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En la frontera de diversos registros, la escritura de Carmen Berenguer construye una ficción poética que transita por lo biográfico, lo epistolar y la crónica roja. Una estrategia de movilidad donde el espacio simbólico es ocupado por ruinas, cárceles, escenarios urbanos, paisajes, casas y voces de mujeres que escriben e inscriben la memoria para dar testimonio del horror, pero también de la rebeldía y resistencia. En Naciste Pintada está presente la historia íntima y pública, la violencia, los modos de sobrevivir y los vestigios tras la pesadilla.
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Seitenzahl: 344
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Primera edición, FCE Chile, 2024
Berenguer, Carmen
Naciste pintada / Carmen Berenguer. – Santiago de Chile : fce, 2024
326 p. ; 23 × 15 cm – (Colec. Poesía)
ISBN 978-956-289-346-6
1. Poesía chilena 2. Literatura chilena - Siglo XX I. Ser. II. t.
LC PQ8097Dewey Ch861 B166n
Distribución mundial para lengua española
D.R. © 2024, Fondo de Cultura Económica Chile S. A.
Av. Paseo Bulnes 152, Santiago, Chile
www.fondodeculturaeconomica.cl
Fondo de Cultura Económica
Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14110 Ciudad de México
www.fondodeculturaeconomica.com
Coordinación editorial: Fondo de Cultura Económica Chile S. A.
Diagramación: Macarena Rojas Líbano
Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin la anuencia por escrito del titular de los derechos.
ISBN 978-956-289-346-6ISBN digital 978-956-289-397-8
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
AGRADECIMIENTOS
CASA COTIDIANA
CASA DE LA POESÍA
500 AÑOS EN EL BARRIO CHINO DE VALPARAÍSO(1492-1992)
BREVE NARRACIÓN SOBRE SU AUSENCIA EN LOS MOTIVOS NACIONALES
BREVE NARRACIÓN DE SUS MOTIVOS ÍNTIMOS
LA DISTANCIA ENTRE LAS MARTITAS, ANITAS Y ELENITAS
CASA INMÓVIL
RECADOS DE LA PRISIÓN
LA PATY ENLOQUECIÓ EN LA CÁRCEL DE SAN MIGUEL
A las mujeres que estuvieron en la prisión chilena y que gracias a sus testimonios pude dar curso a una reconstrucción de las casas de tortura en el tiempo de la represión más cruenta, mujeres condenadas a muerte como Cecilia Radrigán y Miriam Ortega. Belinda Zubicueta, Delfina Briones, Amelia de la Maza, Patricia Roy, Mariela Roy, Patricia Garzo, Susana Capriles, Elizabeth R., Leo Espinoza.
A la mujeres que debido a su indigencia y pobreza han tenido que usar su cuerpo como objeto de venta. Gracias a los testimonios de Natalia González, Elizabeth, al libro Las otrasde Teresa Lastra.
A los poetas hoy desaparecidos entre nosotros, Néstor Perlongher, Juan Luis Martínez y Bárbara Délano, sin quienes no hubiera podido construir un imaginario literario en Valparaíso. A los estímulos para continuar el relato de Mariano Aguirre. Todos ellos (Q.E.P.D.)
Al científico Jorge Babul, por prestarme la imagen fotográfica de la casa de Borgoño 1470, antiguamente el primer centro de la ciencia experimental en Chile.
A mi familia.
La casa nos brindará a un tiempo imágenes dispersas
y un cuerpo de imágenes.
La poética del espacio. G. Bachelard
Valparaíso, 24 de marzo, 1999
Carmen:
He estado pensando mucho en Naciste pintada, y como releo La poética del espacio de ese francés maravilloso, me he estado acordando de las tres casas que configuran esa gran casa que estás construyendo. Esa casa se parece a un buen lector, para formarse debe ser terrible y adorable. Esa imagen fuerte es tu gusto y condena. Primero pensé en que una casa es siempre un rectángulo, y como para mí todo es figura, me quedó así:
Me parece que así se conserva un hilo conductor por el cual puede transitar, con menor dificultad, el lector. Pero coloqué la “Casa de la Poesía” en el centro, sobre todo porque esta imagen es el “centro irradiador” lezamaniano; puede tomarse como el techo de la estructura y como el centro fundamental de fijación de los recuerdos. Que se une a un presente, que es el aquí y ahora del discurso, desde donde el autor implícito es la voz de un espacio-frontera y cotidiano; la casa de tu presente, que se fija en Plaza Italia; y a un pasado histórico cuya cicatriz marca el final que es el principio. Aquí, en esta casa inmóvil, la inversión de una casa, la desprotección absoluta, lejos del refugio y tomando en cuenta que según Bachelard “una casa viva no es realmente inmóvil”… sucede algo extraordinario: el movimiento de la narración a través de la ficción del testimonio: cartas carcelarias. Solo así el pasado puede unirse al presente, es la poesía que une, que pegotea; la historia cotidiana con la historia colectiva. En este tiempo posmoderno, donde no se puede hacer una teoría conceptual de la historia, lo único que vale es el testimonio, la voz de cada una como vivió esa historia que circuló por las calles, que fue “oficial”. Y ahí está, de nuevo, la poesía, la poiesis, recorriendo la distancia. Somos un collage: voz de Plaza Italia, puerto lupanar, carta carcelaria… ¡Nacimos pintados… Naciste pintada!
