Mi poder se perfecciona en la debilidad - Jonathan Lamb - E-Book

Mi poder se perfecciona en la debilidad E-Book

Jonathan Lamb

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En un mundo que ensalza la celebridad y el éxito, la Segunda Carta a los Corintios sigue siendo uno de nuestros recordatorios más vitales y significativos de que no es la fuerza humana sino el poder de Dios lo que allana el camino de la victoria en el ámbito espiritual. El autor explora, en este libro, lecciones fundamentales para el auténtico ministerio cristiano, incluyendo el papel del sufrimiento en el fortalecimiento de nuestra dependencia de Dios, la necesidad de la disciplina y el perdón en nuestras comunidades de fe y la centralidad de la unión con Cristo para todo verdadero testimonio cristiano. Mi poder se perfecciona en la debilidad será un valioso recurso para pastores, líderes de grupos pequeños y cualquier persona que busque crecer en la confianza en Dios. Proporciona una variedad de herramientas para el estudio personal y la enseñanza en grupo y preguntas para la reflexión al final de cada capítulo.

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Seitenzahl: 285

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Sinopsis

En un mundo que ensalza la celebridad y el éxito, la Segunda Carta a los Corintios sigue siendo uno de nuestros recordatorios más vitales y significativos de que no es la fuerza humana sino el poder de Dios lo que allana el camino de la victoria en el ámbito espiritual. El autor explora, en este libro, lecciones fundamentales para el auténtico ministerio cristiano, incluyendo el papel del sufrimiento en el fortalecimiento de nuestra dependencia de Dios, la necesidad de la disciplina y el perdón en nuestras comunidades de fe y la centralidad de la unión con Cristo para todo verdadero testimonio cristiano. Mi poder se perfecciona en la debilidad será un valioso recurso para pastores, líderes de grupos pequeños y cualquier persona que busque crecer en la confianza en Dios. Proporciona una variedad de herramientas para el estudio personal y la enseñanza en grupo y preguntas para la reflexión al final de cada capítulo.

Mi poder se perfecciona en la debilidad

Una introducción a la Segunda Carta a los Corintios

Jonathan Lamb

Título original en inglés: Strength in Weakness: An Introduction to 2 Corinthians

Langham Preaching Resources, Carlisle, Cumbria, United Kingdom

© 2020 Jonathan Lamb

© 2020 Langham Preaching Resources

© 2022 Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip) – Ediciones Puma

Primera edición digital: octubre 2022

Categoría: Religión - Estudios bíblicos - Nuevo Testamento

ISBN N° 978-612-5026-20-0 | Edición digital

ISBN N° 978-612-5026-17-0 | Edición impresa

Editado por:

© 2022 Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip) – Ediciones Puma

Av. 28 de Julio 314, Int. G, Jesús María, Lima

Apartado postal: 11-168, Lima - Perú

Telf.: (511) 423–2772

E-mail: [email protected] | [email protected]

Web: www.edicionespuma.org

Ediciones Puma es un programa del Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip)

Traducción y edición: Alejandro Pimentel

Diseño de carátula: Eliezer D. Castillo P.

Diagramación y ePub: Hansel J. Huaynate Ventocilla

Reservados todos los derechos

All rights reserved

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o introducida en un sistema de recuperación, o transmitida de ninguna forma, ni por ningún medio sea electrónico, mecánico, fotocopia, grabación o cualquier otro, sin previa autorización de los editores.

Esta traducción se publica por acuerdo con Langham Publishing.

Salvo indicación especial, las citas bíblicas se han tomado de la Nueva Versión Internacional

© 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional.

ISBN N° 978-612-5026-20-0

En recuerdo de George Lamb y Ben Taylor,

quienes tuvieron vidas modestas y fructíferas

y que, a pesar de sus debilidades,

confiaron en el poder de Dios.

Cómo sacarle provecho a este libro

Hay dos características importantes respecto a este libro que te ayudarán a entender y poner en práctica el mensaje de la Segunda Carta a los Corintios.

En primer lugar, mi propósito es ofrecer un comentario introductorio que sea claro. Por ello, he dividido el contenido en distintas unidades y he colocado encabezados sencillos que sintetizan el significado de cada pasaje. No quedará mucho espacio para incluir anécdotas y aplicaciones; sin embargo, espero que las explicaciones claras del texto permitan que los lectores, los grupos de estudio y los predicadores formulen sus propias aplicaciones del pasaje. Debido a que no he reproducido todo el pasaje bíblico de cada sección, será importante que leas este libro con una Biblia a la mano y en el pasaje pertinente.

