Mis intentos fallidos II - Jennifer Biancucci - E-Book

Mis intentos fallidos II E-Book

Jennifer Biancucci

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Beschreibung

Una pandemia azota al mundo en el año 2020 y los seres sociales deberán aislarse en sus hogares o ser esenciales. Una nueva normalidad se aproxima, en la que saldrán adelante quienes sepan adaptarse. Mía queda en su pueblo natal por varios meses, teniendo que abandonar temporalmente Buenos Aires y su trabajo como actriz. Por más de un año, toda su atención ha estado enfocada en el trabajo habiendo encontrado seguridad y confort en la soledad. Lo que ella aún no sabe, o no quiere saber, es que está totalmente enamorada de alguien, y siempre lo ha estado. El tiempo acabará por mostrárselo y ella entrará en un gran dilema personal. ¿Podrá elegirse una vez más? Situaciones inesperadas estarán destinadas a suceder y cambiarán por completo su existencia, pero solo saldrá adelante alimentando la voz adecuada dentro de su cabeza. Lo invisible se hará visible, y ahora comprenderá que existe mucho más de aquello que con los ojos podemos apreciar. Mía ha aprendido a recorrer el camino del amor propio, pero ahora sus intentos fallidos la llevarán a reconectarse con la fuente, con el origen, con el todo.

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Seitenzahl: 217

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.

Biancucci, Jennifer Sofía

Mis intentos fallidos II : y una pandemia / Jennifer Sofía Biancucci. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

216 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-395-5

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas de la Vida. 3. Novelas Románticas. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Biancucci, Jennifer Sofía

© 2023. Tinta Libre Ediciones

Dedicado a aquellos que vivieron la pandemia del año 2020.

Mis intentos fallidos II

Jennifer Biancucci

Pandemia: enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.

Coronavirus: virus que produce diversas enfermedades respiratorias en los seres humanos, desde el catarro a la neumonía o el COVID.

Real Academia Española

Me he sentido presa muchas veces en la vida.

He sentido la asfixia cuando no podía hablar, cuando alguna situación se me atascaba en la garganta, cuando la libre expresión no lograba “pasar” hasta ser lanzada al afuera por un tobogán.

“Somos seres sociales”, ha dicho Aristóteles, necesitamos de un otro para sobrevivir, comenzando por una mujer que nos permita nacer después de morir.

¿Quién pensaría que el año 2020 dejaría una huella imborrable en nuestras vidas?

¿Quién iba siquiera a imaginarnos encerrados, aislados, lejos de la libertad, presos de la soledad?

¿Quién podría prever que una pandemia arrasaría con nuestros proyectos, nuestros viajes y sueños?

¿Quién hubiese dicho que vendría a estas tierras un virus con corona para hacernos ver lo realmente importante de esta fugacidad?

Quizás ningún cambio se produjo en vos, quizás todos juntos sucedieron. Quizás tu familia más se unió, quizás perdiste gente que al cielo voló. Las valijas han quedado encadenadas, la tecnología es una ola con doble filo que puede lastimarte si no sabés surfearla. La distancia más se agranda, y tu temperatura corporal determina si pasás o en tu casa te encerrás.

La vida se ha reducido a un inexpresivo barbijo: no hay sonrisa, no hay tristeza, no hay enojo, no hay belleza, y las palabras salen a duras penas con un tenue sonido que no es libre ni de respirar. Pero la mirada… esa sí que no sabe disimular: “¡Tengo miedo!”, grita en silencio. El universo lo demuestra sin necesidad de hablar.

El miedo… la emoción que ha sacudido al mundo entero. La muerte divaga por las calles buscando a su presa, a millones de ellas, y los cementerios no dan abasto para allí descansar. Los hospitales han colapsado, el personal médico no es suficiente en ningún lugar y el reloj de oro parece ya no importar. No hay distinción de raza ni clase social: un virus que nos toma por sorpresa, a todos por igual. No hay certezas ni seguridad, los países se culpan unos a otros, la política lo utiliza como excusa y lo convierte en un panóptico que permite controlar, las fuerzas policiales se adjudican más poder del que deben y el autoritarismo inunda las calles de sumisión social. El rebelde y delincuente es ahora aquel que lucha para poder pasar a la otra ciudad, pues su hija se muere y nadie lo deja llegar.

