Muerte en las estrellas - Carlos Alejandro Gonzalez - E-Book

Muerte en las estrellas E-Book

Carlos Alejandro Gonzalez

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Beschreibung

Un descubrimiento en el espacio que cambiará todo. Un plan proyectado en el tiempo para su objetivo secreto. La intriga y la acción se suceden a lo largo del libro, entre Metrópoli, la nueva capital de occidente y las bases fuera de la Tierra.

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Seitenzahl: 671

Veröffentlichungsjahr: 2025

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MUERTE EN LAS ESTRELLAS

MUERTE EN LAS ESTRELLAS

Carlos Alejandro González

Página de legales

González, Carlos Alejandro

Muerte en las estrellas / Carlos Alejandro González. - 1a ed. - La Plata : Arte editorial Servicop, 2025.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-631-310-041-5

1. Ciencia Ficción. I. Título.

CDD A860

EDITORIAL SERVICOP®

Producción gráfica: Servicop

Diseño de cubierta e interiores: Servicop

Ilustración de tapa: Pablo Motta

© 2025, Carlos Alejandro González

E-mail: [email protected]

Web: www.contatuhistoria.com.ar

Hecho el depósito que establece la Ley 11.723

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del autor.

ISBN 978-631-310-041-5

Primera edición en formato digital

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

Índice de contenido

Portada

Portadilla

Legales

Prefacio del autor

PRIMERA PARTE

Luna Europa - Año 2272

Base Omega - Diciembre de 2272

La Plaza del Cielo

Valerie en Titán

Regalo para Jessi

Una semana para Año Nuevo

28 de diciembre del 2272

29 de diciembre del 2272

Rendición de cuentas - 29 de diciembre del 2272

Sol - 29 de diciembre del 2272

31 de diciembre de 2272

31 de diciembre de 2272

Primero de enero de 2273

Metrópoli - Marzo de 2273

Marzo de 2272 - Fur X

Marzo de 2273

Abril de 2273

Beijing. Un año atrás

Día clave. Un año atrás

Metrópoli - Julio del 2272

Fur X - Julio de 2273

La investigación

Eli llega a Europa

Pasan los días

Momentos difíciles

Base en el monte Olimpo - Julio de 2273

Eli en Metrópoli

Eli en Calingasta

Año 2278 - Miranda, luna de Urano

Lord X y Lady X

SEGUNDA PARTE

Año 2280 - Metrópoli

9 de julio de 2227. Dos relatos de lo sucedido

Tres años previos al 9 de julio de 2227

Hora de dejar la sala gaming

Lord X

El concurso - 22 de junio de 2280

La pesadilla de Eric

Eric hacia las estrellas

21 de diciembre de 2280. Eric en la Fede 41

Eric. Horas decisivas

Sucesión de acontecimientos

Los asteroides

Calisto - Llega la ayuda

En el Majestic

Metrópoli

Luna Europa - Valerie

Chaltén 01

Eric en Metrópoli

TERCERA PARTE

Introducción al planeta Marte

MN Corporation

Año 2291 - Eric en Marte

La reunión

Costos no evaluados

Blue - Primera colonia fuera del sistema solar

Ljana, capital de Blue

Blue, la nueva casa de Jessi. Verano del 2292

Tardecita de domingo - Agosto de 2292

Jessi en problemas

Segundo día de internación de Jessi

Tercer día de internación

Eric lleno de problemas

Reunión del equipo de Jessi

Base Albertario

Jessi - Eric. Temprano por la mañana

Base Albertario de noche - Principios de octubre del 2292

Un día después

El Coliseo

20 de octubre de 2292

31 de octubre de 2292 - 9 de la mañana

31 de octubre de 2292 - 11 de la mañana

31 de octubre de 2292 - 11:20 de la mañana

31 de octubre de 2292 - 12:30 horas

Un año después - Octubre de 2293

31 de diciembre de 2293

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Puntos de referencia

Portada

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Tabla de contenidos

Comienzo de lectura

Prefacio del autor

Todo concepto vertido en este libro se debe contextualizar y situar dentro de lo que es: un libro de ciencia ficción.

He introducido el concepto de una ciencia «lógica» futurista, la cual tiene posibilidades, para mí, de convertirse en realidad.

Siempre con la firme convicción de que, por más adelantos científicos que el ser humano vaya logrando, la famosa frase de Ortega y Gasset, «Yo soy yo y mis circunstancias», lo acompañará siempre.

Espero que disfrutes la lectura de este libro como yo he disfrutado escribirlo.

Karlos Gonz

Como forma de dar contexto al desarrollo del libro, contaré que la historia se desarrolla en un planeta Tierra devastado por una WW4 que duró minutos, pero debido al tipo de armas que se utilizaron, las consecuencias durarán, quizás, cientos de años.

Por ello Metrópoli, al este del lago Argentino, en la Patagonia, capital de la Confederación, es el centro económico de Occidente.

Ubicada en el lugar exacto en que la IA de los años 2222 predijo que sería el sitio más seguro ante una catástrofe global. Con la esperanza de encontrar un sitio apto para la vida, por lo menos hasta que todo vuelva a la normalidad en la Tierra. Si vuelve.

PRIMERA PARTE

Luna Europa - Año 2272

Europa es una de las lunas del coloso del sistema solar: Júpiter.

Se halla a 640.000 kilómetros del gigante gaseoso. Presenta una de las superficies más lisas de todo el sistema solar, solo pocos cráteres se aprecian en su superficie.

Teniendo en cuenta que, desde la Tierra a la Luna, la distancia es de 384.000 kilómetros, y todos tenemos la idea del tamaño de la Luna en el cielo terrestre, el diámetro de Júpiter es 50 veces superior al del satélite natural de la Tierra, por lo que el cielo de Europa está dominado en su horizonte por el gigantesco planeta con sus colores terracotas y su veloz rotación, ya que gira sobre sí mismo cada 10 horas.

Al igual que la luna terrestre con la Tierra, un lado de Europa está unido gravitacionalmente a Júpiter, que domina todo su horizonte. Puede llegar a ser una de las visiones más espectaculares que da el sistema solar, por lo que Europa es un sitio privilegiado para el turismo; de allí las cuantiosas inversiones privadas que se hacen en la luna joviana. Europa presenta, debajo de las gruesas capas de hielo, un océano de agua líquida a gran profundidad, que llega a la superficie a través de unos géiseres que llevan agua caliente al exterior, lo cual es aprovechado por la base Atlas y los sectores privados. Esos géiseres, al toparse con la fría temperatura de unos 120 grados bajo cero en la superficie, se solidifican produciendo tupidas nevadas en sus alrededores, que son el agrado de los cientos de turistas que se reúnen a ver la enorme altura que alcanzan los chorros de agua que inmediatamente caen en forma de nieve.

Lo que hace que ese mar interior se mantenga en estado líquido y con buena temperatura es el efecto de «marea» del campo magnético de Júpiter, lo que provoca también que su superficie esté tan fisurada.

No se ha encontrado agua líquida en tanta cantidad en ningún otro sitio del sistema solar; de allí la importancia del agua en Europa.

