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Podríamos considerar Metafísica para todos como un manual de espiritualidad. Sería muy lícito. En él vamos a encontrar todo tipo de explicaciones acerca de los qués, por qués, para qués… del Hombre y la Creación, del Hombre como Creación, del Hombre en la Creación. Sin embargo, Metafísica para todos está muy lejos de ser una disquisición intelectual o teórica. Antes es un ejercicio de conexión. De conexión a ti. Contigo. Una llamada al Despertar. Metafísica para todos es el libro destinado a aquellos Trabajadores de Luz que quieran entender quiénes son realmente y cuál es su cometido. Destinado a quienes, ya sabiéndolo, quieran analizar en conciencia su labor en pro de una espiritualidad activa y comprometida, cada vez más necesaria en el presente del aquí y el ahora. Un libro dirigido a la comprensión de la Luz, el Poder y la Voluntad divinas que sustentan tu Alma como paso esencial para desgranar, desde la paz y el bienestar, esta hermosa experiencia de aprendizaje que llamamos Vida.
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Seitenzahl: 226
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Gabriel Padilla López
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Ilustración: Alejandra Yannello
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1181-414-0
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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Para Elia,
en sus primeras aventuras
de esta experiencia llamada vida.
PRÓLOGO
Podríamos considerarMetafísica para todoscomo un manual de espiritualidad. Podríamos. En él vamos a encontrar todo tipo de explicaciones acerca de qués, por qués, para qués… sobre las grandes preguntas que a todos nos rondan por la cabeza pero que, si además somos de aquellos que sospechamos o entendemos que la realidad física, visible, no es la única ni la última, la trascendencia de tales cuestiones va a adquirir una dimensión, nunca mejor dicho, distinta. Una dimensión… a explorar.
El problema de la exploración es que uno se lleva en la mochila el material con el que cuenta en casa, creyendo, en demasiadas ocasiones, que esa otra realidad se va a corresponder con una traducción de la que conoce y vive, de modo que uno aplica sus creencias, ideas, costumbres… Tal cual ocurre con Dios. Comprendemos que estamos hechos a su imagen y semejanza solo a partir de hacerlo a Él a nuestra imagen y semejanza. Tanto, tanto, que hemos acabado por adjudicarle todos nuestros errores y defectos.
Metafísica para todoses una obra en la que cualquier lector novel en cuestiones espirituales va a encontrar, como decíamos líneas atrás, muchas respuestas y comprensión acerca del funcionamiento de este Multiverso en el que vivimos y con elque, como irás viendo, mantenemos una interacción constante (seguramente tú la llamas«intuición»,«corazonada»). Eso sí, por favor te pido, no creas nada simplemente porque esté escrito o argumentado. Toma aquello que entiendas, presta atención a aquello que te resuene y permítete leer el resto con curiosidad.
Para el lector que empieza a querer comprender esa otra realidad que intuye con fuerza (sí, tú ya hablas de«sincronicidades»,«señales»…), encontrará en la presente obra un recorrido perfecto e hilado de todos aquellos temas sobre los que, probablemente, has ido recogiendo conocimiento, pero que hasta ahora te parecían grandes puzles de juegos distintos.
Mas si, por el contrario, ya eres un lector curtido en temas metafísicos o un compañero canal, sanador, divulgador, formador… etc., vas a encontrar la revisión de algunos temas importantes que te harán ir más allá de tu marco de conocimiento, así como información verdaderamente novedosa que se nos ha dado revelada para esta obra y que estoy seguro que sabrás apreciar tanto como yo cuando la recibí.
Metafísica para todostiene como objetivo dar respuestas a la mente, pero como puente para hablarle al Alma. Solo cuando la mente entiende, se relaja. Entonces el Alma puede manifestar mejor su presencia. Ocurre cuando dormimos, meditamos o alcanzamos el suficiente nivel de paz, conciencia, compasión… a través del trabajo interior. A partir de hacer resonar en la mente lo que el Alma ya sabe, la pretensión es que esta aflore, encuentre nuevas formas de asomarse a nosotros, para acomodarse en su espacio y dirigir nuestros pasos.