El virus con corona ha sacado nuestras peores miserias… y nuestra mayor fortaleza.

A todos los sobrevivientes del covid-19. A todos los que no sobrevivieron. A sus familias, a nuestras familias. A vos y a los tuyos, a los míos y a los de ellos. A todos los países del mundo. A cada joven que dejó de lado sus proyectos. A cada trabajador que debió remar contra la corriente para salir a flote de lo incierto. A todo el personal médico del universo. A científicos diversos. A cada ser que habita este planeta.

Corona sin rey

Creo profundamente que del dolor ha nacido el amor.Aquí no hay privilegios, ni raza, ni dinero,ni países del primer mundo, ni países del último suelo.Aquí no existe género, ni religión,ni coimas que esquiven el duelo.Todos hemos perdido algo.Todos hemos ganado algo.Una corona sin reina ni rey ha cuestionado al mundo entero.¿Acaso no nos hemos dado cuenta de lo verdadero?¿Acaso no hemos sabido ver lo simple y su valor supremo?¿Acaso no es la libertad un bien fundamental?Abrazar, disfrutar sin dañar, bañarse en el mar, escalar la montaña y ver más allá.¿Acaso no hemos sabido valorar el acto milagroso de respirar,reducido ahora con un barbijo para no contagiar?¿Acaso no nos hemos dado cuenta de que no somossino en contacto con otro? Un otro que nos mire,que nos toque, que nos bese, que nos escuche y abrace.Creo profundamente que del dolor ha nacido un nuevo amor.Lo realmente importante emerge como un águila de sus cenizas,lo esencial es visible a todo aquel que está dispuesto a ver, lo banal es inerte y pasajero, la naturaleza se deja oír con fuerza en el suelo. Una vez más miro al cielo… finalmente llega el mensaje: “Dios hace nuevas todas las cosas”.Sonrío, ahora entiendo

En la República Argentina, alrededor de 10 millones de personas declararon formalmente haber tenido covid, más de 130.000 personas no pudieron con él, más de 130.000 familias perdieron a alguien.

Vos y yo, en este preciso momento… ¡estamos vivos!

Cuando pensás que no podés, cuando te frustren tus intentos fallidos, cuando estés cansado del desatino, cuando te dejes ganar por el desgano, cuando el mundo se venga abajo… recordá que atravesaste una pandemia ¡y pudiste lograrlo!

No te olvides que, desde ese momento, sos un sobreviviente.

Con amor y luz,

Jenny

Capitulo 1

El mundo

La carta del Mundo del Tarot representa un éxito total. El logro en su más pura expresión. Es un símbolo de satisfacción y alegría.

Todos los esfuerzos, todo el trabajo de la búsqueda es finalmente recompensado.

Se ha logrado un ciclo de vida completo que le permite finalmente disfrutarlo. Ha adquirido la experiencia necesaria para aprender y comprender.

Bendecido 2019

El silencio es estremecedor, escalofríos en la piel y concentración. El estudio se prepara para la escena 3, capítulo 4.

—Prevenidos.

—¿Sonido?

—¡Graba!

—¿Cámara?

—¡Graba!

—Acción

El sonido de la claqueta de cine da el okey para que la acción comience su ruedo: ¡ahí vamos, Mía!

La “rubia hueca” se aproximaba a paso firme por el pasillo del juzgado. Elegante vestuario formal con altos tacones que se hacen escuchar, anteojos y cierta torpeza en su accionar. Los cientos de expedientes aplastados uno arriba del otro robaban protagonismo con un primer plano que la cámara captaba dando qué hablar. Ella era Eloísa, una de las secretarias de un prestigioso abogado de Buenos Aires, Pacheco. Una subestimada mujer que capítulo tras capítulo comenzaría a pisar fuerte en la historia, dejando entrever los prejuicios hacia las mujeres con respecto a la inteligencia y su apariencia.