En la zona sur de la luna, en un cráter de casi 20 kilómetros de diámetro llamado Pwill, se instaló hace diez años la base Omega.

En una primera etapa se construyó un gigantesco domo, que servía de base para científicos, operadores e ingenieros encargados de engrandecer la futura gigantesca base.

Actualmente el domo 2, como se lo conoce, levantado sobre una pequeña colina dentro del cráter Pwill, alberga el telescopio Nórdico, el segundo más poderoso creado por el ser humano.

Las instalaciones fueron creciendo con el tiempo hasta convertirse en lo que es actualmente: un sitio donde conviven cerca de 500 personas, entre los que trabajan en la base Omega y la zona privada, donde se encuentran los costosos hoteles para apreciar el espectáculo que ofrece Júpiter en el horizonte y disfrutar de la incomparable Plaza del Cielo.

Claro que la zona de hoteles, la Plaza del Cielo y las instalaciones de la base se hallan dentro de un domo transparente que evita que los 120 grados bajo cero impidan la vida en la superficie de la segunda luna en distancia a Júpiter.

Europa tiene la particularidad de autoabastecerse de calefacción geotérmica, oxígeno, agua y muchos de los alimentos que consume usando métodos como la hidroponía, que se basa en la circulación continua de solución nutritiva a través de las raíces del cultivo sin necesidad de ser plantadas en tierra.

En una primera etapa de la base, y con una superficie cubierta de un 12 % de lo que ocupa actualmente, se trabajó para estudiar el interior de Europa, con sus veloces y calientes corrientes marinas, así como se intentó encontrar vida en ese gigantesco océano interior.

El agua llega hasta la superficie por extracción desde unos 1500 metros de profundidad, la que, previo tratamiento, es usada para el consumo en la base. Se utiliza contra la salinidad de la misma el método de ósmosis inversa.

Se intentó encontrar vida en el mar interior, pero a tanta profundidad las presiones son inmensas; además, las pequeñas naves robots que se enviaron terminaban chocando con algún témpano subterráneo; aparte de que las fuertes corrientes hacían casi imposible la supervivencia de las naves, que terminaban trituradas en las mismas corrientes.

En una segunda etapa se construyeron albergues para el personal y se agregó otro domo, un observatorio con radares para control de órbitas de asteroides y cometas de hasta 10.000 kilómetros de distancia que pudieran colisionar contra la base Omega y sus alrededores.

En el primer domo, que se construyó para que habitaran quienes fabricaban la base, se colocó el telescopio Nórdico.

Luego se sumó el telescopio más potente construido en el espacio, el Hubble XX, para búsqueda de posibles planetas similares a la Tierra y para el estudio del cosmos profundo.

Se concretó el puente que une, en un viaje de menos de una hora, Europa con la luna de Saturno, Titán, rica en hidrocarburos muy utilizados tanto en las bases de Marte como en la base de Europa y los astilleros de construcción y reparación de cargueros en la luna terrestre. Sin ese puente, dicho viaje duraría meses.

Posteriormente se realizaron experimentos a cargo de astrobotánicos y se invirtió mucho dinero para la construcción de la ya legendaria Plaza del Cielo.

La expectativa que creó este bosque entre la gente fue tal que impuso una nueva moda en el espacio: el turismo.

Los turistas visitan la Plaza del Cielo y disfrutan de las pistas de patinaje del sistema solar que un complejo privado construyó en el inmenso cráter. Además, el hecho de tener sobre sus cabezas al gigante Júpiter hace de Europa el sitio privilegiado para el turismo de alto poder adquisitivo. Debido a su enorme velocidad de rotación, una persona queda simplemente extasiada mirando semejante masa colorida en movimiento: un espectáculo único en el sistema solar.

En un primer momento, los investigadores se resistieron a la presencia de turistas en Europa, pero las ganancias que esta práctica generó redundaron en mejoras para la base, la que elevó considerablemente su nivel de desarrollo y su independencia del resto de la civilización humana.

Hoy en día, la base Europa es la más moderna de todas las colonias.

No se halla militarizada como la gran colonia de Marte. Ni cayéndose a pedazos como la vetusta base de la Luna, en la cual el Imperio oriental armó los imponentes astilleros de donde salen los gigantescos cargueros que abastecen al universo conocido de combustibles.

Europa, además de contar con sus observatorios y laboratorios de desarrollo, y de ser un exitoso polo turístico, suma importancia estratégica por su cercanía (entre comillas) con la luna más apetecible por su combustible, Titán, que orbita alrededor de Saturno.

Todo eso hace que la base Omega sea hoy muy importante, ya que tiene autonomía propia en cuanto a combustible, aire, agua, investigaciones científicas, búsqueda de planetas habitables y seguimientos de cometas y asteroides que podrían poner en peligro las bases fuera de la Tierra; además de ser un sitio muy deseado por el turismo de alto poder adquisitivo. Solo le falta tener autonomía en la alimentación, pero va en camino.

Base Omega - Diciembre de 2272

Valerie Sardan, una prestigiosa astrofísica, rubia y delgada como la mayoría de la gente —gracias a una buena y sana alimentación y a las eficientes pastillas que licúan la grasa corporal sobrante—, hace un alto en su trabajo en los laboratorios de la base Omega para estar un rato con su hija de seis años.

Se encuentra en su departamento, dentro de la base. Le está preparando milanesas vegetarianas con papas fritas sin aceite a Jessi, una de sus comidas preferidas.

A veces van al comedor de la base, que ofrece mucha variedad de platos, pero a Jessi le encanta la comida casera.

Mientras, Ofelia, la robot que cuida a Jessi cuando no está su madre, va poniendo la mesa. La niña, de pelo negro y profundos ojos azules, como su madre, se ha encariñado con este antiguo androide.

Mientras ya estan cenando madre e hija, golpean la puerta.

Llega al departamento Alberto Casares, jefe de la base Omega y exmarido de Valerie.

—Perdona que te moleste, hay temas urgentes —le dice, mientras su exesposa abre la puerta para que pase a su antiguo departamento.

Saluda tocándole la cabeza a Jessi y le come alguna papa frita del plato. Luego se sienta en el sillón como lo hizo los últimos años, cosa que aprovecha Jessi para subirse a sus piernas, pero él la baja rápidamente. Jessi lo mira con disgusto.

—¿Vas a cenar, Alberto?

—No, ya cené con el doctor Forte en el domo 2. Revisamos los avances en busca de un exoplaneta habitable.

—De seguro, si se trata de Forte, comiste cualquier cosa; él no se caracteriza por comer muy sano.

—Tenemos que hablar, Valerie. Tengo que pasar la nueva planificación para el año entrante de los proyectos en investigación a desarrollar.

—Excelente. Sentémonos en el living y te explicaré lo que pretendo. Ojalá Esteban Melchian lo apruebe.

—Bueno, grabaré la conversación para acordarme de todo cuando le explique a Esteban; no es un científico, pero es un experto en números.

Se acomodan en el living, se escucha a Jessi que le pide más papas fritas a Ofelia.

Valerie se sienta frente a su exesposo y abre una pantalla aérea desde su smart.