En segundo lugar, al final de cada sección, incluyo unas cuantas preguntas que podrán usarse para la meditación personal o en el estudio en grupos.

Cómo usar este libro para tu estudio personal

Antes de pasar a las preguntas, sería bueno que empieces con una oración y luego leas varias veces el pasaje específico y su comentario. Quizá sea útil que anotes tus respuestas e incluyas cualquier pensamiento o idea que se te venga a la mente. Ello te ayudará a reflexionar sobre los temas y la manera en que son relevantes para tu propia situación. También te servirá de aliento que repases lo que Dios te ha estado enseñando. Puedes incluso compartir con algún amigo todo lo que has aprendido y también orar juntos para que el Señor te permita aplicar estas lecciones en tu vida.

Cómo usar este libro en grupos de estudio: consejo para líderes de grupo

A manera de preparación para este estudio, dirige una oración a Dios y lee varias veces el pasaje específico de la Biblia y sus comentarios. Aprovecha también otros recursos, como diccionarios bíblicos, si los tuvieras al alcance.

Al principio de cada capítulo he incluido el tema general; se trata de la verdad central que aprenderá tu grupo. Con esto en mente, debes elegir a cuáles de las preguntas dedicarás mayor tiempo. Asimismo, podrás añadir otras que sean pertinentes para el contexto de tu grupo o iglesia. Antes de la reunión, anima a tus compañeros a leer el pasaje que estudiarán (y también el comentario respectivo, en caso de que tengan el libro a la mano).

Asegúrate de que al final del estudio los participantes puedan aplicar lo aprendido a su propia situación y que, además, tengan un momento de oración juntos.

Cómo predicar a partir de Segunda Carta a los Corintios

Una nota aclaratoria para los predicadores. Este libro ha sido publicado anteriormente por Langham Predicación y se ofrecen al respecto talleres de entrenamiento en muchos lugares de Latinoamérica. Asimismo, quizá muchos de los lectores hayan participado o lo estén haciendo en grupos de formación de predicadores, por lo que podrán aprovechar las preguntas que aparecen en cada sección de este libro. En especial, los animamos a que se concentren en tres temas:

1. ¿Estoy siendo fiel al pasaje bíblico? ¿He reflexionado sobre el significado del pasaje con el fin de poder comunicar lo que el autor original quiso decirles a sus oyentes o lectores?

2. ¿Estoy siendo claro? El mensaje que predico, ¿lo he definido de una manera que ayude al oyente o lector para que verdaderamente entienda el propósito del pasaje?

3. ¿Es mi mensaje relevante? ¿Logró hacer contacto con las vidas de mis oyentes o lectores y pudo demostrar la manera en que el pasaje bíblico se conecta con los desafíos de sus vidas personales, familiares y eclesiales, así como con los retos de sus culturas?

Estas son tres excelentes preguntas para todo aquel que desee explicar un pasaje bíblico, ya sea por medio de la predicación, en grupos de estudio o en situaciones de discipulado individual. Tengo la esperanza de que estos tres puntos sean modelados en esta guía de estudio.

Te ofrecemos este libro con nuestros mejores deseos de que puedas explorar esta maravillosa carta del Nuevo Testamento. Rogamos a Dios que te sea posible descubrir lo que el Señor le dijo a Pablo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2Co 12.9).

Jonathan Lamb

Oxford, Reino Unido

Pablo y los corintios

A veces me encuentro con personas que imaginan que trabajar en el ministerio cristiano es lo más cercano al cielo en esta vida y se admiran de que pasemos todo el tiempo con otros cristianos. Pero, cualquiera que haya trabajado en una iglesia o en alguna organización cristiana, sabe muy bien que existe otra cara de la moneda. El ministerio cristiano puede llegar a ser extremadamente exigente, porque la iglesia es una institución divina, pero también humana. Pablo nos dice en 1 Corintios 3.9 que somos «el edificio de Dios». Por ello, ya que este edificio aún no está terminado, se debe trabajar en los acabados.