Amaba mi personaje, Eloísa había ganado mi corazón y estaba segura de que cuando el público la viera también la querrían tanto como yo. El personaje generaría un cambio de perspectiva a lo largo de la serie: callaría muchas bocas en la ficción y en la realidad. ¿Cuántas veces se ha utilizado el término “hueca” para hacer alusión a una mujer rubia? ¿Y la subestimación de la inteligencia en mujeres muy bellas? ¿Sabían que hay personas que no pueden concebir que una mujer pueda vestir sexy y hablar a la vez de economía o política, porque no coinciden en el mismo estereotipo o molde? Ni que hablar sobre el rol de santa carente de deseos, que tiene que cumplir una mamá. Sí… todas esas cosas iban a poner en evidencia el personaje de Eloísa, el papel que finalmente me había ganado después de tantos castings fallidos, después de haber hecho la famosa publicidad de tampones, después de tantas frustraciones tras los constantes “No”. Mi primer papel importante había sido para una serie argentina, que el año entrante en 2020 estaría publicada en una de las plataformas de streaming más vistas.

¡Bendito 2019! Estaba segura de que Liana desde el cielo me había guiado, había orquestado todo esto para que pudiera finalmente cumplir uno de mis sueños.

Ya no era la seño del jardín, lo había dejado, pues grabar una serie no tiene horarios: hay escenas de día, otras de noche, y requiere tiempo extra para estudiar libretos. Mis compañeros de elenco, eran aquellas actrices y actores que desde siempre admiraba en mi pequeña casa en Pedro Luro. Aquello que veía tan lejos ya era una realidad.

La mitad del año me la había pasado de grabación en grabación, y me daba cuenta de que esto iba más allá que esperar reconocimiento: la pasión por ser otras personas, por hacer visible lo invisible, por vivir otras vidas posibles, era lo que me había enamorado de la actuación.

El año había transcurrido rápidamente, trabajando e investigando, haciendo teatro, participando en algún evento cuando el tiempo me lo permitía, compartiendo momentos con mis compañeros de elenco y mis amigas Daniela y Luciana, cada vez que a Buenos Aires venían. Pero esto no terminaba acá: mi hermana Carla ¡estaba esperando su primer hijo! El año siguiente ¡sería tía! Esto ponía extremadamente feliz a mi familia, a la cual le estaba faltando, por cierto, un condimento extra, ese algo especial en sus días.

Imaginar a Carla mamá era algo que me emocionaba profundamente: había buscado mucho para que llegara este momento, tanto, que la última vez que había venido de paseo, me había respondido angustiosamente:

—Ya está, Mía, no es para mí ser mamá… no es para mí.

No sabía cómo ayudarla ni qué decirle, solo la había abrazado para contener sus lágrimas.

Medio año había pasado de esa visita, hasta que finalmente había llegado una de las noticias más lindas de mi vida, por una oportuna videollamada:

—¡Hola, gorda! ¿Cómo estás? —dijo Carla con voz sospechosa

—¡Carchu, hola! Bien, me agarrás justo sentada en el inodoro del estudio, ¿qué pasó?

—¡Ay, me muero! ¡Mostrame, mostrame cómo es! —respondió mi hermana cholula.

—¿Qué querés que te muestre? ¿El baño? Dale, ¿para qué llamas?

—¿No hay ningún famoso ahí? Quiero ver. —Carla insistente.

—Sí, mirá, Eduardo Terezo está acá, si seguís insistiendo te lo voy a mostrar —respondí.

—Ah, no, listo, se te subió la fama a la cabeza.

Nos reímos juntas.

—Estoy en el baño haciendo mis necesidades y te atendí porque pensé que había pasado algo, nunca haces videollamada

— Es que pasó algo… solo que no sé cómo decirlo. —Carla se pone seria.

Habían pasado tantas cosas que solo pensar en algo más me estremecía.

—Me estás asustando —comencé a preocuparme.

—Mía… ¿estás sentada? —preguntó.

—Sí, te dije que estoy en el inodoro, apurá —respondí.

—OK… ahí va.

Carla muestra un cartel en la videollamada: “Hola, tía”,escrito en letra imprenta, junto a la primera ecografía del bebé. La felicidad me inundaba el alma sentada en el inodoro en pausa, después de la noticia que me estaba dando mi hermana.