Alberto se dispone a escuchar a una de las físicas más brillantes de la Confederación. Sus investigaciones hasta el momento siempre han sido teóricas, sobre aceleración de partículas, electrones y protones, con el objetivo de llegar a utilizarlos, ya que alcanzan la velocidad de la luz. Son estudios muy importantes, pero él es un hombre práctico, querría algo que… se pueda vender al mundo.

—Bueno, imagina que una empresa petrolera consigue un dispositivo no más grande que un antiguo cañón de los que usaban los piratas en los mares del Caribe. Con este dispositivo puedes detectar mantos de hidrocarburos muy profundos en la tierra, ya que se agotaron los que se hallaban más cerca de la superficie. Pero con el mismo dispositivo puedes perforar en segundos los 8000 metros que te separan del espeso hidrocarburo, sin importar el material que perforas.

Alberto se queda con la boca abierta y con sus ojos como dos soles. Traga saliva. Se para y comienza a caminar en círculos. Su cerebro trabaja rápidamente.

—¿No te convence mi idea, Alberto?

Se sienta nuevamente, le cuesta hablar de la emoción que tiene.

—Dime, Valerie, ¿de verdad puedes desarrollar algo así?

—Lógico que es un enorme trabajo a realizar con muchas pruebas. Pero, de acuerdo con mis cálculos, con ocho años de investigación podríamos revolucionar búsquedas en paleontología, arqueología, extracción de hidrocarburos, minería… Aquí en Europa, perforar en segundos los 20 o 25 kilómetros que nos separan del océano interior de esta luna.

Alberto, que comenzó a sudar profusamente, siente palpitaciones.

—Valerie, si logramos reducir a cinco años tu investigación, es casi seguro que consiga los fondos, que deben ser cuantiosos, para el desarrollo de la misma. Si tienes éxito, sería uno de los inventos más revolucionarios en la historia del ser humano.

—Okey, pongamos como meta cinco años. Pero si consigo los materiales necesarios, algunos de mis estudios en aceleración de partículas ya realizados que me dicen que es posible.

—Bueno, puedes decirme… Estoy grabando, así que servirá para hacer una primera tratativa con Melchian, su jefe y el jefe de su jefe en busca de fondos… ¿Puedes definirme en pocas palabras de qué dispositivo estamos hablando y de qué tratará tu futura investigación? Lógico, si es aprobada.

—Básicamente, de un campo eléctrico acelerando partículas; o sea, de un acelerador circular de menos de 20 centímetros de diámetro. Imanes para dirigir esas partículas, un catalizador para transmutar los neutrinos en neutrinos MU y un software para seleccionar la cantidad exacta de neutrinos MU que necesitamos.

—Pero los aceleradores suelen tener kilómetros para desarrollar velocidades cercanas a la luz —le dice Alberto, que continúa transpirando y tiene que limpiar sus lentes empañados.

—Exacto.

Alberto se para y aplaude a Valerie, la abraza.

—Te juro que buscaré presupuesto para tu dispositivo, cuenta con todo mi apoyo.

Abrieron una champaña, sonrieron y pasaron un hermoso momento junto a Jessi, a quien le encantó ver a Alberto y a su mamá sonreír.

Cuando Alberto vuelve a su departamento y entra en su dormitorio, llama urgente a su jefe Esteban Melchian y le comenta que la futura investigación de Valerie puede ser un hito en la historia.

—¿Recuerdas que el general Bardi, jefe máximo de la base Atlas, nos pidió alguna investigación en el campo militar? Bueno, despiértalo y pide alguna reunión. Yo voy preparando una presentación acorde al futuro evento.

—Alberto, debe ser algo muy bueno, veo tu entusiasmo. Envíame algo antes de suicidar mi carrera con alguien tan importante.

—Mira el video que te mandé y luego cuéntame. En diez minutos me llamarás seguro, asombrado.

Pasaron más de veinte minutos. Mientras Alberto insultaba en voz alta en su dormitorio, sintió que Melchian le devolvía la llamada.

—Alberto, ya hablé con Bardi, le envié el video. Nos quiere en el primer transporte en la base Atlas del planeta rojo. Ya haremos los arreglos. De más está decirte que mantengamos en absoluto secreto estas tratativas, sabes cómo son con los secretos militares. Y, sobre todo, no debe saberse nada de Valerie ni de su proyecto de un dispositivo para ayudar a la arqueología y demás ciencias nobles. Si llegamos a conseguir los fondos, tú no sabes nada de dónde los conseguí o cuáles son nuestros propósitos.

—Sí, descuida. Pensé en eso también.

—Alberto, si sale la operación, tendremos un pasar digno de reyes. Buenas noches.

Valerie se halla en su laboratorio, anotando todo lo que necesitará en caso de que le aprueben el proyecto. Sabe que es mucho dinero, pero cree que su dispositivo mejorará la vida de mucha gente, ayudará a realizar avances en distintos campos de la ciencia y, por qué no, en la medicina.

Ya después de acostar a Jessi, suena su smart y aparece la imagen de su más que amigo, el capitán Gray.

—¿Cómo anda la más linda científica de la base Omega? —le dice Gray sumando su risotada.

—Gray… ¡Ja, ja, ja! Gracias. ¿Qué cuentas?

—Solo para avisarte a ti que, con suerte, podré pasar la noche de fin de año en la base Omega. Y dile a una señorita llamada Jessi que llevo algo para ella.

Valerie se alegra mucho. Gray se ha transformado en una persona muy especial para ella; más en estos momentos, luego de la separación de Alberto.

Gray, en Metrópoli, la capital de la Confederación, fue su novio en la secundaria. Se volvieron a encontrar después de varios años. Reanudaron, con escasos encuentros, la relación que tuvieron de adolescentes.

Gray es el capitán de un enorme carguero Lobo 21 vw que transporta metano en estado sólido desde la luna de Saturno, Titán, que posee hidrocarburos en estado líquido, y mantiene funcionando las bases Omega y Atlas en la cima del gigantesco monte Olimpo, en Marte, entre otras bases.

A pesar de que en la Tierra siempre hubo una enemistad con los combustibles fósiles, es tan abundante la existencia de metano y otros hidrocarburos en Titán que se siguen usando con gran éxito en las nuevas tecnologías, como en el caso de los robot sintéticos, que prácticamente funcionan con un circuito interno cerrado sin emisiones de monóxido ni de dióxido de carbono al medio ambiente o dentro de una nave.

Al día siguiente, durante el desayuno, antes de ir a su laboratorio de física aplicada, Valerie le cuenta a Jessi.

—Mira, querida Jessi, dentro de quince días, el capitán Gray vendrá a visitarnos y pasar Año Nuevo con nosotras.

—¡El capitán Gray! ¡Qué alegría! De todas maneras, mamá, no creo que lo alegre mucho a Alberto —dice la niña sin sacar sus ojos de su leche chocolatada. Valerie nunca pudo lograr que le dijera «papá» a Alberto.

Jessi deja de jugar y mira a su madre a través de sus enormes ojos azules. A la niña le brillan sus ojos.

—Dile que le traiga un regalo a su hija.

Valerie se queda mirándola.

