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Divo Barsotti analizó en esta obra, recuperada ahora, el libro de Jonás. Un libro que el autor considera didáctico y profético y que no deja de tener elementos históricos, aun dentro de los muchos detalles inverosímiles que contiene. Huyendo de la vocación a la que había sido llamado, Jonás se ofrece para ser arrojado al mar y aplacar la tormenta, en un acto que implica confiarse y abandonarse en Dios. Al contemplar el relato como lo hace el autor, podemos descubrir en Jonás que la historia de Israel ya está orientada a la salvación obtenida por el mayor acto de abandono en Dios de la historia de la humanidad: la muerte de Cristo.
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Seitenzahl: 92
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Divo Barsotti
© SAN PABLO 2025
Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid
Tel.917425113
[email protected] - www.sanpablo.es
© Edizioni San Paolo s.r.l., Cinisello Balsamo (Milán),2023
Título original: Meditazione sul libro di Giona
Traducido por Juan Antonio Carrera Páramo, SSP
Distribución: SAN PABLO. División Comercial
Resina, 1.28021 Madrid
Tel.917987375
ISBN:978-84-285-7248-4
eISBN:978-84-285-7290-3
Depósito legal: M.15-2025
Impreso en Artes Gráficas Gar.Vi. 28970 Humanes (Madrid)
Printed in Spain. Impreso en España
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin permiso previo y por escrito del editor, salvo excepción prevista por la ley. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la Ley de propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos – www.conlicencia.com).
A mi querido staretz Giovanni d’Ambrosi, de los PP. Cavanis, en señal de veneración y afecto.
La nueva publicación del denso comentario de Divo Barsotti sobre el pequeño libro de Jonás, publicado por primera vez en 1967 (Editrice Queriniana, Brescia), relanza ideas y reflexiones beneficiosas para el contexto sociopolítico actual. Tras haber superado la pandemia del Coronavirus, actualmente se piensa en la «policrisis» que afecta a los continentes, encontrando motivos de perplejidad en el cambio climático que padecemos, en la guerra ruso-ucraniana y en posibles avances de la inteligencia artificial que podrían socavar la confianza en el futuro. La mirada del sacerdote de Settignano, fijada en el texto bíblico, consigue despertar en el lector un sentido de responsabilidad y una esperanza razonable.
Jonás, uno de los doce profetas menores recogidos en el rollo del mismo nombre, es el protagonista de unas páginas, principalmente en prosa, que atribuyen al hijo de Amitay (ya mencionado en tiempos del rey Jeroboán II en 2Re 14,25) unos acontecimientos ambientados en Nínive. Aunque hay que situar al antiguo profeta en el siglo VIII a.C., los hechos que se le atribuyen podrían haber sido escritos en los siglos V-IV a.C., ya que se ofrece como una manifestación de las concepciones desarrolladas en el posexilio sobre el significado global de la profecía.
Nínive, capital del Imperio neoasirio desde el 704 a.C. hasta su ruina en el 612 a.C., siguió siendo famosa por las riquezas allí acumuladas y por las imponentes murallas que se extendían a lo largo de 12 km. Por un lado, la ciudad sigue sirviendo de símbolo de todo temible centro de poder y, por otro, adquiere las dimensiones de un monstruo sometido a Dios. Con sus gigantescas dimensiones (tres días para atravesarla sugieren un diámetro de unos ¡75 km!), se asemeja al enorme pez que se traga a Jonás y lo mantiene prisionero hasta que el Señor le ordena que lo devuelva sano y salvo a la playa.
El profeta entabla un diálogo con los gentiles: de este modo debe reconocer, primero, la bondad del alma de los marineros a los que pone en peligro y, después, la inesperada humildad de la población ninivita, que comprende plenamente sus peticiones, aunque sean presentadas con indiferencia y en un idioma desconocido. El israelita debe estar persuadido de que su Dios «misericordioso y compasivo» (como afirma el pasaje programático de Éx 34,6) guía el camino histórico de todas las naciones y que sus fieles desempeñan un papel que supera su conciencia personal. El profeta, en particular, transmite una palabra de sorprendente eficacia. Es fundamentalmente una persona salvada de una muerte segura y, sin embargo, es portador de la salvación. Jonás, cuyo nombre significa «paloma», personifica brevemente a los profetas y al mismo tiempo al pueblo de Israel (cf Os 7,11), cuyo testimonio puede ser torpe y escaso pero, sin embargo, necesario y poderoso.
Con su estilo cercano, Divo Barsotti interpela directamente al lector, liberando a quienes hoy lo escuchan de la tentación de permanecer como espectadores en una especie de navegación privada a la que los recursos digitales pueden acostumbrar. Sus preguntas son apremiantes, según el espíritu de las Escrituras, concebidas precisamente para alentar la reflexión y la conversión: «Tú huyes, ¿a dónde? Tú huyes, ¿cómo?».
Procede así a contemplar la dimensión universalista de la profecía que concibe la historia dentro de un plan divino de misericordia. Se centra en la responsabilidad de los elegidos y en los fundamentos de la vida cristiana: «Arrojarse al mar, ¡qué expresión tan magnífica! Esta es la vida cristiana: debemos arrojarnos al mar, lanzarnos hacia delante». Reconociendo que las Escrituras de Israel anuncian a Cristo «y no solo a Jesús de Nazaret, sino al Cristo total, el Cristo que también somos nosotros», observa cómo el libro de Jonás arroja luz sobre la vocación de Israel, sobre la misión de Cristo y sus discípulos. Mientras Israel se sumerge en el mar Rojo y Jesús de Nazaret desciende al sepulcro, «Jonás responde a la misión recibida de Dios cuando parece ser tragado por el mal». «La Iglesia –escribe perspicazmente– parece vivir en el mundo para ser perseguida». Entonces, «Dios nos ayuda».
