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Es un libro en el que se manifiesta el yo profundo del personaje. Este es un observador que en momentos también se convierte en lo observado. Un viaje de alguien que lo ve y lo cuestiona todo, pero sigue siendo fiel a sus ideales, conocimientos y opiniones, los cuales defiende con libertad dentro de su propia mente. El libro es una invitación a ver nuestra sociedad con otros lentes, a vernos a nosotros mismos y convertirnos en nuestros propios observadores. Atrevernos a utilizar el mismo hacha que alzamos contra otros, para quitarle el filo contra nosotros mismos. Despertar la conciencia. Ser consciente de cómo estamos cada vez más condicionados para ir cayendo en una adicción a los estímulos externos. Donde al final exterminamos el mundo real por completo y, cada vez más, matamos nuestro propio sentido crítico e instintos. Y obedecemos a las divisiones sociales impuestas para distraer nuestra atención de todas las cosas en el mundo que realmente importan. Que estamos tan acostumbrados al dolor, al sufrimiento y a la guerra que han llegado a formar parte de nuestra forma natural de ver la vida y hemos aprendido a vivir con ello y de ello. Todo esto pasa mientras nuestro personaje, un personaje sin nombre, pero con un pasado y un futuro aún por descifrar, navega en el subsuelo de una de las ciudades más progresistas existentes, con un destino, preocupaciones y anhelos.
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Seitenzahl: 58
Veröffentlichungsjahr: 2024
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Rob Domínguez
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-535-2
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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«Te conoceré no por tu rostro,
sino por la máscara que llevas».
Karen Blixen
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«Cada una de las libertades del mundos ha sido comprada por el precio de una nueva esclavitud»
Aldous Huxley
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A mi abuela y mi abuelo, quienes siempre serán una huella imborrable en mi existencia.
Prólogo
Estas líneas están marcadas por los pasos de nuestro personaje y su mirada hacia el abismo por el cual estamos descendiendo voluntariamente, mientras otros nos guían desde lo alto. Es así como surge su visión única. Una mirada desde el ojo de un tuerto al mundo de los ciegos, envuelto por la neblina de sus propios pensamientos, los cuales lo conducen hacia la reflexión más profunda sobre el entorno que lo rodea. Es aquí donde, en medio de su desencanto y desesperanza, nuestro personaje se erige como juez, jurado y verdugo de una realidad que se manifiesta ante sus ojos. Sintiéndose libre en su propia mente para hacer una crítica mientras viaja por su vida llena de símbolos, sueños y significados ocultos. Un relato sutilmente pincelado donde exploramos un mundo sumido en una espiral de estímulos y distracciones, donde la búsqueda de significado se ve eclipsada por el clamor de lo superficial.
Los invito a adentrarse en estas páginas con mente abierta y corazón dispuesto, a acompañar a nuestro protagonista en su viaje.
Rob Domínguez
I
Paso los días mirando alrededor, observando cada ángulo de nuestras calles, cada paso que damos en ella y lo estúpidos y zombies que nos hemos vuelto para utilizar algo tan simple como una acera. Me esperaba un largo camino de regreso a casa, el cual puedo acortar sumergiéndome en un inframundo creado por el hombre y enfrentándome a mis propios pensamientos, que se columpian de un lado a otro cuando me veo cara a cara con lo que es la verdadera humanidad. Un precio que estoy dispuesto a pagar cuando mis ganas de caminar por la ciudad bajan junto con la temperatura. El metro, un lugar que está despojado de toda divinidad y donde predomina el instinto y el salvajismo del hombre, está lleno de cabezas cabizbajas y miradas perdidas buscando cualquier excusa para evitar la interacción. Ir sin sentido de un lado para otro en la pantalla del teléfono, abrir conversaciones en las que no hay interacción alguna, jugar a Candy Crush, Sudoku (dependiendo la edad, el gusto o la nacionalidad, el juego puede variar). Leer noticias, ver repeticiones de partidos de fútbol, pretender leer libros, ladrones sigilosos como gatos esperando la más mínima distracción de los turistas, conversaciones y peleas telefónicas innecesarias para evitar la soledad en un lugar repleto de personas. El aislamiento en la música y el sacrificio voluntario de neuronas en un solo scroll de inseguridad en Instagram, músicos que van de vagón en vagón tocando las mismas canciones una y otra vez. Músicos que a la temprana edad en la que aprendieron a tocar sus nobles instrumentos apostaron por llegar a ser como The Beatles y, ante los ojos de muchos de sus espectadores del vagón, lo son. Son unos bichos raros que distorsionan el ambiente deprimente en el que se encuentran. Otros, disfrutan de sus actuaciones en secreto y sin intenciones de contribuir a la causa. Más tarde, se suman los vendedores ambulantes a esta ecuación. Todos tenemos nuestro papel en este desfile de tubos de metal que contienen una muestra de la raza humana en modo supervivencia. Mendigos que frecuentan los mismos vagones, repitiendo los mismos discursos durante años: «Saludos, señores, señoras. Sé que es triste pedir, pero más triste es no tener dinero para darle de comer a mis hijos. Por favor. Una moneda para mis hijos. Señor, señora». Son varios de los panoramas que solo puede permitirse un observador mientras los demás duermen bajo los efectos de la hipnosis y son consumidos por el ruido de lo que una vez muchos llamaron futuro y otros le llaman progreso. Un ruido que mantiene a una gran parte dormida de la sociedad y a la otra enferma. En muchos casos, ambas.
No sé si a alguien todo esto le resulta novedoso. Los discursos, ideas, propuestas y canciones que me rodean son una copia de algo ya antes propuesto, compuesto o escrito. No hay nada de progreso. Las personas han perdido su creatividad, su genio. Ese genio que les permitía a los hombres y mujeres del pasado crear obras y pensamientos extraordinarios. Movimientos de unidad, inventos tan simples pero tan útiles que le aportaban a la humanidad más de lo que le quitaban, armonías que transportaban a otras dimensiones, obras de arte dignas de la contemplación de las masas por siglos, filosofía que trascendía la barrera de los milenios. Hoy, el estado de división en la sociedad es tan enorme que soñar con una unión de grupos y llegar a un acuerdo entre partes es solo eso, un sueño. El humano ha sido debilitado, su evolución ha sido pausada y su cerebro atrofiado. La posibilidad de resolver problemas y retos cada vez más complicados se nos ha arrebatado de las manos. Es el fin de la evolución del cerebro, de su capacidad de socializar, de su capacidad de reproducirse y de todos los instintos básicos que tiene el ser humano como animal que habita en este planeta. Hemos llegado a negarnos el derecho a evolucionar como especie, justificando que los avances tecnológicos e ideas progresistas radicales eran la respuesta para una vida digna y placentera. Sin pensar que te quitan con una mano lo que te dan con la otra.
Miré hacia mi lado y vi un joven con cara de intelectual que estaba concentrado leyendo un libro de cierto grosor. No pude ver la portada a la primera. El tren hizo un movimiento brusco que provocó un tambaleo sincronizado en todos los que estábamos allí, así pude ver la portada y de que se trataba: Los Illuminati se leía en la portada. El ojo que lo ve todo. Prácticamente más basura. El gran poder que controla el mundo y así de sencillo puedes ir a cualquier librería y nutrir tu cerebro de estas personas con información ultra secreta dada a conocer por diversos autores que han llegado a ser best seller. Conocedores y gurús del «illuminatismo», de sus símbolos, costumbres, planes, ideologías y todo lo que se debe saber sobre el orden mundial. A mi parecer, simplemente es un libro que debería estar junto a los de Harry Potter