Metafísica para todosno es un ejercicio intelectual. Es un ejercicio de conexión. De ti, contigo. Y así lo han podido atestiguar quienes ya lo leyeron o quienes siguen releyéndolo.
Metafísica para todoses la materialización de mi primer gran cometido como canal espiritual, cuando una mañana de domingo, apenas había abierto los ojos, mi sentir recogió la voz de mi guía diciéndome:«Tienes que escribir un libro. Se llamaráMetafísica angélica».
Frente a todo pronóstico, no fue un libro de ángeles, sino un libro para que los «ángeles» encarnados aquí en la Tierra, todo nosotros, fuésemos capaces de comprender, pero también de reconocer y enaltecer, la gran labor que venimos realizando en nuestras vidas, en nuestras existencias y en nuestra labor universal. A través de él se nos ha querido dar respuesta acerca de las cuestiones que desde el humano nos planteamos; al entendimiento del hombre y la Creación; del hombre como Creación y del hombre en la Creación. Pero también una llamada al despertar.
La mañana del 12/12/12 acabé de escribir el libro que finalmente tituléMetafísica angélica. La llamada del Guerrero (2012-2020), dado que era un recurso más que la Hermandad Blanca pretendía poner sobre la mesa para que tomásemos consciencia de la ingente labor que todavía quedaba por hacer para caminar social, política, económicamente… por el sendero de Acuario, en esta recién estrenada era, de cara al nuevo período que se iniciaría en 2020-2021, del cual nunca se me dio, afortunadamente, información más allá de«un final de etapa».
Aquellaobra, amigo/a lector/a, es la que ahora tienes en tus manos, reeditada bajo un nuevo título para que la especificación temporal que figuraba en el anterior no cancele la vigencia de un mensaje más necesario que nunca: trabajar activamente por expandir la Luz, el Poder y la Voluntad divina que sostiene nuestras almas y da vida a todo cuanto existe manifestándose en la equidad, la convivencia, el amor, la compasión, la ayuda, la justicia y la unidad en pro de un bien común.
Salvo alguna leve corrección de estilo, la obra mantiene fidedignamente el texto que escribí a partir de la información que Guías y Maestros me proporcionaban, en el orden en que me la proporcionaban y con los matices que esta requería para mantener su energía y cometido. Es, por tanto, una obra suya. Mi labor se ha limitado a hacer accesible tal información y asumo cualquier error, desliz o malinterpretación que pudiera haber en ella.
Como verá el lector, el libro se estructura siguiendo el recorrido energético que suponen las frecuencias de los siete Rayos Universales, desde donde ha partido el contenido que recoge cada capítulo. Y como ocurre con estos, se divide en una primera parte, constituida por los Rayos Principales o de Atributo (los tres primeros, que conforman la Llama Trina, la tripartita esencia divina), tal y como los nombra el maestro Saint Germain en sus obras, y una segunda parte, constituida por los Rayos Secundarios o de Aspecto (los cuatro siguientes). En la primera parte, el lector hallará una sólida introducción a todos los temas que se recogen en la obra, un primer panorama general, y en la segunda, un desarrollo amplio y pormenorizado de los mismos, en el que descubrirá cómo los temas se interrelacionan entre sí, permitiéndonos comprender el funcionamiento general del Multiverso que habitamos, así como el importante papel que cumplimos en él, a partir de los procesos que vivimos como humanos, en el planeta Tierra.
Estimado/a lector/a, ahora el mensaje está en tus manos. «Quien tenga ojos para ver que vea».
PARTE PRIMERA
RAYO AZUL
EL GUERRERO DE LUZ
«El Primer Rayo tiene como cualidad fundamental ejercer la Voluntad divina. Es el primer y más alto catalizador de la Voluntad del Logos en sus diferentes reinos de manifestación. Es el que cierra los ciclos anteriores y abre los nuevos, es el que cierra el círculo en el momento de la consumación de los tiempos».
Saint Germain
Plan divino y contratos de vida
El Universo fue creado por voluntad de Dios, pero es por empeño y voluntad nuestra que mantiene una actividad continua de evolución material y vibracional.