El tiempo que Pablo pasó con los corintios no fue fácil. En parte, se debió a algunos de los problemas internos y también a la agitada relación que tuvo con ellos. En 2 Corintios el apóstol manifiesta sus sentimientos más profundos, que lo llevan a describir los sufrimientos de su ministerio y el dolor que sufrió cuando lo criticaron y malinterpretaron.

Parte del trasfondo de esta difícil relación se relaciona con la llegada de algunos falsos maestros a Corinto. Hay un sinnúmero de teorías respecto a quiénes pudieron haber sido estos intrusos. Lo cierto es que sabemos de ellos debido a que Pablo escribe acerca de estos y de su estilo de ministerio. En el transcurso de la epístola, nos vamos enterando sobre esos falsos maestros porque él se defiende de sus ataques. En contraste con el apóstol, estos personajes llevan consigo cartas especiales de recomendación, reciben apoyo económico de los corintios y demuestran ser elocuentes y eruditos. Asimismo, se sienten orgullosos de la manifestación externa de su espiritualidad y su poderío milagrero.

Es evidente que Pablo está consternado porque los corintios han sido cautivados por estos intrusos y han aceptado con los brazos abiertos sus falsos valores y enseñanzas. Incluso se refiere a ellos con términos como el de superapóstoles y dice que predican «un evangelio diferente» (11.4–5). Se siente profundamente herido porque los corintios, a quienes Pablo llevó a la fe, ahora rechazan a su padre espiritual.

Gran parte de esta epístola gira en torno a un solo tema: no son solo los ataques contra su persona, sino también el hecho de que esos falsos apóstoles han presentado a los corintios un Jesús y un evangelio distintos.

Pablo describe de qué se trata el ministerio cristiano y lo relaciona directamente con el evangelio. ¿De qué modo se manifiesta en este el poder de Dios? La respuesta es en la debilidad de Jesús crucificado. Exactamente de la misma manera, el poder de Dios se manifiesta en Pablo precisamente por su debilidad, la que describe con tanta franqueza.

Pero la epístola no solo exhibe los sentimientos del apóstol; nos ofrece también una clara defensa del verdadero ministerio cristiano y deja un precedente para las relaciones entre cristianos, lo cual ha demostrado tener un valor duradero en las iglesias de toda cultura y todo tiempo. Representa una de las más profundas descripciones que se hayan escrito respecto al servicio cristiano genuino. Nos ofrece una ayuda clave para que el poder de Dios se perfeccione en nuestra debilidad.

Primera parte

Pablo aclara la razón de sus decisiones

2 Corintios 1.1–2.11

Capítulo 1

Las relaciones entre cristianos

2 Corintios 1.1–2

Pablo empieza su epístola con un saludo que muestra la importancia de nuestra relación con Dios y con los demás cristianos.

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con aquel estilo «cristiano» de terminar nuestras cartas o correos electrónicos con ¡bendiciones!: «¡Que el Señor te bendiga!». Se nos hace fácil escribirlas y lo hacemos casi de manera automática. Siguiendo la costumbre de su época, Pablo empieza su carta con un saludo habitual, que era una especie de «firma», pero no como un simple formalismo. Cada frase está repleta de significado, que nos conduce a temas que serán explorados en el resto de la carta.

El primer versículo usa cuatro términos que describen relaciones de carácter importante en la familia cristiana. Nos presentan temas en torno a la autoridad y a asuntos de carácter privado, los cuales iremos descubriendo, que están diseminados a lo largo de esta carta de Pablo. Empieza mencionando su propio llamado.

1. Apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios (1.1)

Pablo reacciona frente a los ataques contra su persona de parte de los falsos maestros en Corinto que habían cuestionado su autoridad. Así, de una manera deliberada, empieza recordándoles que su llamado a ser apóstol proviene directamente de Dios. Esta afirmación establece la pauta de toda la epístola: si Dios lo ha llamado y nombrado apóstol, entonces su mensaje tiene autoridad. No es una habilidad innata de Pablo, sino una que surge del apostolado que se le ha confiado. Se trata de la voluntad de Dios (1.1), quien ha determinado que sirva a las iglesias en esta función.

Debemos acercarnos a la epístola de Pablo reconociendo que esta constituye la palabra de Dios que nos llega por medio del instrumento que Él ha elegido. Si bien debemos esforzarnos por entender la manera en que debemos llevar a la práctica el contenido de esta epístola, no podemos ignorar las verdades eternas que en ella aparecen, tal como Pablo llegó a decirles a los tesalonicenses, quienes se alegraban de haber logrado recibir su mensaje no como palabras humanas, «sino como lo que realmente es, palabra de Dios, la cual actúa en […] los creyentes» (1Ts 2.13). El mensaje que Pablo nos ofrece en 2 Corintios tiene autoridad y poder para cambiar nuestras vidas porque él es «apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios» (1Co 1.1).