P.D. Carmen, no puedo ir a Santiago todavía, pero espero sinceramente que esta carta del Valle del Paraíso te ayude.
Te quiere.
Karina
A río revuelto ganancias de cadáveres
Cuando el río suena lleva cadáveres
(1992-2000)
“AY, ESTA NOCHE SE PUEDE, SE PUEDE...”
Mercedes Sosa
La noche no es la noche ideal
romántica de los cantos versallescos
o trinos de pájaros en algún amanecer
La noche de la novela triste es cuando sus luces
se apagan y aparecen las sombras criminales
en las esquinas de los bares de las casas
a los pies de la cama debajo de las sábanas
en los colores de los muebles en la opacidad
de las tablas detrás de los cuadros arriba del armario
en los rincones de la escalera
en este libro
en medio de estas páginas
en el temblor de tu sonrisa en ese espejo del baño
en el cepillo del pelo en el olor de tu traje
en el cubierto de la mesa en la cajita de música
en el calcetín; broche de una noche antigua
en la maleta
en la página del medio
en el candor en la maceta de flores;
detalles del tejido
y el pañuelo a rayas en el sillón Bauhaus
en el cuadro de Frida Kahlo en el retrato de revistas viejas
en los platos de comida en el charquicán y el luche
en los juegos de luces pascueros en los vasos de vino
en la ponchera en el apiao y pajarete en el chaleco azul
en el anillo en el collar de un cuello en los aretes
en las páginas sueltas aquí mismo
en el hilo del medio
en el piso de la cocina en la heladera
en la silla de paja en el jarro del café
en la azucarera en la mermelada
como si arriba en la cucharita del té
crochete del estío en la biblia latinoamericana
en el cantar de los cantares en el libro de Job y Jeremías
“Chile aparece como un inmenso caballo muerto,
tendido en las laderas de Los Andes bajo un gran revuelo de cuervos”. (Vicente Huidobro)
Páramos y ruinas
en el sahumerio
en el escapulario
en el sagrado corazón de Jesús
a la entrada de la casa
en el póster de psicosis
en el cuarto
en la música de Béla Bartok
en el afiche del cojo Díaz
en la postal del indio
en el rostro sudaca
en estos ojos chinescos
debajo de todo eso
en las puntas,
como si nada
en los santitos
en el ulpo
en todo eso
cuando te acuestas
cuando te levantas
cuando miras de reojo
cuando fijas la vista
cuando te acercas
cuando hablas
cuando callas
cuando brincas
cuando te das vueltas
en la mañana
una hora después
cuando te agachas
cuando sudas
cuando aguantas
cuando aúllas
cuando todo eso
“El poeta inglés pudo decir: “Algo huele a podrido en
Dinamarca”, pero nosotros, más desgraciados que él, nos
veremos obligados a decir: Todo huele a podrido en
Chile.” (Vicente Huidobro)
después de quedarte escuchando las gotas de la llave mala
después de la lluvia de julio
después de julio
después del frío
después de la helada de invierno
después de la remesa de Julio
después de la carta de Julio
después de las cuentas del invierno
después de la piel seca del invierno
después de las noticias del invierno.
Se parece a Rusia
se parece a Hong Kong
se parece a mayamicito en Bolivia
se parece a Blade Runner
se parece a los derrumbes
se parece a la tarde
se parece a las nubes rosadas de la tarde
se parece a un justo invierno
se parece a las telarañas de la Babuchka
se parece a mi amigo viejo
se parece a su abrigo gris
se parece a su semblante adusto
se parece a la niebla
se parece a los pobres del sur
se parece a los pobres definitivamente
se parece a esta ciudad
se parece a este rincón
se parece a este vacío
se parece a este abismo
se parece a esta angustia
se parece a este insomnio
se parece a este chifón
se parece a tu rostro.
Entonces te tomas un bromazepam
te tomas un diazepam
te tomas un tricalma
te tomas un alprazolam
un lorazepam
benzodiazepinas
fluoxetinas
elixir de la dicha
te lo tomas todo
te lo comes todo
te lo hablas todo
te lo tragas todo
y en medio de la semana
para los sentidos
marroquíes colombianos
y paraguayos.
Y por arte de magia como una fiesta para el ojo aparece el desierto florido y la palabra: (NO) de Añañuca Amarilla y de Añañuca Roja se entrelaza con los Lirios del Campo y Terciopelos enredándose en Cabelleras Enamoradas; Garras de León
Diegos de la Noche y Chinitas Hierbas del Hielo encintan Coronillas de Fraile Cardo Blanco Flor del Minero y Fucsias a millares
Pata de Huanaco Malvillas Renillas Cactus Azulillos Monjitas
y pajaritos (TOCAR).