Esa tarde lloramos juntas de emoción, separadas por unos cuántos kilómetros, pero conectadas por una pantalla.

Ahora sí, era la mujer más feliz en la faz de la tierra: iba a ser tía y estaba trabajando en lo que amaba. Los sueños que alguna vez de niña había tenido comenzaban a hacerse realidad, y me sentía merecedora de ellos.

La pérdida de Liana me había hecho crecer tan de golpe. Es increíble lo que uno aprende perdiendo… Me había convertido en una experta en perder; por eso, ahora que sentía estar ganando, sabía realmente valorarlo, cuidarlo y ser agradecida. Así somos: hace falta la lluvia para darnos cuenta de la belleza del sol, hace falta la enfermedad para darnos cuenta del valor de la salud… hace falta perder para saber ganar, y viceversa.

Con los padres de Liana seguíamos viéndonos, e incluso a veces venían de visita. Creo que en algún punto se sentían cerca de ella cuando estaban conmigo, y pasábamos horas hablando y recordando anécdotas. Siempre notaba su presencia, latente… como si Liana estuviese aquí despierta, siendo una espectadora y una oyente.

OK, Mía… Dejá de escapar del tema y vamos a la siguiente pregunta: ¿amores? Bueno, en ese pequeño detalle de la vida no me había enfocado este año. ¿Ni siquiera un touch and go? ¿Ni un chape? ¡Absolutamente nada! Así como leen, me habían bastado unos cuántos intentos fallidos como para no querer saber nada de hombres.

Había estado trabajando arduamente en mi propia persona, ¡ya tenía 29 años! Así que estaba enfocada en mis metas, y en trabajar día tras día este maldito amor propio que ahora estaba bastante más nutrido que antes.

La piel, de no rozarla con otra piel, se va agrietando.Los labios, de no rozarlos con otros labios, se van secando.Los ojos, de no mirarse con otros ojos, se van cerrando.El cuerpo, de no sentir otro cuerpo cerca, se va olvidando.El alma, de no entregarse con toda el alma, se va muriendo.

Bertolt Brecht

Camilo

Durante todo el 2019, Camilo había sido como una de las patas para la silla: cada vez que necesitaba contarle algo a alguien, él estaba; cuando tenía que pasar libreto, él me ayudaba; cuando necesitaba hacer cosas distintas para salir de la rutina, él me acompañaba. Cuando debía asistir a reuniones aburridas, yo lo acompañaba a él; cuando sabía que se olvidaba de comer, le dejaba al portero una vianda para que se la dé… A veces íbamos juntos a pasear a su perro Coco por la plaza mientras nos ejercitábamos, a ver teatro algún que otro domingo por la noche, e incluso nos hacíamos videollamadas cuando el intenso trabajo no nos permitía vernos… Y así íbamos siendo compañía, a pesar de los desencuentros de horarios laborales; no sé cómo, pero lo lográbamos.

Nos habíamos hecho como carne y uña, de alguna forma ocupaba un poco ese lugar vacío que Liana había dejado. Nunca podría reemplazarla: en la vida no se puede reemplazar a alguien como en un puesto de trabajo, pero sí habíamos logrado ser grandes amigos confidentes.

Camilo continuaba con su profesión de economista, y estaba postulado para ejercer un importante cargo político, algo que lo desafiaba internamente: cuando llegara ese momento, que de hecho estaba segura de que iba a llegar ya que las estadísticas estaban a su favor, su tiempo se reduciría aún más a lo profesional, como hasta ahora, como hasta siempre. Una de sus mayores contradicciones era poder equilibrar el tiempo que le dedicaba a lo profesional y lo que le dedicaba a cosas personales. A veces la balanza se inclina más para un lado, siendo el otro un terrible desastre, luego se vuelve a balancear, y así vamos por la vida siendo grandes malabaristas.