2. Timoteo nuestro hermano (1.1)

Timoteo se encontraba con Pablo cuando este escribió su epístola, pues eran grandes amigos. Aquel se había convertido a la fe por medio del testimonio del apóstol, y ahora se encontraban juntos como colegas y hermanos en la familia de Dios. Cada vez que usamos los términos «hermano» o «hermana» en círculos cristianos, nos recordamos unos a otros que hemos tenido el privilegio de haber sido incorporados a la familia de la iglesia. En el texto original, Pablo usa la expresión «el hermano», el cual quizá era un modismo que expresaba de una manera más formal el papel oficial que jugaba Timoteo como enviado de Pablo a la iglesia de Corinto.

3. A la iglesia de Dios que está en Corinto (1.1)

El grupo de creyentes al que Pablo escribe no aparece como «la iglesia de Corinto» ni tampoco lleva el nombre del apóstol. Lo importante aquí es saber que pertenecen a Dios. No importa cuán pequeño sea el grupo de creyentes, pues igual poseen la dignidad de ser llamados «la iglesia de Dios». Pablo no utiliza este término para describir un edificio, sino una reunión de gente especial que el Señor ha elegido. El término «iglesia» expresa lo que hacemos, como cuando nos reunimos, y también lo que somos por pertenecer a Dios.

4. A todos los santos en toda la región de Acaya (1.1)

Acaya fue una amplia provincia romana ubicada al sur de Macedonia. Es probable que los cristianos hayan estado diseminados por toda la región; sin embargo, Pablo los considera parte de la iglesia de Dios. (Es probable que 2 Corintios haya sido una carta circular que se leyó por toda la región, tal como nos sugieren los versículos 9.2 y 11.10). Pablo describe a los creyentes con el apelativo de «santos», es decir, que lo son porque pertenecen a Dios. Es un término que se usa para describir a todo verdadero creyente, no a un grupo selecto. Su significado se relaciona más con el hecho de vivir como cristianos en los vaivenes de la vida que con las imágenes de los vitrales. Se trata de la vida piadosa vestida con ropa de diario.

Los cristianos de Corinto vivieron en una época parecida a la nuestra, cuya característica principal era el individualismo. La autosuficiencia y la autorrealización no eran cuestiones solo de los debates filosóficos, sino lo que caracterizaba el diario vivir. Por ello, Pablo les recuerda cuán importante es el deber que tienen con la solidaridad corporal: «a la iglesia de Dios que está en Corinto y a todos los santos» (1.1). Es un tema que resalta en el primer capítulo y a lo largo de toda su carta. Por ejemplo, el término «santo» aparece muchas veces en el Nuevo Testamento, y casi siempre en plural. La única vez que se usa en singular es en Filipenses 4.21, donde literalmente se dice «saludad a cada santo».

Los cristianos estamos para vivir en comunidad. Somos el pueblo de Dios y, donde sea que estemos en el mundo, sin que importe si pertenecemos a congregaciones grandes o pequeñas, Dios nos ha llamado a manifestar solidaridad y sentido de comunidad con otros cristianos de la manera más práctica posible.

5. Bendiciones espirituales (1.2)

Si bien el versículo 2 es un típico saludo paulino (aparece en todas sus epístolas excepto en 1 y 2 Tesalonicenses), en esta carta tiene un significado especial. En la siguiente sección Pablo nos presentará uno de sus principales temas: la experiencia de sus sufrimientos. Es cierto que todos los que hemos sido llamados al servicio cristiano enfrentaremos oposiciones; pero, como compensación, 2 Corintios nos muestra de manera especial que se ha prometido la gracia de Dios a todo el que atraviesa por pruebas o sufre tentaciones.

