Mi superhéroe comenzó a sonreír - Víctor Marcelo Casiva - E-Book

Mi superhéroe comenzó a sonreír E-Book

Víctor Marcelo Casiva

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Beschreibung

¿Alguna vez pensaron que los superhéroes no le temen a nada? Muchos conocemos alguno que sufre ansiedad y ataques de pánico. Aunque ellos no lo manifiesten, disfrutan de un buen abrazo y del aliento de la popular. En este caso, mi superhéroe fue abatido por un extraño. Lucía maltrecho y lleno de cicatrices. Desde ese momento, luchó contra la muerte, contra los recuerdos y contra sí mismo, hasta que una musa de pequeña edad le dijo: "¿Cuándo este superhéroe dejará de sufrir?". Entonces pensó en lo mágica que es la vida y, esbozando una sonrisa, comenzó a relatar momentos de su propia biografía y de locos extraviados. Es así que, después de una angustiosa batalla, este superhéroe ha decidido sonreír y contar algunas historias de su vida y otras sobre locuras que comete la gente.

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Seitenzahl: 113

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Casiva, Víctor Marcelo Ceferino

Mi superhéroe comenzó a sonreír / Víctor Marcelo Ceferino Casiva. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.

126 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-817-685-7

1. Narrativa Argentina. 2. Microrrelatos. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2022. Casiva, Víctor Marcelo Ceferino

© 2022. Tinta Libre Ediciones

Dedicado a esa persona que sabe de mis dolores y de mis locuras desde que nací, Elsa.

A los amigos que me dio a la vida y a esos incondicionales que siempre me alentaron para hacer este libro.

A un muchacho que está muy lejos y que me ayudó a concretar este sueño, Javi.

A esos dos ángeles que siempre me van protegiendo y me levantan cuando estoy caído.

A las musas silenciosas que han despertado esta pasión por escribir.

Mi superhéroe comenzó a sonreír

Marcelo Casiva

Mirada virtual

A medida que pasa el tiempo, nuestro contenedor de sensaciones se va colmando hasta llegar a un punto que observamos lo óbito como algo cotidiano.

Palabras más o palabras menos, vamos descubriendo seres que perdieron demasiado contra la parca y no ocultan sus dolores por más bondadoso que sea su corazón. Nadie está ajeno a eso, mucho menos las damas que lucen sonrisas de utilería, sabiendo que aún tienen fisuras en su ventrículo izquierdo. Mujeres hermosas que han luchado contra molinos de vientos y aún hoy buscan explicación.

Mientras somos seducidos por una máquina virtual, parece una excelente presentación para ser felices, porque lo precioso siempre se admira. Pero suena poco razonable seducir a un par de piernas que tal vez solo buscan descanso en un día de humedad agobiante. Con el transcurso del tiempo aprendí que lo atractivo no siempre está asociado a la incitación. También es muy probable que los años me hayan atropellado bastante, que ahora miro el encanto femenino desde una ventana lejana a la realidad.

Amor a la colombiana

La lluvia golpea sobre mi ventana, podría ser una noche más. Pero los recuerdos se acrecientan cuando los días no saben de realidad.

Estoy sintiéndome viejo, creo que de eso se trata cada vez que cumplimos años. Solo que esta incertidumbre de alguna década pasada se vio apagada por la dulce voz de una señorita llena de pasión. No podría describir la alegría de esa noche de verano, solo podría decirle que sus encantos quedaron guardados en algún lugar secreto de mi corazón.

Su cuerpo es la perfección de la magia de un atardecer, como lo son las elegantes rosas que siempre me sonríen en primavera. No es exageración, es sentir la adrenalina que corre por mis venas cada vez que la observé desde la fría pantalla de un ciber.

Han transcurrido los años, aunque estoy lejos de besar su mejilla; y con las probabilidades de que sea un sueño que nunca se concrete, imaginaré que ella estará recordando la mirada de alguien lejano que nunca se olvidó de sus labios color fuego.

Previa de San Valentín

Tan románticos que se seducían en cada esquina buscando besos del pasado y locuras de muy pibes. Habrían sobrepasado sus 80 pintorescos años; esos enamorados estaban llamando la atención a la multitud.

Como siempre, a la vieja de la vuelta le parecía aterradora la escena que estaba observando y unos pibitos de no más de 10 años los alentaban como si fuera la final del mundial.

Paradojas de la vida, revueltas con un poco de pasión, hacían que los abuelos se estuvieran dando un beso de lengua. Esa tremenda escena había hecho concurrir al cura lánguido de la comunidad, el cual mostraba su cara sonrojada.

