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Mi manantial interior fusiona el contar poetizando y el poetizar contando, permite atravesar las corrientes subterráneas y subir a la superficie vivencias guardadas. El amor, el miedo, la alegría, los recuerdos, la soledad y lo inexplicable emergen desdibujando la frontera entre la realidad y la fantasía. Con un lenguaje sencillo y cuidado, suscitando emociones profundas, la autora elimina las distancias para instalarse definitivamente en la intimidad del lector.
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Seitenzahl: 63
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Medrano, Marisa Isabel
Mi manantial interior / Marisa Isabel Medrano. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.
98 p. ; 22 x 14 cm.
ISBN 978-987-817-090-9
1. Antología Literaria Argentina. 2. Cuentos. 3. Poesía. I. Título.
CDD A860
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Medrano, Marisa Isabel
© 2022. Tinta Libre Ediciones
Mi manantial interior
Marisa Isabel Medrano
A mis hijos, María Cecilia, Agustín y Juan Andrés.
A mis sobrinos, Martina, Paula, Federico y Joaquín.
A Graciela, mi amiga desde la infancia.
Agradecimientos
A la Prof. Stella Maris Gamba, mi madrina literaria, por su generosidad sin límites.
A mi esposo Miguel, por acompañarme siempre.
Palabras preliminares
Cuando una escritora nos posibilita sumergirnos en su manantial interior, es posible que Aretusa, la ninfa del manantial, nos abra paso a través de las corrientes subterráneas y nos permita subir a la superficie sus secretos mejor guardados.
Marisa ha logrado fusionar el contar poetizando y poetizar contando, como dijera José Enrique García, a través de la sencillez de su lenguaje, eliminando las distancias e instalándose en la intimidad del lector.
De este modo, la verdad-fantasía que entraman sus relatos y poemas, en los que el amor, el miedo, la alegría, los recuerdos, la soledad y lo inexplicable hacen evidente que la inmersión en su manantial permite interrogarnos sobre la realidad y la irrealidad de sus sueños frente a la realidad-irrealidad de la palabra. El vínculo entre sus textos en prosa y en poesía es tan fuerte que cada línea vive por su cuenta, en libertad, aunque de manera diferente.
La elección de un haiku como introducción a cada apartado no fue fortuita, porque esta composición poética japonesa traduce en palabras de agua la pura y cristalina sensación de estar vivo.
Cuando llegue a otras manos este libro, estoy segura de que Marisa hará suyas las palabras de Mario Benedetti: “No escribo para el lector que vendrá, sino para el que está allí, poco menos que leyendo estos textos sobre mi hombro”.
Prof. Stella Maris Gamba
Mi manantial interior
Mi manantial interior que brota en el sosiego y trascendiendo las auroras se vuelve verso, entre pétalos de sol, nubes y vientollenando la vacuidad del tiempo, coloreando de sueños mi universo.
Vergel de ilusiones que amanecenderribando los silencios…
Soy
Esta soy yo remontando silencios…Soy quien vive en la espesura de los huecos y a veces llora lágrimas de cielo.Soy quien ama y está llena de recuerdos,brasas de un apagado fuego.Soy nostalgia entretejida en verso, migración de ausencias en el viento.Soy quien anhela un vergel de sueños nuevos.Soy ceniza, esperanza, luz y vuelo…
Mi vida guarda infinidad de cuentos en la memoria.
Vivencias
El reflejo
El texto apareció misteriosamente sobre el escritorio de Martín, director de la editorial, quien, atraído por el extraño título borgeano que llevaba, comenzó a leerlo de inmediato. Le pareció un poco raro que no poseyera firma y que solo tuviera un número de teléfono al pie.
Atrapada en el espejo
La había encontrado aquella tarde en el Museo de Orsay y me había quedado conmovida por la tristeza que traspasaba su rostro enjuto. Sus ojos, fijos en la nada, contemplaban el sombrío porvenir. El vestido largo y negro traslucía un embarazo que parecía llevar con resignación.