«Les concedan gracia y paz» expresa el constante deseo de Pablo a las iglesias que estaban a su cuidado. Anhelaba que fueran enriquecidas por estas bendiciones espirituales. La «gracia» expresa el hecho de que Dios no ha dejado de ayudarnos, que lo hace no por lo que hemos podido lograr, sino por su constante amor por medio de Cristo. Todo lo que recibimos proviene de la mano de Dios, ya sea el perdón o la aceptación, la ayuda en momentos de tentación o la provisión que nos da para el diario vivir. Pablo descubrirá que esta gracia es más que suficiente, incluso en los momentos más duros de su vida (12.9). No es ninguna sorpresa que esta gracia llegue a tener la primera y la última palabra en esta carta muy íntima (1.2 y 13.14), porque ofrece un resumen de toda la experiencia del apóstol con Dios.

La palabra «paz» encarna el mismo significado profundo. Manifiesta toda la salud y entereza que nos llega por medio de la fe en Cristo, así como la armonía y la seguridad de nuestra vida con Dios.

Cuando encaramos situaciones difíciles en nuestras vidas, tenemos dos palabras de las que nos podemos asir. Representan la esencia del mensaje cristiano y son símbolos de la promesa de Dios respecto a que todo lo que necesitamos está disponible gracias a la amistad que tenemos con Él. Pablo deliberadamente resalta el hecho de que todo ello nos ha sido provisto por «Dios nuestro padre y el Señor Jesucristo» (1.2): no hay otro lugar al que podamos recurrir para encontrar tremenda e incontenible riqueza.

Preguntas

1. ¿Qué dirías sobre esta afirmación: «La Biblia es la palabra de Dios»? ¿Qué autoridad y poder tiene para la actualidad? Evalúa algunos ejemplos que se te vengan a la mente.

2. Con frecuencia consultamos con hermanas y hermanos en Cristo, ¿pero de qué maneras podríamos fortalecer un sentido genuino de «familia» en nuestra iglesia?

3. ¿De qué maneras pueden «la gracia y la paz» volverse una experiencia cotidiana en nosotros? ¿Hasta qué grado pueden notar en nosotros aquella gracia y paz quienes no son creyentes?

Capítulo 2

Dios consuela nuestro sufrimiento

2 Corintios 1.3–7

El sufrimiento nos ofrece la oportunidad de recibir el consuelo de Dios y de poder compartirlo con nuestro prójimo.

Veremos ahora que los temas iniciales del capítulo 1 son el sufrimiento y la consolación, y que son la clave para entender toda la epístola de Pablo. Siguiendo el patrón de muchas de sus cartas, los saludos iniciales representan una especie de preludio para toda la película que estará por desarrollarse.

Pablo había sido atacado por ciertas personas de Corinto que dudaban que fuera un verdadero apóstol, por lo que en el versículo 1 ya nos dice que su llamado proviene de Dios. Veremos a lo largo de su carta la defensa contra estas acusaciones, pero en esta sección defenderá la integridad de su ministerio apostólico mostrándoles que el sufrimiento forma parte de todo ministerio cristiano auténtico. Y no solo ello, pues tal sufrimiento es la ocasión para que se pueda recibir la gracia consoladora de Dios. En el versículo 3, Pablo agradece al Señor por ayudarlo ahora que se encuentra bajo presión. En esta sección nos mostrará la manera en que el sufrimiento se relaciona con tres temas importantes.

1. El sufrimiento y la consolación de Dios (1.3–4)

La capacidad para alabar a Dios cuando se sufre presión puede tan solo adquirirse cuando se ha vivido la consolación del Señor, que nos fortalece. La palabra clave «consolación» se encuentra diez veces en cinco versículos, y la misma idea se halla a lo largo de la carta («consolar» o «animar» se usan en 2.7; 7.4, 6, 7, 13; y 8.4, 6, 17, junto con muchas referencias en torno a «rogar» o «pedir»). Ninguna traducción puede expresar adecuadamente los distintos contextos: algunas Biblias traducen el término como «consolar», «alentar», «animar».

El evangelio de Juan usa el mismo término para describir al Espíritu Santo (Jn 14.16, 26; 15.26; 16.7). La ayuda y el aliento que provee el Espíritu nos acompañan para fortalecernos cuando atravesamos por pruebas; es la esencia de lo que Pablo describe en esta sección (2Co 1.3–7). Él está profundamente agradecido al Señor por haberlo acompañado durante estos momentos de sufrimiento, y en esto consiste el testimonio del pueblo de Dios a lo largo de la historia. Tal como David cantó en el salmo 23: «Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado» (v. 4).