Desde su aparición en un punto temporal Alpha (A) es la propia dinámica existencial de las criaturas1que lo habitan la que va dirigiendo la evolución hacia el punto Omega (Ω), el estadio final en el que, tras alcanzar el máximo nivel de perfección, al entrar en comunión directa con la propia pureza primigenia, podremos reintegrarnos en el flujo de Todo lo que Es y Será en la fuente origen del Todo, en los brazos de Dios Padre, nuestro Hacedor. Tal pretensión, así como los esfuerzos que de ello se derivan, es lo que se conoce comoPlan RectoroPlan Divino.
Todos y cada uno de los seres pertenecientes a la Creación trabajamos para ello en un doblete perfecto que nos atañe colectiva e individualmente a la vez. Todos y cada uno de nosotros estamos abocados a realizar nuestra propia labor de perfeccionamiento a través de las vidas que vayamos viviendo: conociendo todas las caras del poliédrico universo humano, saldando karma, eliminando nuestras partes de sombra, el ego, las falsas creencias, los prejuicios, los votos kármicos2… y cumpliendo los cometidos concretos que se nos adjudiquen o que nos propongamos cumplir.
Iremos hablando sobre el tema a lo largo del libro, pero de momento sepamos que los seres humanos, antes de bajar a la Tierra en forma corporal decidimos en el plano espiritual con qué acción vamos a apoyar al Plan Rector, cuál va a ser nuestra«misión»3, aunque siempre, y esto es importante, subyugado a la conveniencia de nuestro propio desarrollo. Es lo que se conoce como Contrato de Vida.
Puede que nuestro Contrato de Vida sea simplemente mejorar espiritualmente, si somos almas jóvenes o si aun ya viejas4, hemos mantenido una postura alejada de lo que realmente deberíamos haber hecho. Pero puede que se dé el caso contrario y bajemos a este plano con parte de nuestras capacidades despiertas para ser guías de Almas, elevar espíritus desencarnados, realizar sanaciones5… Aunque puede también que no tengas ningún cometido digno de considerar«espectacular».En su inmensa mayoría los Contratos de Vida se resuelven desde las más comunes de las posiciones. Alejémonos de prejuicios o pretensiones egocéntricas. Un bróker, un ama de casa, un empresario, un lampista o un pescador… pudieran estar sirviendo infinitamente con mucho más acierto al Plan Rector que todos los que nos dedicamos a la contemplación, a la espiritualidad… Sin embargo —tracemos ya el abanico completo— también están los contratos más difíciles. Aquellos cuyo papel debe representar un revulsivo, un ejemploab contrariispara la sociedad: sería el caso de algún asesino, algún violador, algún terrorista… Lo que no hace que su actuación deba ser en absoluto exculpada. Precisamente ahí es donde radica la dificultad de su, para nosotros, incomprensible misión: que no lo sea6. Pero en este caso, como en todos los demás, es la persona —su identidad de Luz— la que está de acuerdo en asumir la tarea encomendada7.
Sea colectivamente (Plan Rector) o individualmente (Contrato de Vida), los cometidos a los que nos enfrentamos tienen unas características universales muy bien definidas8. Son las siguientes:
La labor siempre es individual. Todas y cada una de las criaturas con conciencia tienen la misión de evolucionar.La labor siempre es individualizada. Se adecúa a cada una de ellas, atendiendo a su nivel evolutivo y a sus capacidades. De modo que la labor que alguien deje de hacer no será hecha por nadie más.Cada criatura es responsable de sus actos.La evolución es personal y colectiva a la vez. Los beneficios alcanzados por los individuos redundan en el desarrollo global del Plan, del mismo modo en que el desarrollo global del Plan lo hace sobre el individuo. Estamos pues ante una evolución que se retroalimenta de sí misma.La evolución es deseable y necesaria, pero no forzosa. Las criaturas pueden o no llevar a cabo esta labor por error, incapacidad, … Siempre asumiendo la responsabilidad que conlleve y sabiendo que siempre tenemos la oportunidad de retomar la cuenta de nuestro progreso.Para entenderlas mejor, si se me permite, utilicemos el símil de una yincana.
