Nefelibata - Cristina Bupo - E-Book

Nefelibata E-Book

Cristina Bupo

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Beschreibung

Tal vez algún día suceda. ¿Por qué no?, tal vez algún día encuentre esa persona diferente. Pasaron los ocres de otoño, las hojas secas crujieron bajo mis pies en el camino que siempre recorría, pasaron las lluvias, las nieves de invierno, acurrucada en un abrigo y resguardada con mi soledad. Los vientos de primavera, los brotes en flor llenaban el camino de alegría, los senderos regalaban lánguidos momentos y las penas se escabullían en Gaia y se transformaban en galerías plenas de verdor, repletas de mariposas que colmaban el aire. Desfilaron los días de verano, volvieron los ocres de otoño y los vientos del invierno peinaron los árboles en primavera. En cada estación había palabras escritas activas volando entre los árboles, lanzándose amalgamadas con historias de despedidas y ausencias. Y la soledad como eterna compañera. El corazón latía con fuerzas acelerando el momento del adiós, de ese amor inconcluso, de ese amor que no fue. Tal vez algún día suceda, tal vez algún día alguien me escribirá un poema.

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Seitenzahl: 121

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Ilustración de tapa: Jorge Aravena.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Bupo, Cristina Nora

Nefelibata / Cristina Nora Bupo. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

158 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-296-5

1. Antología. 2. Poesía. 3. Relatos. I. Título.

CDD A860

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

Tinta Libre no se responsabiliza por la corrección textual de la obra ni por los errores ortotipográficos y gramaticales que pudieran leerse. El presente libro se publica fiel al manuscrito original entregado por el autor, bajo su pedido explícito de respetar la obra textualmente como fue escrita. El autor se responsabiliza por la corrección del texto de manera independiente y ajena a la editorial.

© 2023. Bupo, Cristina Nora

© 2023. Tinta Libre Ediciones

Dedicado a:

A mis hijos, María y Juan, fundamentos de mi vida.

A mi mamá, siempre conmigo.

A mi papá, que desde un lugar en el cielo me mira.

Para todos aquellos que me acompañany están siempre a mi lado.

Prólogo

Sencillas y sinceras palabras para este nuevo libro de Cris Bupo.

Algunos se preguntarán cuánto se trabajó, amasó y soñó con este “Nefelibata” ahora en sus manos.

Mi respuesta es, mucho tiempo, tardes de taller, tardes de silencios y abandono de otras actividades o deseos y “me voy…”

Pero no fue así, primero escribir, leer, crear y corregir muchísimo.

Un libro que consta de dos partes, Amor y Misterio.

Ese amor que la autora idealiza, ese sueño o ensueño que hombres y mujeres “creamos”. ¿Existirá?

Cada lector tendrá su propia respuesta. Cris ama la belleza, las luces otoñales, las noches estrelladas, un espíritu de esoterismo “vuela” en sus escritos.

En cuanto a “Misterio”, considero que los miedos ancestrales, esos que desconocemos y nos tientan, esos bosques o prados, esas casonas antiguas, alguna vez ella conoció en otras vidas y por ello pudo plasmarlo en letras.

Su escritura es clara, no críptica, pero el tono es sostenido y de un marcado lirismo.

Nada entrega al azar, la musicalidad y las reiteraciones fueron planeadas.

Como lectora y correctora paseé mis ojos por ellos variadas veces que se convirtieron en semanas y meses.

Pongo este libro en vuestras manos y ya sabemos “La lectura es una felicidad, nunca una obligación” (Borges).

Ojalá sea parte de esa abstracción a la que bautizamos con ese nombre.

Cristina Lescano

AMOR

… estos ojos hambrientos, me desnudan de mí… me levanta hasta los quietos cielos… hasta las cimas de los besosla plenitud del mundo y de tus formas bajo tu clara sombra.

Octavio Paz

Distancia encontrada

Solo nos separamos para reencontrarnos.

John Gay

Una vez, hace tiempo me dijiste “el amor siempre gana”, sin embargo, con nosotros no ganó, perdimos.