Pablo menciona la fuente de su consolación en tres frases que se encuentran en el versículo 3. Así como la gracia y la paz provienen de «Dios nuestro padre y el Señor Jesucristo» (v. 2), también lo hace nuestra consolación, que proviene de «Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación». Estas expresiones revelan que Pablo cree en un Dios que se preocupa por los demás. No se trata solo de frases técnicas o religiosas, pus se puede ver una profunda relación en la descripción que ofrece de Dios nuestro Padre. Y también es cierto para todos los demás cristianos: a menudo llegamos a conocer mejor a nuestro Padre por medio del sufrimiento.

2. El sufrimiento y el ministerio de Cristo (1.5)

Tenemos también otras palabras que se traducen como «tribulación» o «sufrimiento» y que se usan con frecuencia en esta carta. La primera de ellas significa sufrir cierta clase de «presión». Una antigua manera de tortura consistía en colocar una gran piedra en el pecho de la víctima, cuya presión terminaría matándola. La segunda palabra describe el sufrimiento causado por otros.

Los cristianos deben saber que sufrirán presión en sus vidas. Es la regla y no la excepción a esta. De hecho, Cristo nos advirtió de ello (Jn 16.33); pero ¿por qué el sufrimiento debería ser algo natural y normal en la vida del cristiano? Pablo nos explica que el sufrimiento es el resultado inevitable de estar unidos a Jesús: «así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo» (2Co 1.5). Recalcará la idea más adelante en su epístola (4.10–12; 13.4). Su experiencia en torno a las tribulaciones y aflicciones nace del hecho de que pertenece a Cristo y participa en su ministerio.

No hay ninguna evidencia respecto a la falta de espiritualidad de Pablo ni se puede dudar de su apostolado. Más bien, su sufrimiento era un símbolo de su discipulado, un claro indicador de que estaba cumpliendo el ministerio que Dios le había encomendado, el cual consistía en servir a Cristo.

Este versículo no quiere decir en lo absoluto que el sufrimiento que vivió Jesús cuando logró nuestra redención deba extenderse o cumplirse por medio de la experiencia de los cristianos, pues su sufrimiento fue único, completo y se realizó una sola vez y para siempre, tal como Pablo explicó a los romanos (Ro 6.10). Más bien, el apóstol describe la profunda relación que hay entre Cristo y aquellos que llevan su nombre. Nuestra vida es su vida, incluyendo sus sufrimientos, que en última instancia nos conducirán a la gloria (Ro 8.17; Fil 3.10; 2Ti 2.12; 1P 4.13).

Aquello le ofrece al sufrimiento cristiano un sentido de dignidad. Por ello, no debe sorprendernos que como defensa de su apostolado Pablo se haya sentido «orgulloso» de su debilidad. Mientras más sufría, más se hacía evidente su supremo llamado a ser identificado con Cristo. El mismo argumento de solidaridad con el Señor aparece en la segunda parte del versículo 5: si estamos unidos a Cristo en su sufrimiento, también tendremos abundante consuelo en nuestras vidas. La conexión se establece por medio de aquel «pues» (2Co 1.5). No importa qué clase de tribulación o aflicción tengamos que sufrir como cristianos, la presencia de Dios, que nos fortalece, superará todas ellas. (4.16–17; 12.9).

3. El sufrimiento y la comunidad cristiana (1.4, 6–7)

Si estamos unidos a Cristo, lo estaremos también los unos a los otros. Los cristianos nos hallamos estrechamente ligados a Él y a todos los demás creyentes. Hay un aspecto comunal en la experiencia cristiana, que incluye nuestros sufrimientos y nuestra consolación.

Quizá no todos recibamos el llamado a ser maestros de la Biblia y tampoco tengamos dones espectaculares de sanidad divina; pero si conocemos a Cristo, tendremos a nuestra disposición un ministerio vital para ejercer, el cual se describe en los versículos 4 y 6. Pablo nos presenta una secuencia. En primer lugar, compartiremos los sufrimientos de Cristo; luego, gracias a su consuelo, seremos fortalecidos. Así, justamente debido a esta experiencia, recibiremos la tarea de consolar a nuestro prójimo: «con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podemos consolar a todos los que sufren» (1.4). Lograremos alentar y ayudar a los demás porque el Señor ha estado a nuestro lado en momentos de tribulación. Esta faceta es la que permite a todo genuino ministerio cristiano ser sensible al dolor ajeno.