—Jessi, no digas eso. ¿De dónde sacas que es tu papá? —la regaña.

Jessi vuelve a su juego y dice:

—Espero verlo pronto y que venga con algo para mí.

—Si te trae un presente, en buena hora, pero sabes que no hay grandes shoppings cerca de Titán. Bueno, creo… En unos días tendré que ir a Titán a controlar unas calibraciones de instrumentos de medición. Ya sabes que todos los fines de año se deben hacer.

—Lo sé, mamá, pero de seguro compra algo —dice.

—Ay, mi niña interesada.

—Quiero ir después de almorzar contigo a ver el árbol de Navidad, el de la Plaza del Cielo —le dice haciendo esas caritas que tanto le gustan a Valerie.

—Recuerdo los hermosos momentos que pasamos juntas en ese árbol. ¿Sabes que es el árbol más fotografiado de todo el universo? Lo haremos como todos los años, las dos juntas.

Valerie siente nuevamente unas lágrimas que corren por sus mejillas. Sabe que su actividad científica es muy importante, para ello estudió toda su vida, pero Jessi tiene muchas necesidades de afecto y es muy pequeña para estar todo el día al cuidado de una sintética que lo mejor que tiene es que es más paciente que un humano.

La Plaza del Cielo

Luego del almuerzo, Valerie lleva a Jessi a la Plaza del Cielo.

En el centro de la misma, y cubierta por una cúpula que la protege del intenso frío que castiga la superficie de Europa y que mantiene una biósfera similar a la de la Tierra, se halla la famosa «Plaza del cielo», un parque que simula las cuatro estaciones de la misma manera que en nuestro planeta; es relativamente grande, ya que abarca unas 20 hectáreas.

Su mantenimiento no es costoso, ya que el calor geotérmico generado en las profundidades de la superficie de Europa mantiene la temperatura necesaria para esta maravilla en la superficie helada de la luna de Júpiter.

La estructura metálica y de plásticos reforzados otorga un sitio ideal para hacer ejercicio, recorrer sus senderos y pasear, con lo cual se ha convertido en uno de los sitios más deseados para visitar por los turistas.

Los trabajadores de la base, del sector civil y los turistas utilizan este espacio verde y disfrutan como si estuvieran en la Tierra, cerca del único bosque de araucarias y arrayanes fuera de nuestro planeta.

Es uno de los experimentos más exitosos y rentables de la base de investigación en Europa.

Por otros senderos indicados existe un domo de las dimensiones de la Plaza del Cielo, otro espacio verde que posee árboles frutales de donde se obtienen naranjas, limones, pomelos y mandarinas con tres cosechas al año, que se envasan y envían a todos lados generando ingresos para el mantenimiento de la base. Se está construyendo otro domo donde se colocarán vides para producir vinos, lo que generará más ingresos. Existe la posibilidad de privatizar cada domo, claro; La Plaza del Cielo seguirá siendo uno de los sitios preferidos por el turismo.

Valerie tiene una hora antes de volver a su laboratorio y lleva a Jessi a la Plaza del Cielo. Se abrigaron bien y se colocaron calzado adecuado. Jessi ama ese sitio; apenas ingresa, siente el aroma de los árboles. Ver el tamaño que tienen y la nieve que cubre sus ramas hace que su sonrisa fluya con facilidad.

Por el sendero que lleva a la plaza central, Jessi se detiene a cada rato a arrojar nieve a su mamá, mientras cruzan personas que caminan, trotan o pasean un perro sintético. Todas saludan a Valerie y Jessi.

Dentro del domo de Plaza del Cielo hace unos 3 grados centígrados y sopla un viento moderado; por suerte no llueve, pero suele suceder.

Ya les falta poco para llegar al centro, donde una plaza tiene monumentos de científicos que hicieron crecer a la humanidad, ya sea salvándonos de una terrible enfermedad o inventando algo que ayude en la vida. Allí mismo, rodeada por un círculo de piedra, una araucaria de gran altura con todas sus ramas iluminadas hace las veces de perfecto árbol navideño.

Jessi queda siempre impresionada al verlo. El árbol se halla rodeado por un contingente de turistas que sacan muchísimas fotos desde una especie de tribuna, desde la cual se puede tomar foto del pino y, sobre este, la poderosa imagen del gigante gaseoso.

Una vez que vuelve a su departamento y su mamá a su laboratorio, Jessi se dirige hacia el domo del observatorio llevando una bolsita con algo de fruta para Alberto. La acompaña Ofelia.

Al ingresar al sector de oficinas, es saludada con muchas sonrisas; todos le preguntan qué lleva en la bolsa. Se toma su tiempo para explicarles que quiere que su Alberto se alimente sano.

Todos la conocen, saben que ella le dice «Alberto», no «papá», y les da risa.

Alberto recibe a su destacada visita en su oficina, mientras revisa unos cálculos de presupuestos para el próximo año. Saluda a Jessi sin levantar su cabeza de la enorme pantalla aérea.

Jessi se le acerca, deja sobre el escritorio su bolsita con frutas y corre dentro de la oficina ante el aviso de Ofelia de que se quede quieta y no rompa nada.

Alberto, después de unos minutos, le habla de su importante trabajo, pero ella solo mira los planetas moverse en la colorida pantalla que posee su papá.

—¿Estás buscando marcianos?

—Algo por el estilo, hija, algo por el estilo —le dice Alberto, de pocas palabras.

Le cuesta mucho el contacto con Jessi y desconoce lo que ella necesita, como que su padre le dé un fuerte abrazo o le diga que la extraña mucho.

—Disculpa, hija, nos veremos esta noche para cenar, tengo una reunión urgente. Recuerda que, aparte de buscar marcianos, soy el jefe de la base y siempre hay problemas que resolver.

—Bueno, mamá me dijo que debes comer la fruta, así que empieza.

Alberto toma una manzana y comienza a mordisquear. Jessi sonríe al ver que Alberto se está alimentando bien y comienza a recorrer su oficina, llena de monitores aéreos que muestran gráficas estáticas; es decir, constelaciones y seguimientos que realizan desde el domo de astronomía más nuevo del sistema solar.

—¿Por qué miras esas pantallas? Allí nada se mueve.

—En realidad no buscamos algo que se mueva, sino algo que ensombrezca débilmente la fuerte luz de una estrella, pues solo los planetas hacen eso. Pero también buscamos peligrosas rocas que puedan amenazar nuestra base o los planetas que habita el ser humano.

—¿Ya has encontrado rocas peligrosas? —pregunta Jessi.

—Claro que sí. Una vez detectadas, enviamos nuestros cazas, que interceptan al cometa o meteorito y, si pueden, lo desvían, y si no, se lo destruye.

Él le sonríe, se le acerca a su tierna cara y le dice:

—Jessi, necesito estar más tiempo contigo, jugar contigo, como lo hacíamos cuando eras más pequeña, ¿recuerdas? Necesito salir un poco de tantas obligaciones entre los problemas de la base, su expansión constante y estos domos, y espaciar un poco la búsqueda constante de elementos peligrosos para la base o la quimera de encontrar un planeta con condiciones similares a la Tierra.