Creo que tiene que ver con el olvido
Se parece a ciudad miseria de Perú
Se parece a ciudad oculta en Argentina
Se parece a las favelas de Brasil
Se parece a South Bronx de Nueva York
Se parece a Blade Runner
Se parece a los derrumbes
Se parece a los ojos que salen de las capuchas en Chiapas
Paredes tiene
paredes blancas tiene
rejas tiene
perros rabiosos tras las rejas tiene
mercados tiene
malls tiene
edificios de vidrios tiene
edificios nuevos con más
vidrios donde se reflejan nubes grises tiene
todo nuevo tiene
comunicaciones tiene
celulares tiene
policía tiene
policía nueva tiene
autos nuevos tiene
camas nuevas tiene
puertas nuevas tiene
ventanas nuevas tiene
metro nuevo tiene
bancos nuevos tiene
rejas nuevas tiene
seguridad nueva tiene
miedo nuevo tiene
comida nueva tiene
hambre nueva
Tiene
olor a ropa usada
olores a revistas viejas
a trapos viejos
a enfermedades gringas
a transpiración germana
a fantasía añeja
olor a nafta
a pilchas euro
a fajas gringas
a solapas gringas
a sobaco viejo
a enaguas gringas
a faldas gringas
a pantalón gringo
a sábanas gringas
a cubrecamas gringas
a cortinas gringas
olor a mercado usado
olor a cuáqueros
olor a western
olor a Colt
olor a Calvino
olor a adrenalina
olor a papas fritas
olor a pollo frito
olor a hamburguesa
olor a Ketchup
olor a comida macrobiótica
cuando te acuestas
cuando te levantas
cuando miras de reojo
cuando fijas la vista
cuando te acercas
cuando hablas
cuando callas
cuando brincas
cuando te das vueltas en la mañana
una hora después
cuando te agachas
cuando sudas
cuando aguantas
cuando aúllas
Tiene que ver con la madre muerta
Entremedio de todo, hoy 12 de octubre es el día de la raza. 300 mapuches subieron al cerro Huelén.
Denunciaron la explotación que realizan los empresarios nacionales en sus territorios originarios.
“Solicitamos”, dijeron: “que se respete la existencia pacífica de los cuatro colores humanos”.
En el Parque de los Reyes, se inauguró la Fuente que regalaron los españoles en Chile.
La obra es un monolito de ocho metros de altura puesto en el centro de una pileta de diez metros de diámetro. Mirando hacia el oriente, se alza la escultura de un huaso de bronce frente a la madre, el padre y el hijo. Se celebraron con Jotas, Aragonesas, Quirosanus, Sevillanas y Muñeiras al compás de las guitarras, castañuelas y gaitas.
Ahí, hay unos obreros haciendo un hoyo debajo de mi ventana.
Esta es una imagen chascona detrás de los vidrios.
Esta imagen soy yo a través de los vidrios.
Mira a los hombres trabajando debajo de mi ventana.
Se distinguen por el color de sus cascos amarillos,
y más allá un horizonte rosado, cascos rojos, cascos grises, y más arriba un horizonte de nubes rosas vadeando los techos, cascos negros, cascos blancos, y más abajo un horizonte de nubes rosadas, al oriente una pared blanca con cimas plateadas, como si hasta allí nomás llegáramos.
A mi derecha está el parque Bustamante.
Allí se encuentra la estatua de Manuel Rodríguez, hombre de mucho valer.
Le robamos la corona de flores y se la dejamos en la puerta del departamento de los Ángeles Negros.
Al otro día vimos la corona en la cuneta al llegar a la Alameda.
Cuando se hizo una zanja profunda para construir la línea 5 del metro de Santiago, se instalaron unos aleros de fierro para sujetar el edificio en que vivo y dijeron que remozarían la calle poniéndole palmeras, fuentes de agua, y asientos para ver pasar la gente.
A la gente le gusta esta idea de progreso.
En una mañana húmeda se encontró un cadáver en la escalera del metro. El cuerpo estaba desnudo con heridas cortopunzantes, las gentes al pasar decían:
se parece a Cristo posmoderno, se parece a San Sebastián de la Legua, algunos afirman que lo cogotearon, otros murmuran que fue una venganza.
En la noche es la segunda animita del lugar.
La primera fue cuando el lustrabotas de la cuadra
se nos murió de un ataque al corazón y se quedó sentado en el lustrín.
Ahora otro ocupa su lugar y lustra zapatos en una silla de vinil rojo, encima de una alfombra de saco.
Le pone flores a la primera animita en agradecimiento,
porque si no se hubiera muerto, no se estaría ganando la vida en esta calle.
Al costado del Parque se ha construido el edificio más alto de Chile. Es un celular gigante de la CTC. El obelisco chileno se ve una miniatura moderna y más allá, no hay ninguna construcción que emule nuestra muralla de roca natural que dobla la iluminación crepuscular en Santiago.
ENTEL es el penacho kitschque ilumina las sombras del invierno.
A las siete de la tarde, cuando las nubes rosas se van por el poniente, la ciudad es recorrida en una sola dirección, para arriba. Se deja ver una intención, una idea pretenciosa detrás de todo esto. Quiere ser alegórica en su construcción y mítica en su necesidad de ritual. Noble pretensión de ser ciudad inventada.
Y más allá aún, donde el inventario no alcanza a contarse: se parece a los barrios bajos de Los Ángeles.
Allí asesinaron a Sal Mineo de una estocada en el corazón.
Se parece a la cárcel de Chorrillos en Lima, donde tienen encerrada a Sybila Arredondo, viuda de José Arguedas. Se parece a los rostros de las mujeres viejas que gritan AIMARA amarradas a la bandera de Bolivia en La Paz.
Se parece a las mujeres jubiladas que toman el sol en las plazas.
La ciudad ayer parisina, antier española,
tiene socavadamente una intención moderna de ciudad, después de la modernidad.
Las plazas han sido el centro público del paseo provinciano en épocas recientes.
