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La saga de Harry Potter está plagada de referencias universales que J.K. Rowling ha destilado de la historia, los mitos y las leyendas, así como de obras de autores clásicos de la literatura, para inspirarse y dar riqueza a su obra. Seres fabulosos como dragones, elfos, duendes, brujas, centauros, unicornios, Merlín o Circe. Leyendas como la de la piedra filosofal, el cancerbero o el ave Fénix. Sin olvidar objetos mágicos: varitas, escobas voladoras, bolas de cristal, cartas del tarot... De esta manera, la autora de la saga ha bebido de mundos reales e imaginarios, abarcando en su recorrido desde el antiguo Egipto, Grecia o Roma, pasando por la China o Japón, llegando hasta el templo de Salomón. Aprovechando que durante este año se celebra el 25º aniversario de la publicación del primer volumen de la saga, Mitología de Harry Potter analiza todos estos ingredientes universales que le aportan magia y credibilidad a una de las obras más exitosas de los últimos tiempos.
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Seitenzahl: 267
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Introducción
CAPÍTULO I. ANIMALES FANTÁSTICOS
Ave fénix
Basilisco
Centauros
Cerbero
Dragones
Esfinge
Grifos e hipogrifos
Unicornios
CAPÍTULO II. SERES EXTRAORDINARIOS
Espíritus
Gente del agua
Gigantes
Magos y brujas famosos
Mundo feérico
Transfigurados
Trols
Veelas
CAPÍTULO III. OBJETOS MÁGICOS
Bola de cristal
Escobas voladoras
Espejos
La piedra filosofal
Varitas mágicas
Viajes por el espacio y el tiempo
CAPÍTULO IV. ADIVINACIÓN
Astrología
Aritmancia
Cartomancia
Oniromancia
Ornitomancia
Piromancia
Quiromancia
Taseomancia
Epílogo
Bibliografía comentada
Créditos
Andén 9 ¾ en la estación de King Cross (Londres).
Este libro está escrito para ti, que te crees muggle. Más que creerlo estás seguro de que lo eres porque el hechizo Alohomora no te funcionó el día que perdiste las llaves, ni tampoco el Lumos cuando se fue la luz. Pero lo que habrá terminado de convencerte es que jamás recibiste la carta de Hogwarts, y eso te decepciona. No te culpo. ¿Quién no querría estudiar en un colegio en el que te enseñan a volar en escoba? O que tus asignaturas fueran: Encantamientos, Adivinación, Defensa contra las Artes Oscuras, Cuidado de Criaturas Mágicas… Aunque, reconozcámoslo, Hogwarts es un lugar un tanto peligroso. Hay fantasmas. Y un perro gigante con tres cabezas. De vez en cuando entran trols. Un basilisco vive en la cámara secreta. Cerca hay un bosque prohibido habitado por centauros malencarados, licántropos, arañas gigantes…
El Jacobite Stream Train en Escocia, un tren de vapor al que muchos conocen como el Hogwarts Express.
Y pese a eso a ti te encantaría ir.
Vengo a traerte noticias esperanzadoras: muggles y magos no nos diferenciamos tanto los unos de los otros; al menos en el mundo de Potter. Como si de una poción mágica se tratase, Joanne Rowling ha echado a hervir, en el caldero donde los grandes autores cocinan sus historias, un poco de fábulas del antiguo Egipto, otro poco de ritos celtas, otro más de mitología griega y romana, de leyendas de la India y la China, de folclore británico, de personajes y referencias literarias…
Otro de los ingredientes que la autora ha incorporado a la receta es el uso del latín. Buena parte del saber occidental antiguo que ha llegado hasta nosotros, ya sea en lo referente a teología, filosofía, literatura o magia, se escribió en origen en esa lengua ¿muerta? Desde la Edad Media los escritos de alquimistas y nigromantes se han redactado en latín, así que no es de extrañar que la fecunda imaginación de Rowling haya pergeñado latinajos para los que los muggles no necesitamos traducción. El latín está impreso en nuestro ADN de manera que, aunque pertenezcas al grupo de los poco afortunados que no lo estudiaron en el instituto, puedes relacionar sin problema el hechizo Pertificus totalus con la bíblica metamorfosis de la esposa de Lot en estatua de sal. O que la maldición Gemino, ese encantamiento que duplica los objetos con solo rozarlos, te traiga a la memoria el cruel destino del rey Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba, de manera que terminó por morir de hambre. ¿Y qué me dices de la maldición asesina? El siniestro Avada Kedavra fonéticamente es similar a nuestra mágica palabra muggle: abracadabra.
