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Iskra Pavez nos entrega 15 cuentos que como nos indica en el prólogo, son "relatos que hablan sobre personajes marginales o marginalizados, que se enfrentan a situaciones extremas tan presentes en nuestra cultura actual, como la pobreza, la violencia o el abandono. Sus historias versan sobre cómo crear alguna forma de resistencia". Así veremos al padre que se siente con todo tipo de derechos en "Pechitos", a la adolescente que entiende el rol que la sociedad le asigna a las mujeres en "Tacones besados", a niños pequeños defendiendo sus derechos en "La marcha de los niños", o al hombre que para ser 'machito' rechaza el amor como una debilidad en "Ríos de oxitocina", entre otros. Pavez en su libro Mifragio va reflexionando en torno a la vida, principalmente a la de los seres vulnerables, llevando al lector hacia un punto que nunca será el imaginado, con gracia, con humor a veces, para hacerlo evocar historias, situaciones y personajes inolvidables. M. Eugenia Lorenzini P., escritora
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Seitenzahl: 54
Veröffentlichungsjahr: 2023
MifragioAutora: Iskra Pavez Editorial Forja General Bari N° 234, Providencia, Santiago-Chile. Fonos: 56-2-24153230, [email protected] Diseño y diagramación: Sergio Cruz Edición electrónica: Sergio Cruz Fotografía de solapa: Francisco Aranda Primera edición: noviembre de 2017. Prohibida su reproducción total o parcial. Derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o trasmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor. Registro de Propiedad Intelectual: N° 268.060 ISBN: Nº 978-956-338-350-8 eISBN: Nº 978-956-338-361-4
A las marginadas
“Soy una mujer que está de pieestoy de pie aquí en tu poema. Insatisfecha.” Atlas de un mundo difícil, Adrienne Rich
Los quince cuentos que aquí se presentan constituyen mi primera obra netamente literaria. Por tanto, tienen la riqueza de toda ópera prima, aciertos y desaciertos, énfasis y ausencias. Ha sido una especie de ejercicio literario donde me he permitido la búsqueda, el error, la contemplación de las formas y la aproximación hacia la emergencia de mi propia voz narrativa. Un proceso de creación de la obra que está en permanente tránsito, nunca acabado, siempre vigente e interrogante.
En algunos cuentos existe una narradora observadora, a veces pasiva, con esa extraña complicidad voyerista que permite la tercera persona; en otros, he optado por una narradora netamente activa y protagónica, a través del uso de la primera persona, que puede estar encarnada en sujetos como un padre, una niña o una mujer o en cosas aparentemente abstractas, como un pensamiento o el voto. Estos relatos muestran un diálogo constante entre los hechos “tal como son” y la ficción, a través de guiños intertextuales hacia diversos referentes estéticos, éticos y narrativos.
Se trata de relatos que hablan sobre personajes marginales o marginalizados, que se enfrentan a situaciones extremas tan presentes en nuestra sociedad actual, como la pobreza, la violencia, el rechazo o el abandono. Sus historias versan sobre cómo crear alguna forma de resistencia.
Mifragio es uno de los cuentos de este volumen, pero con una propuesta artística y política más amplia, por eso he optado por tomarlo como título del libro. Ciertamente, partí del concepto de sufragio, entendido como el derecho a votar y ser elegido, una acción que ha estado teñida de luchas y debates, porque es un derecho que se otorga a ciertas personas y se niega a otras. Históricamente han existido y siguen existiendo argumentos para excluir de este derecho a ciertos sujetos, por ejemplo, hasta el día de hoy se excluye a las niñas y los niños. Actualmente, otorgar o negar este derecho implica que, simbólicamente, se les está dando o negando cuotas de poder a determinados sujetos que forman parte de nuestra comunidad. La dimensión simbólica del sufragio es la que me interesa, más allá de ejercer el derecho a voto como el acto concreto de ir o no a votar. El sufragio sería el derecho dado por las leyes y las autoridades; mientras que el mifragio sería el derecho que yo misma me tomo, sin esperar que las leyes o las autoridades me lo otorguen. Alude a la capacidad de cada persona de sacar su propia voz y hacerse escuchar, de estar dispuesta a decidir, arriesgar y tomar opciones, de tener la valentía de ejercer poder desde abajo o desde los márgenes.
Ya no se gana mucho en este trabajo, ha bajado la clientela, la gente ahora sale apurada del metro y ni siquiera se fija en cómo tiene sus zapatos; pero no falta, siempre sale algo para parar la olla.
Lo bueno es que siempre pasan hartas chiquillas lindas por aquí, vienen a lesear al parque que está allá atrás, y así uno distrae la vista un rato. Siempre viene una cabrita con los pelos de colores, se pone unos short cortitos, casi se le ve todo, se sabe rica la pendeja, yo sé que le gusta que la miren.
Ahora estoy más viejo y más flojo, tengo la media guata y ya no puedo venirme en bicicleta a la pega, quedo muerto. Llego a la casa cansado, quiero puro tirarme en el sillón y no hacer nada, menos mal que siempre está todo listo: la mesa puesta y la comida calentita.
Pero, no faltan los problemas.
Hace días que esta cabrita anda sin respeto, parece que se le olvida que yo soy su padre, que trabajo todo el día, mantengo esta casa, pago las cuentas y los cuido a todos. Es que las niñas de ahora no son como las de antes.
Hace días que ella me mira con rabia y después desvía la mirada, nunca hace las cosas como yo le digo, siempre anda desafiándome, quiere dejarme en ridículo. Se cree más grande, porque ya le están saliendo sus pechitos. El otro día me di cuenta: se puso una polera blanca y se le veían dos porotitos. Desde esa vez, para puro molestarla me gusta apretárselos delante de todos en la mesa. Ella se pone roja, no me dice nada, porque sabe que si me contesta le va a salir peor, pero me mira con cara de odio, y eso es lo que más me molesta. Tan malagradecida que es esta niñita, yo le di la vida, le doy todo y ahora que ya tiene sus pechitos, le voy a tener que enseñar las cosas que debe saber una señorita.
No vaya a venir un fresco por ahí a pasarse de listo.
Durante un tiempo recibimos en nuestra casa a un primo lejano. Casi no lo veíamos: trabajaba todo el día haciendo trámites en una empresa del centro de la ciudad y llegaba en la noche. Se alojó en la última pieza, la que pasaba cerrada con llave. Mi mami decía que no podíamos entrar ahí, pero, a veces, la ventana hacia el patio quedaba abierta y, si no había nadie en casa, yo me metía a trajinar.
¿Qué buscaba?