Quizá no lleguemos a sufrir las mismas tribulaciones que los demás, pero ello no limitará nuestro ministerio. La consolación que recibamos nos servirá de base para ayudarlos y poder consolar «a todos los que sufren» (v. 4). Pablo fue capaz de afirmar que su propio sufrimiento sirvió de ayuda a los creyentes corintos (v. 6), como lo repetirá en su carta (4.5, 15).

El uso que Pablo le da a la palabra «participar» en el versículo 7 resalta el aspecto comunal del sufrimiento y la consolación. Este término también expresa el significado de colaboración y camaradería. Pablo tiene la plena seguridad de que los corintios lograrán recibir la consolación divina, la cual los sostendrá en tiempos difíciles. Les dice que tienen una «firme» esperanza, palabra que se deriva del concepto de poder caminar en terreno sólido y confiable. El Dios de toda consolación no le ha fallado a Pablo y tampoco lo hará con los corintios.

Cuando uno atraviesa por momentos difíciles, jamás es fácil pensar con una mente fría y evaluar objetivamente la manera en que Dios nos ha ayudado. Pero es bueno recordar que, cuando se está bajo presión, Él redime aquellos momentos y se aprovecha de ellos para cumplir su buen propósito de fortalecer a quienes pertenecen a la familia cristiana.

Preguntas

1. ¿Recuerdas algún momento en el que te encontrabas bajo presión y recibiste el consuelo de Dios? Comparte tu experiencia con los demás para que les sea de ayuda.

2. Hemos visto en este pasaje que nuestras vidas están ligadas a la vida de Jesús, que incluyen sus sufrimientos y gloria. Lee los versículos mencionados (Ro 8.17; Fil 3.10; 2Ti 2.12; 1P 4.13) y úsalos a manera de oración y agradecimiento a Dios.

3. Si pudieras ver tu vida como si fuera una en Cristo, ¿qué diferencia causaría en la manera en que la vives?

4. El mundo considera que el sufrimiento es tan solo un mal que debe ser eliminado o, por lo menos, evitado. ¿Cómo podemos ayudar a los demás a que consideren que quizá haya algo positivo en el sufrimiento?

Salud y prosperidad

Una de las primeras lecciones de 2 Corintios es que la fe cristiana no ofrece ninguna inmunidad frente al sufrimiento. A lo largo de su carta, Pablo nos muestra que hay una conexión vital entre el evangelio y la vida cristiana. El poder de Dios se manifiesta en la debilidad de Jesús crucificado y, dado que la esencia del cristiano es estar unido a Cristo, el poder de Dios se manifiesta de una mejor manera en quienes son débiles.

La espiritualidad dirigida por el éxito, aquella que nos dice que los cristianos son inmunes a las dificultades, desfigura el mensaje cristiano. Esa clase de cristianismo que nos da a entender que si tan solo tuviésemos suficiente fe, podríamos evitar las presiones de la enfermedad, del desempleo o la pobreza o las dudas internas, no solo es cruel respecto a los que atraviesan por estas dificultades; también niega la esencia del evangelio, porque Jesús anduvo en el camino del sufrimiento, y no hay escapatoria de este si aspiramos a ser sus representantes en este mundo actual. La clave de todo esto se halla en aprender a ver el sufrimiento con la perspectiva adecuada, como una parte del privilegio que tenemos de ser identificados con Cristo.

En algunos círculos cristianos se ha resaltado la supuesta «teología de la prosperidad», la cual sugiere que la voluntad de Dios no desea que seamos pobres o que suframos enfermedades. Sin embargo, hay errores fatales en esta postura.

1. Un mal manejo de la Biblia

En la llamada teología de la prosperidad muchos pasajes bíblicos se interpretan fuera de su contexto y, por tanto, se llega al error. De este modo, se aplican a los cristianos de la actualidad las promesas que Dios hizo a su pueblo bajo el antiguo pacto, sin tomar en cuenta el contexto original de una manera adecuada. Por ejemplo, Pablo usa en Gálatas la frase «la bendición prometida a Abraham», pero sería un error interpretar esto como si fuera la bendición que aparece en Deuteronomio 28.1–14 (abundancia de bienes, salud, fertilidad, victoria en las guerras). Pablo se refiere a las bendiciones del nuevo pacto; por ello, en este caso, la bendición de Abraham es sinónimo de perdón y paz con Dios, tal como lo describe en Gálatas 3 y Romanos 4.