—No entendí nada, pero yo quiero ir en uno de esos cazas y desviar un meteorito, y también salir a pasear por la luna fuera de la base.

—Ja, ja, ja, ja. No, querida Jessi, fuera del abrigo de esta base, de la parte privada o la Plaza del Cielo, las temperaturas son demasiado frías para la vida humana. Por eso toda tarea de investigación fuera de la base es realizada por sintéticos especialmente preparados para soportar dichas temperaturas.

—Pobres sintéticos, deben pasar mucho frío allá afuera… Mamá me dijo que mañana parte hacia Titán a no sé qué…

—Tienes razón, hija. Tu madre se irá unos días; tiene que hacer la verificación de los instrumentos de medición usados en las destilerías de la luna de Saturno. Yo estas últimas semanas del año las tengo un poco ocupadas. Trataré de ir a cenar todas las noches.

Ella puso cara de enojada y se le acercó.

—«Trataré», no. Vendrás a cenar todas las noches conmigo y comerás lo que prepare Ofelia, y me hablarás de tu trabajo aunque no entienda nada.

Alberto sonríe y le da un beso en su mejilla, al tiempo que piensa cuándo fue la última vez que había besado a Jessi o intercambiado unas palabras con ella.

—Ah, me olvidaba… Mamá me contó que llega el capitán Gray a fín de año y que esa noticia te pondrá contento.

—Qué excelente noticia, el buen amigo Gray. Se vienen cenas llenas de anécdotas —dice Alberto, mientras aprieta el puño de su mano derecha.

Jessi se distrae con unas imágenes de la base Omega, donde se ve el árbol de Navidad de la Plaza del Cielo, y deja el chupetín que tenía en su boca sobre el escritorio de Alberto. Él lo toma rápidamente y lo coloca en una bolsita plástica.

Una vez que Jessi se fue de la oficina, Alberto abre un cajón de su escritorio, abre una caja de cartón, saca las instrucciones y pasa por el indicador primero la paleta que usó Jessi y luego, en otro indicador, un poco de su saliva. Aguarda un minuto y observa que cada uno tiene distintos colores.

Lee las instrucciones y arroja todo a la basura. No coinciden en el ADN.

Pasan los días para Jessi, que mejora su comportamiento. Cena todas las noches con Alberto, aunque este no le presta mucha atención, por las continuas lecturas que realiza en su smart, por los mails que le envían o por los llamados por algún problema en alguna área específica de la base.

Para ella es suficiente que Alberto esté cerca cuando vuelve de sus ocupaciones a la tarde. Ella le cuenta lo que hace en el colegio virtual y sobre sus dos amigas que tiene en la base de su misma edad, aunque reciba solo algunos sonidos como respuesta, sin ser escuchada, ya que Alberto está distraído leyendo algún mensaje.

Valerie en Titán

Suena la alarma de su smart, Valerie se despierta un poco confundida. Una vez que aclara dónde se encuentra, se levanta despacio de la cama mientras escucha los ronquidos del capitán Gray. Se viste rápidamente juntando su ropa, que quedó dispersa después de la cena, y sale del camarote que ocupa Gray en una de las naves hotel que orbitan alrededor de la luna Titán y que mayoritariamente son alquiladas o pertenecen a las distintas compañías petroleras encargadas de la extracción del metano de la luna de Saturno.

Valerie vuelve a su habitación del segundo piso. Se baña, se cambia y, mientras se viste, recibe una llamada de Gray.

—Valerie, en una hora salgo con cargamento directo hacia la luna terrestre. ¿No quieres acompañarme?

—Sabes que tengo que terminar mi trabajo aquí. Aparte, un día juntos nos llevamos de maravillas, al segundo o tercer día empezamos a odiarnos y a sacarnos en cara todo.

—Lo sé, solo quise intentarlo. Nos vemos una semana antes de la cena de fin de año, en el Majestic Hotel, con Jessi… Mi Jessi.

—Suena muy bien, una hermosa fantasía. Pero sos como un marinero: una novia en cada puerto.

—El marinero se está poniendo viejo. Quiere una familia y vivir frente a lago Argentino, hacia el oeste de Metrópoli.

—Debo salir. Nos vemos en quince días. No me falles, capitán.

—Jamás.

Valerie se traslada a una nave que tiene los laboratorios donde se analiza el metano, un promedio de 10.000 barriles de metano líquido. Ella debe verificar una vez al año que el funcionamiento de cada instrumento de medición se halle dentro de los parámetros prefijados.

Un enorme número de naves atiende las necesidades del personal que asiste a las destilerías, las cuales se encargan de extraer el metano líquido de los lagos del hidrocarburo, que se hacen más extensos en épocas de lluvias.

En Titán, el metano hace un ciclo como el agua en la Tierra: formación de nubes, lluvia, lenta evaporación, y así sucesivamente, todo dentro de una atmósfera densa, como en nuestro planeta, con casi la misma proporción de nitrógeno.

En la superficie de Titán, las temperaturas están por debajo de los -183 grados centígrados; por eso el metano está en estado líquido formando lagos inmensos, más en épocas de lluvias fuertes, lluvias de metano.

Allí trabajan robots Fur, que resisten bajas temperaturas; ellos son los encargados de reparar y mantener en funcionamiento las bombas extractoras que llevan el metano, el cual pasa por filtros y, de allí, a pequeñas naves cargueras tripuladas por pilotos entrenados.

Los cubos sólidos de metano son elaborados en naves que orbitan alrededor de la luna y son colocados en contenedores que mantienen la temperatura y presión adecuadas, y recién de ahí son colocados en los enormes cargueros. Manteniéndolos a muy bajas temperaturas y presiones, son llevados y entregados a las distintas bases. Una vez allí, volverán a darle al metano su estado líquido o gaseoso, de acuerdo con la necesidad. Se transportan en estado sólido, ya que así se reduce más de 10.000 veces el volumen que ocuparía en estado gaseoso.

Una vez que Valerie regresa a Europa, llevando a Jessi ropa muy linda de regalo, vuelve a encerrarse en su laboratorio. Alberto vuelve entonces a sus ocupaciones y Jessi, a su rebeldía.

Algo que le encanta a Jessi es ir a visitar en el observatorio el domo 1, cuya encargada, la licenciada en Astronomía Gladys Posh, se alegra cada vez que ve a la niña.

Se acerca a los sintéticos controladores que trabajan en los distintos monitores observando trayectorias todos los días, todo el año, prestando importantes servicios, como tareas específicas del proceso de investigación y seguimiento de cuerpos potencialmente peligrosos para las bases en el sistema solar.

Pero así como tienen cosas a favor, también tienen cosas en contra, y es el alto mantenimiento tecnológico que necesitan. Son atendidos por especialistas en robótica con títulos universitarios y con muchos cursos de actualización.

En este caso, los sintéticos son pequeños, muy delgados, distintos de los Fur utilizados en minas de oro en la Tierra, o de aquellos utilizados en condiciones extremas de trabajo, como los que se hallan en la superficie de Titán y que ayudan a la extracción de combustibles, como metano líquido, de su superficie.