Pocas cosas del mundo mágico de Potter nos son ajenas. Harry, Hermione, Ron y tú habéis alimentado vuestra imaginación con la misma sopa de tradiciones ancestrales. Por eso disfrutamos tanto con los libros de la saga. Cada uno de ellos resuena con lo que los humanos de cualquier edad, credo o nación llevan dentro de su alma. Es lo que el psicólogo Carl Gustav Jung llamaba inconsciente colectivo: algo así como una conexión entre las mentes de individuos de la misma especie que hace que compartan símbolos universales, aunque nunca hayan tenido contacto.
Los alumnos de la escuela de magia y hechicería más famosa del mundo utilizan varitas mágicas, vuelan en escobas, se relacionan con dragones, sirenas, unicornios y duendes. Todas estas criaturas han habitado desde tiempos inmemoriales los bosques, lagos y mares de nuestra imaginación.
Este libro es para los admiradores de J. K. Rowling que deseen adentrarse un poquito más en el origen de su historia más célebre. No me extrañaría nada que dentro de un par de años pueda encontrarse en la biblioteca de Hogwarts un ejemplar de Mitología de Harry Potter. Incluso es posible que se convierta en lectura obligatoria para los alumnos de primer curso.
He de señalar, en primer lugar, que no ha resultado sencillo definir qué es y qué no es un «animal fantástico». El problema lo trae la acepción de fantástico, claro, no la de animal, que parece que es algo indiscutible.
Fantástico es todo lo relativo a la fantasía, a la quimera, a la imaginación. Y si bien es cierto que los muggles hace bastante que consideramos a muchas de las criaturas que aparecen en este manual como seres imaginarios, hubo un tiempo no muy lejano en el que algunos ilustraban los catálogos, glosarios y enciclopedias de todo lo que hasta ese momento se tenía como cierto.
Sirva decir que mi razonamiento se ha basado en puro equilibrio: todo aquel ser cuyo cuerpo esté conformado por mayor porcentaje de animal que de persona, será considerado «animal fantástico».
Convencida de que mi criterio de selección puede ser susceptible de crear debate, estoy dispuesta a que discutamos sobre ello.
Pero no ahora.
Ahora lee.
Celosía de hierro coronada con el ave fénix en el Palacio Güell (Barcelona).
Si existe un ser que encarne a la perfección la fuerza para superar las dificultades, para resurgir mejor y renovado, ese es sin lugar a dudas el ave fénix. Puede que por eso el propio Albus Dumbledore le diese ese nombre a la sociedad secreta que fundó para luchar contra el Señor Tenebroso y su ejército de mortífagos: la Orden del Fénix. Incluso el patronus del director de Hogwarts es un fénix.
Eruditos clásicos, tanto griegos como romanos, se pusieron de acuerdo en que únicamente existe un ejemplar de ave fénix en el mundo. Vive en Arabia, cerca de un pozo de agua fresca al que acude cada mañana para bañarse mientras entona una dulce melodía. Es eterno gracias a un hábil ardid por el cual, tras vivir aproximadamente unos quinientos años, muere y vuelve a nacer. Y así una y otra vez, en un bucle de renovación infinita.
Fue Herodoto, allá por el siglo V a.C., el que al regresar de un viaje por Heliópolis trazó las primeras pinceladas claras de un pájaro sagrado que visitaba Egipto cada quinientos años. Volaba desde Arabia, transportando el cadáver de su padre envuelto en un huevo de mirra, para sepultarlo en el santuario de Helios. Lo describió semejante a un águila, con plumas doradas y rojas en sus alas.
El ave fénix coronando un edificio en el centro de Madrid.
