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En las sombras de la antigua biblioteca, donde los libros antiguos susurran, secretos olvidados y pergaminos guardan los misterios del pasado, se encuentra una historia que trasciende el tiempo y el espacio. Es la historia de un viaje interior, un viaje de descubrimiento y redención que se desarrolla entre las páginas de un libro singular. No lo leas (Descubre el secreto que ignoras... pero no puedes resistir) Este relato nos lleva a un mundo donde las verdades se entrelazan con los sueños, donde la fe se enfrenta a la duda y el perdón emerge como el puente que conecta el pasado con el presente. A través de los ojos del viajero Alexander, somos testigos de un viaje que nos lleva desde los oscuros rincones del corazón humano, hasta las alturas iluminadas de la compasión y la esperanza. En las páginas de este libro encontramos personajes cuyas vidas están entrelazadas por el destino y cuyos caminos nos enseñan lecciones profundas sobre el amor, la fe y la redención. Desde la monja renegada que busca la luz en medio de la oscuridad, hasta el ermitaño sabio, cuya sabiduría trasciende el tiempo, cada personaje aporta una pieza única a un rompecabezas de esta historia épica. Así, les invito a sumergirse en las páginas de No lo leas y acompañar al viajero Alexander en su búsqueda de la verdad y la redención. En este mundo de palabras e ideas, encontrarán, no solo un relato, sino una experiencia que resonará en sus corazones mucho después de haber cerrado el libro.
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Seitenzahl: 70
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Rous Pérez Martínez
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de cubierta: Rubén García
Fotografías de cubierta: Carlos Santana de Love and Roll
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-931-2
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PRÓLOGO
En las sombras de la antigua biblioteca, donde los libros antiguos susurran secretos olvidados y los pergaminos guardan los misterios del pasado, se encuentra una historia que trasciende el tiempo y el espacio. Es la historia de un viaje interior, un viaje de descubrimiento y redención que se desarrolla entre las páginas de un libro singular: «No lo leas».
Este relato nos lleva a un mundo donde las verdades se entrelazan con los sueños, donde la fe se enfrenta a la duda y donde el perdón emerge como el puente que conecta el pasado con el presente. A través de los ojos del viajero Alexander, somos testigos de un viaje que nos lleva desde los oscuros rincones del corazón humano hasta las alturas iluminadas de la compasión y la esperanza.
En las páginas de este libro, encontramos personajes cuyas vidas están entrelazadas por el destino y cuyos caminos nos enseñan lecciones profundas sobre el amor, la fe y la redención: desde la monja renegada que busca la luz en medio de la oscuridad hasta el ermitaño sabio, cuya sabiduría trasciende el tiempo. Cada personaje aporta una pieza única al rompecabezas de esta historia épica.
Así, les invito a sumergirse en las páginas de No lo leas para acompañar al viajero Alexander en su búsqueda de la verdad y la redención. En este mundo de palabras e ideas, encontrarán no solo un relato, sino una experiencia que resonará en sus corazones mucho después de haber cerrado el libro.
«No lo leas»…
Con frecuencia, escuchamos la afirmación «Yo creo, pero no practico» en boca de aquellos que hablan sin analizar. Es común escuchar esa expresión. A veces, las personas pueden tener creencias, pero no llevarlas a la práctica en su vida diaria. La frase «Yo creo, pero no practico» sugiere una brecha entre las creencias de una persona y sus acciones. En muchos casos, implica que alguien puede tener convenciones o principios, pero no los implementa o sigue en su vida diaria. La práctica podría referirse a aplicar esas creencias en comportamientos, decisiones o acciones coherentes con lo que se prefiera creer.
Las creencias pueden abarcar una amplia gama: desde valores éticos y morales hasta opiniones sobre la vida, la religión, la fe, la política y más, que varían según la persona y sus experiencias. Al decir «Yo creo, pero no practico», alguien puede expresar que tiene ciertas convicciones, pero no refleja esas creencias en su comportamiento cotidiano. En el contexto de las creencias en Dios, la frase podría indicar que alguien profesa tener una fe o creencia religiosa, pero no necesariamente refleja esas creencias en su forma de vivir o tomar decisiones. La práctica podría referirse a seguir los principios y enseñanzas de su fe en la vida cotidiana. Es una dicotomía que algunas personas experimentan entre sus creencias religiosas y sus acciones concretas, pero a veces hay confusión porque creen que practicar es ir a la iglesia o al templo o seguir a sus líderes o pastores o clérigos.
Es cierto que algunas personas pueden asociar la práctica religiosa principalmente con actividades específicas como ir a la iglesia o a los templos o seguir a un líder religioso. Sin embargo, la práctica en el contexto religioso puede abarcar mucho más, incluyendo la aplicación de principios éticos y morales en la vida diaria: la búsqueda de la compasión, la honestidad, el respeto hacia los demás. La confusión a veces surge cuando se limita la práctica religiosa a rituales formales en lugar de incorporar los valores en la vida cotidiana.