Jessi primero va a la oficina de Gladys, que siempre le enseña algo de las observaciones en una especie de cúpula en 3D que Jessi adora ver. Después le pide permiso para hablar con los sintéticos que analizan los resultados de las observaciones del Hubble XX en cuanto a rocas sueltas y peligrosas.

El telescopio que llaman el Nórdico es solo para el genio del domo 2, el Dr. Forte.

Jessi se acerca a ellos y les habla, les cuenta situaciones vividas o simplemente les enseña su muñeca, les pregunta cómo se llaman, pero estos sintéticos especializados en seguimientos no le prestan la menor atención, ya que están programados para otra cosa, no para escuchar o conversar con una nena pequeña de tan solo seis años. A veces les coloca graciosos sombreros, o los pinta con colores en lo que sería su cara, ya que ellos son más parecidos a un muñeco para pruebas de ergonomía.

En la búsqueda de planetas similares a la Tierra, se sabe perfectamente que en nuestra galaxia se encuentran miles de millones de estrellas, pero también que el 75 % de las estrellas son enanas rojas, las cuales presentan tormentas solares que pueden sacar a un planeta de su atmósfera. También que, para que la vida se desarrolle, no es solamente necesario que el planeta encontrado se halle a la distancia justa del sol, ni que su tamaño sea parecido al terrestre; debe contar con una atmósfera densa, para que sea difícil que se escapen al vacío sus gases esenciales.

Hay muchísimos detalles que debe haber para que la vida surja o se mantenga por millones de años:

La distancia al sol.

Lo principal: contar con agua en sus tres estados; principalmente en estado líquido.

La vida se basa en el carbono, además de en el hidrógeno, el fósforo, el nitrógeno y el oxígeno.

Una atmósfera densa con suficiente cantidad de oxígeno.

Un tamaño adecuado para retener dicha atmósfera.

Capa de ozono, la cual evitará los cancerígenos rayos ultravioletas.

Debe ser rico en minerales esenciales para la vida.

Tener un planeta gaseoso relativamente cerca, como es el caso de Júpiter, que actúa como escudo de innumerables cometas y meteoritos.

Debe tener campos magnéticos —no todos los planetas tienen—, para evitar que la atmósfera sea barrida por vientos solares.

En el domo 2, así como sus antecesores de cientos de años, han encontrado muchos planetas, pero ninguno que cumpla los requisitos esenciales para el surgimiento y la preservación de la vida tal cual la conocemos.

Pasan los días, se acerca el fin de año, y Valerie no alcanza a volver antes de la cena. Valerie se comunica con Ofelia para que controle que su hija cene y haga los deberes que le encargan sus maestras desde la Tierra.

Alberto, algunas noches que se invita solo, llega al departamento, cena con Jessi y Valerie, habla y juega un poco con Jessi; luego se dirige hacia un pequeño departamento asignado al jefe de la base o se va al domo 2, donde suele quedarse a dormir.

Hace tiempo que se ha separado de Valerie, con la que mantiene una relación casi exclusiva de cenas junto a Jessi y preguntas técnicas sobre su futuro proyecto, datos que le piden para la aprobación de su trabajo investigativo sobre su dispositivo.

Regalo para Jessi

Jessi toma de la mano a Ofelia y la arrastra hacia la Plaza del Cielo. Una vez dentro, sienten la temperatura ambiente bastante fría, ya que se encuentran en invierno. Ver esos enormes pinos nevados y pisar la nieve con sus zapatos la hacen verdaderamente feliz. Ofelia intenta llevarla al departamento debido a la baja temperatura que hace allí, pero Jessi no piensa irse sin antes jugar un rato.

Se dirige hacia el centro mismo de la plaza, donde hay un enorme pino iluminado con miles de pequeñas lucecitas: el árbol de Navidad más hermoso que Jessi conoce.

El árbol está ubicado junto al monumento a la Confederación; el pino, de más de diez metros de altura, ya tiene sobre sus ramas las primeras nevadas.

Algo llama la atención de la niña en lo alto de la cúpula que protege de los cientos de grados bajo cero que imperan en la superficie de la luna Europa.

No cabe duda, es una enorme nave naranja, el color característico de los cargueros que transportan combustible. Su numeración le resulta familiar.

Toma de la mano a Ofelia y la lleva hacia la sala de recepción de pasajeros; sabe que en unos momentos llegará alguien importante para ella.

Así es, llega el Lobo 21 vw del capitán Gray, proveniente de Titán, trayendo consigo un cargamento de metano sólido para descargar en los depósitos de combustibles de la base, los cuales se ubican, por prevención, a unos 400 metros del núcleo de la base, formado por el comedor, el salón de entretenimientos, las oficinas y los dormitorios.

Este tipo de naves tienen más de 5 kilómetros de largo, por lo que no aterrizan. Su preciado cargamento es extraído por naves especialmente construidas para tal fin, las cuales también llevan los packs con metano sólido hacia los depósitos de los generadores de la base Omega. Una vez allí, comienzan a subir la temperatura y a bajar la presión, hasta que el metano vuelve a estar en estado líquido y ya puede ser utilizado.

En la sala de recepción de pasajeros, Jessi espera que de un momento a otro baje el capitán. Todo pasajero que viaje en un crucero turístico, una nave comercial o, como en este caso, un carguero debe pasar por un sitio donde es descontaminado de posibles bacterias o virus que puedan causar dentro de la base una verdadera pandemia.

Ya en el salón, Jessi, acompañada de Ofelia, ve llegar a su madre, que vuelve a reprenderla por moverse por todos lados sin avisarle.

—Estoy con Ofelia, mamá, no estoy sola —dice Jessi mirando muy tiernamente a su mamá.

Valerie se pone de cuclillas y abraza a Jessi, mientras detrás de ella aparece con su potente voz el capitán Gray, que la toma desprevenida. Le da un fuerte abrazo a Valerie un poco más osado de lo habitual.

Valerie mira para todos lados y busca soltarse del capitán.

Ríen. Gray hace como si no viera a la niña. Ella tira de su chaqueta y le pregunta si no le trajo nada. Él sonríe, la levanta y la besa; luego saca de su bolsillo un presente y se lo entrega a Jessi.

Ella le saca el papel de regalo; es un controlador, como un control remoto de TV, pero más sofisticado.

Jessi toma su obsequio y no sabe qué hacer con él, es simplemente un aparato más, solo lo sostiene en su mano.

Mientras Jessi mira sin entender qué le acaban de regalar, entra en el salón el contramaestre del capitán acompañado por una hermosa rubia. Todos se dan vuelta para ver su andar. Se acerca a Gray y lo besa en la mejilla, además le entrega una enorme caja que lleva en un carrito.

—En realidad no es humana, es la última generación de sintéticas —le dice a Valerie, que cierra sus ojos y le pega en el brazo al capitán—. Valerie, la empresa del Imperio me la presta para que la vean y se tienten a comprar; es solo un pago por publicidad.

El capitán toma la caja, le dice a su contramaestre que, luego de almorzar, vuelva a la nave, que partirán mañana, ni bien descarguen la mitad del cargamento de metano sólido, rumbo a la luna terrestre, a los astilleros de cargueros y cruceros turísticos del Imperio.