Resulta, por tanto, muy útil poder combinar herramientas más atentas a las implicaciones histórico-críticas de la Biblia con comentarios como este texto, que ayuda al lector a adentrarse en los pliegues del relato como coprotagonista.
Antes de leer el texto del libro se impone una premisa que nos da la clave para su entendimiento.
Mientras tanto, nos preguntamos si el libro es histórico, ya que habla de ciertos acontecimientos, de una ciudad, de un profeta que tiene su propio nombre ya conocido por otros libros inspirados, de su misión. El libro tiene además relaciones con otros libros de la Sagrada Escritura, en particular con los libros de los Reyes, que nos hablan de la misión de Elías y Eliseo, y sobre todo con los libros de Jeremías y Ezequiel. La relación con otros libros puede ser una relación puramente literaria, pero también quizás es un signo de la historicidad del libro. Sabemos que Dios conduce la historia de su pueblo no a través de acontecimientos totalmente diferentes, sino a través de acontecimientos que parecen repetirse, al tiempo que se vuelven más transparentes al anunciar el acontecimiento futuro, aquel hacia el que avanza toda la historia, preparándolo, imaginándolo, haciéndolo ya presente de alguna manera.
Puede ser que la referencia a los otros libros sea un recurso puramente literario; sin embargo, quizás sea un indicio histórico de lo que nos narra el propio libro. Cabe señalar que cuando el libro sagrado es una parábola, una alegoría, un texto apocalíptico o un relato (como el libro de Judit, el libro de Tobías, el libro de Job), la referencia a los acontecimientos de la historia judía no es tan precisa como en el libro de Jonás.
¿Tiene el libro de Jonás un carácter histórico? ¿O es una parábola, un cuento didáctico, un pequeño relato?
Mientras tanto, señalemos aquellos elementos que podrían apoyar la tesis de la historicidad del libro. El argumento fundamental, de peso excepcional, es el hecho de que nuestro Señor se refiere al libro de Jonás: «De la misma manera que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del cetáceo, así estará el Hijo del hombre...» (Mt 12,38-40; cf Mt 16,4; Lc 11,29-32). Si habla de sí mismo, de su muerte y sepultura y luego de su resurrección, si ve en estos acontecimientos de su vida el cumplimiento de figuras del Antiguo Testamento, podemos pensar que, por históricas que sean la muerte de Jesús y su resurrección, así también es histórica la misión de Jonás, su caída al mar, su estancia durante tres días en el vientre del pez, y es histórica después la misión recibida de la conversión de los ninivitas.
Otros argumentos pueden apoyar esta prueba principal: sobre todo la referencia a Jonás como hijo de Amitay. El segundo libro de los Reyes (2Re 14,25) nos habla de un profeta Jonás, que sería hijo de Amitay, como el profeta Jonás de este libro. La referencia es demasiado precisa ya que solo hay un Amitay en las Sagradas Escrituras, y es el padre del profeta Jonás; no hay otros en todo el Antiguo Testamento.
La referencia, en el libro de Jonás, a aquel profeta que es ciertamente un personaje histórico y que anunció a Jeroboán II que extendería el reino de Israel como en tiempos de David, de modo que el reino de Israel alcanzaría bajo su reinado la máxima extensión, el esplendor más grande, sugiere que el autor inspirado quiere garantizar de alguna manera la historicidad de su libro. El profeta Jonás es indudablemente un personaje histórico al igual que Jeroboán; por otra parte, el segundo libro de los Reyes es un libro histórico. La referencia que el libro hace a este profeta sugeriría que se trata, también en el libro de Jonás, de una misión histórica, de un personaje histórico, de acontecimientos precisos.
La misma decepción del profeta hacia una Nínive que se salvó a pesar de las predicciones podría tener alguna relación con acontecimientos históricos pero, en este caso, la antigua ciudad de Nínive también podría simplemente ocultar el nombre de otra ciudad que oráculos proféticos, sin haberse cumplido posteriormente, habían prometido el exterminio. En este caso, el libro de Jonás, escrito ciertamente después del exilio, nos hace retroceder y atestigua el sentimiento de desconcierto y de consternación que sintió el pueblo judío ante un oráculo reconocido por Israel como una profecía verdadera, y que posteriormente no se cumplió.
Según los libros sagrados del judaísmo, una señal de la verdadera profecía es que la Palabra divina debe cumplirse teniendo una eficacia divina en sí misma, siendo palabra de Dios, es decir, una Palabra que crea. ¿Por qué esta Palabra no produce el evento que anuncia? Presagia desgracias y no suceden, anuncia desastres y en cambio todo queda como estaba. Quizás el libro no sea histórico en relación con acontecimientos lejanos, pero puede serlo en relación con otras ciudades y naciones, para las cuales los oráculos proféticos habían anunciado destrucción y fin, y sin embargo seguían floreciendo. En particular, se puede recordar la inesperada salvación de Tiro, que el profeta Ezequiel ya vio destruida en muy poco tiempo. Tiro ya había sido asediada durante doce años por Nabucodonosor, quien, después de mucho tiempo, tuvo que levantar el asedio y desistir de conquistar la ciudad. Tiro no cayó.
¿Expresa el libro de Jonás desilusión con respecto a este suceso? En este caso no se negaría la historicidad del libro. De hecho, debo decir que para mí el libro tiene elementos históricos que debemos saber resaltar.
Es ante todo, por supuesto, un libro didáctico, pero también incluye elementos históricos amplificados, exagerados y presentados en forma de leyenda. Es un libro didáctico, pero tiene elementos históricos y es una profecía.