Plinio en su Historia natural añade más información sobre su aspecto al señalar que tiene color oro en el cuello, púrpura en el cuerpo y tonalidades rosáceas en las plumas próximas a su cola azulada. También destaca las crestas en su garganta y un copete de plumas en la cabeza.
Por su parte, en Animales fantásticos, Newt Scamander especifica que tiene el tamaño de un cisne, y una gran cola dorada, con pico y patas de igual color.
Es en esta descripción que hace su alter ego (o viceversa) en la que se basa J. K. Rowling a la hora de dar forma a Fawkes, el ave fénix de Dumbledore. Aunque también le otorga características propias del fenghuang o ave fénix chino, que suele representarse atacando serpientes, como en el memorable combate entre Harry y el basilisco, cuando Fawkes hunde el pico dorado en los ojos de la bestia1.
Ave fénix oriental luchando contra el dragón (o serpiente). Casa Joss (Bangkok).
El poeta romano Ovidio fue el primero que indagó sobre su nombre, asegurando que los asirios lo llamaban fénix. Añadió que se alimentaba de lágrimas de incienso y jugo de amomo. Se ciñó a la teoría de sus cinco siglos de vida tras los cuales construía un nido en las ramas de una encina, o en la copa de una palmera, con casia, espigas de nardo, ramas de canela y mirra. Una vez terminado, se colocaba encima y sacudía con fuerza las alas hasta que se prendía en llamas, muriendo envuelto en un dulce aroma. De esas cenizas surgía la nueva cría de fénix.
Hubo que esperar un tiempo para que Plinio detallase lo que ocurría entre la expiración del viejo fénix y el nacimiento del nuevo. De los huesos y médulas del primero surgía una larva que al crecer se transformaba en el polluelo que daba lugar a la hermosa ave. Más tarde, Isidoro de Sevilla condensó en sus Etimologías todo el conocimiento que hasta ese momento se tenía sobre el ave fénix para ofrecer la descripción definitiva de su transformación: «Cuando se ve anciana, reuniendo ramitas de plantas aromáticas, forma una pira, y puesta sobre ella, mirando los rayos del sol, fomenta el fuego con el movimiento de sus alas; se consume y sale viva de nuevo de sus cenizas».
La primera vez que Harry Potter ve a Fawkes, el animal está en el despacho de Dumbledore, a punto de atravesar por ese trance. El pájaro lanza un chillido y se envuelve de una bola de fuego que lo consume, hasta quedar convertido en un montón de humeantes cenizas2.
Es precisamente esa cualidad renovadora la que lo relacionaba en Egipto con el culto al sol, que sucumbíacada noche para volver a vivir, iluminando el cielo al día siguiente. El ave también aparece representada en pinturas sepulcrales de esa época como símbolo de la inmortalidad concedida al difunto tras el pesaje de su alma.
Bennu, el ave fénix egipcio, representado con apariencia de garza en un papiro del Libro de los muertos.
Pero la magia del fénix no se limita a su capacidad resucitadora. En la Roma antigua creían que las cenizas de fénix servían para hacer un bebedizo que podía reanimar a los muertos. En la Edad Media, esa alegoría se adaptó al simbolismo cristiano como representación de la muerte, resurrección y vida eterna. Alquimistas como Paracelso o Nicholas Flamel relacionaron el proceso de transformación del animal con el que permitía transmutar los metales vulgares en oro, o incluso con el de la elaboración de la piedra filosofal. Fue por esa analogía con la alquimia por lo que muchas boticas indicaban su presencia con la imagen de un fénix.
El núcleo central de las varitas de Ollivander está compuesto por alguna poderosa sustancia mágica, a saber: nervios de corazón de dragón, pelos de unicornio o plumas de fénix, como la que eligió a Harry la primera vez que visitó el callejón Diagon. Medía veintiocho centímetros, estaba hecha con madera de acebo y contenía una única pluma de cola de fénix. Eso sorprendió mucho al señor Ollivander. El artesano recordaba cada varita que había vendido, y sabía que de la cola del fénix salieron dos plumas: la de la varita de Harry y otra que se insertó en la varita que marcó con una cicatriz la frente del muchacho3.