Se arrodilla delante de Jessi, sonríe y le dice a la pequeña:

—Toma, Jessi. Ahora entenderás la función del localizador que tienes en tu mano. Como no estaré para tu cumpleaños, me adelanté a darte el regalo. Claro, si no te molesta —le dice Gray.

Jessi, con los ojos inmensos abiertos como ventanales, mira a su madre, le alcanza lo que tiene en su mano y se ocupa del inmenso paquete. Lo abre lo más rápido que puede, tirando por todas partes pedazos del papel que cubría el obsequio.

—Jessi, recoge ese papel y ponlo en «reciclar papel».

Jessi recoge el papel de envoltorio tal cual le pidió su madre.

No puede creer la belleza de la muñeca sintética, la cual luce un vestido blanco tornasolado cuya coloración varía de acuerdo con la luz que le dé; de casi 100 centímetros de alto, muy pesada. Un juguete muy caro, que posee toda la tecnología de la robótica sintética.

—Gray, ¿no te parece que se te fue la mano? ¡Debe ser carísimo! —le dice Valerie.

—Lo sé, pero sabes lo especial que es esta nena para mí. Ja, ja, ja.

Valerie recibe un mensaje, ya tiene una videoconferencia en media hora sobre el equipo que debe colocar en su laboratorio.

—Bueno, Jessi, agradece al capitán Gray el fabuloso regalo que te trajo.

Jessi mira con una enorme sonrisa a Gray y le dice:

—Gracias, papi, por el regalo.

Valerie y Gray quedan asombrados por lo que dijo la niña. Valerie amaga a decirle que no es su papá, pero Gray la toma del brazo y le dice «no» con la cabeza.

—Déjala, no la confundas; los niños saben estas cosas.

Gray, mientras observa la alegría de la niña, le pide a Valerie el control que le había dado a la niña hace unos minutos y con él enciende a la robot, la cual reconoce directamente a Jessi, tal cual fue programada.

—Mira, Gray, te agradezco mucho el regalo carísimo e innecesario que le has hecho a Jessi, pero ahora debemos pasarla por el control aduanero; tú sabes, la existencia de softwares ilegales y esas cosas… Cada sintético que ingresa a la base debe pasar por una revisión, lo mismo que Jennifer —le dice Valerie.

Cada sintético debe ser analizado para evitar algún programa de espionaje; de esa manera, el robot ya queda habilitado para transitar libremente por la base.

Esta muñeca es casi irrompible y de gran utilidad para los padres, ya que posee cámara incorporada en sus ojos; de esta manera, ellos pueden ver on line dónde se halla su hija y qué está haciendo, así como comunicarse con ella, ya sea solo por voz o mediante hologramas.

Se debe llenar un formulario en la oficina y luego se hace una revisión de cada sintético, y si se detecta algo extraño, como una posibilidad de origen incierto, se lo lleva al taller laboratorio de sintéticos, situado en la zona de mantenimiento de la base, para un control más exhaustivo. Allí se ocupan de reparar los sintéticos de la colonia y controlan los Fur que trabajan en Titán.

Durante los primeros años se los enviaba a la Tierra o a los talleres en Marte, pero siempre tardaban mucho y no volvían en las mejores condiciones, por lo que se decidió instalar un taller en la propia base, con ingenieros traídos con ese fin.

Mientras están esperando en el control técnico…

—¡Creo que Sol está sufriendo! —dice Jessi enojada, pues quiere llevar su muñeca a su departamento.

Los técnicos la consuelan diciéndole que, por el contrario, le están cargando energía para que pueda jugar mucho con ella. Luego queda autorizada Sol a transitar por la base sin inconveniente.

Gray invita a Valerie y su hija por la noche a cenar a un lujoso restaurante de uno de los hoteles que se hallan en la colonia, el Majestic.

El hermoso salón del entrepiso del lujoso hotel Majestic está colmado de contingentes turísticos no solo de las ciudades de la Confederación, sino de las distintas ciudades asiáticas que han prosperado mucho a lo largo de los años, así como los militares llevados a Marte, donde cada confederación tiene su propia base. La del Imperio, la Zhao Huang, está sobre un volcán en el ecuador marciano, y la de la confederación, en la cima del enorme monte Olimpo. Entre las ciudades existe un fluido turismo, ya que se trabajó muy bien para erradicar metro a metro el cobalto radiactivo.

—Mamá, Sol me mira comer. ¿Le doy de comer?

Tanto Valerie como Gray ríen. Gray acaricia el suave y liso cabello de Jessi.

—Hija… Porque sabes que eres mi hija, ¿no es así?

Jessi le contesta «sí» con un movimiento de cabeza, mientras come un poco de la enorme milanesa que le trajeron con papas fritas que desbordan del plato.

—Bueno, estamos los tres de acuerdo. No preguntaré cómo sabes este secreto, pero quería decirte que Sol solo te mira comer por curiosidad; dentro, ella tiene una pila de hidrógeno que le da la energía necesaria para todas sus funciones.

Jessi lo mira y le sonríe.

—Sí, papi, sabes mucho de muñecas.

Desde su pequeño departamento, Alberto Casares mira, llorando, todo lo que acontece en el entrepiso del Majestic, ya que hackeó las cámaras de los hoteles y de todo el sector privado. Bebe hasta el último sorbo de su vaso metálico lleno de whisky y arroja el vaso contra la puerta.

Una semana para Año Nuevo

Pasan los días y nuevamente Valerie continúa con sus investigaciones, dedicadas mayormente al intento de disminuir el tamaño de los aceleradores de partículas; ello es imprescindible para que su dispositivo sea portátil.

Solo deja su laboratorio al mediodía para almorzar con Jessi y a las ocho de la noche, para cenar también con ella y ayudarla en sus tareas.

Jessi está contentísima por dos razones: porque tiene a su nueva amiga cibernética y porque su madre la llevará nuevamente a la Plaza del Cielo, donde podrá jugar con su muñeca sintética.

Ya en la plaza, copos de nieve caen sobre el rostro de Jessi. Esto ocurre gracias al trabajo de la ingeniera Ingmar Bregman y su habilidad para hacer un bosque y obtener frutos a millones de kilómetros de la tierra.

En el bosque se turnan las cuatro estaciones para mantener el buen crecimiento de los árboles; claro, las cuatro estaciones que necesitan los bosques de la Patagonia, con temperaturas templadas a frías. Las plantas y flores fueron seleccionadas para su desarrollo, ya que no hay insectos que las ayuden. Es el caso, por ejemplo, del «pensamiento silvestre», el cual redujo su producción de néctar y aumentó su tasa de autofecundación debido a la escasez de abejorros. Hoy, estas hermosas flores, que mezclan colores violáceos, amarillos y blancos, están por toda la Plaza del Cielo, inundando de color el pequeño bosque.

Dentro de la plaza, gente que trabaja en la base o grupos de turistas disfrutan de la nevada, que es producida artificialmente gracias a poderosos cañones que combinan agua y aire comprimido haciendo que el agua salga pulverizada al aire a gran velocidad y generando nieve.