Para aprovechar la ocasión, el seductor barrial instaba a la señorita rubia a imitar a esos nobles viejitos y disparar a un lugar que no le demandara muchos gastos, porque si no le era imposible seguir ofreciendo amor gratuito a cuanta mujer se le cruzara.

La escena amorosa se vio devastada por un silencio atroz, vestido solo con un moño y sus nalgas al descubierto; había llegado el salvador. Los abuelos enamorados se quedaron estupefactos y la niña de cachetes regordetes gritó: “No puede ser”.

Mientras el recién llegado los miró fijamente, se escuchó de fondo al viejo Jorge: “Atrapen a ese cerdo, es el regalo que tenía preparado para festejar San Valentín”.

Deseos

Nos catapultemos en una secuencia de superhéroes, para escapar juntos de este lugar sin perfume a locuras. Las atractivas sedas de esta vieja cama no saben de rasguños, mucho menos de los gemidos que emite la pasión en primavera.

De tanto caminar por las rutas del tiempo, me son irrelevantes las opiniones del mayordomo, cuando lo que más interesa es probar el sabor del pecado que se ofrece por las noches.

No intentes emitir sonidos ni muecas de exclamación. Las sensateces de lo mágico deben ser congruentes hoy y siempre. Si notas que me he quedado en silencio en este momento, no vas a descubrir nada extraño. Mi satisfacción será decirte al oído: “Que las arañas no son tan temerosas como parecen, solo envuelven en sus redes a las presas más deliciosas”.

Se que habrá mejores lugares para disfrutar de la lujuria. No creas que no he pensado en esto todo este tiempo. Aunque estemos en latitudes lejanas, siento que un día seremos mucho más… que unos minutos de sexo.

Sonrisas inalcanzables

Demasiada presión me está produciendo su mirada; por momentos quiero desaparecer y dejar de observarla, pero es quimérico que eso suceda.

Por las noches imagino que ella toca mi hombro y me invita a recorrer cada milímetro de ese cielo. Parece demasiado para una primera cita. Pero no pretendo que bajemos las estrellas, tampoco que seamos tan lunáticos buscando señales que nos indiquen cuán felices podemos ser. Con un beso tibio en la mejilla sería una bonita opción de conocernos.

Ya es febrero, el tiempo transcurre velozmente, lo fascinante que he fantaseado junto a ella se va esfumando, como lo hacen esas nubes que desean abrazar el sol.

Por hoy, he decidido salir a caminar, ya no puedo seguir así; ella ha estado sonriendo, y yo, como una inocente criatura, he vuelto a mirar su foto pensado que lo hacía por mí, pero un pájaro desplumado me vociferó al oído: “Lo que vos presumes no tiene nada que ver con sus alegrías, solo eres un ave nocturna que acumula noches para sentirse vivo”.

Besos en la frente

La suavidad de sus manos recorrió mi frente y con un tibio beso confirmaba su empatía. En ese preciso momento entendí que estar más cerca de la muerte puede ablandar las paredes blindadas de viejos rencores mal curados.

Mientras intento disfrutar de esa sensación, los ojos de un buen pastor se ven confundidos con las bendiciones religiosas sobre una mujer que no había demostrado cariño en días festivos. Tal vez sea algo dudoso para él, pero acrecentó la posibilidad de sentirse libre durante un largo tiempo.

A lo lejos de la escenografía nocturna, observo a un muchacho lleno de bondad, algo un poco raro en estos tiempos. Veo que levanta su rostro para afirmar que la lucha sigue vigente y que los días de incertidumbre hacen mal al corazón, pero que se siente mucha pureza siendo caritativo.

Mañana ya será otoño. Sabiendo de antemano que la pasaré pésimo, pienso en esa mujer que algún día se irá sin despedirse; en el pastor que encontrará alguien que lo ame; en el bondadoso que seguirá sonriendo por sus actos; y en este loco que aún sigue recordando… ese beso en la frente.

Lacios tus cabellos

Las penas son ajenas a la primavera. Recordaría una brisa fría de otoño con un puñado de hojas que golpean la cara mientras tomamos un mate frío. Parece estúpido, pero es lo que sentí al no saber más de ella.

Sería difícil explicar qué siente su corazón si solo la vi alejarse toda vestida de negro. Las miradas deberían valorarse un poco más, ya que el tiempo se apodera de muchas charlas y nos deja con preguntas guardadas en los cuadernos forrados con diarios viejos.

Solo podría decirles que sus cabellos lacios eran casi mágicos, el brillo del sol la hacía encantadora y su sonrisa era esquiva de los que observamos la belleza, sentados en los bancos de las plazas viejas.

Esos borceguís negros que la hacían ruda entre sus silencios ya se han marchado; me he quedado sin saber qué fragancia usa de perfumes o qué sabores de helados son de su agrado.