Pues sí. La varita de lord Voldemort, de treinta y cuatro centímetros y medio y madera de tejo, también llevaba núcleo de pluma de fénix. Y no de un fénix cualquiera. La pluma de ambas varitas era de Fawkes. Esa sorprendente coincidencia implicaba que, si las dos varitas se vieran obligadas a enfrentarse, una de ellas forzaría a la otra a «vomitar los encantamientos que ha llevado a cabo»4. Cuando Voldemort descubrió la conexión entre ambas varitas, comenzó su búsqueda de una nueva, más poderosa, con la que vencer a Harry.
En el mundo mágico ideado por Joanne Rowling existe un Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas que clasifica a todas las bestias, seres y espíritus conocidos con un número de X, atendiendo a su peligrosidad. Las criaturas categorizadas con cinco X tienen reputación de asesinar magos y se considera que son imposibles de entrenar o domesticar. Newt Scamander otorga al fénix cuatro X, lo cual indica que es peligrosa y que requiere conocimientos especiales, de tal forma que solo los magos experimentados pueden manejarlo. Pocos han logrado domesticarlo. Aunque aclara que no lo considera agresivo, que se trata de una criatura amable de la que no se tiene conocimiento que haya matado a nadie y que solo se alimenta de plantas. Puede aparecer y desaparecer si ese es su deseo. Sus lágrimas poseen propiedades curativas, y su canto es mágico, con capacidad para aumentar la valentía de los puros de corazón y provocar temor en los indignos. Respecto a su hábitat, explica que anida en montañas que son inaccesibles sin el uso de la magia5.
Hogueras y fuegos artificiales para conmemorar el quinto centenario de la conspiración de la pólvora, protagonizada por Guy Fawkes.
Una vez que el fénix compromete su lealtad con alguien su entrega es total, y se hace extensible a los que defienden a su amigo. Eso es lo que ocurrió cuando Harry dio la cara por Dumbledore ante Tom Ryddle, en la cámara secreta de Hogwarts. Fawke exhibió entonces varias de las cualidades de los fénix. Primero acudió en ayuda de Harry, entonando su canto con fuerza para que el muchacho lo notase en su interior, haciendo así que ya no se sintiese solo, avivando su valor. Fawkes sanó las heridas que el basilisco le causó en el brazo con el poder mágico de sus lágrimas. Y demostró su enorme fuerza al trasladar el sombrero seleccionador, con la espada de Gryffindor en su interior, para que la utilizase contra el basilisco6.
El universo de Rowling está plagado de pistas, juegos de palabras y guiños al pasado. Fawkes, el fénix de Dumbledore, adoptó el nombre de un personaje histórico británico del siglo XVII del que aún se mantiene el recuerdo al celebrar cada 5 de noviembre la Guy Fawkes Night. Y es que ese mismo día de 1605, un grupo de católicos ingleses, encabezado por Guido Fawkes, pretendieron hacer estallar un buen número de barriles de pólvora en los sótanos del palacio de Westminster, con la intención de restaurar la monarquía católica en Inglaterra. Por desgracia para Fawkes, fue descubierto y condenado a muerte. Las autoridades animaron a la población a celebrar el fracaso del complot. Una cosa llevó a la otra y se hizo tradicional quemar en una hoguera a un monigote en representación de Guy Fawkes la noche del 5 de noviembre.
Ah, por cierto, no está de más que recuerdes que «renacer de las cenizas como el ave fénix» es la metáfora que utilizamos para expresar el triunfo frente a la adversidad.
El ave fénix preside el teatro de Venecia al que da nombre, que resurgió de sus propias cenizas: fue construido tras el incendio del anterior teatro de San Benedetto.
1Harry Potter y la cámara secreta. J. K. Rowling. Capítulo 17.
2Harry Potter y la cámara secreta. J. K. Rowling. Capítulo 12.
3Harry Potter y la piedra filosofal. J. K. Rowling. Capítulo 5.
4Harry Potter y el cáliz de fuego, J. K. Rowling. Capítulo 36.
5Animales fantásticos y dónde encontrarlos. Newt Scamander.