La Plaza Brasil fue centro de reinas de fin de primaveras de otro Santiago.
Los cines Alcázar y Novedades acumularon imágenes visuales en la vieja ciudad, mientras en la Plaza Artesanos se concentraba el olor que singulariza a toda ciudad, olor a pescado frito y coronas de flores, carrozas negras y tranvías, vendedores de magias, ambulantes de sueños, cuando se pasaba un elefante por el hoyo de una aguja, y las gentes miraban la aguja y el elefante, jamás vieron el hoyo.
Y en la canción del puerto, la Plaza de la Victoria es un centro social, y para el gitano Rodríguez la lírica del puerto “vigiló su infancia con rostro de fría indiferencia”.
En la Plaza del Roto chileno y la Plaza de la Constitución, los oradores apagaban sus pedos por la boca, inflamando el ideal político de ayer.
Las plazas de la provincia han sido marco decorativo del provincianismo nacional.
La Plaza Italia símbolo mítico de las últimas manifestaciones públicas, señalaría el límite de nuestras fijaciones en la distancia, entre los de arriba y los de abajo. Fijaron la diferencia en nuestras heridas.
Fijaron la diferencia entre lo liviano y lo pesado.
Fijaron la diferencia entre los hijos de nadie y los hijos de alguien. Fijaron la frontera entre ellos y nosotros.
Y como cada tiempo fija sus mudas, nuevos locos traen consigo las señas del por venir.
Una mujer viene de tarde en tarde a esta plaza. Es una carabinera loca arrancada del manicomio que dirige el tránsito. Es una mujer que ha quedado con esa sujeción del uniforme y las marchas.
Otro allegado es un hombre muy querible en el barrio. Es bajito y se ha ido chupando para dentro. Su rostro está cada día más anguloso. Se recorta su figura contra el paisaje de la plaza onerosamente decorada con la mano de obra cesante. Entonces me sonríe, y canta en inglés una canción folc reconocida. Luego se sienta rodeado de palomas a comerse su comida en el suelo. Este hombre es la mano de obra gratis del barrio de esta plaza, por unas chauchas hace brillar los taxis.
Anoche vino un orador que a voz en cuello, entre rayos y centellas, mientras caía la lluvia, enfurecido, se subió al caballo de Baquedano gritando:
“ESTA CIUDAD SE HA LEVANTANDO SOBRE LA BASE DE UNA NUEVA ESCLAVITUD
(RONCO)
UNA ESCLAVITUD VIRTUAL. PARA QUE ESTA CIUDAD SE LEVANTE HA DEBIDO HACERLO SOBRE EL LOMO DE LA POBREZA
(GUTURAL)
PARA QUE EXISTA ESTE BURDEL DE MARAVILLAS HA TENIDO QUE HACERLO A COSTA DE MI HUMILLACIÓN
PARA QUE ESTA CIUDAD SE LEVANTE TUVO QUE PISARME
PARA QUE PRETENDA SER CIUDAD HA DEBIDO MATARME
ESTA CIUDAD SE LEVANTA A PURO PILLAJE Y ROBO
(CON AULLIDOS)
ESTA CIUDAD HA ENVEJECIDO A SU JUVENTUD PREMATURAMENTE
(AHOGADO)”
(Este loco cual vácula viviente estuvo gritando hasta quedar ronco como el loco del puente en París Texas, entre el zumbido de la carretera y su voz repiqueteaba gutural la silueta humana del porvenir de la tarde).
Esta ciudad ha construido la paranoia haciendo sus listas negras a los que visten de negro.
Los que van al cementerio el 11 de septiembre, yo nací el 9 de septiembre, los que usan tatuajes, me bañaba desnuda en los espejos de las fuentes de la ciudad, pero no era eco, los que viven en La Victoria, mis amigos, que viven el apartheidchileno, tienen que cruzar la calle cuando ven a los rascarricos. Los que viven en La Legua, temidos más allá del pueblo sin ley, yo dejé mis visones lingüísticos, feminísticos, regurgitándome en mis voces antiguas arcaicas y novedosas, buscándome siempre en otras lenguas angulosas de lo feminil, los que viven en las villas, no tengo amigos de villas, ni de condominios, soy de cara ancha, tengo el pelo negro mediterráneo amerindio, leo a Céline, los que tienen el pelo largo. He reconstruido mi viaje entre la ciudad donde fui concebida, Valparaíso y mi ciudad de Santiago. Entre ellas recorrí mi infancia, en torno a sus plazas, mi viaje literario tiene un especial callejeo primario en el cité frente a la Plaza Artesanos, construcción imitativa francesa, cerca de la estación Mapocho donde se estrechaba el camino con Valparaíso, hoy convertido en el mercado de la literatura. Lugar que le dio el famoso olor a pescado frito envuelto en papel de diario. Luego está La Vega recibiendo el perfume de las verduras y frutos de todo el país, al frente su mercado de mariscos, ya lo dije, las flores y los muertos antiguos, extrañas relaciones del eros. Allí está situada la casa de la tortura chilena, ¿recuerdan? En Borgoño 1470.
Los porfiados
Los que recuerdan
Los que piensan
Los que son escépticos
Los que están perdiendo el miedo
Un nuevo colonialismo nos resguarda.
Tiene olor a adrenalina
Tiene olor a papas fritas
Tiene olor a pollo frito
Tiene olor a hamburguesa
Tiene olor a Ketchup
Tiene olor a comida macrobiótica.