Enseguida sentí empatía por esa mujer lacerada por el dolor y espontáneamente quise ayudarla, sin saber bien la manera de poder hacerlo. Estaba junto a dos pequeñas hijas, ambas con ropajes negros y delantales blancos. Tenían la misma expresión angustiada de su madre ysolo les quedaba lo armonioso de sus facciones. Me intrigaba conocer el motivo de tanta congoja… Cercano a ellas, a la derecha, un hombre arrogante las miraba desplegando su poderío. Intuí que era él el causante de todas las penurias.
Súbitamente, advertí que el caballero se alejaba y dejaba el recinto. Entonces, el rostro de las niñas se pincelaba con sonrisas de colores y tomadas de las manos desplegaban sutiles pasos de ballet. La mujer mutaba su tristeza en alegría mientras las observaba emocionada.
La atmósfera hostil había cambiado rotundamente.
Sin embargo, mi ensoñación duró escasos minutos.
Mi alma cruzaba
laberintos de viento,
atravesando suspiros
y silencios…
Al volver la mirada, comprobé que todo permanecía igual en el cuadro de La familia Bellelli, obra de Edgar Degas, que tenía delante de mí en la lujosa sala del Museo de Orsay.
Al finalizar la lectura, Martín no dudó en llamar al número de teléfono que figuraba al pie del texto. Algo en su interior le decía que quien había escrito el cuento era una mujer y quizás el relato no fuera más que el reflejo de su propia existencia.
Mi mirada en su mirada,
su mirada en mi mirada,
un murmullo de la vida
que historias repetía…
Soy yo, la casa
Ya casi no soy nadie, soy tan solo ese anhelo que se pierde en la tarde.
Jorge Luis Borges
Mi nacimiento se remonta allá por 1956. Soy la casa, tengo alma y guardo historia…
A los sesenta años, quedé completamente sola. Un silencio sordo se filtró en cada una mis habitaciones y sentí que mi corazón se partía en mil pedazos. ¡Imposible describir ese dolor que me embargaba!
Con el correr de los días, el polvillo fue invadiendo todos mis cuartos y la maleza, devorando el jardín que otrora deslumbrara con verdes helechos y coloridas flores. Ya no había quien recogiera las uvas de los parrales ni tampoco quien cortara las camelias que florecían a granel.
La soledad se paseaba descaradamente por mis rincones. ¡Todos se habían marchado, y yo añoraba el ayer perdido en el cual había sido profundamente feliz!
Por fortuna, el destino trajo a la joven médica de la familia a habitarme por un tiempo, otorgando nueva vida a mi devastado existir. Abrumada por la emoción, creí renacer.
Sin embargo, mi alegría se esfumó al cabo de unos meses, cuando ella súbitamente regresó a Córdoba para seguir sus estudios de especialización.
Sentí un desgarro en mis entrañas. ¡Otra vez estaba sola! Pintada en mi memoria quedó la tarde aquella en que por última vez giró la llave en la vieja cerradura y, con su maleta en mano, su juventud y sus sueños peregrinos, me dijo adiós, mientras la lluvia caía acompasadamente…
La lluvia pintaba lágrimas en mis cristales, frescura líquida de un día invernal; transparente y purapincelaba el aire con su humedad,mientras el viento helado arrimaba ayeres en soledad…
Desde ese día, me encierro a llorar con la lluvia y mi techo riega con sus lágrimas algunos rincones…
Entre mis muros guardo retazos de vida adormilados. Amparadas en mi regazo, crecieron varias generaciones que me convirtieron en testigo silente del devenir del tiempo. Albergué bisabuelos, abuelos y padres; hijos, nietos y bisnietos. Extraño los días aquellos en que el corazón me latía con fuerza y podía escuchar el bullicio de los niños que correteaban por mis pasillos cargados de fotografías. Los observaba jugar y sentía que la vida de los mayores se prolongaba en los pequeños, quienes encendían el aire con sus risas.
Hoy, mis cuartos vacíos respiran vivencias del ayer, acunan secretos y están cargados de reminiscencias.
Todo es silencio y la nostalgia que brota del alma se pega en mis muros gastados.