Valerie disfruta de ver jugar a Jessi los pocos momentos que puede verla, al mediodía y a la hora de la cena. No se ven mucho, lo que perjudica su relación. Pero está enfrascada en un gran proyecto donde deposita toda su pasión y conocimiento. Jessi sabrá entender, piensa ella.

Jessi se entretiene con Sol mientras los copos de nieve van acumulándose en su ropa; juega a las escondidas con Sol, lo que obliga a Valerie a observar más. A pesar de ser un sitio muy seguro, le preocupa que su hija se vaya lejos.

—Mamá, ¿por qué el techo está tapado en la plaza?

—Ja, ja, ja. Jessi, fuera de la plaza el terreno es muy hostil; las temperaturas no permiten la vida de lo bajas que son, y la radiación que proviene de Júpiter también es peligrosa; por eso la base completa está cubierta por finas láminas que neutralizan las partículas beta y su peligrosa radiación.

—Mamá, entendí todo, gracias —le dice Jessi, que sale corriendo y vuelve a tirarse sobre la nieve; ya está acostumbrada que le hablen «en difícil».

Saliendo del domo donde se lleva a cabo la fruticultura, la ingeniera Ingmar acaba de dar un paseo para mostrarle el rendimiento que han alcanzado los naranjales a la astrofísica Gladys Posh, encargada del domo 1 del observatorio astronómico.

—Es increíble, Ingmar: tres cosechas al año. Bellísimo el domo con su aroma a frutos. ¿Los manzanos también, tres cosechas al año de la variedad que le gusta a todo el mundo, la Red Delicious?

—Los manzanos no, solo una cosecha al año, pero cada árbol da unas ochocientas manzanas.

—Qué impresionante, Ingmar. Diez hectáreas de árboles frutales. Muchas gracias por el recorrido, lo disfruté mucho.

Ambas salen del complejo de árboles frutales y entran en la Plaza del Cielo, donde, en el sector occidental está el bosque de araucarias y, en el sector oriental, un bosque de arrayanes.

De lejos ven que está Valerie controlando el juego de su hija en la nieve.

—Cuando veo a Jessi, con tan pocos niños andando por la base, entiendo por qué se crearon en la Confederación y en el Imperio los programas de madres sustitutas —dice Ingmar.

—Así es, amiga. Niños que nacen en úteros artificiales. Se toman cuatro y se contrata a una madre; forman un hogar y ella recibe el sueldo de madre más un trabajo on line, un departamento y una sintética que la ayude —comenta Gladys.

—Y sí, de otra manera la raza humana va a su extinción, o por la maldita radiación, o por la falta de niños. No es lo mejor, pero es una opción ante la falta de interés en tener hijos —acota Ingmar.

—Es así, ser madre ya no es un objetivo. Tener pareja estable, tampoco. Ha cambiado mucho el mundo desde la WW4.

—Amiga, las dos somos un ejemplo de eso —acota Gladys, y ambas sonríen mientras se dirigen a hablar con Valerie.

28 de diciembre del 2272

Jessi vuelve a estar casi todo el día jugando con Sol, recibiendo las últimas clases de apoyo a través de hologramas, las cuales son supervisadas por Ofelia, y visitando las distintas secciones que componen la base junto a su muñeca Sol.

Ya falta muy poco para Año Nuevo y no quedan niños en la base para jugar.

Cada vez que puede, se escapa del cuidado de Ofelia. Esta vez va a visitar al amigo de su padre, Oscar, que la invitó a merendar, junto con su compañera Samantha, al taller de reparación de androides.

Los sintéticos que se reparan provienen mayormente de las instalaciones que extraen metano en Titán. Estos androides trabajan en terribles condiciones, con temperaturas de 170 grados bajo cero y vientos que alcanzan 180 kilómetros por hora; además, deben soportar también las lluvias intensas de metano líquido, las cuales forman lagos que, cuando la temperatura es de 140 grados bajo cero, comienzan a evaporarse; es decir, como un ciclo parecido al del agua en la Tierra.

Las extremas condiciones de trabajo de los androides les producen averías, y son llevados a reparar a la base en Europa debido a la complejidad de sus mecanismos.

Por lo general, los sintéticos llegan con alguna parte de su cuerpo aplastada, o con filtraciones de metano líquido que los desactivan. Otro motivo de reparación es que algún microengranaje en su interior haya tenido algún desperfecto que necesite de los especialistas en Europa, los cuales poseen todo el equipamiento necesario para su reparación.

La zona más complicada, y que necesita lo más avanzado de la ingeniería, es la de las venas; estas recorren toda su anatomía transportando el combustible que da vida a la tecnología montada, para que el sintético pueda cumplir sus funciones prácticamente sin mantenimiento y con total precisión.

Jessi, cuando pasa por el pasillo que lleva al taller, ve a Samantha, una ingeniera encargada de hacer volver a trabajar a los sintéticos junto con Oscar.

—Hola, Jessi. Qué bueno que has venido a vernos. ¿Y ella?, ¿cómo se llama? —le dice mientras saluda también a Sol, quien le devuelve el saludo con una sonrisa y un saludo de bailarina de ballet.

—Se llama Sol; baila, canta y me hace reír. Mi amigo Oscar me invitó a merendar.

—Pasa, te estábamos esperando. Oscar está reparando a uno en este momento. O, como decimos nosotros, está operando a un paciente. En este caso, un sintético enorme que trabaja en Titán, la luna de Saturno.

—De seguro los trajo el capitán Gray. ¿Sabes? Es mi amigo y me regaló a Sol, mi mejor mejor amiga. El capitán Gray es mi papá —le dice Jessi.

Samantha Walker, una pelirroja de unos veinticinco años ingeniera en robótica, se ríe de la ocurrencia de la niña; toma las manos de Jessi y Sol e ingresan al taller de reparación.

Jessi se asombra por lo altos que son los sintéticos, algunos tienen dos metros de altura. Todos esperan su turno con mucha paciencia; dada, claro, por el hecho de que se encuentran desactivados.

Ella se asoma tímidamente desde la puerta donde hacen reparaciones mayores de sintéticos. Sol, imitando su gesto, se asoma también, lo que causa risa a Oscar, encargado del taller laboratorio de reparaciones de la base.

Oscar Montiel es un joven ingeniero en cibernética y robótica.

—Ven, Jessi; no seas tímida. Los robots no te harán ningún daño. Ya de por sí están muy dañados. Este sitio es para ellos como un hospital —le dice a la niña, invitándola a ingresar a ese sitio mágico que es un taller de robots.

—¿Tú eres un médico de robots? —le pregunta la niña desde la puerta.

Oscar ríe.

—Algo así… —le contesta, mientras continúa con su trabajo.

Jessi sale del quirófano junto a Sol mientras le va explicando, en su lenguaje y con la comprensión de una niña de seis años, qué son todas esas partes de androides colgando de las paredes del taller. Se detiene en unos estantes en donde se hallan distintas cabezas.

—¿Ves, Sol? Tienes que portarte bien: no quiero que tu cabeza esté en este sitio —le dice mientras Sol se tapa los ojos.