Todos y cada uno de los miembros conscientes de la Creación estamos inscritos en este«juego»sine diedonde lo que importa no es la rapidez con la que se llegue al objetivo —podemos tardar cuanto necesitemos—, sino cuánto vamos creciendo por el camino. Esta es una yincana iniciática, podríamos decir. Por ello, cada participante empieza o continúa el camino según el nivel que haya logrado en cada etapa. Las pruebas se le adaptan con precisión según sus necesidades y capacidades. De hecho, muchas de ellas se consensuan entre este y la organización, e incluso se deja constancia en forma de contrato para que no haya nunca duda alguna al respecto. Más que nada porque, al volver a continuar la carrera, la mayor parte olvida lo que debía hacer. Muchos lo acaban cumpliendo a medias, sin ser conscientes, aunque se han ido facilitando los recursos para que esto sea cada vez más inusual. Otros, en cambio, se pierden por el camino, se desorientan o, incluso, abandonan la carrera para ir por su cuenta, intentando descubrir qué posibilidades ofrece la suerte para instalarse en algún recodo cómodo. En estos casos, la organización siempre acaba por dar un toque de atención. Y es que los componentes de la misma, ¡antes que frailes, fueron monaguillos!
Es este un juego que hemos creado nosotros mismos. Por ello, la organización está formada por los propios participantes. Los de mayor nivel son aquellos que hace tiempo entendieron que los logros de cada jugador suman puntos en un único marcador global y que a mayor puntuación, se obtienen beneficios y mejoras para todos (recursos que facilitan pruebas, caminos allanados, indicadores modernizados…). Ellos son los compañeros que desde un lugar cercano a la meta nos alientan a continuar, nos dan la mano para superar las dificultades, el consejo adecuado… Son nuestra«asistencia en carretera». Pero curiosamente vamos tan pendientes de intentar entender cada recorrido o de ver cómo podemos encontrar un atajo que no somos capaces de ver las señales dejadas por quienes ya pasaron. A veces ni siquiera las que nosotros mismos hemos dejado en algún momento, lo que nos hace volver sobre nuestros pasos en más de una ocasión y perder un tiempo precioso.
No. Realmente no es un juego fácil a pesar de disponer de toda la ayuda que podamos necesitar. En el fondo, porque creemos ser Hombres intentando evolucionar hacia el espíritu, cuando en realidad somos seres espirituales evolucionando desde el Hombre, en un entorno vibracionalmente distinto. Lo que provoca un cambio temporal de conciencia, que nos lleva a vivir una dualidad interna que puede llegar a complicarnos la misión hasta límites insospechados.
La dualidad: el Bien y el Mal
Tradicionalmente se ha dicho que el Universo es dual:
«Todo es doble. Todo tiene dos polos. Todo su par de opuestos. Los semejantes y los antagónicos son lo mismo. Los opuestos son iguales en naturaleza, pero diferentes en grado. Los extremos se tocan»9.
A tenor de esta concepción se entiende que, en primer lugar, una parte legitima a su contraria; en segundo lugar, consecuencia derivada de lo anterior, que ambas resultan inseparables; en tercer lugar y último, que en dicha coexistencia se fundamenta el equilibrio cósmico. Si llevamos esto a nuestro terreno, bajo tales preceptos Bien y Mal, Luz y Oscuridad, son necesarios para mantener el Universo en armonía. No puede existir el uno sin el otro. ¿Cómo sabríamos lo que está bien si no tenemos una referencia contraria sobre la que comparar? ¿Y qué es exactamente el bien y el mal? Tal vez lo que para una cultura esté bien —la pena de muerte, la ablación femenina…— para otra no sea así…
Aceptando esta máxima, se entiende mejor que del amor al odio solo hay un paso; los extremos se tocan. Y que una persona que no ha recibido amor acepte sustituir la caricia por una bofetada. Al cabo, es una«demostración»de que importo a alguien. ¿No eran los opuestos iguales en naturaleza? Quizá veamos más armoniosa una relación donde en una mano se tenga la caricia y en la otra el palo, que simplemente la que utilice ambas manos para abrazar.