Por el momento, no imagino cómo serán las lluvias de verano, pienso en esa musa que sabe mucho de diseño, pero poco o nada de soñadores que golpean la luna para iluminar sus almas.

Casiva

Las imaginarias rutas del pasado no han desaparecido; día tras día buscamos en algún papel extraviado o en algún documento lleno de recuerdos vestigios de sangre que nos acerquen al perfume de nuestros antepasados.

No dejo de pensar en ese hombre gigante de piel blanca, ojos azules y bigote colorado. Ese mismo que anduvo buscando un poco de tierra para armar algún surco dorado y sembrar semillas de bondad. Por ahí, fue algún navegante con perfume a vikingo o un soldado que se cansó de guerras que no tenían sentido.

Ya han pasado los años y los sueños de aquel combatiente nos han convertido en personas sin muchas explicaciones de nuestros ancestros; tal vez muchos de nosotros no supimos de la falta de dinero de aquellos viejos o del escaso empleo laboral que los había fundido juntos a los rieles, convirtiendo sus corazones en algo tan duro como el tronco del quebracho.

Por estos días, si de repente cerramos los ojos, escucharemos: “Por ahí anda don Casiva, buscando cobijo para sus hijos y sonriéndole a la vida”. No será una frase ajena para los que disfrutaron de sus caridades, porque nuestros viejos fueron tan benévolos… que hasta la luna quería bajar para abrazarlos.

Cuatro caniches

El fuego se ha apagado, solo quedan un par de brasas con muy pocas ganas de vivir. Es sábado, las mariposas que lucían sus vestidos coloridos ya no se observan, probablemente los cambios climáticos estén produciendo algo de bipolaridad en ellas.

Para despertar un poco de esta rutina diaria, me perfumo con un jabón de colores que tiene forma de ballena; dicen que, al usarlo, me convertiré en un seductor sin rivalidad. Todo esto ha logrado que tenga un poco más de ánimo, ahora podré conquistar un solitario corazón.

Salgo a la vereda, no llevo más de una cuadra y cuatros caniches de diferentes colores me quieren hablar de Dios. Trato de ignorarlos, pero los veo tan entusiasmados que ya se pusieron frente a mí con cara de pocos amigos y me gritan que “en el paraíso se vive mejor”.

Como pude, logré esquivarlos; de repente una voz con tono policíaco no me sugiere, me ordena: “Usted no puede pasar…”. Era una vecina que buscaba flores para los muertos y un par de novedades para contar. Sin muchos tapujos, casi con su mano en mi pecho, me dice: “¿Es verdad que usted se ducha con ballenas y les cuenta versos de Picasso a las viejas de la otra manzana?”. Mirándola a los ojos y largando una carcajada, le contesto: “Señora, no se burle de mis desgracias, hoy es un sábado de mierda, las ballenas vienen falladas; ya no son tan azules como me las imaginaba y no hablemos de Picasso, acabo de ver que le mearon la pintura cuatros caniches mentirosos”.

Cabellos pintados

Las rutinas se hacen fuertes en las pupilas de una hermosa dama, tal vez los signos zodiacales la toman prisionera y la hacen alejar del amor.

En algunos momentos pude contemplar su sencillez; eran días en que la incertidumbre se disfrazaba con caretas de Papá Noel y los regalos venían envueltos en medias de algodón zurcido.

Tal vez su mirada me despertó curiosidad, también es probable que para estas épocas sería un poco cursi decir que “los ojos azules cautivan los corazones de los payasos”.

Pero más allá del temor que puede causar una caricatura sobre la piel, está la risa contagiosa de una luchadora que le escapa al ruido de la ciudad y observa por la ventana… las lágrimas del cielo.

Sería muy agradable despertar y no ver las luces del condado; confieso que ya me aburren un poco, prefiero observar estrellas lejanas mientras la musa le confiesa al universo que es muy divertido escuchar a las personas describiendo su cabello recién pintado.

El último que apague la luz

La señora se aventa muy rápidamente; por momentos su compañera de butaca cierra los ojos esperando el sacudón de ese abanico de colores. Desde la otra fila tiene una contendiente de ventilación manual; esta dama usa lentes y observar por arriba de ellos condiciona al anciano que prepara un discurso emotivo.

Por atrás, observamos un par de muletas que son sostenidas por un cuarentón de gorra, que con un miembro menos tiene más ganas de vivir que la propia autoridad. A esta última se la ve deslucida entre la muchedumbre, parece que los problemas gastrointestinales han sido bien fuertes, porque su presencia demuestra ausencia y muchos hablan del mal olor.