PARTE 1 DESCUBRE EL SECRETO QUE IGNORAS, PERO NO PUEDES RESISTIR
Viajero
En el eco del tiempo, una frase flotaba en el aire polvoriento de la antigua biblioteca: «Yo creo, pero no practico». Aquellas palabras resonaban entre los estantes repletos de conocimiento, desafiando la inquietud con una dicotomía que habitaba en los corazones de muchos. Mis dedos impregnados de curiosidad danzaban sobre el lomo de un libro encuadernado en cuero que susurraba secretos antiguos. «No lo leas», advertían las letras doradas en la portada; pero esa prohibición avivó mi deseo de explorar más allá.
Entre las páginas desgastadas la historia de un profeta olvidado se revelaba tejiendo un hilo invisible entre las creencias proféticas y la realidad cotidiana. Así, mi viaje intelectual comenzó en este santuario de la sabiduría que desafiaba la brecha que separa las palabras proclamadas de las acciones realizadas. La penumbra de la biblioteca se convirtió en el telón de fondo de una odisea donde la dualidad entre creer y practicar se entrelazaba con la trama de la vida y el conocimiento.
A medida que avanzaba, el entorno de la biblioteca se desvanecía y me encontré inmerso en un reino de ideas y conceptos que desafiaban las bases de mi conocimiento. Cuestioné cada frase, cada revelación y, sin embargo, cada página me arrastraba más profundamente hacia un enigma espiritual que escapaba a mi análisis racional.
En este viaje, encontré a la monja renegada, cuyas palabras desafiaron un escepticismo arraigado. Sus ojos transmitían una certeza que, por un momento, eclipsó mi mundo de dudas. Junto a ella, el sabio ermitaño compartió secretos de la meditación profunda, una puerta a lo trascendental que apenas me atrevía abrir. La biblioteca dejó de ser solo un lugar físico y se convirtió en ese teatro de mi exploración espiritual. El libro marcado no solo hablaba de lo divino, sino que sus páginas también reflejaban mi propia búsqueda de respuestas. Mis propias preguntas resonaban en cada rincón de aquel reino literario y la prohibición inicial se desvanecía en comparación con la urgencia de entender. Así comenzó mi viaje entre letras doradas y susurros antiguos con la promesa de descubrimientos que cambiarían mi comprensión.
La biblioteca continuaba su metamorfosis: las estanterías se extendieron hacia el infinito. En un rincón olvidado del tiempo en mi mente, yo me encontraba suspendido entre lo terrenal y lo etéreo; me sumergí más profundamente en las páginas del libro prohibido. El retrato del profeta olvidado se convirtió en un río de imágenes simbólicas y metáforas que retaban mi comprensión lógica. Cada palabra era un destello que encendía la llama de la contemplación y me llevaba más allá de las limitaciones de mi pensamiento convencional.
En este viaje filosófico, la monja renegada se convirtió en una compañera de debates y reflexiones. Nuestras conversaciones vibraron en el aire, resonando con la tensión entre la fe y la razón; sus ojos transmitían una serenidad que enfrentaba mis dudas y su voz llevaba consigo la autoridad de quien ha encontrado respuestas en los rincones más oscuros de la fe. El sabio ermitaño, en silencio de contemplación, compartió enseñanzas sobre la meditación profunda. Aprendí que, a veces, la verdad no yace en las palabras escritas, sino en el silencio de las líneas en el espacio donde el pensamiento se desvanece y la intuición toma el timón.
El libro marcado, ahora mi guía en esta travesía espiritual, se revelaba como un espejo que refleja mis propios anhelos y cuestionamientos. Sus páginas se volvieron espejos en los cuales enfrentaba mi propia imagen espiritual y me despojaba de las marcas de la lógica y la razón. Cada palabra escrita en aquellas páginas marcadas resonaba como un eco ancestral, un eco que llamaba a la esencia misma de lo divino. Así, entre debates, silencios y reclamaciones, avanzaba en mi búsqueda consciente de que las respuestas, si es que existen, se encontraban en los misterios aún no revelados de este libro prohibido.
La biblioteca se volvió más densa a medida que avanzaba sus susurros de conocimiento, que resonaban entre los estantes. En una esquina apartada, encontré a la monja renegada brillando con esa certeza de quien ha navegado los mares inciertos de la fe.
—No esperaba encontrar a alguien como tú en un lugar como este —dijo ella. Reaccionaba con una calma que desafiaba la agitación de mi mente.
—Ni yo esperaba encontrar respuestas aquí —respondí con la curiosidad en mi voz, que se desplazaba hacia la superficie.