6Harry Potter y la cámara secreta. J. K. Rowling. Capítulo 17.
De todos los seres monstruosos con los que Harry Potter se enfrenta a lo largo de su vida escolar, quizás el más terrible sea el basilisco. Etimológicamente hablando, el nombre le viene de una derivación del término griego basiliskos, diminutivo de basileus, que significa «rey». Y es que se le considera el rey de las serpientes, ya que éstas se espantan al oír su silbido.
Representación moderna del terrible basilisco.
Como suele suceder con un buen número de animales quiméricos, dependiendo de las fuentes consultadas, nos encontrarmos con diferentes descripciones. Un reptil letal, escupidor de veneno, de cola trífida, con corona en la cabeza, a veces con el cuerpo cubierto de escamas, otras veces con alas, plumas y patas de gallo. Esa filogenia venía determinada por su origen, ya que se creía que surgía de un huevo puesto por un gallo añoso e incubado por un sapo. Sin embargo, en las leyendas griegas y romanas, solo tiene apariencia de serpiente. Y ese es el aspecto que J. K. Rowling elige para el basilisco liberado de la cámara secreta.
Evolución de un huevo de basilisco, según la Monstrorum historia del naturalista italiano Ulisse Aldrovandi.
Es de nuevo Plinio el Viejo el que deja constancia del mágico animal por primera vez en el libro octavo de su Historia natural. Lo describió como una serpiente de unos treinta centímetros, de origen africano. Más concretamente lo sitúa en el desierto, y no porque prefiriese el calor, sino porque su aliento resultaba tan ardiente que abrasaba todo a su paso, de tal manera que no es que el basilisco viva en el desierto, sino que es el origen del propio desierto. A su paso se resquebrajan las piedras, se pudren los frutos, la vegetación y el agua de los ríos en los que bebe queda emponzoñada… Plinio lo asimila al catoblepas del que dice que, todo el que ve sus ojos muere al instante.
Tirando del hilo podemos imaginar que el germen del basilisco se encuentra en la cobra egipcia. Plinio toma de ella las marcas blancas de su cabeza, que hacen que parezca llevar corona, y también la postura erguida con la que se enfrenta a sus víctimas. En cuanto al veneno, lo describió tan letal que, si un jinete lanceaba a un basilisco, la toxina ascendería por la lanza y mataría primero al hombre y luego, por contacto, al propio caballo.
Catoblepas o gorgona en la portada de la primera edición de The Historie of Foure-Footed Beastes, del naturalista británico Edward Topsell.
Basilisco coronado, tal como lo describe Plinio, en una ilustración de la Monstrorum historia del naturalista italiano Ulisse Aldrovandi.
Existen varios intentos de clasificar al basilisco. En el siglo XIII Vicent de Beauvais habla de que algunos ejemplares tienen la particularidad de incendiar todo aquello sobre lo que recae su mirada. Los hay con cabeza dorada que hacen temblar hasta a la muerte. Y otros, también con cabeza dorada y reflejos en tonos rojizos, dejan solo los huesos de su víctima. El poeta Lucano había señalado, como origen de las terribles serpientes de Libia, la sangre derramada de la cabeza decapitada de Medusa, de la que el basilisco heredó la cualidad de convertir en piedra a aquellos que la miraban a los ojos.
El que emite silbidos que aterran a todas las plagas anteriores mata antes de inocular su veneno, ahuyenta a su paso, en una gran extensión, a toda la turbamulta de reptiles y reina en las arenas desiertas: el basilisco.
Lucano, Farsalia 9, 722-727
Cabeza de Medusa, decapitada por Perseo, según Caravaggio.
Ya en la Edad Media, el basilisco varía su fisionomía y se convierte en un híbrido de gallo coronado, con alas de plumas amarillentas, cuatro patas y cola de serpiente que puede terminar en un garfio, o en otra cabeza de gallo. El naturalista Ulisse Aldrovandi le añade a la descripción otras cuatro patas más, sustituye las plumas por escamas y elimina de su cola de serpiente la cabeza de gallo.
Otra representación del basilisco por Ulisse Aldrovandi. Obsérvese el comentario superior: «El basilisco viviendo en soledad en África».