Pongamos todo en su sitio. El hecho de que el todo tenga«dos polos», que sea«doble», únicamente debe tomarse como una constatación de la realidad, jamás no como una norma. El Bien y el Mal tienen caminos perfectamente delimitados. El hecho de que resulten relativos en algún momento, sobre alguna cuestión, no es más que una confusión humana, tercerdimensional, pero completamente inexistente a nivel cósmico. El Bien y el Mal nunca serán iguales en naturaleza, ni sus extremos se tocarán en ningún punto, antes uno correrá paralelo al otro. Pero, sobre todo, lo más importante, algo que nunca deberemos olvidar: el Mal no es necesario.
El Mal no forma parte del Universo primigenio ni de nuestra naturaleza. Dios no nos creó duales. Dios nos hizo a Su imagen y semejanza. Todas las criaturas surgimos de Su amory formamos parte de Su Luz10. Nuestra identidad espiritual pertenece a planos dimensionales superiores donde se tiene conciencia absoluta del Todo, donde la comunicación se realiza de corazón a corazón, donde el pensamiento es acción y la palabra, voluntad e intención… El problema es que nuestra misión evolutivala estamos llevando a cabo en un territorio vibracionalmente denso, perteneciente a la tercera dimensión, llamado planeta Tierra, que supone unas nuevas reglas de juego.
Pasamos de la existencia etérica donde tenemos claro nuestro cometido, donde contamos con ayuda expresa de Guías, Maestros… etc., a una existencia corpórea animal, en un plano dominado por la materia, ligado a leyes físicas y parámetros espacio-temporales, en la que carecemos de noción alguna de trascendencia, conciencia de planos o dimensiones, ni tenemos más sentido de colectividad que el que pueda surgir de la noción de supervivencia. Nuestra mente parece estar«reseteada»por lo que respecta a nuestra identidad y misión11luego, desarrollamos una individualidad existencial a razón de las vivencias, del entorno que nos rodea, de una pretensión de seguridad, entendiendo que debemos procurarnos la mejor suerte que podamos para nosotros o para los nuestros. Al fin y al cabo, quiénes somos, qué hacemos aquí, hacia dónde vamos, qué ocurre cuando morimos… Por desgracia, es en este contexto que puede cobrar un exceso de protagonismo la Oscuridad12.
La Oscuridad no se alberga en nosotros. Dios, insisto, no nos hizo duales. Dios nos hizo libres. La Oscuridad no es más que una suerte errónea desvío del orden natural (de la naturaleza de Luz) originado por el libre albedrío13. Son nuestros actos, nuestra voluntad, nuestra decisión o nuestros errores los que la cocrean. Es según el libre albedrío que optamos por seguir un camino y no otro, que tomamos decisiones inconvenientes, que nos equivocamos o, directamente, dañamos al prójimo. Es según el libre albedrío que erramos el camino, incumplimos nuestro Contrato de Vida y aportamos un granito de arena como lastre al Plan Rector. No. Dios no creó al ángel y al demonio. El demonio se hizo a sí mismo.
Y no hace falta, cuando hablamos de Oscuridad o Mal, pensar en imágenes automatizadas de guerras, crueldades, muertes, delincuencia, asesinatos… Antes pensemos en las pequeñas semillas cotidianas de nuestra propia sombra que son el germen de semejantes frutos: egocentrismo, dudas, agresividad, temor, apegos, manipulaciones, injusticia, autoritarismo, chantajes emocionales, miedos…. El volantazo al conductor de al lado, el grito a la vecina cuando nos cae tierra de sus macetas, los bolígrafos que te llevas de la oficina, las horas extra que evitas pagar a los trabajadores, la mala cara a quien te resulta desagradable, el prejuicio de turno… La horquilla es muy amplia: va desde el error inconsciente a la elección totalmente asumida. Y encima somos tan pueriles que utilizamos nuestras propias deficiencias como justificación o demostraciones. Acabamos creyendo que el Universo es así, dual. Aceptamos que el Bien y el Mal deben coexistir. O pensamos que, si realmente existiese Dios, estas cosas no deberían permitirse14. Pero, como dice el cuento: ¡también existen los barberos y hay gente con pelos enmarañados!15
No entendemos que la responsabilidad nos pertenece enteramente a nosotros dado que hemos sido nosotros que hemos asumido tal compromiso. El progreso queda totalmente en nuestras manos. Porque la Creación es nuestra y nuestra es también su historia, cuya evolución vamos conformando a raíz de nuestros errores y aciertos. Precisamente esa es la grandeza del sistema: dejarnos actuar en la más absoluta de las libertades. Aun a costa de retrasar el objetivo final, se nos permite errar, retomar el camino, perdernos o ir en contra.
