenientes del misterioso planeta alcanzan la Tierra y golpean el avión donde viaja Flash Gordon, un jugador de fútbol americanojunto con otros pasajeros entre los que se encuentra una joven, Dale Arden. El avión se estrella, pero Flash con-sigue salvar a Dale. Cerca de allí se encuentra el laboratorio-observatorio del científico Hans Zarkov, quien, en lugar de ayudarles, les obliga a punta de
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pistola a subir a la nave espacial que ha construido para viajar al misterioso planeta. Una vez allí son apresados por el malvado emperador Ming el Des-piadado que, aparentemente, nunca tuvo intención de estrellar su planeta, Mongo, contra el nuestro. En una incomprensible elipsis narrativa, Ray-mond se olvida de este hecho: parece como si Mongo jamás hubiera estado en rumbo de colisión con la Tierra. A partir de este momento lo único que tenemos es la lucha de nuestros tres héroes contra el supervillano, herede-ro del malvado asiático Fu-Manchú, que gobierna con puño de hierro el planeta. Por supuesto, cuentan con la ayuda de los pueblos oprimidos por Ming: el reino de los hombres-león, el de los bosques de Arboria, la ciudad flotante de los hombres-halcón, el reino helado de Frigia o el reino submari-no de los hombres-tiburón. Pero la guerra con el emperador Ming no puede durar eternamente y al final el malvado es derrotado y derrocado. Entonces nuestros héroes viajan a otros planetas en naves hiperlumínicas desfaciendo entuertos y regresando de vez en cuando a Mongo para cuando Ming o sus descendientes vuelven a las andadas.
Flash Gordon desbancó a Buck Rogers y se convirtió en la referencia úl-tima de lo que debía ser una aventura espacial. Comparado con los héroes actuales, que escritores y guionistas hacen moverse en un mundo sombrío donde nadie es bueno o malo, Flash no flaquea, no duda, nunca perdona. Como dirían años más tarde algunos críticos, Flash sólo se muestra vulnera-ble cuando está inconsciente.
El éxito arrollador de Flash Gordon hizo que, al año siguiente de su apari-ción en los periódicos, Universal Pictures comprara los derechos por 10.000 $: su
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pretensión era convertirlo en un serial para la gran pantalla de trece capítu-los de 20 minutos de duración.
Colgando de un precipicio
El serial es la prehistoria de nuestras series de televisión y tenía una estruc-tura muy concreta: normalmente lo componían de 12 a 15 capítulos que se proyectaban a un ritmo de uno por semana, con una duración de 15 a 20 minutos. Como marca de la casa utilizaban una técnica narrativa que en el entorno cinematográfico se denomina cliffhanger(del inglés ‘colgando de un precipicio’: justo donde quedaba el héroe al final de cada entrega y que se re-solvía al comienzo de la siguiente). El cliffhangerno es algo que se inventara la gente de Hollywood; es un recurso literario muy antiguo cuyo más famoso exponente son los cuentos de Las mil y una noches.
En 1936, y salvando los estrenos de las grandes producciones, las tres cuar-tas partes de las salas de cine habían adoptado el sistema de la doble sesión
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-promovido por las propias majors- en el que se pasaban dos películas al pre-cio de una: junto con la «importante» se proyectaba otra de bajo presupuesto a la que las productoras se referían como de clase B y en la que no invertían ni un dólar en publicidad. En las matinés de los sábados la programación era completita: un serial, un noticiero, dibujos animados y dos películas.
Universal Pictures apostó fuerte por Flash Gordon:la inversión superó con creces el presupuesto habitual de los seriales, incluso el de una película A, disparándose a 350.000 $. Su éxito fue tal que incluso se exhibió en las grandes salas, que jamás proyectaban este tipo de películas. En 1938 y 1940 se grabaron lo que llamaríamos dos nuevas temporadas, pero con una inver-sión significativamente menor. Después desaparecería de las pantallas pero sería reemitida por televisión en los años cincuenta; es entonces donde nos encontramos a un joven George Lucas pegado al televisor: «el serial original de Universal se emitía en televisión a las 6:15 pm todos los días... y estaba como loco por verlo».
La influencia de Flash Gordonen Lucas es innegable; hasta los famosos textos que aparecen en el comienzo de cada una de las películas de la saga es un homenaje directo, pues así empezaba cada capítulo del tercer serial Flash Gordon conquista el universo:Star Warsreproduce exactamente la in-clinación del texto y termina con los mismos -e inusuales- cuatro puntos suspensivos.