A las siete y veinte minutos p.m. cuando las nubes de octubre se han ido por el poniente y la ciudad comienza a vaciarse, se escucha un grito en el metro.
Santiago ha perdido sus barrios y remozado su olvido, entre sus jirones se ve en la muralla del bar New York, un afiche con el rostro de una mujer de un perfil clásico europeo, anunciando un “Aliviol” carcomido por las gotas de la lluvia, que revierten la mugre ambiental en el papel desgarrado.
Al otro lado del Parque Bustamante se está construyendo el edificio más alto de Chile, es de la CTC. Se parece a los picos gemelos de Nueva York. Se parece a los picos gemelos de Chicago, se parece a la serie de TV de Lynch. Es un celular gigante que recorta nuestra cordillera de Los Andes. Este es el panóptico de la ciudad de Santiago de Chile.
Entel es un penacho iluminado en el centro de Santiago, que hace destellar las sombras del invierno.
Santiago es una nube gris.
A las siete y veinte minutos PM cuando las nubes de octubre se han ido por el poniente y la ciudad comienza a vaciarse, se escucha un grito en el metro.
Son las cinco de la tarde, las nubes rosas van a dar al mar, a las siete de la tarde sombriamente, Santiago es recorrida en una sola dirección hacia arriba.
Las nubes rosas bordean al último cometa, se posa en el poniente mostrando su gran cola polar cubierta por una enramada nubilosa.
En octubre a las cinco de la tarde se ven las nubes de las que les hablo. Tiene que ver con la bajada del sol detrás de los cerros. Dejan escurrir los rayos que iluminando fragmentariamente los parques, iluminando sus tristes colores grises, iluminan su melancolía a eso de las seis.
En este centro de manifestaciones sociales y políticas, reverberaba una voz femenina que con énfasis y energía, apenas se oía entre la multitud de personas. Sin embargo, su voz se filtraba, por los huecos de la Alameda, golpeaba la Escuela de Leyes y vibrada movía la arboleda del cerro San Cristóbal. Daba unas vueltas por el Parque Forestal, silbaba a la entrada del Parque Japonés, caracoleaba en la tumba de Manuel Rodríguez y se devolvía hacia los vidrios de los edificios que rodean la plaza, yo la escuché decir estas cosas:
“Esta ciudad se ha levantado sobre la base de una nueva esclavitud.
Una esclavitud virtual.
Para que esta ciudad se levante ha debido hacerlo sobre el lomo de la pobreza.
Para que exista este burdel de maravillas ha tenido que hacerlo a costa de la humillación.
Para que esta ciudad se levante ha debido pisar, para que pretenda ser ciudad del mundo ha debido matar.
Esta ciudad se ha levantado a puro pillaje.
Esta ciudad ha envejecido prematuramente a su juventud.
En esta ciudad ha surgido una nueva riqueza.
Ha surgido una rotada con plata.
Ha surgido una chulería con plata.
El simulacro de los posmodernos le ha servido a su nueva facha”.
Esta ciudad ha construido la paranoia, tiene olor a adrenalina, tiene olor a papas fritas, tiene olor a pollo frito, tiene olor a hamburguesa, tiene olor a kétchup, Chile entero huele a comida macrobiótica, tiene olor a harina de pescado, tiene olor a chingue, tiene olor de necesidad, tiene olor a chinche.
Esta ciudad tiene hambre vieja. Esta ciudad ha construido la pobreza.
La ciudad se levanta con lavado de dinero.
Fragmento de la La Cuarta, diario popular chileno. “Notorio aspecto de malandrín, sucio, moreno, delgado, mal vestido, de cabello largo desgreñado y duros rasgos faciales”: perfil de un delincuente nacional.
Se parece a un chileno,
Se parece a mi vecino,
Lo he visto en la calle,
Se parece a un profesor,
Se parece a un alcalde,
Se parece al que escribió el comentario.
Y la voz de la candidata continúa, con este viejo discurso: “Esta ciudad moral con la indigencia después de someterla la encierra en la cárcel.
Esta nueva rotada rica ha legalizado el robo, y la pobreza va a la cárcel por la necesidad social de una moral para la construcción de la indigencia.
En Punta de Peuco se ha terminado de construir una cárcel para el General Contreras, tiene guardia especial, tiene comida especial”.
“Vengan los cuervos, Chile es un gran panizo. A la chuña, señores, corred todos,
que todavía quedan migajas sobre la mesa”. (Vicente Huidobro)
Durante diecisiete años hemos sido gobernados por un dictador.
Llevamos diez años gobernados por un solo partido.
Tenemos un profeta que dice lo que dicen aquellos que no pueden decirlo.
Tenemos un poeta que no dice lo que dicen que quieren que diga.
Tenemos un diario que cubre todos nuestros intereses.
Tenemos algunos recuerdos que han sido olvidados.
Tenemos todo lo demás que podamos imaginar.
Todo lo que podemos imaginar es lo demás. Hace un cuarto de siglo que veo el mismo noticiero con el mismo rostro.
El mismo conductor del único festival nacional.
Don Francisco tiene que reconocer que la eternidad existe.
Esta es una página blanca, la blancura es signo de pureza, ninguna letra podría mancharla, no bastaría su grafía.