Asimismo, es un error decir que Isaías 53.5: «y gracias a sus heridas fuimos sanados», significa que, como resultado de la obra de Cristo, todo creyente será sanado de cualquier enfermedad. Más bien, debe entenderse según el contexto de toda la doctrina bíblica, en la que queda claro que los beneficios plenos de la obra de Cristo serán vistos solamente cuando Él vuelva y el reino se cumpla en su plenitud.

Igualmente, se comete un error de interpretación, por ejemplo, cuando no se consideran en su contexto las palabras de 2 Corintios. ¿Qué quiso decir Pablo con la afirmación de que Cristo se hizo pobre «para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos» (2Co 8.9)? ¿Se trata de una promesa de bendición económica? Una vez que hayamos estudiado el pasaje en su contexto, nos daremos cuenta de que el significado de la palabra «rico» se relaciona con el significado de las riquezas de Cristo antes de que viniera a este mundo a la ciudad de Belén. Dado que puso a un lado sus privilegios y sufrió la muerte en la cruz, hemos ahora heredado todas las bendiciones celestiales que le pertenecen.

2. Una perspectiva equivocada respecto al reino

Piensa por un momento acerca del tema de la sanidad. Todos creemos en el poder que Dios tiene para sanar a los enfermos; nadie debería jamás ser escéptico respecto a esta posibilidad. Sin embargo, la doctrina bíblica en torno a este tema se relaciona con lo que se conoce como el «ya está presente pero todavía no del todo». El uso que Pablo le da al concepto de «primicias» es muy útil para saber qué debemos esperar (p. ej., Ro 8.23). Si el reino de Dios ya está presente, debemos ver ya las señales del reino; debe haber ciertas pruebas de sus poderosas obras, que podríamos llamar las «primicias». Nos alegramos con los que han sido sanados, ya sea gracias a la ayuda de los médicos o por el ejercicio del don de sanidad en el seno de la comunidad cristiana.

Pero también tenemos el «todavía no del todo». La experiencia plena de lo que significa vivir en el reino de Dios, con toda su plenitud, su paz y restitución, aún está por llegar. Todavía vivimos nuestras vidas en la transición entre esta era presente y la que vendrá. Por ello, el libro del Apocalipsis aguarda el día en que esta era presente llegue a su fin: «Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir» (Ap 21.4).

Así que se debe ser sensatos y evitar ambos errores: el de creer que el árbol ya no tiene frutos, y el (de la teología de la prosperidad) de creer que el árbol está repleto de frutos. El concepto bíblico respecto a las primicias es realista: esperamos ver manifestaciones de la intervención divina y oramos por ellas con una actitud humilde sabiendo que dependemos de la sabiduría y soberanía de Dios, pero no debemos esperar que todo se resuelva ahora.

3. Un entendimiento equivocado respecto a la oración

Lo que podemos aprender de la experiencia de Pablo, que aparece en 2 Corintios 12, es que Dios no tiene la obligación de darnos absolutamente nada que le pidamos, y que nuestras plegarias no son mágicas y no nos dan todo lo que solicitemos. En un comentario con mucho tino, Alec Motyer correctamente menciona que si Dios nos diese todo lo que le pedimos, muy pronto dejaríamos de orar. Así, no tendríamos la suficiente confianza en nuestro propio criterio para tomar decisiones. Además, sería una terrible carga porque ¿cómo podríamos anticipar lo que es mejor para nosotros y nuestras familias, o qué aspecto tendrían las circunstancias del mañana?

Tal como Motyer menciona, orar «hágase tu voluntad» no limita nuestras oraciones, sino más bien elimina las limitaciones de nuestro propio conocimiento humano. La oración de fe es aquella que confía en la certeza de un Padre misericordioso que sabe lo que es mejor para sus hijos.1

Pablo llegó a darse cuenta de ello cuando no obtuvo la sanidad que había estado pidiendo. Más bien, recibió algo inconmensurablemente superior. El Señor le dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2Co 12.9).

1 Alec Motyer, The Messsage of James, The Bible Speaks Today (Leicester: ivp, 1985), 199.

Capítulo 3

Dios nos libra del peligro

2 Corintios 1.8–11

El sufrimiento posee aquella ventaja especial de enseñarnos a confiar más en Dios y no en nuestros propios medios.

Pablo describe