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El nacimiento de una saga
El cine entraba en el mundo de las batallas espaciales en 1955 con This island Earth,basada en la novela homónima de Raymond F. Jones. Pero fue al año siguiente cuando Planeta Prohibido rompió moldes: no sólo fue la primera película en la que los seres humanos construían y viajaban en una nave a una velocidad superior a la de la luz, sino que se desarrollaba en un planeta totalmente ajeno al nuestro. También fue la primera que mostró a un robot, Robby, con personalidad propia hasta el punto de que se le consideró como uno de los secundarios del filme; de hecho, fue uno de los grandes éxitos de esta película. Pero el estilo no acabó de cuajar -o de convencer- a las produc-toras y tendríamos que esperar a 1968 para que se produjera otra revolución semejante, esta vez con dos grandes películas: 2001, una odisea del espacio, con su estilo visual, sus cuidadísimos efectos especiales y su realismo cien-tífico, y El planeta de los simios, con su visión apocalíptica del futuro, una reflexión sobre lo que nos hace humanos y su famosísima escena final, que ha pasado a la historia del cine.
La llegada a la pantalla grande de la superproducción de Stanley Kubrick 2001, una odisea del espacio -con la que el director quería realizar «la pro-verbial buena película de ciencia ficción»- produjo un doble salto cualitati-vo. El primero fue lanzar a la estratosfera la calidad de los efectos visuales -gracias en gran medida a ese ilustre desconocido del cine de ciencia ficción que era Douglas Trumbull-; el segundo, porque imprimió solemnidad a un género que desde los años cincuenta era o bien de invasores extraterrestres,
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o películas de terror del estilo La Cosa del Pantano, o futuros postapoca-lípticos. Todas ellas sinónimo de películas de clase B con sencillos efectos especiales. El cambio de mentalidad que propició Kubrick fue tal que llegó al otro lado del telón de acero: cuatro años más tarde se rodaba la que ha sido llamada ‘respuesta soviética a 2001’, Solaris (1972), de uno de los directores más aclamados, el inclasificable Andréi Tarkovski. En este caldo de cultivo entró en escena George Lucas, que ya había hecho sus pinitos en el mundo de la ciencia ficción en 1969 con su película distópica THX 1138. Lucas ve-nía de rodar su exitosa American Graffiti (1973), una comedia del género coming-on-age (el paso de la adolescencia a la madurez) ambientada en el verano de 1962 en la ciudad californiana de Modesto, que Lucas conocía muy bien por haber nacido y crecido allí.
Pero para comprender el origen de Star Warsdebemos retrotraernos a principios de los sesenta, durante la larga temporada de recuperación que George Lucas tuvo que pasar tras un gravísimo accidente de coche que sufrió el 12 de junio de 1962y que casi le cuesta la vida. Entonces Lucas descubrió las humanidades y su fascinación por la fotografía, además de los clásicos del futuro distópico: 1984de George Orwell y Un mundo felizde Aldous Huxley. Este tipo de argumento, en el que un hombre intenta huir de un es-tado totalitario y controlador, es lo que subyace a su primera película, THX 1138.
Cuando meses después del accidente Lucas retomó sus estudios en el Mo-desto Junior College, lo hizo de una forma más seria, más consciente, diri-
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giendo sus pasos a la antropología y sacando buenas notas en astronomía, sociología e historia del arte. Entonces leyó el best sellerdel experto en mito-logía comparada Joseph Campbell, El héroe de las mil caras (1949), que trata sobre el patrón que existe en todas las historias y leyendas que envuelven a los héroes de la mitología. Para Campbell el héroe en todas las culturas pasa por los mismos ciclos o aventuras que pueden resumirse en tres pasos: separación, iniciación y retorno. Lucas ha reconocido en numerosas ocasio-nes que este libro fue su guía en la creación de Star Wars, lo que no resulta extraordinario pues esa tríada se considera que debe estar presente en toda película épica. Para Lucas los mitos están localizados de forma invariable en «ese lugar justo sobre la colina»; es la siguiente frontera, suficientemente real para interesarnos pero suficientemente inexplorado para ser misterioso. Y en el siglo XX ese lugar inexplorado era el espacio... y aún sigue siéndolo.