Esta página representa el occidente, podría citar al blanco de la página en blanco, incitación mallarmeana del silencio en esos espacios sin habla, interrogación simbólica de la memoria de la lengua. Aquella necrosis lingüística de la memoria. Pero esta página es su pátima blanca de la memoria chilena. Es su historia literaria chilena. Ningún agente la ha ensuciado, por eso se conserva blanca y pura. La pureza de lengua ha querido detener su memoria.
Esta página blanca quiere, a lo más, ser su pecado original. La poesía chilena es blanqueada en la cordillera de Los Andes, lleva un penacho blanco en el pico más alto de nuestros Andes. Sus áreas verdes son su edén y su arte es pulido hasta relucirlo como su espejo. Una letra bastarda mancharía esa estética. La literatura nacional es narcisa y tiene una hilera de nombres masculinos, tiene la confirmación de una firma masculina, es sexuada.
La literatura chilena es macha y su estética es occidental.
“¡Pobre Chile! Un país que ha tenido por toda industria el aceite de Santa Filomena y los dulces de la Antonia Tapia”.
(Vicente Huidobro)
Es la última marcha del milenio a estas horas, a pocos momentos del fin del siglo, aunque parezca apocalíptica, quizás el último minuto, los gritos de los últimos sindicalistas, de la última mina del carbón en Lota.
Aquella que dio que hablar. Aquella que hizo añicos los pulmones de esos hombres que se parecen a todos los hombres del 1900. Aquellos que fueron narrados en las novelas Germinal, Subterra y Subsole encima de los carros negros que entraban a la mina del carbón, y más allá, debajo de un cielo más azul que el mismo azul, aún se conserva vivo el jardín botánico en la casa del dueño de la mina. Tiene flores exóticas y coloridas, tiene la flor de loto, abedules, bugambilias, dalias y madreselvas, alborotos de flores en flor, abajo, anfitriones germinales y más abajo, en los cuartuchos de las casuchas, se ven los chiquillos con los mocos colgando, en los bebederos de caballos donde comparten el agua, refregando la negrura del carbón con las manos rojas, las mujeres de los mineros. Tal vez esta palabra se borre en el vocabulario del nuevo milenio.
Hoy día miércoles del invierno de julio a las siete y media de la tarde, llegaron a gritar el último grito de la mina, frente al Palacio de la Moneda. Y los hombres de verde con cascos especiales, bototos especiales, guantes especiales, trajes especiales, inauguraron las bombas especiales del nuevo milenio.
Se parece a las últimas marchas de los jubilados en la Argentina, se parece a la última matanza vía satelital del Perú, se parece a la globalización de las imágenes finiseculares, se parece al fast trackcultural del milenio, se parece a la voz reverberada intercontinental que jubila el siglo. Se parece a su última enfermedad.
Cuando chica me aburrí de la escuelita porque allí me enseñaron a amar y a comprender al que había saqueado mi tierra y asesinado a mi madre y a mi hermano y a mi hijo. Me enseñaron a ser traidora de mis causas y me educaban porque así justificaban sus formas abstractas con una regla en la cabeza o tirándome las crenchas, creando una mística sobre sus héroes.
Esos payasos que están en todas las plazas haciéndonos creer que nos salvaron de no se qué terror. Nos enseñan a adorar sus dioses, su estética, esa nombrada belleza. Me mostraron lo que es feo, la mugre, la mierda, la pobreza, la humillación, por eso me retiré de la escuela. No necesito escuelas para saber de estas cosas, porque yo vi cuando mataron a mi hermano porque se cruzó en la calle a la misma hora que transitaba un hombre blanco. Lo mataron entre varios y se lo llevaron en un auto y lo tiraron por ahí, como a un perro, porque era nativo. Y eso permitió que por primera vez después de siglos nos levantáramos.
Esa canalla viene a imponerme sus leyes y su lengua. Esa canalla neocolonial quiere encerrarme en mi país, tranca su puerta y me tira perros adiestrados. Esa canalla quiere que yo sea extraña en mi casita.
Esa canalla viene a quitarme mi espíritu.
Joan.
* Historia cinematográfica de los pueblos del norte de mi sur, cuando se levantaron, narrado por “Ojos de Ardilla”.
Dos enes ocuparon mi ciudad sitiada. N.N. fue escrito en el patio México del Cementerio General. N.N. fueron las bolsas de plástico en el fondo del mar Pacífico. N.N. fue la mujer ensacada del norte. N.N. diseminado en la torre de alta tensión. N.N. fue la transmisión oral y clandestina. N.N. tuvo la familia chilena. N.N. transformó la prensa nacional. N.N. se borró en el Registro Civil. N.N. se quemó en la ley. N.N. hizo regional tu nombre. N.N. fue el prisionero de mi memoria. N.N. fue el simulacro de tu nombre verdadero. N.N. te hizo irreal. Una envestidura de cal ha engastado tu nombre.
Si te encontrara escribiría solamente N.N. en las cortezas de los árboles; enamorada hasta encontrarte, dibujaría corazones en el aire con tu nombre. Y mi lengua diría: N.N. hasta despapilarse. Se despedraría por un beso tuyo. Un beso más en mi lengua rendida la haría aullarte. Y quizás ahuyentándote, agotaría su reserva salival y rayaría en el norte tus iniciales. Raparía N.N. en mi nuca. Borraría N.N. en mis muñecas.