Lo cierto era que, sorpresivamente, casi siempre disponía de algún tiempo para mí. No sé en verdad cómo lo hacía, incluso íbamos a la cafetería a hacer coworking, cada uno con sus cosas: él con su computadora y yo con mis libretos, pero juntos. Tal vez el haberme mudado recientemente cerca de su departamento en Capital era algo que ayudaba mucho, o quizás seguíamos fieles a nuestra promesa de un año atrás, cuando recién nos habíamos conocido: ser solo amigos, acompañarnos siempre.

Camilo y su ondulado pelo castaño, y sus ojos café tras los lentes de miope, y su hermosa sonrisa con hoyuelos, y su porte elegante y sencillo, y la suavidad de sus formas, su amabilidad, su suave perfume, su acento pampeano, su afán por mejorar el mundo, sus 34 años. Suspiré… Todo eso pensaba mientras lo observaba concentrado en la pantalla de su computadora, escondiéndome tras los cientos de libretos que tenía por leer.

Mis amigas de Luro, Dani y Lu, siempre estaban dispuestas a tirarme algún que otro comentario sobre él, cada vez que venían de paseo:

—¿Te diste cuenta de cómo te mira? —apuntó un día Luciana, inquisitiva.

—¿Cómo? —pregunté incrédula.

—Con ojos de amor. —Dani y su romanticismo.

Rápidamente les respondí:

—¿Ustedes no creen en la amistad entre el hombre y la mujer? Yo sí.

Cuando se daban esas conversaciones, aparecía el miedo de perder a Camilo. ¿Y si era cierto? Claramente no funcionaría: primero porque no estaba enamorada de él, y segundo porque la amistad que nos unía se rompería. Esos pensamientos me hacían alejarme alguna que otra semana y colgar sus invitaciones. Después entendía que esa era la visión de las chicas, no la mía, y volvía a él y a sus rulos voladores.

Veinte-veinte

El tiempo pasaba deprisa, la serie ya había sido grabada en sus diez capítulos, la etapa de edición estaba en proceso y cada vez más nos acercábamos a su estreno. En verdad iba a ser un poco extraño verlo en la pantalla. Cuando deseás algo con todas tus fuerzas, arriesgás cosas, personas y tiempo por esa meta, trabajás muy duro para conseguirlo, y alguna vez te toca no fallar… Finalmente después llega el momento de verlo concretado, siendo puramente real. Durante ese año que estaba por comenzar se proyectaría por primera vez la serie en streaming. ¿Alguien dijo ansiedad?

Entre tanta alegría, a veces el tiempo se detenía, y solo pensaba en cómo me gustaría que Liana viviera conmigo estos momentos: se ponía más feliz que uno cuando algo bueno sucedía. Ese año, la familia de Liana, los Rian, nos habían invitado a Salta junto a mis padres a pasar las fiestas de Año Nuevo con ellos y sus numerosos invitados… y allí estábamos.

Las sensaciones en el aire eran ambiguas, las emociones estaban a flor de piel, tristeza y alegría se mezclaban para dar luz a la última noche del 2019. Los fuegos artificiales de un nuevo año que empezaba, los vestidos blancos, el paisaje del norte, el gran patio de los Rian y su mesa llena de gente desconocida… Todo era absolutamente hermoso, excepto que allí faltaba lo más importante: mi Lia.

Te vas acostumbrando a su falta… pero no la olvidás. Te vas acostumbrando con el tiempo que ya no está, pero no la olvidás. Vas conviviendo con su ausencia y ese pedacito que se fue con ella, pero no… no la olvidás. Cada vez que sentía que ya no recordaba su voz, buscaba los videos en mi celular, y podía pasarme horas viéndonos reír… siempre terminaba necesitando su abrazo. Mientras las campanas suenan marcando las doce, un nuevo año da lugar al festejo, los fuegos artificiales engrandecen la noche y la luz irradia esperanza, solo pude mirar al cielo y hablarle:

—Liana, donde sea que estés… gracias, gracias, gracias. —Levanto la copa de champagne al cielo, brindo con ella.

Aquella noche rápidamente pasó, y nos quedamos durante dos días en lo de los Rian. Conocí más sobre la infancia de Liana y la sentía todo el tiempo en cercanía.