Teniendo en cuenta todos estos datos, no es de extrañar que el Ministerio de Magia clasifique al basilisco con las cinco X: es decir, tiene la reputación de asesinar magos y es imposible de entrenar o domesticar. Según Newt Scamander, el primer basilisco del que se tiene conocimiento fue criando por Herpo el Loco, un mago oscuro. Descubrió que un huevo de gallina incubado por un sapo daba como resultado una serpiente venenosa de más de quince metros, verde, de ojos amarillos y mirada mortal. Se cree que el ejemplar de Herpo llegó a vivir cerca de novecientos años. Scamander aclara en Animales fantásticos y dónde encontrarlos que los basiliscos solo pueden ser controlados por hablantes de pársel —la lengua de las serpientes en el mundo mágico de Harry Potter—, que la cría de basiliscos es ilegal desde la Edad Media y que hace cuatro siglos que no se ven ejemplares en Gran Bretaña. Sin embargo, en el volumen del manual consultado por esta autora, propiedad del propio Harry Potter, el joven ha dejado escrito de su puño y letra la expresión: «Eso es lo que tú te crees», junto a esta afirmación.
Joanne Rowling, con su particular sentido del humor a la hora de bautizar a sus personajes, ha elegido para el criador del primer ejemplar conocido de basilisco, una derivación del término griego herpein («reptar, arrastrar»), del cual recibe el nombre la rama de la zoología que estudia a los reptiles: herpetología.
Harry, Ron y Hermione tuvieron que seguir las pistas hasta descubrir la verdadera naturaleza del monstruo liberado de la cámara secreta. Una de ellas fue entender que la razón por la que las arañas huían despavoridas de Hogwarts era la presencia de una antigua criatura a la que temen más que a ninguna otra cosa. Aragog, la acromántula del tamaño de un bebé elefante, mascota de Hagrid, le suplica al guardabosques que la deje marchar cuando se da cuenta de que el basilisco ronda el castillo7.
Teniendo las arañas cuatro pares de ojos sin párpados, es lógico que teman acabar muertas sin remedio si se enfrentan a la mirada de la bestia.
Isidoro de Sevilla añade en sus Etimologías otra característica del basilisco: su capacidad de adaptación al medio acuático. Es precisamente esa última pista la que Hermione necesitaba para descubrir el misterio. El basilisco era capaz de moverse con libertad por el colegio, sin ser visto, sirviéndose de la red de cañerías.
Como sucede con muchos de los animales fantásticos de los que hablamos en este libro, el basilisco tiene diversas aplicaciones mágicas. El monje benedictino Theophilus Presbyter describió en su recetario Schedula diversarum artium cómo convertir el cobre en auro hyspanico (oro español). Primero había que criar basiliscos siguiendo el patrón del huevo puesto por un gallo viejo y empollado por un sapo. El siguiente paso era mezclar cobre rojo, la sangre en polvo del basilisco, la sangre en polvo de un humano pelirrojo y vinagre. No sabría decir en qué proporciones exactas.
Y aún hay más.
Del basilisco […] hacen los magos las mejores alabanzas de su sangre: se coagula como la del pez, de la que tiene su color; diluida da un rojo más brillante que el cinabrio. Le atribuyen el buen éxito en las demandas hechas a los grandes y los rezos dirigidos a los dioses; para ellos es un remedio contra las enfermedades, un amuleto contra los maleficios. Algunos la llaman también sangre de Saturno.
Plinio, Historia natural, 29, 66
Hasta Harry es capaz de sobreponerse al miedo y hacerse con veneno del basilisco al utilizar uno de sus colmillos para destruir el diario de Tom Riddle, convertido en uno de sus horrocruxes. Guiados por el éxito de esa operación, en la última entrega de la saga se dan cuenta de algo: si quieren vencer a lord Voldemort deben encontrar la espada de Gryffindor ya que, al estar impregnada con el veneno del basilisco, destruye los horrocruxes8.
El basilisco y la comadreja. Ilustración basada en un grabado del siglo XVII de Wenceslas Hollar.