Cabría plantearse si el hecho de que la Oscuridad resulte tan notable como para que hayamos acabado aceptándola en nuestra realidad, creyendo que forma parte intrínseca de nuestra naturaleza, no es su mejor victoria. Parece estar por todas partes. En un momento u otro caemos en ella o acabamos siendo afectados por ella… Al cabo, terminamos asumiendo, no ya que es inevitable, sino que goza de entidad propia. Mas la explicación en este caso es muy sencilla: esta cocreación que las criaturas hemos aportado al Universo, en realidad, no es más que un egrégor.
El término “«egrégor», muy conocido en parapsicología, proviene del griego clásico y significa«vigilante»,«vigilia»,«no dormir». Hace referencia a creaciones energéticas que adquieren, efectivamente, entidad propia al ser alimentadas por las mentes en función de creencias o acciones que den pábulo a su existencia, consciente o inconscientemente. A mayor miedo, a mayor cantidad de gente pensando que el mundo es una desgracia, mayor fortaleza adquiere este egrégor. Pero también a mayor obsesión por combatirlo, por acabar con él.
¿Guerra para lograr paz?16El fuego no se combate con el fuego. Una de las características del egrégor es que, aunque parezca lo contrario, no tiene inteligencia por sí mismo. Simplemente reacciona contra toda acción que pretenda serle contraria, utilizando la propia energía que lo sustenta. Este es el gran equívoco que ha dado lugar a señalar la Oscuridad como una entidad combativacon identidad propia17.
La cuestión es cómo hacerle frente, porque a primera vista parece que nos encontramos en una compleja tesitura. Vivimos en un sistema no intervencionista, que respeta las acciones del libre albedrío —aunque juegue en contra—, en el que da la sensación de que el Bien pasa por ser un elemento pasivo, frente a una Oscuridad plenamente activa y beligerante, con una pasmosa facilidad de expansión. Cabe pensar que en cualquier momento podría darse un desequilibrio cósmico no deseado…
Por desgracia no estamos exentos de que esto ocurra. Sin embargo, punto primero: la Oscuridad como egrégor necesita estar constantemente activa para su subsistencia, precisamente por no tener entidad propia. Punto segundo: la Oscuridad se hace notar a cada paso, porque no es la «norma». La Oscuridad es un elemento ajeno al orden natural de la Creación, por lo tanto, sus actos sobresalen en ella de todas todas18. Punto tercero: la Oscuridad es una aportación de las criaturas a la Creación original, luego jamás podemos tratar o considerar a la Oscuridad al mismo nivel que el Bien, surgido del sumo amor del Creador19; está infinitamente muy por debajo. Punto cuarto: dado que es una creación artificial, está en la mano de sus creadores el hacerla desaparecer. Punto quinto: el sistema no es intervencionista, pero sí es autorregulable20.
Las criaturas más avanzadas cuidande apagar los«fuegos»que los Hermanos menos evolucionados van provocando o de aquellos que han caído en el error de la Oscuridad21. Son los Guerreros de Luz22. Aquellos que como misión propia —también todos quienes asumimos puntualmente la responsabilidad de ir rectificando cualquier maniobra que resulte contraria o ajena al mismo—, defienden el camino conjunto de Ascensión trazado desde el Plan Rector.
El Guerrero de Luz
Cuando se habla de un Guerrero de Luz, la imaginación siempre nos remite a un caballero medieval, si no de reluciente armadura plateada cual Perceval, al menos blandiendo una espada con la que«desfacer»los entuertos de la maligna Oscuridad. Una bonita imagen con una verdad a medias.