Y aquí estamos, sin pretenderlo, viajando los dos en el mismo avión, de regreso a nuestra tierra.

¿Cuánto hace que no nos vemos? ¿Veintisiete años?

Mucho, hemos cambiado seguramente, pero nuestras auras se reconocen, se encuentran más allá de todo.

Me contaste que volvías a ver a tu madre y que hacía tiempo estabas instalado con tu familia en España.

Yo, en cambio, había ido a realizar mi sueño, un pequeño viaje a Europa y de regreso a la rutina.

Había silencios, mas, las miradas decían todo.

Tus ojos verdes leían mi alma y la mía descansaba en la tuya.

Llegamos al aeropuerto. Nadie nos esperaba. Había alquilado un auto para regresar a mi casa y te invité a que viajáramos juntos.

No me esperaban. Hacía tiempo Raúl y yo habíamos decidido separarnos.

A José tampoco lo aguardaban, sólo iba a instalarse un tiempo en su casa de infancia. La vida con su esposa no estaba bien, y este período con su madre, les servía para decidir qué harían con sus vidas.

Antes de subir al auto, me besó profundo, sentimos al amor reflotar en nosotros.

Hicimos un alto y descansamos en una cabaña que había en el camino.

Los casi treinta años de distanciamiento, parecían no serlo cuando las manos acariciaron y nuestros cuerpos se unieron en una orgía de pasión.

Volvió a nacer en el alma esa comunión que siempre estuvo en su corazón y el mío.

No sabemos qué pasará después, pero de nuevo éramos nosotros dos contra el mundo.

El amor no muere

Y me da igual donde estemos porque estoy en tu alma y tú en la mía.

J. Walker

Recordar tus manos, tu voz, tus besos, tu calor, esa pasión en nuestros cuerpos unidos, en la afinidad de nuestras almas; partiste sin decirme adiós, partiste en la soledad de tu habitación.

No me dejaste despedirte ni besarte.

Las calles están solitarias sin vos, las aves a las que te gustaba escuchar ya no cantan y vuelan alto buscando tu sombra.

No puedo encontrarte tras ese mármol blanco con flores nuevas cada día, poblado de mariposas que colorean el espacio y reposan sobre mí.

Te extraño, tu cuerpo junto al mío, tu piel contra mi piel; la calma al descansar tu cabeza en mi regazo sobre la fresca hierba de verano.

Es difícil reescribir una nueva historia sin que seas parte de ella. Es difícil armar nuevos recuerdos, nuevos momentos. Una parte de mi alma voló junto a la tuya, partiendo mi corazón en astillas.

La pena camina a mi lado por el sendero árido cuando voy a verte y regalarte flores.

Recostada a tu lado puedo imaginar que, en el césped, al sol me tomas la mano, apoyas tu cabeza en mis piernas y acaricio tu cabello, eso que llenaba nuestra alma.

Las arrugas surcan mi rostro, pero el brillo en la mirada seguirá siendo igual cuando te encuentre.

Sabemos que donde estemos mi espíritu estará en vos y el tuyo en mí, como siempre fue.

Hasta la eternidad.

Ensueños

Sólo en sueños podía besarla, y despertar era un infierno.

Leunam

Las manos avanzaban por mi cuerpo desnudo, y su boca lo recorría en cada espacio, dando a mi piel una gran vibración desde el cáliz que horadaba hasta los pechos que, turgentes, se agitaban en ritmo acelerado, pero desperté, cuando llegábamos juntos al clímax.

El sueño se repetía una y otra vez.

Mi cama amanecía húmeda con el sudor de mi propio cuerpo, despertaba con una sensación de ahogo, mezcla de placer y angustia.

Nunca podía ver su cara.

Pensé que una ducha me calmaría, pero seguía dando vueltas en mi cabeza una sola idea: saber quién era la persona de mis sueños.

Y lo peor es que ¡lo disfrutaba!

Comencé la rutina diaria en mi trabajo sin variaciones.