Y entonces, ¿cómo vencer a un basilisco? Tal y como decía Plinio el Viejo, a la naturaleza no le gusta que exista nada sin su contrario. Hasta un ser tan aterrador como el basilisco tiene su némesis. Incluso puede que varios. En la Edad Media se forjó la teoría de que el canto del gallo los sacaba de quicio, haciendo que muriesen entre terribles convulsiones. Por esa razón, los viajeros más curtidos atravesaban las tierras desconocidas con gallos como mascotas. Eso sin duda nos trae a la memoria la imagen de Hagrid mostrándole a Harry el descalabro que alguien —aún no sabían que el monstruo liberado de la cámara secreta era un basilisco— había causado por segunda vez ese trimestre en el gallinero de Hogwarts9.
Al parecer, otro de los puntos flacos del basilisco son las comadrejas, inmunes al poder mortal de su mirada, capaces de matar al monstruo simplemente con el olor que desprenden.
Como siempre es interesante acudir a los mitos clásicos en busca de información, y teniendo en cuenta el paralelismo entre la mirada petrificante de Medusa y la del basilisco, lo ideal para enfrentarse al monstruo es confrontarlo a su propia visión utilizando un espejo, tal y como lo hizo Alejandro Magno. En una leyenda sobre la figura de Alejandro Magno se narra que durante su expedición a la India, caminando entre montañas con el ejército macedonio, vio que sus soldados caían muertos sin explicación. Tras observar con atención, descubrieron la cabeza de un basilisco asomándose desde su madriguera. Alejandro ordenó pulir su escudo y, protegido tras él, penetró en la guarida del animal, que murió al instante al ver su propio reflejo.
El procedimiento recuerda la táctica empleada por el héroe griego Perseo para vencer a Medusa, un horrible monstruo con cabellera de serpientes que también tenía la capacidad de petrificar a sus enemigos, y que según vimos antes en un texto de Lucano, habría sido el origen del basilisco.
Perseo sosteniendo la cabeza de Medusa en un escultura de la Plaza de la Señoría (Florencia).
Sirviéndose de este truco es como los habitantes de Hogwarts, que tropezaron con el basilisco, se libraron de una muerte segura: ninguno lo miró directamente a los ojos. La señora Norris, la gata de Argus Filch, el conserje del colegio, quedó petrificada, aunque no muerta, porque vio al basilisco en el reflejo del agua que había inundado los aseos. Colin lo ve a través de su cámara fotográfica. Justin lo vio a través del fantasma de Nick Casi Decapitado, que a su vez no podía morir, porque ya estaba muerto. Y Hermione, tan perspicaz como siempre, acababa de enterarse de que el monstruo era un basilisco. Advirtió a los que encontró en su camino de que, antes de doblar las esquinas, se asegurasen de que era seguro hacerlo, utilizando un espejo10.
Para fortuna de los petrificados, la señora Pomfrey, enfermera de Hogwarts, sabe cómo devolverles a la vida con la ayuda de zumo de mandrágora.
En la actualidad tenemos nuestro propio basilisco, mucho menos peligroso que el mítico monstruo del que ha heredado el nombre. Se trata de un pequeño lagarto parecido a las iguanas, de unos setenta centímetros de longitud, que habita algunas selvas tropicales de América Central y del Sur. Cuenta con una particularidad casi mágica: es el único animal capaz de correr por la superficie del agua.
7Harry Potter y la cámara secreta. J. K. Rowling. Capítulo 15.
8Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. J. K. Rowling. Capítulo 15.
9Harry Potter y la cámara secreta. J. K. Rowling. Capítulo 11.
10Harry Potter y la cámara secreta. J. K. Rowling. Capítulo 16.
Según la mitología griega clásica, los centauros son el resultado de una carambola genética. Ixión, rey de Tesalia, se encaprichó de Hera, esposa de Zeus, e intentó seducirla. El dios griego, enfadado hasta los tuétanos por semejante osadía del mortal, hizo que una nube llamada Néfele tomara la forma de Hera. Ixión sucumbió al engaño y se unió a ella; así juntos engendraron a Centauro. Ahí no acaba el enredo. Cuando Centauro llegó a la edad adulta, concibió con las hermosas yeguas de Magnesia a unas criaturas clasificadas como biformes en el libro XII de las Metamorfosis de Ovidio, con cuerpo de caballo y torso humano.