Haría que no dejara de rumiarte porque mi cama está caliente. Usaría radicalmente tu nombre completo. Te nombraría tal vez, de una forma furtiva y a toda prisa viviría solo por eso. No para que volvieras, sino para que yo volviera. Por eso y solo por eso, haría una legua de nombres en mi sur. Con tu nombre borraría el Sur. Con tus iniciales haría una escritura de la ausencia. Con tus huellas reharía la caminata de mi vida. Encima de tu cuerpo me restregaría hasta sentirte. Encima de ti reanudaría aquellas escrituras muertas. Encima de ti retrasaría la hora. Así, esta pasión de encontrarte haría pública tu ausencia. Así, esta pasión haría pública la inhibición de haberte perdido, irremediablemente. Mi memoria recorrería nuestro desorden. Móvil, con un invisible ademán te diría: adiós amor mío. Así de enamorada, vería vertiginosa descorrer nuestra historia. Tu oreja en la postal de la muerte. Aquella frenética ilusión de progreso. Aquel desenfadado ideal. La misteriosa soledad de un privado. La engastadura de un anillo de bodas. Nuestro perfil fotográfico de familia onerosa. Los pasajes de Goulag, Vietnam, Cuatro Álamos y Campos de Marte.
Yo y tú sin retorno apasionados. Yo y tú, huéspedes de una morada imaginaria. Tú y yo enamorados. Yo en el mayo de las flores. Rehenes. Morando el olvido te diría una noche que no te lloraría, porque si no estuviera viva, quién respondería por nosotros. Quién podría reconocerte si no yo. Quién impediría negociaciones en tu nombre. Quién podría privatizar nuestra fragorosa memoria. Quién te habría llevado atado en mi cuello, sabiéndote ido. Quién me habría humillado, una vez más. Quién viviría inalterable esta osadía de vivir una lengua exiliada, el atrevimiento de nombrarte y hacerte vivir en la muerte. Vivirte me haría escribirte, me haría decir: que nunca te has ido.
Mi osadía ha sido pensar lo imposible.
“A nosotros nos parece que nunca habría existido el más mínimo Goulag, si las víctimas hubiesen tenido el discurso que tienen hoy día los que lloran sobre ellas”.
G. Deleuze.
(SU DESTINO FATAL; SU RUINDAD)
1994
A La Santa Maradona se le cayeron las lágrimas en una esquina de la cancha por usar un jarabe para la gripe en el mundial de la danza de las bolas. Más que un ídolo de rock, La Santa mezcla sentimientos entre estética y ética, en el apartado solitario de los terminales de fin de siglo. La imagen de La Santa arroba, llorando con el aro en su oreja gaucha.
La Santa rebasa la imagen de la misma Santa, magnetizando con su energía la alegría de un gol en una histeria o la pérdida en una derrota letal. Frenéticas victoria y derrota abrazadas, en esa imagen llorona en un rincón de la cancha. Tal vez el juego de las pelotas va mucho más lejos. Quizás, donde las apuestas sobrepasan el desenlace, deba ser donde La Santa gane, para que todos gocen, o donde pierda La Santa, se pierda todo. Porque en esa apuesta, de peón a paje en una coincidencia insondable, se va la vida. Así el juego en su deseo de ser puro juego es la histeria solitaria y febril. De ese modo, la Argentina saluda a su héroe Maradona.
Imagen televisiva del principio de la derrota chilena en el mundial de los goles, por allí a principios ¿de los 90?, no ¿en los 80?, tal vez ¿en los 70?
¿Te acordai, Cóndor chileno Rojas? Cuando te pasaste de pillo, delante de todo el mundo queriendo ser ganador sin dote y a los chilenos se les nubló la imagen y te castigaron feo, por ser leso vivo. Es así querido Cóndor Rojas, nadie te salió al paso para darte un apretón de manos. Erraste y cagaste no más mi amigo, Maradona es nuestra diferencia, ¿cachay? Cansado y adicto, simboliza nuestro desgaste. ¡Benditos traidores de sí mismos! Develados como malos pillos, Cóndor Rojas y Maradona, malones para buflear; ídolos pillados y paganos de la imagen latina. Tú y Maradona tienen una diferencia más allá de las pelotas y los goles. Tú Cóndor Rojas chileno, naciste pintado para perder. Nuestros vecinos convirtieron en un instante una totalidad de fracasos en triunfos. En segundos borraron la sanción popular en una complicidad no moral. Coludidos La Santa y la hinchada popular, pillados en falta.
La Santa Maradona llora en un rincón de la cancha, y sus lágrimas ponen en remojo el vidrio de la pantalla. Esta virgen de los caídos llora su falta por la pantalla de la televisión mundial; fogosidad ebria y pasional, doblándole la mano a la hipocresía villana.
Mi querido Cóndor Rojas, tuviste que volverte con la cola chamuscada entre las manos, por pillo, solamente con las patas y el buche y te castigaron feo, por mostrar la hilacha, fatalidad justificada en este ser chilenito y su destino no fatal. Por eso nadie te salió a vitorear puh Cóndor, porque tu pillería salió a color en la TV. Y, querido Cóndor, guardando las diferencias entre tú y La Santa, nadie dijo nada a tu favor, excepto Diego Armando Maradona.