Influencias
Nada se puede crear desde cero. Nuestra mente juega con lo que somos, ha-cemos, vemos y leemos. «Cuando creas un mundo -dice Lucas- es en parte capricho, en parte exigencias de la intriga y en parte preocupaciones perso-nales, excentricidades psicológicas.» Una de las más claras influencias en la creación de Star Warsllegó de la mano de su amigo John Milius, cuando insistió en que le acompañara a ver las películas de Akira Kurosawa. Le bastó con ver una única vez Los siete samuraispara quedar totalmente enganchado a la forma de hacer del veterano director japonés, al que le encantaban -como al propio Lucas- las foca-les largas y los planos generales. Además había algo en las películas de Kurosawa que difícil-mente podía pasarle desapercibido: al japonés le gustaban las películas del oeste. De hecho, cuando le preguntaban cuál era su fuente de inspiración, Kurosawa respon-día invariablemente: John Ford. El director de La diligencia, El hombre que mató a Liberty Valanceo Centauros del desiertoes el alma del western y Ku-rosawa llevó su espíritu al Japón medieval. Ni qué decir tiene que Lucas lo trasladó al espacio. De hecho, él mismo definió Star Warscon dos palabras: western espacial.
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Un día Lucas y su amigo el productor Gary Kurtz estaban discutiendo cómo adaptar una de las grandes películas de Kurosawa, La fortaleza escon-dida. ¿Por qué? Por ser un film de acción y aventuras en un territorio hostil. De aquella conversación nadie recuerda casi nada, sólo que Kurtz mencionó lo poco bueno que se había hecho en ciencia ficción desde Planeta prohibi-do: «no había nada divertido», dijo Kurtz. Lucas tenía en mente realizar una película de uno de sus héroes de niñez, Flash Gordon, así que a principios de 1971 viajó a Nueva York y visitó King Features para preguntarles sobre la situación de los derechos. Allí se enteró que detrás de ellos estaba otro gran fan del salvador de Mongo, Federico Fellini y la productora de Dino de Laurentiis; por mucho que hubiera querido no habría podido competir con el afamado director italiano. Alicaído, comió con Kurtz y Francis Ford Coppola y al final decidió: «Bueno, me la inventaré yo».
En mayo del 1971 THXfue seleccionada para la Quinzaine des Réalisateursdel Festival de Cannes, un sección paralela del famoso festival organizada por la Société des réalisateurs de films(SRF). Lo cierto es que THXse benefi-ció de una pequeña revolución de los jóvenes directores europeos al exigir -y conseguir- que en Cannes se proyectaran más películas de autores de menos de 30 años. Lucas y su mujer asistieron al Festival, y la visita a la Costa Azul no hubiera pasado de ser algo anodino de no ser porque se entrevistaron con David Picker, el presidente de United Artists. Tras cerrar el lanzamiento American Graffiti, Picker le preguntó si tenía alguna cosa más en cartera. Lucas, viendo la oportunidad, se lanzó: «estoy jugando con la idea de una película de fantasía estilo space operaen la línea de Flash Gordon».
El 3 de agosto de 1971 United Artists registraba la marca «The Star Wars» en la Motion Picture Association of America. Hasta ese momento sólo era una idea; ahora tocaba ponerse a trabajar.
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Para saber más…
Amazing Stories era una revista de ciencia ficción que lanzó su primer número en 1926 bajo la tutela de Hugo Gernsback y que definió el género de ficciónpulp.Pasó por numerosas vicisi-tudes hasta que en 2005 fue suspendida su publicación de una manera definitiva.
Space Opera es el nombre con el que se conocen a los culebrones que antaño podían oírse por la radio, también conocidos como soap opera, pues las empresas que los financiaban eran fabricantes de jabón.
Edmond Hamiltonfue un célebre escritor de ciencia ficción al que se le otorga la creación del subgénero Space Opera, y que fue el creador de muchos guiones para los cómics de Superman y Spiderman.
Leigh Douglas Brackettfue una autora americana especializada en la ciencia ficción que se dio a conocer en 1940, con tan sólo 25 años, cuando llegó a colocar la friolera de 26 historias en las revistas pulpcon apenas cuatro años en la profesión como escritora.
Alex Raymond fue uno de los más célebres dibujantes americanos de cómic en los años trein-ta. Suyas son algunas de las historias más clásicas de la historia del cómic: Flash Gordon, Jungle Jim y Secret Agent X-9. Flash era inicialmente un jugador de polo, luego se convertiría en un famoso jugador de fútbol americano.
Bantha Tracks. Según el primer ejemplar de Bantha Tracks, la revista oficial del club de fans de Star Wars,Lucas investigó en qué se inspiró Alex Raymond para crear su Flash Gordon, lo que le llevó al John Carter de Edgar Rice Burroughs.
El planeta de los simios. Muchos se atribuyen la creación de su icónica escena final: desde el tándem Arthur P. Jacobs -productor de la