Un Guerrero de Luz es un defensor activo de las energías blancas, cuyas acciones favorecen el desbroce de Oscuridad que la evolución hacia el Plan Rector pueda hallar en el camino. Los Guerreros de Luz por excelencia son los seres ascendidos que se mueven en la multidimensionalidad evitando o enfrentándose a cuanto/quién malmeta las labores evolutivas que llevamos a cabo. Pero no únicamente.
Como acabamos de decir a tenor de cuanto estamos viviendo en este inicio de era ha sido necesario que muchos de ellos hayan tenido que venir a trabajar a nuestro plano para avivar conciencias y reorientarnos en los cometidos. Podéis encontrar un Guerrero de Luz en el relojero de vuestro barrio, el economista, la profesora de taichi o la señora que tiende la ropa. Ellos son los que realmente pueden estar realizando este«combate», día a día. Con discreción. Enseñándonos a retomar el camino. A alzar la voz inconformista. A asumir las propias responsabilidades para con nosotros y para con nuestro prójimo. Invitándonos a agregarnos a las filas de los luchadores por el bien global.
Hay unos rasgos muy claros que los identifican o que identifican a quienes trabajan por el Plan. En concreto, las premisas que básicamente cumplen son tres. Por este orden: un Guerrero de Luz debe de ser libre, consciente y activo.
Ser un Guerrero de Luz supone un gran esfuerzo. Hay que trabajar duro. Al olvidarnos de nuestra naturaleza celeste por el consabido cambio dimensional, nos encontramos viviendo en un entorno regido por la naturaleza humana/animal, carente de sentido de trascendencia y cuya finalidad consiste en la supervivencia de la especie y el control de todo cuanto pueda resultar una amenaza. A falta de una dirección expresa, es la propia experiencia humana/animal quien marca la dinámica vital del individuo: educación, modelos, políticas, filosofías, creencias, convencionalismos, tolerancias, intolerancias… De manera que vamos moldeando la mente a partir de unas fórmulas vitales que acaban delimitando nuestras acciones y pensamientos, algunas de las cuales resultarán viciadas, inadecuadas, tendenciosas, interesadas… Cuanto menos partirán desde el ego. De ahí que la primera gran batalla que todo Guerrero de la Luz deberá librar y que sin duda resulta la más importante y difícil, siempre será la batalla consigo mismo23.
Todo Guerrero debe saber desbrozar de su interior los patrones debilitantes. Todos aquellos parámetros insanos, las etiquetas impuestas, que ha ido grabando en su interior, así como las respuestas inconscientes de estos: la ira, el odio, los prejuicios, el desprecio, el temor, el rencor, el miedo, el interés, la duda, la frustración, la discriminación, la hipocresía, el engaño, la manipulación, la desconfianza, el victimismo… Debemos reconocer nuestra propia oscuridad para eliminar de nosotros todo cuanto podamos o, al menos, estar alerta cuando dichos factores debilitantes se disparen en automático ante estímulos del entorno —personales o ambientales— que actúen por afinidad como detonantes, dejándonos en evidencia.
No podemos combatir con el enemigo en casa. Seríamos fácilmente desarmados. A nadie se le ocurriría intentar vencer al equipo rival en su propio campo. Le estaríamos dando fuerza. Seríamos vulnerables. Por ello, para poder presentar batalla con una armadura sin grietas, debemos hacer frente a las propias sombras internas. Solo así nuestras acciones o pensamientos no se generarán desde el error. Solo así nuestras acciones o pensamientos no generarán Oscuridad24.
Solo cuando el Guerrero es libre, solo cuando sale victorioso y da primacía a su naturaleza de Luz puede ver la realidad con ojos limpios y sin máscaras. Todo se le revela tal y como es. Su visión ya no le muestra distorsiones, ni su interior se deja llevar por las distorsiones ajenas. El mundo le resulta un libro abierto. Ve al victimista y se duele por él, pero no se deja atrapar en el agujero negro de su red. Entiende que es su elemento de poder sobre los demás. Ve la manipulación de la madre al hijo y la compadece por no saber hacerlo mejor, pero compadece también al hijo por no asumir la responsabilidad de su vida. Ve al que odiaba y ahora entiende que esa persona no era más que el reflejo de una parte malquerida o rechazada25. Es el despertar del Guerrero: cuando toma plena conciencia del mundo que lo rodea.