Son las siete de la tarde y aquí donde yo vivo de tiempo en tiempo nuevos locos se allegan a la Plaza Italia, porque esta no es una plaza habitual como las antiguas plazas provincianas y coloniales, donde el revuelo romántico crujía en la enagua casadera.
Aquí, torpemente, es el cruce que revienta el corte en el tajo de la ciudad.
La obrera loca travestí es una aparición medieval, como un cuadro de Pedro el Viejo que ha pintado en su rostro el hollín de la era industrial.
Y en el delantal gris, la resta de una obrera vieja del 1900. Ha fijado en su boca la anchura gruesa línea de la violencia; tributo pagano que la loca obrera ha debido sumar para cruzar estas cuadras como una loca venidera del otro olvido.
Cuando dan las siete de la tarde y la muchedumbre puebla pasajeramente, huidiza este centro para vaciarlo,
entremedio de los ciudadanos, de todo y de nada,
sin merecerlo, una figura desfocada de loca obrera
con los ojos perdidos en el abismo insondable,
hace su aparición siniestra en la lírica mirada de estos fríos y húmedos inviernos del modernismo.
La loca trágica desnuda la miseria pasajera de la calle,
cuando cruza por Baquedano. –Allí va la Güipil de la Plaza Italia–.
Esta es una loca travestí fantasmal, que recuerda las uniones obreras de principios de siglo y que perfectamente podría, sin proponérselo, convocar a los nuevos humillados de este final.
Nómade urbana, atraviesa sin miedo entre las gentes,
perpetuando el sarcasmo y ruin fracaso y húmedo y siniestro espectro de ciudad nueva.
¿Por qué atajos lúcida y esplendente traiciona estos donaires citadinos con que el nuevo lujo atavía de palmeras sus centros y de resorts nuestras laderas?
Errante y nuevo susto atávico del porvenir.
Se oye el canto de una jilgera nueva haciendo chirriar
las ondas atmosféricas de este pequeño y gran centro de la ciudad.
Pasa con un gorro de guagua entre las pieles de las señoras que entran a la ópera del teatro Baquedano,
cual cuáquera morocha, o amanita del siglo XXI,
perdida en la acera sur de latinoamérica.
Lleva puesto un delantal gris oscuro, manchado de carbón de Lota como última carbonera de las minas traicionadas por el World Trade Center y el fast track del norte.
Aparecida germinal, o presa morena sionista de Auschwitz,
pasa por el carcaj metálico del ruido de las joyas,
sin mirar el pendón, nuevo celular que ilumina
desde lo alto, el dios de las almas nonatas necesitadas y
errabundas.
Cruza el tráfico la jibarita, empujando su carrito metálico del mercado vacío, entre las siete y siete veinte de la tarde.
Se ven pájaros en Santiago,
se ven pájaros migrando en Santiago
mirlos ocupando nidos ajenos,
chercanes tan chilenos,
tan de suyos y la diuca chinchorra viene del sur cautelosa.
Se ven en el cielo pájaras al lado de las nubosas tardes,
chincoles ala con ala,
en las antenas de los edificios.
En el río Mapocho una garza blanca perfila misteriosa entre las piedras. Y en las ramas densas del follaje del Parque Forestal
asoman tiuques y queltehues.
No es necesario glosar el sur de los pájaros,
si desde mi ventana los veo cruzar en bandadas a anidar más al norte. Gaviotas y más gaviotas pasean, por el Zanjón de la Aguada hasta el Mapocho.
Y más allá donde el borde es la periferia,
y habita la entrada de la pobreza,
donde se pierde el verde cuidado de los prados del centro o de los condominios con parrones y sus regias casas de campo,
en la ciudad,
habitados por los pocos alternativos
que solo les queda el encanto de amar la naturaleza y lo chileno,
allí también los pájaros anidan y comen y cantan
y cagan un mojoncito blanco.
Chirihues, diucas y jilgueritos semillean por la periferia de la ciudad.
Y cantan para que la gente los escuche y digan
que por allí los pájaros no les temen.
Y el fío fío anida el territorio.
Juan D. registraba todo recopiando estas imágenes, recoloreando esos rostros mestizos, dibujando inteligibles nuestros ojos achinados. Ojos chinescos como cúpulas orientales. Juan Dávila recopiaba unos pómulos altos engastados como planicies cóncavas, poniéndole un color cetrino, aceitunado, un negro decolorado antes de la oscuridad, un negro, un negro de sol después del amarillo, un color jaspeado por el sol –sur de latinoamérica–. Después de varias cruzas pintó el sueño de Bolívar y retocó una utopía lijada en los colores de las iglesias barrocas del siglo XVII. Le puso mis senos al prócer porque esa noche yo era la única que tenía tetas, y le agregó un sexo al héroe del sueño latinoamericano. Al lado le hizo un hoyito, un huequito con su mano, un guiño a nuestros escépticos sueños.
Esa noche, motivo de otras noches, Juan D. buscaba mi boca y se encontraba con la boca de Pedro. En ese juego de espejos Juan D. buscaba un destino mestizo, un destino chinesco, una mezcla criolla. Y encontró en mi boca el lagar salobre de la machi. En las dos bocas provocó la ruptura: vacío de mil bocas repentinas. Y las repintó como granas carcajadas sin poder dramatizar aquel momento que por entremedio de las comisuras, escurría toda la risa inquilina de los dominados que vuelven la boca profanada de Simón Bolívar al primer mundo su propia postal:
Su retocada.