Al llegar a casa me serví una copa de vino y la saboreaba sentada en mi balcón observando la luna, mientras paseaba por el manto negro de la noche.

Nuevamente, el sueño, disfrutaba de sus manos, de su boca y el placer recorría mi cuerpo, pero no le podía poner un rostro a esa ensoñación.

Estaba en mis tareas, cuando un hombre se acercó a preguntar algo sobre una documentación que debía retirar, le respondí casi sin mirarlo; cuando levanté la vista me encontré con unos ojos cristalinos, que me desnudaban con la mirada. Me sobresalté, y él también dio un pequeño respingo, diciendo:

—¡Sos vos!

—¿Quién soy? —pregunté, sabiendo en cierta forma de lo que hablaba

—No, disculpa, no lo entenderías —dijo como cerrando el tema.

—Te sorprenderías —repliqué.

Sus documentos no estaban listos, pasaría a retirarlos otro día.

Esa noche, sentada en mi balcón, pensaba en ese hombre y en la extraña conversación que tuvimos, intenté olvidarme, me concentré en unos escritos para el día siguiente y me fui a dormir.

Por supuesto, soñé de nuevo, y sin darme cuenta me entregaba al placer, al goce que sentía, descubrí las mismas manos, la misma boca y esa mirada que se clavó en la mía, me desperté por la sorpresa.

Esperé todo el día que apareciera en la oficina; al final de la tarde llegó, me miró sonriendo y sus ojos eran los de mis sueños, dijo:

—Creo que debiéramos tomar un café.

Sin pensarlo, acepté y nos encontramos a la salida de mi trabajo.

Solo sabía que su nombre era Manuel.

Conversamos de nosotros, de la soledad, de la independencia, y a veces, de la necesidad de compartir con alguien lo diario de la vida. Entonces, sin rodeos me preguntó:

—¿Soñás? Es decir, ¿tenés sueños vívidos?

—Sueño, sí, y últimamente sueño siempre lo mismo, ¿a vos te pasa?

—Sí, el mismo sueño que el tuyo, ¿gozas?

Me dio vergüenza responder esa pregunta, y no le contesté.

A pesar de seguir soñándolo ya con una cara y un nombre, acostumbramos a salir para conocernos más.

El amor fue creciendo en nosotros, la pasión ardía en la piel.

Sus manos me recorrían mi cuerpo desnudo, y su boca horadaba en cada rincón de mi cuerpo, acariciaba su espalda y su virilidad encontraba mi cáliz recibiéndolo.

Amanecía. Al abrir los ojos sonreímos, al reconocer que la premonición de los sueños se había convertido en realidad.

Fruto prohibido

La peor forma que encontrarás de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.

Gabriel García Márquez

La lluvia arreciaba haciendo danzar los árboles en el camino.

Jamal. luchando contra el viento, protegía los caballos y limpiaba la escalinata que daba entrada a la gran casona blanca.

Los nubarrones eran cada vez más negros como la tez del joven que, con botas de lluvia cruzaba los charcos que se formaban en la tierra.

Por el sendero, salpicando barro, llegó veloz un carruaje en el que iba Emile.

Cuando aparcó frente a la puerta, Jamal se apresuró a ayudarla para cubrirla de la fuerte lluvia. Ella le regaló una sonrisa que iluminó su día.

Los jóvenes, desde niños, jugaban juntos sin distinguir razas, ni riquezas. Jamal le enseñó a cabalgar, a pescar en el río cercano y areír cuando se escuchaba a la madre gritándole que era una niña, cuando regresaba con sus primorosos vestidos embarrados.

Emile adoraba a su amigo. Él había sido dueño de su primer beso, dado a las apuradas y escondidos en el bosque de la familia, pero no era lo que esperaban de ella.

Aleccionada por una institutriz y luego de un año en un colegio de señoritas donde la educaban para la alta sociedad, retornó, mas nadie podía dominar su alma salvaje y libre.

Corría el tiempo en que se había abolido la esclavitud, pero Jamal trabajaba en la casa, como toda su familia y sus ancestros.