Sus padres, Ana y Carlos, realmente se habían unido desde su partida. Carlos nos contaba que había comenzado terapia, después de haber dicho por años que eso era cosa para “locos”.

Eso tienen algunas pérdidas, te transforman por completo. Ana había logrado perdonar y perdonarse, y había encontrado en la filantropía un propio estilo de vida: poder ayudar a los demás, con todo lo que ellos tenían, la acercaba a su hija.

El tiempo rápidamente se iba y, después de aquel hermoso Año Nuevo junto a la familia de Liana, nos fuimos de Salta, mis padres rumbo a Pedro Luro y yo a Buenos Aires.

Allí me esperaba Camilo, junto a su hermoso edificio y una fresca piscina. Todo aquel que vive en una gran ciudad de cemento, sabe que tener pileta en verano es oro líquido.

Aquella tarde, entre mates y chapuzones, hablamos sobre nuestras fiestas de fin de año en familia y todo lo que esperábamos para el año entrante, hasta que Camilo tuvo una maravillosa idea:

—Mía, tengo dos sorpresas para darte… ojalá me digas que sí.

—Mmm… más que sorpresa suena a propuesta —respondí.

—En realidad es una invitación —dijo, tocando su pelo ondulado.

—¡Apa! Me interesa, soy toda oídos.

—¿Qué te parece si nos vamos a Floripa a pasar unos días?

Mi cara se transforma rotundamente:

—¿¡A Floripa!? Con lo que me gusta viajar… ¿te pensás que te diría que no?

Se sonrió y sus mejillas tomaron un color rosado.

—Esperá… ¿y la segunda sorpresa? —pregunté ansiosa.

—Esa te la doy allá.

La peor cosa que pueden hacer es dejarme la intriga y curiosidad revoloteando, con la ansiedad que pasea por mi mente. Pero no insistí ni un poco, y dejé literalmente que la sorpresa me sorprendiera.

Valija y liviana ropa de verano, vuelo hacia Floripa, Brasil, e muito calor. Disfrutamos increíbles días de playa, cuatri y cervezas, pelos al viento, bailongo y caminatas al atardecer. Una de las noches nos quedamos dormidos en el mar bajo las estrellas, y despertamos viendo el amanecer. Salir de capital y la vorágine laboral, apagar el celular por horas, cambiar el chip mental… Todo eso lo estaba necesitando por demás. Camilo me hacía sentir realmente en paz y plenitud, y estas invitaciones sorpresivas me enloquecían. Todo estaba siendo perfectamente hermoso en la Ilha da Magia, hasta que algo sucedió, hasta la quinta noche… hasta la segunda sorpresa, cuando todo cambiaría por completo, dejando mi tranquilidad patas para arriba.

—Bueno… Ahora sí, señorita ansiedad, hoy por la noche vas a saber mi segunda sorpresa —exclamó Camilo mirando hacia abajo con sus lentes de miope empañados y sus rulos algo desordenados.

—OK, garotinho—respondí.

A decir verdad, esa tarde me invadían los nervios. Comencé a pensar en las chicas: ¿y si estaban en lo cierto? ¿Y si Camilo se había enamorado y estaba por decírmelo? Por eso la isla de la magia, el viaje a Brasil solos, por eso dormir bajo las estrellas, por eso las sorpresas… ¡Yisus! Voy a colapsar. ¿Cómo reacciono si me dice lo que siente? No, no creo que sea eso… ¿Y si es?

La cálida noche asomaba, con estrellas de ilusión que engalanaban.

—Ponete más bonita de lo que ya sos, que vamos a ir a un parador top en la costa —me dijo Camilo haciéndose el galán mientras se cambiaba. Eso sí que era divertido, verlo en un personaje que no era.

«La hora de la verdad ha llegado», pensé. «Estoy nerviosa… no sé qué hacer. ¿Y si me quiere besar? Ya sé, voy a ser totalmente desagradable, voy a masticar con la bocota abierta, le voy a demostrar mi peor versión, le voy hacer pasar el papelón de su vida… ¡Basta, cabezota, dejá de murmurar! Inhalo 1… inhalo 2… inhalo 3».

Inevitablemente, el momento finalmente llegó.