Hay quien se empeña en quitarle lírica a esta historia señalando que los centauros no son más que una transfiguración romántica sobre los habitantes de Tesalia, que al parecer tenían fama de montaraces, aficionados al vino, fastidiosos y provocadores. Con tupidas barbas y largos cabellos, diestros en el tiro con arco, pasaban la mayor parte del tiempo a lomos de un caballo, de manera que era difícil distinguir dónde acababa el hombre y dónde empezaba el animal. Algo similar sucedió cuando los españoles pisaron por vez primera el Nuevo Mundo. Diversas crónicas señalan que los nativos los consideraron centauros. Quizás por esa confusión lograron desconcertar a un enemigo infinitamente superior en número, que además jugaba en casa.
Escultura griega de un centauro. Escuela de Rodas.
A no ser por un accidente burlesco que, como refieren los historiadores, sufrió uno de los jinetes. Este consistió en una caída de caballo, que asombró de tal manera a los bárbaros que no esperaban semejante división de lo que parecía un solo y único cuerpo, que llenos de consternación se retiraron y abrieron paso a los cristianos para que volviesen a sus buques.
William Hickling Prescott, Historia del descubrimiento y conquista del Perú (1851).
Combate del centauro contra el tigre. Mosaico romano.
Parece que los centauros pasaron a formar parte de la mitología, con la forma que hoy les conocemos, tras acudir como invitados a las bodas de Pirítoo, rey de los lapitas, donde se comportaron de manera cuestionable. Completamente borrachos, uno de ellos intentó raptar a la novia, lo cual desencadenó una pelea que acabó en matanza, con bajas en ambos bandos. Los lapitas resultaron vencedores y expulsaron a los centauros de Tesalia. Aquella batalla se recuerda como la Centauromaquia y viene a representar la pugna entre la civilización griega y las poblaciones bárbaras vecinas. La Centauromaquia se convirtió en motivo de inspiración para el arte griego, incorporándose en cráteras, esculturas o relieves. Entre las representaciones más destacadas está el frontón occidental del Templo de Zeus en Olimpia y algunas metopas del Partenón esculpidas por Fidias, que en la actualidad podemos ver en el British Museum. Hasta el propio Rubens quedó hechizado por la historia de la boda que terminó en guerra, y no dudó en plasmarla en El rapto de Hipodamía.
El rapto de Hipodamía. Rubens.
Teniendo en cuenta estos precedentes no es de extrañar que los centauros que habitan en el bosque prohibido que rodea Hogwarts les tengan tanta tirria a los humanos. Newt Scamander señala en su obra Animales fantásticos y dónde encontrarlos que desconfían tanto de magos como de muggles. Los clasifica con cuatro X, no por su agresividad, sino porque deben ser tratados con sumo respeto.
Representación de la constelación de Sagitario en el firmamento.
Pero no todos los centauros son unos montaraces sin remedio. Un buen número de ellos rehusó a dirigirse por la vida de forma vandálica. Refinaron sus maneras y alimentaron su intelecto. Llegó a considerárseles como divinidades menores, formando parte del séquito de Dioniso, tocando el cuerno o la lira. Entre estos centauros refinados destacó Quirón, adiestrado por Apolo y Artemisa, experto en medicina, herbología, astrología y navegación. Fundó una escuela donde fue maestro y mentor de jóvenes llamados a convertirse en héroes: Aquiles, Hércules, Jasón, Cástor…
Quirón, sin duda, debió servir de inspiración a Rowling para la creación de su centauro Firenze, nombrado maestro de Adivinación en Hogwarts cuando la profesora Trelawney fue despedida por Dolores Umbridge. La manada desterró a Firenze a coz limpia por aceptar el trabajo de maestro de humanos, ya que lo consideraron una traición a su especie11. Lo cierto es que, el carácter de los centauros ideados por Joanne Rowling es una mezcla entre salvaje y esquivo, con inteligencia y perspicacia.
Venus y las centauresas. Mosaico romano.