Emile salió a cabalgar, se había convertido en una joven hermosa, de brillante mirada verde y su cabello del color del trigo sujeto en un pequeño rodete, acentuaba su belleza.

Jamal la acompañaba siempre a caballo, al dejar atrás la casa, ella liberaba su espíritu bravío y cabalgaba hasta dejar suelta su cabellera que caía como una cascada de color del sol.

Esa tarde, los dos conocieron el deseo y la pasión de uno por el otro, hicieron el amor en un recóndito lugar, donde pudieron expresar sus sentimientos, vibrando el cuerpo y el corazón.

Días después, por la noche, había una gran fiesta en la casa grande, se anunciaría el compromiso de Emile con un hombre de la elite. Ella estaba desesperada, porque más que nunca, sabía cuánto amaba a Jamal, único amor de su vida.

Vestida ya y por entrar a la fiesta, escapó, corrió como nunca antes, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, entonces escuchó una carreta. Jamal la buscaba y la ocultó.

Huyeron juntos. Nunca más se supo de ellos.

Dicen que, en un pueblito de Europa, en una pequeña granja, vive una pareja. Ella es luminosa como el sol, con cabello largo, rubio y ondulado, en cambio él es de tez oscura, y sus hijos son maravillosos mulatos con ojos idénticos a los de su mamá.

Hombre niño

Creo que tuviste un incipiente temblor, mi mano te recorrió. No me dejes. Ríos de tiempo nos unen.

Cristina Lescano

Lo difícil para el niño que eres y fuiste; pues en tu interior sigue viviendoysufriendo por lo que no fue. Así se presentó tu vida.

Un hombre de ojos color miel, sonrisa descarada y mirada seductora.

Un hombre que me recorrió con sus dedos temblorosos para remontar juntos miles de vuelos en colores.

Un hombre que descubrió y dulcificó mi inocencia, mi ingenua pureza.

Esas manos que me hacen estremecer, cuando recorro los lugares por los que transitamos para sopesar y huir en un río de penas el pasado y el presente, para volver a caminar con mis besos tu cuerpo, tu cara, tus manos.

Un hombre niño, ese que vive en tu alma, el que despierta tu corazón y sigue llenándote de matices, de barriletes que trepan entre las nubes, y escuchan tu risa en el aire.

No me dejes, vuelve a mí.

Mi niña y tu niño viajan por caminos de arco iris y sienten los sueños cumplidos.

Registro en mi cuerpo tus caricias trémulas que aun lo recorren y en tu cuerpo mis besos amargos no dados por el dolor de un corazón herido.

Hombre niño que recorres el camino, luz de amor, de pasión y deseo, espérame cuando partas, espérame para compartir la ternura que me enseñaste una vez.

Ríos de tiempo nos unen.

Ríos de distancia nos acercan.

Ríos de amor nos hacen uno.

Noche sombría

Vivimos esta vida como si lleváramos otra maleta.

Ernest Hemingway

Noche cerrada.

Las calles mojadas por la lluvia reflejan las luces opacas que apenas ayudan a vislumbrar el lugar sumiendo en la oscuridad el resto de la calle.

Se escucha el taconeo y el agua cae como pena, igual que la de mi alma, y la de las lágrimas sin tiempo que corren por mi rostro.

Aunque hayas tratado de callarlo, lo tengo presente en cada momento de mi vida.

Aquella noche, cuando te encontré y movías tu cabeza como alejando recuerdos que nos desunieron y nos volvieron a unir en el macabro momento de las cruentas imágenes que me persiguen.

Tras meses de un tiempo que no fue olvido y que nunca lo será.

Me acurruco aún más en el piloto que me cubre de la lluvia que cae copiosamente como aquella vez.

Los relámpagos rememoran los fogonazos de las letales armas de aquel día.

Letales. Mortales.

La cruda realidad de correr contra el viento con los ojos empañados y con el miedo en el corazón.

Borré de mi vida esa fatídica noche.

Borré de mi vida la de Hernán, caído, sangrando con su mano inerte en la mía.

Nunca podría olvidar.