Estaba esperando en la mesa del parador que en verdad era top, muy top, y yo había llevado el peor atuendo de todos para la ocasión: short de jogging, crocs y remerita de “I love Brasil”. Tenía que evitar a toda costa que Camilo se me lance y peligre nuestra amistad para siempre. Tomaba limonada para refrescar los nervios, y comía la picada desaforada como para que, de entrada, vea que yo no era la indicada.

Pero esasorpresa sí que me sorprendería ¡y mucho! Veía a Camilo, mi Camilo, venir caminando hacia la mesa en cámara lenta. La brisa del mar despeinaba su cabellera, y su sonrisa perfecta con hoyuelos apareció destellando luz en vela, con un pequeño detalle al lado y agarrado de su mano: una hermosa mujer de vestido blanco, pelo largo hasta la cintura, corona de flores, sonrisa perfecta, aroma a perfume caro que destilaba glamour a cada paso.

—La segunda sorpresa: Mía… ella es mi novia, Clara —soltó Camilo. Pudo notarse mi falta de reacción.

¡Paren el libro acá, me quiero bajar! Mi novia. ¿“Mi novia”, dijo? Ouch… nunca pensé tener toda esta ola de emociones. ¡Qué crédula fui!

Clara, Clarita, era la mismísima perfección, no solo por su evidente belleza física y ojos verde esmeralda, sino por su simpatía y personalidad, por su inteligencia al hablar, y por todo ella en general. No les puedo explicar lo desubicada que me sentía vestida así, con esta maldita remera de “I love Brasil”, y con toda la revolución interna que me estaba generando.

Sonrío contrariada.

—Hola, un gusto… ¡Guau! ¡Qué alegría! —continué acotando. Los nervios hablan por mí—: Qué linda sorpresa, la sorpresa, eh —palmeé un poco bruta el hombro de Camilo que me miraba extrañado.

Al intentar sentarme nuevamente en la silla, volteé el vaso de vidrio desparramando la limonada que había pedido. ¡Era un papelón! ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué no podía sentirme plenamente feliz por él? En verdad se lo merecía: era el mejor del mundo, se merecía absolutamente todo el amor.

Sentí un agujero en el estómago, ¿será acidez? Quizás fue la limonada... ¡y yo que pensaba que se había enamorado de mí! Emoji golpeándose la cara.

Capitulo 2

La torre

La carta puede resultar por lo general algo temible, un escenario de grandes cambios y destrucción, aunque esa destrucción puede ser positiva.

Agitación interna, cambios repentinos, revelaciones e incluso la muerte, si está acompañada de otras cartas.

Implica una experiencia de gran impacto, que nos sacude ferozmente, dejando una gran enseñanza que más tarde o más temprano traerá beneficio a nuestras vidas.

El paseo

Los meses de enero y febrero habían pasado volando, y aún continuaba asimilando que Camilo tenía la novia perfecta a su lado, y cada vez que lo veía a él ya no éramos dos, sino tres. Adiós planes de domingo por la noche de ir al teatro; adiós el llevar la vianda a su casa para que no se olvidara de comer, pues ahora tenía quien se lo recordara; cuando íbamos a pasear a Coco por la plaza, Clara ejercitaba su divino cuerpo fit y yo intentaba seguirla pero, entre los anteojos que se me caían y la resistencia que no me ayudaba, desistía pronto de hacerlo.

Era evidente e inevitable: las cosas habían cambiado. Lo que no cambiaba era la mezcla de emociones que tenía internamente que, por cierto, disimulaba a la perfección. Camilo ya no me miraba con esa mirada de siempre, ojos de amistad claro, pero con un brillo que le brotaba de sus profundos ojos café. Su salvaje pelo ondulado ahora estaba ordenado y ningún rulo se le escapaba, su sonrisa con hoyuelos era más frecuente que lo habitual y sus lentes de miope ya no eran anticuados, los había cambiado por unos más modernos que Clara le había regalado.

Se notaba una persona más feliz, al menos eso creo, y continuaba haciendo equilibrio entre su vida profesional que estaba a punto de despegar y la compañera que había elegido para amar.